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Salud mental e inclusión social: derecho al trabajo en el contexto actual

Ana Tisera, José Lohigorry y María Malena Lenta

Considerando el campo específico de la salud mental, en anteriores artículos (Tisera et al., 2013) se sostuvo que la limitación de la capacidad jurídica y la sustitución en la toma de decisiones en personas con padecimiento mental que se encontraban internadas o en tratamiento ambulatorio promovía subjetividades pasivizadas y normativizadas, que centraban la vida social en el ámbito de la hospitalización.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), pese a avances en materia jurídica (Ley 448 de Salud Mental; Ley Nacional de Salud Mental 26.657), la predominancia del gasto presupuestario en dispositivos monovalentes y el retraso en la consolidación de dispositivos de atención comunitaria favorecen una inercia institucional que obstaculiza verdaderas alternativas de inclusión (CELS, 2013). El modelo comunitario de atención en salud mental requiere que, desde abordajes intersectoriales e interdisciplinarios, los dispositivos brinden posibilidades efectivas de inclusión laboral, educativa y de vivienda. En ese contexto, esta presentación indaga respecto de las posibilidades de inclusión social mediante el derecho al trabajo y el acceso a una actividad productiva con una justa remuneración.

Algunas puntualizaciones conceptuales sobre el trabajo y la salud mental

De acuerdo con Castel (2004), la referencia del derecho es fundamental para pensar el lugar que ocupa el trabajo en la sociedad. El surgimiento del empleo asalariado junto con las regulaciones del estado social y el papel del colectivo de trabajadores contribuyeron a que se produjera la posibilidad de un trabajo abstracto, lo que destaca la actividad laboral como acto social. Superando la personalización que había primado en la época preindustrial, el trabajo abstracto, en tanto actividad pública colectiva, posibilita que el trabajador ocupe el espacio público y así lo consolida como objeto o sujeto de derecho.

En el contexto contemporáneo, la emergencia del neoliberalismo, que produce la desregulación del mercado laboral, genera una crisis del empleo asalariado y el aumento de la desocupación, lo que cuestiona el lugar de soporte de derechos que tenía el trabajo. La individualización del trabajo y de la relación salarial produce que aquellos que pueden adquirir o desarrollar herramientas para adecuarse a las nuevas competencias y actividades continúen incluidos mientras que quienes ven invalidadas antiguas capacidades y no pueden crear nuevas queden excluidos: “la individualización se traduce en una fragmentación de tareas, un debilitamiento de las protecciones colectivas y, en última instancia, en la expulsión de los circuitos productivos y el aislamiento social” (Castel, 2004: 61).

En el campo de la salud mental, el modelo clásico de atención producía la exclusión social de las personas con padecimiento mental y los confinaba en el asilo sin posibilidades de recuperación o de reinserción. Desde diversos movimientos sociales, disciplinas, experiencias de reforma, se realizaron profundas críticas al modelo asilar y tutelar. La promulgación de documentos internacionales y de normativas en salud mental promueve la atención en la comunidad desde la centralidad de derechos a fin de favorecer la inclusión social de las personas con padecimiento mental.

De esta forma, el modelo comunitario de atención en salud mental (Cohen y Natella, 2013), debe brindar respuestas a las necesidades de internación, de rehabilitación y de inclusión social. Para ello, se sostiene la importancia del acceso a la vivienda y al trabajo. La promoción laboral considera al trabajo como un derecho y como un recurso para una efectiva inclusión; representa un valor terapéutico tanto por el sustento económico que proporciona como por la dignificación y la posibilidad de intercambio social con otros a partir de la producción de un bien o de un servicio (Cohen y Natella, 2013).

Enfoque metodológico

Esta presentación tiene como objetivo caracterizar procesos de inclusión social mediante la capacitación laboral y el acceso al trabajo en personas con padecimiento mental que participan de un Centro de Formación Profesional (CFP), en un hospital monovalente de la zona sur de la CABA.

