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Los partidos políticos: conceptos básicos para su estudio

Gustavo Martínez Valdes[1]

Introducción

Los partidos políticos son actores de gran relevancia para los regímenes políticos contemporáneos. Siguen tomando decisiones muy importantes para el funcionamiento de los gobiernos, así como respecto de la manera de ejercer la representación política y establecer vínculos con sectores diversos de las sociedades en las que operan, a la par que se vuelven filtros importantes en la renovación de las clases políticas dirigentes, entre otras actividades que realizan para el funcionamiento de los regímenes políticos.

Si bien los partidos políticos son objetos que comenzaron a surgir, como tales, a mediados y finales del siglo XIX en las democracias más consolidadas, a la vez que se instalaron como actores políticos durante el siglo XX, ahora, en los albores del siglo XXI, continúan manteniendo gran relevancia política. Pero esto no supone que las organizaciones partidistas de la actualidad no hubieran sufrido transformaciones importantes durante el periodo de su existencia actual.

Desde la disciplina de la ciencia política, que tuvo su mayor desarrollo y consolidación durante el siglo XX, de acuerdo con Hay (2002), los partidos políticos y los sistemas de partidos se convirtieron en uno de los objetos de estudio centrales. Y esto se ha traducido en que hoy en día se cuenta con una gran cantidad de investigaciones sobre estos, que analizan una diversidad de temas que van desde la conceptualización de dichos objetos, así como su devenir, enfoques teórico-analíticos para su abordaje, otros centrados en las maneras en que se han transformado dichas organizaciones y las modificaciones en los formatos y dinámicas de competencia entre ellos, además de otras muchas líneas de investigación más amplias y actuales.

Al momento en que este texto es escrito, si bien se reconoce la amplitud temática existente en los estudios sobre los partidos políticos, se sigue coincidiendo en el postulado de Schattschneider, que planteó que los regímenes políticos[2], y especialmente las democracias, son impensables salvo en términos de los partidos políticos (Abal Medina et al., 2024, p. 5; Schattschneider, 1941, p. 1).

Ante la relevancia que siguen ejerciendo los partidos políticos en el funcionamiento de los regímenes políticos, y la diversidad y amplitud de investigaciones sobre dicho objeto de estudio, en el presente texto se presenta un panorama sobre los postulados básicos existentes en el subcampo de investigación politológica centrada en los partidos políticos.

Para ello se presentan las conceptualizaciones clásicas de dichos objetos de estudio, así como los enfoques teóricos básicos que se han presentado para comprender el origen y desarrollo, así como tipologías más recurridas sobre los partidos. Esto, con la esperanza de que dicha descripción panorámica de los postulados básicos de este subcampo de estudio sea útil para que los lectores, especialmente alumnos de nivel pregrado, encuentren una hoja de ruta sobre la manera en que se ha construido y organizado el conocimiento.

El presente documento se divide en cuatro grandes apartados. En el primero se hace una revisión de las conceptualizaciones básicas de cada objeto, con el fin de identificar las características contenidas en cada definición, para reflexionar sobre sus alcances y límites analíticos. En el segundo apartado se revisan las condiciones históricas en las que surgieron los primeros partidos políticos, y esto permitirá reconocer la importancia del momento originario sobre el desarrollo posterior de la organización partidista. En el tercer apartado se revisan algunos enfoques teóricos sobre el desarrollo de los partidos, así como criterios que han sido utilizados para la construcción de tipologías clásicas de los partidos políticos.

En el cuarto apartado se describen las funciones básicas de los partidos, a la par que se reflexiona sobre la manera en que estos las realizan cuando están condicionados por el tipo de régimen político dentro del que se desempeñan. Esto permite identificar no solo la función que realizan los partidos, sino, además, el sentido político de su actuar.

Al final del texto se presenta una serie de anotaciones sobre la utilidad de los postulados clásicos para el análisis de estos objetos de estudio en la actualidad, así como una reflexión sobre sus limitaciones analíticas.

Los partidos políticos: elementos fundamentales

Los partidos políticos han sido actores políticos muy dinámicos en los regímenes políticos, desde su origen y hasta la actualidad. La complejidad de su estudio radica no solo en los diversos roles que estos desempeñan en cada uno de los ambientes políticos donde interactúan, sino que también se encuentra en función de la manera en que son concebidos analíticamente por los investigadores interesados.

Esta diversidad se revisa a continuación a partir de presentar definiciones básicas de los partidos políticos, así como enfoques analíticos sobre dichos objetos, sus funciones dentro del régimen político y tipologías de estas organizaciones.

Uno de los retos básicos para comprender lo que son y lo que hacen los partidos políticos ha consistido en conceptualizarlos para identificar sus características particulares, así como los ámbitos en los que se pueden encontrar en la realidad. Sin embargo, definir a estos objetos de estudio ha sido un reto constante en el subcampo de la ciencia política, pues, como refirió en su momento Ware (2004, p. 25), definir a un partido político es como intentar definir a los elefantes, uno sabe cuándo tiene a uno enfrente pero no es posible caracterizarlo de manera completa.

De esta manera, se pueden encontrar distintas definiciones sobre lo que es un partido político, como por ejemplo:

  1. Para Edmund Burke (1942, p. 289), un partido político “es un cuerpo de personas unidas para promover un interés nacional, basado en un principio particular en el cual están de acuerdo”.
  2. Para Anthony Downs (1973), el partido es, en un sentido amplio, una coalición de personas que buscan controlar el aparato del gobierno por medios legales. Por coalición se refiere a un grupo de individuos que tienen en común ciertas metas y cooperan entre sí para lograrlas.
  3. V. O Key Jr. estableció que un partido político es un grupo de un tipo particular, que se pueden encontrar de formas distintas en varios ámbitos sociales, a las que se refirió como “partido en el electorado”, “partido como grupo profesional”, “partido en la Legislatura” y “partido en el gobierno”. Para el autor, al referirse al partido aludiendo a estos grupos, la noción es aplicable a distintos agrupamientos que se pueden denominar partido, que interactúan más o menos de manera cercana y que en ocasiones se comportan como si fueran un solo grupo (Key, 1942).
  4. Leon D. Epstein (2000) propuso que un partido político es cualquier grupo, flojamente organizado, que pretende elegir a futuros gobernantes bajo cualquier marca.
  5. Joseph Schlesinger (1994) planteó que un partido político es un grupo organizado que busca ganar control sobre el gobierno en nombre de un grupo más amplio, mediante su triunfo en elecciones para cargos públicos.
  6. John Aldrich (1995, p. 15) refirió que los partidos políticos pueden ser vistos como coaliciones de élites que buscan capturar y hacer uso de los cargos públicos. Pero un partido es algo más grande que una coalición. Un partido es una coalición institucionalizada, puesto que adopta reglas, normas y procedimientos.

