Víctor Alarcón Olguín[1]
Introducción general. Comparación y vida cotidiana
Actualmente, una de las herramientas más usuales que están presentes dentro del razonamiento humano se refiere a lo que conocemos como el recurso de la comparación, el cual permite que todo individuo pueda establecer una vinculación directa con los procesos, actores e instituciones con las que convive, ya sea desde espacios como pueden ser su entorno vecinal, municipal, regional, nacional o internacional (Morlino, 2010; Lichbach y Zuckerman, 1997). A partir de ello, la comparación se emplea justamente como un recurso del análisis lógico-racional, de orden conceptual y teórico. Esto permite estar en condiciones de problematizar el nivel de influencia prevaleciente dentro de los contextos en que se desenvuelven los seres humanos, para así arribar a niveles relevantes de eficacia en el desarrollo de los mecanismos decisorios con los que se deben atender las necesidades de la población que participa en dichos sistemas de convivencia, a la par que tener criterios sólidos de evaluación asociados a la manera con que se perciben las condiciones del desarrollo, el bienestar o las carencias que enfrentan las poblaciones (Nohlen, 2013; Badie y Hermet, 1993).
La acción regular con la que se guían las decisiones particulares o colectivas de los individuos se remite entonces a trazar una estrategia metodológica que permita obtener los medios adecuados para fijar la delimitación de un objeto de estudio, asumiendo con ello la revisión exhaustiva de sus condiciones y características, con lo cual se podrán derivar a su vez patrones de regularidad conducentes a definir si estamos ante una circunstancia que se presenta de manera constante, o si bien estamos ante un contexto o situación extraordinarios, mismos que demandan condiciones de observación y recopilación de la cantidad de datos o información tanto como sea posible (Geddes, 2003; Ragin, 1987).
Dichas acciones se ven asociadas entonces con lo que se conocerá como un proceso de acercamiento de carácter intensivo (que busca crear una descripción profunda del fenómeno o problema identificado). Y gracias a esto, se pueden establecer inicialmente acciones de organización y sistematización de dichos datos existentes para dar enunciados de carácter explicativo (que se conocen entonces como hipótesis, mismas que nos permiten dar una idea de cómo un actor, proceso u institución se asocia con –o es explicado por– circunstancias existentes en derredor suyo) (Landman, 2011; Mackie y Marsh, 1995).
Generadas estas explicaciones que parten de situaciones o contextos particulares, tenemos que valorar si pueden considerarse y examinarse dentro de un radio de influencia y cobertura, con lo que se define ahora la necesidad de realizar un proceso de análisis amplio, que complemente el primer paso realizado. La extensión de un análisis permite desplazarnos así hacia más de un caso o circunstancia concreta, lo que nos abre la posibilidad de un ejercicio que demanda la combinación de otras perspectivas, con lo que lo social se vuelve un asunto de alcance multidimensional y multidisciplinario (Mair, 2001). Una de sus cualidades más relevantes se remite a la posibilidad de generalizar pautas o tendencias que ubican la regularidad y la permanencia continua de los fenómenos, procesos y actores bajo estudio.
La producción de conocimientos robustos, con buenos márgenes de certeza acerca de las causas y condiciones con que se presentan, nos dice además mucho sobre lo que se puede establecer como un error común al momento de realizar comparaciones, como lo es la expresión coloquial de intentar vincular o confundir “peras con manzanas”; o confundir “a un gato con una liebre”, lo que ejemplifica acciones conocidas como “estiramientos” de tipo conceptual o teórico-explicativos, que en realidad son falsas generalizaciones o falacias generadas por una mala práctica en el procedimiento de aplicación metodológico (Sartori, 2011; Collier, 1994).
Como puede advertirse, la condición de emprender comparaciones resulta una acción habitual que implica preguntarse si ello puede realizarse mediante acciones sistemáticas de mayor alcance, con el empleo de estrategias o recursos más elaborados, como lo sería apoyarse en técnicas de procesamiento estadístico, en la generación de experimentos o cuasiexperimentos, cuya característica es simular situaciones del tipo “¿Qué pasaría si…?” al introducirse elementos que sirvan como factores de control para así poder medir justamente los niveles de intensidad, extensión o variabilidad con que el objeto de estudio reacciona e interactúa –implícita o explícitamente– en el marco de las condiciones existentes, y compararlas precisamente con aquellas creadas en forma ad hoc. Con ello, la comparación también puede verse desde un horizonte de tipo predictivo (Gerring, 2014; Sartori, 1994).
