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Conclusiones

Masculinidades (in)estables

¿Estamos dispuestos a pensar las propuestas de cambio sabiendo que nos llevaran a tener que volver a formularlas, en algunos casos tan pronto como las articulemos? Establecer Espacios de incomodidad productiva quiere decir abrir Espacios en los que poder hablar, proponer y pensarnos con tranquilidad y calma, pero de los cuales no saldremos cómodos ni tranquilos, sino con más preguntas, incertidumbres e inseguridades que al principio y sin carta blanca para permanecer inmóviles por no saber qué hacer. Pero, si no vamos a quedarnos quietos, habrá que preguntarse ¿qué significa moverse?

   

Jokin Azpiazu Carballo, 2017

Esta tesis constituye un aporte al conocimiento sobre el abordaje de las masculinidades y sus definiciones técnicas en materia de políticas públicas frente a las violencias por razones de género. Durante el desarrollo de esta tesis, se analizaron las estrategias y modalidades de intervención integral destinada a varones que ejercen o ejercieron violencia.

En los recorridos teóricos de la tesis, se destacan los aportes de la teoría cuir al momento de problematizar las estrategias de los dispositivos PSE para varones, que se analizan en esta tesis. Consideramos que es muy significativa la contribución del giro afectivo al momento de conceptualizar los emergentes, los saberes y las prácticas que fueron analizados en la indagación de esta tesis. También problematizamos el rol que cumplen los afectos y las emociones en el ámbito de la vida pública y privada de los varones que acceden a los grupos PSE como punto fundamental para reinventar los lazos sexo-afectivos. La necesidad de un enfoque diferente que tenga en cuenta los aportes propios de la teoría cuir contribuye a trascender las fronteras teóricas de los espacios aquí analizados, dado que las diversas formas de presentación de los varones requieren de nuevas intervenciones, aun en los equipos más experimentados en la temática.

Como vimos, en el relevamiento efectuado de los dispositivos PSE, los varones que acceden a estos espacios suelen negar y minimizar el ejercicio de cualquier forma de violencia. Pero, a su vez, se encuentran aquellos varones que sí tienen un reconocimiento de sus actos violentos. Estos últimos, por lo general, acceden al espacio por recomendación de su pareja o porque su pareja le puso un límite. En el caso de Espacio A, en un grupo tienen tres varones que accedieron de esta manera, y en el otro grupo, solo uno. En los procesos de admisión, estos varones adjudicaban ciertos comportamientos a los efectos producidos por el aislamiento, como pudimos desarrollar en el capítulo tres.

La falta de reconocimiento suele estar presente en los varones que llegan por orden judicial, mientras que los que acceden con un proceso de reconocimiento son los que se denominan “voluntarios”. El reconocimiento es uno de los requisitos para poder ingresar al espacio, ya que propicia un lugar de enunciación asociado con la responsabilidad subjetiva. En contraposición, para aquellos varones que no lo reconocen, el proceso de admisión lleva mayor cantidad de encuentros, a los efectos de analizar en profundidad con qué recursos subjetivos es posible que este varón puede integrar el grupo PSE. De esta manera, el involucramiento de los varones, ya sean denunciados o no, termina siendo una necesidad para el abordaje integral, en cuanto una política pública desde una perspectiva de género y de derechos humanos.

Dimos cuenta de cómo se reproducen y cómo continúan las estructuras de poder que organizan estos vínculos basados en el amor romántico, los estereotipos y los mandatos. Lograr este desmantelamiento implica la intervención desde las emociones desde un otre que me afecta con el fin de lograr una transformación subjetiva. A su vez, pudimos analizar los efectos que la pandemia provocó en el ejercicio de las violencias por razones de género y los abordajes novedosos que se dieron desde la virtualidad. Exploramos las definiciones en torno a la configuración de las masculinidades que despliegan los varones que asisten a los grupos PSE. Allí analizamos cómo surge una sensación de inestabilidad, cuando se pone en cuestión la masculinidad tradicional en los varones que asisten a los grupos PSE. Esa inestabilidad consideramos que se plantea en términos de un continuum de incomodidad, que puede construir relaciones más igualitarias, y que requiere de incluir el trabajo con varones que ejercen o ejercieron violencia como una arista más de las políticas públicas para el abordaje integral de las violencias por razones de género.