Desde una perspectiva hermeneútico-dialéctica, este trabajo plantea un análisis de datos que interpreta su contenido dentro de un marco de referencias en el que la acción de los sujetos y la acción objetivada de las instituciones permiten no sólo dilucidar el mensaje manifiesto sino también alcanzar los significados latentes (Minayo, 2009). En este sentido, se trata de un enfoque que aporta a una psicología crítica en tanto tiene como proyecto la indagación y la producción de conocimiento dirigido al continuo cuestionamiento de la disciplina, lo que problematiza las prácticas disciplinares que corresponden con la reproducción social de inequidades (De La Rosa et al., 2012).

En el relevamiento de datos se implementó observación simple y participante y un cuestionario con preguntas abiertas y cerradas sobre los siguientes tópicos: a) perfil socio-sanitario; b) historia y oportunidades laborales; c) características de la capacitación para el empleo; y d) relaciones vinculares. La muestra fue intencional y estuvo compuesta por 22 participantes alumnos de un CFP. Asimismo, fue homogénea en relación con su inclusión en el CFP y heterogénea respecto de la edad, el género, el tiempo de internación y el nivel educativo.

En el análisis de los datos se procedió a una lectura horizontal e intensiva del material y luego a otra transversal. A partir de aquellas lecturas se construyeron categorías emergentes y unidades de sentido que permitieron la elaboración del informe final.

En cuanto a las consideraciones éticas, se apeló a una perspectiva ético-relacional crítica (Sopransi, 2011) y se sostuvieron los principios de confidencialidad, anonimato y voluntariedad para la participación en este estudio.

Características del CFP

El CFP se desarrolla, a partir de una articulación entre salud y educación, en el marco de un Programa de Prealta, en un hospital monovalente de salud mental de la CABA. En el año 2010 el CFP comenzó a dictar cursos para los usuarios del hospital de lunes a viernes (turno mañana y turno tarde) con una duración cuatrimestral y brindando certificación oficial en cursos de gastronomía, informática, reparación domiciliaria, marroquinería y técnicas artesanales. El objetivo de los CFP es incrementar las posibilidades de empleabilidad de la persona a través del desarrollo de competencias laborales, que respondan a las demandas del mundo laboral.

Características de la muestra

La muestra estuvo conformada por 22 alumnos del CFP, de los cuales 21 eran varones y 1, mujer. Las edades estuvieron comprendidas entre los 29 y 66 años con una media de 49,04, una mediana de 50 y una moda de 57. Respecto al máximo nivel educativo, el 4,6% no había finalizado la primaria; el 13,6% tenía la secundaria incompleta; y el 4,6%, terciario incompleto, mientras que el 18,2% había finalizado la primaria; el 27,2%, el secundario; el 9,1% tenía terciario completo y el 22,7% había finalizado sus estudios universitarios. En cuanto al curso realizado en el CFP: el 54,5% estaba cursando informática (operador de PC, Internet); el 13,6%, marroquinería; otro 13,6%, técnicas artesanales; el 9,1%, gastronomía (cocina; repostería) y el 9,1% restante, reparador domiciliario.

Los 22 usuarios habían transitado por situaciones de internación. Al momento de realizar el relevamiento, el 68,2% del total de la muestra permanecía internado, mientras que el 31,8% restante había estado internado previamente y continuaba realizando tratamiento ambulatorio. Respecto de tratamientos anteriores, el 82,8% había transitado internaciones previas, mientras que el 63,6% había realizado otros tratamientos (psicoterapia, atención por consumo de drogas).

Entre los motivos por los cuales se produjeron las internaciones de aquellas personas que continuaban internadas, se refirieron problemáticas de salud (estrés, depresión, situaciones de violencia), problemas familiares y situaciones de vulnerabilidad social (desempleo, falta de vivienda). Para el futuro, en algunos casos se proyecta la posibilidad de externación, pero en otros esa opción aún no fue planificada, tanto para evitar posibles situaciones de consumo (alcohol, droga), como por falta de vivienda o de lazos sociales.