Estas definiciones son apenas una pincelada de la gran diversidad que existe en la bibliografía del subcampo de estudio respectivo dentro de la ciencia política. Sin embargo, se debe tomar en cuenta que cada una de ellas hace énfasis en algún aspecto particular de los partidos. Por ejemplo, la postura de Burke lo hace en el aspecto ideológico que une a los integrantes del partido, mientras que las posturas de Epstein, Schlesinger y Aldrich se enfocan más en el acceso a los cargos públicos. Las definiciones presentadas por Downs y Key parece que también buscan tomar en cuenta a los partidos como estructuras de intermediación o coordinación del electorado para que, a su vez, permitan a sus líderes acceder a los cargos públicos.

De esta manera, se puede observar que cada definición pone el acento en una parte característica de los partidos políticos, la que cada autor busca resaltar para comprender los comportamientos de dichos objetos de estudio, a la vez que la capacidad de “viajar” de cada concepto estará en función de la connotación y denotación de cada definición.[3]

Si bien hoy en día existe una gran cantidad de definiciones de dicho objeto de estudio, una manera innovadora para agruparlas se puede encontrar en la propuesta de Abal Medina et al. (2024, pp. 9-18), donde se identifican cuatro clases de conceptualizaciones: i. definiciones pragmáticas, ii. definiciones mínimas, iii. definiciones funcionalistas de los partidos políticos y iv. definiciones intermedias.

Dentro del ámbito de las definiciones pragmáticas se pueden agrupar las propuestas mencionadas arriba de Downs, Schlesinger y Epstein. Estas se consideran en dicha categoría, ya que se toman como referencia, al menos, dos atributos definitorios: tener un determinado fin (una meta): la de ocupar cargos en el gobierno, y obtenerlos según un determinado medio (un procedimiento): el de competir en elecciones debidamente constituidas (Abal Medina et al., 2024, p. 9; Epstein, 2000).

De modo que estas definiciones centran su atención en aquellas organizaciones que buscan acceder a cargos públicos y, para hacerlo, deben insertarse en el ambiente electoral. Fuera de ello, otro tipo de organización, o de función política, no será tomada en cuenta, y por ende no se “encontrará” a ningún partido político para analizar.

Otra clase que permite agrupar a las definiciones de partidos políticos es aquella denominada como definiciones mínimas. Aquí se puede ubicar la propuesta de G. Sartori (2002), que tuvo gran influencia en la subdisciplina de los partidos políticos tras la publicación del libro en el año 1976.

La propuesta de Sartori plantea que un partido político es “cualquier grupo político identificado con una etiqueta oficial que se presenta a elecciones y es capaz de hacer elegir, a través de elecciones (libres o no), candidaturas para los cargos públicos” (Sartori, 2002, p. 56).

Esta definición se clasifica como estrecha, pues limita el alcance para identificar a organizaciones políticas que puedan ser consideradas como partidos políticos, dado que estas últimas deberán cumplir con los requisitos establecidos en la definición (etiqueta oficial, presentarse a elecciones, capacidad de elegir candidatos y acceder a cargos públicos).

Sin embargo, siguiendo a Abal Medina et al. (2024, p. 10), las definiciones estrechas o mínimas han sido cuestionadas tanto por no incluir a organizaciones a las que difícilmente se les pueda negar la condición de partidos políticos, como por incluir a otras que no deberían ser reconocidas como tales. Un ejemplo de ello ocurre en regímenes no democráticos, de corte autoritario, en los que se puede permitir la existencia de partidos políticos que están impedidos para contender en elecciones o están proscritos, y se limita su participación electoral.

La tercera clase de definiciones propuesta es aquella que se categorizó como definiciones funcionalistas. Las conceptualizaciones que aquí se pueden incluir centran su atención en las funciones que realizan los partidos políticos, y no tanto en la organización partidista ni en su capacidad para postular candidatos a cargos públicos, ni en la necesidad de que actúen solamente en el ámbito electoral.

Este tipo de definiciones suelen centrar su atención en dos grandes funciones que llevan a cabo los partidos: i. la de representación social (o ascendente) y ii. la del gobierno del Estado (o descendente) (Sartori, 2002). Aquí se puede ubicar la definición de partido político propuesta por Sigmund Neumann (1965), que toma en consideración dos funciones básicas que debe realizar todo partido político: la agregación y expresión de intereses sociales (agregación vertical) y la coordinación de élites políticas (coordinación horizontal).

Sin embargo, intentar definir las funciones básicas que debe realizar cualquier partido político se torna un trabajo subjetivo y valorativo de parte del analista, pues se confronta con la gran diversidad de actividades, roles y funciones que puede llevar a cabo cualquier organización partidista, condicionada por los regímenes políticos en los que se desenvuelve.

De manera que

… este aspecto valorativo es especialmente visible en las definiciones exigentes, que reservan la denominación partidos para las organizaciones que cumplen condiciones que la literatura tiende a considerar normativamente valiosas. Esta perspectiva, sin embargo, mantiene el problema de excluir de la definición a un conjunto muy amplio de unidades a las que comúnmente se las conoce como partidos (Abal Medina et al., 2024, pp. 14-15).

Finalmente, una cuarta clase es aquella identificada como definiciones intermedias. Aquí se pueden agrupar las conceptualizaciones propuestas por Duverger (2002), LaPalombara y Weiner (1966) y Ware (2004).

Siguiendo a Abal Medina et al. (2024, p. 15):

  1. Por un lado, M. Duverger define a los partidos a partir de dos atributos: que su principal objetivo sea el de conquistar el poder estatal y que cuenten con una base amplia de apoyo (Duverger, 2002). Por supuesto, la base amplia de apoyo puede acercar esta definición al grupo de las exigentes, pero lo que nos interesa es que en lugar de reducir la exigencia a la participación electoral, lo que aquí se pretende de un partido es que aspire a contar con apoyo en la sociedad y que también cuente con algún nivel de estructura organizativa que permita el accionar partidario.
  2. Por otro lado, LaPalombara y Weiner (1966) señalan que para que exista un partido deben darse cuatro condiciones esenciales: 1) la existencia de una organización duradera y estable; 2) que dicha organización esté articulada de tal modo que las organizaciones de carácter local tengan lazos regulares y variados con la organización en el ámbito nacional; 3) la voluntad deliberada y consciente del grupo de conquistar, ejercer y conservar el poder político; 4) la búsqueda del apoyo popular para conseguir sus fines (especialmente, pero no exclusivamente, en elecciones libres y competitivas).
  3. Mientras que Alan Ware propuso una definición con varios componentes que permite trabajar con un concepto que es generalizable y analíticamente útil a la vez: “Un partido político es una institución que (a) busca influir en el Estado, generalmente tratando de ocupar posiciones en el gobierno, y (b) usualmente consiste en algo más que un interés en la sociedad y trata, en algún grado, de agregar intereses” (Ware, 2004, p. 5). Esta definición tiene la ventaja de atraer la atención hacia la centralidad del Estado como objeto de la actividad partidaria, así como de reconocer que muchos partidos “están en el gobierno”.

