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Prólogo

Masculinidad y abordajes de las violencias: futuros reparatorios, vidas transformadoras

Ariel Sánchez[1]

Las violencias por razones de género son una problemática social que debe atenderse desde el Estado, a través de las políticas públicas y de forma integral. La atención y el acompañamiento a quienes han denunciado una situación de violencia son una tarea que debe llevarse adelante de forma inmediata y desde distintos espacios, trabajando en red y, de manera articulada, entre el Estado y las organizaciones sociales. Del mismo modo, el enfoque de masculinidad en las intervenciones es fundamental, no solo desde estrategias de sensibilización o prevención, sino también como un modo de reparar los efectos de las violencias ejercidas contra mujeres y personas LGTBIQ+. Asumir desde el Estado la multiplicación de estrategias no punitivas en el trabajo con varones que ejercen o han ejercido violencia por razones de género no solo forma parte de la ampliación de las medidas de protección, sino fundamentalmente de la posibilidad de construir los caminos necesarios para producir escenarios y vidas libres de violencia.

¿Pueden las políticas de erradicación de las violencias construir estrategias que excedan la protección? ¿Qué resistencias encontramos en el involucramiento de los varones que han ejercido violencia en este tipo de políticas? ¿Cómo fortalecemos la integralidad del abordaje sin olvidar el acompañamiento necesario a quienes han denunciado una situación de violencia? ¿Es el modelo “víctima/victimario” el único posible y justo? ¿Pueden las políticas de género mejorar la vida de los varones también? ¿Se pueden pensar otras formas de justicia que vayan más allá del castigo y la vigilancia? ¿Qué medidas y enfoques creativos podemos imaginar desde el Estado para construir estrategias reparatorias para aquellas personas que han pasado por situaciones de violencia, desigualdad y vulneración? ¿Hay una vida más allá de las violencias? Estas preguntas integran el cotidiano de quienes pensamos desde la academia, la militancia o la gestión pública el modo en que se entrelazan los mandatos normativos de la masculinidad con ciertas formas de humillación, vulneración y violencia.

A través de un trabajo riguroso y complejo, Esteban A. Vaccher nos invita a recorrer algunas de esas preguntas. Sus modos de transitarlas provocan bifurcaciones que muchas veces nos ubican en lugares incómodos pero necesarios si queremos correr los límites de lo pensable y abrir el lugar a la imaginación feminista dentro de las estrategias públicas para erradicar toda forma de violencia por razones de género. A quienes venimos pensando y trabajando en torno a la articulación entre masculinidad, violencia de género y abordaje con varones, muchas veces nos preguntan por qué los varones dejarían de ejercer violencia si es eso lo que sostiene sus posiciones dentro de la estructura de relaciones desiguales de poder generizadas. El autor retoma su propia experiencia en la coordinación de espacios con varones denunciados y en el análisis de las observaciones y entrevistas que realiza en los grupos y, desde allí, ofrece recorridos no lineales acerca de las posibilidades de transformación subjetiva y de la proyección de estrategias reparatorias.

En una clave que borra los límites morales y sitúa la violencia en los procesos sociales donde se dibujan las jerarquías sexuales y de género –allí donde necesita ser pensada–, Esteban A. Vaccher desarrolla las posibilidades que le ofrece el denominado “giro afectivo” y, desde allí, huye de respuestas ya conocidas. Al salirse del enquistamiento de lo siempre dicho, donde las posiciones de “víctima”, “hombre agresor”, “justicia” se vuelven sustancia y dejan de formar parte de la rejilla que produce cuerpos, lugares, expectativas, el autor arroja interrogantes que avanzan sobre las limitaciones impuestas por lo políticamente correcto. ¿Queremos solo resolver casos o nos atrevemos al pensamiento utópico? ¿Qué hacemos con la historia de la vergüenza y el daño desde el Estado? ¿Podemos imaginar un Estado que no castigue como única forma de justicia? ¿Podemos abrirnos desde el Estado a formas del arte queer del fracaso? En definitiva, Esteban devuelve la pregunta por lo impenetrable, por las tramas ficticias de las certezas y el éxito, ejes estructurales del funcionamiento del dispositivo de masculinidad (como elige llamarlo citando a Luciano Fabbri).