La complejidad de la problemática requiere de estrategias de intervención creativas, más allá del punitivismo. Uno de los hallazgos de esta tesis fue identificar, por medio de entrevistas y observaciones de grupos PSE, que las acciones punitivas frente a varones que han ejercido violencias no reportan eficacia en el cese de las violencias. Justamente, importa destacar la intención de correrse de la lógica criminalizante y punitiva de la intervención estatal para generar propuestas de transformaciones genuinas proponiendo intervenciones basadas en el respeto de los derechos humanos.

La masculinidad arquetípica no se pone en cuestión; de hecho, ese mismo varón puede volver a ejercer violencias en otro lazo sexo-afectivo, y además no es reparador para nadie. En esta línea, para dar mejores respuestas para abordar la problemática, evidenciamos que existe una necesidad de contar con registros públicos unificados y con protocolos de abordaje en la materia como evaluación propia del abordaje con varones que ejercen o ejercieron violencia por razones de género. De la misma forma, no quedan claras las herramientas para medir dicho impacto y el cambio concreto que se pretende conseguir tanto en los propios varones, como en la realidad social donde se ubican. Por lo cual se visualizan dificultades para encontrar investigaciones y mediciones sobre el impacto de las intervenciones con varones. En este sentido, la tesis supone un aporte valioso para profesionalizar los dispositivos de abordaje PSE de las masculinidades, en cuanto una línea de intervención en materia de políticas públicas de lucha contra las violencias por razones de género. En esta línea, en el documento desarrollado en el anexo de esta tesis, se presentan herramientas técnicas para la articulación estratégica en materia de políticas públicas, destinadas a las intervenciones frente a las masculinidades para la igualdad de género, recursos para el trabajo grupal, para la evaluación de riesgo y, finalmente, para el monitoreo y seguimiento de casos.

Relato de implicancia

El desarrollo de esta investigación se realizó en tiempos de COVID-19, por lo cual, si bien la virtualidad facilitó la posibilidad de acceder a ciertas fuentes de información, por otro lado, brindó cierta dificultad dado que en paralelo me desarrollaba como trabajador de uno de los espacios investigados. Mientras que las observaciones del Espacio B se realizaron durante el año 2019 en el marco de la capacitación sobre “Abordaje a la violencia de género para hombres que ejercen violencia”. Estas observaciones se realizaron de manera presencial, las del Espacio A fueron virtuales propias de la modalidad adoptada durante la pandemia.

A su vez, uno de los coordinadores del Espacio B es el supervisor del equipo del Espacio A; con el paso del tiempo, el Espacio A comenzó a formar parte de RETEM, que, como vimos, es una red que engloba a los equipos que trabajan con varones que ejercen o ejercieron violencia. En este sentido, la supervisión no solo se aboca a la evaluación del proceso de los varones, sino también a la evaluación de resultados del espacio en sí. Es así como realizamos una evaluación y un monitoreo constante de las intervenciones, los avances y las dificultades, contar con una mirada externa (y experimentada) nos facilita detectar las situaciones más complejas. En este sentido, la supervisión para un espacio que recién inicia el trabajo en masculinidades y violencias es un instrumento central para sostener las tareas, revisarlas y transformar las intervenciones.

