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Conclusiones finales

A lo largo de esta obra, se ha abordado un aspecto específico de la Guerra de las Malvinas. Se analizó cómo se generaron representaciones de la misma en la prensa gráfica nacional, principalmente en dos de sus principales medios, La Nación y Crónica. En este último segmento, realizaremos un análisis global de todo lo visto para resaltar que es lo que nos dejó esta investigación.

Para poder acercarnos a estas representaciones, primero tuvimos que establecer cómo era el contexto de circulación de información en la Argentina, teniendo en cuenta por un lado el contexto de guerra, sumado también a que el país se regía bajo el gobierno de la última dictadura militar, que supo implementar medidas autoritarias para el control de diferentes instituciones e individuos de la sociedad civil argentina.

Si hay una palabra para poder condensar las medidas de la dictadura militar respecto de la guerra de Malvinas, y específicamente con el manejo de control de información en la misma, esta es la de “improvisación”. El plan de la dictadura a la hora de recuperar las islas se sentó sobre premisas incorrectas, dando lugar a una ejecución precipitada. La dictadura militar de principios de los años ’80 no era ya el régimen de hierro que había disciplinado a la sociedad argentina mediante la aplicación sistemática del Terrorismo de Estado. Es más, la economía argentina crujía por varios frentes, lo que generó un aumento del descontento social, que desencadenó en marchas multitudinarias contra el régimen. El supuesto de que la recuperación de Malvinas podía calmar las aguas internas, que se podría recuperar el archipiélago con una operación bélica rápida, para tener una mesa de negociaciones internacional donde nuestro país recibiría el apoyo de los Estados Unidos, rápidamente cayó en saco roto.

Los dos meses y medio que siguieron al 2 de abril de 1982, estuvieron atravesados por los improvisados intentos del Estado argentino de librar una guerra defensiva contra la potencia bélica del Reino Unido. Y de todos los aspectos de la guerra, el control de información y las políticas de censura para la implementación efectiva del flujo y perfil de noticias sobre la Guerra ante la sociedad argentina, sufrió los mismos problemas.

Los mecanismos de censura y de control de medios de comunicación que había tenido la dictadura militar no bien comenzado su gobierno, se habían desgastado. Solo se efectuaron una serie de medidas para finales de abril, que llegaron a ser hasta contradictorias entre sí. Esto dio lugar a que los corresponsales de guerra en Malvinas pudiesen traficar información sobre el conflicto, que salía desde las islas, pasando al continente para luego llegar a sus casas matrices. Asimismo, los medios de prensa nacionales siempre pudieron acudir a agencias de noticias del exterior para la obtención de noticias. Por lo tanto, los medios locales pudieron moverse con relativa autonomía, lo que les permitió publicar una sobreabundancia de noticias sobre la guerra, motivada por el afán de lucro de estas empresas, alimentando una sociedad argentina que estuvo ávida de información sobre la guerra.

Esta proliferación de noticias sobre la guerra de Malvinas fue lo primero a resaltar a la hora de explorar las páginas de prensa gráfica nacional. Ahora bien, estas noticias estuvieron teñidas de una variada serie de construcciones culturales, que retomaron estereotipos de la sociedad argentina, sumando imaginarios típicos de tiempos de guerra, para una producción de sentidos que generaron una cultura de guerra específica para la Argentina. Una cultura de guerra que, según el diario que se analice, tuvo matices por demás interesantes, teniendo en cuenta el perfil editorial de cada medio.

Al realizar un estudio comparativo de los dos medios elegidos, La Nación y Crónica, estas cuestiones salen a la luz. Si nos acercamos a la mirada general de La Nación respecto de la Guerra de Malvinas, sus notas recorren un hilo donde durante mucho tiempo se habla más de “paz” que de “guerra”. Esto se generó porque el diario puso el foco muy fuertemente en el aspecto diplomático del conflicto, construyendo un imaginario donde era esperable que la Argentina pueda solucionar su tensión con el Reino Unido por esta vía. Cuando esta postura de la paz negociada se fue desvaneciendo con el pasar de los días, esto sería más por la intransigencia y el belicismo de los británicos que por las intenciones de la Argentina. El Reino Unido fue el culpable, según el diario, de que no se pueda llegar a una solución pacífica. Para el final de la guerra, La Nación si se colocó en una postura más belicista para acompañar con el elemento discursivo el esfuerzo del combate, y la noticia de la derrota argentina fue matizada con editoriales donde se colocó a Malvinas como causa nacional que unió a los argentinos.

