Las experiencias de innovación social orientadas al sostenimiento educativo, representadas por las tres escuelas del barrio 21-24-Zavaleta, ponen de manifiesto que la articulación entre educación formal y no formal se inscribe en una lógica comunitaria emergente, orientada tanto al acompañamiento de las trayectorias escolares como al fortalecimiento de los vínculos comunitarios. En este marco, la cooperación y la creatividad institucional se configuran como estrategias colectivas para enfrentar las condiciones estructurales de vulnerabilidad del territorio.
A continuación, se presentan otros testimonios y experiencias que dan cuenta de acciones sociales innovadoras desarrolladas a partir de la cooperación entre instituciones educativas y organizaciones de educación no formal del barrio 21-24-Zavaleta. Este enfoque permite ampliar la comprensión de las estrategias de sostenimiento educativo, dado que muestra cómo las prácticas observadas en los tres casos de referencia se inscriben en un marco más amplio de innovación social, que articula la construcción de capital social territorial, el trabajo en redes locales y la conformación de comunidades orientadas a fortalecer la permanencia y el desarrollo de los estudiantes.
5.1. Construcción de capital social territorial
Un instituto que abrió sus puertas hace pocos años adopta una estrategia comparable a la del Instituto Buen Consejo, puesto que incorpora en sus aulas a estudiantes del barrio 21-24-Zavaleta y de áreas cercanas. Esta diversidad social refleja la heterogeneidad del territorio y constituye, además, un elemento central del proyecto educativo, orientado a promover la integración y a fortalecer los vínculos entre distintos sectores de la comunidad. De este modo, la experiencia muestra cómo la composición social del alumnado puede convertirse en un recurso para consolidar la cohesión comunitaria y sostener prácticas educativas inclusivas.
La escuela en el territorio se insertó de a poco, sobre todo caminando mucho el barrio hablando con referentes del lugar, los curas villeros, vecinos, punteros, líderes sociales y de esa manera digamos que se insertó bien porque no hay otra manera de insertarse adecuadamente.
Cuando uno va a la villa y en la villa ven que uno va y camina por el barrio la gente se sorprende, no lo puede creer. Se alegran de que el profesor de la escuela también se acerque al barrio y se sienten identificados si ven esa cercanía. Si uno está en el lugar la gente aprecia esa cercanía. Llegar al lugar de ellos. Y cuando uno va al lugar siente que es parte de esa realidad. Ya hay un vínculo que se va tejiendo.
Una de las escuelas más antiguas y de mayor envergadura de Barracas desarrolla una experiencia de integración social con el barrio 21-24-Zavaleta que combina tradición educativa y adaptación a las necesidades comunitarias. Mientras que durante el turno diurno su matrícula proviene principalmente de sectores de clase media del barrio, el turno nocturno se orienta a adultos de áreas populares, a los que ofrece una formación ajustada a sus condiciones y demandas. La acción del director, en colaboración con el cuerpo docente, permitió articular un trabajo territorial que difundió el proyecto de la escuela nocturna y acercó la propuesta educativa a los sectores que más podían beneficiarse de ella.
Los domingos que está la feria íbamos con los maestros a repartir volantes. Íbamos haciendo un trabajo de territorio a los negocios y a otras escuelas que no tenían turno noche para adultos. También con pasacalles y redes sociales.
Uno de los directores de una escuela del barrio organiza jornadas en las que recorre el territorio junto con los docentes. Estas caminatas constituyen espacios estratégicos para conocer de manera directa la vida barrial, observar sus dinámicas cotidianas y profundizar la comprensión del contexto social de los estudiantes. La práctica evidencia cómo la inmersión territorial permite a los docentes ajustar sus estrategias pedagógicas a las realidades locales, lo que fortalece la vinculación entre la escuela y la comunidad y contribuye al sostenimiento educativo en contextos de vulnerabilidad.
Enseñar implica cierta disponibilidad para el diálogo. Si no te adentrás en el barrio entonces no lo conocés. No sabés nada de la villa si no la caminás.
