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2 “El fin del curro”

Derivas de la narrativa electoral de la centroderecha argentina sobre el pasado dictatorial (2015, 2019 y 2023)

Juliana Santos Ibáñez, Julieta García y Micaela Trovato Marini

Introducción

Con posterioridad a las políticas que durante la transición democrática y, especialmente, en la década de 1990 limitaron el juzgamiento de los crímenes de la dictadura y promovieron una narrativa de reconciliación nacional (Lvovich y Bisquert, 2008), los gobiernos kirchneristas reposicionaron la condena del terrorismo de Estado en el centro de su orientación estatal, desplegando una agenda en materia de derechos humanos orientada al juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad, la reparación y el homenaje a las víctimas. Sin embargo, lejos de imponerse un único marco narrativo memorial (MNM),[1] otros modos de interpretar ese pasado continuaron circulando cada vez con mayor fuerza. El denominado “conflicto con el campo” del 2008[2] habilitó un “despertar crítico” hacia el gobierno que se expresó, en el ámbito de los derechos humanos, en una impugnación a la visión que consideraban “oficial” (Saferstein y Goldentul, 2019). De este modo, diferentes figuras del plano académico, intelectual y político, muchas de las cuales ya intervenían en el campo de las memorias, confluyeron de diversas maneras en las disputas sobre los sentidos del pasado reciente.

Tras doce años de gobiernos kirchneristas, en las elecciones presidenciales del año 2015 resultó ganadora la nueva alianza electoral Cambiemos. Esta fuerza logró aglutinar a la mayor parte de las fuerzas políticas no peronistas y tuvo como principales actores al partido Propuesta Republicana (PRO),[3] la Unión Cívica Radical (UCR) y la Coalición Cívica (CC). Mauricio Macri, principal figura y candidato a la presidencia,[4] sostuvo durante su campaña que bajo su gobierno se pondría fin al “curro de los derechos humanos” (Rosemberg, 2014). De esta forma, el candidato del PRO buscaba deslegitimar la lucha del Movimiento de Derechos Humanos (MDH) a partir de su vinculación con las denuncias de corrupción a funcionarios del gobierno kirchnerista. Como observaremos a lo largo del capítulo, este argumento justificaría un doble desplazamiento en la política gubernamental. Por un lado, un corrimiento del pasado dictatorial como eje central de la agenda de derechos humanos, otorgándole igual o mayor jerarquía a otras temáticas. Por otro lado, hacia el final del gobierno, retomaría la demanda por el reconocimiento a “otras víctimas” de la violencia política de la década de 1970 (Ministerio de Defensa, 2019).

En este capítulo nos proponemos abordar las representaciones sobre la experiencia dictatorial y su elaboración en el presente democrático construidas por las fuerzas electorales de la centroderecha (Cambiemos y Juntos por el Cambio)[5] desde la presentación de una alternativa electoral exitosa en 2015 hasta el presente de encrucijada que les propuso el ascenso de La Libertad Avanza (LLA) en 2023.[6] Para volver este ejercicio realizable, nos centramos en los discursos pronunciados en contexto de los debates presidenciales por parte de los candidatos que enfrentaron la carrera presidencial en cada campaña (2015, 2019 y 2023),[7] atendiendo a la emergencia –y omisión– de sentidos y representaciones acerca de ese pasado y su vinculación con las definiciones de este espacio de la política sobre la democracia.

Desde un abordaje cualitativo, consideramos estos discursos a partir de un análisis de contenido que nos permitió indagar en un conjunto de ideas que los candidatos de la centroderecha expresaron en las distintas coyunturas y que, vinculadas, componen determinadas formas de comprender y considerar el pasado dictatorial del país. Como verá el lector a lo largo de este libro, los debates televisivos que Argentina despliega desde 2015 adoptaron un formato característico en tiempos de la personalización de la política (Castells, 2013) y predominante en este tipo de eventos audiovisuales televisados, en los que la lógica de la competencia entre candidatos toma la forma de una “carrera de caballos” (Acosta, 2022). A su vez, nos orientamos en este capítulo por la idea arendtiana que considera a la esfera pública como el espacio en que las cosas son vistas y oídas por otros y otras (Arendt, 2003), optando por la metáfora teatral para referir a una cierta forma de acción que, en un ambiente controlado, eventualmente logra el aplauso del público (Canclini, 2022).

Por esto, el recorrido que proponemos pretende alejarse de un ejercicio que analice la palabra de los candidatos como expresiones individuales según las consideraciones y estrategias políticas que cada uno planificó para los debates. Por el contrario, presentamos un ida y vuelta entre lo dicho y lo no dicho en estos escenarios con otro conjunto de prácticas, discursos y procesos sociales que atravesaron a los actores políticos de la centroderecha en cada coyuntura política, pero también a otros actores de la política y ajenos a esta. De este modo, privilegiamos también otra dimensión que expresan las palabras de la política cristalizadas en los momentos de debates presidenciales, asociada a un “universo más amplio que constituyen las concepciones de la sociedad, de la política, de la economía, de la persona humana, etc., que existen en una sociedad y que emergen en la palabra de los políticos profesionales” (Lorenc Valcarce, 2002, p. 30). Sin ambicionar un recorrido historiográfico ni exhaustivo de cada coyuntura electoral, el lector encontrará una sección inicial en cada apartado donde se repondrán las generalidades de determinados procesos y disputas propios de la agenda pública y política que rodearon al debate (el telón de fondo). Luego, serán analizadas las representaciones de la centroderecha sobre la experiencia dictatorial en Argentina propiciadas en este marco (la política en escena).

Parados en el limbo: entre el silencio y la redefinición (2015)

El telón de fondo

Durante los gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) se impulsó una fuerte institucionalización de las políticas de memoria. En estos años, la búsqueda de memoria, verdad y justicia se presentó como una causa común del pueblo y del gobierno.[8] Este camino condujo a la creación de políticas de Estado como reflejo de un fuerte compromiso institucional con los derechos humanos. Dicha institucionalización incluyó subsidios, convenios y el respaldo estatal a organizaciones como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, como también a la búsqueda e identificación genética de personas desaparecidas durante la dictadura. Sin embargo, estas políticas no estuvieron exentas de conflictos: las fuerzas reaccionarias, principalmente, cuestionaron el enfoque y accionar del gobierno. A su vez, casos como el del programa Sueños Compartidos, que habían estado envueltos en denuncias de corrupción y desvío de fondos, alimentaron las críticas de la oposición y sectores mediáticos, que popularizaron la noción del “curro de los derechos humanos”, acusando al oficialismo de utilizar a la memoria como herramienta de legitimación política.

Hacia el año 2015, la profundización de problemáticas vinculadas a la inseguridad y el malestar económico se incorporó en la agenda pública de la Argentina. A esto se sumó una creciente idea de incertidumbre y pesimismo que comenzó a permear en la vida cotidiana. La falta de confianza en las políticas económicas se reflejaba en el aumento de la frustración de amplios sectores de la sociedad frente a las medidas del gobierno nacional. En este marco, se comenzó a configurar el escenario donde el kirchnerismo atravesaría sus últimos meses de gobierno.

