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7 Las redes narrativas
y su pertinencia desbordante

(…) por la observación directa sabemos cómo se hace un bardo: escuchando durante meses y años a otros bardos, quienes nunca cuentan el mismo relato de la misma manera sino que utilizan una y otra vez las fórmulas habituales cuando se trata de los temas acostumbrados. Por supuesto, las fórmulas pueden variar un poco (lo mismo sucede con los temas) y la manera de cantar o “hilar” narraciones que tenga un poeta dado variará considerablemente de la de otro. Ciertos giros de las frases serán idiosincrásicos. Pero, en esencia, los elementos, temas y fórmulas y su uso corresponden a una tradición claramente identificable. La originalidad no consiste en la introducción de elementos nuevos, sino en la adaptación eficaz de los materiales tradicionales a cada situación o público único e individual.

   

Walter Ong, “Oralidad y escritura”

7.1. Introducción

Hasta ahora he incursionado en dos metodologías de análisis caracterizadas por no concebir integralmente, es decir, no solo en sus propiedades aisladas sino en sus vínculos estructurales internos, el corpus analizado.

En el primer caso abordado, se ha generado una representación proposicional de la totalidad del corpus dividido en 702 evaluaciones y el grueso del análisis estuvo dirigido a obtener conclusiones respecto del apoyo estadístico producido en torno a distintos aspectos conceptuales presentes en teorías de raigambre tanto discursiva como de inspiración socio-psico-antropológica, como son las concepciones existentes en las TIS y TAC.

En el segundo caso, se ha partido de una subzona del corpus global, integrada por 12 canciones, y se ha constatado una serie de regularidades descubiertas bajo el paradigma del análisis reticular de discurso pero encuadrables en el mismo marco teórico integrador.

Un tercer episodio de esta tarea consistirá en abordar el corpus combinando dos atributos que han sido propiedades de los abordajes anteriores: el análisis de la totalidad textual considerado en la perspectiva evaluativa, pero apelando al formato de red transitado en el segundo caso. En este escenario de análisis, lo que he dado en llamar redes narrativas se ajusta a estas particularidades.

Es evidente que los antecedentes respecto del uso de un enfoque narrativo para abordar el simbolismo y las cuestiones ideológicas trascienden en mucho el abordaje que en esta instancia utilizaré. Si un teórico de la ideología como John Thompson concibe la narrativización como una de las estrategias por las cuales un grupo social legitima sus instituciones y valores insertándose en una tradición pretendidamente inmemorial (Thompson, 1993, p. 66), aquí la concebiré de un modo totalmente diferente, ya que lo que se narrativiza en las letras de las canciones es lo que podemos denominar el “presente colectivo”, a través de múltiples historias que trazan la complejidad potencial de un entramado biográfico.

Analizar las particularidades del proceso narrativo sin quedarse en el plano anecdótico implica corroborar su incidencia en la conformación discursiva de una escala de valores que emerge adosada a los componentes de las acciones que se describen. La acción, entonces, no tendrá valor por sí misma, sino como delimitadora de un horizonte de lo posible dentro del espacio cotidiano de quienes aparecen como protagonistas de las historias.

Según Paul Ricoeur, la composición y la comprensión de toda trama requiere de una serie de competencias gestadas en lo que él denomina precomprensión del mundo de la acción, o sea, de las estructuras que lo hacen inteligible, sus recursos simbólicos y su carácter temporal (Ricoeur, 1995, p. 116).

En primera instancia, se requiere una competencia previa para identificarla en general por sus rasgos estructurales y esto es explicado por la semántica de la acción. A esta primera capacidad se le suma una competencia accesoria, que sería la aptitud para determinar cuáles son las mediaciones simbólicas que le dan su relevancia y su sentido narrativo por sobre otras acciones posibles de considerar. En tercer lugar, finalmente, tenemos los caracteres temporales que están presentes en la ontología profunda, es decir, aquellos rasgos que hacen que pueda ser contada y que en definitiva sea narrable como tal.

En el contexto de esta investigación, entiendo que el pasaje de un análisis no narrativo a uno narrativo requiere, además de estas aclaraciones introductorias, algunas precisiones adicionales. En principio, difícilmente podemos pensar en la narratividad como una propiedad existente o inexistente en los textos en términos absolutos. Más bien podremos hacer referencia, en todos los casos, a un grado de narratividad, a una escala dentro de la cual los recursos expresivos se organizan en torno a un formato textual que se aproxima al relato de eventos o acciones unidos en una línea temporal abstracta. Del mismo modo en que las redes accionales nos enfrentan a una estructura de sucesión de muy corto rango (“La yuta te paró”, por ejemplo), las que aquí denominaré redes narrativas nos aproximan a una estructura secuenciada mucho más extendida y compleja. Una pregunta central, potencialmente contestable de diferentes maneras, se me fue formulando a medida que avanzaba en los detalles de esta modalidad de análisis: ¿es posible construir, a partir de la información existente en las canciones, un único macrorrelato que ponga de manifiesto el modo internamente consistente en que el endogrupo villero describe no solo su existencia sino su posición frente a toda la riqueza de la realidad social que lo afecta?

La pluralidad de historias, de personajes, de situaciones controversiales y de formas de resolverlas, ¿podría resumirse en un relato global, en una especie de sistema narrativo que dé cuenta de los aspectos más relevantes de esa red de tramas? ¿Se pueden articular rasgos estructurales y pareceres, actores de la trama y experiencias grupales en un solo guion general? Esta pregunta, y sus variantes, reconocen para mí antecedentes claros en el trabajo de mi propia tesis de maestría, ya que este me había dado importantes pistas respecto al tipo de historias que las letras presentaban y a sus temáticas y protagonistas en común (Miceli, 2005b). En esa etapa investigativa anterior, analicé solamente diez canciones dotadas de una estructura narrativa clásica centrada en las acciones que anteceden y suceden a un robo (Miceli, 2005a, p. 95). Aquí el punto de vista fue en cambio mucho más inclusivo, ya que tuve en cuenta temáticas de cualquier tipo y excluí únicamente aquellos relatos que no cumplen con el requisito mínimo de contener lo que denomino díada narrativa, que es una sucesión de dos acciones inmersas en una línea de tiempo.

7.2. Los esquemas narrativos de Mieke Bal y el enfoque sociolingüístico de Labov: un modelo concreto para el análisis del relato y su efectividad ideológica

Según Mieke Bal (2001), el actor de un relato se define en el marco de las relaciones entre los elementos de una historia:

(…) un texto es un todo finito y estructurado que se compone de signos lingüísticos. Un texto narrativo será aquel en que un agente relate una narración. Una historia es una fábula presentada de cierta manera. Una fábula es una serie de acontecimientos lógica y cronológicamente relacionados que unos actores causan o experimentan. Un acontecimiento es la transición de un estado a otro. Los actores son agentes que llevan a cabo acciones. No son necesariamente humanos (p. 13).

Los actores son, por lo tanto, posiciones semánticas y carecen de una necesaria asociación con la ontología humana. Respetando la naturaleza de esta definición, asumiremos que pueden ser fuerzas de la naturaleza, animales, sujetos colectivos u otro tipo de entidades, aunque en nuestro caso nos referiremos exclusivamente a personas individualizadas con un nombre propio o aludidas de un modo genérico, como “pibito ladrón”, “linyera”, etc.

En relación con este punto, Bal desarrolla una distinción entre actores funcionales y no funcionales que no me parece pertinente porque para nosotros, y en tanto no contemos con textos de cierta extensión que permitan la aparición de figuras secundarias, todos los actores reconocibles tienen relevancia[1].

Sin embargo, y a pesar de que la categoría de referencia es uno de los ejes conceptuales del modelo narrativo de Bal, solo es el punto de partida para el despliegue de otros dos términos que a mi juicio resultan más centrales: los de actante y personaje.

Se puede definir a los actantes como clases de actores caracterizadas por un conjunto de rasgos en común. En esta concepción, la generalidad actancial se constituye exclusivamente sobre la base del concepto de función. Aunque no retomaré completamente esta óptica, conviene tenerla en cuenta para fundamentar la reformulación del concepto. Según la autora:

(…) el modelo parte de la relación teleológica entre los elementos de la historia. Los actores tienen una intención: aspiran a un objetivo. Esa intención es el logro de algo agradable o favorable, o la huida de algo desfavorable o desagradable. Los verbos desear y tener indican esta relación teleológica y por ello se usan como abstracciones de las conexiones intencionales entre elementos.
A las clases de actores las denominamos actantes. Un actante es una clase de actores que comparten una cierta cualidad característica. Ese rasgo compartido se relaciona con la intención de la fábula en conjunto. Un actante es por lo tanto una clase de actores que tienen una relación idéntica con el aspecto de intención teleológica, el cual constituye el principio de la fábula. A esa relación la denominamos función (F) (Bal, 2001, p. 35).

No definiré a los actantes a través de la similaridad de intenciones en su accionar, ya que el corpus del que dispongo permite componer las categorías actanciales más con combinaciones de rasgos que con funciones textuales descriptas al detalle. Sin embargo, es necesario destacar que las funciones actanciales clásicas, aquellas en las que los verbos tener o desear cumplen un papel central, no están ausentes sino implícitas en la tipología que presentaré.

El tercer término al que haré referencia será el de personaje, que alude directamente a los actores con todas sus características expresadas en su mayor grado de particularidad. Si en este triángulo conceptual los actantes expresan el más elevado grado de generalidad en tanto contienen los atributos comunes que vinculan a las posiciones semánticas abstractas (o sea, a los actores), los personajes ostentan el menor grado ya que frecuentemente tienen un nombre propio (por ej., “Duraznito”, “Pibe cantina”, “La Sandra”), datos biográficos específicos y mínimas peculiaridades que en su presentación los diferencian del estereotipo sociológico vacío.

Los personajes no serán para nosotros términos de importancia explicativa, porque su especificidad les resta peso para constituirlos como objeto autónomo de análisis. En cambio, la categoría de actante es mucho más crucial desde el punto de vista modélico porque remite a aquellas regularidades que es menester considerar si deseamos tener una visión socioantropológicamente panorámica de la cumbia villera.

Cabe aclarar que la definición de este conjunto de categorías vinculadas (actantes, actores y personajes) tiene una importancia conceptual que sirve de marco a los análisis que desarrollaré, aunque los elementos que lo conforman no aparezcan en las redes que finalmente serán mapeadas. Lo que se muestra aquí, en definitiva, es la fundamentación de un procedimiento taxonómico que permite conformar redes aunque algunas instancias posteriores de transformación, como lo que luego definiré como “reducción actancial”, supriman o alteren algunos conceptos aglutinadores de los cuales se parte.