Un segundo recurso relevante para definir las condiciones de un objeto de estudio a través de la comparación es situarlo dentro de un marco histórico-temporal. La historia y el tiempo permiten ubicarnos en torno a establecer si estamos ante una situación que emerge en el contexto de lo que en términos de duración podemos llamar coyuntura (estableciéndose así un momento específico o limitado en el tiempo con el cual se pretende observar y entender el funcionamiento de una problemática concreta existente de una sociedad); o si bien podemos hablar de ciclos, plazos o eras de mediana o larga duración, que tienen la característica de establecer tendencias regulares en el funcionamiento y el desarrollo de los propios sistemas de producción e interacción social (Pierson, 2003).
Para cerrar con esta idea introductoria, no puede descartarse como tercer elemento la presencia del factor espacial/territorial, por cuanto también podemos comparar unidades de observación que se mueven dentro de ámbitos muy acotados; o bien estamos frente a la posibilidad de generar acercamientos que tengan una cobertura más amplia, lo cual nos pueda llevar a entender cómo se dan dichos procesos entre comunidades, regiones, países o entidades institucionales, a efecto de asumir si hay condiciones o características que los llevan a cooperar, aislarse o entrar en conflicto (O’Neil, 2022; Nohlen, 2013 y Landman, 2011). De esta manera, preguntas habituales que nos formulamos acerca de la condición general o excepcional que posee un problema abren la pauta para utilizar la comparación como un instrumento de apoyo muy relevante con el cual estamos en condiciones de poder someter todo tipo de fenómenos a dicho esquema inquisitivo. ¿Qué tan comunes o excepcionales son? ¿Han durado así por siempre o han evolucionado al paso del tiempo? ¿Tendemos a ser cada vez más similares o diferentes con respecto a otras realidades?
El empleo de la comparación como recurso y herramienta conceptual y metodológica es por ello un aporte significativo que poseemos los seres humanos para explicarnos la realidad, y especialmente con respecto a los ámbitos que están asociados con el devenir político, social, económico o cultural. Por tanto, puede llegarse a afirmar que todo proceso, actor o institución es susceptible de ser comparado.
Si observamos con detenimiento el cuadro 1 que se presenta a continuación, el proceso comparativo forma parte de un accionar encauzado bajo las premisas del desarrollo científico, mismo que es una respuesta a la consiguiente evolución y desarrollo de nuestras sociedades, las cuales buscan generar una identidad (ontología) que explique adecuadamente las razones de su existencia, así como propiciar teorías y acciones empíricas (metodología) que nos ofrezcan soluciones puntuales a nuestros problemas habituales, mediante su eliminación o al menos su reducción y control. Es cierto que rara vez se pueden obtener resultados con cierta durabilidad, e imposible es que sean situaciones cubiertas de una vez y para siempre, en función de que los propios intereses humanos son cambiantes y demandan nuevas necesidades, asociadas indefectiblemente a su propia naturaleza.
Cuadro 1. Esquema del desarrollo científico
Tradiciones de investigación (TI) |
| problemas empíricos problemas conceptuales | (pe no-r) (pe r) (pe a) |
Ontología (O) Metodología (M) | |||
Nota: (pe no-r) problemas empíricos no resueltos | |||
Fuente: Estany (1990, p. 115).
Ahora pasaremos a reflexionar cómo la comparación ha sido situada y empleada dentro del campo propio de las llamadas ciencias sociales, con el afán de ofrecernos elementos de apoyo para generar una mejor comprensión de los asuntos públicos, especialmente los relacionados con la gestión de las instituciones, procesos y espacios, así como la interacción entre instituciones e individuos, la cual se expresa en el ejercicio de la distribución de bienes de alcance y goce común, lo que nos lleva así a los contextos de alcance político.
La metodología comparada como recurso específico de estudio en las ciencias sociales
Como se mencionó en la sección previa, el proceso de comparación es generar conocimientos orientados hacia una evaluación y toma de decisiones pertinente, partiendo primero de ubicar la singularidad de una problemática, para luego valorar las condiciones de su extensión y permanencia en contraste con otras, ya sea porque se considera que poseen un origen similar o bien porque parten precisamente de ubicar una situación inédita o diferente con respecto a lo habitual. Esto se desarrolla mediante la aplicación de mecanismos que permiten un control/evaluación acerca de la constancia o variación con la cual se observa el desempeño, trayectoria o comportamiento de los procesos y actores que sean los objetos de análisis. Los elementos de la comparación pueden partir de situaciones simples, para luego moverse hacia procesos y dinámicas complejas.