El conjunto de estas crisis dio lugar a la formación de un terreno fértil para que la oposición, encabezada por Mauricio Macri y su coalición Cambiemos, lograra capitalizar el descontento popular. El candidato del “cambio” emergió en la arena pública como la alternativa a los años kirchneristas. El discurso de la transparencia en contraposición al “curro”, la “mano dura” frente a los altos índices de inseguridad y la narrativa en torno al “cambio” cimentaron el camino que daría lugar a un período electoral caracterizado por antagonismos políticos y un profundo cuestionamiento al rumbo que habían tomado las políticas públicas durante los doce años previos.

La política en escena

En el primer debate presidencial que tuvo la Argentina, realizado el 4 de octubre del 2015, la temática de los derechos humanos –que tiende a englobar las posiciones y políticas que refieren al pasado dictatorial–[9] ocupó un lugar relegado tanto en la definición de los tópicos por parte de la organización como en las alocuciones de los candidatos. En un contexto de preponderancia en la agenda pública y política de otros temas, los derechos humanos fueron integrados al bloque temático “Seguridad y derechos humanos” y fueron tratados en tercer orden en el debate. A su vez, el planteo del bloque por parte del periodista a cargo de la moderación, Luis Novaresio, también minimizó[10] su tratamiento al sugerir “temas específicos del tópico aparte del lineamiento general” que priorizaron problemáticas más ligadas a la seguridad que a los derechos humanos. En este sentido, Novaresio le pidió a los candidatos explicitar una medida operativa que aplicarían a comienzos de su gobierno para abordar el narcotráfico, en vínculo con el uso de las fuerzas de seguridad; sobre la cuestión judicial, solicitó que se expresen a favor o en contra de la despenalización de la tenencia de drogas para uso personal, pidió que se posicionen a favor o en contra de una reforma total o parcial del código penal, así como el nombre de sus futuros ministros de Seguridad en caso de ser elegidos. En el plano de los derechos humanos, el único tema específico se planteó al solicitar una “posición concreta” sobre la despenalización del aborto, demanda instalada hace tiempo por las organizaciones feministas, pero de creciente centralidad en la discusión pública en lo que fue un año clave para la notoriedad y expansión de la agenda de género en el país (Elizalde, 2018).

Subsumidos bajo la primacía explícita de la cuestión de la seguridad, los derechos humanos en su versión vinculada a las grandes violaciones cometidas bajo la última dictadura no formaron parte central del debate en 2015. Luego de una década de políticas desplegadas por distintos niveles y agencias del Estado en materia de memoria, juzgamiento y reparación, el pasado reciente de dictadura no fue objeto de debate siquiera entre alternativas políticas ubicadas en extremos de la grieta.[11] El eje “Seguridad y derechos humanos” fue abordado por casi la totalidad de los candidatos con el foco puesto en problemáticas ligadas a lo sugerido: inseguridad, narcotráfico y rol de las fuerzas de seguridad. Únicamente el candidato de la izquierda, Nicolás del Caño, introdujo en su discurso una reivindicación al proceso de juzgamiento a los militares y la demanda de apertura de archivos de la dictadura y juicio y castigo a todos los culpables.[12]

El candidato del espacio que acá nos ocupa no hizo lugar a la temática general de derechos humanos, ni a la particular del tratamiento de los crímenes de la dictadura. Juzgando con severidad los problemas de inseguridad y narcotráfico, Macri se mostró proactivo y propuso una “agencia nacional de lucha contra el crimen organizado”, a la vez que acentuó el rol de las fuerzas de seguridad en un “plan de pacificación de los barrios” que apunte a la “prioridad de paco cero en cinco años”.[13] Pese a la evidente elección del candidato de Cambiemos de evitar las reflexiones en torno a la última dictadura y las políticas en materia de derechos humanos, la temática pareciera haber emergido cuando el candidato de la izquierda interrogó a Macri sobre la abstención de su partido en la votación en la Cámara de Diputados que proponía la creación de una comisión bicameral que investigara “los delitos de los empresarios en dictadura”.[14] Además de esta pregunta, Del Caño aprovechó los segundos a disposición para interrogar a Macri sobre lo que consideró un derecho humano fundamental como es la vivienda, aludiendo a dos conflictos acontecidos el año anterior en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) que habían culminado con violentos desalojos de población en situación de vulnerabilidad habitacional. Esta interpelación en materia de urbanización permitió a Macri dedicar el tiempo de su respuesta a la temática de la vivienda, enalteciendo lo realizado en la CABA durante su gestión y trasladando responsabilidad al gobierno nacional por lo que consideró “discriminación” en cuanto a financiamiento para obra pública.

Nuevamente, el tratamiento del pasado dictatorial no fue un tema sobre el que Macri disputara una determinada significación, sin siquiera sentar la posición del espacio político por representar ante una interpelación directa. En el debate público, en las pantallas que aparecían en la casa de las y los argentinos, el candidato que iba a terminar con el “curro de los derechos humanos” no desarrolló una posición explícita al respecto. Esta ausencia puede leerse en relación con las prioridades discursivas que habilitaban a Cambiemos a presentarse como una opción viable en las elecciones cercanas, en un contexto en el que el pasado traumático de interrupción de las garantías constitucionales y graves violaciones a los derechos humanos no aparecía como un componente insoslayable de la agenda democrática inmediata.

En ese marco, Macri tuvo el desafío de presentar a su espacio político como la opción elegible en una segunda vuelta electoral que lo opuso frente al candidato del oficialismo, Daniel Scioli, en el debate presidencial del balotaje desarrollado el 15 de noviembre de 2015. En lo que fue un debate intenso, recordado por algunas frases polémicas y resonantes chicanas políticas,[15] ambos candidatos se explayaron en torno a los mismos ejes temáticos del primer debate. Sobre el tópico que estamos analizando, algunas diferencias respecto al primer debate son visibles: por un lado, la presencia del candidato oficialista del peronismo, ausente en el primer encuentro televisado, y por el otro, la inclusión de un nuevo tema específico dentro del bloque “Seguridad y derechos humanos”, que esta vez sí incluyó una alusión al tratamiento del pasado reciente de dictadura. En una confusión terminológica no menor para referir la temática, Novaresio solicitó a los candidatos: “su posición sobre los procesos judiciales por los delitos de lesa humanidad conocidos como Juicios por la Verdad” (Macri, 2015).[16]

A pesar de las novedades (la presencia del candidato oficialista y la inclusión del tema en el listado sugerido), ninguno de los dos candidatos a la presidencia se refirió a las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura, como tampoco a los procesos penales por delitos de lesa humanidad. Con algunas diferencias en el planteo, ambos puntualizaron en el abordaje del narcotráfico y la inseguridad, y se enfocaron en la violencia de género como parte de la agenda de derechos humanos y en contra de la trata de personas.[17] De un modo similar al primer debate, el tema que aquí nos compete pareció colarse dentro de un evento político donde ninguna de las alternativas electorales que se presentaban lo situó entre los aspectos centrales a incorporar en el discurso político de la Argentina por venir.

