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Palabras preliminares

David Foitzick Reyes, Claudia Hammerschmidt
y Gabriel Miranda

Estamos viviendo un momento de profunda crisis global, alarmante militarización, normalización del horror en Gaza, procesos inflacionarios, pauperización acelerada, creciente desigualdad social en un contexto de crisis climática, extrema violencia y agudo racismo, tanto en los centros del poder político y económico como en las periferias. Y vivimos todos el fracaso de las luchas subalternas por la diversidad y las múltiples formas de concebir un convivir no basado en la idea de competencia, superación, optimización y aceleración que proponen el capitalismo e individualismo occidentales.

Ciertamente, hay hegemonías en crisis; los imperialismos se resisten a perder sus privilegios y poder colonial. Asistimos en la actualidad en Abya Yala a una renovación de las estrategias coloniales por parte del Norte Global, esta vez sin grandes eufemismos, pero con la misma violencia de siempre.

Los logros que se habían dado en las luchas por los derechos sociales hoy están en grave crisis y se difuminan en nuevas formas de exclusión socioeconómica y simbólica. Y también, la conflictividad política y económica está alcanzando una magnitud nunca sospechada a principios de este siglo: Europa está viviendo una derechización y militarización que hace tres años nadie hubiera imaginado posible, volviendo a una retórica de la Guerra Fría que ya se había pensado superada. En América Latina están llegando al poder nuevas ultraderechas de masas que, democráticamente elegidas, parecen colapsar en dictaduras y destruir todo discurso antihegemónico y alternativo que con tanto esfuerzo se había construido hacia inicios del siglo XXI.

Pero la contradicción fundamental de nuestro tiempo histórico reside en que nunca, en la historia de la humanidad, se ha alcanzado un nivel tan elevado de desarrollo técnico y científico capaz de satisfacer las necesidades de la vida en el planeta y, sin embargo, seguimos asfixiados por múltiples crisis que amenazan la existencia del género humano y de la biodiversidad. Esto ocurre porque la forma-mercancía que estructura las relaciones sociales bajo el capitalismo establece que los productos del trabajo humano deben servir no a la satisfacción de las necesidades colectivas, sino a los imperativos de ganancia de la clase dominante. En este escenario, emergen de manera recurrente crisis sociales, políticas, climáticas, sanitarias y de salud pública. En suma, se trata de una crisis de la civilización burguesa, y la consigna formulada por la revolucionaria Rosa Luxemburg a inicios del siglo XIX parece constituir el eje central de la lucha social contemporánea: socialismo o barbarie.

Las promesas del capitalismo ya han demostrado ser falsas, incluso en el centro del sistema-mundo, privilegiado durante décadas por la explotación colonial de las periferias. Los modos de vida bajo el capital reducen el potencial humano al sufrimiento psíquico y al agotamiento físico. Cuerpos y mentes, exhaustos por la explotación y alienación del trabajo, cuyo objetivo es preservar a una élite global, vagan sin rumbo definido en la órbita capitalista. Si bien existe una insatisfacción cada vez más visible, especialmente entre los jóvenes, con el modo de vida que ofrece el capitalismo, las maquinaciones de la ideología burguesa y neoliberal siguen dotando de naturalidad a este sistema que, cabe mencionar, es histórico y procesual y, por lo tanto, susceptible de ser interrumpido mediante la acción colectiva de mujeres y hombres armados con la crítica y el poder político.

La organización de la sociedad en torno a la forma-mercancía, al transformar a los individuos también en mercancías, les priva de tiempo vital y conlleva una pérdida de experiencia y un acortamiento del presente, considerando que, para la clase trabajadora, la vida se reduce a horas de trabajo o al descanso destinado a la reposición de la fuerza de trabajo. No es casual que, en varios países, como por ejemplo en Brasil, se esté debatiendo el fin de la semana laboral de seis días seguida de un único día de descanso, impulsado por movimientos sociales como Vida Além do Trabalho, mientras que, en Argentina, se impulse una reforma que pretende extender la jornada laboral y cobrar indemnizaciones por despido en cuotas. Si, por un lado, el mundo del trabajo bajo el capitalismo atraviesa una crisis estructural, por otro, este sistema de saqueo y explotación de la humanidad y de la naturaleza también manifiesta sus impactos en la biodiversidad del planeta, dado que ha convertido la naturaleza en un recurso destinado a ser explotado indiscriminadamente. Por lo tanto, el libro que el lector tiene ahora en sus manos pretende ofrecer claves analíticas para interpretar y transformar el mundo a partir del legado de la teoría marxista de la dependencia, un ejercicio de interpretación y transformación de la realidad que articula las contribuciones de la obra de Marx y de la tradición marxista con las particularidades de la realidad latinoamericana.