En cambio, al acercarnos a Crónica, hay una representación diferente sobre la Guerra de Malvinas. Si bien el diario sostuvo, sobre todo durante abril, que la Argentina tenía la posibilidad de negociar la paz diplomáticamente y actuó en consecuencia, ante las primeras iniciativas de los británicos de cortar estos caminos, Crónica construyó una imagen reforzada de que la Argentina estaba bien preparada para la guerra, ya sea en términos materiales como anímicos. Ante cada enfrentamiento, el resultado reflejado en sus páginas fue uno solo: el de la Argentina triunfando. La defensa argentina fue siempre exitosa, mientras que la ofensiva británica iba de mal en peor. Lo único que aumentó de parte de los británicos a medida que el conflicto avanzaba y escalaba, fue el de remarcar a sus acciones como barbáricas, tramposas y ruines. Hay en el perfil de Crónica y sus representaciones sobre el conflicto de Malvinas un optimismo irrenunciable. El diario reflejó siempre que la Argentina tuvo la iniciativa y fue hacia el triunfo. Y cuando no lo fue así, se construyó un relato que llevaba optimismo para nuestro país. Esta mirada llegó al paroxismo de informar que las fuerzas argentinas “Frenaron” la mayor ofensiva británica el mismo día de la rendición, además de que el anuncio de la misma no sea más que una “Tregua”.

Al enfocarnos en la construcción de imágenes de los líderes de cada país, también encontramos imaginarios diferentes. La Nación aquí tuvo un tono moderado, donde no se hallaron en sus noticias los tradicionales estereotipos de la imagen del enemigo habituales de un conflicto bélico. Las menciones a la clase dirigente británica estuvieron centradas en la figura de Thatcher, construyendo la imagen de una mujer intransigente y dura que no quiere la paz. Pero su contraparte no fue tanto Galtieri, a quien las veces que se mencionó se lo describió como un líder seguro de sí mismo y firme ante las adversidades, sino que el personaje principal fue Costa Méndez, el diplomático encargado de negociar la paz. El canciller argentino fue el elegido para contraponerse a la imagen de la ministra británica, reflejando así la intención de la Argentina de llegar a una paz negociada y de evitar la fuerza. En esta construcción, se configuró la intención del diario de trasladar la idea de lo autoritario al bando británico, dando un tinte de civilidad a la dirigencia argentina.

Al contrario, Crónica, a la hora de hablar de los líderes tanto argentinos como británicos, construyó un imaginario plagado de estereotipos clásicos de los tiempos de guerra, con un alto nivel de violencia discursiva, donde todo lo positivo estaba en el bando argentino, y lo negativo en el británico. La dirigencia argentina se representó como líderes a la altura de las circunstancias, con la energía y el carácter necesario para afrontar y ganar una guerra. Mientras tanto, los ataques a la primera ministra, pero así también a la monarquía británica, construirán imágenes de estos como seres ridículos, ineficientes, incapaces, así como ruines, violentos, y bestiales. Además, se cruzaron a estas imágenes estereotipos de género de la época, que complementarán los ataques contra Thatcher, así como a la Reina Isabel II. Para el diario argentino Thatcher es una vieja, fea, loca e incapaz, a la vez que es el demonio, un vampiro, y hasta un nuevo Hitler.

En las representaciones más colectivas, es decir las que se dieron alrededor de noticias sobre las fuerzas armadas y las sociedades de cada país, parece haber un patrón que se sostiene, principalmente cuando los diarios se refieren a las sociedades y fuerzas bélicas de los británicos. Para La Nación, las descripciones sobre los británicos estuvieron casi ausentes del conflicto, mientras que para Crónica estuvieron muy presentes, para hacerlos parte o desprestigiarlos.

En las páginas de La Nación, si algo particular recorrió la mirada sobre las fuerzas armadas enfrentadas, fue la de un análisis sobre el quehacer bélico. Muchas noticias durante todo el conflicto fueron análisis sobre el arte de la guerra, con mapas explicativos, detalles de las armas utilizadas, y comentarios de expertos. También se dio una construcción positiva al hablar de las fuerzas armadas argentinas, resaltando su eficiencia y preparación, además de ser efectivos con alta moral y patriotismo. En cambio, la adjetivación al referirse a las fuerzas británicas va a estar muy ausente durante gran parte de la guerra, y solo avanzado el conflicto, o para momentos específicos como el hundimiento del Belgrano, se remarcó que los británicos son tramposos, es decir, que se saltan las reglas de la guerra, además de maltratadores, como lo reflejaron noticias que denunciaban abusos a prisioneros de guerra argentinos. Para finales de la guerra la idea de un “eficiente David” y un “tramposo Goliat” terminó de generarse en referencia a las fuerzas enfrentadas, ya que el bando argentino sostuvo una férrea defensa en inferioridad de condiciones contra británicos que con superioridad de medios sufrieron numerosas bajas.