El libro evidencia uno de los núcleos duros de la relación entre varones y políticas de género. Si consideramos al género como una forma de producir subjetividad en el marco de una matriz donde se enlazan jerarquías y desigualdades, no podemos olvidar al momento de trabajar con varones los mecanismos por los cuales somos atados, en cuanto sujetos, a estas lógicas. En este sentido, esperar que la mera transmisión de información sobre conceptos vinculados a estereotipos y violencias genere cambios y provoque el cese de diferentes formas de humillación y vulneración es desconocer los profundos procesos a través de los cuales nos volvemos varones dentro de esa matriz. Hacerse varones, en términos normativos, implica estructurarse en una serie de emociones y vivencias subjetivas plagada de negaciones, olvidos y deseos. Al respecto, Vaccher no se queda simplemente en una enumeración de estereotipos que confirmen lo que ya sabíamos (fundamentalmente que el poder y el patriarcado hacen mella sobre nuestras concepciones del mundo), por el contrario, formula preguntas que habilitan formas de creativas de pensar los recorridos de los varones por los espacios de intervención que estudia: ¿pueden pensarse a esos varones no solo desde el lugar de quienes vulneran, sino en posición de humillados y vulnerados?; ¿cómo estructuran sus recorridos, sus vínculos, la relación con sus cuerpos y con lo que sienten?; ¿qué afectos conmueven, retraen, alarman, cambian y calientan sus cuerpos?

En El arte queer del fracaso, Jack Halberstam habla de los feminismos sombríos, esos que no operan bajo la forma de la adecuación, del ser y el hacer, sino bajo las formas oscuras del deshacer.

Desde la perspectiva feminista, el fracaso ha sido una mejor apuesta que el éxito. Aunque el éxito femenino es siempre medido por criterios masculinos, y el fracaso de género a menudo significa competir con los ideales patriarcales, no tener éxito en el ser mujer puede ofrecer placeres inesperados (2011, p. 16).

Frente al éxito, Halberstam postula la pérdida, el olvido y el rechazo a la constitución de un yo completo y agenciado. Allí desarrolla su posición acerca de cómo ciertas dinámicas agenciales arrastran (y ocultan) una pasión productivista y colonialista, inclusive entre las propias feministas que dimensionan la rebeldía y la resistencia de un modo y no de otros. Si bien la discusión que trae está más vinculada a los sujetos del feminismo y las posibilidades de enunciación de otrxs posibles, las preguntas allí desarrolladas son de gran utilidad para incomodar la lógica autocentrada identitaria a la que tienden los estudios sobre masculinidad y los abordajes meramente punitivos, apoyados en la lógica binaria de víctima/victimario, de los varones denunciados.

Mientras leía el libro que aquí prologo, fui anotando las inquietudes que me sugerían sus argumentos. Comparto solo algunas, con el propósito de continuar el diálogo que su autor inicia con quienes venimos trabajando estos temas, de manera cotidiana, en diferentes ámbitos. ¿Puede haber placer y deseo en el fracaso de la norma masculina? ¿Los desplazamientos identitarios que nos proponen las nuevas épocas para volvernos “buenos varones” no son otras de las tantas formas en que el dispositivo de poder nos ironiza? ¿Dónde encontramos claves para rechazar eso que siempre fuimos? Pienso a Masculinidades (in)estables como un libro que busca inmiscuirse en la compleja trama de la violencia por razones de género y, particularmente, en el abordaje con los varones que ejercen violencia, a través de la valiente decisión que implica salirse de las fronteras de lo que ya fue pensado. A lo largo de cada uno de sus capítulos, el autor ensaya caminos, avanza, da giros en el modo en que se pueden pensar estos abordajes y ofrece herramientas concretas para espacios de trabajo con varones similares a los que analiza. Sobre todo, deja un escenario armado para que, desde el Estado y otros ámbitos, se retomen esas notas como rumbo y proyección en la difícil tarea de pensar los límites de esa maquinaria productiva que es la masculinidad como dispositivo y en la de correr las fronteras para posibilitar su fracaso.


  1. Director de Promoción de Masculinidades para la Igualdad PBA.


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