Como punto de partida tenemos los estudios de caso (case studies), en donde se trabaja específicamente en las condiciones de evolución mostradas por la unidad de análisis seleccionada. Partiendo de esta premisa, se puede pasar a la revisión de todas y cada una de las características que se consideren relevantes para su ponderación y evaluación. En su clásico trabajo sobre la política comparada y el método aplicable a ella, Arend Lijphart destaca la importancia de iniciar con ejercicios basados en el estudio de caso, dado que es un punto de referencia que puede terminar desarrollando muy diversas derivaciones a partir del conocimiento intensivo del que se parte, en tanto es una unidad, actor o problemática en específico lo que se revisa; para posteriormente pasar a la generación de varias opciones que se enumeran de la siguiente manera:
- Estudio de caso ateórico. De naturaleza meramente descriptiva, sin que se emita algún juicio de valor alrededor del proceso, actor o institución seleccionada. Responde a preguntas del tipo ¿qué es?
- Estudio de caso de interpretación. En el cual se trazan objetivos de análisis que tratan de resaltar algún elemento configurativo como su rasgo característico, justamente al momento en que se proceda a compararlo con otro. El tipo de cuestionamiento del que se parte es: ¿por qué se manifiesta de una determinada manera?
- Estudio de caso de generación de hipótesis. A partir de la singularidad que se puede ubicar dentro del actor, proceso o institución, se presenta la condición de emitir una explicación plausible que permita valorar si lo que se observa es o no verdaderamente excepcional dentro del marco contextual en el cual surge dicho objeto del análisis. Funciona como complemento y extensión del estudio de tipo interpretativo. El tipo de pregunta del que se parte es: ¿su existencia es causada o se motiva por la existencia de procesos endógenos o exógenos?
- Estudio de caso de confirmación de teorías. Particularmente es significativo este tipo de ejercicio en función de que un mismo objeto ha sido sometido a varias observaciones, y con ello se pueden establecer lecturas más puntuales acerca de la naturaleza y condiciones de su desarrollo, así como si afecta o no el contexto donde se mueve, de modo que ofrece elementos de semejanza para alentar la presencia de tendencias que sostengan procesos en sentido positivo.
- Estudio de caso de falsación de teorías. En el sentido contrario a lo postulado en el anterior inciso, este tipo de ejercicio parte más de una postura escéptica o incluso francamente negativa con respecto a la presencia y condiciones con las cuales se desarrolla el problema identificado. Se remite a negar o contradecir a partir de exaltar las diferencias.
- Estudio de caso de divergencia. En este aspecto, se reivindica el carácter de la excepcionalidad del problema analizado, por lo que implica abiertamente pensar en conceptos, teorías e hipótesis completamente distintas a lo que se tiene identificado en un determinado contexto. A diferencia de los esfuerzos de orden general, esta perspectiva se mueve dentro de un marco en extremo de naturaleza particularista (Lijphart, 2008, p. 237).
Partiendo de esta característica inicial, en los procesos de comparación política se aplican varios principios generales:
- Debe generarse un proceso de control que busque un caso cero, que sirva como parámetro de referencia.
Logrado este elemento, el estudio de caso seleccionado puede permitir el desarrollo de mecanismos de vinculación con otros, ya sea mediante la lógica de resaltar sus coincidencias (most similar) o bien a través de sus diferencias (most different).
Si recuperamos el ejemplo planteado por un pensador clásico como John Stuart Mill, el planteamiento lógico de proceder mediante los factores de contrastación o analogía entre casos permite valorar la relación causal que se presenta, por ejemplo, partiendo de los escenarios de una vinculación mínima, entre dos individuos o grupos; entre un individuo y un grupo; entre una institución y un individuo o grupo; o bien entre dos instituciones. Y también podemos situarlos con respecto a procesos políticos específicos, lo que posibilita contextualizar aspectos de tratamiento, como la aplicación de medidas dentro de los gobiernos tanto en los ámbitos locales, nacionales o globales. Con ello, las escalas de cobertura y abstracción a emplearse pueden ser tan mínimas o amplias como las capacidades de recursos, tiempo y datos así lo permitan, a efecto de obtener el factor crucial que permita valorar cómo estos actores, procesos e instituciones puedan arribar a elementos de análisis que ofrezcan regularidad y consistencia en sus evaluaciones y decisiones. Como puede verse en el cuadro 2, la utilización de la estrategia de proceder a la comparación a partir de generar contrastaciones entre el caso de partida con respecto a otros, para definir qué tan diferentes o similares son, conlleva entonces definir cuál es el llamado elemento o factor crucial que permite identificar los alcances de dicha singularidad de partida. Dicho de otra manera, un actor puede tener patrones de comportamiento variables, pero estos no pueden rebasar ciertos límites, que son precisamente los que hacen posible agruparlos e incluirlos dentro de una misma tipología o clasificación:
Cuadro 2. Método de concordancias y diferencias según John Stuart Mill

Fuente: Bartolini (1994, p. 109).
