Un deporte que se transforma[1]
De acuerdo con García Ferrando (1990), el deporte refiere siempre a realidades sociales múltiples y complejas; el comportamiento deportivo se nos aparece como variado y cambiante, mostrando modificaciones en las prácticas existentes y la emergencia de otras nuevas, lo que abre las puertas a distintas luchas por el reconocimiento oficial. La diversificación, en interconexión con otros campos de la vida social, es el rasgo fundamental de la evolución reciente de estas actividades (Puig y Heinemann, 1991). Ubico el objeto de estudio de esta tesis en tanto expresión de la ampliación contemporánea de la oferta deportiva. Es en esta necesidad de disfrutar de una actividad que se adecúe a sus deseos y visiones, junto con la no satisfacción con la oferta disponible entonces, donde un grupo de universitarios estadounidenses encontró en 2005 el motor para inventar un deporte basado en un best seller[2] mundial: el quidditch.
Ahora bien, para hablar de esta práctica es inevitable hacer alusión a una saga de libros destinada a un público juvenil la cual, entre los noventa y los primeros años del siglo XXI, se transformó en un suceso mundial: Harry Potter (HP).[3] Escrita por la británica Joanne Rowling,[4] esta obra logró romper con el estereotipo de que el género fantástico juvenil jamás podría ser exitoso económicamente. La historia cuenta las peripecias de Harry, un joven huérfano que a la edad de 11 años se entera que es un mago y que tiene una vacante en una escuela de magia, Hogwarts. La carta que confirma su lugar en la institución y su habilidad mágica (hasta entonces desconocida) marca el comienzo de una serie de aventuras, narradas en siete tomos, que lo conducen a derrotar a un villano supremacista, Voldemort, el asesino de sus padres. Durante el desarrollo de la historia, el protagonista se familiariza con el deporte Quidditch,[5] el más popular de este mundo ficticio, el cual se juega sobre escobas voladoras y con pelotas encantadas. El impacto de esta obra en el público lector ha sido notable. Para Schandor y Torti Frugone (2012), HP es un producto con un fuerte enclave generacional: existiría una “generación Potter” que creció a la par del protagonista, cuya historia impactó en sus trayectorias personales y concepción del mundo, como trataré más adelante. Sin embargo, esta influencia no es lo único destacable.
De acuerdo con Appadurai (2001), la globalización[6] debe ser entendida como un proceso de quiebre de las relaciones intersocietales. Dos aspectos son fundamentales aquí: las crecientes migraciones y el papel de los medios de comunicación, los cuales afectan el “trabajo de imaginación” propio de la subjetividad moderna. Siguiendo con el autor, un rasgo central de este período es el agotamiento del Estado-nación como eje de los grandes problemas contemporáneos, un resultado de la inestabilidad de las comunidades locales. La nacionalidad deja de ser la principal fuente de sentido de identidad de las personas, dando pie a una “competencia de lealtades” (Anderson, 2016). Así, cobran relevancia una serie de factores, de entre los que elijo destacar la importancia de los consumidores de los medios de comunicación, lo que da lugar a la aparición de fenómenos denominados “hermandades trasnacionales”. Se trata de comunidades que, resultado de la experiencia en torno a estos productos, son capaces de pasar de la imaginación compartida a la acción colectiva. Las mismas están ligadas a fenómenos visuales o musicales y son vividas especialmente por los jóvenes. Estas desconocen de un anclaje geográfico definido (Martín-Barbero, 1993b) y dan sentido de pertenencia a estos consumidores (García Canclini, 1984; 1995).
Esto es posible debido a que las premisas que rigen esta etapa histórica dan pie a una era de incertidumbre donde las personas e imágenes, como fue mencionado, se encuentran ajenas a la seguridad que les proporcionaban anteriormente las comunidades locales. Desde la sociología económica, Carruthers y Uzzi (2000) señalan para este período un conjunto de cuestiones relacionadas: la mayor relevancia, centralidad y conectividad del mercado global, una serie desarrollos tecnológicos que reconfiguran las relaciones entre productores y clientes (volviéndose estas más dialógicas y permeables), la recombinación de las identidades de los actores económicos y una creciente importancia de las preferencias individuales de los consumidores.
Me parece importante destacar el término “preferencia”. Las transformaciones anteriormente mencionadas expresan un proceso de individualización social, donde los sujetos experimentan una iniciativa y autonomía crecientes (Beck, 2010). Deben responder a nuevas necesidades sociales, disponiendo “de medios propios de decisión y de acción que interioricen los principios o los motivos de sus conductas, y sometan su existencia y su acción a un proceso de reflexividad” (Delory-Momberger, 2009, p. 77). Estos cambios se han acelerado: la vieja configuración social, anclada en la nación, la industria e integrada en las instituciones modernas comienza a desagregarse en las últimas tres décadas, dando pie a un período de descentralización y dislocación.
En síntesis, lo que se produce es algo clave: el intercambio de aquellos lazos locales y tradicionales que poseía el individuo por las constricciones y formas de existencia del mercado y el consumo con una perspectiva global (Beck, 2010). Dice Delory-Momberger: “La actividad social del individuo posmoderno se ve regida por relaciones temporales y reversibles de inclusión en subsistemas a los que tiene acceso, según los sectores de su vida que de ellos dependen” (2009, p. 80).
Así, los sujetos pasan a ser el producto de experiencias socializadoras múltiples: ante la falta de centralización y homogeneidad, su conducta debe enfrentar lógicas plurales y racionalidades heterogéneas. Frente a esta diversidad, estos buscan pertenencias comunitarias que provean valores y normas, lo que da como resultado la adhesión a nuevos modos de operar y percibir la identidad, que son precarias, plásticas y que amalgaman elementos diversos y discontinuos. Esto se debe al papel de la industria cultural,[7] en tanto dispositivo participe de la reconstitución de las identidades colectivas (Martín-Barbero, 1993b).
Solo así las “hermandades trasnacionales” de consumidores de las que habla Appadurai pueden emerger, desarrollarse y su relevancia cobrar un sentido. En tanto resultado de los medios de comunicación, estos colectivos han sido recientemente denominados como fandoms,[8] siendo el de HP uno de los más activos, debido a la intensificación de los flujos internacionales de mercancías, capitales e imágenes temáticos (Aller, 2020). Tenewicki (2008) habla de ellos como una “cofradía de lectura”.