Por su parte, las críticas a este tipo de definiciones intermedias de los partidos políticos plantean que

… por un lado, no restringen la fauna partidaria a los casos en los que existe competencia electoral –como lo hacen las definiciones mínimas–, incluyendo a los partidos únicos y en general a toda organización que busque el poder político ya sea mediante estrategias competitivas, restrictivas o revolucionarias. Pero, por otro lado, tampoco suponen una exigencia basada en criterios excesivamente normativos, ya que no requieren la “prueba ácida” de la ideología o de la eficaz agregación de intereses sociales (Abal Medina et al., 2024, p. 16).

Este panorama de conceptualizaciones sobre el objeto empírico que se busca aprehender mediante las definiciones de partidos políticos muestra que, en principio, existe una gran diversidad de maneras de entender lo que hacen los partidos, así como las características que los integran.

Por otro lado, existe siempre el riesgo analítico del estiramiento de los conceptos, de manera que no cualquier definición del partido político servirá para abordar empíricamente a cualesquiera de los partidos políticos. Por ello, siempre, será importante que el lector revise con cuidado las definiciones existentes de los partidos políticos y reflexione sobre los alcances y límites analíticos de cada conceptualización para, al final, evaluar cuál es la que mejor permite aprehender al objeto de estudio y si, también, aporta los elementos característicos de interés a observar empíricamente.

No se debe olvidar que las definiciones que usamos en el ámbito de la ciencia política, así como en las ciencias sociales, son los anteojos que usamos para observar la realidad. La graduación de dichos anteojos depende de la connotación de las conceptualizaciones, y ello delimita qué tan extensa o estrecha será la denotación que nos permitirá observar en la realidad.

Desarrollo de los partidos: orígenes y enfoques analíticos

Entender el origen de los partidos políticos puede ser de utilidad para aterrizar el debate existente dentro de la diversidad de conceptualizaciones de estos objetos, pero también permite ubicar cuáles son las posturas existentes sobre su desarrollo posterior.

Una característica relevante de los partidos políticos es que se ubican como actores relevantes que emergen dentro del funcionamiento de los regímenes políticos de sociedades modernas.

De acuerdo con R. Cotarelo (1985), si bien no existe un momento único para identificar el origen de los partidos, en cambio sí se pueden reconocer tres momentos históricos para ubicar el contexto propicio para su inicio.

El primer momento histórico se establece con la división de facciones whigs y tories en la integración del Parlamento inglés en el siglo XVII.

El segundo momento consiste en la división de facciones republicanas y federalistas conformadas en los Estados Unidos de América (EE. UU.), en el momento posterior a la Independencia.

Estos dos momentos históricos estuvieron marcados por la creación de divisiones de opinión dentro de comunidades políticas, las que, a su vez, pudieron integrarse en grupos identificables o facciones.

El tercer momento se encuentra en la Reforma Electoral implementada en Inglaterra en 1832, denominada Reform Act, mediante la que se amplió el sufragio electoral ya no solo a los nobles ingleses, sino que se extendió a los ciudadanos de aquel país. De manera que se masificaría el acto de la votación.

La manera en que estos momentos históricos influyeron en el origen de los partidos políticos consistió en que, por un lado, dichas facciones sirvieron de base para la formación de organizaciones estables y con carácter permanente posteriores, que dieron paso a las estructuras partidistas, especialmente dentro de regímenes liberales.

Esto permitió que los partidos fueran reflejo del pluralismo político existente dentro de sociedades sujetas a procesos de modernización industrial y sociopolíticos. De manera que fueron un apoyo en el proceso de institucionalización del conflicto existente dentro de las comunidades políticas. Además, los partidos se convirtieron en medios viables para encauzar y organizar la participación política, especialmente en aquellas sociedades modernizadas donde la masa social comenzaría a adentrarse en el ámbito político (Cotarelo, 1985, pp. 13-27).

A partir de estas consideraciones históricas sobre el momento originario de los partidos políticos, dentro de su subcampo de estudio se han construido diversas teorías para explicar la creación de estos fenómenos sociopolíticos. Siguiendo a Bartolini (1993), estas propuestas analíticas se pueden agrupar en dos grandes enfoques:

  1. Un enfoque histórico-conflictivo, que “pone el acento en la formación de divisiones socio-estructurales fundamentales, en particular las relativas a los procesos de formación del Estado y de desarrollo industrial que constituyen la base para la existencia de identidades colectivas y de grupos y movimientos potencialmente en conflicto” (Bartolini, 1993, p. 236).
  2. Un conjunto de explicaciones centradas en la relevancia de las instituciones políticas de las sociedades políticamente modernas, especialmente enfocadas en dos:
    1. Un primer tipo de institución política fundamental que tuvo influencia sobre el surgimiento de los partidos se refirió a las reglas del sistema electoral, especialmente aquellas que tendieron a ampliarlo a diversos grupos y sectores sociales. De manera que desde este primer enfoque institucional “se hace remontar a la ampliación del sufragio, que pone las condiciones para la disponibilidad de un amplio mercado electoral y, por consiguiente, da lugar a tendencias competitivas con fuertes consecuencias organizativas en los partidos políticos” (Bartolini, 1993, p. 236).
    2. “En segundo lugar están ligadas al desarrollo de las instituciones democrático-representativas y en particular al de los parlamentos” (Bartolini, 1993, p. 236). Este factor institucional influyó sobre el origen de los partidos políticos pues, por un lado, los representantes políticos se instalaron como actores políticos relevantes, con recursos e intereses necesarios para incentivar la participación y representación política de representados, y, por el otro lado, se convirtieron en organizadores de estructuras partidistas necesarias para promover la movilización política de sus electorados.

La importancia de entender el origen de los partidos políticos o su “momento originario” (Panebianco, 1995) radica en que “los partidos sufren profundamente la influencia de sus orígenes” (Duverger, 2002, p. 15). Esto condicionará, en gran medida, su desarrollo posterior.