Dentro del cuarto eje, “Fortalecimiento democrático”, Macri aprovechó su minuto de preguntas para introducir dos temas que adquieren relevancia a la hora de entender la construcción narrativa del espacio respecto a la democracia y los derechos humanos. Planteando a la democracia como un “compromiso de vida, con la libertad y los derechos”, afirmó que, de ser electo, el 11 de diciembre pediría que se ejerza la cláusula democrática suspendiendo a Venezuela “dados los abusos que han habido en Venezuela, los presos políticos que hay, la participación de militares en el gobierno” (Macri, 2015).[18] En segundo lugar, interrogó a su contrincante sobre su posición respecto al memorándum firmado con Irán “que ha hecho tanto daño en la búsqueda de la verdad en Argentina” y que se proponía derogar.

La presentación discursiva del candidato de la centroderecha respecto de estos dos temas fue clara y directa: se comprometía “frente a los argentinos” a tomar medidas firmes y rápidas una vez asumiera la presidencia e interpelaba a Scioli como un competidor ya abatido al que únicamente le solicitaba un acompañamiento. “Quiero saber si nos vas a acompañar”, enunció Macri, y arrojó a Scioli dos temas sensibles para el espacio kirchnerista que, a su propio discurso, funcionaban de manera más o menos correcta para conformar una alternativa electoral diferente a la oficialista, pero acorde a un conjunto de valores presentes en la arena política ligados al republicanismo. En un ejercicio habitual en otras intervenciones en el espacio público, este discurso de Macri se inscribe en una operación discursiva propia de las expresiones políticas de derecha en Argentina que se propone, con matices, contrapuntos y diferencias, la resignificación del léxico de uno de los fundamentos centrales de la legitimidad democrática: el de los derechos humanos (Lvovich y Bisquert, 2008). Además de incomodar al candidato oficialista, la denuncia de violaciones a los derechos humanos en Venezuela permitió a Macri presentar a su espacio político como un espacio comprometido con los derechos humanos entendidos en una clave amplia que expresa un “contenido pluralista propio del discurso internacional de los derechos humanos” (Barros, 2017, p. 59). De este modo, la selección temática no fue casual, sino que estuvo previamente planificada en tanto sirvió al candidato a dos funciones a priori divergentes pero interrelacionadas: por un lado, diferenciarse políticamente de las políticas y vinculaciones geopolíticas del sector oficialista, denunciando una incongruencia en sus posturas; por el otro, reclamar un lugar dentro del universo de los que defendían los derechos humanos –hegemonizado por la alternativa oficialista–.

Al mismo tiempo, y en vínculo con las dinámicas de las negociaciones que condujeron a Macri a disputar la presidencia en 2015 en nombre de la coalición política Cambiemos, la narrativa pluralista de los derechos humanos que se expresó en el debate apuntó a la conservación de un electorado que, entre la tradición democrática del radicalismo y el discurso republicano del PRO, no era indiferente a la temática; aunque sí mayormente opositor a los modos en los que el oficialismo había decidido tratarlo en aquel entonces. No obstante, pese a servir a este objetivo, el silencio del candidato proveniente del PRO en torno al tema del pasado dictatorial también pareció expresar los riesgos de pararse en este limbo: ni mucha ni poca definición en materia de políticas de derechos humanos para no entorpecer la relación con los representantes y electorado de un radicalismo estrechamente vinculado a los procesos de tramitación del pasado represivo en el retorno democrático. No se trataba de una posición equidistante respecto de las memorias en disputa, sino de un mecanismo de elusión y desplazamiento del eje dictatorial hacia otras agendas.

Sin embargo, este no fue el único electorado que la coalición necesitó preservar. Incluso hacia el interior del PRO existían diferencias en los modos de significar y presentar el pasado dictatorial, que se hicieron más o menos evidentes ante distintas coyunturas, agudizándose al calor de disputas internas en los años venideros y llegando al punto de máxima tensión en las primarias de 2023, donde los votantes del PRO debieron elegir entre dos alternativas marcadamente distintas que expresaban la profunda división al interior de la fuerza.[19]

La apuesta a la redefinición del léxico de los derechos humanos se hizo visible cuando la reacción del candidato del oficialismo ante los temas introducidos por Macri llevó a preguntarle lo siguiente:

Quiero decirle a Macri si sostiene que la política de derechos humanos es una etapa en la Argentina o tiene un compromiso con la memoria, la verdad y la justicia, o tiene otro tipo de compromisos. Porque este tema no es un tema más, es una política de Estado reconocida mundialmente y mi compromiso es en la búsqueda de la verdad. (Macri, 2015)

Ante la pregunta concreta acerca del tratamiento del pasado dictatorial en el presente, la respuesta de Macri insistió en el intento discursivo por redefinir los sentidos en juego respecto a los derechos humanos:

No me contestaste dos temas que son importantes para los argentinos, y para toda Latinoamérica, Daniel. Saber si vamos a estar con los países que defienden la democracia, te pido que revises e intentes contestarme. Y también decirte que, claramente, yo he demostrado en mi gobierno un compromiso que es una convicción de defender los derechos humanos asumida por la mayoría de los argentinos. Saber lo que pasó en el pasado y también defender los derechos humanos del presente, que es acceso a la educación pública de calidad, la salud, a la cloaca, al agua potable, a la seguridad. Todas cosas que todavía están pendientes para muchos argentinos porque hay catorce millones de argentinos que siguen en la pobreza a pesar de que en estos ocho años Latinoamérica tuvo enorme cantidad de oportunidades. (Macri, 2015)

Siguiendo a Morales, advertimos en este pasaje una búsqueda por despojar al término de su entramado de sentidos populares, abriendo “el juego de la significación y construyendo una narrativa alternativa respecto de uno de los significantes estructurantes del ethos democrático nacional” (Morales, 2022, p. 48). Al insistir en la vulneración de derechos en el presente, la centroderecha logró construir un lugar de enunciación propio sobre la temática, sin tener que adoptar discursivamente las representaciones disponibles en el marco memorial de sus adversarios ni convalidar las políticas impulsadas por ellos. De este modo, promovió una disputa en la que se posicionó como portavoz de demandas y críticas antagónicas a los proyectos políticos identificados con la tradición nacional y popular (Morales, 2022). Se trató de una disputa políticamente estratégica, abierta y escrita en tiempo presente, a la que en los años siguientes se incorporaron otros –y posiblemente nuevos– actores, adquiriendo una creciente visibilidad en la agenda pública.

Las palabras de cierre de Macri demostraron que el tratamiento del pasado dictatorial no ocupó un lugar central dentro de la narrativa refundacional de la Argentina que propuso el espacio de la centroderecha para encarar las elecciones que lo llevarían a la presidencia. Más bien se ubicó en el plano de las diferencias marcadas con el espacio oficialista, de las cuales muchas otras parecían más redituables en los términos discursivos en que se disputaban electores en un debate presidencial. De este modo, optó por cerrar su intervención en el debate priorizando una narrativa orientada hacia el futuro que culminó con una arenga de tono casi futbolístico: “¡Vamos todos juntos, Argentina!”.