Como bien señalan Torti Frugone y Schandor (2013), estos colectivos de fans ya existían antes de que sus propios integrantes se nombraran de ese modo y se vieran a sí mismos como aficionados grupales o individuales: existen registros de grupos que se habían convertido en ávidos seguidores de la ficción decimonónica comercializada. Sin embargo, las autoras encuentran en la masificación de la industria cultural el momento en que las obras artísticas alcanzan una gran expansión geográfica, resultados económicos y derivaciones no previstas en los receptores: “surgieron cadenas de preferencias que llevaron al seguimiento permanente de un autor o de un tipo de obra específico, conociéndose posteriormente como fans” (2013, p. 1). Estos fueron expandiéndose en el mundo, convirtiéndose en un fenómeno económico, social y cultural, ayudados luego por las nuevas tecnologías e Internet. El punto de partida de esta tesis será que los fans y su actividad deben ser entendidos como algo mucho más que simples consumidores; ellos poseen un interés que trasciende la mera transacción económica e involucra pasiones, emociones y sentidos en torno a la cuales estos grupos pueden tejer relaciones sociales y realizar acciones creativas (Duffet, 2013).
Entonces, tenemos una novedosa práctica deportiva creada por los seguidores de una obra del género fantástico, la cual se distingue por ubicarse en un mundo mágico. Dos elementos que representan la intersección temática en la que se ubica esta tesis: entre los estudios sociales del deporte y los fan studies. Esto lleva inmediatamente a una serie de preguntas que abordaré a lo largo del trabajo, que pueden sintetizarse inicialmente en lo siguiente: ¿qué hacen las personas con lo que consumen? Es decir, ¿qué tiene que suceder para que un elemento ficticio se transforme en un deporte jugado por personas de todo el planeta? ¿de qué modo se logró esto? ¿cómo trasladar la magia que aparece en la literatura a nuestro mundo no mágico? ¿qué clase de individuos pueden involucrarse en esta empresa? Por otro lado, si los fans de HP son reconocidos por sus múltiples aficiones y acciones respecto a la saga (Brown y Patterson, 2006), ¿por qué estas personas eligieron específicamente el deporte mágico? ¿qué significado tiene para ellos? Estas interrogantes son clave, puesto que su respuesta dio lugar a lo que trataré: un deporte llamado quidditch que, pese a tomar inspiración de un libro y ser creado por sus fans, proclama ser una actividad independiente. Sin embargo, como indiqué a comienzos del apartado, este caso tampoco es un fenómeno estático. Se encuentra actualmente en un proceso de transformación y redefinición, propio de las prácticas novedosas que buscan fijar su rumbo. En torno a esto, que lejos estará de concluir y determinarse cuando esta tesis sea leída, sitúo la pregunta nodal de este texto, pensando el caso argentino.
La socióloga Cuestas (2016) realizó una primera aproximación al quidditch en Argentina. En ella identificó sus comienzos en el seno de estas “hermandades” de consumidores, más específicamente dentro de un club de fans de la Ciudad de Buenos Aires, llamado Círculo de Lectores de Harry Potter (CHP). La autora concluyó su abordaje afirmando que existía un proceso de profesionalización en esta práctica. Aunque coloquialmente la expresión es asociada al pago por entrenar y competir (que no sucede en este caso), esta idea está a medio camino entre ser una expresión de la autora y representar una denominación nativa para explicar una serie de transformaciones que la práctica atraviesa en los últimos años. Implica principalmente la institucionalización de la actividad y su adaptación a los estándares y reglamentos internacionales. Además, agregamos que está permeada por una idea de volverse más serios y un deseo de asemejarse a lo que los practicantes llaman deportes convencionales, aquellos más reconocidos y populares, como el fútbol. En este marco, aparece de forma definida la pregunta de esta tesis ¿qué es lo que se incorpora y qué es lo que queda de lado en este volverse más serios? ¿cuál es la perspectiva de los actores acerca de esto? ¿se trata de un fenómeno armónico o disputado?
Ahora bien, uno de los aspectos más discutidos por los académicos que han investigado el quidditch es su condición de deporte alternativo. La afirmación del trabajo pionero de Adam Cohen (2013)[9] de que esta práctica podría ser entendida de este modo estableció un antecedente estructurante para quienes a posteriori abordaron el fenómeno (Brunner, 2016; Demésy, 2018). Para Cohen, retomando a Jarvie (2006), esta clase de deportes están circunscriptos a pequeños grupos, son contrarios a la lógica de la competición, la comercialización y carecen de una organización burocrática institucional formal, privilegiando en este aspecto la informalidad. El deseo de autodeterminación y autogestión por parte de sus participantes es otra característica fundamental de estas prácticas, las cuales suelen plantearse como abiertas y no discriminatorias. Pero, sobre todo, es importante destacar que los practicantes de esta clase de deportes son conscientes de estas características, las cuales son el resultado de sus deseos de constituir actividades que se distingan de lo ya existente, el deporte convencional.
Si bien se trata de un rótulo muy debatido entre los investigadores sociales del deporte de todo el planeta, apelo a él para ordenar la discusión en torno a la profesionalización. En tanto deporte alternativo, ¿qué sucede con el quidditch, y sus practicantes en el marco de un proceso de institucionalización, estandarización reglamentaria, aspiración a la seriedad y aproximación a una idea de deporte convencional? ¿cuáles son los límites de la categoría deporte alternativo para pensar este objeto? Así, doy forma a la principal hipótesis de este trabajo: en la medida en que la profesionalización del quidditch argentino avanza, los rasgos que hacen de él un deporte alternativo tenderán a desaparecer o ser dejados de lado. Para estos fines me propongo abordar una serie de aspectos que distinguen a esta clase de deportes, para así avanzar en la resolución de esta problemática.
Este tema nos lleva a un aspecto importante: la relación entre lo local y lo global. Esta puede ser pensada desde distintos ángulos. Por ejemplo, Phillipson (1992) señala que el inglés como lenguaje universal es una imposición del mercado, algo que ya existe, que nos seduce, nos cautiva, nos involucra y nos pauta una nueva forma de hablar y de consumir. Una multitud de actividades buscan un nombre o utilizan términos en inglés para hacerse un lugar en el mercado, estandarizar y homogeneizar (Hijós, 2021). Esto se refleja muy claramente en el quidditch argentino, al momento de pensar las denominaciones de sus equipos a lo largo de la historia:
Tabla 1: Idioma del nombre de los equipos argentinos de quidditch
Inglés | 72% |
Español | 16% |
Latín | 10% |
Germano | 2% |
Nota. Elaboración propia.