La perspectiva decolonial, es decir, la crítica a los regímenes coloniales y sus herencias, puede ser tratada desde diferentes líneas epistemológicas. En este libro partimos del supuesto de que la colonialidad no se constituye como un mero régimen discursivo ni como una estructura que pueda ser enfrentada adecuadamente dentro del modo de producción capitalista. Por el contrario, admitimos que la colonialidad consiste en una estructura de poder y explotación cuya determinación fundamental es consustancial a una estructura de dependencia y de la división internacional del trabajo, y en el conjunto de relaciones que de ella se derivan. En este sentido, es necesario partir desde una perspectiva crítica de la economía política, con el fin de comprender que colonialidad y capitalismo son dos polos de una misma moneda.

Por ello, al contrario de lo que postulan quienes afirman que el marxismo es una teoría eurocéntrica, sostenemos que la crítica decolonial puede y debe realizarse a partir de la obra de Marx. Además, confrontar los efectos del colonialismo, tanto pasado como presente, es un ejercicio que requiere incorporar la crítica de la economía política desarrollada por el revolucionario alemán en el siglo XIX. Evidentemente, no se trata de una asimilación ingenua, sino de la construcción continua de un marxismo latinoamericano, como ya señalaron Ruy Mauro Marini, Vania Bambirra y Theotônio dos Santos en la segunda mitad del siglo pasado.

Creemos que la comprensión de la relación entre decolonialidad y teoría de la dependencia es esencial para entender los problemas fundamentales dentro de la geopolítica de nuestra región y poder pensar así en su superación. A diferencia de lo que las visiones impregnadas de ideología neoliberal intentan hacer creer, las trayectorias de desarrollo inestables, los elevados índices de concentración de renta y el endeudamiento público no son el resultado de problemas internos de los países periféricos, sino que están relacionados con el movimiento global de reproducción del capital, donde la condición de dependencia y las implicaciones económicas que de ella provienen están vinculadas a la realidad cotidiana de la clase trabajadora de estas regiones, profundizadas bajo un entorno de racialización y desigualdad que termina siendo característico de América afro-Abya Yala.

En otros términos, el patrón de reproducción de la vida sociocultural y económica en el mundo capitalista lleva consigo, en su normalidad, la colonialidad. Así, la independencia formal de los países colonizados, aunque fundamental, no es suficiente para garantizar que se establezca una posición de igualdad con los países colonizadores, ya sea en lo que respecta a las transferencias de valor o a la imposición de modos de ver y estar en el mundo. En el plano económico, hay una mayor transferencia de valor de la periferia al centro, lo que mantiene a los países dependientes en la retaguardia del desarrollo capitalista. En el plano cultural, los países colonizadores tienen más condiciones de imponer sus ideas y valores; es así que hablan y describen la realidad social y las instituciones públicas (incluidas las educativas) con una terminología propia del gerencialismo y los negocios. Hablan, a su vez, del Antropoceno para caracterizar una era geológica marcada por la modificación global y sincrónica de los sistemas naturales mediante la acción humana durante siglos de extractivismo y contaminación capitalista, en un contexto donde la responsabilidad y las consecuencias negativas se reparten de modos iguales entre el Sur y el Norte Global, mientras que los beneficios que se desprenden de esta acción han sido exclusivamente de los países del Norte Global.

Es fundamental discutir esto en el contexto de la transición energética que se propone desde el Norte Global y donde América afro-Abya Yala se convierte en un polo de extractivismo verde fundamentalmente a través de la minería de hierro, cobre, litio y tierras raras, así como de la producción de hidrógeno verde, entre otros.

Por lo tanto, considerando las etapas del desarrollo del capitaloceno en América afro-Abya Yala, nos ha interesado reunir, en esta obra, capítulos que pongan en cuestión la relación dependiente entre capitalismo y colonialidad. Así, los capítulos reunidos en este libro permiten comprender teóricamente, desde una perspectiva crítica y actualizada, la dependencia de Latinoamérica con base en factores estructurales (interseccionales y multidimensionales) que impiden la igualdad de condiciones para abordar modelos de transformación.

