Este libro hubiera sido imposible, o muy difícil, sin la colaboración de numerosas personas e instituciones. Para comenzar, primero que todo, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), donde –con las únicas interrupciones entre 2015-2016 y entre 2018-2019– trabajo desde 2010, primero como becario doctoral, luego como becario posdoctoral y desde hace cinco años en su Carrera del Investigador Científico (CIC). Vaya entonces un especial agradecimiento a quienes efectivamente hacen CONICET, las/los evaluadores/as externos/as, las Comisiones Disciplinarias, las Juntas de Calificación y Promoción, su Directorio y el Personal de Apoyo y Administrativo que nos responde todos los e–mails, nos guía y ayuda en lo que necesitamos, y está siempre ahí para resolver nuestras dudas. Todos/as, incluso quienes estén de acuerdo con ello, estamos bajo un ataque inédito desde diciembre de 2023, que retoma –con otra intensidad– lo que ya había sucedido desde 2016 hasta 2019.
Este libro también quiere agradecer –porque tampoco hubiera sido posible sin ellos– a la Universidad de Salamanca y a su Instituto de Iberoamérica. Más en concreto, a los/as profesores/as Ana Belén Pol Colmenares, Domingo Hernández y Ángel Badillo Matos, quienes me recibieron en la primera y en el segundo, en los respectivos departamentos de Bellas Artes y de Filosofía, Lógica y Estética. Dentro del Instituto, el ciclo del que nació este libro jamás hubiera visto la luz sin la generosidad y hospitalidad de Francisco Sánchez y José Manuel Rivas Otero, director y secretario académico de este, quienes se pusieron a disposición en cuanto les propuse la idea, a poco de ganar Milei y de que yo comenzara una estancia de investigación y docencia en aquellas instituciones. Muchas gracias nuevamente a todos/as ellos/as.
Este libro tampoco hubiera sido posible, obviamente, sin sus colaboradores/as. Pero colaboradores/as en un sentido amplio: tanto quienes participaron del ciclo y no pudieron hacerlo en el libro (Martín Rodríguez, Mariana Sendra, Mariana Heredia, Lucas Poy, Pablo Semán y Javier Franzé), como quienes lo hicieron en ambos –y en otras instancias– (Margarita Martínez, Adrián Cangi, Helga Fernández y Gisela Catanzaro) y quienes, sin haber participado del ciclo, se sumaron al libro, en función de largas conversaciones y discusiones que mantenemos desde hace muchos años: Daniel Mundo y Luis Ignacio García. Vayan mis especiales agradecimientos a Daniel, a Gisela, a Margarita y a Adrián, con quienes me formé y me sigo formando, y de cuyos intercambios siempre aprendo.
Finalmente, agradezco a la editorial Teseo por haberse interesado en este proyecto desde sus primeras versiones, por demandarme siempre versiones más complejas y acabadas y por haber demostrado un respeto y cuidado editorial que a veces no es la norma.
Para terminar, este libro tampoco hubiera sido posible sin la paciencia, el amor y la comprensión, no solo de los/as pacientes capitulistas, sino también de mi hija y de mi esposa. A ellas, como a las redes familiares y amistosas que nos sostienen –en Buenos Aires, en La Pampa, en Chajarí, en Ponferrada, en San Pedro de Olleros y en Guímara–, muchas gracias, muchas veces.






