Alberto Espejel Espinoza[1]
Introducción
Como afirma Bobbio (1970), la investigación en ciencia política supone la delimitación de su objeto de estudio, al tiempo que el análisis de lo político precisa referencias empíricas. Dicho de otra forma, existe una relación cercana y continua entre teoría y evidencia empírica. Haciendo propia esta afirmación, el presente trabajo intenta ofrecer un panorama actual a los estudiantes de ciencia política interesados en los partidos, en tanto actores complejos en su interior que, además, se desenvuelven en ambientes que les suponen retos importantes.
Ahora bien, los partidos han sido estudiados desde diversas miradas, cada una de ellas con alcances y limitaciones. Empero, autores como Martínez (2008) afirman la inexistencia de una teoría general de los partidos, debido a la “pluralidad de enfoques de la Ciencia Política (de los cuales) ninguno es ajeno a reduccionismos. Si un partido es una creatura organizativa, funcional, ideológica o racional es, en todo caso, una interpretación que sacrifica la totalidad del fenómeno” (Martínez, 2008). Aunado a ello, la pretensión universal del entendimiento de los partidos no alcanzó relevancia, pues no ha existido un único modelo de partido (Wollinetz, 2007), ni una evolución lineal y formal de sus estructuras (Randall y Svåsand, 2002), ni un diagnóstico absoluto (Martínez, 2009).[2]
En adición, ya que los enfoques teóricos (organizativo, funcionalista, ideológico y de la elección racional) son transversales a los ámbitos de acción de los partidos, siguiendo a Alcántara y Freidenberg (2001) se optó por una revisión de la bibliografía que tuvo como eje aglutinador dar cuenta de los acercamientos recientes en cuanto a sus dinámicas internas y externas. Por ende, se identifican dos grandes áreas de estudio: 1) ámbito endógeno (cara burocrática) y 2) ámbito exógeno (arena electoral, ámbito legislativo y gobierno).
En esa tesitura, se realizó una pesquisa de artículos académicos en los buscadores Emerald Insight y Redalyc, mediante el uso de palabras clave como: partido político, gobierno de partido, partido-legislativo, democracia interna, elecciones y partidos. De igual forma, por razones de tiempo y espacio, se hizo una pesquisa en la revista Party Politics, incluyendo textos de los últimos cinco años (2020-2024). Se encontró un total de 195 artículos. Una vez analizados el título, resumen y conclusiones, se determinó incluir 92 artículos académicos, ya que el contenido de los restantes trascendía el objetivo de este trabajo. A estos textos se sumaron algunos capítulos de libros o libros (nueve) que se detectaron de forma indirecta vía reseñas de libros.
Así, en primera instancia se observa una breve historia de las teorías en torno a los partidos, poniendo atención al origen, tipo de partido, crisis y revitalización (Martínez, 2009). A continuación, se observa la bibliografía relevante respecto de la vida al interior de los partidos, poniendo énfasis en la relación entre autoridades y militantes, según lo cual se encontraron dos grandes temas de interés: democracia interna y militancia. Enseguida se muestra el acercamiento centrado en los procesos electorales, identificando temas como: plataformas, actores y alianzas electorales. Posteriormente, se muestran trabajos enfocados en la arena de gobierno y legislativa, poniendo especial énfasis en el gobierno de partido, así como el desempeño legislativo y la influencia de la ideología y ciertos sectores sociales en la legislación.[3]
La presentación de los trabajos se guía por la distribución espacial al interior de cada temática. Por ende, primeramente, se indican los trabajos regionales, seguidos de los estudios por países de democracias consolidadas, Europa Occidental, ex URSS y Europa central, Asia, África. Luego se presentan los estudios por países de América Latina.
La historia de las teorías en torno a los partidos políticos
De acuerdo con Martínez (2009), la historia de la teoría de los partidos se puede clasificar en cuatro grandes fases en el siglo XX. En primer lugar, se encuentra la reflexión en torno al origen de los partidos. Cómo y cuándo surgen son las inquietudes que orientan tres perspectivas. Siguiendo a LaPalombara y Weiner (1966), se trata de 1) la propuesta institucional, del advenimiento de los Parlamentos y el sufragio universal; 2) una crisis que detona el origen partidario, ya sean conflictos armados, crisis económicas o explosiones demográficas que facilitan la emergencia de partidos (Lipset y Rokkan, 1967), así como 3) pensar a los partidos como secuelas del proceso de modernización, fruto de cambios socioeconómicos, mayor información, educación y tecnología (LaPalombara y Weiner, 1966).
Una segunda discusión, a mediados del siglo XX, derivó de la descripción de un momento esplendoroso de los partidos, concretamente el de masas de Duverger (1957). Un partido situado entre Estado y sociedad, capaz de representar sectores sociales, por lo que serían ideológicos, programáticos y con la capacidad de conectar a líderes con seguidores.
A esta discusión, le siguió el señalamiento sobre la crisis de los partidos derivado de la categoría de partido atrapatodo (Kirchheimer, 1980),[4] discusión que prevaleció de la década de los setenta a los noventa, y que postulaba que los cambios sociales, económicos y culturales generaron un desajuste partidista (Lawson y Merkl, 1988).
