Sentidos sobre Malvinas en la campaña de La Libertad Avanza (2023)
Julieta Ressia, Luciana Foa, Tatiana Francischini
y Agustina Irigaray
Introducción
Malvinas es un eje relevante en la agenda nacional: constituye un punto central en la política exterior de los diferentes gobiernos nacionales, pone en juego diferentes maneras de abordar el reclamo de soberanía del territorio, tal como sucede con el reconocimiento de los excombatientes, y suele ser tomado con distinto énfasis en las campañas electorales de figuras políticas a nivel nacional. En este capítulo nos proponemos abordar los discursos sobre Malvinas a partir del concepto de marcos narrativos memoriales (MNM), entendido como aquellos repertorios de sentido que organizan las interpretaciones sobre el pasado y orientan las prácticas del presente.
En esta línea, buscamos indagar en la construcción de MNM específicos sobre Malvinas y en las formas en que diversos actores han elaborado significados sobre el conflicto, sus causas y sus protagonistas. Para ello, recuperamos las dimensiones que estructuran estas narrativas, tales como la caracterización de la contienda, el rol del Estado y las Fuerzas Armadas, las representaciones sobre los excombatientes y las nociones de nación y soberanía, entre otras, con el propósito de reconocer regularidades, modulaciones y tensiones en las interpretaciones consolidadas desde la posguerra hasta la actualidad.
La reconstrucción de estos elementos nos permite analizar cómo La Libertad Avanza (LLA) retoma, tensiona o reconfigura estos marcos en sus discursos durante la campaña presidencial de 2023 y los meses iniciales de gestión en 2024. Nos centraremos en las intervenciones de Javier Milei, Victoria Villarruel y Diana Mondino, figuras de alta visibilidad pública y con capacidad de incidencia en la definición de la agenda política sobre Malvinas. Con este foco nos preguntamos ¿qué cambios y continuidades expresa LLA en sus discursos en torno a Malvinas?
En torno a estas premisas, el capítulo se organiza en dos momentos principales. En primer lugar, se identifican y caracterizan los diferentes MNM que se configuraron desde la finalización de la guerra en 1982. En un segundo momento, exploramos cómo estos marcos son construidos, recuperados o disputados en el seno de LLA, dando lugar a un repertorio heterogéneo de acciones y discursos que invita a reflexionar sobre las transformaciones recientes en la construcción de la memoria social sobre la causa Malvinas.
Marcos narrativos memoriales sobre Malvinas
El análisis de los sentidos producidos desde la posguerra permite reconocer una serie de MNM que articulan las interpretaciones sobre Malvinas. Al interior de estos MNM aparecen distintas formas de explicar el conflicto, fundamentar sus causas, caracterizar a los combatientes y conceptualizar el papel del Estado. Lejos de presentarse como categorías puras o excluyentes, estos marcos conviven, se solapan y son apropiados de forma diferencial por los diversos actores sociales y políticos.
Uno de los primeros MNM sobre Malvinas en configurarse fue aquel que explicaba la guerra como una gesta patriótica (Guber, 2012). Este marco, promovido durante la última dictadura militar, situó al conflicto como una empresa nacional orientada a la recuperación de la soberanía. En esta narrativa, las Fuerzas Armadas ocuparon un lugar central y se presentaron a sí mismas como un actor legítimo en la defensa de la nación, mientras que los combatientes eran representados como héroes. Esta noción de “gesta” enfatizaba el valor, el sacrificio, la entrega de los soldados y tendía a homogeneizar a los protagonistas del conflicto borrando los límites entre las responsabilidades políticas y las militares. Con posterioridad, este marco fue retomado por distintos actores, en particular en contextos de reivindicación de las FFAA y de apelación a repertorios simbólicos de carácter nacionalista.