Firmes en la (o)posición: la postura ante la emergencia de discursos de derecha (2019)

El telón de fondo

Durante los años de gobierno de Cambiemos (2015-2019), las organizaciones del MDH y amplios sectores de la sociedad civil se movilizaron en contra de lo que consideraron un retroceso en los avances producidos en los años anteriores en relación con las demandas de memoria, verdad y justicia. El punto más álgido fue la masiva movilización para repudiar el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) que habilitó el 2×1 que permitía la liberación de condenados por delitos de lesa humanidad (Pertot, 2022). Por su parte, el gobierno hizo sus esfuerzos por desmarcarse de las decisiones del Poder Judicial y destacar su independencia.[20]

Tal como adelantamos en el apartado anterior, no es posible adjudicar una única postura a la administración macrista en torno al tratamiento del pasado reciente, sino más bien una multiplicidad de gestos heterogéneos, en ocasiones tensionados entre sí. Declaraciones como las de Darío Lopérfido[21] negando la existencia de 30.000 desaparecidos (De Vedia, 2016) convivieron con posicionamientos más cercanos al MNM del terrorismo de Estado desplegado por las organizaciones del MDH. Un ejemplo de esto fue el rol desplegado por Claudio Avruj al frente de la Secretaría de Derechos Humanos, quien sostuvo, en reiteradas oportunidades, el compromiso del gobierno con la memoria, la verdad y la justicia.[22]

Sin entrar en una disputa directa por el sentido de lo ocurrido durante la última dictadura, el gobierno macrista optó por ampliar y refundar la agenda de derechos humanos propuesta desde el Estado. Esto se evidenció de manera más clara con el lanzamiento del primer Plan Nacional de Acción en Derechos Humanos. Los lineamientos principales, si bien incluyeron las políticas de memoria, verdad y justicia, apuntaron a instalar otras temáticas vinculadas al desarrollo humano, como la salud, la educación, el respeto por la diversidad, entre otras. De esta forma, el gobierno buscó ubicar en el centro de la escena los derechos humanos “del presente” frente a la experiencia de la administración kirchnerista centrada en la reparación por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura. En palabras del ministro de Justicia Germán Garavano, el Plan “marca un antes y un después en el abordaje integral de los Derechos Humanos no solo hacia el pasado, como se ha hecho, sino también hacia el futuro y hacia el presente” (Ministerio de Justicia, 2017).

Sin embargo, la emergencia de candidatos de derecha para las elecciones presidenciales del año 2019 habilitó un desplazamiento en la postura del gobierno. Semanas antes de las elecciones generales, Macri homenajeó a militares atacados por Montoneros y anunció una indemnización para sus familias. En el acto, sostuvo que este reconocimiento “nos lo debíamos como sociedad, durante mucho tiempo el Estado guardó silencio frente a las víctimas” (Televisión Pública, 2019). De esta forma, el gobierno atendía a la demanda de “otras víctimas” de la década de 1970 a semanas de finalizar su mandato, en la antesala de un nuevo debate presidencial.

La política en escena

La presentación de las nuevas alternativas electorales de derecha otorgó características distintivas a los debates presidenciales de 2019. En comparación con 2015, observamos una presencia notoriamente más intensa de los temas vinculados al pasado dictatorial y las políticas de derechos humanos, pero no precisamente por el discurso brindado por el candidato de Juntos por el Cambio (JxC). Los candidatos Espert y Gómez Centurión[23] aprovecharon los minutos del eje temático tercero “Derechos humanos, diversidad y género” para sentar posición sobre la temática. Más allá de la novedad que significó la emergencia de sus posiciones en el marco de un debate presidencial, muchas de las representaciones que estos candidatos articularon en sus discursos se corresponden con MNM disponibles desde la posdictadura, pero denegados u ocluidos por otros dominantes.[24] Sin embargo, lo que aquí nos interesa analizar es un aspecto de estas enunciaciones de las fuerzas electorales de derecha que, en línea con la propuesta de este capítulo, requiere considerar a las ideas pronunciadas no solo desde su significación sino también en diálogo con las de los otros espacios políticos y en relación a los sentidos que circulan socialmente acerca del pasado.

Si bien el entonces presidente Macri volvió a optar por no sentar posición en torno a los derechos humanos en clave del tratamiento del pasado dictatorial, el silencio expresado y la reposición de las palabras de otros candidatos participantes dieron forma a la postura de la centroderecha frente a la temática. Para ello, fue fundamental que tres de los seis candidatos a la presidencia citaran la famosa frase de Macri del “curro de los derechos humanos”, frente a la cual este decidió no opinar, ni retractarse. Los dos candidatos de la derecha, Espert y Gómez Centurión, se sirvieron de la frase de Macri para iniciar sus cruzadas contra las políticas implementadas por el kirchnerismo en distintos ámbitos para la reparación, juzgamiento y memoria de la última dictadura. Específicamente, estos actores encarnaron una metamorfosis del MNM de los dos demonios[25] partiendo de la referencia a la frase de Macri, e hicieron propia la idea del “curro de los derechos humanos” que impugnaba y deslegitimaba la lucha del MDH contra la impunidad, así como también a las políticas implementadas durante el kirchnerismo en la materia. De este modo, se sirvieron de una expresión contraria al MNM del terrorismo de Estado en su versión kirchnerista, pero previamente disponible y enunciada por otro espacio distinto a los suyos:

En el curro de los derechos humanos, como lo nominó alguna vez el candidato Macri en el año 2015, vamos a terminar con una vergüenza sistemática del pago de 22 000, perdón, dos mil millones de dólares a delincuentes terroristas que atacaron unidades militares. Vamos también a indemnizar a las víctimas de la subversión, tratando de que sea fuera de un espacio electoral para que no se confunda con un espacio de manipulación. Dentro de esto, a veces nos pensamos y a veces creemos, ¿cuál es la verdadera imagen presidencial? ¿La del presidente que concurre al acto en memoria de los soldados asesinados en Formosa o la que lleva a los mandatarios extranjeros al Parque de la Memoria a rendirle homenaje a sus asesinos? (Televisión Pública, 2019a)

Sin embargo, en Argentina, los derechos humanos parecen haber sido secuestrados por solo los defensores de una parte de los asesinos durante los 70: aquellos que se esconden detrás de las polleras de Hebe de Bonafini. Basta el curro de los derechos humanos. La justicia respecto de los militares tiene que tomar una decisión: o los juzga y condena si los encuentra responsables de crímenes de lesa humanidad, o si no los libera, pero las prisiones preventivas como forma de impartir venganza y no justicia no es sostenible, no es tolerable. (Televisión Pública, 2019a)

En ambos casos, el discurso de estos candidatos partió de la definición provista por la frase del “curro”, para luego superarla con una definición más extrema sobre las políticas adoptadas y los actores que las impulsaron. Para las alternativas electorales de derecha que se incorporaron a este debate, las definiciones previas que el macrismo prefirió esquivar en los debates presidenciales pero que pronunció en otros contextos públicos pusieron a disposición determinados sentidos sobre el pasado dictatorial que crearon condiciones de posibilidad para la circulación de otras articulaciones discursivas dentro de un marco memorial que tendió a igualar las violencias del Estado y las organizaciones armadas. La idea del “curro” expresada por Macri en otro contexto, cargada de un sentido moralizante acerca de la práctica política y apuntada contra los actores portadores de legitimidad dentro del campo de los derechos humanos, permeó en la arena política de modo tal que sirvió a otros espacios políticos que defendieron una “teoría de los dos demonios recargada”.[26]

