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1. Superficie

La línea de horizonte que separa la tierra del cielo generó a lo largo de los siglos tanto obras de arte como grandes debates, teorías, viajes, descubrimientos y conquistas. Esta fue una posibilidad habitual en la percepción humana y en el registro de la mirada. En el campo de la representación de la realidad, las artes plásticas y luego la fotografía utilizaron el horizonte para definir el encuadre y la distribución de los elementos en el espacio. Además la imagen registrada resultaba objetiva si se construía a partir de la perspectiva unilineal, un único punto de vista.

Pero las  ciudades fueron progresivamente creciendo y estableciendo obstáculos a la mirada. Las calles pueden entenderse como líneas de fuga, pero están dispuestas para el imperio del tránsito y la circulación. Es imposible, salvo los domingos o días festivos, encontrar el paisaje al finalizar las calles, donde las líneas de fuga alcanzan el horizonte lejano. Las ciudades fueron creciendo en extensión y altura. El ojo primero y luego el cuerpo en movimiento tuvieron que reorganizar la percepción de un territorio con obstáculos e interrupciones. Luego de la pintura y la fotografía, fue el cine el encargado de registrar y representar la realidad. Pero este arte novedoso incorporó a los pocos años de su invención el montaje de los fragmentos y la sumatoria de perspectivas múltiples. Y así el ojo cedió, e incorporó como necesario el corte sucesivo, dispuesto en velocidad, disimulando los fragmentos constantes. El cine fue un artefacto que portaba el espíritu y la lógica de las ciudades industriales.

Para el caminante urbano, el horizonte ya no marca el ritmo y la meta, ni las estrellas definen la orientación correcta del trayecto. A lo largo del siglo XX, la ciudadanía fue desaprendiendo las formas de orientarse en la inmensidad de un territorio plano. El ser humano logró volar y elevarse por encima de las nubes de tormenta, como así también descender y encerrarse bajo tierra para evitar cualquier lluvia, como en una caverna o refugio antibombardeos. Ya en el siglo XXI se fue incorporando la asistencia tecnológica para transitar este espacio de discontinuidades. Las superficies son cada vez más accidentadas, y las caminatas dejan de ser despreocupadas. La sensación de confusión se asemeja a una tormenta permanente que no termina de disiparse.



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