En cambio, en Crónica se dio una construcción diferente. Analizando la imagen de las fuerzas armadas nacionales podemos encontrar similitudes con La Nación, ya que en notas sobre los mismos se los reflejó como un cuerpo disciplinado, bien equipado y con alta moral y patriotismo. Pero Crónica profundizó menos el aspecto más analítico, para enfatizar el rol de héroes de los soldados argentinos, héroes que a la vez están muy cerca de su pueblo. Asimismo, a la hora de describir a las fuerzas británicas la mirada es otra. En el bando británico conviven los más contradictorios aspectos negativos que uno pudiese encontrar en alguna fuerza armada. El diario los describió como una banda de inútiles, cobardes, ebrios y degenerados, que a su vez pasan a ser los bárbaros más sanguinarios que existen, para luchar sin respetar la más mínima convención de la ley de la guerra. Sus motivaciones son el afán de lucro y el saqueo. Estas construcciones conviven y se aplican según cuál sea la noticia publicada.

Si de noticias sobre las sociedades de cada país hablamos, La Nación construyó una imagen de solidaridad de la sociedad argentina y casi ausentismo de la británica en relación a la guerra. Si bien las notas de este tipo no tienen un lugar tan preponderante en las páginas del diario, se construyó una representación de que el pueblo argentino acompañó la causa Malvinas. Las islas hermanaron a la sociedad argentina e hicieron que deje de lado sus conflictos internos. Además, muchas noticias reflejaron como el pueblo se comprometió con la guerra, ya sea saliendo a manifestarse o colaborando activamente con donaciones, acciones de defensa civil o demás actividades socioculturales del país. De la sociedad británica hubo muy pocas noticias, donde los sentimientos que primaban fueron la apatía en un primer término, a la crítica leve hacia las acciones del gobierno británico. Pero de nuevo, de igual modo que con las noticias sobre las fuerzas armadas, resaltó el tono analítico en las páginas de La Nación, ya que también se publicaron noticias que reflejaban la problemática de una guerra en términos sociales, como ejemplificaban las notas sobre los ciudadanos “angloargentinos”.

Para Crónica en cambio, las noticias sobre la sociedad argentina ocuparon un lugar importante. Más que sociedad, para el caso de este diario, debemos hablar de “pueblo” como concepto específico. El diario detalló en numerosas noticias cómo el pueblo argentino estuvo en lucha codo a codo con sus fuerzas armadas para sostener la soberanía sobre Malvinas. El apoyo se vio reflejado en manifestaciones variadas, así como en las donaciones que los argentinos realizaron para el esfuerzo de guerra, ya sea de manera particular o desde diferentes empresas e instituciones. Pero también Crónica buscó visualizar el apoyo de la ciudadanía argentina en todos los espacios posibles, por más insignificantes que sean. La causa Malvinas se reflejó en espectáculos deportivos como en el futbol, y hasta en las pequeñas cosas, como en poner de nombre “Malvina” a niñas recién nacidas, hasta noticias sobre niños que pretendían ofrecerse de voluntarios para pelear junto a las fuerzas armadas, y de personas comunes que querían dejar todo para acompañar la lucha por las islas. Y al hablar del pueblo británico, también se marcó un matiz particular, ya que Crónica no construyó para nada una imagen negativa de la sociedad británica, sino que buscó resaltar cómo en realidad hay un apoyo importante de esta sociedad hacia la causa argentina. Crónica replicó opiniones de figuras de la política británica contra el gobierno de Margaret Thatcher, así como manifestaciones que se dieron en suelo inglés pidiendo por la paz y una retirada de las fuerzas británicas del frente bélico. Según el diario, el pueblo británico entendía la razón argentina.

Finalmente, en las noticias sobre el ámbito internacional parecería que ambos medios llegaron a coincidir en muchas de sus representaciones. Tanto Crónica como La Nación van a reflejar noticias donde la gran mayoría de los países latinoamericanos y algunos del Tercer Mundo estuvieron del lado de la Argentina, y en diferentes formas generaron esfuerzos para ayudar a dar solución al conflicto, y que este sea favorable al país sudamericano. Asimismo, la gran mayoría de los países europeos, sumado a los Estados Unidos, se vieron más inclinados a dar apoyo al Reino Unido, con las excepciones de España, Italia e Irlanda. En Latinoamérica, la excepción a la regla es Chile, que se verá como un claro colaborador británico, mucho más marcado este aspecto en las páginas de Crónica.