En tensión con esta narrativa, diversos actores de la posguerra consolidaron un MNM que definió al conflicto como una guerra absurda (Guber, 2012), una lectura promovida desde el gobierno de Raúl Alfonsín. En este marco la guerra fue interpretada como una decisión irracional e irresponsable de la conducción militar en el contexto de un gobierno de facto. Esta narrativa buscó escindir a la sociedad civil del gobierno militar, desvinculando el afán del sector civil por la recuperación de las islas de las decisiones militares. En este caso, los excombatientes fueron representados principalmente como víctimas bajo la categoría socialmente extendida de “chicos de la guerra” que fueron enviados a combatir en condiciones adversas, es decir, ciudadanos (jóvenes) de buena voluntad involucrados en un conflicto que los excedía. Sin embargo, este intento de configurar un tipo de patriotismo que se diferencie del nacionalismo militar fue cuestionado por diversos grupos de excombatientes, quienes reclamaban tanto el reconocimiento de su desempeño bélico como el juzgamiento de los crímenes cometidos por los mandos superiores durante la guerra. Este marco se inscribió en un intento más amplio de construcción democrática, que buscó establecer una distancia entre la sociedad civil y el gobierno de facto, al tiempo que cuestionó el accionar de las Fuerzas Armadas. Este MNM estuvo atravesado por una tensión particular: aunque en el plano internacional se mantuvieron los intentos diplomáticos por tratar la causa de la soberanía, a nivel local el discurso oficial apuntó a “desmalvinizar a la sociedad” (Cagnacci, Cardoso y Lazarte, 2023).
Durante la década de 1990, estos sentidos se transformaron bajo el impulso de las políticas gubernamentales del entonces presidente Carlos Saúl Menem. Si bien su gestión no abandonó completamente los repertorios patrióticos, promovió un MNM orientado a la reconciliación y la normalización de las relaciones con el Reino Unido. En este escenario, el gobierno neoliberal subordinó el reclamo de soberanía a una agenda de cooperación económica y alineamiento internacional (Rama, 2022). Al mismo tiempo, el menemismo reforzó ciertos elementos simbólicos vinculados al heroísmo de los excombatientes, a quienes el presidente comenzó a denominar genéricamente como “veteranos”, inscribiéndose en una política de cierre del pasado que buscaba desactivar la conflictividad social y política derivada de la guerra (Lorenz, 2022).
A partir de 2003, bajo los gobiernos de Néstor Kirchner y posteriormente de Cristina Fernández de Kirchner hasta el año 2023,[1] se configuró una relectura que desplazó el eje de la reconciliación para articular la reivindicación soberana con las políticas de memoria, verdad y justicia. Este MNM integró las demandas de la posguerra del colectivo de excombatientes en el paradigma de los derechos humanos, otorgando una nueva complejidad a la interpretación del conflicto al inscribirlo en el contexto del terrorismo de Estado. De este modo, el kirchnerismo promovió una memoria que, además de sostener la causa Malvinas como una demanda histórica nacional, incorporó las denuncias por torturas y malos tratos a soldados conscriptos durante el conflicto bélico. Desde esta perspectiva, el Estado fortaleció políticas públicas de reconocimiento y reparación histórica, recuperando deudas simbólicas y materiales con los protagonistas del conflicto (Cagnacci, Cardoso y Lazarte, 2023). En este sentido, se dio lugar a un MNM diferente a los anteriores, que denominamos “malvinizador”: a partir de las políticas de memoria motorizadas desde 2004 emergió una memoria “malvinera” que, hasta hoy, puja por inscribirse en la polisémica demanda de memoria, verdad y justicia (Lorenz, 2011).
Inscriptos en este marco, algunos centros de exsoldados desnaturalizaron lo ocurrido en el campo de batalla, que hasta entonces era entendido como parte de los usos y costumbres de la guerra. Impugnaron la relación de subordinación implicada en las jerarquías militares y el castigo de los cuerpos socialmente legitimados desde la instauración del servicio militar obligatorio; denunciaron las torturas vivenciadas e inscribieron sus relatos en la narrativa de violaciones a los derechos humanos (Ressia, 2021). Esta mirada guarda relación con el MNM del terrorismo de Estado, esbozado en el primer capítulo del libro.