La clara predominancia del inglés aparece poco clara en la explicación de los actores: “queda bien”, “para darle otro nivel” o “es la costumbre”.
Sin embargo, la pregunta por la institucionalización, clave para la hipótesis, puede habilitar un hallazgo significativo en el eje local/global. Pensar en ella implica poner la mirada sobre los entes reguladores de este deporte: la International Quidditch Association (IQA)[10] y la Asociación de Quidditch Argentina (AQArg); más específicamente en su fundamentación, proceso de desarrollo, disputas internas, orientaciones y reorientaciones. Es que la aparición de una entidad reguladora y organizadora de la práctica en nuestro país está fuertemente influenciada por el papel de la IQA, en tanto organización estructuradora y promotora del deporte a nivel mundial. Fue el deseo de los argentinos de incorporarse a esta dinámica ya existente lo que dio pie a un proceso de adecuación: toda una batería de reglas, formas y sentidos (entre los que puede contarse el uso del inglés) comenzaron a ser incorporados en un deporte que ya existía, pero bajo la forma de una creación local original e independiente que se desarrollaba en el CHP. En este aspecto estará la clave, donde el eje local/global se encuentra con un proceso de creación de una organización formal, en el contexto de un deporte alternativo. Encuentro en 2010 el punto nodal para pensar este fenómeno, cuando se produjo la creación de la Federación Argentina de Quidditch (FAQ), antecesora de la AQArg, y la constitución de este deporte como una actividad escindida del club de fans en que emergió. Allí se proclamó una apertura de la actividad a todos los públicos, buscando no quedar asociados a la saga y sus seguidores. Una intención institucional de alejamiento de estos ámbitos.
Por otro lado, el deseo de volverse más serios conduce a la cuestión del fandom de HP. Me interesa particularmente profundizar en su incidencia en este deporte autodeclarado autónomo/independiente, a la luz de una serie de estereotipos que circulan socialmente acerca de la condición de fan. Es que, si bien la del quidditch argentino no es una población homogénea, existen muchos jugadores provenientes del ámbito fan, especialmente del CHP, siendo algunos de ellos animadores de estos espacios temáticos. ¿Implica esto una penetración de una “lógica de la saga” en la vida de este deporte? ¿aparece como algo conflictivo en relación a aquella intención institucional? ¿cómo viven los practicantes su asociación con un libro juvenil? Me preguntaré acerca del rol actual de HP en el plano social, deportivo, organizativo y propagandístico. Esto es relevante debido a que, como señala Cohen (2013), el quidditch se presenta como un “deporte inclusivo”; una actividad abierta para los nerds, modo en que son llamadas las personas fans de HP o sagas similares, quienes, siguiendo al autor, no suelen estar asociados a la práctica de deporte en general. Además, los deportes alternativos, de acuerdo con Jarvie (2006), son frecuentemente asociados a fuertes sentidos de pertenencia, la movilización de significados e ideas particulares y la adopción de estilos de vida o subculturas, lo que refuerza la importancia de la pregunta por el papel de la saga.
El quidditch también suele ser considerado un “deporte inclusivo” debido a que es obligatoriamente mixto, estableciendo un cupo de género[11] por equipo, donde a cada jugador se le considera el género autopercibido, pudiendo jugar como varón, mujer o persona no binaria. En este sentido, si los deportes convencionales, especialmente aquellos nucleados en el Comité Olímpico Internacional-COI, operan siguiendo criterios opuestos (Ibarra, 2020), corresponde preguntarse por lo que sucede con este ordenamiento particular del quidditch, cuando este busca asemejarse a esa clase de prácticas deportivas. Además, como señala Vamplew (2007), las reglas de un deporte expresan la visión de quienes las crean, su actitud hacia la violencia, la equidad, la victoria y la derrota. De modo que la exploración de esta reglamentación mixta llevará hacia el análisis de otras facetas del fenómeno estudiado, aspecto a considerar puesto que los deportes alternativos suelen ser vistos como actividades promotoras de ideas alternativas que representan una potencial amenaza a ideologías dominantes y hegemónicas (Jarvie, 2006). Esto abre la puerta a la vinculación con movimientos sociales más amplios, como los de las mujeres, diversidades sexuales y/o el medioambiente.
De forma general, el planteo del problema empalma con una inquietud expresada por muchos jugadores de quidditch a nivel internacional (Jalabi, 2013; Cosseron, 2019): ¿qué sucederá con ciertos rasgos particulares de la actividad (su carácter mixto y su apertura hacia los fans) en caso de una adaptación cada vez mayor al mainstream[12] deportivo? Es a partir de estos ejes y preguntas disparadoras que me propongo abordar las interrogantes centrales y la hipótesis correspondiente. El punto de partida aquí es la existencia de una relación entre el quidditch como deporte alternativo y el proceso de profesionalización de esta práctica en Argentina. Me propongo examinar este vínculo a través de la institucionalización, la relación de esta práctica con los fans de HP y el género.
Finalmente, un señalamiento. Es claro que la naturaleza del proceso descripto por Cuestas (2016) tensiona el equilibro entre los componentes de la intersección temática enunciada anteriormente: los estudios sociales del deporte y los fan studies. La creciente independencia que adquiere y proclama nuestro objeto de estudio respecto a la saga y los fans orienta la mayor parte de preguntas e hipótesis en torno a los abordajes y enfoques de los estudios sociales del deporte. Aun así, en el desarrollo de la tesis se observará que HP y sus seguidores seguirán presentes en estas interrogantes, demostrando que ese proceso no está exento de tensiones, disputas y ambivalencia.
Los comienzos
David:
Un libro puede: enseñar, hacernos pensar, entretenernos. Pero por sobre todas las cosas nos abre la puerta a la imaginación. Este libro habla de un mundo mágico, es mi deseo que encuentres en él la semilla del amor por la lectura.
Muy feliz cumple. Tu madrina, Faby
Estas fueron las palabras con que Fabiana, mi madrina, me dedicó un, hasta entonces, singular regalo de cumpleaños en 2001: un libro. Un libro, Harry Potter y la piedra filosofal (Rowling, 2001a), que tenía el propósito de inculcar el hábito de la lectura en un niño de nueve años cuyas maestras le habían llamado la atención por el exceso de referencias a videojuegos en las producciones literarias de la primaria. Lo que voy a contar en los próximos párrafos, estoy seguro, puede ser la historia de muchas otras personas de mi generación, como sugiere Cuestas (2022). Porque Fabiana eligió un título que, según recuerdo, era del agrado de su hijo, Joaquín, que tiene mi edad.