La manera en que ello ocurrirá, de acuerdo con Panebianco (1995), será mediante los condicionamientos impuestos por tres elementos presentes en el momento originario del partido:

  1. El elemento de la presencia de una organización patrocinadora del partido, pues esto influirá sobre la orientación de las lealtades políticas entre sus miembros. En la medida en que exista una organización externa al partido, y que le sirva como patrocinadora, entonces los integrantes partidistas orientarán sus lealtades políticas hacia el exterior del partido mismo, debilitando su nivel de institucionalización.[4]
  2. El modelo de construcción de la coalición dominante, que consiste en la vía por la que se creó la coalición de liderazgos que se instaló como la élite al frente de la organización. De acuerdo con Panebianco (1995), existen dos modos básicos en los que se puede crear dicha red de liderazgos: ya sea por la penetración territorial, es decir, la existencia de un “núcleo” central en el que se sustenta la formación inicial del partido y el cual, posteriormente, “penetra” o se expande hacia otras zonas periféricas del territorio para, así, ampliar el tamaño de la organización partidista. El otro modo consiste en el modelo de la difusión territorial, donde se carece de un “núcleo” central y en cambio se cuenta con una coalición de liderazgos “periféricos”, los que crean una red para, luego, integrar un núcleo del partido, pero que fungirá como mero coordinador de la red, dado que las decisiones relevantes recaerán en dicha coalición de liderazgos “periféricos”. En última instancia, el autor italiano reconoce la posibilidad de un tercer modelo para la construcción de la coalición dominante del partido, pero que es el resultado de la combinación de un proceso de difusión y penetración territorial. Finalmente, la manera en que se construya la coalición dominante tendrá muchos efectos sobre las decisiones organizativas que llevarán a cabo el desarrollo posterior del partido político, especialmente aquellas que afecten la manera en que se distribuirá el “control político” dentro de la organización partidista.
  3. La presencia (o ausencia) de un liderazgo carismático es un elemento fundamental, de acuerdo con Panebianco (1995), que influirá fuertemente tanto en la creación del partido como en su institucionalización posterior. De acuerdo con el autor italiano, un liderazgo con características “carismáticas” sería de gran ayuda al momento de la formación inicial del partido político, pues puede atraer a diversos actores políticos, ciudadanos y electores a su causa. Sin embargo, este factor puede convertirse en un riesgo para asegurar la estabilidad y la consolidación de la organización partidista, pues si el liderazgo llega a instalar sus decisiones personales sobre las del partido, hará de este último un “vehículo” para sus intereses políticos particulares, de modo que se corre el riesgo de que la fortuna del partido esté ligada a la fortuna del líder partidista. En cambio, planteó Panebianco (1995), el liderazgo partidista también puede ayudar a fortalecer la institucionalización interna del partido, siempre y cuando este se preocupe por cumplir y vigilar el cumplimiento de las reglas formales de la organización misma. Esto supone que el partido no sea usado como el “vehículo” para transportar solo los intereses personales del líder, sino que también sea prioridad la supervivencia de la organización partidista.

Una vez sopesada la relevancia del momento originario de un partido político sobre sus procesos posteriores, en la bibliografía sobre los partidos políticos, de acuerdo con Cotarelo (1985, pp. 20-26), se han instalado tres enfoques para reflexionar sobre el devenir o desarrollo de los partidos mismos.

Por un lado, se encuentra el enfoque analítico, que integra a las teorías institucionales y que identifica que el desarrollo de un partido político depende de la manera en que este se adapta tanto a los cambios ocurridos en el ámbito parlamentario como a los procesos electorales (Cotarelo, 1985, p. 20).

Por otro lado, se ubica al cúmulo de teorías centradas en el cambio histórico, que son explicaciones que ponen el énfasis en los momentos de crisis y rupturas históricas que fueron ocurriendo en los sistemas políticos tradicionales. Estas rupturas y conflictos históricos dieron paso a la conformación de líneas de discusión o clivajes (Lipset y Rokkan, 1992) al momento de conformación de la comunidad política. De manera que los partidos son entendidos, bajo este enfoque, como organizaciones que surgieron como reflejo o representantes de los sectores sociales emergentes, y su presencia es útil para institucionalizar el conflicto social en los procesos políticos. El desarrollo de los partidos políticos dependerá de la manera en que estos se vayan adaptando a los cambios en los grupos sociales a los que representan, especialmente aquellos que definen los clivajes políticos existentes.

Un último enfoque analítico para entender el desarrollo de los partidos consiste en aquellos abordajes que recuperan las teorías del desarrollo. Estas plantean que los partidos son el producto de la modernización social (Cotarelo, 1985, p. 20). No necesariamente suponen que existan clivajes sociales, sino que los partidos son organizaciones capaces de adaptarse a los cambios ocurridos en los ambientes en que se desempeñan primordialmente. Especialmente, se centran en los ámbitos electorales y parlamentarios. De manera que los cambios ocurridos en los ambientes tendrán un efecto en los cambios adaptativos que implementará cada partido y, a su vez, influirán en la configuración de la coalición dominante, o, dicho de otro modo, afectarán la distribución de poder político dentro de la élite partidista.

Tipologías de los partidos

El estudio del desarrollo de los partidos políticos, si bien cuenta con los enfoques analíticos referidos arriba, no necesariamente permite encontrar consistencia en sus postulados al momento de evaluarlos empíricamente, así como tampoco aplicabilidad limitada para abordar realidades diversas. Esto ha dificultado la comprensión del devenir de dichas organizaciones.

Dentro del ámbito de los estudios de los partidos políticos, se instaló con fuerza la línea de investigación centrada en la construcción de tipologías partidistas. Esta se convirtió en una manera alternativa para analizar los procesos de cambio y desarrollo de dichos objetos.

Estos estudios tuvieron su arranque con los textos clásicos de Ostrogorski (1982) y R. Michels (2003), a finales del siglo XIX y principios del XX. “El primero analiza cuidadosamente los partidos maquinaria electoral de los Estados Unidos y los partidos ingleses liberal y conservador; el segundo el partido socialdemócrata alemán, es decir, el prototipo del partido de masas clasista” (Bartolini, 1993, p. 238).

A la par, M. Weber buscó sistematizar los elementos analíticos de los partidos políticos de su época con el fin de construir una propuesta de tipos ideales, y así ayudar a la comprensión de las características y funcionamiento de dichos fenómenos políticos. Ello le permitió construir los tipos de “partidos de notables” y “partidos de masas” (Weber, 2002), centrando su atención en los grupos con representación dentro de la organización.

Esta propuesta tipológica fue retomada posteriormente por M. Duverger (2002), quien optó por refinarla a partir de integrar otros elementos organizativos, como: i. el origen del partido político, ya fuese interno (cuando la organización se desarrolla desde el Parlamento y ampliando la organización electoral hacia la sociedad) o externo (cuando el partido surge desde la sociedad pero con el fin de acceder a las instituciones parlamentarias); ii. la amplitud de la participación política interna, ya sea que estuviera restringida solo a un grupo “selecto” de miembros del partido (notables) o se permitiera la participación amplia de los miembros en general de la organización (masas); iii. la estructura organizativa del partido, que se centra en la adhesión y vínculo que mantienen los miembros con la organización. La estructura puede ser directa (cuando la adhesión es individual y supone obligaciones y derechos ante el partido) o indirecta (cuando la adhesión al partido ocurre por intermediación de otra organización, como un sindicato, cooperativas, organizaciones profesionales, entre otras; y donde los derechos y obligaciones de los miembros partidistas están agrupados por dichas organizaciones “intermedias”); iv. características de los elementos organizativos de base, que se refiere a la manera en que se integran y operan los miembros del partido al momento de implementar las decisiones partidistas. Estos elementos pueden ser comités, secciones, células o milicias; y v. formas de la articulación de las unidades de base y con las organizaciones centrales, según las cuales se identificaron partidos con articulación fuerte o débil, vertical u horizontal, y centralizada o descentralizada. A partir de estos criterios, se integran las tipologías de partidos de masas y de notables de manera más compleja analíticamente, al grado de ser “todavía el esfuerzo más sistemático para construir una tipología según criterios organizativos de los partidos” (Bartolini, 1993, p. 243).