Ahora bien, como se ha mencionado, las condiciones del método comparativo no escapan a los elementos de orden cualitativo y cuantitativo que permiten darle sustento al nivel de causalidad y explicación de los fenómenos sujetos a interpretación y evaluación. Con la comparación no solo se pretende vincular, sino incluso predecir y encauzar los propios procesos, a partir de lo que en la tradición científica se denomina identificar el campo de aplicación y el grado de complejidad desde el cual se plantean dichas acciones en el plano decisional.
Siguiendo a Anna Estany en la figura 1 que se expone a continuación, las comparaciones que promueven el uso extensivo e intensivo de los factores cuantitativos y cualitativos implican que el primer rasgo (amplitud) se puede ver fortalecido precisamente mientras más casos tengamos (n-grande con muchos casos), en tanto que los elementos cualitativos (si se mantiene una n-pequeña con pocos casos o uno solo) se desplazan hacia la obtención intensiva de elementos más variados, aunque no haya tanta oportunidad para repetir observaciones con frecuencia, lo que nos conduce precisamente a identificar los factores de observación sincrónica (el caso o casos ubicados en un mismo contexto temporal), y las observaciones diacrónicas (que implican que el caso o casos observados puedan abordarse desde dos momentos temporales distintos), lo que también ayuda a señalar factores de variabilidad y tendencias con respecto a predecir los comportamientos o posibles cursos de acción que puedan manifestar los objetos de estudio.
Figura 1. Tipologías de explicación científica

Fuente: Estany (1990, p. 145).
De acuerdo con otro importante autor como lo es Bartolini (1994), los elementos aquí presentados nos llevan entonces a que podamos abordar de manera más articulada la interacción de las diversas propiedades y capacidades explicativas que pretendemos otorgarle al proceso de la comparación en un marco de interacción compleja, y en la medida que ello permite establecer el lugar propio que ocupa dentro de los modelos de análisis político y cómo con ello se pueden valorar todas las dimensiones que concurren dentro de la construcción de conocimientos que deben verse tanto en su dimensión temporal, su lógica causal y el marco intensivo/extensivo que podemos darle a partir de la selección de casos que asumamos respondan a lo que se desea comparar. Veamos así la figura 2 a continuación:
Figura 2. Matriz de datos / casos y estrategias de investigación

Fuente: elaboración propia a partir de Bartolini (1996, p. 45).
De esta manera, el proceso de la comparación debe enfrentar sesgos importantes y al mismo tiempo reconocer que la capacidad de observación y contextos desempeñan un factor de influencia que no se puede separar al momento de intentar arribar a resultados y conclusiones. Desde la perspectiva de Dieter Nohlen, el método comparativo tiende a presentarse bajo expectativas de análisis con alcances extensivos y generalizadores, situación propiciada más por los elementos que otorga la ciencia de datos y el manejo procesal amplio que se apoya en el uso de software informático y estadístico igualmente más robusto. Sin embargo, la crítica a esta ruta de promover la metodología comparada hasta ahora debe sacrificar –e incluso distanciarse– de los elementos de tipo histórico, moral o cultural, lo que conlleva un debilitamiento sustancial con respecto a la validez explicativa de los hallazgos generados.
Como puede verse en el cuadro 3, Nohlen identifica cuatro vertientes del método comparativo ampliado: a) el histórico-genético, que nos permite establecer las dinámicas y los elementos explicativos de un proceso precisamente a partir de identificar su procedencia temporal y configurativa: b) los estudios comparativos cualitativos, que ponen énfasis en rasgos específicos y cómo permanecen o se ven alterados por la lógica propia de los sistemas sociales que los sustentan: c) los estudios comparativos cuantitativos, que, como se ha mencionado, apuestan a obtener generalizaciones a partir de la repetición y el control de los procesos observados; y finalmente d) el enfoque histórico-empírico, que esencialmente intenta revelar la evolución y permanencia de patrones surgidos desde las propias capacidades desarrolladas por los actores o instituciones con respecto a los retos que usualmente han enfrentado y que se pueden constatar gracias a la evidencia disponible.