Frente a lo anterior, una cuarta parada en torno a la teoría partidista hace eco de que la crisis más bien condujo a la adaptación de los partidos a los retos de su entorno. Y es que lograron estabilidad, por lo que el cambio acontecido en sus estructuras no fue radical. De este conjunto de reflexiones, la más notable fue la de Katz y Mair (2004) y su propuesta en torno al partido cartel. Con características alejadas del partido de masas, es un partido con interpenetración entre el partido y el Estado, dejando de ser intermediario social. Es una organización que, en vez de competir, a capa y espada, mantiene relaciones de connivencia para cerrar las puertas a nuevas organizaciones, acaparando las subvenciones estatales (financiamiento, por ejemplo). Además, sus estructuras interna y externa (electoral, así como funciones de gobierno y legislativas) son autónomas. En adición, optan por la profesionalización de sus actividades, alejándose del militante y haciendo uso de las tecnologías de la información, con el objetivo de acercarse al mayor número de ciudadanos.
Temas y problemas al interior de los partidos
La discusión sobre la vida interna de los partidos es añeja y la visión que ha prevalecido es la organizativa, cuyos primeros pasos fueron los textos de Ostrogorski (1964) y Michels (1962), los cuales denotaron la sujeción del militante al dirigente y de este a la organización. En el siglo XXI, la categoría de democracia interna ha servido para retomar estas y otras preocupaciones. De Sousa, Sanches y Coroado (2023) reflexionan, mediante un trabajo multirregión, sobre la autorregulación ética de los partidos en 25 países, planteando que los partidos de derecha radical tienen una menor probabilidad de adoptar códigos de conducta/ética.
En Europa, autores como Scarrow, Webb y Farrell (2004) examinan la selección de candidatos, dirigentes y plataformas en 18 democracias consolidadas, y destacan que si bien las decisiones se han vuelto más inclusivas, no es una tendencia generalizada.
En el mismo contexto, Rahat y Hazan (2001) proporcionan un marco de análisis para comprender la selección de candidatos, poniendo énfasis en quién puede ser electo y quién elige, dando evidencia del caso israelí.
Purcell y Nagao (2023) analizan cuantitativamente 169 países y encuentran que una mayor proporción de mujeres en la dirigencia lleva a que el partido adopte posturas pro igualdad de género en el empleo.
El trabajo de Childs y Kittilson (2016) examina las organizaciones de mujeres dentro de partidos en 17 países europeos. El estudio concluye que su existencia aumenta la presencia de mujeres en los comités ejecutivos.
Entre los trabajos que incluyen dos casos, Gerbaudo (2021) analiza los partidos digitales, caracterizados por plataformas participativas en línea o de sus sitios web. Al comparar Movimiento 5 Estrellas (en Italia) y Podemos (en España), encuentra que, contrario a lo esperado, solo piden voz al militante para ratificar decisiones tomadas por la dirigencia.
Pereira, Coroado, De Sousa y Magalhães (2023) indagan la autorregulación ética en España y Portugal, y encuentran que los políticos apoyan (y el votante recompensa) divulgaciones financieras, datos de lobby y sanciones a legisladores por corrupción.
Krook y Nugent (2016) reflexionan sobre la representación política de mujeres y minorías étnicas, destacando cómo el género y la raza interactúan para moldear oportunidades en la selección de candidaturas del Partido Laborista.
En Canadá, Cross y Pruysers (2019) encuentran que los perdedores de las elecciones internas tienen más probabilidades de abandonar el partido, así como menos probabilidades de permanecer activos y comprometidos con la organización.
En el contexto asiático, Chambers y Croissant (2008) examinan la democracia interna en Tailandia. Concluyen que las decisiones son mayormente tomadas por el líder del partido o un grupo selecto, antes que por los militantes.
Lin (2004) analiza las dificultades del cambio de régimen y su relación con la democracia interna en China, subrayando la existencia de una tendencia revolucionaria con un modelo elitista y centralista, y otra democrática que busca compartir el poder con la base.
En África Occidental, Adejumobi (2007) describe la falta de marcos normativos sobre el funcionamiento de los partidos, por lo que los partidos suelen manipular los resultados de sus primarias, seleccionando candidatos que no las ganaron.
En el Sur de África, Matlosa (2007) identifica que los conflictos internos, abiertos o encubiertos, violentos o no, suelen intensificarse durante la selección de dirigencia del partido y la nominación de candidaturas.
Lotshwao (2009) analiza el Congreso Nacional Africano (ANC) y destaca que, aunque cuenta con selección de dirigentes por la base, su estilo centralizado de dirección y la fuerte disciplina limitan la influencia de la militancia en la policy.
En América Latina, Siavelis y Morgenstern (2008) proporcionan un marco analítico para comprender las implicaciones de la selección de candidatos legislativos en la gobernabilidad democrática.
