Roxana Longo y Romina Moschella
El presente apartado presenta producciones que abordan problemáticas, demandas y procesos de exigibilidad de colectivos feministas y de diversidad sexual, y de mujeres en situación de vulnerabilidad. Asimismo, los artículos transitan por reflexiones en torno a tensiones que se establecen entre los cuerpos, las subjetividades y las identidades en la dinámica societal actual. Se problematizan los efectos subjetivos, materiales y simbólicos de prácticas de estigmatización y de discriminación marcadas por diferentes tipos de inequidades según: clase, franja etaria, etnia o identidades disidentes.
El campo de la salud sexual y reproductiva fue históricamente un territorio signado por la coexistencia de diferentes prácticas, discursos e intereses. No sólo habitado por las inequidades de los diferentes géneros sino también marcado por la tensión entre prácticas autónomas y heterónomas relativas a las decisiones sobre los propios cuerpos.
En particular, la trata de personas para la explotación sexual y la prostitución constituyen fenómenos que visibilizan las formas más atroces del patriarcado y la mercantilización de los cuerpos y sexualidades. Mientras que las mujeres, niños, niñas y personas trans son los más afectados, los varones son los principales consumidores del comercio sexual.
En la esfera de los procesos salud/enfermedad/atención y cuidado, el cuerpo remite a la corporalidad. No obstante, se trata también de cuerpos situados. Territorios donde se inscriben las condiciones y estilos de vida pero también atravesados por las variables de clase, etnia, franja etaria, género e históricas.
La formulación de la salud sexual como derecho humano básico tiene como eje fundamental la libertad de decidir de manera informada sobre la reproducción y la autonomía de los cuerpos. Este derecho comprende también el acceso a la salud integral y a la posibilidad de desarrollar una vida sexual gratificante y sin coerción, desvinculada del comercio sexual y de las diferentes modalidades de violencias.
A partir del marco legal vigente y de la visibilización de las necesidades y de las prioridades por parte del movimiento de mujeres en general y de las feministas y de los grupos LGTTTB (lésbico, gay, transexual, travesti, transgénero, bisexual) en particular, los procesos de salud/enfermedad/atención y cuidado exigen ser analizados críticamente no sólo desde las prácticas naturalizadas en el sistema de salud sino también desde la inclusión de aquellas instituyentes que interpelan saberes y dispositivos.
Particularmente, desde los dispositivos comunitarios-autogestivos, rutas críticas y circuitos alternativos se favorecen buenas prácticas en materia de exigibilidad de derechos. Se habilitan diversos procesos de subjetivación y se promueven trayectorias colectivas, proyectos de vida y cuidado de la salud integral.
Los diferentes trabajos visibilizan la necesidad de dispositivos instituyentes que interpelen las prácticas tutelares y que actúen desde una perspectiva de complejidad e interdisciplinariedad a los fines de garantizar el cumplimiento de los derechos. Es prioritario que dichos dispositivos contemplen el ejercicio efectivo de ciudadanías plenas y activas, y por su parte problematicen las relaciones entre los géneros. El desafío será la participación colectiva y en consecuencia la ruptura de posiciones subordinadas sociales y subjetivas.








