La circulación fue un valor fundamental en el desarrollo y expansión del capitalismo. La metáfora biologicista de la circulación sanguínea en el cuerpo social era parte de la filosofía dominante: el positivismo. Para el capital la interrupción del flujo es la amenaza, y el stock sin movimiento termina siendo la bancarrota.
Hasta no hace muchos años, en todos los cines las películas se pasaban con proyectores que portaban dos carretes de cinta fílmica en movimiento. Al menos dos recambios de carrete interrumpían el relato. En esa pausa gritos, silbidos, niños corriendo en la oscuridad. El traspaso al formato digital permitió evitar ese freno para que nadie despierte del influjo del cinematógrafo. Si no hay interrupciones el relato puede ser convincente.
Las ciudades se diseñan habilitando la velocidad. Calles, avenidas y carriles diferenciales han sido una definición urbanística para gestionar el uso del espacio y las expectativas de los ciudadanos acerca del tiempo. Como en aquellas salas de cine donde la interrupción del relato provocaba rechazo en los espectadores, cualquier interrupción o bloqueo a la circulación automovilística desencadena furia y exigencias de represión y orden. El paroxismo de la velocidad se ha tenido que desarrollar por encima de la superficie. Las autopistas atravesaron barrios y en algunos casos, como el de la dictadura cívico militar en Argentina, han obligado a los habitantes a abandonar sus casas y desplazarse para que esos caminos en elevación fueran construidos. Esta prepotencia urbanística tiene una contracara oculta en los subterráneos. Cada trayecto implica una relación de ritmo que va de la detención a la marcha, de la aceleración hacia una velocidad continua. Luego desacelerar y frenar, para comenzar nuevamente el ciclo. El resultado: unir puntos lejanos en menor tiempo. Un invento del siglo XX que también ha promovido el cambio en la percepción humana.
Viajar rápido. Acelerar. Descargar información rápido. Alcanzar resultados instantáneos. El capital financiero impone un ritmo de inmediatez garantizado por la informática. Las redes sociales informan en simultáneo los acontecimientos. La vida cotidiana actual se expande online. Cada usuario necesita un dispositivo y una conexión veloz para estar recibiendo y emitiendo mensajes. La disputa es por el acceso a canales de velocidad acelerada, y la amenaza de la lentitud es la pérdida de tiempo y la posible detención por falla en el sistema. La circulación sería orden, progreso y vida. Piquete, detención, acceso negado o caída del sistema se lo denuncia como el caos o el abismo.