Al otro lado de la arena política, la frase del “curro” también sirvió al candidato del peronismo, Alberto Fernández, para enmarcar el posicionamiento de su fuerza política:

Acá hay gente que piensa que los derechos humanos son un curro. Otros que piensan que el genocidio no existió. La verdad que nosotros, para investigar el pasado, dejamos todo ese tema en manos de los jueces. Los jueces son los que dirimieron cuál fue la verdad y le hicieron cargar las responsabilidades que en cada caso correspondieron a los culpables. La verdad es que el tema de los derechos humanos, a esta altura de los acontecimientos, no puede ser otra cosa que un imperativo moral de la sociedad argentina. No hay mucho más que hablar. (Televisión Pública, 2019a)

Nuevamente, pese a no haberse explicitado, la postura del candidato de la centroderecha en el debate a la reelección emergió en las pantallas televisivas, como si hubiese sido ese el escenario de una definición sobre el pasado dictatorial que este no brindó. La estrategia sostenida por Macri en este primer debate del 2019 volvió a combinar la evasión de definiciones sobre la temática con una ampliación del léxico de los derechos humanos hacia otros derechos en el presente. Enmarcado en los valores republicanos de la “libertad, el respeto y la pluralidad de ideas y formas de vida”, el discurso de Macri en el eje “Derechos humanos, diversidad y género” resaltó supuestos logros de gestión, sobre todo en materia de género.[27] El contenido pluralista y la ausencia de referencias concretas a procesos históricos de vulneraciones y conquistas en materia de derechos humanos sostuvieron a Macri en el limbo que supo habitar con éxito cuatro años antes. Sin embargo, en 2019 esa posición comenzaba a volverse menos sostenible: la emergencia de candidaturas situadas más a la derecha reactivó disputas memoriales explícitas y habilitó que otros actores repusieran públicamente definiciones que el presidente evitaba formular. Por omisión, este no pareció incomodarse de que esto ocurriera.

El segundo debate también demostró mayores alusiones al pasado dictatorial respecto de los debates anteriores. El candidato de la izquierda, Nicolás Del Caño, cuestionó a quienes relativizaban las luchas históricas del MDH y articuló su intervención en el bloque de seguridad denunciando las continuidades represivas durante la gestión de Patricia Bullrich al frente del Ministerio de Seguridad. Por su parte, el principal candidato de la oposición al macrismo, Alberto Fernández, cerró su participación en el debate haciendo un brevísimo resumen de la historia “plagada de golpes” que tuvo el país, entre los que incluyó a la última dictadura y al gobierno de Macri:

Un día llegaron los genocidas y se cargaron de muertos a la Argentina, de exiliados, de torturados, vino Martínez de Hoz, vino la guerra de Malvinas. Y después vino la inflación, el plan Bonex, el corralito, el default. Y un día llegamos con Néstor y con Cristina y pusimos a la Argentina de pie. Pero entonces llegó Macri y acá estamos de vuelta, empezando otra vez. (Televisión Pública, 2019b)

Inmutable ante las introducciones del tema, por momentos más o menos dirigidas a su persona y espacio político, Macri atravesó el debate manteniendo la misma posición que hemos descrito. Ni para incluirlo en un derrotero histórico del país, ni como punto de partida para pensar el rol de las fuerzas de seguridad en democracia, la narrativa expresada por JxC se mantuvo durante los debates de ambas elecciones y se caracterizó por omitir expresión alguna sobre la cuestión. Solamente, y en un intento premeditado de sacar rédito de un asunto de actualidad pública que no supuso una definición en términos del pasado dictatorial, el candidato se mostró irónico sobre el uso de una polémica metáfora expresada por algunas figuras públicas ligadas al kirchnerismo:[28] “También nos dicen que ahora quieren la libertad de prensa, que la van a respetar. Pero a la vez, se fantasean con una CONADEP para juzgar a los periodistas como si fuesen terroristas de Estado” (Televisión Pública, 2019b).

Hacia el escenario electoral de 2019, el discurso de la centroderecha había abandonado la épica refundacional que lo caracterizaba antes de haber gobernado. Sin embargo, muchas de las definiciones brindadas seguían siendo las mismas en áreas como seguridad, desarrollo, economía y, lo que acá nos ocupa, derechos humanos. Firme entre la evasión de los temas vinculados a la experiencia dictatorial y su intento de ampliar la agenda de derechos humanos, JxC enfrentó otra instancia de debate casi inmutable en sus posiciones, a pesar de que el contexto había cambiado significativamente. Esta posición se transformaría –aunque con resultados limitados– de cara al debate de 2023.

Cambiados: el discurso del orden y la violencia política (2023)

El telón de fondo

La carrera por las elecciones presidenciales del año 2023 tuvo lugar luego de tres años de desgaste de la administración del Frente de Todos. Los principales motivos del desgaste fueron el descontento social producido por la pandemia de COVID-19 iniciada en 2020 y la agudización de la crisis económica. En dicho marco, la alianza JxC afrontó el desafío de volver a posicionarse como una alternativa para gobernar el país luego de la derrota electoral del 2019.[29]

En esta oportunidad, la interna de las PASO en JxC no se dirimió entre las diferentes fuerzas que componían la alianza sino entre dos candidatos del PRO. Por un lado, se presentó Horacio Rodríguez Larreta, que se desempeñaba como jefe de Gobierno de CABA desde el año 2015 sucediendo a Mauricio Macri en el cargo. Larreta formó parte del PRO desde sus inicios y pertenecía a una facción política dentro del partido vinculada al mundo de las ONG (Vommaro y Morresi, 2015). Del otro lado, Patricia Bullrich, exministra de Seguridad del gobierno macrista, contaba con una larga trayectoria de pertenencia a diferentes espacios políticos y gobiernos. Tal es así que, como se verá más adelante, su participación en Montoneros durante la década de 1970 fue objeto de debate durante la campaña.

Si bien Bullrich resultó ampliamente ganadora de la interna de JxC, la sorpresa (“Elecciones PASO 2023: las encuestas volvieron a fallar y no anticiparon el triunfo de Javier Milei”, 2023) de este escenario electoral fue el triunfo de Javier Milei, candidato de LLA. De este modo, JxC asistía al debate de candidatos a la presidencia ubicándose por debajo de LLA y Unión por la Patria (ex Frente de Todos), obligado a pugnar por un espacio opositor al entonces gobierno con una figura altamente disruptiva en la escena política como la de Milei, que además era acompañado en la fórmula por Victoria Villarruel, con una trayectoria y militancia previa en la causa de las víctimas de las organizaciones político-militares y vínculos activos con actores del mundo militar. En un contexto de revitalización de los sentidos asociados al MNM de los dos demonios, JxC debió modificar su posicionamiento sobre el pasado dictatorial, y lo hizo arrojando sentidos y definiciones propias sobre el rol del Estado y las fuerzas de seguridad en el presente y el futuro inmediato.