A partir del uso de otros criterios analíticos, se puede encontrar otro tipo de propuestas tipológicas, como ocurrió con el análisis de S. Neumann (1965), quien puso mayor atención en la función establecida por el partido con relación a sus miembros y grupos sociales de apoyo. De esta forma, presentó una propuesta tipológica para distinguir entre “partidos de representación individual” y “partidos de integración”, este último tipo subdividido en “partidos de integración democrática” y “partidos de integración total (o totalitaria)”.

Por otro lado, G. Almond y B. Powell (1972) construyeron una propuesta tipológica partiendo desde un enfoque funcionalista de la política, según el cual los partidos “se ven esencialmente como estructuras que poseen la función de agregar intereses articulados por otros grupos y, por lo tanto, se distinguen según el estilo predominante con el que la estructura cumple dicha función de agregación” (Almond y Powell, 1972; Bartolini, 1993, p. 243).

Estos autores plantearon la existencia de tres tipos de partidos: por un lado, identificaron al partido de “contratación pragmática”, que tiende a la agregación de varios intereses en su interior por medio de mecanismos de negociación. El tipo ideal opuesto consiste en el “partido ideológico”, “cuyo estilo de agregación está orientado hacia valores absolutos y que tiende a caracterizarse por un programa político que emerge en forma de consecuencia lógica y racional de una cierta visión del mundo” (Bartolini, 1993, p. 243). Adicionalmente, los autores propusieron el tipo del partido “particularista-tradicional”, el que “infiere sus objetivos de la tradición y el pasado y es típico de situaciones y realidades en las cuales todavía predominan formas de poder tradicionales” (Bartolini, 1993, p. 243).

Algunas propuestas tipológicas posteriores a las referidas comenzaron a retomar varios aspectos analíticos, y permitieron la creación de propuestas nuevas que buscaron adaptarse a los ambientes, cada vez más complejos, de los partidos políticos.

Un ejemplo de ello fue la propuesta de O. Kirchheimer (1980), quien identificó un cambio en el ambiente sociopolítico en el que operaban los partidos en las democracias occidentales hacia la segunda mitad del siglo XX. Contexto caracterizado por la influencia tan fuerte que comenzaron a ejercer los medios de comunicación masivos. De manera que los partidos sufrieron presiones tanto en sus características ideológicas como organizativas. A partir de revisar estos criterios analíticos y sus modificaciones, el autor opuso su propuesta tipológica de los “partidos catch-all” a los tipos de partidos de masas y de cuadros o notables.

El partido catch-all (o atrapatodo) se caracterizaría por ser “cada vez más pragmático, confiado en la imagen de masas de sus líderes y en la política de los medios de comunicación, más heterogéneo socialmente y abierto a la penetración por parte de los grupos de interés” (Bartolini, 1993, p. 244). En este sentido, el partido catch-all es una adaptación más flexible a las condiciones cambiantes de la competencia político-electoral del momento analizado.

Por su parte, A. Panebianco (1995) retomó la propuesta tipológica del partido “atrapatodo”, y dirigió su mirada analítica al perfil de los miembros de los partidos. Si bien reconoció la flexibilidad programática y organizativa de los partidos políticos, también lograría identificar que los liderazgos partidistas contarían con mayores recursos para desempeñarse exitosamente en el ámbito electoral. Esto le permitió proponer la propuesta del tipo de partido “profesional electoral”, que se caracterizaría por un papel central de políticos con competencias especializadas, débiles lazos organizativos con los miembros y mayor énfasis en vincularse con los electores, posición de preeminencia de los miembros partidistas en funciones de gobierno o representativas, financiación a través de grupos de interés o fondos públicos y fuerte personalismo político ejercido por el líder del partido (Sánchez-Ramos, 2016, p. 45).

Sin abandonar las propuestas tipológicas presentadas en la segunda mitad del siglo XX, R. Katz y P. Mair (1995) identificaron cambios en los partidos políticos. Para entender sus transformaciones, centraron su atención en el elemento de la intermediación que los partidos realizarían entre la sociedad y las instituciones estatales. El análisis de los autores reconocía que cada vez ejercían menos la función de representación social o de agregación de intereses y, en cambio, los liderazgos partidistas se preocupaban cada vez más por ejercer las funciones gubernativas y de acceso a los cargos públicos. De manera que la estructura organizativa se transformaba para asegurar mejores condiciones para competir en el ámbito electoral.

Además, los autores reconocían que el acceso a cargos públicos se había vuelto la prioridad principal de todos los partidos políticos, lo que se instala como una tendencia en el comportamiento político de las organizaciones y sus integrantes. Esto llevaría a una convergencia de intereses entre los distintos partidos en competencia electoral, lo que daría paso a un acuerdo tácito para que estos actores políticos crearan las condiciones institucionales adecuadas que les asegurasen acceder y mantenerse al frente de las instituciones del Estado.

Para ello, el financiamiento público de los partidos se convertía en un elemento prioritario para el mantenimiento de las organizaciones, a la par que los liderazgos tendían a personalizar el funcionamiento de dichas instituciones. De esta forma, “se puede afirmar que el partido político, al asumir estas características, actúa como agencia estatal. Dejan de ser los partidos los intermediarios entre el Estado y la sociedad civil para convertirse en representantes del Estado” (Sánchez-Ramos, 2016, p. 47).

Si bien el recuento de las propuestas tipológicas de los partidos políticos no se termina con la referencia a la propuesta del partido “cartel”, aquí se desea hacer énfasis en que cada uno de los autores revisados parte de un criterio analítico diferente. Y esto ha permitido que cada vez existan nuevas tipologías partidistas, a la par que el diálogo entre estas construcciones analíticas no logre un correlato muy preciso entre sí. Esto es, las propuestas parecen, hasta cierto grado, complementarias, pues cada una observa un aspecto distinto de un mismo fenómeno: los partidos políticos.[5]

Ante esta diversidad tipológica, D. Gunther y L. Diamond (2002, p. 7) presentaron una propuesta analítica para sistematizar los tipos de partidos existentes hasta el momento, y con el fin de darle viabilidad a la comparación de las categorías creadas, establecieron tres criterios de comparación:

  1. Un criterio consiste en el tamaño de la organización formal y la extensión de las funciones que lleva a cabo (y pueden variar de partidos “delgados” a partidos de élites y partidos de masas).
  2. Otro criterio es identificar si el partido cuenta con objetivos y comportamientos pluralistas y tolerantes ante el disenso o si muestra una tendencia protohegemónica.
  3. El tercer criterio se trata de establecer si sus compromisos son programáticos o ideológicos.