Complementario al punto anterior, en el cuadro 4, Nohlen nos muestra que dichos enfoques igualmente ofrecen diferencias sustanciales cuando se pretende trabajar en ámbitos que respondan a los factores de una descripción más profunda de los procesos, con lo que justamente se tiende a desestimar el factor de contar con muchas observaciones o series de tiempo, a efecto de enfatizar en los testimonios o coyunturas críticas cruciales que marcan un horizonte explicativo tendiente a las condiciones de excepcionalidad en las que se presentan dichos procesos y las maneras en que fueron acometidos por los propios actores.
Cuadro 3. Comparación de los enfoques comparativos
según dos puntos de mira obvios y sencillos
Enfoques | Cantidad de casos | Centralidad de las propiedades singulares |
Histórico-genético | Uno | Altísima |
Comparativo-cuantitativo | Mayor número posible | Ninguna |
Comparativo-cualitativo | Número reducido | Relativa, dependiente del diseño de investigación |
Histórico-empírico | Número reducido | Relativa, dependiente del diseño de investigación y del contexto |
Fuente: Nohlen (2013, p. 66).
Cuadro 4. Comparación de los enfoques comparativos
según dos puntos de mira más focalizados y más indicados
Enfoques | Diferenciación conceptual | Centralidad del contexto |
Histórico-genético | Baja | Baja, descuidada o negada |
Comparativo-cuantitativo | Baja, tendencialmente en contra | Baja, negada, metodológicamente descartada |
Comparativo-cualitativo | Alta | Alta, importante |
Histórico-empírico | Alta | Alta, decisiva |
Fuente: Nohlen (2013, p. 68).
En este caso, cabe recuperar aquí que el control crucial de los procesos comparativos intenta llevarnos a rasgos relevantes tales como la parsimonia (armonización e intercomunicación eficaz entre todas las partes integrantes de un proceso), a efecto de proporcionarles estabilidad y continuidad en su desempeño de corto, mediano y largo plazo.
Una vez hecho este recorrido sucinto sobre las estrategias existentes con respecto a qué y cómo comparar, cabe cerrar entonces esta sección asumiendo que la presencia de los diversos elementos construidos con el paso del tiempo se halla en una íntima relación con la propia evolución de la naturaleza histórica y social de nuestras sociedades, y con el tipo de estructuras que se han diseñado a efecto de atender las exigencias de su propia supervivencia. Ahora se pasará entonces a abordar cómo la comparación se vinculó concretamente con el desarrollo específico de la ciencia política y el estudio de las condiciones de orden macro, meso y micro que la entrecruzan, para así dar una respuesta efectiva al entendimiento del desempeño de procesos como la conformación de los gobiernos, sus estructuras y las implicaciones de que sus actividades sean concebidas como parte de la manifestación de grandes tendencias dentro del comportamiento colectivo.
Tradiciones y usos de la política comparada
La ciencia política se ha configurado como una disciplina que busca obtener conocimientos que le permitan resolver sus preguntas canónicas más recurrentes: ¿cuál es la mejor forma de gobierno y cómo debe ejercerse un adecuado esquema organizativo e institucional para lograrlo? ¿Cómo y de qué manera se puede garantizar una adecuada participación y representación en los asuntos públicos? ¿Cómo garantizar que las personas gocen en todo momento de derechos, libertades y niveles de calidad de vida acordes con sus deseos y capacidades existentes? ¿Existen modelos ideológicos, estilos de liderazgo, países, actores o mecanismos que se destaquen precisamente por cumplir de manera adecuada con dichos estándares? Evidentemente, nuestras preguntas no pueden abarcar de manera total todas las posibles rutas con las cuales intentar dar respuesta a estas interrogantes. Sin embargo, resulta muy interesante valorar la manera en que la comparación ha estado claramente vinculada con la reflexión política y la de otros campos del conocimiento social.
Desde la antigüedad más remota, el uso de la comparación está presente dentro de los pensadores políticos más insignes, aunque la mayoría de las veces estará presente solo para aludir o describir situaciones que permitan justificar un argumento de alcance general. Sin embargo, imposible no pensar en Aristóteles y la descripción que recupera el conjunto de constituciones por él conocidas dentro del mundo griego que le tocó vivir, para así exponer en su obra La Política la manera en que concibe la acción del gobierno y su propuesta específica de los tipos puros (monarquía, aristocracia y democracia) y de los tipos corruptos (tiranía, oligarquía y demagogia). De manera análoga, en el mundo de la cristiandad y hasta el Renacimiento, el uso de la comparación permite rescatar muchos ejemplos interesantes, como el empleo de la Biblia para dar sustento a las acciones y propuestas con las cuales las repúblicas o las monarquías debían guiarse bajo los principios teológicos que hacían prevalecer a la Iglesia católica por encima de los gobernantes. En ocasiones nos encontramos incluso con el uso de la ficción como un recurso que, como acontece dentro de la Utopía, de Tomás Moro, trata de establecer la descripción alusiva a un conjunto de pueblos que contrastan con la realidad agotada de las monarquías absolutistas. En un sentido más moderno, acorde con el avance del propio racionalismo y el realismo, podríamos ver a Maquiavelo como un incipiente comparativista a través del tratamiento de obras como El príncipe, la Historia de Florencia o sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Podría afirmarse lo propio con autores como Thomas Hobbes desde el Leviatán, con el cual trata de hacer una justificación de las verdaderas bases lógicas del gobierno empleando toda suerte de ejemplos bíblicos o paganos.