Freidenberg (2005) analiza los estatutos en torno a la selección de candidatos presidenciales, y halla que usualmente no existen requisitos para la candidatura, mientras que pese a la tendencia democratizadora sobre quién elige, aún pesan las dirigencias.
Martínez y Olucha (2017) encuentran que, con base en la percepción de militantes, a pesar de las diferencias entre izquierda y derecha, las organizaciones partidistas muestran bajos niveles de democracia.
Por su parte, Flores (2021) señala que los países latinoamericanos otorgan financiamiento público y que, salvo Brasil, los partidos tienen la prescripción de ser democráticos en su interior.
En cuanto a estudios de caso, Duque (2009) analiza la selección de candidatura presidencial en Colombia, y halla un bajo grado de correspondencia entre las reglas y las prácticas informales, lo cual atribuye a la falta de legislación nacional.
Picado (2009) analiza el caso costarricense, resaltando la influencia de factores externos a los partidos que generan procesos democratizadores, tal como reformas electorales, presión de organismos internacionales y el efecto de imitación.
El trabajo de Gatto y Wylie (2022) examina cómo en el caso brasileño, las prácticas informales de los partidos, como la nominación de candidatos fantasmas y el uso de comisiones provisionales, limitan la elección de mujeres.
En México, García (2008) identifica eventos impugnados ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) por militantes del PAN, PRD, PRI y PVEM, donde, salvo el PVEM, los demás se han dotado de normas sobre democracia interna.
Alarcón (2009) analiza la selección de dirigencias y candidatos presidenciales en el PAN, PRD y PRI (1990-2008). Si bien encuentra competitividad en los tres partidos, la legitimidad del resultado ha sido más cuestionada en el PRD.
Reveles (2008) sugiere que la ideología influye en la democracia interna. El PAN tiende hacia la jerarquía y centralización por su pensamiento neoconservadurista. El PRD muestra mayor debate interno y menor respeto a la autoridad. Mientras que el PRI otorga amplio poder a los líderes por los espacios de poder y recursos que controlan.
Prud’homme (2007) sugiere que, para entender la democracia interna en México, es crucial examinar el momento fundacional y la configuración de modelos de partido.
Existen también estudios de caso en México, como el de Corona (2004) centrado en el PRD, donde plantea que la conflictividad interna y la cultura antidemocrática han provocado divisiones y un deterioro de la imagen del partido.
En torno al PAN, Reynoso (2005) señala que la selección de dirigentes vía el Consejo Nacional puede ser interpretada como poco democrática, pero igual como un diseño institucional que prioriza las jerarquías sobre la masa.
Una crítica a los estudios sobre democracia interna sería que en la mayoría de los casos se enfocan en el análisis de los estatutos, lo cual en contextos como el latinoamericano puede ser insuficiente. Aunado a ello, los análisis también suelen ser coyunturales.
Una segunda veta sobre lo interno es el estudio de la militancia. En Europa, Kolln y Polk (2016) destacan la incongruencia ideológica de las militancias, atribuyéndola a actores autointeresados propensos a evaluar negativamente su dirigencia, votar por otro partido o abandonar la militancia.
Scarrow y Burcu (2010) enfatizan la disminución de la militancia en Europa, pese a la aparición de mecanismos de participación interna. Ponce y Scarrow (2014), en ese sentido, advierten que esta reducción impacta en la capacidad de movilizar electoralmente. Mientras que Mair y Van Biezen (2011) atribuyen la disminución de la militancia en 20 democracias europeas (1980-2000) al efecto de la individualización de las preferencias sociales y políticas, así como la desconfianza en las instituciones.
Por otro lado, el trabajo de Wauters (2018) analizó en 22 países europeos por qué los militantes emprenden acciones no institucionalizadas. Descubre que los militantes de oposición son más propensos a boicots y a firmar peticiones en línea, y aquellos más a la izquierda tienden a participar más en protestas callejeras.
En cuanto a estudios en profundidad, Hooghe y Dassonneville (2014) analizaron el caso de Bélgica (1981-2010), en el cual identificaron que los militantes siguen desempeñando un papel crucial como vínculo entre el partido y la sociedad. En el mismo contexto, Wauters (2010) descubrió que, en Bélgica, la principal motivación del militante para participar es su deseo de impactar en las políticas que el partido implementa.
En cambio, Fisher, Denver y Hands (2006) demostraron que, en Gran Bretaña, una derrota electoral puede desmotivar a los militantes. En ese mismo contexto, se ha señalado que la disminución del activismo puede atribuirse a las demandas de tiempo en el trabajo, el hogar o el ocio y a la escasa necesidad de los partidos de movilizar (Seyd y Whiteley, 2004).
En Asia, Koo (2021) analiza los casos de Taiwán, Corea y Mongolia, y encuentra, mediante una encuesta de activistas, que el efecto positivo de la motivación política es sólido en los partidos pequeños, mientras que es atenuado en los grandes.
Por su parte, en América Latina, Lázaro (2017) indaga las formas de participación de la militancia en la región, así como el surgimiento de la independencia política como respuesta a la crisis de los partidos y el crecimiento de los movimientos independientes.