A partir de la combinación de estos tres criterios, los autores identificaron 15 tipos de partidos políticos, o especies de partidos, que pudieron agregar en 5 categorías o géneros (Gunther y Diamond, 2002, p. 9; Krouwel, 2006) (ver tabla 1).

Tabla 1. Tipologías de partidos políticos según sus géneros y especies

Género

Especie

Partidos de élites

Partidos de notables tradicionales

Partidos clientelistas

Partidos de masas

Partidos de clases y masas

Partidos leninistas

Partidos nacionalistas pluralistas

Partidos ultranacionalistas (protohegemónicos)

Partidos confesionales

Partidos religiosos fundamentalistas

Partidos étnicos

Partidos étnicos puros

Partidos Congreso

Partidos electoralistas

Partidos atrapa-todo

Partidos programáticos

Partidos personalistas

Partidos movimiento

Partidos libertarios de izquierda

Partidos postindustriales de extrema derecha

Fuente: elaboración propia con información tomada de Gunther y Diamond (2002, pp. 10-11).

Dichos géneros de partidos se caracterizan por:

  1. Partidos basados en élites:
    … son aquellos cuyas principales estructuras organizativas son mínimas y se basan en élites establecidas dentro de un área geográfica específica. El respeto a la autoridad de estas élites es una característica compartida por las dos especies de partidos que caen dentro de este género. Cualquier estructura de partido a nivel nacional que exista se basa en una alianza entre élites locales (Gunther y Diamond, 2002, p. 12).
  2. Partidos basados en masas:

… se caracterizan por una gran base de miembros que pagan cuotas y permanecen activos en los asuntos del partido incluso durante los periodos entre elecciones. En un esfuerzo por difundir la ideología del partido y establecer una base de miembros activos, el partido busca penetrar en varias esferas de la vida social (Gunther y Diamond, 2002, p. 16),

y buscan mantener una estructura organizativa permanente que permita la movilización constante de sus miembros.

  1. Partidos de base étnica:

… generalmente carecen de la extensa y elaborada organización de los partidos de masas. Lo que más los distingue, sin embargo, son sus lógicas políticas y electorales. A diferencia de la mayoría de los partidos de masas, no avanzan un programa (ya sea incremental o transformador) para toda la sociedad. Sus objetivos y estrategias son más estrechos: promover los intereses de un grupo étnico particular o una coalición de grupos. Y a diferencia de los partidos nacionalistas, sus objetivos programáticos no suelen incluir la secesión o incluso un alto nivel de toma de decisiones y autonomía administrativa del estado existente. En cambio, se contentan con utilizar la estructura estatal existente para canalizar beneficios hacia su clientela electoral definida particularísticamente (Gunther y Diamond, 2002, p. 22).

  1. Partidos electoralistas:

… son organizacionalmente delgados, manteniendo una existencia relativamente esquelética (sin contar las oficinas y el personal que apoyan a sus grupos parlamentarios). La única excepción a esta delgadez se produce en tiempos de elecciones, cuando entran en acción para realizar lo que es inequívocamente su función principal, la conducción de la campaña. Utilizan técnicas de campaña “modernas” (enfatizando la televisión y los medios de comunicación de masas sobre la movilización de miembros del partido y organizaciones afiliadas), y dependen en gran medida de profesionales que puedan llevar a cabo hábilmente tales campañas (Gunther y Diamond, 2002, pp. 25-26).

  1. Partidos movimientos, en estos

… si bien no existe un consenso en apoyo de una sola ideología integral o un conjunto de preferencias programáticas, este “consenso negativo” funciona como el mínimo común denominador compartido por una clientela heterogénea, y la agenda del partido gira en torno a una multiplicidad de temas no limitados a una sola esfera. No hay barreras para la membresía en el grupo, que está abierto a todos los que deseen participar, lo que hace que la base social y la orientación actitudinal de los activistas sean aún más diversas. El fuerte compromiso con la participación directa conduce a la debilidad o incluso al rechazo de la organización centralizada y el liderazgo, y a un estilo organizativo de “asamblea” a veces caótico (como mejor lo ilustra el ataque con globos de agua al ministro de Relaciones Exteriores Joschka Fischer en el Congreso de 1999 de los Verdes alemanes). Desde el punto de vista organizativo, el partido de movimiento se basa en “redes flexibles (loose networks) de apoyo de base con poca estructura formal, jerarquía y control central”. Finalmente, el partido de movimiento de izquierda-libertario enfatiza la “representación de los electores” sobre la lógica de la competencia electoral, lo que lo convierte en un socio de coalición a veces poco pragmático e impredecible (Gunther y Diamond, 2002, p. 30).

Funciones de los partidos

En el inicio de este texto se estableció que los partidos políticos siguen siendo actores políticos relevantes para el funcionamiento de los regímenes políticos. Y esto no es solo porque tomen decisiones o participen electoralmente, ni está derivado exclusivamente de que sus candidaturas puedan ganar elecciones y acceder a cargos públicos, ni se funda en que cuenten con una estructura organizativa medianamente permanente.

La relevancia analítica de los partidos políticos radica en las funciones que realizan dentro de los regímenes políticos, especialmente se deriva de su concepción como instituciones intermediarias entre la sociedad y las instituciones de gobierno y representación política (Cotarelo, 1985; Katz, 1994; Katz y Mair, 1995).

Sin embargo, en la realidad política, la gran diversidad de partidos no necesariamente realiza la misma cantidad de funciones políticas. Esto se debe a que no todos los partidos cuentan con el mismo tamaño organizativo u electoral, así como a que tampoco todos están sometidos a las mismas presiones para asegurar su supervivencia y, por tanto, no todos desempeñan el mismo rol (gubernativo o de oposición) dentro de los regímenes políticos. Todo esto conlleva que no necesariamente todos los partidos terminarán desempeñando las mismas, ni a cabalidad, funciones políticas.

De manera que, analíticamente, dentro del subcampo de estudio de los partidos políticos siempre ha existido un debate sobre cuáles son las funciones básicas que desempeñan estos fenómenos dentro de los ambientes políticos en los que se encuentran insertos. Esto se ha tornado en un debate más de corte normativo, que constantemente se está revisando.