Estos MNM se caracterizan por su dinamismo y sus cambios a lo largo del tiempo. Posteriormente, sufrieron modulaciones y transformaciones al ser adoptados por diferentes gobiernos y grupos sociales que los reactualizaron. El gobierno neoliberal de Mauricio Macri (2015-2019), por ejemplo, se inscribió en el MNM de la reconciliación y recuperó elementos del menemismo en su política exterior: mantuvo un enfoque pragmático desde una lógica de “inserción internacional inteligente”, priorizando la cooperación con el Reino Unido y relegando el reclamo de soberanía por Malvinas a un segundo plano. Bajo esta premisa, la relación diplomática con Londres se orientó hacia acuerdos económicos, sostenida por una narrativa de confianza mutua y diálogo positivo (Bidondo, 2022).
Por su parte, durante la gestión de Alberto Fernández (2019-2023) se retomó el MNM malvinizador originado en el período kirchnerista. La cuestión Malvinas[2] se impulsó como eje de la política interna con el objetivo de consolidarla como política de Estado. Esto se tradujo en acciones legislativas concretas: en junio de 2020 se presentaron ante el Congreso tres proyectos de ley referidos a la creación del Consejo Nacional de Asuntos Relativos a las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes; la demarcación del límite exterior de la plataforma continental argentina; y la modificación del régimen federal.
Finalmente, en el escenario actual, los MNM adquirieron una configuración novedosa. Al interior del oficialismo conviven de forma tensionada los MNM de la gesta patriótica y la reconciliación, dejando en evidencia disputas simbólicas sobre la cuestión al interior del propio gobierno y para con distintos sectores de la sociedad civil. Analizaremos cómo estos se reconfiguran, encuentran modulaciones y se ponen en disputa en el actual escenario político (Bidondo, 2022).
Disputas y superposiciones de los MNM en el espacio de LLA
Como señalamos previamente, la discusión sobre Malvinas se reactualiza en cada gobierno, no solo a través de sus políticas en materia internacional, sino a través de los sentidos que se asignan al conflicto y en los MNM en los que dichos sentidos se inscriben. En el caso de LLA, la temática Malvinas se instaló ya desde la campaña presidencial, particularmente en los debates presidenciales previos al ballotage del 19 de noviembre de 2023. En ese marco, la consigna Malvinas fue recuperada como un recurso de confrontación con los candidatos opositores, pero también circuló en el espacio público una apropiación crítica por parte de sectores sociales que, retomando la consigna “pibes de Malvinas” que “jamás se olvidarán”, la resignificaron en clave electoral para desalentar el voto a Milei. Esta formulación se articuló, a su vez, con el repertorio simbólico y afectivo del fervor mundialista por el triunfo argentino en Qatar 2022 (Farías y Lluvero, 2023).
Desde sus comienzos, la postura de LLA comenzó a oscilar entre la reivindicación de los excombatientes, el sostenimiento del reclamo de soberanía sobre las islas y el reconocimiento del derecho de autodeterminación de sus habitantes. Estas modulaciones recuperan elementos propios tanto del MNM de la gesta patriótica como del MNM de la reconciliación. En el escenario del debate presidencial realizado el 12 de noviembre de 2023, el candidato de Unión por la Patria, Sergio Massa, interrogó a Javier Milei sobre su postura en torno a Malvinas señalando “¿Thatcher es tu ídola? ¿Los kelpers tienen derecho a la autodeterminación?” (Televisión Pública, 2023). Preguntas a las que Milei respondió diciendo que:
En la historia de la humanidad ha habido grandes líderes. La señora Thatcher lo fue, así como lo fue Reagan, o lo fue Churchill como De Gaulle. Thatcher tuvo un rol significativo en la Caída del Muro de Berlín, que parece que a vos te molesta que se haya caído y aplastado a la izquierda. (Televisión Pública, 2023)
Ante esa respuesta, Massa afirmó:
Thatcher es una enemiga de la Argentina. Ayer, hoy y siempre. Nuestros héroes son absolutamente innegociables por más que para vos Thatcher sea una figura. Defiendo la soberanía de Malvinas y creo que sería importante que digas si los kelpers tienen derecho a la autodeterminación o no. (Televisión Pública, 2023)
En contestación, el candidato de LLA expresó:
Con ese criterio, cuando Alemania en el año 74 le hizo cuatro goles a Argentina, Cruyff la rompió e hizo un desastre; vos tendrías que considerar que Cruyff es un pésimo jugador. O con los goles que hizo Mbappé en la final, tendrías que despreciarlo porque nos hizo los goles. Una cosa no tiene que ver con la otra. Nos tocó una guerra que perdimos y tenemos que hacer todos los esfuerzos para recuperar las islas por la vía diplomática. (Televisión Pública, 2023)
Y concluyó: “Por supuesto voy a defender las Malvinas” (Televisión Pública, 2023).