La política en escena

El primer debate electoral del año 2023 incluyó, entre sus ejes temáticos, el tópico “Derechos humanos y convivencia democrática”. La temática fue seleccionada por la ciudadanía entre otras posibles, a través del voto vía redes sociales. Esto sucedió en un marco de revitalización de discursos provenientes del campo de las derechas que volvieron a poner el pasado dictatorial de nuestro país en el centro del debate público y la victoria de Javier Milei en las PASO. A diferencia de lo ocurrido en los debates previos en los que este pasado fue eludido por varios candidatos al referirse al tópico de derechos humanos, la experiencia de la dictadura fue el eje de respuesta de todos los participantes en esta oportunidad.

La candidata a presidenta de la centroderecha, Patricia Bullrich, fue la primera en responder. La centralidad de la intervención de Bullrich estuvo orientada a defenderse acerca de las acusaciones y referencias que otros candidatos realizaron durante la campaña a su participación previa en la organización político-militar Montoneros. Sobre este punto, la candidata del PRO sentenció que formó parte de una organización juvenil –sin aclarar cuál–, pero que personalmente nunca hizo uso de la violencia como forma de hacer política. Meses antes, en una entrevista televisiva en La Nación+, había declarado en el mismo sentido admitiendo su participación en la Juventud Peronista, pero sosteniendo que era “una de las pocas argentinas” que había hecho una autocrítica acerca del mal que hizo la violencia a la política. En ese marco, sostuvo que ella no reivindicaba a la “generación diezmada”, haciendo referencia a un modo propio del kirchnerismo de referirse a la militancia de la década de 1970.[30] Una vez más, la definición de sus propias formas de significar la experiencia de la dictadura aparecía como confrontación al discurso kirchnerista. Su defensa personal sobre el uso de la violencia fue acompañada por algunas referencias a exmandatarios de otros países, tales como Nelson Mandela y José “Pepe” Mujica, que habrían sido víctimas de acusaciones similares.[31] De este modo, buscó reafirmar públicamente una imagen desvinculada de la violencia y aclaró que lo hacía para que “nunca más se acuse falsamente” (Televisión Pública, 2023).

El comienzo de la intervención de la candidata de la centroderecha estuvo marcado por una indefinición acerca de las características del pasado dictatorial en Argentina. Esto se hizo evidente con expresiones tales como aquellas que sostuvieron que la dictadura fue una “tragedia” que nos enseñó a los argentinos qué es lo que sucede cuando “no impera la ley”, “todo lo que sucedió en la Argentina fue una tragedia que no debe suceder nunca más” (Televisión Pública, 2023). Sin embargo, hacia el final la candidata sostuvo: “Esa tragedia tan brutal hoy debe ser reconocida tanto por los muertos de las Fuerzas Armadas como los muertos de las organizaciones armadas, tanto civiles como militares” (Televisión Pública, 2023). De este modo, contrario a lo que había pasado con Macri en debates anteriores, Bullrich tomó posición respecto a lo ocurrido durante la última dictadura.

A diferencia de las participaciones anteriores, en esta oportunidad la centroderecha expuso directamente un posicionamiento que, a través de la consagración de su candidata en las elecciones internas, se presentaba como parte de una agenda de gobierno del espacio entero. Ante un contexto de debate con expresiones competitivas de la derecha como la que expresaba Milei, el discurso del macrismo acerca del pasado dictatorial asumió una forma más concreta. Por primera vez, una candidata de la centroderecha exponía con claridad, en un debate presidencial, la intención de tratar por igual las violencias cometidas por el terror estatal y los crímenes de la guerrilla, reflejando la renovada posición que el MNM de los dos demonios asumía en la arena pública. Para esto, se amparaba en la demanda de justicia para “otras víctimas”, de manera similar a la que operaron las memorias de los sectores vinculados a las Fuerzas Armadas y las organizaciones de “memoria completa”. Frente a las enunciaciones públicas de la derecha y la relevancia de las figuras de Milei y Villarruel, JxC encontró el espacio para plantear una versión más cercana a las posiciones de estos, coherente con gran parte de sus dichos y acciones de gobierno en la materia y orientada a disputar un sector del electorado con ellos.

La candidata de la izquierda Myriam Bregman hizo uso de su derecho a réplica a la intervención de Bullrich en este tópico, pero no hizo referencia alguna a sus declaraciones acerca del pasado dictatorial. Este recurso fue utilizado para acusar a Bullrich por la represión ejercida por las fuerzas de seguridad cuando estuvo a cargo del Ministerio de Seguridad durante el gobierno macrista con la desaparición de Santiago Maldonado y la muerte de Rafael Nahuel.[32] De este modo, la posibilidad de una “convivencia democrática” fue discutida por ambas candidatas en términos de los modos que asume la protesta social en el presente. En el caso de Bullrich, planteó que no existe la convivencia democrática con piquetes y toma de tierras que no permiten trabajar a los argentinos. Bregman, por su parte, sostuvo que forma parte de la convivencia democrática el derecho a protestar. El intercambio entre las candidatas culminó con una defensa por parte de Bullrich a las Fuerzas Armadas y las fuerzas de seguridad:

Quiero mandarle un abrazo grande a los gendarmes que fueron absueltos. Sus familias destruidas, en el colegio les gritaban asesinos cuando lo único que habían hecho era cumplir con la ley y con el deber. Así siempre tratan a las Fuerzas Armadas y a las fuerzas de seguridad en nuestro país. No las dejan vivir en democracia. Los quieren tirar al rincón. Yo les rindo homenaje y voy a ser siempre defensora de aquellos que cumplan con la ley. Siempre. Santiago Maldonado fue un juicio y todos absueltos. Así que, si creen en la justicia, en vez de decir lo que siguen diciendo digan la verdad. Porque la verdad en este país no se defiende sola. (Televisión Pública, 2023)

Estas y otras definiciones de Bullrich buscaron presentarla como la candidata del orden, aprovechando el capital acumulado tras su paso por el gabinete de Macri, donde estuvo al frente del Ministerio de Seguridad. Dado el lugar central que la agenda de orden y seguridad ocupó en su gestión como ministra, el área de la que estuvo a cargo fue clave para las necesidades políticas y de control social del gobierno (Canelo, 2019). Estas condiciones de la candidata del espacio arribaron a la retórica militarista del presente democrático, pero también a una reivindicación del ejercicio de la violencia estatal que caracterizó la renovación de los MNM desde los cuales se piensa el pasado dictatorial. La proximidad con los agentes de las fuerzas de seguridad y el perfil asumido como defensora de “la ley” y “el deber” constituyeron definiciones del espacio político próximas a sentidos acerca del accionar represivo del Estado que, sin referir de manera directa al pasado dictatorial, dan cuenta de una operación que se propone disputar el modo de entender el ejercicio de la violencia a manos de este.