Cozachcow (2018) se enfoca en la militancia juvenil en los partidos oficialistas de Argentina y Brasil, así como en las implicaciones del cambio de gobierno a oposición que desencadenaron procesos de renovación dentro de los partidos.
Piñeiro y Rosenblatt (2017) clasifican a los activistas políticos en categorías como leales, leales ambiciosos y ambiciosos, en los partidos de Chile, Costa Rica y Uruguay.
En cuanto a las investigaciones enfocadas en un solo país, Jave y Uchuypoma (2016) analizan la militancia juvenil en Perú, indagando las expectativas, motivaciones, demandas e incentivos que los partidos les ofertan.
En México, Muñoz, Heras-Gómez y Pulido-Gómez (2013) examinan las motivaciones y perfil en partidos minoritarios a nivel subnacional, e identifican que su motivación primordial para adherirse es la recepción de incentivos materiales.
Medrano y Muñoz (2013) analizan la influencia de la militancia en la formulación de la policy, revelando que los militantes solicitan mayor partidismo en las decisiones políticas que en la configuración del gabinete.
Díaz y Espejel (2018) dan cuenta de la percepción de los militantes de Morena, mostrando que el militante percibe que no se le toma en cuenta en las principales decisiones. Para cerrar la mirada al interior de los partidos, vale la pena resaltar algunos trabajos emergentes, tal como el de Muirhead y Rosenblum (2020), que, desde la teoría política normativa, reflexionan sobre el papel de los partidos como agentes de la razón pública, su contribución a la deliberación, así como su compromiso con la competencia y la circulación del poder. O Martineau (2012), quien, desde la economía, trata la influencia de grupos de interés y activistas en la confección de plataformas electorales.
Una crítica a los estudios sobre militancias estriba en no incluir en el análisis dos cuestiones. Si se trata de un partido a la izquierda o derecha del espectro político, así como si se trata de partidos tradicionales, emergentes o minoritarios.
Temas y problemas al exterior de los partidos
La bibliografía partidista asume que estas organizaciones actúan en diversos ambientes, ya sea el ámbito electoral o las funciones de gobierno y legislativas. Por ende, los modelos de partido dan cuenta no solo de lo acontecido al interior, sino también sobre lo exógeno.
En ese sentido, el ámbito más estudiado ha sido el electoral. Y una primera veta de análisis al respecto lo constituye el análisis de las plataformas y la identificación del ciudadano con los partidos. Y es que las plataformas ayudan a los votantes a buscar mayores beneficios gubernamentales al proporcionarles información sobre las políticas propuestas.
En las democracias consolidadas (Estados Unidos y Europa), Poutvaara (2003) construye un modelo para plantear que el comportamiento de los votantes y los posibles simpatizantes puede influir en las características ideológicas de la plataforma del partido.
Ahler (2018) destaca la importancia de la identidad partidista en Estados Unidos, señalando que los ciudadanos evalúan y se identifican con los partidos en función de los estereotipos sociales asociados con los demócratas y los republicanos.
Por otro lado, Dolezal et al. (2013) destacan cómo en la competencia electoral en Austria los partidos priorizan selectivamente temas en lugar de confrontarse directamente.
En América Latina, el trabajo de Fernández (2011) examina la evolución de las cuotas de género en la representación política femenina en México y América Latina. El trabajo señala que los sistemas electorales y la voluntad de los partidos influyen en su éxito.
Mientras que, en Argentina, D’alessandro (2013) plantea que las plataformas son relevantes en función de que pueden determinar los temas de campaña y las líneas de la agenda, al tiempo que son buenas predictoras de la policy.
En México, Alarcón (2011) señala que las plataformas importan porque permiten identificar el lugar de la oferta de los partidos en el marco ideológico/temático del votante.
Ahora bien, una crítica a este tipo de trabajos estriba en obviar la relación de la cara burocrática del partido (dirigente y militante) con la cara electoral, aunado a no considerar la condición mayoritaria, minoritaria o emergente de los partidos.
Una segunda línea de análisis, en lo electoral, estriba en los actores y temas que influyen en el momento electoral o en la conformación de alianzas. Respecto al primer punto, Daoust, Blais y Péloquin-Skulski (2021) reflexionan sobre los electores en 36 países a nivel mundial, y hallan que el 17 % del electorado prefiere un líder de otro partido, en tanto que militantes y ciudadanos de los extremos políticos tienen preferencias más congruentes.
McCarty y Schickler (2018) sugieren que en Estados Unidos los partidos son coaliciones de grupos con demandas específicas que buscan influir en la nominación interna para tener candidatos afines y leales. En el mismo contexto, Bawn, Cohen, Karol y Masket (2012) resaltan que cuando los grupos de interés y los activistas influyen en la nominación de candidatos, el partido tiende a ser menos receptivo a las preferencias de los votantes.
Martin, Lange y Van der Brug (2022) reflexionan sobre la volatilidad electoral y por qué el apoyo a algunos partidos es más estable que el de otros, en 14 países de Europa Occidental. Los autores encuentran que los partidos con vínculos más fuertes con la sociedad civil tienen una base de apoyo más estable, independientemente de su ideología.
