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Conclusiones

Como se planteó al comienzo de este trabajo, las discusiones en torno a la continuidad o no del pensamiento político spinociano son, todavía hoy, muchas. En casi todas el tema del pacto o contrato está en el centro. A lo largo de este trabajo hemos expuesto las posturas más divergentes y contrapuestas para demostrar cómo este problema sigue estando presente en los pensamientos de sus intérpretes y comentadores. A partir del recorrido por las lecturas de los cuatro autores seleccionados, pudimos ver cómo la cuestión de la continuidad entre el TTP y el TP en relación al planteo del paso al Estado parece siempre signada por el debate y la controversia. No hay una respuesta única sino innumerables voces que parecen más oscurecer que brindar claridad a los textos mismos.

El análisis de Antonio Negri establecía que la caracterización del arribo al Estado en el TTP quedaba marcada por el iusnaturalismo por postular Spinoza, extrayéndola de la cultura de su tiempo, la idea de un pacto como fundamento del Estado civil[1]. El TP, por su parte, rompía con este primer tratado por abordar el origen de la sociedad civil de un modo completamente distinto, como una acumulación de las potencias de los individuos, como la unión de la multitud en un Estado[2].

Reyda Ergün y Cemal Bali AKal, establecían un corte entre ambos tratados pero eligiendo al TP como el tratado contractualista por observar en él una teoría del contrato de doble dimensión: la primera era el contrato a partir del que se establecía la sociedad, donde los hombres se ponían de acuerdo y unían sus fuerzas, de esto derivaba el derecho del Estado. La segunda era el contrato político mediante el que la sociedad, por unánime acuerdo, transfería este derecho a uno, a pocos o a un consejo formado por la multitud. De este modo, según ellos, el TP defendía un contrato social y político a la vez que instauraba un Estado basado en la transferencia y alienación de los derechos de la sociedad a uno, unos pocos o todos[3]. Nada de esto se hallaba, según su lectura, en el TTP, donde Spinoza mantenía siempre la identificación entre derecho y poder, eliminando toda posibilidad de transferir el poder que cada individuo tenía por naturaleza, y postulaba un pacto que sólo correspondía a la institución de la democracia[4].

También habíamos analizado dos interpretaciones que defendían una lectura continuista de los tratados. En primer lugar, Antonio Hermosa Andújar sostenía una continuidad entre el TTP y el TP en relación al paso al Estado, al entender que en ambos tratados Spinoza postulaba un pacto de tipo contractualista. Este autor atribuía a este contrato las características que el iusnaturalismo moderno había otorgado a sus pactos en general: transferencia de derechos naturales, alienación total de la soberanía, ruptura tajante entre súbditos y soberano, y la consiguiente despolitización de los primeros[5].

En la vereda contraria se encontraba Emilia Giancotti, quien defendía una interpretación continuista basada en el carácter no contractualista de ambos tratados. Según su lectura, Spinoza proponía, tanto en el TTP como en el TP, un acuerdo de una índole muy especial, que no podía homologarse a aquellos iusnaturalistas por carecer de sus características esenciales. Éste excluía toda idea de transferencia de derechos y representación por plantear el paso al Estado como un desplazamiento de potencias[6]. Aquí la sociedad civil era fruto de la unión de las fuerzas de todos los individuos en un solo cuerpo. De este modo, toda interpretación contractualista carecía de sentido.

La exposición de las lecturas de estos autores tenía como fin ilustrar el estado en que se hallaba la discusión actualmente. La falta de unidad y armonía entre ellos nos dejaba con una sola certeza: no había claridad respecto de esta problemática. Es por esta razón que consideramos que la única respuesta podía hallarse en los textos mismos, en la propia palabra de Spinoza.

Antes de adentrarnos en el análisis de los tratados estimamos de fundamental importancia hacer una breve descripción de las características centrales de la teoría contractualista moderna. Esto nos parecía esencial a los fines de nuestro trabajo ya que tanto los intérpretes elegidos como el trabajo nuestro en general tenían como principal interlocutor al iusnaturalismo moderno. En este sentido, discutir con él implicaba comprender sus fundamentos y principios.

A partir de la lectura de los textos de Bobbio, Dotti y Koselleck establecimos sus características principales. Entre ellas se encontraba la relación de contraposición y antagonismo entre estado de naturaleza y Estado civil, donde este último surgía como algo opuesto y contrario al primero. Por otro lado, para la teoría contractualista, el paso del estado de naturaleza al Estado civil no sobrevenía por la misma fuerza de las cosas, sino mediante una o más convenciones y, en este sentido, el Estado era concebido como un ente “artificial” para los hombres. También vimos cómo esta teoría postulaba un Estado que debía ser entendido como una máquina de dominación ajena a los individuos, a la que éstos debían brindar obediencia. En este sentido, se producía un corte tajante entre soberano (Estado) y ciudadanos (súbditos) donde el primero daba la ley y los segundos se limitaban a cumplirla. De este modo, la despolitización de los ciudadanos era un requisito necesario para la estabilidad del Estado mismo.

