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3. Pixelación

Hoy se pretende como virtud la renovación de la tecnología de pantallas para ampliar la capacidad del dispositivo en memoria, velocidad  y definición. Los artefactos que prometen una mejor visión  – televisores, monitores de computadoras, sensores de registro en las cámaras de fotografía y de video, las pantallas de los teléfonos celulares- se van superando en la calidad de imágenes debido a la multiplicación de pixeles a la vista. Muy pronto estaremos abandonando los dispositivos HD (de alta definición) para acceder a tecnologías 4K (que han cuadruplicado su resolución). En poco tiempo habrá a disposición una invención superadora -8k- que terminará transformando en obsoleta aquella tecnología que la población aún no logró adquirir. Las tecnologías promueven ritmos de existencia acelerados como una carrera donde la meta siempre se va alejando aún más, y nunca sabemos dónde se encuentra porque ya no hay horizonte al que seguir.

La mayor cantidad de elementos de la imagen sugiere mayor cercanía a la realidad; sin embargo, se fomenta cierto placer estético en la contemplación del objeto virtual que terminará cuestionando la necesidad de ir en busca del objeto real. La comodidad de acceder a una mayor definición es una mediación cada vez más distanciada del lugar del acontecimiento. La multiplicación de los pixeles resulta así coherente con las fracturas del tiempo y espacio social.

La publicidad de Apple Computer de 1984 presenta a una atleta (mujer) corriendo y siendo perseguida por un cuerpo de policía.[1]

Al finalizar su carrera la mujer lanza un martillo contra la gran pantalla que emitía el primer plano de un dictador (varón) hablándole a las masas sentadas en sus butacas, todas personas con cabezas rapadas y bocas abiertas. Esa promesa de liberación que traía la empresa que creó la primera computadora hogareña para las masas, la Macintosh (“la Mac”, amigablemente como si fuera una integrante más de la familia), traía una serie de indicios de lo que sucedería en los años siguientes.

El martillo se lanzó a una pantalla de mala calidad que emitía en blanco y negro. El golpe hizo estallar ese gran muro óptico, haciendo saltar en miles de fragmentos los pixeles pasados de moda. Lo que traería a los hogares la Apple Macintosh sería el inicio de una nueva era: las tecnologías digitales de visión, la aceleración de los flujos de intercambios a distancia, la monetización inmaterial de la vida, el entretenimiento permanente y portable, la emisión de datos en vivo, la percepción de los fragmentos como una totalidad, entre otros fenómenos. La distopía de George Orwell “1984” habría sido interrumpida en el año 1984. La publicidad concluye con el logo de la empresa -la manzana mordida multicolor- y la leyenda “Y tú verás porqué 1984 no será como 1984“. La mordida muestra la tentación consumada, un  pecado original pintado con los colores del arco iris de la diversidad. Los pixeles multicolor nos muestran una realidad total superadora del blanco y negro aburrido. Con la cibernética, con la inteligencia artificial y con los entornos de señales, ya no serían necesarios los métodos de vigilancia y control totalitarios del pasado. Las nuevas tecnologías alcanzan la gobernabilidad y el control a partir de flujos teledirigidos de consenso, deseo y auto-convencimiento. Cada persona emite señales y datos por su propia aceptación voluntaria pero inconsciente. Esa información enviada propicia un control más sutil, invisible y permanente.

Cinco años después de aquella publicidad, en 1989 otro muro -el que separaba la República Federal de Alemania de la República Democrática Alemana- fue derribado por miles de martillos. Los escombros de la historia han sido reemplazados en la actualidad por las proyecciones de miles de píxeles del video-mapping, sobre las paredes del edificio Marie-Elisabeth Lüders Haus, a las orillas del río Spree en las noches de Berlín, relatando la historia del siglo XX.[2]




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