Caminatas fotográficas: instrucciones de juego
Viajar. Ya había organizado previamente muchos de los aspectos que luego serían parte de mi estadía; por lo tanto, sabía que podría estar desconectado de las redes sociales e internet durante el viaje. Sin mediación cibernética, alcanzaría más fácilmente el asombro, el disfrute consciente, la investigación lúdica y por fin así llegar al descubrimiento revelador. En general estas actitudes me suceden durante largas caminatas fotográficas. En ellas surge el placer necesario para alcanzar el vínculo profundo e intuitivo con el territorio en exploración. Las caminatas fotográficas devienen así como una meditación activa.
Amigas y amigos que ya habían visitado Berlín me habían hecho comentarios muy promisorios de lo que me encontraría allí. Una ciudad hermosa, para conocer caminando o en bicicleta. Sin embargo, al estar allí también descubrí que podía aprovechar el eficiente sistema de transportes públicos. Fue así que me sumergí en la extensa red de subterráneos. La U-Bahn me facilitaría desplazamientos rápidos a cualquier punto de la ciudad, dispuesta de forma reticular con sus 173 estaciones.
Me sorprendió la armonía de cada una de las líneas y el particular diseño de sus estaciones. La idea funcional de unir dos puntos lejanos a una velocidad mayor a la posible en la atorada superficie, permite el uso planificado del tiempo para ahorrarlo y ser aprovechado en cualquier otra actividad del día. En Buenos Aires, por ejemplo, la masa de empleados utiliza el subterráneo para minimizar el tiempo de trayecto, llegar a horario al trabajo, y luego regresar lo más rápido posible como una huida hacia el hogar. Estas lógicas de aprovechamiento del tiempo, de velocidad en el espacio, de cálculo, y tal vez de alienación, podrían entrar en tensión y ser desafiadas por el ornamento de las estaciones de la U-Bahn.
Envuelto en este entorno fue inevitable comenzar a usar mi cámara fotográfica. Algo pasaba allí: formas, colores, líneas construían escenografías favorables para contemplar y luego registrar. Me propuse fabricar imágenes con un plan algo sencillo. Algunas instrucciones previas, y fundamentalmente sumergirme en la contemplación estética. Sabiendo que mi estadía sería corta -menos de una semana-, me propuse recorrer en ese tiempo las 9 líneas y explorar por no más de 20 minutos aquellas estaciones en las que descendería. Tampoco realizaría trayectos de ida y vuelta en la misma línea, ni viajes circulares. Las caminatas fotográficas se desarrollarían en la superficie y alrededores de cada estación, bajando y subiendo las escaleras, a través de los túneles y en los andenes. No realizaría fotografías dentro de los vagones. Fundamental: estar desconectado y sin uso del teléfono celular. Me ayudaría con un mapa de papel donde además de orientarme iría realizando marcaciones. El mapa intervenido y textuado sería no sólo una guía sino también una bitácora del viaje subterráneo por Berlín. Esas eran las instrucciones.
La intuición me impulsó a elegir cada estación, que por el tiempo de la estadía resultaron ser aproximadamente el ¼ del total de la red U.
Algunas inquietudes se fueron manifestando a medida que recorría y alcanzaba los andenes. ¿Sería posible construir imágenes con el fin de comprender los sentidos de este lugar? ¿Podría develar en cada fotografía las huellas históricas de la sociedad? ¿Podría entender el presente y sus complejidades del propio devenir capturando un rectángulo pequeño? El desafío era no sólo observar y fotografiar, sino intentar leer el tiempo impreso en ese espacio. Estas preguntas fueron surgiendo cada noche durante aquel viaje al revisar el material que iba registrando durante el día. Y se terminaron de manifestar tiempo después, una vez de regreso.
Esta experiencia fue una primera exploración lúdica y metodológica que con el tiempo podrá continuar en tanto investigación artística y comunicacional, intentando responder aquellas y otras preguntas.