Una vez claras las distintas lecturas y las características del contractualismo moderno en general, analizamos ambos tratados políticos por separado. En este camino, y con el fin último de investigar la continuidad entre el TTP y el TP en relación al paso al Estado, realizamos un estudio de las obras spinocianas deteniéndonos en ciertas cuestiones que consideramos centrales.

En primer lugar, hicimos hincapié en el concepto de derecho natural, cuestión que nos permitió comprender que, desde el comienzo, ambos tratados se distanciaban del iusnaturalismo. La equiparación realizada por Spinoza entre derecho y potencia era la base de su sistema político y aquello que le permitía arribar a un esquema diferente, no trascendente, sino inmanente. La imposibilidad del hombre de renunciar a su derecho natural sin estar al mismo tiempo desprendiéndose de parte de su potencia era el puntapié inicial para plantear un paso no contractualista al Estado civil. El planteo spinociano no podía postular un Estado que exigiera al hombre una disminución de su potencia, ya que esto iría contra su propia esencia o conatus. En este sentido, un planteo de tipo contractualista, basado en la alienación de derechos a un poder por fuera de los individuos parecía quedar invalidado desde el comienzo.

En segundo lugar, realizamos específicamente un análisis del pacto propuesto en cada tratado. Allí vimos, por un lado, cómo ambos estaban basados en la utilidad, cuestión que mostraba nuevamente un alejamiento del contractualismo moderno. El pacto era válido en la medida en que tenía utilidad, si desaparecía el fin para el que había sido contraído, éste perdía su autoridad y legitimidad. Esto aparecía como un instrumento de garantía contra los riesgos de degeneración del poder y nos volvía a mostrar cómo en el pacto propuesto por Spinoza no había cesión ni renuncia de una vez y para siempre del derecho a un poder soberano. El individuo siempre conservaba su derecho natural de buscar aquello que le convenía y destruir aquello que lo perjudicaba (Conatus).

Por otro lado, nos propusimos establecer qué derechos debían ceder y cuáles conservar los individuos pactantes al realizar dicho pacto, es decir, cuáles serían las condiciones para entrar al Estado. Esto nos llevó a preguntarnos por el tipo de Estado propuesto por Spinoza. De este modo, en tercer lugar, pretendimos mostrar cómo, tanto en el TTP como en el TP, se postulaba un pacto que sólo daba origen a un Estado democrático y, en este sentido, era completamente diferente de aquellos postulados por los teóricos del contractualismo moderno.

En el TTP era el propio Spinoza el que dejaba en claro que sólo había querido ocuparse allí del Estado democrático por ser el único que respondía al objetivo de tratar las ventajas de la libertad en el Estado[7]. Es decir, que todo lo descripto en este tratado refería a un Estado de tipo democrático, esto incluía el pacto allí postulado. Un acuerdo de esta índole era, por otra parte, el único coherente con todo lo que Spinoza había planteado a lo largo de su tratado. Con las siguientes palabras lo explicaba:

“Así, pues, se puede formar una sociedad y lograr que todo pacto sea siempre observado con máxima fidelidad, sin que ello contradiga al derecho natural, a condición de que cada uno transfiera a la sociedad todo el poder que él posee, de suerte que ella sola mantenga el supremo derecho de la naturaleza a todo, es decir, la potestad suprema…” [8]

Es decir, el único modo de formar una sociedad basada en un pacto sin contradecir el derecho natural (tal como lo entendía Spinoza) era “transfiriendo” el poder que cada uno tenía no a un poder trascendente, sino a la sociedad en su conjunto. En un Estado de este tipo nadie transfería a otro su derecho natural, sino que lo entregaba a toda la sociedad. En este sentido, los individuos no sólo no perdían sus derechos sino que los maximizaban al pasar a vivir bajo la norma del derecho común.

De esta manera veíamos cómo la propuesta spinociana era realmente innovadora frente a la de sus contemporáneos. El Estado aquí surgía no de la cesión o transferencia a un poder soberano por fuera de los individuos, sino como la unión de todos ellos en un solo cuerpo político, el Estado civil. Era por esta razón que el único tipo de Estado compatible con el planteo de Spinoza podía ser la democracia, porque sólo en ella los hombres no alienaban sino que componían sus potencias, comportándose como soberanos y ciudadanos a la vez y viviendo bajo la guía del derecho común, el de la multitud unida.

El mismo camino se repetía en el TP, donde Spinoza prefería elegir términos más adecuados a su propuesta. Allí él hablaba de “unión de fuerzas y de derechos”[9] cuando describía el pacto sobre el que se asentaría la sociedad civil. Desglosando este tratado pudimos ver que aquí tampoco se postulaba un pacto que exigiera la transferencia de derechos naturales a un poder transcendente, sino todo lo contrario. El acuerdo en el TP implicaba unión de las potencias y derechos de los individuos pactantes, que pasaban a vivir bajo la norma del derecho común.

