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El fin del péndulo y la libertad
en la era del algoritmo

Al finalizar este exhaustivo recorrido por el laberinto institucional argentino, desde las tensiones fundacionales de la organización nacional hasta la validación electoral del liberalismo libertario en 2025, nos enfrentamos a una certeza que sacude los cimientos de nuestro análisis histórico: Argentina no ha girado el péndulo; Argentina ha roto el reloj.

La historia de nuestras instituciones, diseccionada bajo la lente de Acemoglu y Robinson, ha sido tradicionalmente la crónica de una extractividad mutante. Durante dos siglos, cambiamos de actores, pero no de lógica: la élite terrateniente del modelo agroexportador, la burocracia industrializadora del peronismo, la patria contratista de la dictadura y la oligarquía política de la democracia reciente. Todas operaron bajo un mismo principio: la captura del aparato estatal para redistribuir rentas en beneficio propio, lo cual condenó a la mayoría a la inestabilidad.

Estamos ante el desmantelamiento deliberado de la herramienta de extracción por excelencia: el Estado interventor. Pero aquí radica la paradoja lacerante y la innovación teórica de esta obra: al retirar al Estado del centro de la escena para garantizar la libertad de mercado, corremos el riesgo de inaugurar una nueva forma de extractividad, mucho más sutil, invisible y poderosa: la extractividad algorítmica.

Del caudillo al tecnofeudalismo

La tesis central con la que cierro esta investigación es que el peligro ya no reside en el “populismo de masas”, sino en la consolidación de un tecnofeudalismo de mercado. Al desregular la economía y abrirse irrestrictamente al mundo en plena revolución de la inteligencia artificial, Argentina corre el riesgo de pasar de ser vasalla de sus acreedores financieros a ser sierva de los “nubelistas” o cloudalists.

Si en 1880 la riqueza era la tierra y en 1945 era la industria, en 2025 la riqueza son los datos. La libertad que proclama el nuevo gobierno es real en términos de quitar el pie del Estado de encima del ciudadano, pero esa libertad puede volverse abstracta si el individuo queda desnudo frente a corporaciones globales que operan con asimetrías de información absolutas. Si Mercado Libre, Google o las grandes fintechs definen las reglas de juego sin un marco institucional inclusivo que las contenga, habremos cambiado la tiranía del burócrata por la tiranía del algoritmo.

La sociedad del cansancio y la resistencia

Socialmente, hemos transitado hacia lo que Byung-Chul Han define como la “sociedad del cansancio”, pero con un giro argentino: la sociedad de la supervivencia. La validación del ajuste en las urnas de 2025 demuestra que la ciudadanía ha aceptado un nuevo contrato social basado en el sacrificio presente por una promesa de estabilidad futura. Esto rompe con décadas de demanda de gratificación inmediata.

No obstante, esta nueva configuración social es frágil. La eliminación de la “justicia social” como dogma de Estado deja un vacío que debe ser llenado por la movilidad social ascendente genuina. Si el modelo liberal no logra que la macroeconomía se traduzca en microbienestar, la fragmentación social no derivará en protestas organizadas por sindicatos (instituciones del siglo XX), sino en una anomia y violencia dispersas propias del siglo XXI.

El desafío final: instituciones para la complejidad

El futuro de Argentina no depende de si el Banco Central existe o no, o de si la moneda es el peso o el dólar; depende de la calidad de las reglas que sobrevivan a esta demolición.

La verdadera revolución no es económica, es institucional. El desafío crítico para la segunda mitad de esta década será construir instituciones inclusivas con una nueva conciencia de su rol, con una justicia que entienda que proteger la propiedad privada hoy implica proteger la soberanía de los datos personales y la competencia digital, con un Poder Legislativo que deje de ser una escribanía (del Ejecutivo de turno) para convertirse en el garante de que la desregulación no se transforme en la ley de la selva, y con una ciudadanía que evolucione de habitante a usuario consciente, capaz de exigir transparencia no solo al funcionario público, sino a las plataformas que intermedian en su vida.

Argentina está hoy en la vanguardia de un experimento global. Somos el primer país que intenta desmantelar el Estado de bienestar utilizando las herramientas del libertarismo en un contexto de capitalismo de plataformas.

Que la historia nos juzgue no por lo que destruimos, sino por la calidad, la ética y la humanidad de lo que seamos capaces de construir sobre las ruinas de nuestra propia decadencia.



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