El territorio no es solamente lo geográfico sino también lo social, o sea todo lo que pasa ahí. También es una manera de reconocer a los vecinos.
Hay una distancia simbólica entre la escuela y la comunidad que hay que trabajarla para romperla.
Salir de la escuela. Tiene que haber una escuela en movimiento continuo. Es un salir literal. Es abrir la puerta y salir al barrio y pensar en la conformación de una comunidad.
Por otro lado, el trabajo territorial de directivos y docentes permite involucrarse en la resolución de problemáticas que exceden la función académica. En este marco, la colaboración con organizaciones del barrio se vuelve indispensable y se constituye en un eje central para diseñar soluciones con impacto tangible en la vida de los estudiantes y de la comunidad. De este modo, la articulación entre la educación formal y las organizaciones locales fortalece la capacidad de las escuelas para responder a las demandas sociales y educativas del territorio.
Hay que juntarse. También es cierto que mucho de eso pasa por lo autogestivo. Porque la informalidad con la que te encontrás te obliga a ir más allá de la función propia del docente.
Yo llamaba al jefe del CESAC para enviarle a un pibe o a la Corriente Villera para pedirle lentejas para alguna comida familiar del colegio.
Requiere de improntas más personales. De involucramientos distintos. Por eso es clave esta cuestión de enredarse para sostenerse unos y otros.
La mayoría de los docentes que intervienen en estos barrios proviene de magisterios y profesorados orientados a estudiantes de clase media o media alta. Al incorporarse a contextos de alta vulnerabilidad, se enfrentan a problemáticas poco abordadas en su formación inicial y que, en muchos casos, trascienden los contenidos educativos tradicionales. Estos desafíos requieren conocimiento pedagógico, creatividad, sensibilidad y un compromiso que se extiende más allá del aula, lo cual evidencia que la labor docente en territorios vulnerables implica integrar las dimensiones social, educativa y comunitaria para sostener las trayectorias escolares.
Es necesario recorrer con los maestros el barrio. O sea, en algún momento del año tenés que hacerlo, recorrer, porque muchos maestros vienen con este librito perfectito de un profesorado y te encontrás con una realidad que no es la que viviste. Hay que recorrer el barrio.
La experiencia de un docente que articula su rol profesional con un compromiso militante permite ofrecer una mirada profundamente política y territorial sobre la educación en contextos de pobreza urbana. Esta experiencia evidencia que la escuela funciona como un espacio de interacción con la comunidad, en el que convergen problemáticas sociales, dinámicas barriales y posibilidades de transformación colectiva. De este modo, la integración de conocimiento pedagógico y sensibilidad social posibilita el diseño de estrategias educativas situadas, orientadas al fortalecimiento de las trayectorias escolares.
Hay que tener los síntomas para luego hacer el diagnóstico para tomar el material humano que tenemos en la trinchera, en las escuelas que están en los barrios y las escuelas que están en la vera de los barrios, a partir de ahí se trabaja.
Si uno quiere trabajar con pruebas convencionales que trae desde afuera muchas veces no se van a poder aplicar a estos barrios.
Los bachilleratos populares desarrollan un trabajo educativo estrechamente vinculado al territorio, construyen sus propuestas de manera comunitaria y adaptada a las necesidades, costumbres y culturas del barrio. Su enfoque pedagógico busca comprender y acompañar la vida cotidiana de los estudiantes, integrando la riqueza social y cultural del entorno en cada actividad y decisión educativa. Estas estrategias muestran cómo la educación contextualizada fortalece los vínculos entre la escuela y la comunidad, contribuye al sostenimiento de las trayectorias escolares y promueve la inclusión social en contextos de vulnerabilidad.
Empezamos a alfabetizar el barrio. Tomábamos una manzana, la relevábamos y luego íbamos invitando a los vecinos a participar de la alfabetización.
Nosotros nos regimos por una frase de Freire: “Nuestras cabezas piensan donde nuestros pies caminan”. Por eso nuestros pies caminan la 21 y nuestro proyecto está pensado desde la 21.
Tenemos un proyecto político-pedagógico que se sustenta en esa caracterización y porque reconocemos el territorio sabemos que esta población necesita más y mejor educación.