Mi doble inscripción como investigador y como trabajador en grupos PSE implicó realizar la indagación que sustentó la tesis, en simultáneo con la creación y puesta en marcha del Espacio A. Esto tuvo la particularidad de desarrollarse en un contexto inédito que fue el ASPO y luego DISPO para dar respuesta desde una institución que defiende, protege y promueve los derechos humanos. Esto conllevó, como vimos reflejado, una alta demanda de consultas institucionales que no solo respondían al Poder Judicial. De esta manera, quedó evidenciada no solo la necesidad de crear más espacios destinados a varones cis que ejercen o ejercieron violencia, sino el grado de desconocimiento que hay de estos, entendiendo que cada consulta requirió de hasta reuniones virtuales para explicar las líneas de trabajo del espacio. Cada reunión implicaba un trabajo pedagógico con cada organismo, especialmente cuando las consultas provenían de otras disciplinas; esto refleja lo dificultoso y complejo que es la interinstitucionalidad en el abordaje de las masculinidades. A su vez, se identifica que la alta demanda del Espacio A se debió a que, mientras que otras instituciones tenían suspendidas las actividades, este espacio decidió organizarse y desarrollar entrevistas de admisión para la conformación de los grupos que funcionan actualmente. Espacio A cuenta, luego de un año de trabajo sostenido, con más de 70 derivaciones en lista de espera y dos grupos abiertos de diez participantes conformados. El repensar estrategias permitió, en el caso de Espacio A, poder dar respuesta a derivaciones de instituciones tanto de CABA como de otras localidades. Todo este trabajo desplegado por el equipo se llevó adelante mientras se realizaba la presente investigación. Si bien los encuentros son semanales de 90 minutos y requieren de una preparación previa, cabe destacar que se realizan reuniones de equipos semanales, supervisiones semanales y entrevistas de admisión (de mínimo son dos encuentros de 60 minutos) para los nuevos ingresos. A su vez, la comunicación con los juzgados, las fiscalías y los patronatos (las derivaciones de estas instituciones representan más del 60 % de la totalidad) llevó un trabajo arduo dado al desconocimiento que había del Espacio A, agravado por las diferentes formas de comunicación institucional que se fueron dando durante la pandemia. A su vez, se recibieron derivaciones internas del área de género de la propia institución, como así también de instituciones deportivas (como por ejemplo el Club Vélez Sarsfield) y de instituciones de salud mental como el Instituto Ameghino.

En este sentido, y como desarrollamos en el capítulo tres, se realizó un abordaje inédito, sin precedentes, en cuanto a que la virtualidad fue una herramienta y una oportunidad para poder desarrollar los grupos de manera remota. Sin embargo, se evidenció que esta práctica no fue automática, sino que requirió de un tiempo para adaptarse a las nuevas tecnologías. La atención debió adaptarse a las condiciones que impuso la emergencia sanitaria, y, en ese sentido, analizamos en profundidad la asistencia remota (virtual sincrónica). Como vimos, este trabajo requirió de un encuadre claro para que se pudiera llevar adelante. La extensión de los encuentros virtuales y su frecuencia no han sido modificadas con respecto a la modalidad presencial. El mejor aprovechamiento de las interacciones comunicativas requirió de ciertos ajustes en la modalidad a distancia. En este sentido, desde el Espacio A, se actuó de una manera más expeditiva y se realizaron entrevistas de admisión vía Zoom, mientras que el Espacio B tomó más cautela utilizando, en un primer momento, acompañamientos individuales vía telefónica (usando también el chat de WhatsApp) y luego la herramienta de la plataforma Zoom. Actualmente, el Espacio A como se pensó, se diseñó y se implementó no está funcionando. Luego de una evaluación institucional, se ha ampliado, mejorado y diversificado las propuestas de abordaje para varones que ejercieron o han ejercido violencia por motivos de género.

La investigación no solo fue un aporte en la construcción de conocimiento en ciencias sociales, sino también un aporte significativo para el Espacio A, y una herramienta teórico-técnica para todos los dispositivos de atención integral de varones que han ejercido violencias por razones de género. En este aspecto se visualiza la necesidad de poder profundizar y enriquecer conceptualizaciones para el trabajo con varones que ejercen o ejercieron violencia con el fin de realizar intervenciones técnicas que permitan el desarme radical.

Aún prevalece una mirada binaria de género; por este motivo, es importante poner en cuestión el enfoque de género y la disidencia sexual para que, desde una mirada integral y compleja, se aborde el ejercicio de las violencias como nudo crítico de los vínculos interpersonales de violencias por razones de género. Este es uno de los aportes significativos que brinda esta investigación. Se hace evidente la ausencia de soportes teóricos brindados desde la disidencia sexual, y a su vez este tipo de enfoque teórico constituye una vacancia en los estudios de las masculinidades y en el análisis de los dispositivos de abordajes para varones que ejercen o ejercieron violencia por razones de género.