Para aquellas personas que continuaban internados (N=15), los tiempos de internación eran de menos de 1 año hasta 3 años para el 33,3%, entre 4 y 10 años para el 40% y más de 10 años para el 26,7% restante. Respecto al tiempo desde el alta de aquellos usuarios que realizaban tratamiento ambulatorio (N=7), para el 42,8% era de menos de 1 año hasta 3 años, para el 14,4% entre 4 y 10 años, mientras que para el 42,8% restante era de más de 10 años. De esta forma se pone de relieve la permanencia de usuarios respecto a espacios vinculados con los hospitales monovalentes. Se vulneran así derechos consagrados en las normativas en cuanto a producir una pronta externación y favorecer la reinserción social y comunitaria de aquellas personas con padecimiento mental que atraviesan o atravesaron situaciones de internación.

Capacitación entre el empleo y la vida cotidiana

El total de los usuarios que participaron del relevamiento trabajó alguna vez. Respecto del último trabajo realizado se plantean: empleado (kiosco, feria, gestor), oficios (pintor, serigrafía, servicio técnico), trabajo profesional (arquitecto, maestro), vendedor en la vía pública, actividad artística y empleo rural. Estas experiencias fueron realizadas de forma independiente por el 72,3% y en relación de dependencia por el 27,7%.

El tiempo transcurrido desde la última experiencia laboral para los usuarios que permanecían internados (N=15) fue de menos de 1 año para el 26,6%, entre 4 y 6 años para el 6,7%, entre 7 y 10 años para el 13,4% y más de 10 años para el 46,6%. Uno de los usuarios sostuvo continuar con su empleo, aunque lo retomará al obtener el alta. De los usuarios con tratamiento ambulatorio (N=7), el 14,3% realizó ese trabajo hace menos de 1 año, el 28,6% entre 1 y 3 años, el 42,9% entre 4 y 6 años, mientras que el 14,3% restante hace más de 10 años.

Al consultar respecto a la posibilidad de obtener empleo una vez finalizado el curso de formación profesional, el 63,3% señaló que posibilitará la inserción laboral, sobre todo en áreas solicitadas como informática o gastronomía, mientras que el 22,7% consideró que no favorecería la obtención de empleo y el 14% restante no sabía.

  • “Computación, lo piden en todos lados, en un puesto de diario te piden computación.” (Varón, 47 años. Actualmente internado)
  • “Trabajaría de otra cosa, pero usaría esos conocimientos para mi vida cotidiana.” (Mujer, 57 años. Actualmente internada)
  • “Yo creo que sobre todo en pastelería y repostería sí, aunque desde mi lugar, con mí edad y sin experiencia… tengo el curso, pero creo que debe ser diferente lo aprendido con lo que se hace en un bar.” (Varón, 63 años. En tratamiento ambulatorio)

Pese a la posibilidad imaginada respecto a obtener un empleo, tanto la idea de que los conocimientos adquiridos sirven principalmente para la vida cotidiana, como la edad de las personas, ponen de relieve dificultades para la inserción laboral fuera del ámbito del hospital.

  • “Yo lo que más quería era eso, pero no… yo pensaba que al terminar ellos mismos [los profesionales y profesores] me iban a conseguir trabajo, como salida laboral y no fue así, tengo que buscar por mi propia cuenta.” (Varón, 34 años. En tratamiento ambulatorio)

El tiempo transcurrido desde la última experiencia laboral junto a la distancia entre la posibilidad de inserción laboral y la capacitación recibida problematizan los objetivos propuestos desde el CFP. Para los usuarios la principal motivación para realizar el curso no estuvo relacionada con obtener un empleo sino con adquirir conocimientos para la vida cotidiana (especialmente con informática), con realizar actividades gratificantes y con desarrollar habilidades y capacidades sociales. En todos los casos se sostuvo la contribución del curso al proceso de recuperación.