Un organismo dependiente de la Secretaría de Extensión de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires desarrolla diversas actividades en el barrio, entre las cuales se destacan los apoyos escolares. Estas acciones buscan acompañar a los estudiantes, reforzar sus aprendizajes y generar espacios de contención y participación que articulen la educación formal con la vida cotidiana de la comunidad. En este marco, las instituciones de educación superior pueden consolidar vínculos con el territorio para, así, fortalecer la inclusión educativa en contextos de vulnerabilidad.
Buscamos poner la universidad al servicio de y al alcance. Por eso hay profesores, estudiantes o graduados de la universidad que puedan participar de algunas clases acá o que se puedan sentar a charlar con los alumnos de acá o para las intervenciones territoriales.
Los equipos de extensión trabajan varias área-problemas porque el problema se construye con el otro en el territorio cuando hay un área de interés.
En el núcleo del barrio se localiza el centro de apoyo escolar más significativo, tanto por la magnitud de su matrícula como por su articulación en red con las escuelas del territorio. Su directora aporta una perspectiva analítica sobre el trabajo territorial; destaca que los vínculos con otras organizaciones barriales no se configuran de manera aislada, sino como resultado de un proceso sostenido de interacción, construcción de confianza y compromiso colectivo con la comunidad, orientado al fortalecimiento de la acción educativa y social en contextos de vulnerabilidad.
Entiendo al territorio no solamente como algo geográfico sino como lo simbólico que se arma con los lazos y los vínculos que se dan en un espacio geográfico.
Así surge espontáneamente la posibilidad de trabajo en red que no es solamente ir a las reuniones cuando uno puede, sino que a partir de una situación singular a un niño o adolescente empezar a armar esta red.
También emergen perspectivas sociopolíticas sobre la educación formal y no formal, que conciben el trabajo territorial como una herramienta central para la contención dentro del sistema educativo. La experiencia previa de un funcionario en el barrio 21-24-Zavaleta, que participó en procesos de relocalización de familias, le permitió comprender en profundidad las complejidades del territorio y la relevancia de articular la acción educativa con la vida comunitaria. Esta trayectoria ilustra cómo la integración del conocimiento del contexto social fortalece la capacidad de las instituciones para diseñar estrategias educativas inclusivas y sostenibles en contextos de vulnerabilidad.
Una política pública tan compleja requiere siempre de un trabajo mancomunado entre las comunidades y el Estado. Una por el territorio en donde tengas en cuenta a las escuelas y a los vecinos y la otra por los recursos.
Lo mismo para la educación es necesario y trabajo consensuado entre el Estado, los vecinos, las organizaciones de cara a mejorar la permanencia escolar, a aumentar las matrículas, a prevenir.
Desde hace varios años, otra funcionaria recorre el barrio, familiarizándose con los problemas y necesidades de sus vecinos a partir de su trabajo en el ámbito de la Justicia. Recientemente, ha ampliado su compromiso con la comunidad al coordinar los apoyos escolares de la parroquia de Caacupé, donde su conocimiento del territorio se traduce en un acompañamiento directo a niños del barrio. Esta experiencia refleja cómo la proximidad al contexto social y la articulación con instituciones locales permiten diseñar estrategias educativas y de contención que responden a las necesidades concretas de la comunidad.
Yo conozco el barrio porque he tenido la posibilidad de trabajar en Atajo. He caminado el barrio por mi trabajo en la justicia.
La capacidad de escucha como si fuera una oración. Eso te da el territorio.
Una líder social que creció en el barrio conoce de primera mano la diversidad de problemáticas que enfrenta la comunidad. Este conocimiento le permite coordinar una asociación civil que, con el apoyo del Estado, ofrece asesoría legal, apoyos escolares y un Centro de Primera Infancia. Su trayectoria combina un conocimiento profundo del territorio con herramientas profesionales, lo que le posibilita intervenir de manera integral en la vida del barrio y acompañar a sus habitantes en distintas dimensiones de la educación y la contención social, lo que evidencia cómo la articulación entre el saber local y las capacidades técnicas fortalece los vínculos comunitarios y las trayectorias educativas.
