2 Fabricar el mundo o la fuerza del lógos

SS: Entonces, hablando de la fuerza política que el pensamiento tenía en Grecia, un dêmos, una democracia, donde la palabra circulaba y donde esta circulación de palabras tenía justamente, como decías, una relación que era equivalente, móvil, irreversible entre las partes que participaban, hay aquí una figura que me interesa especialmente y a la que le dedicaste tu obra, tu vida. Es la figura de los sofistas. Estos extranjeros que venían a proclamar que el ser no era una cosa fija sino un efecto del discurso. Como decía Gorgias, el ser podía ser y no ser al mismo tiempo. ¿Cuál es esta fuerza del discurso que es capaz de crear con las palabras?

 

BC: Mi primera respuesta es que esto es lo que hace la poesía. Poieîn es fabricar. Por ende, un discurso que fabrica es, tal vez y en primer lugar, una poesía. El poema de Parménides –es lo que dice Gorgias– no encuentra al ser ahí, sino que lo fabrica. Gorgias muestra que también hubiera podido, perfectamente, crear el no ser.

 

SS: O sea que Parménides fabrica el ser.

 

BC: Sí, exacto. Y también podría haber fabricado el no ser. Es lo que Gorgias hace en su Tratado sobre el no ser. Nos dice que el no ser es del mismo modo que el ser es. Y explica cómo y por qué. Lo que me parece muy importante, en la sofística, es esa fuerza performativa, “performante” del discurso.

 

SS: ¿Qué quiere decir “performativo”?

 

BC: Quiere decir que hace ser lo que se dice. Es lo que dirá Austin –el lingüista y filósofo estadounidense– tiempo después. Ser y hacer, hacer y decir. El decir fabrica un mundo. Es un efecto, un efecto-mundo.

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Barbara Cassin en la Noche de la Filosofía de Buenos Aires (2017).

SS: ¿Un efecto-mundo es más parecido a un concepto o a una imagen?

 

BC: Es una manera de hacer existir algo que antes no existía. Es así como lo hicieron los sofistas, que fabricaron la ciudad en vez de la naturaleza, que se supone que está allí. El título del poema de Parménides es Perì Phýseos, Sobre la naturaleza. El efecto de los sofistas no es crear la naturaleza sino la ciudad, en lugar de la naturaleza.

 

SS: ¿Y qué quiere decir, políticamente, crear la ciudad, crear la pólis?

 

BC: Significa hacer un entrecruzamiento de los discursos. Es así como comienza una ciudad.

 

SS: Entrecruzando palabras, entrecruzando discursividades.

 

BC: Exacto.

 

SS: ¿Y eso cómo lo podemos pensar en la experiencia contemporánea?

 

BC: ¡Ah, es bastante fácil! Porque, en realidad, esta fuerza performativa no tiene que ver con la verdad, sino con la performatividad. Cuando digo: “Los declaro unidos en matrimonio”, resulta que si el que lo dice es el oficial del registro civil, entonces estás casada. Y esto es lo que los sofistas hacen todo el tiempo. Crean, por ejemplo, la inocencia de Helena. Es lo que hace Gorgias. Gorgias toma a una Helena culpable, la Helena de Homero, aquella que dejó a su marido Menelao por su amante Paris y huyó a Troya. Para recuperarla, los griegos formaron un ejército y se masacraron con los troyanos. Helena es aquella que trae el escándalo y la muerte. ¡Una verdadera mujer! ¡La culpable absoluta! Gorgias elabora entonces un “Elogio de Helena”, un encomium en el que explica, primero, que es todo culpa de los dioses. Y luego dice que, si ella es culpable, es porque se dejó seducir por el lógos, por lo que decía Paris. Vemos entonces que el lógos es un gran tirano. Nadie puede oponérsele. Y esta fuerza, la fuerza del lógos, es la fuerza de los sofistas por excelencia.

 

SS: Es una fuerza que puede cambiar las cosas.

 

BC: Absolutamente. Que puede fabricarlas, cambiarlas, transformarlas. Constituye una fuerza que transforma el mundo, que lo vuelve a fabricar.

