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Agradecimientos

Antes de que se apodere de mí la prosa más aséptica y rigurosa que demanda la academia, un pequeño desvío apoteósico por tanta gratitud hacia mis más queridos docentes. Considero cierta aquella afirmación de que el hombre es el único ser humano que tropieza dos veces con el mismo error, razón por la cual me encuentro cursando otra experiencia de tesis luego de un arduo (pero gratificante) trabajo de grado. Con el crimen ya consumado, solo me queda una falta por resarcir: incluir los agradecimientos ausentes en mi trabajo anterior.

A la universidad pública, una institución sostenida por millones de personas que creen en nuestro país y su grandeza, orgullosas defensoras de una educación de calidad y no arancelada para todos los hombres y mujeres libres del mundo que quieran habitar nuestro suelo argentino.

A las doctoras Ana Broitman y Gabriela Samela que, habiendo forjado una amistad en los mismísimos pasillos de la Facultad de Ciencias Sociales, fueron fundamentales para la materialización de mis trabajos finales de grado y de posgrado. No podría estar más agradecido por esa amistad.

Al Grupo de Investigación en Comunicación “Espacios, pantallas, plataformas. Circulación, recepción y crítica de cine en la Argentina” (Programa GIC, CCOM, UBA) y al proyecto “Prácticas y experiencias del consumo audiovisual en circuitos barriales de la ciudad de Buenos Aires” (Programa de Reconocimiento Institucional de Investigaciones, FSoc, UBA), de los que formo parte. La dimensión política de esta tesis no sería tal sin su aporte.

A David, mi compañero de vida y germen de la educación pública. Mi admiración por su rigor, empuje y dedicación me mantuvieron siempre en movimiento. Creer en mí fue, es y será siempre mucho más fácil a su lado.

A mi abuela Nené, mi primera docente. Su risueña didáctica y mirada compasiva sembraron en mí una relación de amor por el aprendizaje que vivirá en mí eternamente.

A Patricia, mi mamá. No podría sacudirme jamás su amorosa ética y su bonhomía inspiradora.

A Fito, mi papá, quizás la única persona que deseaba más que yo la materialización de esta tesis. Sus años más felices fueron académicos y no puede más que desearle esa alegría a quienes más quiere.

A Nati, la doctora Cantet. Como buena hermana mayor, transitó el camino primero, quitándome de algún modo una presión de encima. Su merecido éxito, además de ejemplar, me permitió adentrarme en una maestría solo por el placer del conocimiento.

A Joaquín, mi ahijado, un pequeño maestro del afecto. Ojalá sea tanto y más feliz que yo al escribir estas líneas.

A mi tía Gabi, la continuadora del legado de Nené. Su humor afable y cariño horizontal me cuidan al día de la fecha.

A mi tío Celso, maestro con todas las letras, el disenso más enriquecedor que apadrina mi crecimiento.

A Yami, mi amiga de FSOC, compañera de crimen y guardiana de mi honestidad intelectual. No sería quien soy sin su amistad inmarcesible.

A Dani, los Andys, Cami, Marian, Marin y David, mis grupitos de FSOC. Sociales se extiende mucho más allá de sus pasillos gracias a ellos y sus amistades son de los legados más valiosos de esta casa de estudios.

A Facu y a Jay, otros dos grandes artífices en las sombras, siempre listos para levantar mi ánimo en este viaje.

A mis amigos Vale y Carlitos, cuya mera presencia en mi vida, además de bienvenida y gratificante, enriquece mi amor por el lenguaje.

Finalmente, a todos aquellos que fueron parte de este proceso, ya sea desde lo técnico como desde el afecto.



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