En el primer capítulo, Michael Löwy aborda la crisis actual del modelo civilizatorio basado en el capitalismo moderno, caracterizado por una expansión ilimitada, la mercantilización de todos los aspectos de la vida y la explotación tanto del trabajo como del medio ambiente. La intensificación de la degradación ecológica, evidenciada por fenómenos como incendios forestales, sequías, elevación del nivel del mar y temperaturas extremas, ya no es un problema futuro, sino la realidad presente que amenaza la supervivencia humana. Las soluciones moderadas, como los mecanismos de mercado y los gobiernos que sirven a la lógica capitalista, son insuficientes y, en muchos casos, contrarias a la necesidad de transformar radicalmente el sistema. Se destaca la vulnerabilidad de los países del sur global, particularmente de América Latina, que enfrentan la colonialidad del sistema imperialista y experimentan destrucción ecológica y dependencia económica, especialmente a través de la extracción de recursos y el control de multinacionales sobre sectores clave, como el petróleo y el agronegocio.

Frente a esta situación, se propone el ecosocialismo como una alternativa radical y necesaria, que combina los principios ecológicos y marxistas para superar la lógica del crecimiento infinito y el capitalismo. Esta propuesta implica una transformación profunda en las formas de producción, el control democrático de los recursos, la planificación participativa y una reevaluación de las necesidades sociales. Además, defiende una transición hacia modelos de producción y consumo sostenibles, basados en energías renovables, agricultura ecológica y la reducción del desperdicio y la obsolescencia programada.

El texto concluye que la lucha por un cambio sistémico requiere la movilización popular, la autoorganización y la resistencia activa, en un proceso que puede incluir victorias parciales y exigencias mayores, en línea con la estrategia marxista de la transición. A pesar del poder de las elites y la dificultad del escenario, la esperanza reside en las fuerzas sociales que puedan activar mecanismos de resistencia y frenar el curso catastrófico del capitalismo. Finalmente, se plantea que la revolución ecológica y social debe ser una transformación radical, que supere las limitaciones del presente y construya una civilización basada en la sustentabilidad, la igualdad y la participación democrática.

Desde la economía feminista y los estudios feministas decoloniales, Ana Lucía Fernández Fernández se ocupa del trabajo que sostiene la vida —actualmente denominado trabajo de cuidados— en el marco del sistema-mundo moderno/colonial. El texto examina la dependencia estructural del trabajo remunerado respecto de este trabajo vital y cómo el desarrollo occidental lo ha expropiado, invisibilizado y organizado, recayendo principalmente en mujeres, especialmente racializadas y empobrecidas. El objetivo del capítulo es comprender este proyecto histórico en clave moderno/colonial para explicar la configuración del poder y la acumulación de capital del centro y de las periferias, sustentadas en el expolio de la naturaleza y de las mujeres racializadas, quienes articulan, en condiciones de extrema precariedad, el trabajo productivo, reproductivo y comunitario para garantizar la supervivencia propia, familiar y colectiva. Se evidencia que la racialización y la colonialidad de género constituyen dimensiones centrales de la inequidad. Finalmente, se reconoce que las mujeres de los “sures” globales han desarrollado históricamente formas de sostener la vida y gestionar la vulnerabilidad que desbordan las lógicas mercantiles del sistema-mundo, mediante agencias colectivas, redes de cuidado y prácticas de defensa y preservación de la naturaleza.

El capítulo de Deni Alfaro Rubbo analiza cómo el peruano José Carlos Mariátegui (1894-1930) desarrolló una crítica dialéctica de la modernidad desde la periferia de Occidente, con lo cual contribuyó a una historia intelectual marxista decolonial. Inserto en el horizonte intelectual y epistemológico de su época, el pensador elaboró un relato crítico del sistema capitalista periférico, abordando tanto su faceta moderna como su dimensión colonial, destructiva y violenta. Mariátegui no rechaza las herramientas del pensamiento occidental, pero enfatiza la especificidad de la periferia de Occidente, basada en la razón histórica moderna. Se acerca así a los análisis de autores como Enrique Dussel y Aníbal Quijano, mientras que toma cierta distancia de otros, como Mignolo, Lander, Grosfoguel y Castro-Gómez, que consideran al marxismo eurocéntrico y poco atento al colonialismo, por lo que proponen incluso su superación. El texto concluye que tanto la crítica marxista como la crítica decolonial son enfoques radicales de ruptura con las visiones teleológicas del progreso occidental y del capitalismo moderno, y que son fundamentales para los movimientos sociales y políticos emancipatorios. Además, resalta la importancia de unirse para construir una cultura revolucionaria que integre diferentes sujetos de resistencia y lucha por transformaciones sociales profundas.