Gherghina y Soare (2021) analizan los determinantes organizacionales del desempeño electoral de partidos populistas en Bulgaria, República de Moldavia y Rumania, y encuentran que líderes fuertes y carismáticos son insuficientes para asegurar la supervivencia organizativa.
Lehrer y Lin (2020) revelan que los partidos y candidatos en Alemania tienden a emplear la estrategia de ser ambiguos para ocultar sus intenciones políticas con el fin de ampliar su apoyo electoral, agregando que esto funciona solo si un partido no está dividido.
Bernardez-Rodal, Rey y Franco (2022) analizan los ataques al feminismo por el partido de derecha Vox de España, e identifican cinco ataques: el nacionalismo de género clásico, el nacionalismo de género antimusulmán, la ridiculización del feminismo, el descrédito del género y la idea de que Vox defiende a las mujeres.
Funk, Hinojosa y Piscopo (2021) estudian la nominación de mujeres en tiempos de descontento por aumento de desconfianza política y corrupción en América Latina. Encuentran que los partidos, a partir de un prejuicio que considera a las mujeres más dignas de confianza y honestas, nominan porcentajes mayores de mujeres en estas circunstancias.
El trabajo de Antunez et al. (2024) examina la violencia política de género en México, especialmente en plataformas digitales; sus hallazgos muestran un aumento de la violencia digital, lo que subraya la necesidad de políticas para crear un entorno seguro y fomentar la inclusión política de las mujeres en la política.
El artículo de Marañón, Muñiz y Barrientos (2021) analiza los estereotipos de género en 2,085 anuncios de partidos mexicanos de la elección de 2018, gracias a lo cual identifican que los estereotipos de “mujer moderna” y “luchadora-transgresora” fueron los más frecuentes, pero los de “mujer sensual” o “frágil” tuvieron mayor exposición mediática.
Una crítica a esta veta de análisis es que, salvo contadas excepciones, pocos consideran el papel de los liderazgos en el resultado electoral, así como la cuestión ideológica y su peso en el rendimiento electoral o en la atracción de adeptos.
Respecto a los temas, Otjes y Green-Pedersen (2021) analizan las condiciones bajo las cuales los partidos prestan atención a las cuestiones laborales en una campaña electoral. Al analizar siete países de Europa Occidental (Suecia, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Países Bajos, Dinamarca y Bélgica), señalan que grupos de interés fuertes, en sistemas corporativistas, pueden obligar a los partidos a prestar atención.
Carvalho y Ruedin (2020) estudian la competencia política y la migración. Se enfocan en siete países en Europa (Austria, Bélgica, Suiza, España, Irlanda, Países Bajos, Reino Unido) y encuentran que los partidos de izquierda adoptan una posición positivo-expansiva sobre la inmigración y exhiben mayor coherencia que los partidos de centro y derecha.
Rapeli, Mattila y Papageorgiou (2020) reflexionan sobre la salud como determinante del comportamiento político en Gran Bretaña. Los autores hallan que el deterioro de la salud reduce la propensión a votar, pero si una persona con mala salud vota, es más probable que apoye a los laboristas que a los conservadores.
Aytaç y Çarkoğlu (2021) analizan el caso de Turquía y cómo un evento violento influye en el voto. Los autores sugieren que los ataques terroristas llevaron a los votantes a priorizar las propuestas en torno a la seguridad a la hora de votar.
En esta tesitura, una crítica a este tipo de trabajos estriba en que existen temas emergentes fuera del análisis, solo por mencionar algunos: discriminación y desigualdad, ambientalismo, justicia transicional, provisión de bienes y servicios, entre muchos otros.
Respecto a las alianzas, en México, Spoon y Pulido-Gómez (2020) estudian las alianzas PRI-PVEM (2006-2015), y hallan que antes que defender un issue que los partidos principales no abordan, los minoritarios son más bien oportunistas.
Bolívar (2020) ha estudiado al PRD y sus alianzas, y encontró que su papel fue el de ser un partido bisagra que fue desplazado de la lucha real por el poder, ya que desdibujó su sello ideológico y político para integrarse a una coalición encabezada por el PAN.
Espinosa y Torres (2023) plantean que, en 2017, en la elección de gobernador en el EDOMEX, el predominio de alianzas oficialistas, la ausencia de cargos para la negociación antihegemónica por la no concurrencia con elecciones locales, así como la mayor dependencia nacional de recursos impidieron la formación de una alianza antihegemónica.
Una posible crítica estriba en el carácter coyuntural de la mayoría de los trabajos enfocados en alianzas, un retrato de largo alcance podría mostrar patrones de comportamiento que permitan comprender el porqué y las consecuencias de las alianzas.
Otros trabajos sugerentes en materia electoral son los de Bryan (2022), que, desde el republicanismo, busca reevaluar el papel de los partidos en las elecciones, sosteniendo que desempeñan un papel crucial en la disputa pública y la agregación de intereses.