En un debate que presentó características diferentes a los anteriores en cuanto a la centralidad que asumió el pasado reciente como objeto de discusión, los actores de la centroderecha representados por Patricia Bullrich se presentaron cambiados. Si bien ciertas bases de su discurso fueron expresadas en otros contextos públicos y actos de gobierno, se produjo una notoria transformación en la forma en que eligieron presentarse para este debate ante una audiencia de electores. Si bien esto no implica, necesariamente, un cambio en la forma de comprender el pasado dictatorial, sí da cuenta de un estado del debate sobre el accionar represivo del Estado propio de una coyuntura política diferente a las anteriores. La condensación de dinámicas de homogenización del espacio que, en apariencia, se presentaban como saldadas ante la contienda electoral como consecuencia de la derrota de Larreta en la interna y el triunfo de su forma de hacer política, se combinó con la necesidad de disputar una parte del electorado que parecía convocado por las definiciones explícitamente negacionistas o relativizadoras de los crímenes cometidos por el Estado durante la dictadura. Al mismo tiempo, la necesidad de recrudecer la heterogeneidad externa para disputar el lugar de oposición al peronismo contribuyó a la presentación de memorias alternativas al MNM del terrorismo de Estado defendido por el kirchnerismo, generando así las condiciones para la adopción explícita en un debate del MNM de los dos demonios por parte de la centroderecha.

Reflexiones finales: derivas de la narrativa de la centroderecha sobre el pasado dictatorial a diez años de su gobierno

Desde su presentación exitosa como una alternativa al gobierno kirchnerista, en 2015, hasta el fracaso resultante en las últimas elecciones presidenciales de 2023, las definiciones brindadas en contextos de debate televisivo por el espacio de la centroderecha en torno al pasado dictatorial y su elaboración en el presente fueron fluctuantes. A la par de la progresiva centralidad que la temática asumió en cada edición del debate, estos sentidos en pugna formaron parte de las alocuciones de candidatos que incluso no los colocaron como eje prioritario de sus campañas, como el caso de Macri y Bullrich que aquí analizamos. En el último debate presidencial, JxC desplegó la versión más articulada de una narrativa que, con ambivalencia, representó la mayor parte de sus dichos y acciones de gobierno entre 2015 y 2019. Sin embargo, no habían sido ofrecidas de este modo en coyunturas previas al debate electoral, demostrando la relevancia que adquiere la consideración del escenario que rodeó a cada debate o, como lo llamamos acá, el telón de fondo.

El estudio de los discursos pronunciados por los candidatos de la centroderecha permite advertir la existencia de movimientos permanentes que, con distintos ritmos y velocidades, se producen hacia el interior de los MNM desde los cuales los actores de la política piensan y enuncian el pasado dictatorial. La reaparición, consolidación y debilitamiento de estos MNM ocurren por acción de estos actores que, en determinados contextos, encuentran mayores motivaciones para intervenir en las disputas por el sentido del pasado. Al hacerlo, recuperan sentidos promovidos por memorias que los representan o con las que dialogan y reconfiguran. Una mirada transversal a los períodos analizados permite observar la existencia de una narrativa acorde al marco memorial de los dos demonios en el pensamiento político de la centroderecha. Sin embargo, estas intervenciones contribuyen a la actualización de este marco, cuyas claves no se reproducen en su versión originaria, sino que se resignifican en función de los actores, las necesidades y los desafíos que marca el presente.

A su vez, esta narrativa se presentó de maneras diferentes en función de las audiencias electorales a las que se buscó interpelar y de los adversarios políticos a los que se debieron enfrentar. Por momentos, los candidatos de este espacio priorizaron disputar el campo de los derechos humanos con el kirchnerismo y sus aliados dentro del MDH, intentando reorientar la discusión hacia otras problemáticas ligadas a los derechos humanos y sentando las bases de un pensamiento que deslegitimó las luchas contra la impunidad, retomado también por otras expresiones políticas de derecha. En el último tiempo, en cambio, la candidata del PRO aprovechó su perfil vinculado al orden y la seguridad para enunciar una metamorfosis dentro de este MNM que recargó la teoría de los demonios recuperando las demandas de las víctimas de la guerrilla y defendiendo una postura acerca del ejercicio represivo del Estado afín a una retórica ligada al deber en el mantenimiento del orden. No obstante, todas estas definiciones por acción u omisión aparecieron cuando fue necesario propiciar una contienda política con el kirchnerismo como principal adversario político o producir afinidades en el electorado de LLA, dando cuenta de la primacía de una lógica pragmática como principio organizador de los discursos sobre el pasado dictatorial en tiempos de campaña.

Algunas de estas reconfiguraciones producidas dentro de un MNM diferente al del terrorismo de Estado pudieron funcionar como condiciones de posibilidad para habilitar una reconfiguración del espacio de lo decible acerca del pasado y su tratamiento (Besse y Messina, 2022) que fue aprovechada por otros espacios de derecha que emergieron con fuerza en la arena pública. A su modo, la centroderecha argentina formó y forma parte activa de los debates abiertos sobre el sentido del pasado reciente en la política argentina. Atender a las particularidades con que lo hace contribuye a complejizar la mirada que tenemos sobre los procesos de construcción de memorias acerca del pasado que tenemos en común.

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Sin autor

Elecciones PASO 2023: las encuestas volvieron a fallar y no anticiparon el triunfo de Javier Milei (14 de agosto de 2023). Infobae. https://tinyurl.com/2ws9cwee.