Cabe mencionar también que el desarrollo de la investigación me interpeló, me cuestionó y me transformó en mi condición de varón cis, como así también en el trabajo con los varones que ejercen o ejercieron violencias, me implica en la construcción de masculinidades más igualitarias en mis grupos de pares. Como mencioné, durante todo el proceso de la investigación, tuve permanente contacto con el objeto de análisis de esta tesis, los relatos de los varones que asisten a grupos PSE y las intervenciones por parte de la coordinación. En este recorrido, detrás de cada una de estas historias de reproducción de poder, está también mi propia historia como varón cis atravesada de vergüenza, de silencios y de humillaciones. No reconocer el legado del poder masculino sería aportar a la construcción de esa masculinidad cínica (aquí desarrollada). ¿Cuánto de mí colabora en sostener el orden de género y cualquiera de las estructuras de desigualdad? Reconocer la posición heterosexual hegemónica y saberme comprometido en la lucha contra la violencia me implica una inestabilidad en continuum. Reconfigurar mi identidad masculina, mi subjetividad, y, a su vez, intentar modificar mi posición en el orden de género es un proceso profundamente desestabilizador.

El enfoque de género y las disidencias en el abordaje de las masculinidades

A lo largo de este libro, se analizaron las estrategias y modalidades de intervención destinadas a varones cis que ejercen o ejercieron violencia por razones de género, en cuanto política pública de atención integral. Se recupera y analizan las intervenciones de los equipos de coordinadores y los dichos de los varones que asisten, lo que significa un aporte valioso para el abordaje de las violencias por razones de género. Esto nos permite realizar diferentes hallazgos, dado que se analiza cómo se construye un camino de autoconocimiento y de reflexión crítica. En los grupos PSE, se exponen y se hacen accesibles/comprensibles las estructuras del orden de género sobre las que se configuran las posiciones como sujetos masculinos.

En el primer capítulo, pudimos reunir algunas de las principales características que presentan los varones que acceden a estos espacios y cómo se da la dinámica grupal. Identificamos intervenciones “verticales” por parte de la coordinación y “horizontales” de autorregulación por parte de los integrantes del espacio. Pudimos ver, en la experiencia de estos varones, la construcción de masculinidad y cómo se aborda la violencia por razones de género. Dimos cuenta de cómo, desde el enfoque ecológico multidimensional y la perspectiva de género, se desarrolla este proceso de desarme de la masculinidad hegemónica. Pero, a su vez, identificamos cómo el patriarcado como sistema metaestable continúa legitimando masculinidades patriarcales que toman diferentes matices, pero sin modificar la matriz estructural. Surge de esta tesis la necesidad de un enfoque diferente; como mencionamos, el abordaje psicoeducativo y la intervención específica genera una instancia de reflexión, pero no “enseña” una “nueva masculinidad”.

Desde hace tiempo los estudios de masculinidades y varones vienen hablando de la crisis de la masculinidad y el lugar de los varones cis heterosexuales; esto expresa la crisis del modelo de masculinidad tradicional. Ahora bien, lo que resulta importante es especificar qué hacer con esa crisis, dado que, como mencionamos, el poder se reconfigura y adquiere nuevas formas que también generan opresión. En este sentido, y pensando en los enfoques de los grupos PSE, poder abordar la masculinidad (en singular), como dispositivo de poder extractivista, permite comprender el conjunto de discursos y prácticas en que los sujetos nacidos con pene son producidos en cuanto “varones” que buscan apropiarse de la capacidad de producción y reproducción de las sujetas a las que subordina. La masculinidad como dispositivo de poder socializa a los sujetos asignados como varones para considerar que las capacidades, los tiempos, los cuerpos y las sexualidades de las mujeres y de las femineidades deben estar a nuestra disposición. Esa pretensión de disponer de ellas y de sus vidas es lo que de algún modo supone una extracción cotidiana de sus tiempos, de sus energías, para que estén al servicio de nuestras necesidades, deseos, intereses.

