3 Crisis y futuro del psicoanálisis

AD: Hablabas hace un rato de Emilio Rodrigué, que fue un psicoanalista notable. Ambos lo conocimos muy bien. Puesto que no solo sos historiadora sino también una intelectual pública y te interesa mucho la actualidad del psicoanálisis en el mundo, ¿qué podés decir de la actualidad del psicoanálisis y de los psicoanalistas en Francia y en América Latina?

 

ER: Hay una crisis mundial del psicoanálisis por dos motivos centrales. Sufre la competencia de cientos de psicoterapias de toda índole: psicoterapias rápidas, curas cortas, psicoterapias comportamentales, grupales, Gestalt… Hay muchas escuelas de psicoterapia. Porque existe un gran deseo de cuidarse y curarse, un gran deseo de sentirse mejor, un gran deseo de felicidad. El psicoanálisis es algo totalmente distinto. Es mucho más que una psicoterapia. Es un ejercicio de conocimiento de uno mismo. Sufre entonces la competencia de las psicoterapias y ya no es en absoluto, como era antes, sostenido por la psiquiatría, que se convirtió en biológica. En otras palabras, el psicoanálisis está encerrado entre el medicamento y las múltiples terapias. Ese es un fenómeno mundial. Digamos que está mucho más en crisis en Europa que en América Latina porque el último gran maestro del psicoanálisis, Lacan, es europeo y francés. Y los psicoanalistas franceses cayeron desde muy alto. Dominaban el mundo. La cultura psicoanalítica francesa dominaba el mundo, como la cultura psicoanalítica inglesa, gracias a Melanie Klein. Pero Lacan más, pues había sido un gran intelectual. Así que hoy la herencia es mucho más difícil porque los psicoanalistas franceses encuentran grandes dificultades para adaptarse a este nuevo mundo. Han perdido la arrogancia del poder. Son tratados como meros psicoterapeutas. Estudian psicología, ya no psiquiatría ni Letras. Tienen menos clientes y se los ataca sin cesar. Creo que en América Latina la situación es diferente. Primero, porque no tuvieron maestros tan poderosos. Se adaptan con mayor facilidad. Además, Argentina y Brasil, pese a sus diferencias, son países en los cuales domina el eclecticismo. Son mucho más pragmáticos. Los latinoamericanos, en el fondo, importaron todas las escuelas analíticas: la clínica inglesa, Winnicott, Melanie Klein, la clínica francesa, las psicoterapias, todas muy importantes. Así que se las arreglan mucho mejor con la adaptación. En Brasil, el psicoanálisis está implantado en toda la universidad. En Argentina también. Las dificultades son menores, se lo ataca menos. Creo que la especificidad de Argentina –y se parece a Francia en ese sentido– es que el psicoanálisis es hoy una cuestión cultural en las ciudades, en particular en Buenos Aires. Uno se analiza no porque esté mal sino porque tiene ganas de analizarse. Es realmente así de simple. Se convirtió en una cultura. En Francia, lamentablemente, ha dejado de ser una cultura para convertirse en una terapia. Así, tenemos esa crisis mundial. Pero, al mismo tiempo, si se me permite, hay una renovación de su implantación en los países donde no se había implantado antes, donde había desparecido, como por ejemplo en Rusia. Y tal es el caso ahora en China. Va a comenzar de a poco. Por el momento, en los países de dominancia islámica es imposible porque sigue estando prohibido criticar. Pero sí hay nuevos horizontes. Lo que quiero decir es que, cuanto más se lo ataca, menos desaparece. Aunque se modifica. Así que creo que en América Latina hoy va viento en popa, justamente a causa de lo que se indicaba como defecto, es decir, su eclecticismo, su pragmatismo.

 

AD: Es muy interesante lo que decís. Hablabas de nuevos horizontes. ¿Qué pensás respecto del porvenir del psicoanálisis? ¿Continuará sobreviviendo en su estado actual? ¿Puede aún cuestionar sociedades que lo adoptaron y, de algún modo, domesticaron?