A partir del triunfo electoral de LLA en el ballotage, comenzaron a evidenciarse las tensiones presentes entre distintos sectores del gobierno en referencia a la cuestión Malvinas. Respecto al reclamo soberano, el actual presidente Milei se ha posicionado en la línea histórica que se centra en la promoción de la pertenencia cultural a Occidente, dejando en un segundo plano las demandas en torno a la soberanía argentina sobre el territorio. Al declarar que se realizarán “todos los esfuerzos para recuperar las islas por la vía diplomática” (Televisión Pública, 2023) se pretende demostrar un compromiso con Malvinas a través del reclamo legal y pacífico. Dicha aclaración va en consonancia con la estrategia del gobierno actual de priorizar una relación bilateral cordial con Reino Unido y evitar la discusión de la controversia de la soberanía sobre Malvinas (Berardi, 2023).
Más allá de las semejanzas que se establecen con las posturas de los gobiernos neoliberales que lo antecedieron (Bidondo, 2022), la forma de pronunciarse sobre la temática que presenta Milei resulta excepcional. En este sentido, recuperamos algunos de sus discursos que muestran gestos de quiebre en las posturas presidenciales históricas sobre Malvinas y que, a su vez, establecen puntos en común y disidencias con los MNM propuestos en el presente libro. La historia que contó Milei sobre la agresión física que sufrió por parte de su padre al cuestionar la guerra de Malvinas a sus doce años (Casa Rosada, 2025), la falta de respuesta ante la pregunta sobre el derecho a la autodeterminación de los isleños, así como su admiración hacia Margaret Thatcher, a quien compara con algunos ídolos del fútbol, resultan manifestaciones de un posicionamiento “poco malvinero” (Chao, 2024), que debió ser contrarrestado por la vicepresidenta Victoria Villarruel, figura sobre la que profundizaremos más adelante. En esta línea, llama la atención la reivindicación de la ex primera ministra británica, en tanto se posiciona contra una tradición argentina que se ha caracterizado por rechazar fuertemente su imagen, tanto por su postura de no negociar la soberanía de Malvinas como por la orden que impartió durante la guerra para hundir al crucero General Belgrano (Ciccone, 2019).
Los discursos de Milei no se inscriben de manera estable en ninguno de los MNM identificados previamente, sino que los retoman y reconfiguran de manera particular. Por un lado, sus referencias al compromiso con la defensa de las islas y a la figura heroica tanto de las Fuerzas Armadas como de los excombatientes evocan ciertos elementos del MNM de la gesta patriótica; sin embargo, su reivindicación de Margaret Thatcher, la prioridad otorgada al vínculo comercial con el Reino Unido y su apelación al principio de autodeterminación de los pueblos lo distancian profundamente de esa tradición narrativa y lo acercan al MNM de la reconciliación. Sobre este, se torna central el mantenimiento de la relación bilateral con Reino Unido y la subordinación del reclamo soberano a una lógica de cooperación económica en lo discursivo. Por otro lado, si bien su encuadre del reclamo en términos estrictamente diplomáticos podría aproximarlo al MNM de la guerra absurda, su posicionamiento se aleja también de ese marco: no victimiza a los protagonistas del conflicto ni condena el accionar de las Fuerzas Armadas.
En continuidad con estas tensiones, un actor clave en la construcción y circulación de sentidos sobre Malvinas dentro de la coalición LLA –tanto durante la campaña electoral como en los primeros meses de gobierno– fue Diana Mondino. Proveniente del sector privado, ingresó a la política como diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 2023, cargo al que renunció tras el triunfo electoral para asumir como ministra de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto hasta el 31 de octubre de 2024, cuando su salida del cargo fue anunciada en un contexto de crecientes tensiones internas.