Daniel Sandoval Cervantes estudia las condiciones que se deberían dar para una transición energética justa en México, considerando tanto la situación local de la política energética y su historia reciente como las condiciones globales y regionales, caracterizadas por una economía dependiente y por el dominio de un modo de producción energética desigual y sustentado en los combustibles fósiles. En este análisis son fundamentales los conceptos y la metodología de los estudios críticos de la energía, en particular de la caracterización del modo de producción energética como capitalismo fósil, lo que implica un vínculo mutuamente constitutivo entre una matriz energética dominada por los fósiles y el desarrollo del régimen de reproducción capitalista, sustentado en la lógica de valorización del valor. Además de lo anterior, para analizar las condiciones concretas de México, se retoma la teoría marxista de la dependencia, que permite vincular la forma en que México se integra a la economía regional y mundial con la forma en que ha desarrollado su sistema energético.

Lorena Amorelli e Ilana Lemos de Paiva analizan cómo la precarización del trabajo reproductivo en Brasil constituye una continuidad histórica de las lógicas coloniales que configuran el capitalismo dependiente. A partir de una articulación entre la teoría marxista de la dependencia, los feminismos marxistas y las perspectivas anticoloniales, se argumenta que la división racializada y sexual del trabajo opera como un eje central en la organización de la reproducción social en las formaciones periféricas, condicionando tanto la inserción laboral como la producción de subjetividades femeninas racializadas. El texto se estructura en cuatro partes: (1) se discute teóricamente la relación entre trabajo de reproducción social, condición periférica y colonialidad; (2) se contextualizan prácticas coloniales y racistas en la conformación histórica de la clase trabajadora brasileña; (3) se examina la regulación reproductiva como mecanismo de control social estatal, con énfasis en las contradicciones del espacio doméstico, y (4) se analiza el escándalo de las esterilizaciones forzadas de mujeres negras e indígenas a finales del siglo XX, que evidencian la persistencia de la lógica señorial bajo el capitalismo dependiente. La conclusión es que el trabajo doméstico y de cuidado, realizado mayoritariamente por mujeres negras e indígenas, combina informalidad, desprotección jurídica y superexplotación, de modo que preserva rasgos de servidumbre colonial en formas salariales precarias. Finalmente, se sostiene que la reproducción social en las periferias del capitalismo constituye un espacio privilegiado para entender la articulación estructural entre dependencia, colonialidad y desigualdades de clase, raza y género.

Lenin Mondol López aborda en su capítulo la economía centroamericana utilizando la teoría marxista de la dependencia propuesta por Ruy Mauro Marini. Se identifican tres factores clave en la dinámica de dependencia: intercambio desigual (alta concentración exportadora en pocas actividades económicas), dependencia tecnológica y energética, y superexplotación laboral. En su investigación observa que el extractivismo constituye el principal mecanismo de transferencia de valor desde los países de la periferia del istmo a los centros capitalistas, principalmente hacia los Estados Unidos. El extractivismo hídrico en la región se distingue por su aporte consustancial al mantenimiento de una matriz productiva para la agroexportación (monocultivos de banano, piña, palma y azúcar) y a la industria tecnológica. Sin embargo, la explotación de los recursos ha generado problemas serios, como la contaminación de los ríos y mantos acuíferos, la generación de un estrés hídrico y el desplazamiento de las comunidades campesinas e indígenas más vulnerables de la región.

El texto concluye que los patrones de reproducción del capital en las últimas décadas imposibilitan un desarrollo autónomo en Centroamérica y fortalecen la estructura económica de dependencia, la cual termina, en última instancia, trasladando valor a las economías centrales o hegemónicas.  