Considero, en este sentido, que el esquema desarrollado para el análisis de relatos por William Labov y derivado de la sociolingüística es el que mayor utilidad tiene para describir la estructura básica de nuestras historias, ya que prioriza una función que considero central para la descripción de las estrategias ideológicas de autovaloración grupal: la evaluación.

Labov sostiene que las narraciones tienen dos funciones básicas: la referencial y la expresiva. La primera muestra utilidad para presentar la secuencia de eventos en las que se basa el relato, pero la segunda sirve para construir la perspectiva narrativa, que desde este punto de vista es la clave para alumbrar el complejo fenómeno de la subjetividad plasmada textualmente. Asimismo, según Bruner (1986), las narraciones son objeto de un paisaje dual: el de la acción (representado por la función referencial) y el de la conciencia (encarnado por la función expresiva). Sin embargo, tanto el paisaje de la acción como el de la conciencia hacen referencia al uso del lenguaje evaluativo en la narración, y se entiende por lenguaje evaluativo aquel que hace referencia a expresiones de estados mentales, de sentimientos o del habla de los personajes o del narrador. El lenguaje evaluativo se contrapone de este modo al lenguaje factual, que es el que expresa los eventos que conforma el conjunto de sucesos de la narración (Shiro, 1997, p. 1).

En cuanto a su complejidad intrínseca, Labov plantea que son relatos simples aquellos que contienen únicamente cláusulas narrativas, es decir, aquellas que están ordenadas siguiendo una secuencia precisa en el tiempo. Los relatos desarrollados, en cambio, tienen varias secciones, que en su totalidad son resumen, orientación, complicación, evaluación y coda:

  1. El resumen encapsula el propósito del relato y tiene por objetivo contestar a la pregunta: ¿de qué se trata?
  2. La orientación identifica el tiempo, el lugar, las personas y la situación o actividad en que sucedieron las cosas. Responde a las preguntas: ¿quién?, ¿cuándo?, ¿qué?, ¿dónde?
  3. La complicación es la acción desencadenada por la historia misma (Labov & Waletzky, 1997).
  4. La evaluación es el medio usado por el narrador para indicar el motivo por el cual relata la historia. Podría responder a la pregunta: ¿y qué es lo interesante?
  5. La coda está formada por las cláusulas libres que se encuentran al final del relato; tienen a veces la característica especial de reunir el tiempo narrativo con el tiempo presente. Parece responder a la pregunta: ¿qué sucedió al final?

Los planteos de Labov, como los de la sociolingüística en su conjunto, pretenden dar una explicación satisfactoria de las condiciones sociales objetivas en las que la lengua circula y se alejan de la descripción del quehacer discursivo en términos de un tipo ideal que no tenga en cuenta las variaciones contextuales inherentes a los contextos comunicativos.

Debido a que no analizaré relatos totales e inmersos en contextos orales, sino canciones de longitud reducida y carentes del espacio necesario para el desarrollo completo de estas secciones, el esquema de Labov me resulta funcional ya que está orientado, antes que a la exhaustividad descriptiva de las unidades del texto, a las funciones más globales de las secciones enteras.

7.3. La perspectiva reticular de Carlos Lozares y Joel Martí y las especificidades del abordaje reticular de textos narrativos

Considero que el análisis reticular de discurso (ARD), cuyo origen y características he comentado brevemente, ofrece un marco adecuado para estudiar el desempeño narrativo de un grupo social integrando los distintos relatos existentes en las canciones dentro de una red global. El fundamento de esta perspectiva es el trabajo realizado por el investigador Carlos Lozares y otros respecto de los aspectos fácticos y cognitivos presentes en cualquier narrativa biográfica (Lozares, Martí & Verd, 1997; Lozares, 2000; Lozares, 2006).

Como he señalado anteriormente, el análisis de entrevistas conforma una corriente de análisis central en el desarrollo del ARD. Sin embargo, este modelo no se ha desarrollado en una única etapa, sino que ha seguido una lógica de rediseño de acuerdo con la sumatoria de diferentes contribuciones teórico-metodológicas. La primera perspectiva de todas las que forman este entramado de aportes es la que describe Joel Martí (2005):

Esta aproximación considera que una narración puede contemplarse como un conjunto de entornos o dominios de interacción que van siendo (re)creados en el momento de la interlocución. De este modo, el narrador presenta diferentes identidades del “yo”, pero también diferentes contextos espaciales, temporales, objetuales y relacionales, que son vinculados mediante expresiones verbales de carácter diverso. Son estas expresiones verbales las que constituyen el contenido relacional de la red, siendo los diferentes objetos representados (no en su sentido de reproducidos tal como ocurrieron en el pasado, sino actualizados en función del contexto concreto de la entrevista) los que constituyen los nodos (p. 143).

Para Lozares, el entrevistado va creando entornos biográficos que representan situaciones agrupables en dominios más amplios que contienen prácticas, agentes y contenidos. Los entornos se refieren a instituciones o procesos de socialización primaria o secundaria atravesados por el entrevistado. En el caso de las biografías analizadas por Lozares, estos entornos son la escuela primaria, la secundaria, la escuela de oficios, el matrimonio, etc. Si el relato está compuesto de un solo episodio o acontecimiento, este conforma su propio entorno de interacción. Cada entorno tiene, además, una composición particular de agentes, recursos y resultados, lo que les da una forma específica de coherencia interna, pero, además, cada uno de ellos cuenta con una manera de vincularse o establecer “puentes” con los entornos vecinos (Lozares, 2006, p. 4).

Lozares describe, además, un proceso de abstracción de los hechos relevantes que se deriva de la construcción narrativa pero que opera en el plano de la interpretación formal de sus elementos discursivos:

La identificación del discurso a partir del texto del relato se realiza mediante una nueva interacción, ahora científica. Dicha interacción se lleva a cabo entre el analista y/o interpretante y el texto elaborado. Pero dado que dicha interpretación no puede hacerse sin tener en cuenta las condiciones de la producción del relato, el otro interlocutor latente es en realidad el sujeto narrador por medio de la apropiación y proyección que ha de mantener sobre el relato; de hecho el texto, como el relato, es propiedad también del entrevistado. Ésta es la interacción que se produce básicamente en el análisis y la interpretación. La propuesta del artículo va en esta dirección: un procedimiento de interpretación y análisis que respete al máximo la lógica del texto como generador de interacciones en el relato biográfico, con sus agentes, sus recursos, sus interacciones y estrategias, sus representaciones y sus apropiaciones… El discurso es el significado y sentido que proviene de dichos tejidos de interacción, respetados al máximo en el análisis y en la interpretación (Lozares, 2006, p. 4, las cursivas son de mi autoría).

Algo que Lozares intenta poner en primer plano, en este proceso de inferencia, son los criterios de relevancia y pertinencia que el entrevistado toma en cuenta para describir los propios sucesos de su vida en términos significativos. Desde esta perspectiva, el criterio de importancia no es externo, introducido por el analista, sino postulado por el entrevistado:

El propio entrevistado cubre cognitivamente por sus representaciones internas la empiria de su vida. Es decir, opina sobre algo, se representa al mundo y a sí mismo/a, se proyecta intencionalmente (…) por mediaciones y componentes cognitivos que el mismo narrador vierte en la entrevista: superpone sobre el relato empírico opiniones, representaciones, juicios, valoraciones, proyectos… elementos todos ellos subjetivos del propio relator (Lozares, 2006, p. 6).

La estructura del texto, entonces, se expresa en una red construida por el investigador que accede a los criterios de relevancia producidos por el entrevistado. Los elementos que Lozares pone en juego, partiendo de este proceso de atribución de relevancia, son los nodos, entornos y dominios:

No sólo se da esta semejanza en la idea básica de relación entre elementos del texto a través de la interacción verbal que se establece entre ellos en cada enunciado elemental, también hemos insistido en la idea de Entorno, dominio o episodio en el relato biográfico como conjunto de interacciones-relaciones. Los Entornos, dominios o episodios son como enjambres de tejidos de enunciados (o composición de interacciones) entre nodos (sujetos sociales: selfs o Yoes, otros sujetos, instituciones, objetos, bloque, etcétera). Por tanto, son una red en sí, un sub-grafo de la articulación de la red que puede, en consecuencia, ser sometido al análisis de redes. En los Entornos se pueden diferenciar los Nodos decisivos, propios o centrales del Entorno y los Nodos de tránsito o pasajes de Entorno en cuestión a otros y/o de otros al primero. El relato de dicho Entorno puede ser interpretado como un discurso del ámbito al que se refiere (Lozares, 2006, p. 18).

Cabe aclarar que lo que Lozares llama “nodos” no son ni acciones ni sujetos exclusivamente, sino una variedad de entidades como núcleos personales (yo entrevistado), núcleos colectivos (alumnos, profesores), núcleos institucionales (empresas, instituciones educativas), actividades (curso, trabajo), procesos (selección de alumnos, inserción en la primera empresa) o escalas de valor (base teórica, capacidad, confianza). Al contrario que en la implementación que propongo, la red mapeada por Lozares tiene una composición fuertemente heterogénea en la que la semántica de nodos y relaciones que la componen no es uniforme, ya que pertenecen a ella acciones, atributos y sujetos con el mismo rango de membresía.

En el gráfico siguiente vemos cómo la perspectiva de Lozares permite la articulación, en una narración biográfica total, de dominios integrados a su vez por nodos básicos, que conforman entre varios uno de estos entornos, y nodos de tránsito, que vinculan a dos o más entornos entre sí:

Cuadro 23. Representación del relato a partir de “dominios biográficos” en la perspectiva de análisis de Carlos Lozares

Fuente: elaboración propia con base en Lozares, 2006.

Posteriormente, este modelo de análisis de entrevistas se ha ido complejizando al incorporar otras dimensiones de estudio, fundamentalmente a través del agregado de redes de causalidad e identidad, que conforman estructuras reticulares en las cuales los “hechos” o “acontecimientos” biográficos son la piedra de toque o el componente más importante de las secuencias mapeadas (Verd & Lozares, 2000; Verd, 2002; Martí, 2005). Lo relevante aquí es el doble punto de articulación de cada componente de la red, que de algún modo retoma las relaciones paradigmáticas y sintagmáticas de cualquier cadena discursiva; por un lado, existen las jerarquías de conceptos, que conectan los elementos factuales entre sí y generan relaciones estructurales de pertenencia e inclusión (vínculos paradigmáticos); por el otro, tenemos conexiones de causalidad que surgen de enlazar en secuencia los hechos descriptos en la narración (vínculos sintagmáticos).