Desde el trabajo en el territorio abordamos las principales problemáticas que descubrimos: alimentación, salud y educación.
5.2. Trabajo en redes locales
Un exministro nacional con trayectoria en el campo educativo ha recorrido en diversas ocasiones el barrio 21-24-Zavaleta; así ha conocido de cerca su dinámica y las necesidades de sus habitantes. Desde su perspectiva, las actividades extracurriculares en la escuela cumplen un papel clave en la prevención del abandono escolar; por ello, propone promover iniciativas específicas para los niños, niñas y adolescentes del barrio en los momentos en que no asisten a clases —como los fines de semana o las vacaciones—, lo que convierte esos espacios en oportunidades de aprendizaje, recreación y contención.
En la época de Perón en verano las escuelas estaban abiertas. No había clase entonces había corte y confección, gimnasia, deportes.
Por su parte, otra de las directoras con mayor trayectoria en el barrio ha desempeñado un papel clave en la conformación de la red de escuelas. Su experiencia y conocimiento del territorio le han permitido consolidarse como referente para otros equipos directivos, promoviendo la colaboración y el intercambio entre instituciones y contribuyendo así a fortalecer los lazos que sostienen a la comunidad educativa del barrio.
La red puede salvar al chico, pero también puede salvar al maestro. Porque si vos recurrís a ellos es que hay algo que vos no podés hacer y a lo mejor haciéndolo juntos sale mejor. La red no es sólo para el pibe sino también para los adultos que la están tejiendo. Por eso es necesario: conocer de dónde vienen los chicos, las distintas organizaciones que funcionan dentro del barrio.
Asimismo, el trabajo articulado con las organizaciones del barrio resulta central para la tarea de directivos y docentes, en tanto posibilita el acceso a información relevante sobre las trayectorias y los contextos de los estudiantes. Este vínculo con la comunidad contribuye a una comprensión más situada de las necesidades de los niños y orienta la construcción de estrategias de acompañamiento más ajustadas, tanto dentro como fuera del ámbito escolar.
Por eso es muy necesario tener a todas esas organizaciones para tejer redes. Uno teje redes. Porque las redes lo que hacen es unir. Une las escuelas con Caacupé, con CESAC, con Amor y Paz, con los comedores. Saber en qué otro espacio están nuestros chicos y porque esa red te sostiene no es que te atrapa.
El trabajo articulado en redes también es llevado adelante por los bachilleratos para adultos y los Centros de Formación Profesional. Al igual que las escuelas del barrio, estas instituciones orientan su accionar a la construcción de vínculos y colaboraciones que amplían sus capacidades de acompañamiento. Mediante la articulación con organizaciones y actores del territorio, procuran fortalecer estrategias de contención educativa y social, para abordar de manera más integral las trayectorias formativas de sus estudiantes.
Articulamos con PAEBYT que es terminalidad de primaria para adultos, con el CENS 75 que está en Zavaleta, con la secundaria de Caacupé o con Adultos 2000 que se dicta en la escuela República de Haití o en la escuela 6.
En la misma línea, otro director subraya la relevancia de la construcción de comunidad entre la escuela y las organizaciones barriales. Desde su perspectiva, el fortalecimiento de estos vínculos facilita el acceso de los estudiantes a los recursos y apoyos disponibles en el territorio y, a su vez, consolida una red de colaboración que beneficia al conjunto de la comunidad educativa y refuerza el anclaje institucional de la escuela en el barrio.
La capacidad de estar enredados o sea en red. O sea, se puede cortar en tres partes: en-red-dados.
No estoy solo dentro de la red que me contiene, sino que tengo una actitud activa. Propositiva con esa red. Yo me tengo que dar. Así como recibo yo también tengo que recibir y contener.
La escuela necesita de las organizaciones: comedor, apoyos escolares, la parroquia, etc., y que vengan a la escuela y que propongan: te podemos ofrecer esto o aquello. Se necesita de esos actores sociales.
