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Conclusiones

El camino reflexivo que se ha desplegado puede retomarse, ahora, desde los cauces trazados por las introducciones a las grandes secciones de esta investigación.

La Introducción diseñaba una constelación de búsqueda, haciendo converger tres instancias. Primero, la disonancia/desajuste entre la experiencia histórica latinoamericana y las vigencias de una modernidad vista desde sus realizaciones europeo/norteamericanas. La cuestión asumía, así, la forma de un indagar sobre los aportes que podrían seguirse de abordarla, pasando de un binomio a un tríptico, donde “catolicismo” fungiera como polo junto con “Latinoamérica” y “modernidad”. La segunda instancia era la hipotetización de la fecundidad de la noción de itinerarios interpretativos como estrategia de ingreso, poniendo el acento en el desentrañamiento de los movimientos de argumentaciones y categorías, en los campos semánticos y sus desplazamientos. La tercera instancia, finalmente, era la construcción de dos cuerpos textuales como espacio de indagación; uno en torno a la categoría de ethos y el otro desde el quiebre de monopolio religioso.

La introducción al primer capítulo hacia derivar el cauce reflexivo hacia la categoría ethos como eje de un esfuerzo interpretativo del perfil civilizacional de América Latina desde sus relaciones con la modernidad y el catolicismo. Al tiempo que lo constelaba con la cuestión de la entidad de un capítulo latinoamericano de la “gran controversia posweberiana”.

La introducción al segundo capítulo hacia girar el camino hacia otro corpus y hacia otro espacio de producción. La cuestión del quiebre del monopolio católico en América Latina y Ciencias sociales de la religión asumían la conducción del trayecto. El polo “catolicismo” se elaboraba ahora desde su erosión, testeando las repercusiones de este nuevo mirador sobre la interpretación del tríptico.

Una vez desplegado el trayecto, pienso que pueden construirse, en forma de decantaciones de conjunto, cinco núcleos propositivos.

Primero

Los ensayos por caracterizar a América Latina como un conjunto, desde sus vínculos con la modernidad y con las dinámicas religiosas desde las alternativas del catolicismo se han mostrado, en lo central, capaces de propuestas superadoras del esencialismo, el ahistoricismo y la acumulación arbitraria de rasgos tenidos por únicos. La neta primacía de las “lógicas” por sobre los rasgos, de los procesos por encima de las fijaciones, y la superación del “cerco historiográfico” que hacía de la temática un patrimonio de la interpretación del “pasado”, son sus marcas más salientes. Todo lo cual pone de manifiesto la fecundidad y capacidad de futuro de tales caminos; siempre que estén a la altura de los nuevos escenarios y no se replieguen hacia “identidades” preconcebidas e inmunizantes en clave de refugio. Esta constatación abre, en mi opinión, un horizonte mayor que puede enunciarse siguiendo las sugerencias que hacía Horacio González respecto de una filosofía argentina:

Estamos perfectamente advertidos sobre los riesgos del mal particularismo o de lo que en los últimos años viene siendo denunciado como sustancialismo u ontologismo. Pero, ciertamente, esto es muy frágil como denuncia. No pueden ser motivo de censura, salvo para funcionarios de un sumario guardarropas filosófico, conceptos que alientan problemas de muchos siglos de filosofía, por lo que mentar palabras de un gran legado universal para sospecharlas, puede convertirse en una voluntaria ceguera que cree apartarse del ‘esencialismo’ cuando en realidad abandona el pensamiento intenso.[1]

Las exigencias del no retorno esencialista son necesarias pero insuficientes. Las advertencias sobre anti-historicismo y nostalgia identitaria son útiles para evitar derivas siempre posibles, pero no abarcan la totalidad de las exigencias de un pensamiento actual y futuro.

En este sentido la disonancia latinoamericana respecto de la modernidad se muestra activa como surgente reflexiva, siempre que se la vea en su amplitud y tensión semántica entre lo periférico (asimetrías y resistencias), lo diferencial (mestizaje, hibridación, otredad, creatividad) y lo alternativo ante los nuevos escenarios.

Segundo

El cauce reflexivo en torno a ethos y el que se articula respecto de la cuestión del monopolio han puesto de relieve, de distintos modos, la relación del polo “catolicismo” con Latinoamérica y modernidad. Si el primero va a insistir en los momentos “altos” de su influjo, en las tramas que lo hicieron posible y en los “costos” que debió asumir, el segundo lo verá en su erosión, post-hegemonía y pérdida, y en los “precios” que las otras instancias han de seguir aun pagando. Sin embargo, los resultados del segundo no anulan ni contradicen, en lo nuclear, las adquisiciones del primero. Ambos permiten relativizar y complejizar el “ayer” y el “hoy”, y cuestionarse recíprocamente. Un ethos horadado en uno de sus polos sigue siendo un ethos. Todos sus componentes se desplazarán, sin descartar que la erosión en uno esté indicando el desgaste en los demás. Un catolicismo no monopólico y una economía religiosa más desregulada, lejos de eclipsar lo religioso, lo hacen pensable, visible y vigente de modos nuevos.

Tercero

El polo “catolicismo” (con sus posteriores pluralizaciones) se ha revelado interpretativamente fecundo para la comprensión de sus partners en el tríptico. Los ha traccionado, constelado y exigido. Pero, al mismo tiempo, se ha visto profundamente transformado él mismo en la operación. En términos generales, se puede decir que la disonancia Latinoamérica/modernidad adquiere posibilidades de lectura en cuanto el “catolicismo” se muestra:

Como co-originador de un barroquismo con capacidades de devoración, revivificación y torsiones creadoras, con particular importancia en las encrucijadas civilizatorias. Lo que ha permitido un entrelazamiento, al mismo tiempo conflictivo (destruyendo, desplazando, invisibilizando) y originador (entramando, mestizando, sincretizando) con los cauces “pre-colombinos”. Pero este mismo trabajo cultural ha provocado que el catolicismo sea él mismo devorado, retrabajado, desplazado por la lógica barroca.