Pero la tarea propuesta por el regalo fue ardua: me fue difícil entusiasmarme con el libro, por lo que mi madre, Patricia, tuvo que leerme en voz alta antes de irme a dormir. Unas páginas por noche, abarcando los primeros dos capítulos. Todavía recuerdo el sonido de su voz pronunciando los “caramelos de limón” con que el mago Dumbledore convidaba a la profesora McGonagall en el primer capítulo. O al leerme la contratapa, tratando de entusiasmarme con la existencia de “una especie de fútbol aéreo que se juega montado sobre escobas” (Rowling, 2001a), buscando conexión con una de mis grandes pasiones en la vida, el Club Atlético River Plate.
Unos meses después de ese día cumplía años un amigo de la escuela. Fui invitado. ¿Qué se hacía? ¡Ir al cine a ver la película[13] de Harry Potter y la piedra filosofal (Colombus, 2001)! Hasta ese entonces, más por obligación que por interés, había avanzado hasta la mitad del libro. Recuerdo que pasamos por la casa del cumpleañero y estuvimos haciendo tiempo antes de ir al cine. El homenajeado se la pasó toda la tarde hablando de la obra, pretendiendo guardar silencio al referirse a las partes que yo todavía no había leído. Aquella película fue algo disfrutable y me empecé a “enganchar”: al poco tiempo me compré el video juego oficial del filme. Ya al terminar el 2001 estaba comenzando el segundo tomo de la saga: Harry Potter y la Cámara Secreta (Rowling, 2001b).
Elijo recordar estos aspectos de mi biografía personal no por nostalgia, sino porque, al pensar en cómo describir mi llegada a este objeto de estudio (el propósito de este apartado), no puedo evitar comprender lo importante que fue ese obsequio cumpleañero en mi vida. Terminó cumpliendo su objetivo: Fabiana sembró la semilla de la lectura. Y esta creció porque siempre fue estimulada en mi hogar: “plata para libros, siempre”. Así, un sorpresivo día, Omar, mi padre, me sorprendió con El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo, el cual considero la obra más bella que jamás leí. En este punto, no puedo evitar pensar qué hubiese hecho de mi vida, quien sería, si no hubiese desarrollado una afición por la lectura. ¿Hubiese acaso podido afrontar una carrera universitaria? ¿habría siquiera deseado con ansias terminar el secundario para poder estudiar lo que realmente quería?
Como sea, esa pequeña semilla hizo de mí efectivamente un interesado lector y los libros me llevaron a estudiar la Licenciatura en Ciencias Antropológicas en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Los intereses en temas particulares fueron apareciendo, hasta que conocí a la Dra. Verónica Moreira y decidí que iba a hacer mi tesis de grado bajo su dirección, englobando dos temas que me apasionan: River Plate y la crítica al capitalismo. Pero si bien esta fue escrita y defendida con éxito en 2018, percibía que había algo que faltaba. Además, tenía que decidir qué iba a hacer con mi trayectoria profesional: no tenía dudas de que quería continuar investigando, pero me interrogaba si seguir trabajando con River o no. Al terminar mi tesis sentía que había dicho todo lo que deseaba aportar sobre el tema. Creí que esa era la contradicción que me aquejaba. Pero luego empecé a pensar en la posibilidad del desafío que me representaría salir de mi zona de confort: hasta ahora me había movido en ámbitos que conocía a la perfección. Respiraba y respiro River. Es así como el quidditch apareció.
En 2016, Paula Cuestas, quien ha sido parte importante de esta historia, presentó en un encuentro del Seminario Permanente de Estudios Sociales del Deporte un trabajo en el que daba cuenta de una observación participante entre los jugadores argentinos de quidditch. Si bien no asistí a dicha reunión, guardé su contacto y su texto y, sobre todo, registré la palabra quidditch en mi cabeza como un potencial objeto de estudio. Tras conversar con Verónica acerca de esta y otras posibilidades para reorientar mi trayectoria, decidí darle una oportunidad a una práctica de la que no conocía más que el nombre y su origen: los textos de Rowling. Efectivamente los había leído todos, había visto todas las películas y jugado algunos videojuegos, pero, ¿y quién no? ¡Estamos hablando de uno de los productos más exitosos de la industria cultural! Mi afición por la lectura me había llevado por varios caminos, pero ninguno de ellos fue, ni remotamente, convertirme en un fan de HP.
Así fue que asistí al primer torneo de quidditch de 2018, el cual se realizó en marzo en el Club DAOM de la Ciudad de Buenos Aires, ubicado en el Bajo Flores. Me enteré de su locación mediante el uso de redes sociales, donde me informé de que, además, existía una asociación nacional que regía la actividad. Fui guiado por el propósito de conocer, con algunas lecturas previas en la cabeza, las cuales me podían ayudar a pensar en lo que, imaginaba, iba a ver. Y, tras ser bien recibido y haber conversado con algunas personas, me retiré con la convicción de haber resuelto el enigma que me inquietaba. El malestar que me aquejaba no se relacionaba tanto con la contradicción entre no querer seguir con mi antiguo objeto de estudio y las posibilidades y enfoques que este seguía ofreciendo, sino más bien con un elemento fundamental para cualquier antropólogo: el asombro.
Me fui del DAOM con líneas de indagación e interrogantes que no paraban de emerger en el camino de vuelta a mi casa. Pero, sobre todo, me retiré invadido por la curiosidad y el deseo de desentrañar lo que estaba frente a mí. El asombro, señala Krotz (1987) en un texto que suele enseñarse en el primer año de la carrera de antropología de la UBA, es fundante de la pregunta antropológica, al relacionarse con la incapacidad de comprender al otro. Era esa sensación la que sentía que había recuperado, lo que había ido perdiendo gradualmente al involucrarme con un objeto tan íntimo como mi club, y fue este el motor principal para seguir acercándome al quidditch, asistiendo a los entrenamientos de los equipos de Buenos Aires. En efecto, como señala un reconocido colega:
Los antropólogos están para dar testimonio de que el modo en que vivimos, los valores en los que creemos no son los únicos posibles; que otros tipos de vida, otros sistemas de valores han permitido y permiten aún a algunas comunidades alcanzar la felicidad (Lévi Strauss, 2011, p. 65).