 

ER: Sí, pero por el momento hay que dejar de soñar con un gran maestro que trae consigo la palabra adecuada. Es el mismo fenómeno que en política, en filosofía, en ciencias humanas. Hay que dejar de soñar con grandes maestros, con poderes de autoridad que traerán algo nuevo. Estamos en un período de herencia, ya no hay más maestros. Y es mejor así. Hay otras cosas, hay otras generaciones. Lo mismo en filosofía. Estamos en un período más de extensión de los historiadores, que actualmente van viento en popa en todos los campos. No es de extrañar. En cuanto al psicoanálisis, hay que dejar de soñar con un hombre nuevo que vendrá a ocupar todo. Lo que comprobamos es que la cura estándar, o sea, la exploración del inconsciente, sobre el diván, recostados, varias veces por semana, perdura. Perdura entre los grandes burgueses que tienen recursos. Entonces ha vuelto a ser lo que era a inicios de siglo: un asunto privado, un asunto de exploración de uno mismo. En Nueva York, por ejemplo, aún hay psicoanálisis clásico. Funciona muy bien, en Francia también. Creo que aquí también. Pero permanece reservado a una élite, una élite que tiene dinero, que tiene recursos para analizarse de ese modo. Lo que está en crisis es el análisis en extensión, es decir, en las instituciones. En las instituciones médico-psicológicas, el servicio social. Allí tiene futuro si se adapta y se convierte, no en una psicoterapia, pero si adopta sus formas, si ocupa el lugar de ellas. Allí hay un vasto campo que puede abrirse. No es de extrañar que todos los psicoanalistas sean hoy psicólogos y que la profesión se haya feminizado totalmente. En todo el mundo, el 80% son mujeres y eso plantea un problema. Un enorme problema. Sabemos que si una profesión se feminiza totalmente, no hay igualdad. Así que no es algo bueno. Pero eso significa también que se considera que el psicoanálisis infantil –tradicionalmente reservado a las mujeres–, que la pedagogía –tradicionalmente reservada a las mujeres más que a los hombres–, son lugares donde el psicoanálisis puede continuar socialmente. Ahora bien, ha dejado de ser portador de una auténtica rebelión. Y temo, en ese plano, que los psicoanalistas se hayan, sin duda, no aburguesado, pues no es la palabra correcta, pero sí convertido en notables, en conservadores, siendo incapaces de ver la evolución de la sociedad, del matrimonio, cuando en realidad, al comienzo, había un proyecto de emancipación. Emancipación de las mujeres, libertad sexual, emancipación de los homosexuales. Ahora, los psicoanalistas se han retirado un poco hacia una especie de neutralidad de notables, hostiles, muy hostiles a la transformación de la sociedad. Es evidente. Si siguen así, van a desaparecer. Y creo que no quieren desaparecer. Así que se verán obligados a adaptarse.

 

AD: Habías hablado del lugar del historiador, que debía deshacer tanto las detestaciones como las idealizaciones. ¿Qué balance harías respecto de esa relación difícil entre historiadores y psicoanalistas?

 

ER: En Francia es desastrosa. Por el momento, los psicoanalistas no aceptan su historia, aun viniendo de mí, que soy del medio analítico, que soy psicoanalista, que me analizo. Por ahora, no la aceptan. Pero están obligados a aceptarla. Están forzados porque la Historia tiene viento a favor, los pacientes leen los trabajos de Historia. Están forzados, de algún modo. Después de años de ataques, de críticas, creo que estamos en vías de pacificación. Pero lo que deseo no es eso, sino que entiendan el método histórico, sea cual fuere su tendencia. En Estados Unidos ya es así. Pero el medio psicoanalítico, que se orienta mucho más hacia las neurociencias, los estudios del cerebro o las psicoterapias, deja a los investigadores en ciencias humanas la tarea de ocuparse de los trabajos sobre Freud. En los departamentos de “Gender studies”, “Post-colonial studies”, etc. se utiliza mucho a Freud. Se estudia mucho la diferencia de sexos en Freud, si Freud era colonialista. Hay muchísimos estudios sobre esa cuestión, pero que no atañen demasiado a los psicoanalistas. En América Latina, la situación es más ecléctica, se estudia todo, como siempre.

 

AD: ¿Qué diferencias podrías señalar respecto de Argentina?

 

ER: Es más fácil para mí tener relaciones con los psicoanalistas latinoamericanos o argentinos. Son mucho más abiertos. Antes era impensable que el presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional viniera de Argentina. Ahora la cosa se divide entre el mundo angloparlante, el mundo latinoamericano y, pronto, el mundo asiático. En Japón hay una gran corriente psicoanalítica y los psicoanalistas americanos están muy preocupados por el futuro de China, porque a medida que el mercado penetra, a medida que el viejo Estado nacionalista es cuestionado, habrá indiscutiblemente una apertura hacia China. No sabemos bien hacia dónde llevará. Lo cierto es que se hablará inglés y no español, mientras América del Norte se convertirá en una región muy hispanoparlante. Habrá reconfiguraciones.