 

SS: ¿Y por qué pensás que Gorgias pone esa fuerza de transformar el mundo en la figura de una mujer y le hace un elogio, en lugar de declararla culpable, como hubiese hecho otra parte de la historia de la filosofía y como de hecho ha sucedido?

 

BC: Creo que con este punto removemos cosas muy fuertes. Por ejemplo, la relación entre hombre, mujer y filosofía. En filosofía, el lógos, el discurso, siempre tuvo, de por sí, mala fama. Platón dice que los sofistas son charlatanes, aprovechadores, etc. Y, probablemente, esta preocupación por la verdad, que es la preocupación filosófica por excelencia, no es una preocupación de mujeres. Tal vez, la diferencia entre un hombre y una mujer, en filosofía, reside en que los hombres –y aquí voy a presentar un esquema horriblemente caricaturesco– buscan lo uno, lo universal, la verdad, las mayúsculas. Y las mujeres, tal vez, buscarían algo parecido a lo comparativo, las minúsculas, lo plural.

 

SS: Estamos en otro régimen.

 

BC: Exacto. Otro régimen. En psicoanálisis, vemos que lo que acabo de decir fue bastante bien observado por Lacan. Extrañamente bastante bien observado por Lacan.

 

SS: Es el desafío de volverse mujer.

 

BC: Así es. Podríamos pensar que el hombre goza como filósofo. Deberíamos decir inclusive que el hombre fracasa y goza como filósofo. Pero la mujer fracasa y goza como sofista. Tal vez esa sea la diferencia.

 

SS: ¡Vamos entonces a fracasar y a gozar como sofistas!

 

***

 

BC: Hace un instante, me preguntabas cómo Grecia y la Grecia sofística se hacen presentes en el mundo contemporáneo. Ya hemos mencionado el psicoanálisis: un discurso basado en la performatividad, un discurso que cura, un discurso que actúa.

 

SS: Hay un poder phármakon en el discurso de los sofistas.

 

BC: Exacto. Es un remedio-veneno. Fabrica y actúa. Actúa de otro modo. En definitiva, creo que hay tres maneras de pensar el discurso. La primera es “hablar de” algo. Por ejemplo, digo que aquí tenemos una columna y que, sobre ella, vemos unos geranios. Entonces “hablo de” y lo que digo puede ser verdadero o falso. Si te digo: “Esos geranios son azules”, vos me dirás “No, eso es falso”. Entonces esto es “hablar de”. Pero también “le hablo a”. Te hablo y trato de convencerte de algo. Eso es la retórica. Nos persuadimos mutuamente. Y ahora llegamos a una tercera manera de hablar, que es justamente la de los sofistas: no es solo la retórica, diferente de la verdad, sino aquella que trata de fabricar algo al hablar. Y eso es, tal vez, lo que sucede en el amor. Cuando digo “te amo”, es algo que está ahí cuando se dice.

 

SS: ¿Es fabricar un acontecimiento?

 

BC: Totalmente. Además, en materia de política, sucede lo mismo. Puede que lo político se fabrique de este modo. Y es por ello que los sofistas eran tan perturbadores, porque fabricaban lo político.

 

SS: Ellos hacían traer esta figura que tenía un poco de suerte y un poco de criterio que era la medida del juicio del momento: el kairós.

 

BC: Absolutamente. Trabajé mucho con Sudáfrica, en ocasión de la Comisión de Verdad y Reconciliación. Ellos también hicieron algo con las palabras. Se puede criticar mucho lo que se hizo, pero fabricaron la “Nación arco iris”. Esa era la idea y fue exactamente lo que hicieron.

 

SS: Y esa idea tuvo efectos políticos importantes, porque la situación de Sudáfrica no se iba a poder solucionar de otro modo.

 

BC: Hubiese sido un baño de sangre. Probablemente, no se podría extrapolar en términos idénticos, pero lo que decís del kairós, de la oportunidad, de aprovechar la ocasión, eso es justamente lo que hicieron. Dijeron: “Hay que aprovechar la oportunidad. Es ahora el momento justo, en el que no hay vencedores ni vencidos”.



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