En cuanto al tema de gobierno, a los trabajos precursores de Katz (1987) y Blondel (1994), le han seguido investigaciones interesantes.[5] Greene, Henceroth y Jensen (2021) analizan la importancia de tener un cargo en el gabinete de coalición en 11 democracias parlamentarias europeas, ya que, para el votante, ocupar un cargo es visto como símbolo de éxito, lo cual puede repercutir en el posterior éxito electoral del partido.
El artículo de Goddard (2021) reflexiona sobre el nombramiento de mujeres en gabinetes en 30 países europeos entre 1970 y 2015. El trabajo muestra que los partidos de izquierda y las líderes femeninas tienden a nombrar más mujeres, y que los países con actitudes de género más progresistas tienen mayor representación femenina en el gobierno.
El trabajo de Stockemer y Sundström (2018) examina la relación entre la ideología y la proporción de mujeres en los gabinetes de gobierno en países occidentales e industrializados. Encuentra que los partidos de izquierda ya no nominan más mujeres que los liberales o conservadores. Sin embargo, un cambio de gobierno, independientemente de la ideología, tiende a aumentar la nominación de mujeres para cargos ministeriales.
Seeberg (2020) analiza cómo los votantes utilizan problemas sociales para evaluar a un gobierno en Gran Bretaña. El autor identifica que temas como el desempleo suelen socavar la aprobación del gobierno, solo cuando se intensifican las críticas de la oposición.
Romeijn (2020) reflexiona sobre el partido como vínculo con el público en Alemania, lo cual se rompe una vez que los partidos ingresan al gobierno, mientras que solo se debilita en el caso de los militantes.
En América Latina, Corrales (2010) ha planteado que el éxito de la implementación de las reformas económicas en América Latina estuvo ligado a la relación cercana entre el jefe del Ejecutivo y el partido de gobierno.
El texto de Hasanbegovic (2016) reflexiona sobre el rol del Poder Judicial en América Latina en casos de violencia de género, destacando cómo la discriminación y la impunidad judicial aumentan el riesgo para las víctimas.
El trabajo de Morales y Pérez (2021) analiza la violencia política contra las mujeres en México y Ecuador, enfocándose en los Poderes Ejecutivo y Legislativo, resaltando que la reproducción de estereotipos y roles de género perpetúan la desigualdad.
Corvetto (2014) ha explorado, en Perú, las diferencias entre gobiernos sin partido (2001-2011) y gobiernos de coalición (1980-1990), a partir de lo cual observa más inestabilidad en el primero.
En México, Reveles (2016) ha analizado los gobiernos de izquierda en la Ciudad de México, ofreciendo un retrato de lo realizado en materia social, económica, rendición de cuentas, derechos civiles y políticos, así como la capacidad de respuesta del gobierno.
Solano (2007) ha estudiado la influencia del partido en el gobierno a nivel subnacional (en el estado de Guerrero), enfocándose en la composición del gabinete y las decisiones políticas del gobierno.
Por su parte, Espejel Mena (2021) reflexiona sobre el papel de la burocracia partidaria, que cuando no institucionaliza su función (responder y procesar demandas), pero se perpetúa en el poder, tiende a abonar a la ingobernabilidad.
A nivel municipal, el trabajo coordinado por Reveles (2018) ha indagado la relación de los partidos en el gobierno a nivel local con la calidad de la democracia.
Una crítica a este tipo de trabajos estriba en que en pocos casos se agrega al análisis el peso de la cara burocrática (dirigentes y militantes) en el funcionamiento de gobierno, por ejemplo, en el reparto de cargos administrativos o en el empuje sobre tal o cual política.
Un trabajo emergente es el de Enroth (2017), que retoma la idea de partido cartel, ante lo cual afirma que el problema normativo del y con el partido cartel en Suecia no es tanto que no represente, sino evidenciar cuándo y cómo representa o no.
Hesstvedt (2023) reflexiona sobre la relación de los partidos con lo académico. Encuentra, en Noruega, que gobiernos de izquierda han consultado a académicos de las ciencias sociales, como sociólogos y politólogos, con más frecuencia que los de derecha. En contraste, ambos bloques han consultado a los economistas.
Ahora bien, el trabajo sobre partidos en el ámbito legislativo tiene una larga tradición. El interés primordial se ha enfocado en su comportamiento y desempeño. En ese sentido, Cortez y Salazar (2014, p. 187) señalan principalmente tres tipos de incentivos que motivan a legisladores y partidos: lograr mayor visibilidad en lo público, consolidar la carrera legislativa y las relaciones de lealtad.
Klein (2021) analiza el transfuguismo legislativo en 25 democracias europeas, y muestra que los partidos que no logran ofrecer a sus miembros perspectivas de reelección o cargos tendrán tránsfugas en las nuevas democracias. Mientras que en las democracias avanzadas el tránsfugue está asociado con la identidad ideológica y política.
El trabajo de Gouglas, Katz, Maddens y Brans (2021) reflexiona sobre ocho democracias en Europa (Austria, Bélgica, Francia, Italia, Países Bajos, Suecia, Suiza y Reino Unido) y eventos transformadores, como el cambio de dirigencia, que puede ser un determinante de la alta rotación legislativa, mucho más que el cambio de nombre y las divisiones partidistas.