  • “Me anoté por comentarios que me hicieron en emergencias los licenciados. De lo que me decían me interesó informática, que nunca había hecho, ¡es un papelón!” (Varón, 64 años. Actualmente internado)
  • “Muy bien, el curso es bueno para mí, porque es entretenido, ahora no sé qué voy a hacer en el verano, ya me había organizado a despertarme y venir acá.” (Varón, 39 años. Actualmente internado)
  • “Bien, muy macanuda la profesora. Me gusta lo que aprendo, de chico iba a dibujo, pintura, pero mi papá no quería que vaya, decía que tenía que estudiar.” (Varón, 56 años. En tratamiento ambulatorio)

El circuito cerrado de la capacitación laboral

Como posibilidad de inserción laboral surgía, para los usuarios, la participación en dispositivos como empresas sociales o talleres protegidos. Éstos fueron considerados como espacios que proveen capacitación y facilitan la rehabilitación, pero en los que no se cobra un salario acorde y no favorecen la continuidad con un empleo por fuera del ámbito de la hospitalización. Como alternativa se destaca la posibilidad de realizar un emprendimiento propio, de forma independiente.

  • “No, no las conozco, solo talleres protegidos, pero está colapsado eso (…) es una ayuda que tenés, no es mucho dinero, pero si aprendes el oficio y juntas plata te compras la máquina y lo haces, un negocio propio es otro ingreso.” (Varón, 41 años. Actualmente internado)
  • “Talleres protegidos, molineros del borda [emprendimiento productivo]. Yo pienso que no [favorece otra inserción laboral], talleres menos, ajustaba una tuerca por día. Por eso me estoy capacitando en joyería y orfebrería para conseguir un trabajo de forma independiente.” (Varón, 52 años. Actualmente internado)
  • “Yo hable con terapistas de talleres protegidos, si me podían conseguir trabajo en una fábrica y me dijeron que no. Les pregunté si me podían conseguir otra cosa, de pintura o carpintería, y me dijeron que no.” (Varón, 34 años. En tratamiento ambulatorio)

La banalización de la precarización laboral

Al preguntar respecto a qué empleos eran los más solicitados, del total de la muestra el 27,3% no tenía opinión, mientras que el 62,7% nombró diversos empleos relacionados con sus intereses, la capacitación o las experiencias laborales previas. La informática, la venta en comercio y algunos oficios (maestro, enfermera, albañil) aparecen como posibilidades laborales.

Sin embargo se resaltó que la obtención de empleo es difícil debido a la estigmatización, a dificultades en el mercado laboral, a la incompatibilidad con beneficios sociales y a la edad. En este sentido, en algunos casos se destaca la posibilidad de desarrollar nuevos conocimientos o capacidades para poder lograr la inserción laboral.

  • “Para mí son en fábricas los más solicitados y ahí te explotan. También choferes, remises o taxis, salen muchos avisos, yo los miro por internet.” (Varón, 41 años. Actualmente internado)
  • “Yo veo, según la zona, por ejemplo en Floresta, hay un centro comercial donde se solicita vendedores, pero de 18 a 25 años.” (Varón, 63 años. En tratamiento ambulatorio)
  • “Es difícil, porque es incompatible con la jubilación y con mi enfermedad, porque si tengo algún problema.” (Varón, 62 años. En tratamiento ambulatorio)
  • “Es muy difícil conseguir trabajo (…) por eso volví acá (al programa de Prealta). Para las personas como yo que tenemos alguna discapacidad, una enfermedad de la mente, se me dificulta más que a los demás conseguir un empleo, yo busqué mucho trabajo, pero ellos se dan cuenta.” (Varón, 37 años. En tratamiento ambulatorio)

Las dificultades percibidas para la inserción laboral ponen en cuestión las políticas públicas implementadas y el cumplimento de los derechos incluidos en las normativas vigentes. Al consultar respecto de qué derechos como usuarios de la salud mental conocían, un tercio de las personas manifestaron desconocerlos. De las personas que sí manifestaron conocerlos, tanto aquellas que se encontraban internadas como las que realizaban tratamiento ambulatorio relacionaron los derechos con las condiciones de internación y de atención en el hospital, la percepción de beneficios sociales y las posibilidades de alta.