Una variación de esta estrategia de investigación es la centrada también en una concepción narrativa de la red biográfica, pero construida alrededor de la idea de topos de Oswald Ducrot. Según el investigador Joel Martí, que formó parte del núcleo fundacional del ARD:

El concepto central de la teoría de la argumentación es el topos (pl. topoi). Para Anscombre y Ducrot, un topos es una relación discursiva entre dos proposiciones interdependientes, P y Q, que puede ser vista como una estructura argumento conclusión que da soporte a un enunciado (por ejemplo, si alguien dice “he encontrado trabajo porque tenía buenos contactos”, desde la teoría de la argumentación se diría que este argumento es comprensible no tanto por la presencia de la preposición “porque”, sino debido al hecho de que existe un topos, una creencia o lógica socialmente compartida, de que tener buenos contactos facilita la inserción laboral). Para Anscombre y Ducrot, el uso de topoi tiene como finalidad la construcción de representaciones ideológicas que dan legitimidad a un enunciado en el marco de una interacción particular (Martí, 2006, p. 3).

Desde esta perspectiva, el topos es un indicador de un estado de opinión social respecto de una posición valorativa, pero establecida en términos de dos escalas que se desempeñan en la misma orientación axiológica. Si nos proponemos explorar, por ejemplo, el modo en que la sociedad caracteriza el vínculo entre el dinero y la felicidad, las relaciones del denominado esquema tópico son explotables de la siguiente manera:

Cuadro 24. Ejemplo de esquemas tópicos, topos y formas tópicas

Diagrama  Descripción generada automáticamente

Fuente: elaboración propia con base en Martí 2006, p. 6.

Los topos son, en estos términos, formas específicas, vigentes culturalmente, de relacionar elementos relevantes de la ideología de un grupo social. El topos del materialismo, por ejemplo, formula una relación positiva entre la posesión de dinero y la obtención de bienestar, y se expresa en la frase “La plata no hace la felicidad, pero ayuda”. El topos del voto de pobreza, que ve esta relación como negativa, afirma que, según la frase bíblica, “es más fácil que un camello atraviese el ojo de una aguja que un rico ingrese al reino de los cielos”. Un aspecto interesante del fenómeno es que topos como estos, antitéticamente orientados, conviven en el mismo grupo social y sirven para describir tendencias de opinión parcial o totalmente contradictorias que pueden ser sostenidas por los mismos sujetos en distintos contextos.

En su implementación metodológica, el planteo de Martí es aplicado mapeando el desarrollo de cadenas narrativas que, centradas en el resultado de entrevistas enfocadas en trayectorias laborales, expresan diferentes topos puestos en escena por los sujetos entrevistados. Un ejemplo es la siguiente cadena tópica, surgida de una entrevista sobre trabajo hecha a una cajera de hipermercado de 26 años[2]:

Cuadro 25. Ejemplo de red tópica construida con base en entrevistas

Diagrama  Descripción generada automáticamente

Fuente: elaboración propia con base en Martí 2006, p. 9.

El mecanismo de inferencia de estas relaciones tópicas es cualitativo, pero, aunque llevado a cabo por un analista, se basa en dispositivos accesibles a todos los hablantes de la lengua. Cuando el entrevistado, por ejemplo, dice: “Hombre, yo cuando empecé a trabajar, pues con más libertad porque en mi casa, siempre era del instituto a mi casa, no. No tenía amigos, no salía apenas. Y te cambia mucho la vida porque ya salía, disponía de mi dinero que cambia. Luego enseguida ya…, empecé a salir con mi marido” (Martí, 2006, p. 9)esto se traduce, en el plano del análisis hecho por Martí, como una cadena tópica positiva de cuatro términos:

TENER EMPLEO → SER INDEPENDIENTE → SALIR → TENER PAREJA

Podemos traducir esta cadena tópica sosteniendo que “tener empleo conduce a ser independiente, que ser independiente lleva a salir y que salir conduce a tener pareja”. Estamos hablando, en este caso, de la interpretación hecha por el investigador de lo que el sujeto sostiene acerca de su propio flujo de existencia, y esto ubica la metodología de análisis basada en las redes tópicas en el rol de una formalización complementaria respecto de la transformación de la experiencia de vida en experiencia narrada. Metodológicamente, aquí importa que no solo estamos describiendo el modo en que un individuo caracteriza su experiencia personal, sino que este modo de describirla expresa tanto una recurrencia discursiva —una manera de aprehender y describir lo real que excede al individuo y que resulta socialmente reconocible— como una recurrencia vivencial —un conjunto de cosas que creemos que generalmente les pasan a las personas de cierto grupo en cierto contexto—. Sin este salto, sin esta suposición de representatividad social del discurso, las perspectivas que estamos recorriendo carecerían de la capacidad de dar cuenta de las representaciones mentales de los grupos analizados.

Recapitulando el recorrido conceptual realizado hasta aquí, tenemos que:

  1. Cualquier narrador construye, a partir de una determinada secuencia de hechos, un relato, interponiendo relaciones de antecesión, de sucesión y de diacronicidad, que representan el modo en que la red conceptual se moviliza para describir el mundo percibido. A esta secuencia la podemos denominar red narrativa y al proceso que la hace posible podemos denominarlo comprensión narrativa.
  2. El investigador del discurso describe y analiza la red narrativa utilizando lo que podríamos llamar una red discursiva, capaz de estudiar los elementos surgidos de la primera a partir de categorías que la mayoría de las veces los hablantes no manejan de modo natural. Podemos decir que el modelo narratológico de Mieke Bal y el modelo narrativo sociolingüístico de Labov configuran redes discursivas o redes de segundo grado capaces de volver a representar los componentes de la red narrativa bajo otros principios formales. De esta manera, estas redes transforman los vínculos entre agentes, acciones y resultados de la red narrativa en nuevos conceptos según la perspectiva adoptada. Estas nociones, como marco, suceso, episodio o resolución, actante, función, etc., redescriben la red narrativa bajo los parámetros del análisis lingüístico.
  3. En este contexto, el investigador de redes desempeña una estrategia de estudio distinta que consiste en explicitar y darles un peso no intuitivo, sino lógico y formal, a las redes narrativas. Las relaciones sintagmáticas y paradigmáticas no forman parte de los supuestos epistemológicos generales del análisis, sino que son operacionalizadas como elementos constituyentes centrales de la trama reticular total. Los dominios biográficos de Lozares o las relaciones tópicas consideradas por Martí son ejemplos de constructos reticulares aplicados a las redes narrativas. A esta red la podemos llamar red social discursiva y, de alguna manera, implica para su construcción lo que se puede caracterizar como formalización reticular. La formalización reticular es capaz, entonces, de traducir tanto las redes narrativas naturales como las redes conceptuales formuladas por los analistas del discurso en conjuntos de nodos y relaciones abordables formalmente.

En la matriz siguiente expreso los componentes de estas cuatro etapas analíticas y los elementos teórico-metodológicos involucrados:

Cuadro 26. Etapas de la construcción narrativa natural
y su correlato analítico
Red narrativaRed lingüísticaRed social 
discursiva

Creador

HablanteAnalista discursivo o cientista socialAnalista de redes

Pasaje

Del mundo vivencial al mundo narradoDel mundo narrado al análisis lingüísticoDel mundo narrado al análisis de red

Componentes

Agentes, acciones y resultados vinculados narrativamenteVarían según el marco teórico: actantes, funciones, episodios, tramas, etc.Varían según el marco teórico y la implementación reticular: nodos básicos, nodos de transición, topos, etc.

Tipo de 
proceso aplicado

Comprensión 
narrativa
Análisis
discursivo
Formalización 
reticular

Fuente: elaboración propia.

Considero que el enfoque que acabo de describir es el eje articulador del análisis reticular cuyo desarrollo voy a comentar a continuación y que implica la construcción de una red social discursiva que retoma, en muchos casos, el producto de un claro entramado narrativo previo generado por los autores.

Este es el caso, por ejemplo, de la canción “Marginado” del conjunto Guachín:

Hoy les quiero contar, / la historia de mi vida / cómo sangra la herida / de esta triste realidad. / Es duro si les digo / que en el vicio yo he caído / por eso mis amigos, / me dejaron de hablar / Hoy la calle es mi vida / y allí paso todo el tiempo / ya perdí mi familia, / mi novia y mi hogar / Pido a gritos que me ayuden / pero nadie me responde / hice ya lo que pude / pero no pude dejar / Hoy soy un marginado, / todo el mundo me hizo a un lado / y mi madre querida / que no para de llorar / al ver mi sufrimiento, / y sentir tanta impotencia / de ver su hijo querido / que está llegando al final / Me quedan pocos días / porque hoy ya no le encuentro / un sentido a la vida, / no me la quieran quitar / sólo esta canción les dejo a mis amigos / y a Dios yo le pido / que me ayude a cambiar.

En este contenido, la narratividad del texto es una propiedad clara y formalmente no problemática, pero en otras situaciones el desarrollo de la trama resulta muy reducido, las marcas temporales no son evidentes o la sucesión diacrónica del texto no se corresponde con la temporalidad representable como sucesión simple de eventos. En principio, he resuelto excluir a las canciones en las cuales simultáneamente no se cumplen los requisitos de tener marcas claras de sucesión y/o separación de acciones. Un ejemplo de esta configuración es la canción “Vamos a bailar”, del conjunto Yerba Brava:

Vamos, vamos a bailar / vamos a bailar / hasta la madrugada / Dejate llevar / ya no importa nada, ah / a mover el cuerpo, / a mover el cuerpo / esto es una fiesta / vamos a bailar / hasta que amanezca / ah, ah, ah…. / levanta la mano / para que te vea / y ahora enséñame / como se menea, así, así / abajo, arriba, / al centro y adentro.

Además de estar instaladas en un presente indivisible diacrónicamente, las exhortaciones y órdenes presentes en la letra de esta canción no pueden unirse para conformar la unidad mínima de cualquier narración, a la que designo como “díada narrativa”. La díada narrativa es lo que podemos considerar como el átomo del relato, sin el cual no existe la posibilidad de construir una red formada de al menos dos elementos y una conexión que los vincule. En la canción “Marginado”, que cité en primer lugar, una de las díadas encontradas es:

{toma droga} → {queda en la calle}

El texto base que fundamenta ambas acciones, interpretado desde la perspectiva reticular, es respectivamente:

Es duro si les digo / que en el vicio yo he caído

→ {toma_droga}

Hoy la calle es mi vida / y allí paso todo el tiempo.

→ {queda_en_la_calle}

Como vemos, la formulación de las díadas narrativas implica, en todos los casos, un proceso de abstracción que altera la sintaxis y el contenido original para expresar el contenido que consideramos reticularmente relevante.

7.4. Características generales del material estudiado: la reducción actancial, temporal y accional de la complejidad narrativa

Estas puntualizaciones nos introducen de lleno en las particularidades metodológicas que implica el mapeo reticular desarrollado sobre la base de las letras de las canciones consideradas en nuestro corpus. Así como no existe un solo modo de traducir experiencias de vida en redes narrativas (comprensión narrativa), tampoco las formalizaciones del analista discursivo o del analista de redes son unívocas ni permanecen libres de arbitrariedades.