Desde hace 27 años, una fundación dedicada a la prevención inespecífica elabora diversas estrategias orientadas al sostenimiento escolar. Esta intervención aborda uno de los factores centrales comúnmente asociados al consumo problemático de drogas: la desescolarización. Su trabajo articula la experiencia acumulada con un profundo conocimiento del territorio, con el objetivo de sostener a los estudiantes dentro del sistema educativo y ofrecer alternativas de contención y acompañamiento en la vida cotidiana.
Cuando el chico queda fuera del sistema educativo ya está fuera del sistema. El eje primordial es que el chico esté dentro del sistema.
Tenemos un convenio con el rectorado de la UBA que nos mandan 15 profesores que le devuelven a la sociedad lo que la sociedad les pagó en su carrera.
Además, esta fundación ha construido alianzas estratégicas con diversos actores del barrio y de la ciudad, entre ellos escuelas, capillas, la UOCRA, la Universidad de Buenos Aires y el Ministerio de Trabajo. Estas articulaciones posibilitan la coordinación de esfuerzos, el intercambio de recursos y el fortalecimiento de redes de apoyo, lo que amplía el alcance y el impacto de las acciones de prevención y acompañamiento desarrolladas en la comunidad.
Tenemos que trabajar en red y sin resquemor. Darles todas las oportunidades posibles para que encuentren lo que les guste.
Una de las organizaciones sociales de mayor relevancia en el barrio despliega diversas acciones de asistencia a la comunidad. En el ámbito educativo, se destaca la organización del cruce de una avenida en el horario de salida escolar, así como el desarrollo de espacios de aprendizaje y reflexión en torno a normas básicas de educación vial. Estas iniciativas contribuyen a la articulación con las instituciones educativas del territorio y evidencian la cercanía de la organización con la vida cotidiana de los jóvenes.
Los directivos nos llamaban porque nunca tuvieron respuesta para la colocación de un semáforo. Entonces una organización es la que le da la respuesta a la comunidad, ni siquiera el Estado.
Otra dirigente que también integra un movimiento social en el barrio trabaja con niños de las escuelas del barrio, enseñándoles prácticas de reciclado. A través de talleres prácticos, los estudiantes aprenden técnicas de reutilización y cuidado del medio ambiente, al mismo tiempo que incorporan valores vinculados a la responsabilidad y el respeto por la comunidad.
Los recicladores dan clases a los chicos y generan un punto de recolección. Yo lo estoy haciendo en la escuela 10. Ellos tienen un carro verde y nosotros vamos lunes, miércoles y viernes a levantar todo el reciclado.
Una de las ONG más reconocidas del barrio por su impacto social se dedica, entre otras actividades, al fortalecimiento de las trayectorias educativas mediante apoyos escolares. Además, su directora general representa a los vecinos en la causa Riachuelo-Mendoza, un rol que articula su liderazgo local con la defensa de los derechos colectivos y la consolida como una referente central en la vida social y cívica del barrio.
Las redes emergen en el territorio. Nos organizamos, nos derivamos, nos vinculamos.
El programa tiene una pata de escolaridad en donde trabajamos muy en conjunto con las escuelas en pareja pedagógica. Hay un cuaderno de ida y vuelta. Nosotros le ofrecemos a la escuela un contexto educativo.
También hay una comunidad, una red y un tejido que sostiene la vida del niño.
En el barrio también trabaja una fundación que otorga becas a jóvenes de escasos recursos para que puedan completar sus estudios. Además, realiza un seguimiento cercano de cada estudiante mediante tutores que acompañan su trayectoria escolar y mantienen contacto directo con sus familias. A través de este trabajo, la fundación no solo apoya la educación formal, sino que también refuerza los vínculos familiares y comunitarios, brindando mayor contención y acompañamiento a los jóvenes en su proceso formativo.
En el caso de la villa 21 llegamos a través de la escuela porque ellas son las que nos presentan a los chicos. Lo importante es llegar al estudiante y que tenga contención. Porque si la contención se la da una institución y otras personas ahí es cuando se ven los resultados porque el pibe se ve contenido, ayudado, acompañado.