Como factor que, desde sus doctrinas y prácticas, permea por vías diversas en las configuraciones éticas, estéticas y políticas del subcontinente: énfasis en la libertad y la agencia humanas en relación con lo divino. Sacramentalidad/ritualidad/dramaticidad, con sus posibilidades de conexión con dinámicas culturales que trabajan en estos mismos códigos. Énfasis festivos, despilfarrantes y comunitarios.

Como cauce que se articula y es articulado por lo popular, de lo que derivan lógicas capaces de cristalizar en tramas de largo plazo, vigencia en escalas prolongadas y capacidades de activación en coyunturas históricas de conmoción.

Como polo que, en determinados momentos históricos pretende erigirse en modernidad alternativa y cuestionante de otras propuestas globalizantes de sentido. Este “reflejo tercerista” ha mostrado sus límites y patetismos cuando se quiso hegemónico; algunas vertientes creadoras, cuando se entramó con otras vigencias históricas; un desplazamiento relativo del centro de la escena, cuando su monopolio comenzó a horadarse.

Cuarto

Cada uno de los componentes del tríptico ha ganado en complejidad.

El polo “modernidad” queda desnaturalizado en su versión compacta, heterogeneizado en su accionar y pluralizado en sus realizaciones. Los itinerarios interpretativos que lo entraman con “Latinoamérica” y “catolicismo” le han hecho ganar valencias y matices:

La modernidad latinoamericana se muestra, al mismo tiempo, asimétrica, “normal” y creadora, según sean los momentos, escenarios y ámbitos en los que se la analice.

Emerge una América Latina diferencialmente moderna con matices “anti”, “sub”, “post” y “áltero” modernos; fruto de los cruces entre sus lógicas (racionalización, capitalismo, secularización, urbanización, industrialización) con “otras lógicas” (populares y religiosa, con sus derivaciones en todos los campos de la vida colectiva).

El análisis de la modernidad latinoamericana desde lo católico y lo religioso la ha mostrado peculiar respecto de lo acaecido en otros espacios culturales (especialmente, europeos centrales y norteamericanos), particularmente respecto de la cuestión de la secularización.

El polo “catolicismo” se muestra, en todos los itinerarios reflexivos, como un componente relevante de la modernidad latinoamericana, sea cual fuese la valoración de su influjo y la entidad del mismo. Y, por la tracción que éste ejerce en la comprensión del tríptico, todo el filón de lo religioso en su diversidad de colectivos y modalidades se hace presente. También en este caso hay un trabajo de pluralización, complejización y desimplicación. Los senderos de tales desplazamientos son:

Se convierte en una categoría plural según cortes históricos, de anclajes, (oficial/popular; barroco/institucional), de modalidades pasadas y presentes.

Es tensionado hacia formulaciones más amplias del tipo “cristianismo”, “fenómenos religiosos”, etc. Deja de ser el “canon”.

Su permeación en la vida latinoamericana es complejizada, asumiendo diversas valencias según épocas (momento del choque/conquista, procesos independentistas, etc.) sectores y distinta entidad (no siempre englobante). En este sentido, se ha puesto de relieve una mayor influencia suya en el plano de las identidades sociales, mientras que en las dimensiones personales y colectivas se ha mostrado la exigencia de una articulación/conflicto con otras matrices de sentido.

Su articulación conflictiva/creadora/desplazante con lo popular ha sido y es nodal para su influjo latinoamericano, y para el perfil civilizatorio de América Latina.

Deja de ser el canon único y el centro indisputado de las referencias religiosas en el subcontinente, sin perder su entidad mayoritaria y sus capacidades de agencia.

El polo “Latinoamérica” recibe, en los itinerarios interpretativos que lo constelan con modernidad y catolicismo, una mayor densidad como espacio colectivo de producción civilizatoria, de creatividad moderna y de originalidad religiosa. Entre los rasgos que se evidencian están: Una conciencia más aguda de sus diversidades pasadas y presentes, y la exigencia de una tematización de su unidad a la altura de tales complejidades.

Una mirada más articulada hacia la importancia del catolicismo y de lo religioso en su trabajo civilizatorio peculiar. La creatividad, diversidad, “popularidad” y capacidad de influencia de las dinámicas religiosas se muestran como no marginales para la comprensión del subcontinente. Los colectivos religiosos que ganan protagonismo, particularmente el pentecostalismo y el amplio abanico de las formas de creer emergentes, permiten nuevos abordajes a la modernidad latinoamericana.

Quinto

Finalmente, cabe agregar alguna indicación en clave de agenda. La especial capacidad de configuración y vigencia dada a los períodos de conformación cultural requiere de una “desnaturalización”, y de un trabajo crítico y propositivo intenso. La larga duración y las escalas amplias implicadas en los corpus construidos y en los abordajes elegidos, deberán complementarse con investigaciones más pormenorizadas (países, épocas, sectores) que permitan una verificación crítica de las generalizaciones. La capacidad interpretativa del tríptico para cada uno de sus polos necesitará de indagaciones audaces sobre la sustentabilidad de cada una de sus categorías y sobre una eventual necesidad de ampliación/complejización.


  1. González, Horacio, “Acerca de la existencia de la filosofía argentina”, en La Biblioteca nº 2/3, 2005, pp. 4-5.


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