En este caso, la multitud de historias contadas, sus puntos de enlace y las diferencias y similitudes de trayectorias son representables de distintas maneras en función de objetivos de análisis que exceden y transforman la producción narrativa natural en una modelización no intuitiva.

Partiendo del texto de las canciones, de la lírica original expresada por los autores de ese contenido, la representación reticular opera una nueva reducción que actúa aplicando un algoritmo general y exhaustivo. Es general porque, una vez seleccionado el corpus de trabajo, la transformación se produce sobre toda su extensión y no sobre algunos fragmentos, como es usual en muchas metodologías de análisis discursivo que trabajan con base en ejemplos; es exhaustivo porque todas las secuencias de la transformación deben completarse para pasar a otro plano del análisis.

De esta manera, la canción “Marginado”, con la que ejemplifiqué el concepto de “díada narrativa”, se transforma, aplicando esta metodología, en una cadena completa de uniones que representa, por transformación parafrástica, la totalidad de las acciones de la trama. A esto lo llamamos cadena narrativa:

Cuadro 27. Sucesión de díadas narrativas de la canción “Marginado”

Díada 1:

Acción 1: {toma_droga} → Acción 2: {queda_en_la_calle}

Díada 2:

Acción 3: {queda_en_la_calle} → Acción 4: {pide_ayuda_y_nadie_le_responde}

Díada 3:

Acción 4: {pide_ayuda_y_nadie_le_responde} → Acción 5: {no_tiene_mas_remedio}

Díada 4:
Acción 5: {no_tiene_mas_remedio} → Acción 6: {la_madre_llora_y_sufre}.

Fuente: elaboración propia.

Cada cadena de texto original es transformada en una unidad independiente que denominamos “acción” y que conforma, articulándose con otras unidades en sucesión, cadenas narrativas individuales que esquematizan la historia narrada en cada canción. Suprimiendo las repeticiones de los nodos que enlazan díadas, la cadena narrativa completa representada por estos enlaces es la siguiente:

Cuadro 28. Cadena narrativa completa formada por la canción “Marginado”

{toma_droga} → {queda_en_la_calle} → {pide_ayuda_y_nadie_le_responde} → {no_tiene_mas_remedio} → {la_madre_llora_y_sufre}.

Fuente: elaboración propia.

Estas cadenas narrativas individuales, unidas a su vez por “intersecciones accionales” (acciones en común”) con otras cadenas, van formando la red narrativa global.

En el siguiente ejemplo mostramos cómo tres cadenas narrativas, construidas como representaciones de tres canciones distintas, reconocen un punto de intersección en común:

Figura 41. Intersección de tres cadenas narrativas

Diagrama  Descripción generada automáticamente

Fuente: elaboración propia.

Como se puede apreciar, la acción {roba} interseca, en este caso, tres cadenas narrativas distintas y, como se verá luego, este tipo de mecanismo constructivo es la clave capaz de enlazar tramas de relato independientes en una única estructura reticular global.

La vinculación entre el texto original y las acciones se ha realizado utilizando el software Atlas-Ti, y la generación del pseudotexto global se ha construido manualmente, produciendo un insumo luego procesable directamente por el software Ucinet y por otros programas de redes sociales.

Así como en las redes accionales, estudiadas en el apartado anterior, esta dinámica de transformaciones de las redes narrativas se inicia en el corpus original, continúa en la generación del pseudotexto y termina en la representación formal de la red. En el primero de estos pasajes, que une el texto original y el texto transformado o pseudotexto, involucra alteraciones de forma y contenido de un tipo distinto a las reseñadas para las redes accionales.

Si tomamos como ejemplo el texto original:

Es duro si les digo / que en el vicio yo he caído

→ {toma_droga}

Las modificaciones necesarias para generar, a partir del corpus original, la acción citada, son de cinco tipos básicos.

1) Reducción actancial: esta transformación elimina del texto original el sujeto explícito de la oración y evita incluirlo, por ende, como un componente relevante del análisis. El yo explícito no es incluido en el texto de ninguna de las acciones, ya que los múltiples actantes de la trama son reducidos a un único macroactante general que es la tercera persona del singular él. Por ejemplo, en la canción “Los dueños del Pabellón”, la reducción actancial opera de esta manera:

Cuadro 29. Secuencia de transformación aplicada a la canción “Los dueños del Pabellón”
Texto originalActante real 
de la acción
Pseudotexto (acción representada)Macroactante 
implícito
“Ahora nosotros tomamos el control, somos los dueños del pabellón”Nosotros{es_el_dueño_del_pabellon}Él
“estamos cansados de tanta represión”Nosotros{sufre_la_represion_policial}Él
“A mí no me importa morir, abrime la celda que me quiero ir.”Yo{piensa_en_como_escapar}Él

Fuente: elaboración propia.

La reducción actancial está motivada por la necesidad formal de tratar a los relatos encontrados como una única estructura vincular y evitar, de esta manera, las complejidades analíticas producidas por tratar con dos tipos distintos de nodos, como podrían ser los actantes y las acciones.

El producto general de la reducción actancial es que todos los actantes de los relatos individuales son reducidos a un único macroactante global que podemos denominar él y que tiene la particularidad de representar a un integrante máximamente inclusivo de lo que denominamos endogrupo villero.

2) Eliminación de sujeto: esta modificación opera en combinación con la anterior y produce, como resultado, un ocultamiento del sujeto explícito del texto de la acción. De este modo, el macroactante único de la red, en un primer paso creado por reducción actancial, se elimina luego de la trama explícita del texto.

De este modo, este es el resultado de eliminar el sujeto de cada una de las acciones:

{el_es_el_dueño_del_pabellon} → {es_el_dueño_del_pabellon}

{el_sufre_la_represion_policial} → {sufre_la_represion_policial}

{el_piensa_en_como_escapar} → {piensa_en_como_escapar}

La trama descripta tiene siempre un solo sujeto, porque considerar a más de uno implicaría construir una red de dos modos. Las acciones y las narraciones son, por ende, egocentradas, lo que implica que siempre se describen eventos en relación con ego, que es un protagonista villero típico perteneciente al endogrupo.

3) Unificación temporal: esta modificación opera reformulando todas las acciones para expresarlas en el presente, lo cual elimina la temporalidad variable como un aspecto a problematizar en el mapeo de la red. Así como la reducción actancial elimina una variable del análisis, la unificación temporal cumple con el mismo propósito en términos diacrónicos. Puede haber un presente situacional, que incluya microacciones del relato; un presente más estructural, que implique acciones de cierta recurrencia insertas en una actualidad temporal más amplia, y puede suceder, incluso, que la misma acción haga referencia a acciones de ambos tipos de presente.

No hay, tampoco, sincronía entre la secuenciación temporal del relato y la secuenciación reticular, lo que implica que el orden en que aparecen en el mundo real las acciones relatadas no es, necesariamente, el mismo en que se vuelcan en la red.

Por ejemplo, la canción “Sos un botón”, del grupo Flor de Piedra, tiene la siguiente letra:

No, no lo puedo creer / vos ya no sos el vago / ya no sos el atorrante / al que los pibes lo llamaban el picante / ahora te llaman botón / Ya no estás, con tus amigos / y en la esquina te la dabas / de polenta, de malevo y de matón / y solo eras un botón / y solo eras un botón. / Vos, sos un botón / nunca vi un policía tan amargo como vos / Cuando ibas a la cancha, / parabas con la hinchada, / y tomabas vino blanco, / y ahora patrullás la ciudad, / si vas a la cancha vas en celular, / y a tus amigos, andás arrestando, / sos el policía del comando.

Su representación reticular es la siguiente:

{simula_ser_maton} → {es_un_boton} → {va_a_la_cancha} → {ahora_patrulla_la_ciudad} → {arresta_a_los_amigos}

Pero esa secuenciación reticular no se corresponde estrictamente con el orden temporal del relato, ya que la acción {es_un_boton}, instalada en el presente, antecede en la cadena representada a {va_a_la_cancha}, que en realidad pertenece al pasado del relato.

De este modo, como también vemos en la canción: “Somos los dueños del pabellón”, del grupo Damas Gratis, la única temporalidad resultante es la reticular, fundada en la línea de tiempo artificial de la representación:

Figura 42. Línea temporal en la canción “Somos los dueños del pabellón”

Imagen que contiene Tabla  Descripción generada automáticamente

Fuente: elaboración propia.

4) Sustitución parafrástica: la sustitución por paráfrasis produce una versión reducida textualmente y estandarizada de cada una de las acciones, prescindiendo de adverbios, adjetivos y otros complementos que generan diferencias textuales que no considero significativas. De esta manera, tomando como ejemplo la canción “El pibito Ladrón”, del grupo Los Pibes Chorros, tenemos que la sustitución parafrástica opera de la siguiente forma:

Cuadro 30. Tipos de transformaciones parafrásticas aplicadas a la canción “El pibito ladrón”
Transformación parafrástica menor:

Fuente: elaboración propia.

Como se ve, en algunos casos la transformación es menor y se recupera una parte importante del contenido literal del texto (“de su casilla salió” se transforma en “sale de la casilla”), pero otras veces la transformación es más radical y no queda nada del texto original (“fumando y tomando vino…” se transforma en “busca la oportunidad de robo”). Finalmente, hay casos de paráfrasis intermedia en donde se recupera parte del texto literal y una parte sustancial se modifica (“acabó con su vida una bala policial” se transforma en “lo mata la policía”).

5) Sinonimización de acciones: si bien la transformación parafrástica reduce fuertemente la complejidad textual, en algunos casos resulta necesaria una segunda modificación que homogeneice variantes que se refieren a la misma acción. Mientras que la mencionada transformación parafrástica actúa localmente y no como parte del cotejo global de las variantes usadas, lo que denomino sinonimización de acciones, en cambio, reduce el número de opciones utilizadas para hacer referencia a elementos del relato que consideramos similares. Este tipo de homogeneización opera considerando los siguientes fragmentos textuales como narrativamente equivalentes:

Cuadro 31. Tipos de transformaciones parafrásticas
aplicadas a tres canciones

Fuente: elaboración propia.

Una diferencia importante de la sinonimización de acciones respecto de la reducción actancial, la unificación temporal y la transformación parafrástica es que ellas operan en el paso que va del texto original a la creación de los nodos accionales, pero la primera actúa en una etapa metodológica necesariamente posterior, cuando ya los nodos accionales han sido formulados por primera vez y pueden encontrarse similitudes semánticas críticas que obligan a eliminar variantes superfluas.

Este procedimiento ha servido para cohesionar la red y reducir la fragmentación en su topología, pero no lo he aplicado a discreción sino tratando de preservar el diferencial semántico de los nodos implicados. Por ejemplo, ha sido necesario homologar {toma_cerveza}, {toma_vino} y {toma_alcohol} en un único nodo {toma_alcohol}, pero, como el entorno textual original de las canciones no establecía diferencias relevantes entre las tres variantes, entiendo que la operación es válida tanto semántica como reticularmente[3].