Uno de los apoyos escolares que trabajan en el barrio acompaña a los estudiantes en su aprendizaje y en el fortalecimiento de su vínculo con las escuelas del barrio. Su labor va más allá de la enseñanza, ya que busca generar un entorno de contención y confianza, en el que los chicos puedan sentirse escuchados y respaldados mientras desarrollan sus habilidades académicas y personales.
La red es un proyecto que tiene el Gobierno de la Ciudad de apoyos escolares en todos los barrios o comunas de la ciudad. Tienen por lo menos un centro por barrio o tienen múltiples centros que lo coordinan diferentes organizaciones, parroquias, clubes, etcétera.
La ONG Universitarios para el Desarrollo, que lleva a cabo acciones solidarias en el barrio, también colabora en los apoyos escolares, destacando la importancia de la contención humana hacia los estudiantes. Más allá del acompañamiento académico, el apoyo emocional y la atención a las necesidades particulares de cada niño y niña resultan fundamentales para favorecer su desarrollo y sostener su vínculo con la escuela y la comunidad.
Uno trata de ayudar en lo educativo, pero hay una necesidad afectiva donde el chico sabe que vas a ayudar y acompañarlo pero que no va a encontrar en otros ámbitos. La que siempre se dice es la articulación entre toda la gente que está haciendo lo mismo. Es hacer sinergia.
5.3. Propuestas comunitarias
Las escuelas del barrio conciben como parte de su misión trascender el plano estrictamente institucional y constituirse como una comunidad educativa. Estas iniciativas, sostenidas por el tiempo y el compromiso de los docentes, contribuyen al fortalecimiento de la función social de la escuela, a la profundización de los vínculos con los estudiantes y la comunidad y a la consolidación de la institución como un espacio de inclusión y desarrollo integral.
Eso se puede hacer cuando tenés docentes comprometidos.
Estas salidas te permiten más vínculos personales porque los conocés más.
El tipo de maestros que somos también te hacen que contagies al resto (de los docentes) como por ejemplo Laura y Ernesto.
Algunos hacen un laburo extra para que, como sea, puedan ir al secundario.
Otra institución educativa del barrio también trabaja bajo un espíritu comunitario para lograr una contención escolar efectiva. Esta escuela comprende que la red de apoyo no debe limitarse al personal docente, sino que debe integrar activamente a las familias y a los vecinos, con el fin de convertirse en un eje articulador de la vida barrial. Esta visión comunitaria garantiza que los alumnos cuenten con un entorno protector y solidario que trasciende lo académico, dado que atiende además las necesidades sociales y personales de cada estudiante.
La escuela sola no puede resolver todos los problemas. Tiene que trabajar de manera interdisciplinaria todos los problemas y con la ayuda de otras organizaciones que puedan colaborar con la formación.
Se va armando una comunidad de interrelaciones y lo único que sale de ahí son cosas buenas.
A partir de las múltiples tareas desplegadas por la parroquia de Caacupé, se constituyó el Centro Santa María como una iniciativa socioeducativa de referencia en el barrio. Se trata de uno de los apoyos escolares más antiguos de la zona que, desde hace once años, acompaña de manera sostenida a niñas y adolescentes. Su propuesta articula el fortalecimiento de los aprendizajes escolares con instancias de contención afectiva y la creación de espacios comunitarios.
Las comunidades se sostienen porque vos construís redes. Redes de amistad (…) nuestro trabajo fundamental con ellas es que sientan que abajo hay red porque la red es lo que te sostiene.
Un comunicador social y militante que trabaja en el barrio enfatiza que la estrategia fundamental para abordar los problemas locales es la construcción activa de lazos comunitarios. Según él, los desafíos sociales —como la exclusión, la precariedad y la falta de oportunidades— no se resuelven únicamente con la intervención externa, sino fortaleciendo el tejido interno de la comunidad. Como comunicador, reconoce que la palabra y el diálogo son esenciales; y como militante, prioriza la organización y la acción colectiva.
La comunidad organizada es el yo/nosotros. Pero ¿qué es el nosotros? Es la parroquia, es la Argentina, es América, es el mundo.