Estudios como el de Meagher y Wielen (2012) han destacado la importancia de analizar cómo los partidos influencian las decisiones de voto de los legisladores para entender mejor la dinámica política en el Congreso norteamericano.
Weber, Bodet, Gélineau y Blais (2024) indagan por qué se jubilan los parlamentarios. Analizando Australia, Canadá y Nueva Zelanda, encuentran que la decisión podría explicarse por una combinación de variables personales, partidistas y contextuales. Aunque pesa más la edad que los factores partidistas, electorales o económicos.
Wauters, Bouteca y Vet (2021) analizan la personalización parlamentaria en Bélgica. Destacan que existen cuatro indicadores para medirla: un aumento en el uso de instrumentos parlamentarios individuales, un aumento de iniciativas de un solo autor, una mayor concentración de parlamentarios visibles y un aumento del cambio de partido.
Mención aparte merece el texto de Freidenberg y Gilas (2024), el cual analiza la representación política desde una perspectiva de género, desde el neoinstitucionalismo feminista, al tiempo que propone un índice para evaluar integralmente la representación femenina en el ámbito legislativo.
En México, el trabajo de Béjar (2012) ha indagado ampliamente el comportamiento de los legisladores y los partidos para comprender qué y cómo se legisla en dicho país, también ha indagado los cambios observados en la forma en que se elabora la ley y en la trayectoria de las iniciativas aprobadas en México.
El trabajo coordinado por Reveles (2013) analiza el desempeño legislativo en Congresos locales (Asamblea Legislativa del Distrito Federal). Mientras que Mascott (2006) reflexiona sobre la disciplina partidista y sus efectos en el desempeño legislativo en México.
El trabajo coordinado por Weldon y Espinoza (2007) analiza aspectos relacionados con los grupos parlamentarios, abarcando su desempeño en las comisiones, la dinámica entre el Ejecutivo y el Legislativo, así como la influencia de los grupos de interés en el Legislativo.
Bárcena y Kerevel (2022) reflexionan sobre la eficacia legislativa en sistemas presidenciales sin partido mayoritario (como México), y encuentran que la oposición no enfrenta las mismas restricciones que el partido del presidente, por lo que generalmente son más eficaces.
El artículo de Gilas y Pacheco (2018) estudia la implementación de cuotas de género en México y su impacto en la representación política. El trabajo revela que la judicialización de la política ha favorecido la representación femenina, pero también que, aunque las cuotas son efectivas para aumentar la representación numérica, no abordan las raíces profundas de la desigualdad de género en México.
El trabajo de Rodríguez y Frías (2020) analiza la violencia de género contra legisladoras en la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México. El trabajo destaca cómo los prejuicios de género y las dinámicas de poder desigual persisten incluso en entornos progresistas.
Una crítica a este tipo de trabajos es que se observa poca atención a cómo se liga el desempeño legislativo con la rendición de cuentas de los legisladores a la ciudadanía.
Una segunda línea de investigación se refiere a la importancia de la ideología, aunado a ciertos sectores sociales en el ámbito legislativo.
Respecto al primer asunto, en España, González, Passarelli y Puy (2021) reflexionan sobre el cambio del voto de legisladores, y hallan que quienes más se preocupan por su ideología y menos por su reputación, más desertan de la línea partidista.
Zubek y Klüver (2015) analizan el caso de Polonia en torno al grado en que los gabinetes de coalición cumplen sus agendas, planteando que entre más sobresaliente y menos conflictiva sea, es más probable que se cumpla.
König y Luig (2012) indagan cómo las preferencias ideológicas de los partidos norteamericanos influyen en las políticas y en sus posiciones en el Legislativo, contextualizándolas en las dicotomías izquierda-derecha y nacional-supranacional.
Sobre actores y Legislativo, Richards y Kafonel (2016) han examinado la legislación subnacional propuesta en Estados Unidos, centrándose en la violencia contra las mujeres.
Por otro lado, Bratton (2002) indaga la incidencia de los partidos en la legislación, y encuentra relación entre el aumento de la diversidad de género y racial en la Legislatura y el establecimiento de la agenda pro grupos minoritarios en Estados Unidos.
En América Latina, Ruiz (2007) vincula el ideario del partido con las actitudes y predisposiciones de los legisladores, lo cual permite entender cómo los partidos mantienen la cohesión interna y cómo esto se refleja en su comportamiento legislativo.
Otero-Felipe y Ruiz (2023) exploran la relación existente entre disciplina e ideología en las percepciones de los legisladores en América Latina, a partir de lo cual identifican que los legisladores de izquierda tienden a ajustarse a la disciplina con más frecuencia que los de derecha.
Piscopo (2014) analiza la relación entre representación descriptiva y sustantiva en México, y encuentra que las legisladoras, más que los legisladores, crean propuestas con interpretaciones feministas de los roles y derechos de las mujeres.