En este marco, es posible identificar una serie de intervenciones clave que permiten reconstruir las representaciones sobre Malvinas impulsadas por la excanciller. Su primera declaración pública sobre el tema, aun como asesora de LLA, tuvo lugar en una entrevista con el diario inglés The Telegraph (Lough y Makin, 2023) en septiembre de 2023, es decir, en campaña. Allí sostuvo que un eventual gobierno del espacio estaría signado por el “respeto a los derechos de los isleños”, posicionamiento que generó controversias tanto dentro del oficialismo como en la oposición, e instaló la cuestión Malvinas en la agenda del debate presidencial organizado por el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales.
El discurso de Mondino en esta intervención se articuló con la lógica predominante de la campaña, que tendió a subsumir los distintos ejes de discusión política a la dimensión económica, particularmente al problema de la inflación. En este sentido, su posicionamiento se distanció de las políticas sostenidas por los gobiernos de Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández, que habían consolidado el reclamo diplomático por la soberanía como una política de Estado. En línea con la postura británica, Mondino apeló al principio de autodeterminación para legitimar la búsqueda de diálogos bilaterales, caracterizando las estrategias previas como “agresivas”. De este modo, recuperando el MNM de la reconciliación, el reclamo soberano tendió a subordinarse a la cooperación económica, mientras que los habitantes de las islas adquirieron centralidad como sujetos de la narrativa.
Un segundo momento relevante se produjo con su intervención como canciller ante el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas en junio de 2024. Allí, la cuestión Malvinas fue inscripta en el marco de una estrategia orientada a consolidar una relación “madura” con el Reino Unido, basada en el diálogo y la cooperación, con el objetivo de generar condiciones para la eventual reanudación de las negociaciones por la soberanía. Este desplazamiento discursivo implicó, en cierta medida, una reconfiguración de los énfasis tradicionales en torno a Malvinas. Frente a marcos que habían privilegiado el recuerdo del conflicto bélico y sus consecuencias –especialmente durante los gobiernos kirchneristas–, la apelación a un “clima de confianza” tendió a atenuar la carga emocional asociada a la guerra y la posguerra como “herida abierta”. En este sentido, el discurso de Mondino buscó redefinir los límites del conflicto, desplazando las tensiones históricas en favor de una lógica de cooperación que prioriza intereses económicos por sobre las demandas soberanas. Así, sus representaciones tendieron a despolitizar la cuestión, reconfigurándola como un problema de gestión sustentado en datos económicos y haciendo referencia a derechos individuales que intentan desplazar los derechos colectivos. En efecto, esta narrativa disputó sentidos con aquellas centradas en el homenaje a los excombatientes y en el reclamo soberano: la excanciller no incorporó referencias a los veteranos en sus intervenciones públicas, mientras que el desplazamiento hacia los isleños como sujetos centrales del conflicto redefinió las fronteras de la alteridad.
El MNM al que apela Mondino contrastó de manera directa con posiciones más nacionalistas dentro del propio oficialismo, como las sostenidas por Victoria Villarruel, poniendo en evidencia las tensiones internas en torno a Malvinas. Estas controversias se profundizaron a partir de la firma de acuerdos con el canciller británico David Lammy, orientados a restablecer conexiones aéreas con las islas bajo el argumento de mejorar la comunicación entre el territorio continental y el archipiélago. Aunque ello supuso un quiebre respecto de la orientación sostenida durante más de tres décadas en materia de soberanía, la perspectiva de Mondino no logró hegemonizar el discurso oficial; su posicionamiento continuó caracterizándose por la superposición de discursos y la ausencia de una estrategia unificada. Su posterior renuncia (precedida por una denuncia penal vinculada a estos acuerdos y enmarcada en diversas controversias en política exterior) puso de relieve, entre otros aspectos, las disputas internas en torno a Malvinas en un gobierno que no logró delinear un encuadre coherente ni una política sostenida frente a la disputa de soberanía.