Consideramos que la respuesta a la pregunta por la transferencia de derechos se encontraba aquí en esta categoría, la de derecho común. En este sentido, observamos cómo en Spinoza el derecho común no implicaba anulación del derecho natural de todos los individuos, sino más bien lo opuesto. Era sólo bajo la guía del derecho colectivo que los hombres podían realmente gozar de sus derechos naturales[10].

Ahora bien, todo esto sólo se hacía coherente con un planteo democrático. Sólo en una democracia los hombres vivían bajo el derecho común, bajo el común sentir de todos. Esto no sucedía ni en una aristocracia ni en una monarquía, donde el derecho estaba en manos del soberano y los súbditos debían limitarse a obedecer. No había manera, en términos spinocistas, de comprender el derecho colectivo sino como la unión o composición de los derechos individuales.

De este modo, concluimos que el pacto tematizado en el TP, tal como sucedía en el TTP, daba origen sólo a un Estado de tipo democrático. Esto implicaba comprender la cuestión de la transferencia de derechos, central en las teorías contractualistas modernas, de un modo muy especial y diferente. Valiéndonos de la distinción realizada por Étienne Balibar entre los derechos relativos al pensamiento y aquellos relativos a las acciones, confirmamos que en el sistema spinocista la alienación de cualquiera de estos no tenía lugar.

En primer lugar, el propio Spinoza establecía a lo largo de sus dos tratados que al entrar en el Estado cada individuo renunciaba al derecho de actuar por propia decisión, pero no de razonar y juzgar. Dado que era imposible para alguien alienar el propio juicio y odiar a quien le hizo un favor o amar a quien le hizo daño. De esta manera eliminaba la posibilidad de transferir el derecho al propio pensamiento.

La segunda estrategia terminaba por anular cualquier tipo de transferencia: la cesión de derechos en lo concerniente a las acciones se anulaba cuando uno hablaba de democracia. Al renunciar a su derecho de actuar según su antojo en favor de toda la sociedad, lo que se daba en la democracia no era otra cosa que un “actuar de común acuerdo”. No había allí una transferencia a un poder soberano externo ni un despojarse del derecho natural en favor del Estado, sino más bien una “autotransferencia” (inmanencia). En la democracia el individuo no perdía lo que daba, sino que lo recuperaba con creces, actuando como expresión individual de la potencia colectiva. En este sentido, lo que Spinoza nombraba como transferencia era un “poner al servicio de la sociedad” el poder que uno poseía. Así el Estado surgía como fruto de la unión de todas las potencias individuales y detentaba, por tanto, el derecho colectivo sobre todas las cosas.

A partir de los argumentos esgrimidos se comprendía que tanto el pacto postulado en el TTP como aquel expuesto en el TP eran acuerdos intrínsecamente anti contractualistas por carecer de sus características esenciales: no se encontraba en ellos cesión ni transferencia de derechos naturales; el paso a la sociedad civil no se daba allí como un corte abrupto con el estado de naturaleza, sino como un desplazamiento de potencias; el Estado, por tanto, no podía ser catalogado como un ente “artificial” sino como una naturaleza segunda de los hombres; tampoco se podía hablar de una “despolitización” de la sociedad civil frente a un Estado absoluto, sino que allí la sociedad era el Estado, las decisiones estatales permanecían en manos de la multitud.

Una vez comprendido esto no quedaban dudas sobre la completa continuidad entre el TTP y el TP respecto del paso de las subjetividades naturales al Estado civil. En ambos tratados se repetía de manera casi idéntica el camino que se iniciaba con la equiparación entre potencia y derecho, continuaba con el sustento del pacto en la utilidad de los individuos pactantes, y concluía con la defensa de la democracia como el único Estado absoluto y verdadero, aquel donde la cesión de derechos naturales no sólo no era necesaria, sino que era incompatible con la unión o composición de potencias en un solo cuerpo político: el Estado formado por toda la multitud.


  1. Negri, A., Spinoza subversivo, op. cit., p. 45.
  2. Negri, A., Spinoza y Nosotros, op. cit., p. 13.
  3. Ergün, R., Bali Akal, C., op. cit., p. 414.
  4. Ibíd., p.411.
  5. Hermosa Andújar, A., op. cit., p. 57.
  6. Giancotti, E., op. cit., p.19.
  7. “…por otra parte, sólo he querido tratar expresamente de este Estado, porque responde al máximo al objetivo que me he propuesto: tratar de las ventajas de la libertad en el Estado” (TTP p.195).
  8. TTP, p. 193. Énfasis nuestro.
  9. TP, p. 281.
  10. TP, p. 281.


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