Peña (2023) indaga en las posturas de los partidos ante la migración en México, reflexionando sobre la integración de comisiones, las propuestas en la agenda e iniciativas de ley. Halla que han prevalecido propuestas irrelevantes, así como la renuencia del partido gobernante hacia propuestas de las minorías y a apoyar organizaciones civiles.
Una crítica a este tipo de trabajos estriba en que la mayor parte de ellos son coyunturales, de modo que no permiten ver la evolución o no de la influencia de la ideología y los actores políticos en la legislación.
Finalmente, un estudio sugerente en torno al ámbito legislativo es el de Tan y Weaver (2009), quienes han explorado cómo la atención mediática puede influir en la formación de la opinión pública y, a su vez, en las decisiones políticas tomadas en el nivel legislativo.
A manera de cierre
Como pudo apreciarse, los trabajos recientes en torno a los partidos cubren una diversidad de temas. En ese sentido, durante el siglo XXI, la bibliografía partidista se ha adaptado y abierto a nuevas realidades. En ese orden de ideas, este trabajo se enfocó en dos grandes ámbitos: el interno y el externo.
Con la salvedad de que lo encontrado podría ser resultado de los buscadores utilizados, llama la atención que existe un énfasis muy marcado en la importación de propuestas teóricas de Europa o Estados Unidos hacia América Latina. Por poner un solo ejemplo, la propuesta de Rahat y Hazan (2001), que enfatiza quién puede nominar y quién es nominado al interior de un partido, ha sido ampliamente utilizada en América Latina. En ese sentido, un problema que podría presentarse es que son propuestas enfocadas en democracias donde usualmente existe un seguimiento formal de las reglas, muy diferente a lo que ocurre en América Latina y que O’Donnell (1997) acuñó como la “otra institucionalización”. Un segundo comentario es la falta de atención a temas emergentes; solo por mencionar algunos, los trabajos enfocados en el uso de redes sociales, ya sea como medio de movilización o como canal de comunicación con ciudadanos y militantes. Otros temas ausentes son la existencia de actores emergentes en la sociedad civil, así como los movimientos sociales y su relación con los partidos.
Una última crítica estriba en la prevalencia de temas coyunturales, lo cual se entiende cuando se extiende el número de observaciones. Pero cuando nos acercamos en profundidad es posible y prudente aumentar el lapso de interés. No obstante, como se puede apreciar, tanto en el ámbito interno como en el externo prevalecen los trabajos coyunturales.
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Zubek, R. y Klüver, H. (2015), Legislative pledges and coalition government. Party Politics, 21(4), 603-614.
- Politólogo. Doctor en Ciencia Política por la UNAM. Profesor de carrera en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, UNAM. Línea de investigación: partidos políticos. Miembro del SNI nivel 1.↵
- De acuerdo con Montero y Gunther (2002), existen cuatro enfoques de análisis de los partidos. En primer lugar, el abordaje funcionalista pone el acento en fines o funciones de los partidos. Empero, acordar fines y funciones no es sencillo, ya que definirlos como maximizadores de votos (fin) no tiene correspondencia con visualizarlos como grupos que representan (función) a sectores de la sociedad. Otra perspectiva se enfoca en los valores, creencias y actitudes que agrupan o enarbolan los partidos. Sin duda, el autor más reconocido al respecto fue Beyme (1982), quien habló de familias espirituales, según su ubicación dentro del espectro político. Una tercera mirada es la que se alinea a la elección racional, la cual se nutre de la economía, y plantea que los partidos están formados por individuos con capacidad de escoger los medios para alcanzar ciertos fines (Downs, 1973). Finalmente, la mirada organizativa supone que los partidos son organizaciones complejas y comprometidas con su supervivencia. Esta perspectiva logró sus últimos grandes desarrollos con Panebianco (1990) y Katz y Mair (2004), quienes brindaron mayor complejidad al entendimiento de los partidos y su acontecer interno, en relación con los ambientes en que interactúan.↵
- En términos generales, el 61 % de los trabajos utiliza un acercamiento cuantitativo, mientras que el 39 % restante es cualitativo. Por otro lado, 59 % de los trabajos se enfoca en un solo país, 39 % lo hace abarcando dos o más países y 2 % no cuenta con referente empírico concreto.↵
- Se trata de un partido que, contrario al de masas, redujo su bagaje ideológico, fortaleció la dirigencia en detrimento de la militancia, optó por un electorado heterogéneo y no clasista, buscó un mayor apoyo electoral orientándose hacia lo que después se denominaría el votante medio (Kirchheimer, 1980).↵
- Para Katz (1987), un gobierno de partido es aquel en el que 1) las decisiones gubernamentales deben ser tomadas por la gente electa por o dentro del partido; 2) la política implementada debe ser decidida dentro del partido gobernante o negociada si es coalición y 3) que los integrantes del gabinete deben ser seleccionados por sus partidos y deben ser responsables a través de ellos. Por su parte, Blondel (1994) considera que los partidos pueden influir en la configuración del gabinete; en el nivel de compromiso y respuesta de los gobiernos hacia el propio partido; así como al someter al gobierno a los programas o principios del partido.↵