Teniendo en cuenta este aspecto, se piensa desarrollar una pedagogía de la incomodidad en los varones, generar un aprendizaje puede ser un primer paso para la transformación. ¿Qué implica generar espacios de incomodidad? En muchas ocasiones, luego del espacio grupal y en diálogo con mi compañera coordinadora, destacamos la importancia de incomodar ya sea con una pregunta o con una reflexión. Cuando eso ocurre, requiere de un mayor esfuerzo o incluso genera un mayor desgaste para la pareja coordinadora. Pensar estos espacios como cómodos y tranquilos creo que sería un error. Cuestionar su hombría lleva a confrontar los significados que han construido sobre el ser varón, los pone en una situación de inestabilidad como continuum encuentro tras encuentro. En los debates en torno a la masculinidad, las intervenciones no tienen que ser solo interesantes, también deben ser transformadoras. En este sentido, pensar una pedagogía de la incomodidad va mucho más allá de molestar con alguna intervención. ¿Qué se hace con esa incomodidad?

En el capítulo dos, relevamos cómo la vergüenza es una emoción que se registra del relato de los varones en los grupos observados. La vergüenza que puede ser paralizante si queremos esconderla, pero que también puede servir como reacción si somos capaces de usarla para cambiar. De esta manera, poder generar una incomodidad productiva, como la llamaría Jokin Azpiazu (2017), para permitir salir de cada encuentro grupal semanal con más preguntas que certezas. En este punto es importante tener en cuenta las falsas escisiones que se despliegan de la mano de la masculinidad cínica. El saber qué decir en público para “quedar bien” o decir lo políticamente correcto se pone en contraposición cuando en el ámbito privado despliega violencias. Esto en los Espacios PSE se manifiesta en puestas en escena para que les coordinadores escuchen las reflexiones que les gustaría oír de ellos mismos, pero sin lograr verdaderas transformaciones subjetivas.

El giro afectivo: los lazos sexo-afectivos y el manejo de las emociones

En el segundo capítulo, vimos cómo un aspecto fundamental de la construcción de las masculinidades es asumirse como varones con carácter, y es la ira la que prevalece como emoción ante cualquier situación de malestar, expresada con el golpe, la descalificación, cargando sus cuerpos de conductas que resultan inflexibles y rígidas. También vimos las formas de negociación o gestión de esta emoción, que en cierta medida se basa en la acumulación y el intento de controlar las sensaciones incómodas, proceder de modo introspectivo y evitar exteriorizar sus sentimientos. En este apartado quedó puesto de manifiesto cómo la posición hegemónica de la masculinidad considera la vida afectiva como algo personal y privado, pero a su vez evidenciamos el ejercicio de control de las parejas en el ámbito público. De esta manera, en la dinámica grupal, estos lazos sexo-afectivos quedan expuestos y evidenciados. Si bien hay resistencias frente a estas situaciones, se trata de poner en relieve la afectividad, sin que ello suponga ponerse en peligro frente a un otre amenazante. Es así como se evidencia que ese ser varón arraigado a la masculinidad hegemónica es algo difícil de alcanzar. Además, se considera que esa forma de ser varón está lejos de ser algo natural, rígido y estable. Así como se han construido masculinidades en un único sentido, se pueden buscar otras formas de ser varón de una manera alternativa y tal vez más inestable, sin que esta característica tenga una carga peyorativa.