Sin embargo, fue en La Nación donde, en función de su perfil editorial, hubo una construcción particular acerca del supuesto apoyo o ayuda de algunos países, principalmente de los EEUU, así como la mirada hacia países del bloque socialista. En primer lugar, La Nación tuvo una esperanza muy fuerte de que los EEUU actúe a favor de la Argentina a lo largo del mes de abril, cuando se daban las principales negociaciones diplomáticas, pero también cuando estas posibilidades ya estaban muy lejanas. Es muy difícil rastrear en sus páginas una noticia que vea de mala manera al país del norte, y si en algún momento ya no se pudo ocultar el apoyo norteamericano al Reino Unido, este se interpretó según el diario solo como un error. Por otro lado, el apoyo que países del bloque socialista le manifestaron a la Argentina siempre se vio en La Nación con cierta distancia, marcando la idea de que entablar algún contacto con estos, como fue en su ejemplo máximo el viaje de Costa Méndez a Cuba a la reunión de No Alineados, no sacaba a la Argentina de su tradicional espacio en el occidente capitalista, liberal y republicano. Al contrario, si vemos Crónica y exploramos noticias similares, al diario de Héctor Ricardo García no le tembló el pulso en hablar mal de los EEUU o de cualquier otro país que apoyase al bando británico, así como de esperar ayuda sin ningún prejuicio de cualquier país del bloque socialista, ya que en definitiva la causa Malvinas estaba por encima de cualquier otra cosa.

Para ir finalizando, a lo largo de este libro, hemos podido dar luz sobre un aspecto particular de la Guerra de Malvinas. Nos hemos adentrado en un análisis sociocultural de esta guerra, analizando cómo se configuraron representaciones sobre la misma en medios de prensa gráfica nacional, alimentando una cultura de guerra particular para la sociedad argentina. Aspecto que aún no había sido estudiado desde la profundidad y el perfil que se propuso en este trabajo.

El elegir como fuente de nuestro análisis a los diarios La Nación y Crónica no es una cuestión al azar. Como sostiene Tato, los medios de comunicación, en este caso los diarios, cumplen el rol de mediadores culturales, intermediando en la generación de representaciones que una sociedad construye. Pero a su vez, como sostiene Chartier, las representaciones están cruzadas, por un lado, por un lenguaje acorde que comparten el emisor y el receptor del mensaje, así como por relaciones de dominación, dado que no es a igual la representación de un diario a la que produce cualquier individuo de la sociedad. Es ahí donde los diarios tienen su relevancia, ya que lo que en ellos se produce, permea en la sociedad argentina y se vuelve sentido. Específicamente, muchas de las representaciones que se generaron desde estos medios durante el conflicto de Malvinas se volvieron parte del sentido común en la sociedad civil argentina durante la guerra y luego de la misma.

Teniendo en cuenta esto, es aquí donde nos parece relevante nuestra investigación. El dar luz sobre las representaciones en medios gráficos en la Argentina sobre Malvinas, puede ayudarnos a entender los sentidos generados alrededor de la guerra, los dilemas políticos que el conflicto plantea, y cómo estos se van transmitiendo de generación en generación dentro de la sociedad argentina. Además, el estudio de medios de comunicación siempre es importante para comprender su papel como mediadores y creadores de sentido y realidad para parte importante de nuestra sociedad. Entender estos mecanismos puede dar luz sobre los comportamientos de la misma población local.

Podemos llegar a inferir también, realizando un ejercicio imaginario, que las memorias sobre la temática Malvinas de los lectores de ambos diarios sean distintas, asimiladas a los perfiles de cada diario, generando una memoria social muy rica sobre las islas y el conflicto bélico, pero que también pueden llegar a ser contradictorias y que generen debate. Si imaginamos a un lector de cada diario rememorando hoy día cómo vivieron el conflicto de Malvinas, quizá no piensen lo mismo respecto del rol de la comunidad internacional, o de la mirada sobre los esfuerzos de la población, y de cuán correcto fue el accionar de los británicos en la guerra. Un observador atento podría afirmar que en la memoria de estos dos sujetos no está solo en lo que leyeron en la prensa, sino que también está su opinión personal, sus experiencias a lo largo de estos años, y muchos otros factores más. Pero lo que no se puede negar, es que lo construido en los medios nacionales, generó un sentido y permeó en estas personas. Podemos entonces inferir que la memoria no es algo unívoco, sino que parte de representaciones cambiantes y hasta contradictorias, donde hay pugnas de sentido.

Asimismo, esta investigación nos hace dar cuenta de la importancia que tienen los medios de comunicación a la hora de construir imaginarios, y de poder ir moldeando el sentido común de las sociedades consumidoras de medios y noticias. Cuestión que creemos es muy importante para tener en cuenta hoy día, que con la proliferación de nuevas plataformas digitales a donde informarnos y comunicarnos, cada vez es más complejo distinguir lo real de lo ficticio, o lo que genuinamente uno cree respecto de algo, o si lo que piensa fue condicionado externamente.

Finalmente, y volviendo estrictamente a la disciplina de la historia, creemos también que lo visto aquí constituye un posible puntapié para dar lugar a nuevas investigaciones sobre esta temática de la Guerra de Malvinas, para ayudarnos a comprender uno de los grandes dilemas de la historia argentina, que sigue vivo y genera tensiones en nuestra sociedad actual.



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