7.5. Análisis narrativo global

Como consecuencia de estos procedimientos, la generación de una red global produce una estructura de relaciones en la cual podemos distinguir tipos de acciones caracterizables por sus funciones reticulares específicas más allá del modo en que describen o valorizan el universo social.

En esta red narrativa global, un efecto crucial de la transformación parafrástica ha sido la eliminación de los aspectos modalizadores de la acción, con lo cual la función que Labov denomina expresiva ha sido reducida al mínimo o eliminada, y la función referencial, propia del discurso informativo, se ha transformado en el eje del procedimiento de mapeo.

Es decir, se relatan las acciones de un protagonista ideal, pero no se dice nada respecto del modo en que ese protagonista valoriza a otros personajes o a los hechos y situaciones que atraviesa.

Por otro lado, la lógica de este mapeo es constructiva, lo que significa que no se establece una lista previa de acciones a mapear ni se rastrean cadenas textuales de manera automática y ciega al contexto[4]. Esta constructividad implica, metodológicamente, una serie de iteraciones de control que van afinando progresivamente el formato final de la representación reticular[5].

7.5.1. Los elementos a analizar en las redes: nominando las entidades

El mapeo de la red narrativa global implica la posibilidad de categorizar las acciones no a partir de rasgos intrínsecos independientes de su posición reticular, sino partiendo de posiciones relativas a la trama.

De esta manera se ha establecido, reticularmente, un conjunto limitado de acciones iniciadoras, que son las que comienzan las historias; las acciones intermedias, que son las que conectan el inicio y el fin, y las acciones finalizadoras, que son las que cierran las historias. Es bueno tener en cuenta que estos son roles reticulares de las acciones, pero, aunque hay cierto isomorfismo posicional (se disponen serialmente con cierta intuitividad), no se corresponden con lo que consideramos papeles narrativos en términos tradicionales. La secuenciación narrativa clásica, que encadena un suceso con su complicación y su resolución (Labov, 1972; Labov & Waletzky, 1997; Shiro, 1997), no es simplemente un encadenamiento arbitrario de acontecimientos, sino una atribución específica de funciones del relato. En nuestro caso, esta distinción entre acciones tiene implicancias meramente posicionales.

La discrepancia entre un orden de sucesión posicional y otro verdaderamente narrativo queda expresada, por ejemplo, en cadenas narrativas del tipo que sigue, que designaremos como tipo 1 y que muestran una presencia frecuente en la red:

Acción inicial: {es_careton/a}

Acciones intermedias: {no_toma_vino} → {no_es_respetado_por_el_villero}

Acción finalizadora: {es_concheto/a}.

Aquí no hay un suceso que produzca complicaciones luego resueltas de algún modo, sino una sucesión de estados que podría modificarse en su secuenciación sin alterar el sentido general. En una trama con funciones narrativas realmente diferenciadas, la alteración de las posiciones genera incongruencias semánticas profundas. En el siguiente ejemplo, que podemos designar en cambio como tipo 2, la acción inicial no es exactamente un suceso disparador, pero sí es el marco de una complicación —el robo— que posteriormente tiene que ser resuelta de alguna manera. En este caso particular además hay un hecho —la muerte del protagonista— que no puede ser cambiado de lugar sin producir efectos de distorsión decisivos:

Acción inicial: {trabaja_toda_su_vida}

Acciones intermedias: {busca_la_oportunidad_de_robo} → {roba} → {pide_perdon_por_el_robo} → {le_dispara_al_asaltado} {la_policia_se_acerca} → {lo_mata_la_policia} → {la_television_genera_la_noticia}

Acción finalizadora: {los_diarios_cubren_la_noticia}

En este sentido, podría decirse que hay cadenas narrativas que representan una secuencia de acciones real, con sucesión temporal irreversible, y otras que aluden a secuenciaciones artificiales, ancladas en un presente situacional o estructural, en el cual se pueden intercambiar las acciones sin consecuencias narrativamente invalidantes[6].

7.5.2. El análisis global de la red

(a) El análisis de la intermediación reticular y los ciclos de transformación

Esta es la red narrativa total, que comprende 187 acciones y que abarca todas las canciones mapeadas narrativamente, que son 114 de las 120, ya que en solo 6 casos de los 120 no se han podido conformar las díadas narrativas mínimas postuladas como condición de base para desarrollar el análisis. La visualización empleada en el software Visone es en este caso “Spring Embedder” y permite observar, con el grado de detalle requerido, el tipo de conformación general:

Figura 43. Red narrativa completa con intermediación diferencial

Fuente: elaboración propia con base en software Visone.

Propongo llamar a esta estructura narrativa global, que integra todas las trayectorias narrativas existentes en los relatos, “grafo existencial total”. Su naturaleza de grafo es evidente y obedece a la topología reticular a la que está haciendo referencia, el adjetivo existencial intenta dar cuenta de su procedencia narrativa y la palabra total remite a la capacidad integrativa de esta representación respecto de las narraciones individuales. Recordemos que la intermediación, que es una de las métricas centrales del ARS, mide la centralidad global de las acciones que aparecen mapeadas[7] (ver punto 6 del apartado 6.7. del capítulo 6).

En este caso, las acciones con mayor intermediación (“toma_droga”, “toma_alcohol”, “va_a_la_carcel”) aparecen tanto en tamaño mayor como en una tonalidad más oscura de rojo. Más allá de su relevancia local, las acciones que aparecen señaladas en este caso representan nudos narrativos transitados por la mayoría de las historias puestas en escena en las canciones.

Casi a la manera de organizadores existenciales, estas acciones generan, en el desarrollo historiado de las letras, áreas de confluencia narrativa hacia las cuales de algún modo “tienden” las tramas. Utilizando el software Ucinet, y luego de cargar todas las acciones, se obtuvieron las mediciones de centralidad de intermediación cuyos primeros valores aparecen en la siguiente captura de pantalla:

Figura 44. Listado de acciones con mayor intermediación en la red

Fuente: elaboración propia con base en software Ucinet.

Como se desprende de los cálculos anteriores, hay un conjunto de nodos (acciones narrativas) que tienen una intermediación muy alta y que de algún modo actúan como puentes en la dinámica de la red, vinculando historias de diferente trayectoria y contenido. Entre estos nodos tenemos, en un orden decreciente de importancia:

Cuadro 32. Primeras diez acciones ordenadas
por valor de intermediación normalizado

Acciones

Valor de intermediación normalizado

{toma_alcohol}

14.618

{toma_droga}

11.601

{se_divierte}

9.932

{sufre_pobreza}

7.809

{va_a_la_carcel}

7.294

{sale_de_la_carcel}

6.997

{se_va_de_la_villa}

3.979

{no_tiene_mas_remedio}

2.764

{siente_tristeza}

2.533

{amenaza_a_un_par}

2.122

Fuente: elaboración propia.

Nótese, en primer lugar, que el análisis de la función reticular de puente o conector narrativo es muy diferente de un simple conteo de frecuencias de las acciones que aparecen en la trama textual. La perspectiva de redes revela la importancia estratégica de acciones que pueden no ser las más numerosas pero que tienen la virtud de conectar esferas existenciales distintas de la red.

Cuadro 33. Primeras 10 acciones ordenadas
por frecuencia de aparición textual absoluta

Acciones

Total

{toma_droga}

33

{toma_alcohol}

23

{siente_tristeza}

15

{se_divierte}

13

{sufre_pobreza}

10

{es_abandonado/a}

9

{esta_borracho/a}

8

{seduce}

8

{baila}

7

{no_tiene_mas_remedio}

7

Fuente: elaboración propia.

Si comparamos los valores de estas dos tablas, vemos que la coincidencia entre ambas es mínima si consideramos el orden jerárquico de las acciones implicadas en un caso y otro. En el cuadro 32, la acción más importante es {toma_alcohol}, luego aparece {toma_droga} y en tercer lugar {se divierte}. En cuadro 33, de frecuencias, la acción que encabeza la lista es {toma_droga}, luego viene {toma_alcohol} y en tercer lugar aparece {siente_tristeza}. No solo hay diferencias de posicionamiento entre ítems que aparecen en ambas listas, sino que hay algunos que aparecen en una y no en otra. Específicamente, hay 4 acciones que podemos caracterizar como fuertes organizadores existenciales y que ni siquiera aparecen entre las acciones más numerosas; ellas son {va_a_la_carcel}, {sale_de_la_carcel}, {se_va_de_la_villa} y {amenaza_a_un_par}. Esto significa, entre otras cosas, que ingresar en la prisión, salir de ella, irse de la villa y amenazar a un par, y no a un enemigo, son, en el espacio de lo imaginario, acciones claves capaces de conectar esferas de la vida de las personas tal cual aparecen en las canciones, aunque no sean las acciones que con más frecuencia aparecen mencionadas[8].

De todos modos, la centralidad estratégica de estas acciones, a la par que responde interrogantes, genera otros nuevos. Aunque el tratamiento estadístico reportado por el software arroje estos resultados, ¿qué significa, exactamente, en este diseño de análisis, que la acción “toma_alcohol” sea la de mayor importancia en la red? Antes que nada, no significa que sea la acción más frecuente en todo el corpus, y esto de hecho es así porque la proposición “toma_droga” es más numerosa en el conteo global. Tampoco significa que sea la que más conexiones reporta con el resto de las acciones. Aunque esta condición puede ser cierta en algunos casos, la idea es que la intermediación mide la capacidad crítica de conectar regiones de la red que de otro modo estarían desvinculadas.

En nuestro mapa narrativo, estas regiones expresan vínculos entre acciones que tienen una conectividad interna mayor a la que tienen con el resto, pero no resulta fácil identificar estas regiones sin una taxonomía que a priori sirva para distinguirlas. En términos temáticos, cada una de ellas habla, internamente, de robo, diversión, drogas, situaciones sexuales, lamentaciones amorosas, etc., pero ello no explica de manera mecánica el predominio general de las acciones que aparecen listadas más arriba, ni el hecho de que ellas se transformen en nudos de resolución que afectan a toda la trama. Necesariamente, aquellas acciones que predominan y que son organizadores existenciales tienen que estar presentes y conectar a más de un tipo de trayectoria narrativa entre sí, y es aquí en donde la perspectiva de análisis rompe con la intuitividad nuevamente, porque una misma acción vincula esferas de acción o zonas narrativas que a priori no pensamos como relacionadas entre sí.

Figura 45. Acciones que vinculan zonas narrativas

Fuente: elaboración propia con base en software Visone.