En la misma línea, desarrollamos cómo en los varones se encuentra una disociación entre razón y emoción. Esta separación instaura una enorme preocupación por mostrar la razón y ocultar la emoción, ya que podría constituir una amenaza a su identidad como varón. A su vez, analizamos el descarte de las emociones y los sentimientos dado que son signos de debilidad y que ponen en una situación de inestabilidad a la identidad masculina. Vimos cómo el patriarcado va desarrollando otras masculinidades patriarcales que distan de aquella masculinidad hegemónica generando una masculinidad arquetípica que va desarrollando diferentes características que no cuestionan la jerarquía de género y legitimando el ejercicio de violencias. La masculinidad funcionando como un exterior constitutivo más que una herramienta de cuestionamiento, generando las nuevas viejas formas de dominación, invisibilizando la complejidad de la cuestión de la masculinidad y su estrecha relación con el poder. Las intervenciones en estos espacios intentan propiciar un proceso por el cual los varones abandonen las normas patriarcales preestablecidas y se arriesguen a perder su posición segura como sujetos sociales válidos, aunque estas los lleven hacia lugares de inestabilidad. Es así como cuestionar sobre el poder y el lugar en donde quedan las mujeres, que son quienes reciben el daño, resulta esencial para transitar otras masculinidades que cuestionen los privilegios que se obtienen por el simple hecho de ser varones.

El análisis de la masculinidad resulta de suma utilidad para comprender la violencia por razones de género, porque es a través de ella como se traman los sentidos con los que los varones abordan sus relaciones sexo-afectivas y sus posiciones de sujeto. En este sentido, la masculinidad, el género y la matriz de inteligibilidad heterosexual, que opera en nuestras sociedades bajo el presupuesto de la estabilidad del sexo binario, son categorías de análisis útiles para comprender el ejercicio de la violencia. Pero, a su vez, es necesario considerar otras categorías (y su intersección) para llegar a realizar análisis con la profundidad que necesitamos para elaborar políticas e intervenciones realmente efectivas. Interpretar, canalizar y expresar las emociones puede construir lazos sexo-afectivos más equitativos bregando por la transformación subjetiva de cada varón. En la dinámica grupal, vimos cómo el sentir se puede despatriarcalizar, deconstruir, desmitificar, colectivizar y reinventar. Reconfigurar el entretejido de sentidos del binarismo compulsivo sobre donde construimos nuestra subjetividad y modificar nuestras posiciones en el régimen de género es un proceso profundamente complejo para todes a la hora de repensar los lazos sexo-afectivos que construimos.

Futuras líneas de indagación

Preguntarnos sobre los pasos que debemos dar en el camino hacia un mundo libre de violencia implica necesariamente preguntarnos cómo se produce y reproduce la violencia en nuestra sociedad. Estamos inscritos en estructuras de desigualdad cuya reproducción no depende de cambios individuales, sino de una compleja transformación social y cultural en las relaciones de género, transformación que requiere ser profundamente política. La familia, la escuela, el grupo de pares y otras instituciones sociales son aquellos espacios donde se internalizan y reproducen las formas legítimas de ser varón, castigando aquellas que no cumplen con esa norma esperable.

Como vimos, el Estado ha empezado a tener presencia y decisión en la planificación de políticas públicas que apuntan a un abordaje integral de las violencias de géneros. La consideración del abordaje integral hace un lugar también a lo subjetivo y se enfoca en la voluntad de las personas de asumir una identidad masculina arquetípica. Si bien los dispositivos de abordaje de estas cuestiones han ido creciendo cuali-cuantitativamente, los trabajos efectuados aún no cuentan con un registro estatal unificado, y esto se debe a que gran porcentaje de los dispositivos de abordaje han sido no gubernamentales. En esta línea de análisis, visualizamos la falta de herramientas técnicas para evaluar los procesos de transformación subjetiva de los varones que asisten, lo que conlleva que sus parejas actúen como “veedoras” de estos varones. Como hemos mencionado, incluir el trabajo con las masculinidades que las ejercen, tanto en materia de prevención y de detección temprana, como de intervención, es un camino que se debería transitar desde un abordaje integral de la política pública para las violencias por razones de género. El análisis entre violencia, género y poder en la construcción de las masculinidades de los varones cis que han ejercido violencia contra las mujeres cis en sus relaciones de pareja, desde una perspectiva cuir, pueden ser futuras líneas de investigación para seguir profundizando en este estudio. De la misma manera que consideramos la necesidad de indagaciones sobre los resultados del tránsito de los varones en estos espacios, a través de evaluaciones de proceso.



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