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Élisabeth Roudinesco y Alejandro Dagfal durante la grabación del Diálogo Transatlántico en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires (2017).

AD: Para concluir, Élisabeth, vos sabés bien hasta qué punto Jacques Lacan es muy importante en Argentina aún hoy. Vos lo conociste. Primero en tu casa, luego asististe a su seminario, luego hiciste su biografía. ¿Qué significa Lacan para vos hoy?

 

ER: Primero, si no se hubieran publicado los Escritos y no hubiera habido un Lacan, yo hoy no sería historiadora del psicoanálisis. Hubiera hecho otra cosa. Probablemente, estudios sobre el siglo XVIII, o sobre la historia de la Revolución Francesa, o sobre Victor Hugo, otras cosas. Lacan dio una dignidad intelectual a un psicoanálisis que, en Francia, estaba dominado por el mundo médico, dominado también por la línea de Daniel Lagache. Lacan, pues, dio ese impulso intelectual, esencialmente, trayendo hacia Freud la filosofía alemana. Eso es muy particular. Lacan realiza la unión entre Hegel y Freud. En resumidas cuentas, podemos decirlo así. Por ende, Lacan es conocido en el mundo como un gran pensador, no solo como psicoanalista. Y mi biografía siguió el mismo itinerario porque fue traducida en todos los idiomas también. Me encuentro siendo portadora del legado de Lacan por doquier, mucho más que los psicoanalistas lacanianos. Sin pretensiones, pero es así, por causa de la Historia. Ahora, lo que vemos delinearse es bastante claro: Lacan no solo se convirtió en uno de los grandes pensadores universales, sino también en un pensador del psicoanálisis para todas las escuelas analíticas. La Internacional recupera el pensamiento de Lacan. Ya nadie hoy en día omite a Lacan. En cambio, lo que es muy problemático es el legado clínico. Es muy problemático. ¿Por qué? Porque al final de su vida, Lacan –que era totalmente transgresor– redujo el tiempo de las sesiones a 5 minutos, produjo un dogma espantoso, en particular, entre sus herederos. Hay una crisis de la clínica lacaniana que radica… es un tanto complicado de explicar, pero es un gran problema. ¿Cómo dirigir las curas? Las curas psicoanalíticas necesitan una duración, una duración de las sesiones, una reglamentación. Está claro que siempre fue un terreno de disputa. Ahora bien, vemos a lacanianos extremistas que se comportan como tiranos, que imponen a sus pacientes y alumnos en formación tiempos de sesión ultracortos, que no respetan las reglas o, mejor dicho, que han invertido esa cuestión: no hay reglas y la autoridad de cada uno hace lo que quiere. Eso es sumamente peligroso. Es mortífero para el psicoanálisis. Pero, a su vez, existen modos de cuestionar esos excesos. La prueba es que, desde el interior mismo de las sociedades psicoanalíticas que se identifican con Lacan, vienen las críticas del extremismo lacaniano. Del mismo modo que sucedió con Melanie Klein y los excesos de las curas kleinianas, que no versaban sobre el tiempo de las sesiones, sino sobre la idea de que había que ir tan lejos en el inconsciente, en la exploración del inconsciente, que había que encontrar en cada ser humano un núcleo de locura. Se iba muy lejos en esa exploración. A mi entender, habrá un legado en el cual Lacan será retomado, criticado en cuanto a su clínica. Está claro. Y allí comprobamos que la mayoría de los lacanianos se acerca a la Internacional Freudiana, a la International Psychoanalytical Association. Ellos también incluyeron la enseñanza de Lacan y, por ende, creo que se va a desenvolver así. Habrá una crítica radical de los extremismos –es obvio– por una simple razón: la sociedad no puede soportarlos. La sociedad no podrá soportar que los lacanianos se tomen todos por Lacan, que imiten a Lacan, que se crean maestros en una época donde ya no hay más maestros. Es cierto, y he podido constatarlo, que Freud es mucho más leído, es más universalizante, más universal que Lacan. Lacan sigue siendo, en la expansión de los pensadores de los años 70, menos leído que Foucault. Eso está muy claro. Menos leído que Derrida. Ha sido traducido a 40 idiomas, es muchísimo, pero, por ahora, la política editorial no ha permitido una expansión formidable de la obra de Lacan. Ya veremos. Pero en todo caso es menos leído y se ha traducido menos que Foucault, Derrida, Deleuze o Barthes.

 

AD: Élisabeth, muchas gracias por haber participado en este diálogo transatlántico entre Francia y Argentina.

 

ER: Muchas gracias.



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