Un salto significativo puede hallarse con el caso del El espíritu de las leyes o las Cartas persas, del Barón de Montesquieu, quien será de los primeros en introducir elementos explicativos, como el clima, para dar cuenta del carácter y la naturaleza cultural de los pueblos, intentando así generar una premisa condicionante de orden causal del porqué unas naciones son más proclives a la implantación de ciertas costumbres, las cuales repercuten en la adopción de modelos de gobierno específicos. De igual manera, podemos darnos una idea de la evolución del pensamiento político gracias a la presencia de pensadores decimonónicos como Alexis de Tocqueville, cuya obra La democracia en América es un hito relevante en lo relativo a la construcción incipiente de un estudio de caso, dado que emprende un examen exhaustivo de los elementos configurativos de la primera República moderna, y de qué manera aspectos propios como la tolerancia religiosa, la pretensión de homogeneidad racial y la adopción de mecanismos electivos permitían identificarla como una naciente nación claramente vinculada con la industria y el progreso.
Desde el lado opuesto de la trinchera social, no puede omitirse la lectura de Carlos Marx, a partir del examen propio del capitalismo y sus bases de operación dentro de la Europa Occidental, lo cual le permite crear un conjunto de leyes para observar la necesidad de que todo país debe moverse dentro de premisas generales si desea tener un adecuado funcionamiento de sus estructuras de acumulación y ganancia. Pero al mismo tiempo, fue un lector capaz de analizar las interacciones crecientes de un mundo cada vez más intercomunicado y que demandaba como respuesta la organización de los más desposeídos. La Lucha de clases en Francia, el 18 Brumario de Luis Bonaparte o incluso el Manifiesto del Partido Comunista expresan las condiciones con las cuales el análisis comparado era una fuente sólida para demostrar, histórica y coyunturalmente, la dirección de los procesos que venían desarrollándose.
Otro gran exponente del análisis comparativo clásico lo podemos hallar en Max Weber, a partir de textos como La ética protestante y el espíritu del capitalismo, o igualmente en sus páginas elaboradas dentro de su magna Economía y sociedad, para vincular y sistematizar muchos de los descubrimientos hechos por parte de los pensadores de extracción marxista y liberal, y así ubicarnos en la llamada jaula de hierro, asociada con la incepción del Estado nacional moderno y su apego a la concreción de los fines de tener un mundo organizado y administrado por burocracias y organizaciones eficaces, como los partidos o sindicatos.
El proceso de difusión y empleo de la comparación cobrará un claro impulso a partir del nacimiento de los estudios sobre el Estado y el gobierno desde un punto de vista orgánico y funcional, cuestión que se abrirá de las escuelas anglosajonas en Estados Unidos e Inglaterra. Implica poder abordar una lectura que se sirva del examen jurídico, administrativo, diplomático y funcional de sus estructuras y procedimientos. Esta perspectiva hace que la comparación forme parte, primero, de las corrientes institucionalistas, y, luego, de las de tipo estructural-funcionalista.
De esta manera, el estudio de los sistemas políticos se convirtió en una asignatura obligada (hasta el día de hoy) desde la cual la comparación permitió delimitar dinámicas de orden macro para contrastar una nación con otra y, posteriormente, abordar una temática o variable común de desempeño (como por ejemplo las diferencias y similitudes entre los modelos francés, británico y estadounidense, reconocidos como los casos más evolucionados dentro de la Europa Occidental); el análisis de estos procesos políticos se colocó de cara a la situación presente en otras regiones del mundo, lo que dio paso a los llamados estudios de área (area studies), mismos que servirían primero para entender la naturaleza de los imperios coloniales en zonas como Asia o África: y la descripción de las naciones “atrasadas” como las que apenas venían independizándose en espacios como América Latina. Algunos autores relevantes que pueden citarse como exponentes de estos ejercicios a inicios del siglo XX son James Bryce (Modern Constitutions), Moisei Ostrogroski (Los partidos políticos, donde compara los casos de Estados Unidos e Inglaterra), Robert Michels (cuyo estudio Los partidos políticos pondrá énfasis en los procesos de oligarquización en dichas organizaciones a partir del caso del Partido Socialdemócrata alemán), los cuales marcaron el peso e importancia de los llamados estudios de caso.