Si bien profundizaré en estos aspectos más adelante, el quidditch se distingue por una singularidad estética: cada jugador debe sostener un tubo de PvC entre sus piernas durante todo el partido. Esto hace que cualquier persona que pase cerca de un lugar donde esta actividad se esté desarrollando, sospeche automáticamente que se trata de este deporte. Es que los tubos emulan a las escobas voladoras[14] que describió Rowling en su obra y muchas personas vieron en el cine. Pero, en esa versión volar en una de ellas tenía sus desventajas: existía un par de pelotas, llamadas bludgers, que flotaban encantadas por todo el campo de juego y buscaban de derribar a los participantes. Cada equipo contaba con dos golpeadores que las rechazaban pegándoles con un bate, cada vez que estas acechaban a un compañero. En el quidditch estudiado aquí, por el contrario, los golpeadores lanzan con sus manos las bludger, las cuales al impactar (“quemar”) a los rivales los inhabilitan para jugar por un breve tiempo.
El objetivo de este deporte es marcar más tantos que el otro equipo en la portería ajena, representada por tres postes con aros adosados a su extremo superior. Por eso, a aquellos dos jugadores se suman tres cazadores y un guardián, que intentan hacer goles con una pelota de vóley, la quaffle (metiéndola en alguno de los aros), y evitar que su rival haga lo propio. El séptimo integrante de cada equipo es el buscador, quien debe atrapar la snitch. Si en la versión literaria esta era una pequeña pelota dorada encantada que volaba por todo el campo de juego, en el quidditch que presentaré aquí ella se encuentra representada por un corredor vestido de amarillo que lleva atada una pelota de tenis a la cintura. De acuerdo a la circunstancia, al ser esta atrapada, se termina el partido.
Figura 1: Plano de una cancha oficial de quidditch

Nota. Elaboración propia.
Figura 2: Cazador marca un tanto

Nota. Recuperado de Super Quidditch League Argentina (2017).
Figura 3: Duelo de golpeadores

Nota. Recuperado de Warpaint (2017).
Figura 4: Buscador se lanza por la snitch

Nota. Recuperado de Warpaint (2018).
Esta sucinta descripción da cuenta de un deporte complejo y muy difícil de observar. Por un lado, está el juego de ataque y defensa de cazadores. No se trata, como pronto comprendí, de algo que pueda ser visto como un (para mí) familiar partido de fútbol. La presencia de los golpeadores con sus bludgers puede frenar cualquier ataque o estimularlo.
Figura 5: Golpeadoras se posiciona cerca de sus aros, colaborando con guardián y cazador

Nota. Recuperado de Quadball Argentina (2018).
Figura 6: Golpeador acompaña acción ofensiva de cazador

Nota. Recuperado de Quadball Argentina (2016).
“¡No hay bludger!” es el grito que se escucha en los partidos cuando los cazadores deben avanzar con decisión a la portería rival, puesto que las bludgers que podría sacarlos de juego están en manos de sus propios compañeros golpeadores. Por eso es que a aquella primera dinámica se le agrega la necesidad de prestar atención a las disputas entre estos últimos por las bludgers. Así, mientras los cazadores atacan, puede estar dándose en simultáneo un duelo entre golpeadores, ya sea forcejeando por estas pelotas o intentando “quemarse” entre ellos. Finalmente, está el duelo de buscadores, donde dos jugadores disputan por la snitch alrededor de todo el campo de juego, mientras los golpeadores siguen atentos a los cazadores, pero también pueden impactar a ese par y sacarlos de juego. Es esta complejidad la que me atrajo también. En los primeros torneos a los que asistí (y también hacia el final) intenté aprender a mirar este deporte, para lo cual conté con la ayuda de muchos de los nativos y sitios como YouTube, donde podía ver los mejores partidos del mundo.
Pero, más allá del juego en sí, mi trabajo debía enfocarse en los practicantes. Estos habían construido la AQArg. La presencia de esta asociación representó un importante y temprano eje para comenzar a indagar, un tema de conversación y un motivo para las primeras entrevistas y contactos. En mi interés en conocer cómo funcionaba este deporte me anoticié de la existencia de la IQA, que se organizaban competiciones continentales, las más esperadas por los jugadores en todo el año porque allí podían reencontrarse con sus amigos sudamericanos y, sobre todo, entendí que la historia de este deporte estaba marcada por una fuerte conflictividad interna, que no tardó en manifestarse en el propio campo.
Por otro lado, al tratar las primeras veces con estos actores me encontré con un desafío: mis prejuicios acerca de la población con la que iba a estudiar. Su reconocimiento fue un ejercicio muy necesario a la hora de iniciar la construcción del objeto de investigación (Guber, 2004). Naturalmente, al estar trabajando con un deporte fuertemente asociado a los fans de productos de la industria cultural, entraron a jugar en todo momento una serie de ideas personales acerca del fanatismo. Había tenido a lo largo de mi vida algunas amistades que se consideraban fan de, por ejemplo, los videojuegos o el anime. Al caer en la cuenta de que iba a relacionarme con individuos que podían ser semejantes, proyecté tempranamente en mis incipientes nativos una serie de estereotipos e ideas que, de acuerdo a los fan studies, son muy recurrentes: una cierta inmadurez, su fuerte desinterés por todo aquello que trascienda su objeto de afición, un conocimiento detallado y obsesivo de este que se reflejaría en los temas de conversación, y un desconocimiento de cómo lidiar con ciertas situaciones sociales, como aquellas que se daban en una cancha de fútbol o en una movilización política, ámbitos a los que yo estaba habituado y habían aparecido en mi tesis de grado. Fue necesaria una fuerte atención en torno a esto, ya que podría nublar mi mirada en torno a ciertos aspectos que luego resultaron clave.