Almond y Powell (1972) decidieron abordar esta reflexión, y partieron desde un enfoque funcionalista de la política, lo que les permitió proponer que los partidos políticos suelen realizar cuatro funciones básicas[6] en los regímenes políticos, que consisten en las siguientes:

  1. Reclutamiento político: en esta función los partidos actúan como canales de acceso al poder (o gatekeepers) y como escuelas de formación política. Es decir, son las organizaciones que identifican, seleccionan y preparan a los políticos que ocuparán cargos públicos. Esto tiene un impacto fuerte sobre los procesos de renovación de las élites políticas, así como en la vinculación entre el partido y los ciudadanos y, adicionalmente, en la estabilidad política dentro de los cargos gubernamentales.
  2. Socialización política: aquí los partidos actúan como agentes clave en la transmisión de valores y normas, de manera que pueden moldear opiniones y actitudes políticas de los ciudadanos dentro de los ambientes en los que están inmersos.
  3. Articulación de intereses: para comprender esta función, los autores parten del supuesto de intermediación sociopolítica que realizan los partidos, según la cual su papel es canalizar y representar las demandas y aspiraciones de diversos grupos sociales para transformarlas en propuestas políticas concretas que puedan ser debatidas e implementadas en el ámbito institucional. Esta función implica que los partidos realicen la agrupación de demandas sociales, elaboren y propongan programas y políticas, lleven a cabo procesos de negociación y de representación política.
  4. Agregación de intereses: aquí los partidos entablan vínculos con diversos grupos y sectores de la sociedad de los que recopilan, agrupan y organizan una gran diversidad de demandas sociales, lo que les permitirá, posteriormente, elaborar propuestas de programas y políticas, las que se busca que sean implementadas desde el ámbito gubernamental y desde la representación política. Esta función supone que los partidos cuentan con mecanismos para vincularse efectivamente con los sectores y grupos sociales (constituency) que les proveen de su apoyo político y electoral.

Si bien la propuesta de Almond y Powell se estableció como la conceptualización básica de las funciones partidistas, posteriormente otros autores han refinado esta reflexión. Aquí se retoma la propuesta complementaria de R. Cotarelo (1985, pp. 87-91), quien afinó la identificación de las funciones partidistas tomando en consideración dos elementos adicionales: i. el ámbito sociopolítico en el que se realiza la función (social o institucional) y ii. el tipo de régimen político en el que se lleva a cabo (democrático-liberal o no democrático-totalitario).

Dentro del ámbito sociopolítico en el que se desempeñan los partidos políticos, el autor (Cotarelo, 1985, pp. 90-91) identificó que los partidos realizarán, potencialmente, cuatro funciones sociales, así como cuatro funciones institucionales.

Las funciones sociales a las que hace referencia consisten en i. la socialización política, ii. la organización social de la opinión pública, iii. la representación y articulación de intereses y iv. la legitimación del sistema político.

Por su parte, las funciones institucionales consisten en i. reclutamiento y selección de élites, ii. organización y realización de elecciones, iii. organización y funcionamiento del Parlamento y iv. composición y funcionamiento del gobierno.

Una vez teniendo en cuenta dichas funciones del ámbito social e institucional que llevan a cabo los partidos, también se vuelve relevante considerar el tipo de régimen político en el que operan las organizaciones partidistas, ya sea uno de corte liberal-democrático o uno de tipo totalitario-no democrático. Pues esto último impactará en el sentido político que les imprimirá a las funciones que realizarán los partidos políticos (ver tabla 2).

Esto es, en los regímenes no democráticos, los partidos políticos buscarán ejercer sus funciones para implementar y asegurar el control político sobre la comunidad política, ya que el partido forma parte de las instituciones del Estado (Cotarelo, 1985, p. 120), mientras que en los regímenes liberal-democráticos, la representación política no puede ser ejercida por un solo partido, de manera que se instala la participación y competencia entre varias organizaciones, y los partidos buscan ejercer sus funciones sociales e institucionales para alcanzar una coalición mayoritaria de grupos y sectores sociales que les permita la supervivencia y el éxito político (Cotarelo, 1985, pp. 88-91).

Tabla 2. Funciones de los partidos políticos según el régimen político

Tipos de funciones

Régimen liberal / democrático

Régimen totalitario /
no democrático

Funciones sociales

Socialización

Generador de identidad, transmisión de ideología

Homogeneización sociopolítica, acomoda e incorpora valores y pautas a la población

Organización social de la opinión pública

Impulso de temas y postura para la disensión pública vía los medios de comunicación

Propaganda y agitación en apoyo al líder/régimen

Representación y articulación de intereses

Inclusión de diferentes intereses en la arena política y su mediación

Imposición de los intereses de la clase dominante totalizadora

Legitimación del sistema político

Generación de confianza y aceptación del sistema político, sus funciones y resultados

Generación de confianza y aceptación del sistema político, sus funciones y resultados por ser base del Estado totalitario

Funciones institucionales

Reclutamiento
y selección de élites

Competencia entre élites políticas y su circulación

Filtro, aseguramiento y reproducción de la estabilidad de la clase dominante

Organización
y realización de elecciones

Monopolio electoral competitivo, movilización y organización socioelectoral

Referendos de los cargos populares bajo vigilancia y homogeneización ideológica

Organización y funcionamiento del Parlamento

Garantes y agregadores de mayorías y acuerdos legislativos

El partido sustituye al Parlamento como foro de discusión y define las actividades legislativas

Composición y funcionamiento del gobierno

Integración del gabinete y aseguramiento de propuestas de gobierno

El gobierno se convierte en un órgano técnico del partido, su asamblea y liderazgo partidista

Fuente: elaboración propia a partir de Cotarelo (1985, pp. 88-130).

Comentarios finales

El estudio de los partidos políticos dentro de la disciplina de la ciencia política contemporánea es uno de los subcampos más desarrollados, especialmente en el siglo XX. Es en esta época donde se ubican los autores considerados clásicos, y que postularon las principales hipótesis sobre el funcionamiento de estos objetos.

Por ejemplo, se encuentra la famosa “Ley de Hierro de la Oligarquía” propuesta por R. Michels (2003), o la propuesta tipológica de M. Weber (2002), refinada posteriormente por M. Duverger (2002), sobre los partidos de notables y los partidos de masas, así como la identificación de las funciones básicas que realizan las organizaciones partidistas que plantearon Almond y Powell (1972), o las propuestas de transformaciones partidistas ante nuevas condiciones del ambiente político que dieron paso a los partidos catch-all (Kirchheimer, 1980) o, posteriormente, al partido cartel (Katz y Mair, 1995).

Sin ser un texto exhaustivo, aquí se ha presentado una hoja de ruta que busca orientar al lector interesado en el análisis de los fenómenos partidistas, especialmente a los estudiantes de nivel pregrado de la disciplina politológica, y sobre el devenir de los estudios clásicos.

Para ello, se hizo una revisión de algunas de las conceptualizaciones sobre los partidos políticos que han servido de base a la disciplina para abordar dichos fenómenos. Esta revisión presentó los alcances y límites en términos de la connotación y denotación de cada definición referida, ello con el fin de mostrarle al lector el reto analítico que supone la adopción de alguno de los conceptos al momento de intentar observar la realidad partidista, en lugar de pretender establecer una definición unívoca.