Sin embargo, al ser demasiado acotados en su rango de observación, este tipo de estudios solo podían ofrecer descripciones o marcos teórico-conceptuales muy simples, y alejados aún de las posibilidades de proponer teorías generales comprobadas empíricamente (Szmolka y De Cueto, 2011; Apter, 2001). La siguiente etapa de la política comparada se sitúa con el desarrollo del estudio de procesos, ideologías y decisiones aplicadas. Esto se produce específicamente a raíz de la primera gran crisis de las llamadas democracias liberales, que conduce al nacimiento de los regímenes fascistas y totalitarios, la cual se dirime a partir de la defensa del modelo occidental y el capitalismo en el marco de las dos guerras mundiales, y de manera posterior se agudiza con la llamada Guerra Fría entre los modelos estadounidense y soviético como paradigmas de la organización mundial. También se presenta el nacimiento del amplio marco de instituciones internacionales (ONU, la hoy Unión Europea o el Banco Mundial y el FMI), que facilitan la creación de regímenes de conducción económica y política diversos, con la consiguiente discusión que se abre acerca de las estrategias del desarrollo, la modernización, la dependencia o el aceleramiento de la descolonización y la oposición a pertenecer a alguna de las dos esferas rivales, de modo que se crea la opción del “Tercer Mundo”.
La cantidad de autores a mencionar aquí sería imposible de consignar, pero resulta interesante que el proceso de comparación pudiera abrirse hacia un conjunto vasto de temáticas (cultura política, grupos de interés, movimientos sociales, medios de comunicación, entre otros) y con ello, el espacio para emprender trabajos extensivos más ambiciosos por cuanto se pueden emitir valoraciones prescriptivas más sólidas que en el pasado (Szmolka y De Cueto, 2011 y Apter, 2001).
Finalmente, podemos hallar una etapa que puede denominarse la base de lo que se llama nueva política comparada, la cual se detona con los procesos de caídas de los modelos pretorianos y autoritarios existentes en varias regiones del mundo, con lo que se reabren los procesos de globalización y transición a las democracias en el marco de las posturas neoliberales. Igualmente, es un periodo crítico para las políticas asociadas con los llamados Estados de bienestar y de alcance socialdemócrata, como los que habían imperado en algunas naciones occidentales. Surgen constantes revisiones y alusiones al agotamiento del esquema capitalista para dar paso a las gestiones conservadoras de corte asistencialista o clientelar, como acontece en muchos países colocados en los límites del subdesarrollo político y económico, lo cual impide consolidar sus gobiernos sobre bases estables. Fenómenos como la migración, la transnacionalización, la calidad de las democracias o la articulación de una naciente conectividad gracias al nacimiento de la red internáutica son factores sustanciales que cambian la óptica de cómo estudiar los procesos de socialización y participación en la política.
Los enfoques de estudio se han enriquecido gracias a la introducción de perspectivas como la elección racional y la teoría de juegos, lo que ha hecho que los análisis se sofistiquen gracias al uso de bases de datos más robustas y la presencia de intercambios más amplios en la confección de estudios que cuentan ahora con la participación experta de personas provenientes de diversos países, con lo que la calidad se ha incrementado notablemente. Los enfoques de estudio se han enriquecido gracias a la introducción de perspectivas como la elección racional y la teoría de juegos, lo que ha hecho que los análisis se sofistiquen gracias al uso de bases de datos más robustas y la presencia de intercambios más amplios en la confección de estudios que cuentan ahora con la participación experta de personas provenientes de diversos países, con lo que la calidad se ha incrementado notablemente. Además, puede constatarse la apertura de nuevas perspectivas como el feminismo o el etnoculturalismo, que proponen formas alternativas o de resistencia a las maneras de hacer comparación apegadas aún al canon metodológico tradicional generado desde el llamado Norte.
Otra parte igualmente atractiva es el desarrollo de los llamados enfoques subnacionales, según los cuales se busca abordar con toda minuciosidad el desempeño de las políticas públicas y las bases de la gobernanza, como, por ejemplo, en las grandes ciudades o en las comunidades, a efecto de revisar las estrategias con las cuales enfrentan a enemigos concretos, como por ejemplo el crimen organizado y la violencia e inseguridad que producen (Szmolka y De Cueto, 2011).