Tadeu Mattos Farias debate sobre la relación entre el ecologismo acrítico y la reproducción de la condición dependiente, considerando el escenario político-económico actual de la formación social brasileña. El discurso ambiental hegemónico en Brasil ha sido utilizado como una promesa de modernización sustentable; sin embargo, ha funcionado como uno de los mecanismos de reproducción ideológica de la dependencia, puesto que ayudó a enmascarar las contradicciones estructurales de esta condición y la presentó como algo natural y necesario para el desarrollo nacional. A partir de la teoría marxista de la dependencia y de otros análisis críticos sobre el capitalismo dependiente latinoamericano, se entiende que la dependencia no es solo una relación económica externa, sino una forma particular de reproducción del capital, basada en mecanismos de transferencia de valor, sobreexplotación del trabajo y apropiación predatoria de la naturaleza. El discurso tecnocrático ambiental, o aquel que se apoya en mecanismos de mercado para confrontar la crisis ecológica, al apoyar un “capitalismo verde”, no rompe esa lógica; por el contrario, la actualiza bajo una nueva apariencia. Además, si por un lado se refuerza un camino hacia la sustentabilidad basado en la lógica del capital, por otro, políticas que aparentan compromiso ecológico coexisten con acciones que refuerzan los mecanismos de sobreexplotación y el carácter extractivista de la economía brasileña. Desde esta perspectiva, el ecologismo acrítico actúa ideológicamente al transformar la dependencia en sustentabilidad, convierte el modelo de desarrollo subordinado en una narrativa de progreso verde, desplaza la crítica de la estructura social dependiente hacia el campo de la gestión ambiental técnica y despolitiza el debate sobre la acumulación capitalista. Por lo tanto, el ecologismo acrítico no solo ignora la dependencia, sino que la reproduce, puesto que naturaliza la idea de que es posible conciliar crecimiento económico y justicia ambiental dentro de las mismas estructuras que generan la crisis ecológica. Tadeu concluye que romper con esa ideología implica reconocer que la emancipación social y ambiental en la periferia depende de una transformación radical de las bases económicas y políticas de la dependencia.

Cierra esta geopoética el destacado académico Alberto Acosta, cuyo capítulo analiza un hecho fundamental de su quehacer: consagrar a la Naturaleza como sujeto de derechos postula nuevas formas de relación del ser humano con ella y sus componentes. Reclama, por ende, el paso de un paradigma antropocéntrico a otro de carácter biocéntrico. En los lineamientos de este nuevo paradigma civilizatorio se destaca el abandono de la caracterización de la Naturaleza como canasta de recursos y como depósito de de­sechos; es decir, ya no se la considera como un objeto de dominación y un mero recurso económico. Reconocer estos derechos no supone una Naturaleza intocada, sino el respeto integral a su existencia y el mantenimiento y la regeneración de sus ciclos vitales, su estructura, sus funciones y procesos evolutivos. Al reconocer constitucionalmente los derechos de la Naturaleza en Ecuador, se estableció un hito en la humanidad: este paso civilizatorio se expande por el mundo. Este proceso resulta una fuente pedagógica potente. Estos derechos permiten ver el mundo a través de otros prismas, no propios de la Modernidad, y, al mismo tiempo, abren la puerta a un giro copernicano o, si se quiere, a una gran transformación en todos los órdenes de la vida de la humanidad.

Así, este volumen busca, desde una mirada interdisciplinaria y descolonizadora, contribuir al debate sobre las formas de resistencia, autoorganización y transformación social necesarias para desmantelar las relaciones coloniales y dependientes que sostienen el sistema global actual. La reflexión crítica, sustentada en los aportes teóricos y empíricos aquí reunidos, aspira a promover una praxis emancipatoria que sitúe la defensa de la vida, la igualdad y la autonomía como horizontes estratégicos para la construcción de un mundo plural y sustentable.

Agradecemos profundamente las investigaciones individuales y colectivas de los autores e invitamos a leer y seguir los diálogos necesarios para producir los profundos cambios que estos complejos tiempos requieren. Con esta publicación internacional en portugués y español inauguramos un trabajo colectivo a través de la Red de Pensamiento, Transformación Social y Dependencia Económica en América afro-Abya Yala.

Queremos, además, expresar nuestro profundo agradecimiento al Ministerio Federal de Investigaciones, Tecnología y Espacio de Alemania (BMFTR) por la financiación de este libro a través del Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados (CALAS), al Centro de Estudios Transdisciplinarios Argentina/Cono Sur (ARCOSUR) y a las autoridades de la Universidad Friedrich Schiller de Jena, Alemania, por su constante apoyo.



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