Estas ideas, que traía de mi experiencia individual y en tanto miembro de la sociedad argentina contemporánea, fueron marcando mis primeras aproximaciones a los actores y a los espacios deportivos. Recuerdo una entrevista que realicé a una de las creadoras del quidditch en Argentina, la cual se dio en un parque, mientras ella estaba vestida de porrista, practicando una coreografía para el CHP.[15] Era un grupo de cuatro personas adultas, incluso una mujer a la que identifique mentalmente como “muy mayor para estas cosas”, sentadas conmigo, trasmitiéndome un vasto conocimiento sobre el deporte y su injerencia en el mencionado club de fans. El acceso a esta clase de instancias me demandó animarme a traspasar las barreras que había construido en torno a mis prejuicios. En tanto investigador había decidido salir de mi zona de confort, el club de mis amores y el deporte más popular en Argentina, para involucrarme en un mundo donde predominan otras lógicas. Acostumbrado a vestir ropa deportiva en mis entrevistas o trabajo de campo previo me enfrenté, por ejemplo, a mi absoluto desconocimiento acerca del código de vestimenta para asistir a una convención[16] de HP. Recuerdo perfectamente haber buscado fotos en redes sociales y haber encontrado que todos vestían como estudiantes del colegio de la saga o hacían cosplay[17] de sus personajes. Viene a mi memoria la noche anterior a mi primera convención cuando, casi disculpándome, pregunté a una de las jugadoras, de gran experiencia en la materia, si podía ir vestido de otra forma. Todo este proceso no se presentó como un obstáculo, sino más bien fue de ayuda al momento de tejer vínculos, conocer estos ámbitos sobre los que tenía muchas ideas previas y pocas certezas, siendo importante al momento de ordenar la investigación. Facilitó el acercamiento con los jugadores, quienes comenzaron a mostrarse interesados y sorprendidos porque alguien hasta ahora desconocido buscase saber de ellos, aprender los detalles e historia del deporte y desease verlos jugar y practicar fin de semana tras fin de semana.
Así, en este proceso de aprendizaje, reflexión y conocimiento, terminé transformando el asombro en un objeto de estudio y, tras comenzar la investigación, decidimos junto a mi directora postularnos a una Beca Interna Doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), la cual se me otorgó en 2020.
Ahora bien, ¿por qué un estudio antropológico sobre quidditch? No se trata solo de la existencia de un área de vacancia en la intersección entre la antropología del deporte y los fan studies (Álvarez Gandolfi e Hijós, 2021). El propio mundo de los fans está cambiando. Jenkins (2008) es claro al respecto cuando habla de la atención que estos reciben de parte de los propios productores de la industria cultural. Pero, la cuestión es: ¿qué hacen estos con la atención recibida? En una nota publicada en la Revista Viva, Celora (2018) habla del poder de las redes sociales y como el fan puede apelar a ellas para volverse un “policía”/guardián de su objeto de afición, en ocasiones apelando a la discriminación, el racismo y la homofobia. En el otro extremo, tenemos los casos en que estos grupos han utilizado referencias a estos productos para manifestarse contra políticos como Donald Trump (Lopes Arantes, 2019). Es en este marco que se vislumbra la importancia de una investigación de estas características. Además, son los propios practicantes quienes identifican otro escenario para ellos (más favorable), como este jugador, Mario Stillitano,[18] de 26 años,[19] programador y asiduo asistente a eventos de fans y de videojuegos:
Yo sufrí por años. En mi colegio era fútbol y nada más. Y cuando yo decía que los mejores comics que había leído eran los de Astérix[20] se cagaban de risa. Yo creo que ahora con las pelis de Marvel[21] si hay discriminación está mucho más reducida y se reconoce mucho más a los fandom, en comparación a hace unos años. Decías algo de fantasía y no paraban de romperte las pelotas, no paraban de burlarse” (M. Stillitano, comunicación personal, 10 de junio de 2018).
Si se percibe otro clima, como indica también Cuestas (2022) al aseverar que, a diferencia de un pasado no tan lejano, ahora “lo nerd está de moda”, la pregunta es: ¿cómo se inserta el quidditch en este contexto? ¿qué nos puede decir acerca del mismo? No debemos olvidar lo señalado por Archetti (1998): el deporte, cuyo significado está siempre en disputa, permite reflexionar sobre lo social y los mecanismos básicos de creación de identidades. En nuestro caso un producto específico de la industria cultural se añade en tanto factor determinante.
Por otro lado, las ciencias sociales han dejado en claro en los últimos años que las prácticas deportivas han resultado eficaces para promover y reforzar un cierto orden corporal generizado, cuyos aspectos distintivos son la lógica heteronormativa y la matriz binaria (Schwartzer, 2020). En este marco, la antropología cuenta con una larga tradición en el análisis de cómo las distintas culturas y espacios otorgan a los varones marcos de referencias más amplios que a los otros géneros, a través de los cuales se marcan/refuerzan las distancias y jerarquías (Mintegui, 1996). Esto permite insertar el estudio de este objeto en un marco más amplio, con el desafío incluido de que, como desarrollaré, el quidditch, por su configuración y constitución, parece ser un espacio que desafía aquellas lógicas dominantes en el mundo deportivo. Se presenta la oportunidad para realizar un aporte al estudio del deporte en tanto práctica generizada, impregnada de ventajas, controles y sentidos basados en este binarismo de género, a la luz de los cambios de los últimos años en torno a los procesos de subjetivación femenina y de la comunidad LGTBQ+ (Hang y Moreira, 2020). Un campo de estudio en expansión al calor de la lucha del movimiento de las mujeres de los últimos años y su inserción el ámbito deportivo. En un contexto en que los organismos internacionales del deporte comienzan a circular discursos en torno a una igualdad de género, el abordaje de estas experiencias representa una problemática de agenda (Thorpe y Wheaton, 2019) y de suma utilidad, en un contexto en que la necesidad de las investigaciones de las ciencias sociales es puesta en cuestionamiento (Gil, 2023). Se trata, nuevamente y más que nunca, del desafío ya planteado por Archetti: reflexionar sobre lo social.
Consideraciones metodológicas
Esta tesis se estructuró en torno al método etnográfico, el cual fue desarrollado entre marzo de 2018 y diciembre de 2022. Estos cinco años coinciden con un aspecto institucional de importancia, el cual trataré en el segundo capítulo: la reorganización del ente regulador del quidditch bajo una nueva gestión que duró dos mandatos de dos años. Esta emprendió una serie de reformas y adecuaciones de importancia para nuestro trabajo. Ese proyecto trajo consigo una propuesta de reconocimiento estatal para AQArg, mediante la tramitación de la personería jurídica, y un reordenamiento dirigencial estructurado sobre la base de ciertos aspectos del mencionado proceso de profesionalización (Ibarrola, 2018), lo que fundamenta el recorte temporal. Otro punto a favor de la elección del mismo tiene que ver con un hecho de gran significado para esta actividad: su cambio de nombre. Fue en 2022 que, tras un debate, el quidditch se transformó en quadball, coronando así una prolongada discusión global en torno a la independencia de la actividad respecto de HP. Sintomáticamente, las últimas asambleas de AQArg del ciclo de 2022 cerraron estos dos aspectos: ordenaron las elecciones de 2023 y votaron la posición nacional respecto al nuevo nombre.