También tenemos que ocuparnos de los nuevos entornos geopolíticos y los modelos que promueven actores como China o Rusia, que se mantienen claramente críticos de las lecturas de Occidente y que precisamente han sido relevantes respecto del desarrollo de las narrativas de corte neopopulistas o abiertamente antiliberales, como se ha venido dando en el marco de las naciones latinoamericanas, las cuales tampoco poseen marcos sólidos de protección debido a los propios fracasos asociados con los procesos de transición y los esquemas económicos aplicados después de la caída del Muro de Berlín. Estamos claramente ante el fin de una era (Munck y Snyder, 2020).
Apostilla final
Cierro este sucinto y apretado ejercicio de revisión panorámica acerca del desarrollo e impacto que posee el análisis comparado con la expectativa de que quienes lean estas líneas se interesen por acercarse a personajes de la talla de Seymour Martin Lipset, David Easton, David Apter, Gabriel Almond, Stein Rokkan, Jean Blondel, Juan Linz, Robert A. Dahl, Charles Tilly, Barrington Moore, Sidney Tarrow, Ronald Inglehart, Philippe C. Schmitter, Giovanni Sartori, Guillermo O’Donnell, Marcos Kaplan, Fernando Henrique Cardoso, Theda Skocpol, Margaret Levi, Kathleen Thelen, Elionor Oström, cuyas aportaciones son un punto de partida insustituible.
No hace muchos años, México se veía a sí mismo como una ínsula excepcional, surgida como producto de un régimen posrevolucionario que combinó por largo tiempo un esquema de estabilidad macroeconómica con un escaso nivel de involucramiento y práctica democrática. Por breve tiempo, nos abrimos al ejercicio de intentar modificar ese curso de acción mediante reformas políticas y económicas de diverso tipo. Estamos ahora en medio de un nuevo ciclo global de erosión y reducción de las expectativas asociadas con la presencia de una democracia plural, con instituciones basadas en contrapesos y responsabilidades de controles mutuos al interior del Estado, y de este de cara a la ciudadanía mediante la creación de esquemas promotores de la transparencia, la rendición de cuentas y la alternancia competitiva en el poder. El retorno a formas de ejercicio político que modifican las condiciones generales de la institucionalidad del gobierno demanda justamente tener una mirada y una intencionalidad comparativa, a efecto de preguntarnos si los cursos de acción y decisiones tomadas nos acercan o no a lo que queremos como régimen político. De ahí que mirarnos en el espejo de otras realidades no deja de ser un elemento más que obligado si deseamos tener un primer marco explicativo y de las situaciones a enfrentar.
Vivimos, como en cada etapa de la humanidad, dentro de un horizonte de riesgos. La erosión de las democracias, los neopopulismos, las pandemias como el covid-19, la persistencia de sociedades no igualitarias y no tolerantes entre sí, todo ello nos habla de la cantidad de eventos que se suceden alrededor de nosotros y al mismo tiempo nos mantiene dentro de la perspectiva de pensar una y otra vez en las preguntas clásicas que hacen valorar a la política como el medio para resolver nuestras diferencias, y también para abrir paso a un mundo que sea cada vez más coincidente en cuestiones como el respeto y el reconocimiento mutuos.
Fuentes de consulta[2]
Almond, G. y Powell, G. B. (1972), Política comparada. Una concepción evolutiva. Buenos Aires, Editorial Paidós.
Apter, D. (2001), Política comparada. Lo viejo y lo nuevo. En Goodin, R. y Klingemann, H. D. (eds.), Nuevo manual de Ciencia Política (vol. 1). Madrid, Istmo, 535-571.
Badie, B. y Hermet, G. (1993), Política comparada. FCE.
Bartolini, S. (1994), Tiempo e investigación comparativa. En Sartori, G. y Morlino, L. (coords.), La comparación en las ciencias sociales. Madrid, Alianza Universidad, 105-150.
Bartolini, S. (1996), Metodología de la investigación política. En Varios autores, Manual de Ciencia Política. Madrid, Alianza Universidad.
Collier, D. (1994), El método comparativo. Dos décadas de cambio. En Sartori, G. y Morlino, L. (coords.), La comparación en las ciencias sociales. Madrid, Alianza Universidad, 51-79.
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- Politólogo. Profesor-investigador titular “C” adscrito al Departamento de Sociología de la UAM Iztapalapa. Miembro del SNI. Contacto: alar@xanum.uam.mx.↵
- El material aquí incluido se concentra en presentar un listado de obras relevantes que puedan permitir una perspectiva de orden general sobre los rasgos principales asociados con la configuración epistemológica de la metodología comparativa.↵