Como vemos en esta figura, la acción {sufre_pobreza} vincula un área existencial, como la carencia económica, con distintas alternativas vivenciales. Según expresan las canciones, alguien que sufre pobreza puede luego hacer cosas tan disímiles como extrañar a la madre, simular ser “cantina”[9], pedir limosna, ser detenido por la policía, dedicarse a robar habitualmente o simplemente vestirse mal como resultado de esa condición. Cada acción sucesora liga al organizador existencial “sufrir pobreza” con trayectorias narrativas distintas, capaces de profundizar potencialidades del relato en sentidos divergentes y hasta antagónicos. Mientras más estratégica sea una acción, podemos decir que mayor será la posibilidad de que conecte áreas existenciales o zonas narrativas muy diferenciadas.

Si consideramos las principales 20 acciones priorizando su centralidad global y no local, el resultado es este cuadro:

Cuadro 34. Acciones principales del grafo existencial 
en términos de intermediación

Acción

IntermediaciónIntermediación normalizada

{toma_alcohol}

5612.79785216.1370754

{toma_droga}

4297.64746112.3559532

{se_divierte}

3839.79052711.0395908

{sufre_pobreza}

2899.8762218.33728981

{va_a_la_carcel}

28118.08176613

{sale_de_la_carcel}

27087.78563643

{se_va_de_la_villa}

1482.4238284.262043

{no_tiene_mas_remedio}

1034.0904542.97306204

{siente_tristeza}

953.814272.74226403

{amenaza_a_un_par}

8842.54154444

{es_abandonado/a}

748.1666872.15101671

{roba}

723.35711672.07968807

{tiene_las_mejores_minas}

6911.98665977

{compra_un_piso_en_belgrano}

6911.98665977

{anda_en_mercedes_benz}

6911.98665977

{lo_mata_la_policia}

6571.88890803

{es_rechazado/a}

622.77618411.79051292

{toma_pastillas}

6181.77678108

{la_policia_lo_detiene}

6161.77103102

{viene_a_la_villa}

5241.50652635

Fuente: elaboración propia.

Al representar en un subgrafo solo estas 20 acciones, visualizamos las situaciones que más comúnmente aparecen en las narraciones que fueron objeto de mapeo:

Figura 46. Acciones principales del grafo existencial en términos de intermediación

Fuente: elaboración propia con base en software Netdraw.

Como vemos en este subconjunto, hay acciones, como {toma_alcohol} o {toma_droga}, que figuran en el centro de la estructura y que determinan, ya sea emitiendo o recibiendo acciones, un flujo de eventos que las contiene como instancias narrativas principales. Hay otras, como {lo_mata_la_policia}, que son solo receptoras de acciones, y hay otras, como {viene_a_la_villa} o {amenaza_a_un_par}, que solo inician la trama de acontecimientos. Estas características de las acciones, que se pueden apreciar de manera parcial en la visualización del subgrafo, pueden también corroborarse estadísticamente a partir del balance entre dos medidas de centralidad típicas del análisis de redes sociales, como son el nodal de entrada y el nodal de salida (indegree y outdegree). El nodal de entrada indica la cantidad de lazos entrantes de una acción, y el nodal de salida los lazos que parten de ese nodo hacia el resto.

En este subgrafo podemos, además, categorizar las acciones a partir de sus efectos de incremento o decremento de los valores grupales relacionados con ellas, incorporando una dimensión evaluativa que permite establecer la orientación general de cualquier transformación narrativa. Como he establecido en trabajos anteriores:

Según la semióloga Mieke Bal, en un modelo narratológico clásico el perfil de los personajes de una obra puede delinearse a partir de las transformaciones que ha sufrido respecto de estados anteriores. Tanto a nivel de las relaciones que mantienen entre sí como en el plano de su propia conformación psicológica, estas variaciones pueden conducir a nuevas maneras de desempeñarse en el contexto narrativo global (Miceli, 2008b, p. 2).

El desempeño de los actantes en relación con estas transformaciones constituyó el eje de un trabajo de análisis que, en mi tesis de maestría, arrojó la certeza de que las transformaciones negativas, vinculadas a la pérdida de algún valor, eran más frecuentes que las positivas, en las cuales algún actante mejoraba su posición:

Como he sostenido en otro lugar:

Hay un fuerte predominio de las historias en donde algo se pierde y se lamenta esa ausencia. Las transformaciones negativas son 31, y las positivas solo 5. Creo que la visión de la Cumbia Villera como un género ligado exclusivamente a la diversión y a la exaltación del goce sufre un serio cuestionamiento con esta corroboración, ya que los relatos parecen privilegiar claramente lo que el modelo narratológico clásico define como “ciclos de deterioro”. (…) Si comparamos las trayectorias negativas con las positivas, el plano deontológico o prescriptivo muestra una contraposición de modelos. En los desenlaces del primer tipo (historias de deterioro) lo que se pierde son valores apreciados por el conjunto más amplio de la sociedad, como la vida, los afectos, la libertad o la salud por efectos de la droga. Podemos rotular estas aspiraciones como “convencionales”. En los positivos, que son mucho menos numerosos, lo que se obtiene son progresos que el resto de la sociedad quizás no está en condiciones de suscribir con tanto entusiasmo, y que podrían considerarse la justificación misma de una actitud discriminatoria o de censura (Miceli, 2008b, pp. 4-5).

En este caso, el objetivo fue intentar corroborar estos supuestos pero operando con el núcleo de 20 acciones que mayor intermediación tenían en el grafo existencial, y para esto fue necesario establecer el porcentaje específico en que una acción es predominantemente emisora, intermediadora o receptora de lazos narrativos.

La fórmula global para establecer en qué grado un nodo es emisor es:

% EMISOR = (Grado de Salida * 100) / Grado de Entrada

Recíprocamente, para establecer el grado en que es receptor, el cálculo se simplifica:

% RECEPTOR = 100 – % EMISOR

De este modo, si una acción tiene un nodal de entrada de 4 y de salida de 0, como {va_a_la_carcel}, es receptora de lazos (%IN) en un 100 %. Si los valores son respectivamente 3 y 3, como en {siente_tristeza}, es receptora en un 50 %, y si esta combinación es 0 y 1, como en {es abandonado/a}, el porcentaje llega a un 0 %.

La tabla que sigue sirve para intentar comprobar, en términos generales, la suposición por la cual los trayectos narrativos van de una positividad a una negatividad creciente. El cuadro consta del nombre de la acción, el nodal de salida, el de entrada, estos valores expresados como porcentajes, el sentido de la transformación (positiva o negativa), la frecuencia en la referencia a esa acción y la dimensión identitaria afectada en cada caso.

Cuadro 35. Acciones principales del grafo existencial ordenadas
por grado de emisión de manera ascendente

Fuente: elaboración propia.

En su expresión visual, las acciones se pueden desplegar en un gráfico de dos dimensiones en el cual las ordenadas o el valor vertical expresen una posición arbitraria para evitar la superposición de referencias, y las abscisas o la posición horizontal representen el grado en que esa acción aparece como emisora o receptora de lazos narrativos en la totalidad del relevamiento.

Figura 47. Acciones principales del grafo existencial
en términos de intermediación

Fuente: elaboración propia.

Como podemos ver en esta figura, las acciones que se ubican del lado izquierdo son las que están en el área de inicio de la trama, luego se ubica el área de complejización y, en el extremo derecho, se ubica la zona de desenlace o cierre de las narraciones.

En primera instancia, y quizás un poco sorprendentemente respecto de lo ya investigado, la disposición de estas acciones no avala la pauta de un aumento creciente de la negatividad en cada historia. Del lado izquierdo, tenemos acciones, como {tiene_las_mejores_minas}, {amenaza_a_un_par} o {viene_a_la_villa}, que son completamente emisoras o iniciadoras de narraciones, pero tienen orientaciones transformadoras diferentes. Mientras que {tiene_las_mejores_minas} y {amenaza_a_un_par} tienen un papel positivo, ya que afectan de ese modo a las dimensiones “capacidad de seducción” y “valentía”, la acción {viene_a_la_villa} ejerce una influencia transformadora negativa, ya que afecta de ese modo a la dimensión “éxito económico”. Del lado derecho, en la zona de resolución, encontramos la misma heterogeneidad: {anda_en_mercedes_benz] tiene un rol positivo y reforzador del valor “capacidad de diversión” en tanto el protagonista sea del endogrupo —como en este caso—, pero {va_a_la_carcel} se orienta en la dirección contraria respecto de la dimensión “libertad”. ¿Cuál puede ser la razón más evidente de esta dirección de las transformaciones narrativas? ¿Por qué en este caso no se corrobora el predominio del ciclo de deterioro por sobre el de mejoría?

Comparando las distintas maneras de dar sentido a la información disponible en un caso y en otro (en mi tesis de maestría y en esta etapa), podemos apreciar que la diferencia de orientación general de las historias está asentada, sobre todo, en una diferente operacionalización de los efectos transformadores de las acciones. Anteriormente, lo que en numerosos casos consideraba como efectos negativos de las acciones narradas respecto de alguna dimensión aquí lo considero como positivo. De este modo, una acción como {sufre_pobreza}, que en otro escenario podría traducirse como una transformación negativa de la situación material (disminución del bienestar económico), es aquí interpretada como una valoración positiva que eleva la capacidad de sufrimiento. Lo característico del esquema de grupo de los seguidores de cumbia villera, en este contexto, es exaltar como virtud del endogrupo la capacidad de tolerar situaciones negativas que el exogrupo supuestamente no podría afrontar por no haber tenido contacto con ellas.

Lo sustancial aquí, en definitiva, es que el análisis de un dispositivo identitario no es simplemente una descripción de un modo de evaluar conductas y situaciones sobre la base de las coordenadas de las creencias sociales predominantes, sino de las creencias de ese propio grupo. En este escenario, la atribución de elementos negativos y positivos a los efectos de las acciones depende de una perspectiva endogrupal no deducible de los sistemas de valores que resultan hegemónicos en un momento dado.

Una de las operaciones básicas de la acción identitaria parece ser, entonces, la positivización estratégica de elementos de la existencia y del accionar propio que externamente podrían ser catalogados como negativos.

Por ejemplo, en algunas canciones se afirma:

“Muchacho de la villa, de escracho y licor

fumándote la vida, con odio y rencor”

(“Muchacho de la villa” – Los Pibes Chorros)

“Con mis hermanos / mucha miseria pasamos”
(“Instituto correccional” – Guachín)

“Con un carro y sin dinero / voy gritando botellero

voy buscando algún morlaco / juntando fierros, botellas y trapos”

(“Botellero” – Los Pibes Chorros)

Alguien del exogrupo podría postular que estas referencias son exclusivamente negativas respecto del bienestar material del endogrupo, e incluso de esa manera serían interpretadas si no se estuviese hablando de protagonistas de sectores villeros.