Si estas definiciones de los derechos incluyen aspectos vinculados a la nueva normativa en salud mental, se los situaba de forma fragmentaria y heterónoma en tanto su cumplimiento dependía de la voluntad de terceros (profesionales de salud, juzgados, etc.).

  • “Tengo derecho a la salud. Entre de una manera, estaba bastante loco y me voy de otra, estoy más tranquilo, con los años me he sentido mejor. Afuera he sufrido mucho, este lugar me brinda una paz que me hacía falta, la calle lima. Sí se cumplen. Yo me siento mejor a lo que estaba, la prolijidad, tengo una pensión (…) me dicen ‘está bien’ pero por problemas sociales no me externan-” (Varón, 47 años. Actualmente internado)
  • “Yo leí la ley, un derecho de la ley, como mi internación es voluntaria me puedo ir cuando quiera (…) después es muy difícil la resocialización de los individuos al no tener casa, no hay muchas oportunidades si a uno le pasa algo no tiene a quién recurrir a veces, la mayoría.” (Varón, 52 años. Actualmente internado)
  • “Lo más básico son las terapias individuales y los medicamentos y las terapias grupales. Y las etapas de reinserción social y laboral. Yo creo que se cumplen. Más allá de que hay varias situaciones que suelen darse conmigo y compañeros, que no estoy tan de acuerdo con definiciones de profesionales.” (Varón, 64 años. En tratamiento ambulatorio)
  • “Derecho a tener un certificado de discapacidad que permite acceder a algunas cosas, por ejemplo, a mí me dieron una jubilación por discapacidad, de allí estoy afiliado a PAMI, que me dan los medicamentos muy caros, que aquí no me podrían dar. Y también el pase para transporte.” (Varón, 63 años. En tratamiento ambulatorio)

Discusión

En las narrativas sobre el destino laboral, los participantes de los cursos de formación profesional muestran falta de expectativas en inserciones laborales sustentables o bien relatan proyectos ideales de salida individual con escasa posibilidad fáctica. En este sentido debemos poner atención en la producción de subjetividad alienante como efecto del círculo vicioso que generan las instituciones implicadas en este estudio –hospital monovalente, talleres protegidos, CFP y empresas sociales–, donde se refuerza el espacio de la hospitalización como lugar de recuperación y de vida cotidiana. Exclusión laboral y expulsión social se cristalizan en tratamientos durante largos periodos de tiempo.

De este modo, la posibilidad de obtener un empleo genuino, por fuera del sistema de protección social, queda vinculada casi exclusivamente a la posibilidad individual de inclusión, quizás a partir de la creación de emprendimientos productivos personales o contingentes. Sin embargo, la situación de exclusión materializada en la expulsión del trabajo y relacionada con la invisibilidad pone de relieve la “nuda vida” (Agamben, 2000), de quienes no se espera nada. El Estado ya no es garante de las políticas públicas en la declinación de sus funciones ante la globalización y la disolución del Estado Nación y aparece como consecuencia la figura del consumidor por sobre la del ciudadano. Nuevas respuestas subjetivas se manifiestan ante esto. La ilusión del trabajador por “cuenta-propia” se relaciona con el aplanamiento de los valores solidarios del trabajo y la falta de expectativas sobre el futuro laboral. En este sentido beneficios sociales ligados a la gestión política velan “…las contradicciones y el acceso al derecho de ciudadanía e instala una realidad de dependencia a las instituciones y sus significaciones” (Zaldua, 2011: 88).