Ahora bien, el quidditch es un deporte que en Argentina cuenta con jugadores y equipos en lugares como Buenos Aires, La Plata, Mar del Plata, Córdoba y Rosario. Desde las primeras salidas al campo busqué un acercamiento a estos equipos, con una predilección por aquellos localizados en la Ciudad de Buenos Aires, los cuales entrenan en parques públicos de barrios como Palermo, Parque Avellaneda, Caballito y Recoleta.[22] En esta ciudad nació nuestro objeto de estudio y en ella se desarrolló la mayor parte de su historia (y de su organismo regulador). De allí “irradiaron” los primeros grupos de practicantes que viajaron para divulgar el deporte al resto del país, aunque solo desde 2018 se desarrollan competiciones oficiales[23] fuera de esta ubicación, en locaciones como Rosario o Mar del Plata. Al momento de ingresar al campo, solo había dos equipos originados fuera de la capital argentina. Ella es además sede de las principales convenciones de fans y colectivos más antiguos de seguidores de la saga de HP, dato no menor a la hora de considerar los ejes de esta tesis. El peso de Buenos Aires en este deporte da lugar a una rica diversidad de equipos locales cuyo origen, antigüedad y composición variables (también en relación a la condición de fanáticos de la saga) facilitaron una aproximación a las distintas realidades existentes en este ámbito.
Los canales vinculantes entre la capital y el resto de las ciudades son múltiples. Por un lado, muchas de las funciones de la AQArg son ejercidas y debatidas entre jugadores de diversa procedencia. Así, por ejemplo, varios deportistas viajan con regularidad desde otros lugares a Buenos Aires para dictar y recibir capacitaciones arbitrales o promocionar la actividad en eventos de diversa naturaleza. Por otro lado, la enorme rotación de jugadores entre los equipos hace que varios estén integrados por jugadores de las distintas urbes ya mencionadas. En otras ocasiones, la falta de fondos para que equipos enteros viajen a algún torneo hace que unos pocos miembros lo hagan, integrándose a conjuntos ya existentes. Por estos motivos, si bien gran parte de la investigación de campo se realizó fundamentalmente entre los practicantes de la Ciudad de Buenos Aires que se agrupaban hacia 2022 en los equipos Firefly, Black Birds y Supernova Quidditch Team, la tesis contempló al quidditch argentino en su conjunto.[24]
Como bien advierte Guber (2013), solo observamos las implicancias del acotamiento de la unidad de estudio en la medida en que el propio campo y la investigación se desarrollan ante nuestros ojos. Por eso, se trabajó con una visión de campo amplia, enfatizando en las relaciones sociales que establecen los actores y el desarrollo de la propia etnografía, lo cual puede llevar mucho más allá de una circunscripción geográfica o espacial (Guber, 2004). Un buen ejemplo de ello es el acercamiento que tuvieron los Black Birds con un núcleo de practicantes del deporte jugger.[25] Durante unos meses de 2021, marcados todavía por el Covid-19, los pocos miembros de ese equipo dispuestos a juntarse y realizar una actividad deportiva se trasladaron al Parque Mugica (Saavedra) para aprender la práctica, casi que desatendiendo su deporte principal. De esta interacción resultó el breve reclutamiento para el quidditch de jugadores provenientes de esta nueva actividad. Por eso, fue necesario extender el campo hacia dicha locación para seguir a los nativos en las conexiones que establecían.
La característica del método etnográfico es que permite la construcción de los datos desde una prolongada interacción con los actores: el clásico “estar ahí” de Malinowski (1973). Apelando a él, me propuse recuperar el conocimiento local, buscando entender los fenómenos sociales que tienen lugar y se vinculan con el fenómeno estudiado desde la perspectiva de los participantes de este deporte. Esto es, su universo de referencia compartido, aquel que articula el conjunto de prácticas, nociones y sentidos organizados por la interpretación y actividad de los sujetos sociales (Guber, 2004). Esta clase de abordaje habilitó el acceso a los significados que estos le atribuyen a sus prácticas y posibilitó la desnaturalización de conceptos, procurando contextualizar los procesos sociales intervinientes en este objeto de estudio (Guber, 2011). En efecto, esta metodología permitió acceder al punto de vista de los participantes del quidditch acerca del proceso de profesionalización que experimenta la práctica en Argentina, incluyendo los acuerdos y tensiones emergentes. Pero, como indica Guber, debemos recordar que lo presentado aquí no es el mundo de los nativos, sino más bien una conclusión interpretativa del investigador, resultado de la articulación entre su elaboración teórica y su contacto prolongado con los nativos. ¿Quiénes eran estos?
Con respecto a la unidad de análisis, durante el período temporal estudiado la población sobre la que se realizó el trabajo osciló entre las 60 y 120 personas, incluyendo varones, mujeres y personas no binarias, tal como los nativos se categorizan a sí mismos. Todos ellos miembros de la AQArg, o por lo menos participantes de las competiciones que esta organizaba. Encuentro grandes puntos en común con lo trabajado por Aller (2020) y Cuestas (2022), ya que ambas se interesaron por el fan club CHP, integrado por un gran número de jugadores de quidditch. La segunda autora los define como de sectores medios, una juventud urbana con acceso a las últimas tecnologías y a los altos niveles educativos, siendo muchos de ellos graduados de estudios superiores. Suscribiendo a esta caracterización, establezco para mi caso un rango etario oscilante entre 18 y 35 años, con casos extremos de 14 (edad mínima para jugar competitivamente) y 50. Además, agrego que la mayoría de ellos vive con sus padres o familiares a cargo y muchos de ellos no trabajan, aun estando en edad laborable.
Ahora bien, toda investigación de estas características está fuertemente marcada por decisiones de distinta naturaleza que abren y cierran puertas, que a su vez son producto de las relaciones dinámicas que se establecen con los nativos, imposibles de concebir como un itinerario prefijado. Una muy importante determinación estuvo vinculada con la posición del investigador.