La importancia de los valores de la patria para unir y reconocer las propias raíces sin quedar a merced de otros intereses ajenos al país.
Una fundación importante inició sus actividades en la parroquia de Caacupé, estableciendo un trabajo conjunto con los curas villeros para llevar adelante su misión social. Posteriormente, logró adquirir una sede propia en el mismo barrio, desde donde amplió su oferta para brindar diversas actividades de contención y desarrollo. Esta oferta incluye un Centro de Primera Infancia destinado a niños de 1 a 3 años, programas de apoyo escolar para el nivel primario y talleres específicos diseñados para acompañar y empoderar a las madres jóvenes de la comunidad.
Creo que todo lo que tiene que ver con caminar la calle genera un encuentro comunitario. No es un esfuerzo extra. Parte de mi trabajo es ir a las casas. Quizás en las instituciones formales sí es un esfuerzo extra que hacen los profesores.
El centro de recuperación de adicciones que opera en el barrio depende de la parroquia de Caacupé. Su directora considera que la clave de su trabajo no radica únicamente en los programas terapéuticos, sino en construir una comunidad que funcione casi como una familia, capaz de contener y acompañar a los jóvenes a lo largo de su proceso.
Fueron sintiendo pertenencia a este lugar.
Porque se sienten amados, se sienten sin juicios, se sienten alojados es un hogar porque somos como la familia que muchas veces no tienen.
Hay un sentido de pertenencia que se va construyendo de a poquito.
Otra de las tareas centrales de la parroquia es el acompañamiento a mujeres que atraviesan situaciones de violencia o que se encuentran solas. Este acompañamiento incluye espacios de escucha, contención emocional y asesoramiento, con el objetivo de fortalecer su autonomía y brindar apoyo concreto en la vida cotidiana. A través de talleres, grupos de encuentro y redes de contención, la parroquia procura que estas mujeres encuentren un sostén dentro de la comunidad.
Somos una comunidad y vivir en comunidad es lo mejor que te puede pasar cuando las chicas están solas.
La coordinadora de una murga del barrio destaca la centralidad de la construcción comunitaria en esta experiencia. Según su relato, la parroquia se configura como un espacio de pertenencia y sostén colectivo, donde los vínculos afectivos y la participación compartida adquieren un papel similar al de una familia. Esta dimensión comunitaria trasciende la actividad cultural en sí misma y se constituye en un soporte social que fortalece la integración, el acompañamiento y el sentido de pertenencia de los niños y jóvenes del barrio.
También tiene que ver con algo de sentirse parte dentro de una comunidad. Dinámicas de escucha grupal para que sepan cómo se sienten, cómo están, aunque muchas veces se pierda tiempo de ensayo y cada uno tiene una oportunidad de hablar y explicar sus problemas.
En el barrio todos lo llaman “el profe”, un hombre que, con su dedicación y cercanía, ha dejado huella en la comunidad. Es el voluntario más antiguo de la parroquia y lleva veinticinco años enseñando béisbol a chicos del barrio. Con el tiempo, su práctica deportiva se convirtió en un espacio de encuentro y compañerismo, donde transmite valores y fortalece vínculos. Su presencia constante lo ha convertido en una referencia querida y respetada dentro de la comunidad.
La parroquia está muy ligada a la comunidad y, además, educar es armar comunidad.
También la Fundación Temas trabaja con la parroquia de Caacupé, ya que considera que las alianzas estratégicas tienen un potencial transformador en la vida de los jóvenes. Desde su perspectiva, existe una relación directa entre la continuidad de las trayectorias escolares y la participación en actividades extraescolares. En este sentido, cuando la Fundación Temas comenzó a ofrecer talleres de boxeo, apenas el 17 % de los chicos estaba escolarizado; en la actualidad, y gracias al trabajo articulado con las escuelas, se ha alcanzado el 100 % de escolarización.
Hay una comunidad, una red y un tejido que sostiene la vida del niño.
Las organizaciones en los territorios construimos respuestas comunitarias frente a la vulneración de derechos y luego somos mediadores de política pública.