Sin embargo, la determinación del efecto identitario se opone, en su orientación valorativa, a los efectos personales de una situación. Lo que aquí se pone en juego, en definitiva, es la capacidad de priorizar la escala grupal de atribución de sentido por sobre la escala personal y eso es, precisamente, lo que recoloca este discurso como un dispositivo identitario preferencial. El efecto resemantizador del endogrupo hace que lo que exteriormente se marca como pérdida —el llamado “ciclo de deterioro” en términos del análisis de transformaciones del modelo narrativo clásico— sea recuperado como una ganancia subjetiva de orden grupal.

(b) El análisis de componentes

Otro aspecto relevante del análisis general de la red, y que fácilmente brinda un punto de acceso panorámico a su conformación, es el análisis de componentes. Los componentes son, en términos de su definición reticular:

(…) partes que están internamente conectadas, pero desconectadas entre los subgrafos. Si un grafo contiene uno o más nodos aislados, estos actores son componentes. Más interesantes son aquellos que dividen los grafos en partes separadas, en las que cada una tiene diversos actores que están recíprocamente conectados (no nos importa cuán cercanamente ligados estén) (Hanneman, 2000, cap. 7, p. 14).

En nuestra red, los componentes son bloques narrativos máximos que están completamente desconectados, y que podrían llegar a expresar, a pesar de su complejidad interna, subáreas temáticas no rotuladas a priori.

El análisis de componentes, otra de las prestaciones del estudio reticular, genera la siguiente agrupación de nodos-acciones según el software Ucinet:

Figura 48. Listado de componentes de la red y nodos relacionados

Fuente: elaboración propia con base en software Ucinet.

Básicamente, estos resultados significan que el conjunto de acciones puede agruparse en 9 bloques narrativos que no tienen conexión directa entre sí, pero cuyo patrón de segregación puede servir para comprender la estructura general. Un gran componente central, que agrupa 162 acciones, abarca el 85,3 % de la red, lo que significa que las 114 canciones pueden vincularse en una trama en la cual cuatro quintas partes tienen algún elemento en común. Solo 28 acciones no participan de este componente, lo que implica que los relatos tienen una importante redundancia en su estructura general. Nótese que la “componentización” de la red es, por supuesto, un proceso directamente dependiente de las equivalencias establecidas a través de la sinonimización, y que un sistema de equivalencias más “gruesas” siempre produce una red más cohesionada y densa que un sistema de distinciones más finas entre acciones.

En este sentido, lo que podríamos llamar “red-resultado” es la etapa final de una serie de manipulaciones formales de un elevado impacto analítico. Los componentes aislados, que no están integrados al componente central, son los siguientes:

Cuadro 36. Acciones no pertenecientes al componente central

2: {esta_bien_dotado_sexualmente} {hace_suspirar_a_las_mujeres} {es_envidiado/a}

3: {el_matrimonio_fracasa} {se_va_de_la_casa} {otro_hombre_llega}

4: {tiene_sexo_adolescente} {rinde_mucho_sexualmente} {su_mujer_no_quiere_sexo} {no_puede_sexualmente} {lo_persiguen} {no_la_obliga}

5: {el_padre_muere} {los_amigos_lo_lloran} {el_padre_crecio_en_la_calle} {extraña_al_padre}

6: {su_hija_crece} {su_hija_tiene_novio} {su_hija_va_a_bailar} {se_queda_solo}

7: {se_escapa_de_su_esposa} {va_a_ver_a_la_esposa_ajena} {la_esposa_ajena_quiere_mas_sexo}

8: {transa_con_un_amigo} {la_madre_pregunta} {la_madre_no_le_cree}

Fuente: elaboración propia.

Dejando de lado el componente principal, que analizaré por separado, el resto de los componentes muestra una fuerte unidad temática interna. Es importante tener presente que cada uno de estos componentes puede ser visto como una cadena narrativa compuesta al menos por una canción, pero que potencialmente puede contener varias. Esta unidad temática individual, sin embargo, no implica que, forzando la sinonimia, estas regiones separadas no se puedan incorporar al componente principal. Si tomamos el componente 4, por ejemplo, que contiene la proposición {tiene_sexo_adolescente}, podríamos establecer una equivalencia de ella con la acción {tiene_sexo_por_placer} y vincular de este modo esta sección automáticamente al componente principal. Sin embargo, elegí no hacerlo para preservar la especificidad semántica de esa acción. De esta manera procedí en otros casos, en los que fijé límites al proceso sinonimizador para no perder capacidad descriptiva en las referencias.

El trazado de componentes menores de esta red-resultado expresa, entonces, el estado de un procesamiento formal que cumple ciertos requisitos de “aislamiento narrativo”, en el sentido de que no hay acciones que hagan de puente de estos agregados respecto del componente mayoritario. Así, el componente 2 habla de la dotación sexual “superior”, el 3 hace referencia al fracaso matrimonial, el 4 a las diferencias entre el sexo adolescente y el maduro, el 5 a la tristeza motivada por la muerte del padre, el 6 al abandono de la hija adolescente, el 7 a la infidelidad sexual y el 8 a la desconfianza materna respecto de una relación de amistad de una chica con su “transa”[10].

Figura 49. Distribución de componentes narrativos en la red global

Fuente: elaboración propia con base en software Visone.

En otros casos, estas cadenas narrativas aisladas abordan temáticas en común con el componente central, pero el modo en que proposicionalmente aparecen representadas es diferente porque se respeta la noción de “foco narrativo” al mapearlas. El componente aislado 7, que pertenece a la canción “Correla que va en chancleta”, está compuesto por las acciones:

1. {se_escapa_de_su_esposa}

2. {va_a_ver_a_la_esposa_ajena}

3. {la_esposa_ajena_quiere_mas_sexo}

La secuencia narrativa producida por la canción “Poliguampa” contiene, en cambio, las siguientes acciones:

1. {es_policia_y_abusa_de_su_chapa}

2. {sufre_la_infidelidad_de_su_esposa}

La similitud temática de las letras de ambas canciones es importante, ya que hablan de la infidelidad que afecta a individuos del endogrupo, en un caso, y del exogrupo, en otro. La distinción está establecida aquí en torno al actante que es colocado en el centro de la acción y que determina un punto de vista narrativo distinto. En el primer caso, quien relata los hechos es un representante del endogrupo villero en todas las acciones y por eso la acción es descripta como {va_a_ver_a_la_esposa_ajena}. En el segundo, el sujeto de la acción es un policía y por ende alguien externo al grupo; por eso su acción es descripta como {sufre_la_infidelidad_de_su_esposa}.

La “originalidad accional” —el hecho de reportar acciones nuevas o desconocidas en el mapeo previo— implica, en una medida importante, originalidad temática. El componente narrativo central representa, a pesar de su heterogeneidad interna, una multitud de caminos resolutivos que forman una tendencia no recorrida por los componentes aislados. Respecto de él, las cadenas narrativas periféricas muestran tramas y acciones semánticamente tan diferenciadas (la infidelidad, el fracaso matrimonial, la muerte del padre, el crecimiento de la hija, el rechazo a los políticos, la “transa” femenina y los atributos sexuales envidiados) o una temática común pero un foco narrativo tan distinto (infidelidad) que impiden una sinonimización capaz de integrarlas al grueso de la red.

El análisis de componentes muestra, en definitiva, que la excepcionalidad intuitiva de algunas tramas de relato puede inferirse de la estructura componentizada de la red. Es decir, las tramas más “extrañas” o inusuales están menos conectadas o directamente desconectadas del grafo existencial general respecto de aquellas compuestas por acciones de mayor frecuencia estadística. El componente mayor expresa, en su estructura vincular, aquellas historias conectadas por puentes narrativos y sujetas, de este modo, a un encadenamiento existencial posible.

c) El análisis de “metanodos”: segmentando la red por dimensiones de comparación

Otra forma de analizar la red narrativa es considerando todas las acciones que afectan a una misma dimensión como formando parte del mismo nodo. En este caso, hablaremos de “metanodos”, ya que son nodos conformados por nodos de mayor rango, que son las acciones. De este modo, segmentamos la red en un segundo plano formal que demanda una estrategia análoga a la anterior pero centrada en unidades de análisis de distinta conformación. En este trazado, dos metanodos (la virilidad y la capacidad de seducción, por ejemplo) aparecen relacionados por todos aquellos relatos en los que una acción que involucra una dimensión aparece a continuación de otra acción que remite a la dimensión vinculada. Una primera medición de centralidad aplicada a este tipo de red es la de degree o grado nodal, explicada anteriormente y vinculada a la centralidad local o a la cantidad de conexiones directas que un nodo posee.

Figura 50. Red de dimensiones de comparación consideradas como metanodos y medidas según su grado nodal

C:Archivos Proyectos FacultadProyectoDoctoradoActualizadoAnalisis de LetrasRedes NarrativasGraficosRedes_Narrativas_ValoresxValores.png

Fuente: elaboración propia con base en software Visone.

Cuadro 37. Dimensiones y grado nodal asociado

Valores

DegreeNrmDegree
Capacidad de diversión5327,894737
Lealtad identitaria2412,631579
Capacidad de seducción2010,526316
Valentía2010,526316
Capacidad de afecto178,9473686
Autocontrol178,9473686
Integridad157,8947368
Libertad157,8947368
Capacidad de sufrimiento157,8947368
Tolerancia a la pobreza136,8421054
Seguridad115,7894735
Éxito económico94,7368422
Salud84,2105265
Virilidad63,1578948
Orgullo42,1052632
Madurez31,5789474
Tolerancia al dolor21,0526316
Fama10,5263158
Credibilidad10,5263158
Capacidad de lucha00

Fuente: elaboración propia.

En este caso, los resultados muestran que la capacidad de diversión, la lealtad identitaria, la capacidad de seducción y la valentía aparecen como las dimensiones con más vínculos hacia y desde el resto, organizando la red de sentido considerada desde la medición de centralidad local. En segunda instancia, aparece un cúmulo de referencias que tienen un grado medio de centralidad local, como la capacidad de afecto, el autocontrol, la integridad, la libertad, el estado anímico y otros. La madurez, la tolerancia al dolor, la fama, la credibilidad y la capacidad de lucha aparecen, cerrando el listado y relativamente aisladas del resto, configurándose como nodos terminales que no concentran lo sustancial de cada relato. En términos globales, estas métricas parecen confirmar las expectativas respecto a cuáles son las dimensiones más relevantes desde el punto de vista endogrupal.

Una segunda forma de evaluar el tramado de esta red es considerando su intermediación o betweenness, que, como ya señalé, mide la centralidad global de cada componente o su capacidad estratégica de conectar distintas regiones de la red. En este caso, y como se puede comprobar en la siguiente figura, lo que se prioriza es un rol estructural que permite revelar un tejido menos intuitivo de relaciones.

Figura 51. Red de dimensiones de comparación consideradas como metanodos y medidas según su intermediación

Fuente: elaboración propia con base en software Visone.