En este escenario, atravesado por redefiniciones y tensiones en torno a Malvinas, se inscribieron también las intervenciones de Victoria Villarruel, que condensan múltiples sentidos sobre el tema. Su vínculo con la temática se apoya, en parte, en una dimensión biográfica, ya que es hija de Eduardo Villarruel, quien participó en la guerra como integrante de la Compañía de Comandos 602 bajo el mando de Aldo Rico. Desde ese lugar, Villarruel desarrolló una trayectoria pública vinculada a espacios que reivindican a las “otras víctimas” de la década de 1970 y plantean lecturas críticas de las políticas de memoria centradas en los crímenes de lesa humanidad (Palmisciano, 2022).
El desacuerdo público de Villarruel y Mondino evidenció tensiones dentro del espacio libertario. A partir del anuncio de acuerdo con David Lammy, Villarruel expresó públicamente sus reparos: “Todos saben lo que representa Malvinas para mí y que ese es mi límite […] La propuesta de acuerdo anunciada con el Reino Unido es contraria a los intereses de nuestra Nación”, y agregó: “Agradezco y soy leal al Presidente, pero Malvinas requiere otra estrategia” (“Villarruel contra el Gobierno de Milei: ‘¿Nos toman por tontos?’”, 2024). Estas afirmaciones, formuladas en un tono que combinó el respaldo institucional y la diferenciación política, permitieron advertir la coexistencia de miradas disidentes dentro del oficialismo. Las diferencias se expresaron tanto en las formas de plantear el reclamo de soberanía como en las interpretaciones sobre el conflicto bélico y su inscripción en una “historia larga” de las islas, previa a la guerra de 1982.
A su vez, un episodio ilustrativo de su postura se dio en el plano de las conmemoraciones, particularmente en la propuesta de la vicepresidenta de realizar un desfile militar por el 42.º aniversario de la guerra. La iniciativa, en línea con su énfasis en la “gesta” y el reconocimiento a los veteranos, no prosperó en el marco de las prioridades económicas del Poder Ejecutivo. La decisión fue comunicada por Nicolás Kasanzew, entonces a cargo de la Dirección Gesta Malvinas, quien expresó públicamente su desacuerdo con la cancelación del acto. Más allá del episodio, la situación permitió observar distintos modos de concebir el homenaje y el lugar de Malvinas en la agenda pública, ligados al MNM de la gesta patriótica.
Este marco narrativo da cuenta de la postura nacionalista de Villarruel, a la cual se le suma la reivindicación de los “héroes de Malvinas”. En este marco, se tiende a homogeneizar la figura del combatiente, sin distinguir los roles y responsabilidades de los distintos escalafones militares durante el conflicto. Esta perspectiva se distancia de otras representaciones que, como se señaló, inscriben la guerra en el contexto del terrorismo de Estado, diferencian responsabilidades entre oficiales y tropa y promueven la investigación de las torturas a soldados conscriptos denunciadas judicialmente desde 2007.
En distintas intervenciones públicas, Victoria Villarruel ha sostenido esta lectura. Por ejemplo, en un acto conmemorativo por el 2 de abril realizado en 2024, afirmó: “nuestros héroes de Malvinas merecen honor y reconocimiento permanente”, al tiempo que caracterizó la guerra como una “gesta” (“En el homenaje a los caídos en Malvinas, Milei convocó a una nueva era de reconciliación con las Fuerzas Armadas”, 2024). Este tipo de formulaciones construye una narrativa que simplifica –y en ciertos aspectos silencia– la complejidad del conflicto. En este encuadre, Malvinas funciona como una plataforma para reivindicar el accionar de las Fuerzas Armadas, presentando a los veteranos como un colectivo homogéneo, sin matices ni cuestionamientos sobre la conducción militar.