La transformación es siempre desde el territorio.
Los territorios tienen mucho para decir en términos de política pública y después de eso es posible construir teoría que responda a los problemas.
En consonancia con el marcado espíritu comunitario del barrio, una organización desarrolla su labor de manera articulada con la escuela y la parroquia. Esta forma de intervención pone de relieve la centralidad del trabajo conjunto entre instituciones educativas y religiosas como estrategia para fortalecer los vínculos comunitarios y responder a las necesidades sociales y educativas del territorio.
Como el gobierno no daba respuestas en la institución de la formación de primera infancia creamos un jardín de manera comunitaria con los vecinos y las madres. Comenzamos un proyecto de autogestión. Como el gobierno no daba recursos se armó un proyecto comunitario para la primera infancia.
En el apoyo escolar que brinda la parroquia, se enseña a los niños a estudiar y a organizar sus tareas, además de promover actividades lúdicas y recreativas orientadas a reducir el tiempo que pasan en la calle. Estas propuestas funcionan como espacios de cuidado y contención, donde los chicos pueden jugar, aprender y compartir con sus pares, al mismo tiempo que fortalecen su vínculo con la escuela y con la comunidad.
La idea del apoyo es que también tengan contención.
Nosotros sabemos que no vamos a resolver temas educativos de fondo, pero al menos podemos colaborar en algo.
Otra fundación brinda becas y pone a disposición tutores con el objetivo de facilitar el estudio y promover la permanencia escolar. Para la fundación, lo más valioso es el vínculo que se establece entre tutor y becario, un lazo que se fortalece a través del contacto con las familias, presentadas por las propias escuelas. Este enfoque busca acompañar a los estudiantes de manera integral, reconociendo que la educación se sostiene tanto en el aula como en el entorno familiar.
La tutoría genera una relación, un vínculo. Hay una vinculación afectiva porque los ayuda en la autoestima.
Empezamos en Caacupé para estar en el territorio y hablar con los referentes barriales, docentes, curas, etcétera.
La clave está en recorrer el barrio, llamar, que te conozcan. Es un trabajo diplomático. No podés ir al choque. Es difícil salir adelante en un barrio solo.
Un bachillerato popular, orientado a la educación de adultos, también desarrolla un trabajo comunitario que los vincula directamente con los vecinos del barrio. Esta cercanía les permite comprender mejor las necesidades y expectativas de la comunidad, al mismo tiempo que fortalece los lazos entre la escuela y quienes habitan el territorio, lo que convierte la educación en un proyecto compartido, arraigado en la vida cotidiana del barrio.
Las respuestas políticas que construye el barrio no se pueden quedar por fuera de la escuela y aprende con una perspectiva de lo comunitario, con una perspectiva de la integralidad, los pibes tienen una historia, tienen sus deseos, sus intereses, frustraciones, obstáculos.
5.4. Conclusiones del capítulo
Una consecuencia inherente al despliegue del trabajo territorial en contextos de vulnerabilidad es el reconocimiento de la trama institucional existente en el barrio, integrada por organizaciones sociales, referentes comunitarios y dispositivos de apoyo escolar. Este reconocimiento habilita procesos de colaboración entre actores sociales y educativos, y de ese modo fortalece la contención social y educativa y promueve la conformación de comunidades de trabajo efectivas. Tales vínculos suelen emerger de manera espontánea por iniciativa de directivos y docentes frente a los desafíos cotidianos del territorio, lo que evidencia que la cooperación y la construcción de redes operan como estrategias adaptativas frente a la adversidad.
Las experiencias analizadas en este capítulo dan cuenta de acciones sociales innovadoras construidas a partir de la cooperación entre instituciones educativas y organizaciones de educación no formal del barrio; ello constituye el eje de los tres casos de estudio abordados. En este sentido, la articulación entre actores locales favorece la construcción de capital social territorial, el trabajo en redes y la conformación de comunidades educativas ampliadas, elementos centrales para sostener la permanencia escolar y promover el desarrollo integral de los estudiantes.