Cuadro 38. Dimensiones e intermediación asociada

Valores

BetweennessnBetweenness
Capacidad de diversión79,7127723,30783
Salud34,7131310,15004
Integridad22,146476,475574
Capacidad de sufrimiento21,155776,185898
Lealtad identitaria20,965156,130161
Libertad18,923885,533299
Valentía17,452385,103035
Éxito económico16,392864,793233
Capacidad de seducción14,978364,379636
Seguridad10,169482,973532
Capacidad de afecto5,7230881,673418
Tolerancia a la pobreza3,9833331,164717
Autocontrol1,3166670,38499
Madurez0,6666670,194932
Tolerancia al dolor0,50,146199
Orgullo0,20,05848
Virilidad00
Fama00
Credibilidad00
Capacidad de lucha00

Fuente: elaboración propia.

Esta segunda vista arroja, a todas luces, métricas sorprendentemente distintas a las anteriores. Si bien la capacidad de diversión sigue siendo la dimensión de mayor relevancia, como en la medición de grado, la salud, la integridad y el estado anímico ocupan un lugar central que antes no ocupaban. De manera similar, la libertad ha escalado en la lista general. ¿Qué significado tienen estos realineamientos en términos de la construcción de identidad? ¿Por qué al medir la centralidad global aparecen como centrales dimensiones que ni en el conteo general de frecuencias ni en la medición de la centralidad de grado lo son? Dejaremos esta pregunta abierta para desarrollar en el capítulo siguiente un intento de fundamentación de estas diferencias, luego de haber profundizado en los papeles diferenciales que cada dimensión tiene en la trama identitaria del grupo.

Una tercera forma de calcular métricas de centralidad consiste en determinar la lista de los metanodos según su accesibilidad absoluta, es decir, el modo en que se puede llegar a cada uno de ellos a partir de los restantes a partir de los caminos mínimos o distancias geodésicas. Esta medida se conoce como cercanía o closeness y su cálculo implica invertir la medición de la lejanía o farness, ya que la cercanía es igual a 1 dividido por la lejanía.

Para este caso, los indicadores de cercanía arrojan el siguiente resultado:

Figura 52. Red de dimensiones de comparación consideradas como metanodos y medidas según su cercanía

Gráfico, Diagrama  Descripción generada automáticamente

Fuente: elaboración propia con base en software Visone.

Cuadro 39. Dimensiones de comparación y medidas de lejanía (farness) y cercanía (closeness) asociadas

Valores

inFarnessoutFarnessinClosenessoutCloseness
Capacidad de diversión794324,0506324844,18605
Valentía845022,6190471638
Lealtad identitaria854822,3529415139,58333
Capacidad de seducción855122,3529415137,2549
Integridad855122,3529415137,2549
Capacidad de afecto855322,3529415135,84906
Capacidad de sufrimiento855322,3529415135,84906
Libertad865022,093023338
Seguridad865722,093023333,33333
Credibilidad8638022,09302335
Tolerancia a la pobreza885321,5909099635,84906
Salud895221,3483142936,53846
Fama8938021,348314295
Autocontrol925420,65217435,18518
Éxito económico925520,65217434,54546
Madurez926420,65217429,6875
Virilidad945520,2127666534,54546
Orgullo945820,2127666532,75862
Tolerancia al dolor996819,1919193327,94118
Capacidad de lucha38038055

Fuente: elaboración propia.

Este tipo de alineamiento replica, en términos generales, lo dicho respecto de la medición de grado nodal, pero con algunas variaciones. La valentía ocupa un segundo lugar de centralidad que en esa medición no logra, y la integridad pasa del séptimo puesto al quinto, pero el resto de las ubicaciones no son muy distintas. Las medidas de accesibilidad, en estos términos, parecen no contradecir demasiado los resultados de la medición de centralidad local, pero sí los de intermediación. De todos modos, en el cotejo global entre los tres dispositivos de análisis (centralidad local, intermediación y accesibilidad), lo que queda claro es que las dimensiones localmente más relacionadas, como la lealtad identitaria y la capacidad de seducción, no son las que necesariamente resultan más accesibles y mucho menos las que desempeñan un papel clave en la conectividad global de la red.

Aunque hasta aquí llega esta segunda incursión en el análisis de redes aplicado al corpus de canciones, la segmentación narrativa practicada en torno a las dimensiones sociales de comparación ha generado una categorización global de las acciones que puede ser ampliamente reutilizada para apoyar un análisis no reticular. La concepción posicional de la identidad y de los presupuestos más generales de la teoría de la identidad social y la teoría de la autocategorización del yo, tal cual han sido expuestos, serán la base del abordaje integrado de estos aspectos que se desplegará en el siguiente capítulo.


  1. Según Bal (2001): “En algunas fábulas hay actores que carecen de un papel funcional en las estructuras de esa fábula porque no causan ni sufren acontecimientos funcionales. Los actores de este tipo pueden quedar fuera de nuestra consideración. Lo dicho anteriormente se aplica también aquí. Desechar a un actor desde el principio no significa que carezca de importancia. Sólo quiere decir que ese actor en concreto, contemplado con una perspectiva que busca actores funcionales, no forma parte de dicha categoría y no hay, por tanto, razones para tomarlo en consideración. Un ejemplo bien conocido es el de los porteros y doncellas que abren la puerta principal en muchas novelas del XIX. Estos actores actúan, abren la puerta, y por ello encajan en la definición de actores, pero su acción no pertenece a la categoría de acontecimientos funcionales. Por lo tanto, quedan fuera de este campo de análisis. Ello no quiere decir que no sean expresivos como indicación de una cierta estratificación social; y en este caso contribuyen al reflejo de la sociedad burguesa que se ofrece en una novela así” (p. 33). Como veremos casi inmediatamente, no existe en nuestro corpus ningún caso de este tipo, ya que las constricciones de espacio y las demandas acuciantes de economía expresiva ejercen una máxima restricción en el abanico de actores disponibles. Conjeturo que esta regla, aplicable a toda expresión poética presente en la música, se acentúa notablemente en un género como la cumbia villera no solo por la extensión reducida de las letras, sino por la importante presencia de estribillos y secciones repetidas. El aparato analítico del que echaremos mano, en síntesis, dispone de muchas mayores potencialidades que las que realmente aprovecharemos, pero esta reducción es inevitable por las peculiaridades estilísticas y de extensión de nuestro corpus.
  2. Esta entrevista corresponde a un trabajo realizado en el marco del Grup d’Estudis Sociològics sobre la Vida Quotidiana i el Treball de la Universidad Autónoma de Barcelona, en el que se profundizó en el análisis reticular del discurso (Lozares et al., 2003).
  3. De hecho, este procedimiento reductivo se basa técnicamente en lo que se conoce como análisis de conglomerados, pero tratando de incluir en la misma categoría a elementos de alta similitud en sus atributos. Como sostiene Klaus Krippendorff (1990): “Afortunadamente, a menudo se comprueba que algunos conceptos son tan similares o están tan interrelacionados, que podrían considerarse uno solo sin perder demasiados matices. Una vez diferenciados muchos ‘conglomerados’ de este tipo, la tarea de conceptualización de los datos se vuelve más sencilla” (p. 170).
  4. El carácter constructivo del mapeo se alinea metodológicamente, además, con la etapa de profundización planteada por la grounded theory.
  5. Este proceso iterativo actúa produciendo primero representaciones accionales diversas de las cadenas de texto estudiadas y reduciendo luego esta diversidad interna por sinonimización. Si el impacto semántico es importante se detiene el proceso, si no, se buscan acciones un poco más lejanas semánticamente. En su conjunto, el proceso es bastante análogo al que se emplea, según Krippendorff (1990), para la creación de conglomerados: “(…) en primer lugar, encontrar dos conglomerados que, según el criterio, son más similares, en el sentido de que su fusión tendrá el mismo efecto sobre las diferencias observadas en los datos en su conjunto. En segundo lugar, agruparlos teniendo en cuenta las pérdidas que se producirán dentro del nuevo conglomerado. Tercero, modificar los datos con el fin de reflejar la última configuración de conglomerados sobre la cual se calculará la próxima fusión. Cuarto, registrar el estado del proceso de formación de conglomerados para el usuario. Los pasos uno a cuatro deben repetirse hasta que no quede ya nada por fusionar” (p. 172).
  6. Aunque parezca trivial esta diferencia, en términos formales no lo es. En términos de las jerarquías gramaticales chomskianas, las narraciones que admiten cualquier orden en las acciones que la conforman, que aquí designamos como de tipo 1, pueden ser equiparables a las gramáticas regulares, ya que no necesitan de la memoria para producir narraciones coherentes. Como contrapunto, las narraciones que sí necesitan de un orden secuencial específico, que aquí denominamos como de tipo 2, tienen que ser capaces de memorizar acciones ya listadas y producir encadenamientos que no violen reglas de incongruencia. Estas narraciones tienen que respetar, en consecuencia, reglas de reescritura que al menos están presentes en las gramáticas independientes de contexto. Carlos Reynoso (1998) señala con claridad, tomando un ejemplo de la antropología, la diferencia entre los dos tipos de encadenamientos: “Cuando los antropólogos Benjamin y Lore Colby (1981), por ejemplo, proponían una ‘gramática cultural’ compuesta por reglas de reescritura para producir los cuentos de los Ixil, incurrían en un error formal: como la gramática propuesta es propia de autómatas finitos (y éstos carecen de memoria) el protagonista de un cuento podía morirse en un episodio y seguir haciendo cosas en el siguiente; o se escapaba sin haber sido aprisionado, o se vengaba de quien nada le había hecho, o se casaba antes de nacer. Los relatos Ixil son fantasiosos, pero no llegan a tanto. La moraleja metodológica es que un autómata finito puede generar expresiones regulares o frases simples, pero no textos: no es lo suficientemente complejo” (p. 202).
  7. Aunque Robert Hanneman (2000) expresa el sentido de la métrica en términos de una red que vincula actores humanos y no construcciones conceptuales, la adaptación que hay que realizar para aplicarla a nuestro análisis no ofrece complejidades de ninguna índole; nuestros actores son acciones narradas, y las conexiones entre ellas, como hemos establecido anteriormente, son simples relaciones de sucesión temporal que no tienen correlato directo con la sucesión textual por vecindad. Aquí no está en juego el poder dentro de una organización, pero sí, podríamos decir, la relevancia cognitiva de estas entidades en la construcción identitaria de un grupo social.
  8. La analiticidad contraintuitiva del enfoque reticular queda corroborada por estos valores, ya que estas acciones habrían pasado fácilmente desapercibidas desde un abordaje basado en el tradicional conteo de frecuencias.
  9. En jerga villera, ser desenvuelto y exitoso.
  10. En la jerga villera, una “transa” es una relación amorosa informal.


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