El desempleo, en el caso de los participantes en el estudio, suele ser de larga data. Y se suma a ello, en una parte de los participantes, la dificultad de superar la internación y de avanzar en la inclusión social. Para Dejours, las dificultades para conseguir empleo conducen a un proceso de desocialización progresiva y al sufrimiento como afectación subjetiva correlativa. Este autor señala un clivaje entre sufrimiento e injusticia. Este sufrimiento no es visualizado lo suficiente como para generar una reacción política o movilizaciones en contra de lo injusto. Más bien parece justificar sentimientos como la compasión, la piedad o la caridad. También aparece producto de este clivaje la sensación de resignación. Según Dejours, existe una evolución en la reacción social ante la injusticia social caracterizada por la atenuación de las reacciones de indignación, cólera o movilización colectiva conducentes a una acción a favor de la solidaridad y la justicia. Esta atenuación en los sujetos de la muestra aparece ligado a la resignación, a la indiferencia o a la naturalización de una situación que se plantea como cristalizada o encerrada en un circuito de posibilidades laborales “protegidas” o subsidiadas.

Conclusiones

La inclusión socio-laboral y el recibimiento de una compensación digna por la participación en procesos productivos aparecen como derechos relevantes en las normativas relativas a las personas con padecimiento mental (Ley 26.657 art. 36 y 7 respectivamente). Sin embargo, en el contexto actual de precarización creciente de los derechos laborales que mantiene a amplios sectores de la población con trabajo no registrados, tercerizados o desempleados, las políticas sociales de inclusión socio-laboral producen ciudadanías parciales. Es decir, para ciertos sectores de la población, el Estado privilegia la garantía de ciertos derechos sobre otros. De este modo, en el caso de sectores especialmente vulnerables como aquellos que han transitado por instituciones manicomiales, la capacitación y la provisión de insumos básicos para la subsistencia se garantizan a través de las políticas de subsidios “temporales” y se atribuye a una dificultad individual el no ingreso al trabajo formal.

Si una de las dimensiones centrales de la inclusión social de personas con padecimiento mental es el trabajo, una de las principales tareas de la praxis desmanicomializadora es poner en cuestión los dispositivos técnico-políticos que reproducen la heteronomía y la exclusión y exigir políticas sociales que garanticen el derecho al trabajo digno y la autonomía individual y colectiva.

Referencias bibliográficas

Agamben, G. (2000). Homo Sacer III. Valencia: Pre-textos.

Castel, R. (2004). Las trampas de la exclusión. Trabajo y utilidad social. Buenos Aires: Topía.

CELS (2013). Derechos humanos en la Argentina. Informe 2013. Buenos Aires: Siglo XXI.

Cohen, H. y Natella, G. (2013). La desmanicomialización: crónica de la reforma del sistema de salud mental en Río Negro. Buenos Aires: Lugar.

Dejours, Ch. (2007). La banalización de la injusticia social. Buenos Aires: Topía.

De La Rosa, S. C., Vélez Agosto, N, López Garay, D. y Rivera, C. (2012). “Hacia una revitalización del potencial crítico de la psicología cualitativa”. Forum Qualitative Reasech. Vol. 13, núm. 2, art. 20.

De Souza Minayo M. C. (2009). La artesanía de la investigación cualitativa. Buenos Aires: Lugar.

Sopransi, B. (2011). “Criticidad y relación: dimensiones necesarias de la ética en la psicología comunitaria”. En Zaldúa, G. (comp.). Epistemes y prácticas en psicología preventiva. Buenos Aires: EUDEBA

Tisera, A. et al. (2013). “Salud mental y desinstitucionalización: resistencias y obstáculos en los procesos de externación en un hospital monovalente de la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires”. Anuario de Investigaciones en Psicología. Vol. XX. Buenos Aires: Facultad de Psicología, UBA.

Zaldúa, G. (comp.) (2011). Epistemes y prácticas en psicología preventiva. Buenos Aires: EUDEBA.



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