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Introducción

Los cuatro textos que publicamos en el presente apéndice del tercer número de Debates de Redhisel fueron inicialmente presentados como intervenciones en el VI Workshop de nuestra Red, que tuvo lugar los días 20 y 21 de mayo de 2021. Los workshops de Redhisel ofrecen un espacio para la discusión de tesis -de grado y de posgrado; de Historia, pero también de otras disciplinas- referidas a problemas relacionados con la secularización y la laicidad. Organizados desde 2015, constituyen un ámbito en el que los participantes pueden exponer sus trabajos y recibir los comentarios de un investigador senior, de otros miembros de la Red y de otros tesistas. A cada encuentro son invitados académicos destacados del país y del extranjero a dictar conferencias y a participar de paneles de discusión. Es nuestra intención que a partir de este tercer número Debates dedique algunas de sus páginas a difundir las intervenciones de conferencistas y panelistas, puesto que se trata de contribuciones de gran calidad, que proponen renovadas propuestas de reflexión.

Los cuatro textos que siguen corresponden a la conferencia de apertura del VI Workshop, dictada por Ana Rosa Cloclet da Silva (Pontificia Universidad Católica de Campinas), a la presentación por parte de Francisco Javier Ramón Solans (Universidad de Zaragoza) de su libro Más allá de los Andes. Los orígenes ultramontanos de una Iglesia latinoamericana (1851-1919), y a dos de las intervenciones vertidas en el panel Secularización y transnacionalización de la religión en los siglos XIX y XX: las de Ana Rosa Cloclet da Silva y Vicente Jesús Díaz Burillo (Universidad Autónoma de Madrid /CONICET/Universidad Nacional de Rosario).

Los cuatro textos debaten, desde diferentes aproximaciones, la pertinencia y los alcances de algunos conceptos de uso corriente en la historiografía religiosa contemporánea: “secularización” y “laicidad”, desde luego, pero también el campo semántico de las nociones de “modernidad”, “modernidades” y “modernización”, tradicionalmente vinculado a aquéllos. En conjunto, los aportes que presentamos reafirman, de diferentes maneras, el carácter de constructos históricos de esos conceptos, nacidos a partir del proceso de secularización decimonónico y originalmente cargados, en buena medida, de connotaciones ideológicas que su uso actual requiere desnaturalizar. No sólo el término “secularización” ganó su significado actual en el contexto del proceso que denota: también, como han afirmado estudiosos como Talal Asad y nos lo recuerda Vicente Jesús Díaz Burillo, la misma idea de “religión” no puede ser comprendida sino en relación con su contracara, lo “secular”. Sin embargo, el hecho de que esos términos hayan sido acuñados y difundidos en determinados contextos históricos y tal vez con claras intencionalidades prescriptivas no implica que los procesos a que hacen referencia no hayan existido.

La cuestión no es, como dice el dicho, “tirar al niño con el agua sucia”. La secularización de nuestras sociedades es evidente cuando tomamos como punto de comparación el siglo XVIII. El problema, no nos cansaremos nunca de repetirlo, aparece al conceptualizarla como pérdida en lugar de hacerlo como transformación y adaptación de lo religioso. En ese sentido, la diversidad de las cuatro exposiciones hoy convertidas en textos escritos no debe impedirnos ver una clave de lectura que las atraviesa a todas: la infinita capacidad de la Iglesia Católica -¿podríamos extender la afirmación al cristianismo en sus varias confesiones?- para adaptarse a las grandes transformaciones que han experimentado la sociedad y la cultura -latinoamericanas y europeas- en los últimos 200 años. Lo señala Ana Rosa Cloclet da Silva al analizar el caso de Brasil, así como Francisco Javier Ramón Solans cuando nos propone ver en la Iglesia Católica una constructora de identidades modernas, y lo hace claramente Vicente Jesús Díaz Burillo cuando nos habla de la adaptación de la Iglesia Católica de las postrimerías del siglo XX al contexto de lo que llama “hipermodernidad”. Desde esta perspectiva, lo que ponen en evidencia los cuatro trabajos es que, detrás de la aparente continuidad con la tradición que se esfuerza por transmitir como imagen de sí misma, si la Iglesia romana ha logrado conservar el control de las Iglesias locales ha sido gracias a la implementación -o a la admisión- de fuertes adaptaciones en aspectos no menores, como lo son los discursos referidos a los cambios políticos y culturales, las estrategias pastorales, las escenificaciones litúrgicas o las modalidades de la formación de sus ministros, entre otros. Ello implica afirmar que la eficaz integración de las periferias al centro romano que la Iglesia Católica ha urdido a partir de la Restauración en el siglo XIX ha descansado -y descansa- sobre una compleja trama de múltiples influencias, de manera alguna unidireccionales.

Agradecemos a los autores la tarea de edición de sus exposiciones y la posibilidad de publicarlas. Todo lo expuesto nos persuade de que la riqueza del material que ofrecemos en este Apéndice será de fructuosa lectura para los lectores de Debates de Redhisel.



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