La causa Malvinas es retomada así para reconfigurar la memoria sobre el pasado reciente, realizando un desplazamiento de ciertos elementos centrales como el carácter dictatorial del régimen y las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la guerra. En efecto, esta perspectiva se contrapone a la ampliación del MNM del terrorismo de Estado, que en años recientes incorporó las denuncias por torturas a conscriptos. En la narrativa de Villarruel, estos aspectos quedan relegados: no hay lugar para las controversias sobre la conducción militar ni para el contexto autoritario en el que se desarrolló el conflicto. Se trata, así, de una construcción de memoria selectiva, que recorta y ordena los hechos en función de una épica orientada a la reivindicación.
Reflexiones finales
A lo largo de este capítulo analizamos las representaciones sobre Malvinas construidas por distintos actores de LLA, con el objetivo de indagar de qué modo se inscriben (o no) en los MNM identificados previamente. A partir del análisis de los discursos de Javier Milei, Diana Mondino y Victoria Villarruel, se evidenció un escenario atravesado por tensiones, desplazamientos y superposiciones de sentidos en torno a Malvinas. De este modo, podemos afirmar que LLA no configuró un nuevo MNM, tampoco se limitó a reproducir de manera lineal los marcos preexistentes. Lo que observamos fue una articulación inestable de algunos de esos marcos que son retomados y resignificados a través de distintas modulaciones. Estas transformaciones de los MNM a los que apelan estos actores políticos no operan de manera homogénea, sino que se expresan de forma diferenciada en los discursos y posicionamientos que cada uno de ellos expresa.
Por un lado, el discurso de Milei combina elementos del MNM de la gesta patriótica, particularmente en su apelación a la defensa de la soberanía y la heroicidad de los combatientes, con rasgos propios del MNM de la reconciliación, lo cual se evidencia en su énfasis en la cooperación económica con el Reino Unido y el reconocimiento del principio de autodeterminación de los pueblos.
El discurso que realizó Milei en el acto en homenaje a los héroes de Malvinas del 2 de abril de 2025 se estableció como un momento bisagra en el que consolidó su posicionamiento sobre Malvinas. En dicha ocasión, el presidente llevó adelante una alocución que rápidamente se volvió mediática, debido a que contradijo la posición histórica que ha mantenido nuestro país con respecto al reclamo soberano sobre Malvinas:
Y si de soberanía sobre las Malvinas se trata, nosotros siempre dejamos claro que el voto más importante de todos es el que se hace con los pies. Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros. Por eso buscamos hacer de Argentina una potencia tal que ellos prefieran ser argentinos y que ni siquiera haga falta la disuasión o el convencimiento para lograrlo.
Por eso, hemos emprendido el camino liberador que estamos transitando, para que Argentina sea el país más libre del mundo, vuelva a tener el PBI per cápita más alto del planeta y que todos los ciudadanos del mundo fantaseen con el sueño argentino. Eso es lo que este gobierno entiende por soberanía. Es la vara con la que nos medimos y no nos conformamos con menos. (Oficina del Presidente, 2025)
En un reclamo que lleva casi 200 años de historia en nuestro territorio, Javier Milei fue el primer presidente en retomar el principio de autodeterminación de los pueblos, y decidió hacerlo en un discurso del 2 de abril. Esta manifestación, enmarcada bajo una ideología neoliberal, además de formar opinión pública, sentó precedente en términos de política exterior y obstaculizó el reclamo de soberanía sobre las islas. Puede advertirse que Milei, en sus diferentes manifestaciones públicas, ha utilizado la cuestión Malvinas para expresar su postura geopolítica y económica, como también para señalar a sus adversarios y al tipo de sociedad que busca construir.
Las declaraciones públicas sobre la cuestión Malvinas no son aisladas, sino que remiten a repertorios históricos, tipologías discursivas y umbrales de aceptabilidad social, es decir, qué es aquello que se puede decir sin perder la adhesión de un auditorio y qué formas de enunciación resultan aceptables o no en un momento dado (Angenot, 2010). La referencia explícita a Margaret Thatcher y a la autodeterminación de los habitantes de las islas funciona como operación sobre esos límites: al reivindicar o relativizar figuras y narrativas que históricamente han polarizado la memoria de la guerra, Milei genera tensiones en el campo discursivo con estrategias que reconfiguran los límites entre lo pensable y lo decible sobre Malvinas. Los argumentos, las frases y el tono de Milei pueden interpretarse como un intento de reconfigurar los MNM existentes sobre Malvinas desde una mirada centrada en la economía, el poder y la autodeterminación, más que en la construcción de memoria y la reparación simbólica por la guerra. De esta manera, la vinculación que realiza entre su proyecto económico simplificado bajo la idea de “convertir a Argentina en una potencia que atraiga a los isleños” funciona retóricamente para cambiar el horizonte de acción. Es decir, ya no se trata de reclamar la “recuperación” como acto de soberanía, sino de condicionar ese reclamo a un cambio en el orden material y moral que haría que los isleños “prefirieran” ser argentinos. Del mismo modo opera la referencia a la autodeterminación.