  1. Para una revisión sobre el concepto de marcos narrativos memoriales véase capítulo 1.
  2. Dicho nombre asumió el conflicto entre el kirchnerismo y el sector agropecuario en 2008 a raíz de la Resolución 125 que establecía retenciones móviles a las exportaciones de granos. El enfrentamiento adquirió una gran relevancia política y mediática, marcando un punto de inflexión en la relación entre el kirchnerismo y diferentes sectores.
  3. El PRO surgió a principios del nuevo milenio como una propuesta novedosa y alternativa a los dos principales partidos del siglo XX (la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista).
  4. Mauricio Macri venció en las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) a Ernesto Sanz (UCR) y Elisa Carrió (CC).
  5. “Juntos por el Cambio” fue el nombre adoptado por la alianza Cambiemos a partir de las elecciones presidenciales de 2019, donde se incorporó el espacio Encuentro Republicano Federal, representado por el candidato a vicepresidente de la fórmula, Miguel Ángel Pichetto. La inclusión del candidato de origen peronista a las filas de Juntos por el Cambio significó un esfuerzo de este espacio político tendiente a sostener el poder político en un contexto de debilitamiento luego de haber gobernado.
  6. Empleamos la categoría centroderecha para referirnos al PRO y a la coalición Cambiemos en función de su posicionamiento relativo dentro del sistema político argentino durante el período analizado. Más allá de las derivas recientes del espacio, esta denominación se justifica por su adscripción a un ideario liberal en lo económico, conservador en términos político-morales y por su filiación con tradiciones liberal-conservadoras o neoliberal-conservadoras señaladas por diversos autores (Bohoslavsky y Morresi, 2016; Morresi, 2015; Vommaro, 2017).
  7. Realizamos este recorte que deja a un lado los candidatos que han resultado perdedores en internas partidarias, entendiendo que el discurso de los candidatos finales a la presidencia permite observar el momento de condensación de una serie de disputas y negociaciones previas que son inherentes a los procesos de selección de figuras políticas, cuyas definiciones en nombre de la fuerza que representan son presentadas a la sociedad como representantes del pensamiento de la totalidad del espacio político. No obstante, al momento de analizar la campaña electoral de 2023 consideraremos algunas de las tensiones que la disputa entre Bullrich y Larreta expresó debido a los sentidos que adquiere cuando del tratamiento del pasado dictatorial se trata.
  8. Véase capítulo 1.
  9. En Argentina, existe una asociación dominante entre derechos humanos y el juzgamiento a quienes participaron en los crímenes de lesa humanidad durante la dictadura. Para más, véase Lvovich y Bisquert (2008).
  10. Novaresio se tomó una licencia al explicitar lo que, para él, podrían ser tópicos de debate dentro del eje referido. La organización de este primer debate no definió tópicos al interior de cada eje, sino que fue una decisión del periodista.
  11. La “grieta” es un término popularizado en los medios de comunicación para describir la división entre quienes apoyaban y quienes rechazaban al kirchnerismo.
  12. En una construcción narrativa propia de este espacio político, la reivindicación del proceso judicial revitalizado por el Estado a partir de 2003 fue englobada bajo el marco de una “lucha histórica de los organismos de derechos humanos y de la izquierda”, en un intento discursivo por escindir esta política del espacio kirchnerista al frente del Ejecutivo en aquellos años. Para profundizar sobre esta cuestión puede verse el capítulo 6 de este mismo libro.
  13. Durante la campaña por la presidencia, el candidato del PRO sostuvo que el principal objetivo de su espacio político era lograr “pobreza cero” en la Argentina. En sus propias palabras, los argentinos eligieron a su gobierno por “tres compromisos: pobreza cero, combatir y derrotar el narcotráfico, y unir a los argentinos” (Casa Rosada, 2017).
  14. Este hecho es significativo en tanto expresa una de las diferencias relevantes entre los espacios políticos que conformaron Cambiemos. Ante esto, el espacio de la UCR acompañó la creación de la bicameral.
  15. En la jerga política argentina, el término chicana alude a una estrategia discursiva de descalificación o provocación del adversario, generalmente de carácter irónico o burlesco, que busca ponerlo en una posición incómoda o restarle legitimidad ante el público. Aunque el término proviene del ámbito jurídico para referir al uso de artimañas de mala fe usadas en los litigios, en el lenguaje político cotidiano se asocia a los cruces retóricos que priorizan el impacto mediático por sobre el debate de ideas.
  16. En realidad, quería referir a los juicios penales por crímenes de lesa humanidad que significaron un nuevo ciclo de pretensión punitiva a comienzos del siglo XXI, impulsados por el MDH y avalados por el Poder Ejecutivo durante los gobiernos kirchneristas. A diferencia de los Juicios por la Verdad, estos procesos no solo buscaron el esclarecimiento de lo acontecido durante la dictadura y la verdad sobre los hechos denunciados, sino que también se orientaron a la determinación de responsabilidades penales para los represores.
  17. En el caso de Macri, solo abordó esta cuestión para dar respuesta a un cuestionamiento del candidato oficialista sobre la política implementada en CABA.
  18. Se refería a la cláusula democrática del MERCOSUR que permitía la suspensión de cualquiera de sus miembros en caso de ruptura del orden constitucional o crisis institucional. La cláusula finalmente sería aplicada a Venezuela en 2017. Durante el gobierno de Nicolás Maduro, el país fue suspendido del bloque por considerarse el incumplimiento de los compromisos asumidos al momento de su adhesión, incluyendo normas vinculadas a derechos humanos y al funcionamiento democrático, en el marco de una creciente crisis política e institucional en el país.
  19. Volveremos sobre esta cuestión con más detalle en el apartado sobre el debate de 2023.
  20. La importancia de la independencia de la justicia fue destacada por el macrismo como modo de confrontar con el kirchnerismo y denunciar la intervención en los asuntos judiciales.
  21. Darío Lopérfido fue funcionario del gobierno macrista de la Ciudad de Buenos Aires desde el año 2015 hasta el 2016, y renunciaría a su cargo luego de la controversia desatada por sus declaraciones y el repudio de los organismos del MDH y referentes de la cultura.
  22. Para una revisión sobre las diferentes posiciones que convivieron durante el primer año de gobierno macrista véase Bertoia (2016).
  23. José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión fueron candidatos a presidente en las elecciones de 2019 en Argentina. El primero de ellos pertenecía al espacio Frente Despertar y el segundo al Frente NOS.
  24. Ver capítulo 5 de este mismo libro.
  25. Ver capítulo 1 de este mismo libro.
  26. Este tema será desarrollado con mayor profundidad más adelante en este libro.
  27. Decimos supuestos porque el candidato los presentó como “logros” pero esto no constituye una valoración realizada por estas autoras. Más bien, su política en materia de géneros generó posiciones encontradas y un movimiento feminista activo y movilizado en oposición a su gestión.
  28. En 2019, el actor Dady Brieva propuso crear una “CONADEP del periodismo” para investigar el rol de ciertos medios durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. La idea generó controversia y fue respaldada inicialmente por figuras como Gisela Marziotta, periodista y excandidata a vicejefa porteña, y el sindicalista Hugo Moyano, aunque luego Marziotta aclaró que su apoyo fue producto de una distracción.
  29. La alianza JxC había resultado ganadora en las elecciones legislativas del 2021 en la mayoría de las provincias. En el 2023, un total de 10 candidatos a gobernadores apoyados por JxC ganaron las elecciones provinciales.
  30. En el marco narrativo memorial del terrorismo de Estado que adoptó el kirchnerismo, la recuperación de la memoria de los militantes de los setenta adquirió centralidad como parte de una relectura del pasado dictatorial. Al asumir la presidencia en 2003, Kirchner se posicionó públicamente como parte de una “generación diezmada”, articulando así una narrativa que reivindicaba el compromiso político de esa juventud, al tiempo que reconocía errores y llamaba a una memoria “sin rencor”. Estas intervenciones, junto con políticas públicas de derechos humanos y la reactivación de los juicios por crímenes de lesa humanidad, expresaron lo que Nora Rabotnikof definió como “memorias de la política”: formas de narrar el pasado reciente que, desde el Estado, vinculan historia, identidad y proyecto político (Rabotnikof, 2006).
  31. Nelson Mandela fue presidente de Sudáfrica (1994-1999) y José “Pepe” Mujica, presidente de Uruguay (2010-2015).
  32. En agosto de 2017, Santiago Maldonado desapareció tras un violento operativo represivo de Gendarmería Nacional en la comunidad mapuche Pu Lof en Resistencia, Chubut, durante una protesta por la recuperación de tierras ancestrales. Su cuerpo fue hallado sin vida 78 días después en el río Chubut. A varios años del hecho, la investigación judicial no ha avanzado en determinar las responsabilidades materiales y políticas del operativo, y se han denunciado irregularidades y encubrimientos por parte del gobierno nacional en cabeza de la ministra Patricia Bullrich. En noviembre del mismo año, el joven mapuche de 22 años, Rafael Nahuel, fue asesinado por la espalda con una bala de plomo disparada por el Grupo Albatros de la Prefectura Naval Argentina durante un operativo de desalojo en la comunidad Lafken Winkul Mapu, en Villa Mascardi, Río Negro. A más de siete años del crimen, la causa judicial ha enfrentado demoras y obstáculos, y aún no se ha hecho justicia.


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