También, en esta hoja de ruta, se abordó el origen de los partidos, tanto desde algunos postulados históricos como teóricos. La intención de este apartado radica en mostrarle al lector que los partidos políticos son fenómenos recientes en términos históricos, y solo pudieron emerger a partir del condicionamiento de la modernización de las sociedades políticas. Esto permitió el auge del pluralismo político, según el cual los partidos se pueden entender como el reflejo de la fragmentación sociopolítica de las comunidades, además de que son actores que permiten institucionalizar el conflicto social.

Ante dicho panorama histórico, también se refirieron algunos enfoques teóricos que han ayudado a comprender la emergencia de los partidos, como el enfoque institucional o el histórico-conflictivo. Sin ser excluyentes entre sí, es importante reflexionar acerca de que según sea el enfoque utilizado por el estudioso de los partidos políticos, tenderá a centrar su atención en factores explicativos particulares para entender su origen, como lo propuso A. Panebianco (1995).

Independientemente de esto último, siempre será relevante recordar la propuesta de M. Duverger, quien refiere que las características en que se crea un partido político tenderán a tener un impacto en las propiedades de su desarrollo posterior.

El texto recuperó algunas ideas básicas sobre propuestas analíticas para entender el desarrollo de los partidos políticos, pues es importante considerar que estos fenómenos se han adaptado constantemente a las condiciones cambiantes de los ambientes políticos en los que se desempeñan. Para ello se identifican tres grandes enfoques teóricos que buscan explicar sus procesos de transformación y devenir histórico; sin embargo, estas propuestas analíticas suelen mostrar alcances limitados ante la gran diversidad de partidos políticos.

Frente a ello, en cambio, la línea de investigación centrada en los estudios tipológicos de los partidos ha sido una manera alternativa para analizar el desarrollo de los fenómenos partidistas. Y en este apartado se logran identificar cinco géneros básicos de partidos políticos hasta el momento, además de referir 15 especies partidistas.

Más que un trabajo concluyente, el texto de Gunther y Diamond (2002) ayuda a visualizar la complejidad que suponen los estudios tipológicos, así como la relevancia de contar con criterios analíticos claros para avanzar en la construcción de categorías de partidos políticos.

Por último, el texto presentado recuperó la importancia de las funciones que realizan los partidos dentro de los regímenes políticos. No se puede entender el quehacer de los partidos sin recuperar la variable del régimen en que operan, pues este último define –en gran medida– las características del ambiente en el que se desenvuelve y funciona cada organización partidista.

Si bien en la bibliografía se han contemplado cuatro funciones básicas para los partidos políticos, estas no necesariamente buscaron reconocer exhaustivamente lo que estos fenómenos hacen. Asimismo, es importante considerar que existe una gran diversidad de tipos de partidos, y no necesariamente todos comparten las mismas metas políticas, lo que complejiza aún más las funciones que cada uno llevará a cabo.

Independientemente de estas complejidades, este texto buscó resaltar la importancia del tipo de régimen político sobre la realización de las funciones sociales e institucionales que tienen los partidos políticos, ya que dicho ambiente le imprime un sentido político a lo que hacen, sea para ejercer el control sobre la comunidad, sea que se orienten a institucionalizar el conflicto sociopolítico.

Debido a que aquí se planteó trabajar en una guía que ayudará al lector interesado en el tema de los partidos políticos a navegar entre los textos considerados clásicos y los conceptos y postulados básicos, el documento presente no tuvo la pretensión de realizar una revisión exhaustiva de la bibliografía en este subcampo de la ciencia política. Por ello, la selección de los autores referidos se apoyó más en la revisión previa de otros textos que han servido, también, como síntesis de los análisis fundamentales en el tema.

Se considera que esta revisión de los autores básicos encuentra su complemento en el texto elaborado por Alberto Espejel, en esta misma obra, en el que se hace una revisión de las investigaciones más recientes sobre los partidos políticos. De esta manera, se espera que el presente texto haya sido útil al lector para comprender el avance de la investigación en este subcampo de la ciencia política.

Fuentes de consulta

Abal Medina, J. M., Freidenberg, F. y Scherlis, G. (2024), ¿Qué son, cómo son y qué hacen los partidos políticos? Preguntas clásicas y respuestas contemporáneas. Documento de Trabajo N 30. Observatorio de Reformas Políticas en América Latina, IIJ-UNAM y Organización de los Estados Americanos (OEA).

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  1. Doctor en Investigación en Ciencias Sociales con mención en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede académica de México. Profesor titular A de tiempo completo del Centro de Estudios Políticos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, México. Email: gustavomtzv@politicas.unam.mx, ORCID: 0000-0002-6269-7996.
  2. De acuerdo con la clasificación de regímenes políticos elaborada por The Economist Intelligence Unit, al año 2024 se identificaron 24 (14 %) países que se ubicaron como “democracias plenas”, mientras que se registraron 50 (30 %) países en la categoría de “democracias deficientes”. También se encontraron 34 países (20 %) como “regímenes híbridos” y, finalmente, otros 59 (35 %) países cayeron dentro de la categoría de “regímenes autoritarios”.
  3. Giovanni Sartori planteó que los conceptos en las ciencias sociales siempre están expuestos a problemas para su aplicación fuera del objeto particular para el que fueron creados. Y ello se debe a que identificó una relación inversa entre la connotación de las características incluidas en cada conceptualización y la denotación aplicable a la cantidad de casos empíricos. Esto es como la escalera de la conceptualización, lo cual le permitió al autor italiano reconocer que existen problemas de aplicabilidad de los conceptos cuando no se respeta dicha relación inversa, a lo que denominó como el problema del “estiramiento” de los conceptos. Ver Sartori, 1970.
  4. Siguiendo la propuesta analítica de Panebianco (1995), la institucionalización de un partido político consiste en el momento en que este logra consolidarse y se convierte en un fin en sí mismo. Esto es, su supervivencia se instala como el objetivo fundamental de todas las decisiones y acciones partidistas, aun por encima de las razones políticas que justificaron su creación, sin ser excluyentes. Y ello se logra una vez que todos los integrantes y miembros del partido político consideran que la permanencia de la organización partidista es lo primordial, puesto que, por su parte, también han estado expuestos a una serie de incentivos selectivos y colectivos que los han llevado a preocuparse por asegurar, con sus conductas y decisiones individuales, la existencia del partido mismo.
  5. Dicha complementariedad de las tipologías, basadas en criterios analíticos diversos, inclusive puede orillar a un problema teórico explicativo, pues, si no hay un diálogo basado en criterios o elementos constantes y contrastables, no queda del todo claro si las transformaciones que se observan en los partidos son cambios que sí han ocurrido o se derivan de modificaciones en el ambiente en el que se inserta cada tipología partidista.
  6. En dicho debate normativo sobre las funciones de los partidos políticos, por su parte S. Bartolini (1993, pp. 246-251) propuso, también, cuatro funciones: i. estructuración del voto, ii. integración-movilización-participación de los ciudadanos, iii. reclutamiento político y iv. agregación de intereses y de las demandas sociales.


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