Por su parte, Mondino profundiza esta línea al inscribir la cuestión Malvinas en una lógica predominantemente económica, subordinando el reclamo soberano a la construcción de vínculos de cooperación bilateral. En su discurso, los habitantes de las islas adquieren centralidad, en sintonía con el principio de autodeterminación, lo que la aproxima al marco de la “reconciliación” y la distancia de las medidas sostenidas como política de Estado en gobiernos anteriores.
Con ciertos contrastes, Villarruel reactivó con mayor énfasis elementos del MNM de la gesta patriótica, a partir de la reivindicación de los “héroes de Malvinas” y de las Fuerzas Armadas. Su posicionamiento tensiona tanto las lecturas que inscriben el conflicto en el marco del terrorismo de Estado como aquellas que priorizan la cooperación con el Reino Unido y el alineamiento con potencias occidentales, evidenciando una disputa de sentidos al interior del oficialismo, dando cuenta de una de las mayores modulaciones de los marcos en los que inscriben a Malvinas.
De este modo, el análisis nos permite sostener que LLA no estabiliza un sentido dominante sobre Malvinas, sino que expone y profundiza su carácter disputado, tanto en el plano de la política exterior como en el de las memorias sociales sobre la guerra. Las narrativas analizadas no resultan completamente novedosas, sino que retoman MNM previos, los reactualizan y juegan constantemente con los límites de lo decible. En este sentido, más que la emergencia de nuevos MNM, lo que observamos son modulaciones “recargadas” de marcos preexistentes, en las que conviven elementos heterogéneos que no logran articularse en una narrativa unificada. Esta configuración da cuenta de tensiones internas dentro de este espacio político y también reabre debates más amplios, que se vinculan con la soberanía del archipiélago y las iniciativas de proyección argentina en el Atlántico Sur, el lugar de las Fuerzas Armadas y los modos de construir memoria sobre el pasado reciente. En este escenario, Malvinas no es solo un tema de agenda: es un territorio simbólico en disputa, donde se juegan las formas de narrar el pasado, los proyectos de país posibles y, en última instancia, definiciones sobre la identidad nacional.
Bibliografía
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Fuentes consultadas
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Televisión Pública (12 de noviembre de 2023). Tercer Debate Presidencial 2023 [Archivo de video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=LM65F8N57Mc.
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En el homenaje a los caídos en Malvinas, Milei convocó a una nueva era de reconciliación con las Fuerzas Armadas (2 de abril de 2024). Infobae. https://tinyurl.com/3aefv9ph.
Villarruel contra el Gobierno de Milei: “¿Nos toman por tontos?” (27 de septiembre de 2024). Página/12. https://www.pagina12.com.ar/770734-villarruel-contra-el-gobierno-de-milei-nos-toman-por-tontos.
- Néstor Kirchner fue presidente durante 2003-2007. Cristina Fernández de Kirchner durante 2007-2015. Posteriormente, fue vicepresidenta durante los años 2019-2023.↵
- Referirse a la “cuestión Malvinas” se vincula a la disputa diplomática de la soberanía entre la Argentina y el Reino Unido por las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Por su parte, la “causa Malvinas” excede a las razones históricas y jurídicas que fundamentan nuestra soberanía, y abarca manifestaciones culturales, educativas y de política internacional que han transformado a las islas en un espacio donde convergen y se articulan diversas causas (Ramos Padilla, 2025).↵