Existe una rica tradición reciente entre los estudios sociales del deporte argentinos (Rodríguez, 2016; Hang, 2016; Hijós, 2021; Branz, 2016, 2021; Garton, 2021) que promueve la práctica de sus objetos de estudio a la par de sus nativos. Se trata de un paradigma de investigación orientado en torno a la idea de embodiment, que propone entrar en contacto con el deporte a través del cuerpo, las percepciones y las sensaciones. Esto, indica Hang (2015) tiene la ventaja del conocimiento de las “reglas del juego”, los códigos nativos y el entendimiento de sus conflictos, aunque supone redoblar el esfuerzo en torno al distanciamiento y la reflexión de ciertas cuestiones. Sin embargo, como explica Woodward (2008), las investigaciones que no recurren a esta alternativa y apelan a entrevistas y observaciones, no obtienen datos menos válidos, ni tampoco el estar sumergidos conduce necesariamente a mejores resultados. Trabajando con el boxeo, la autora señala que quienes eligen un camino distinto del tipo que escogieron estos cientistas sociales argentinos son igualmente “testigos del régimen de esfuerzo físico del sparring o el trabajo de bolsa, que puede ser poderoso. Puedes oler, oír y ver la experiencia. En una pelea esto se potencia y las reacciones de los espectadores también son físicas” (Woodward, 2008, p. 542). En sintonía con esto, Álvarez Litke (2021), en su trabajo sobre fútbol femenino, destaca la red de relaciones de campo que el “estar afuera” habilita, como pueden ser la interacción con espectadores, organizadores o familiares.
Suscribo al planteo de Woodward, quien desestima la dicotomía insider/outsider, la cual estaría basada en una exacerbada polarización. El proceso de investigación no puede estar jamás en ambos extremos de forma total; se participa para observar y se observa para participar. Muchos etnógrafos que han practicado junto a sus objetos de estudio, afirma, han fallado al momento de reflexionar acerca de lo situado del conocimiento producido y de los sujetos de la investigación. Además, ¿qué formas de “estar adentro” existen?
En efecto, “De una u otra forma, la persona que investiga se convierte en la principal herramienta etnográfica en un proceso en el que descubre simultáneamente el objetivo que busca y su forma de encontrarlo” (Guber, 2014 como se citó en Moreira, 2021, p. 158). Es aquella quien decide el recorte, seleccionando prácticas o visiones y dejando de lado otras, siempre sobre la base de problemas de interés que orientan la pesquisa, los cuales se desprenden de una teoría (Guber, 2013).
Con este marco y estos antecedentes, para esta tesis tomé una postura que, consideraba, me permitiría recorrer los equipos con libertad, realizando visitas una vez por semana a cada uno de ellos, sin repetirlos. Es que, sobre la base de saberes previos y aproximaciones iniciales, opté por tomar una posición particular en el campo: la no incorporación como jugador a ningún equipo, y el no desarrollo actividades deportivas en este sentido. Esta decisión buscó, de algún modo, matizar el peso de un elemento muy reiterado en este deporte: las innumerables disputas internas e intra-equipos existentes, conceptuadas por los nativos como bardo y puterío. Esto se manifestó de forma muy temprana[26] y persistió con el paso del tiempo: frecuentes peleas personales, fraccionamientos internos, cambios de nombre, fusiones transitorias y desafiliaciones individuales o colectivas (son escasos los jugadores que han jugado siempre en el mismo equipo). A lo largo de mi trabajo de campo, varios equipos han sido sancionados y disueltos. Los conflictos internos derivan en división de equipos, muchos de los cuales no logran sobrevivir. Son múltiples los pequeños proyectos que intentan reconstruir sobre lo desarmado, pero que duran poco.
Efectivamente, todo esto fue percibido rápidamente por mí como algo problemático: tomar posición como miembro de un equipo no solo me hubiese expuesto a un riesgo real de perder eventualmente mi lugar como jugador, sino que también me hubiese vedado el acceso a otros equipos[27] y situaciones propias de su cotidianeidad, tan caras a los fines de esta investigación. Esto debido a la rivalidad generalizada existente en este mundo, que podría poner un manto de sospecha (espionaje) sobre mi persona.[28] Se trata, ni más ni menos, de uno de los peligros que aparecen en El Salvaje Metropolitano. Reconstrucción del conocimiento social en el trabajo de campo (Guber, 2004) respecto a la participación plena y el desempeño integro de un rol nativo. Esta consideración fue necesaria, especialmente en los primeros momentos, al tratarse de una práctica que me era totalmente desconocida, de la cual todavía necesitaba conocer lo básico y los diversos puntos de vista existentes. Con el avance de la investigación, en la medida en que la virulencia de las disputas persistía y a veces se pronunciaba, mantuve esta decisión inicial, solo introduciendo algunos matices, como detallaré más adelante.
La adopción de esta postura abrió las puertas a una mayor fluidez y diversidad de relaciones, pero también, al no ser parte de un colectivo de forma directa, es posible que ciertos aspectos hayan quedado fuera de mi alcance. Debemos recordar lo señalado por Berreman (1962): las características y roles de los sujetos que habilitan el ingreso al campo, además de configurar los términos en los que se obtuvo éste, facilitan o dificultan el acceso a determinadas áreas o individuos. Por eso, acepto que el camino tomado en este trabajo no es el único posible, ni es más o menos válido que otras alternativas; se trata de la clase de decisiones mencionadas anteriormente.
Además, aunque el hecho de rotar semanalmente los equipos pueda parecer una actividad menos sospechosa de espionaje que adscribir abiertamente a un equipo, con todo lo que ello implica, esta elección no me garantizó evitar comentarios en este sentido. Aunque estos, vale la pena señalar, eran realizados en un registro humorístico, como cuando un jugador me estaba comentando un aspecto de su historia en el deporte y otro practicante se metió en la charla diciéndole: “Para, no le cuentes tanto que quiere ser neutral”. El uso del término neutral fue frecuente entre los jugadores a la hora de referirse, medio en broma, a mi postura y también, por momentos, una síntesis de sus aspiraciones respecto a mí. Por ejemplo, al visitar a uno de los últimos equipos a cuya fundación fui contemporáneo, su capitán (de La Plata) me informó que había conversado con un jugador de Buenos Aires, que este le había dicho que yo era confiable y que le había hablado bien de mí. Aun así, me preguntó si pertenecía al equipo Noxus Dragon, debido a que había aparecido en Instagram en algunas fotos con sus integrantes. Asimismo, en muchas ocasiones noté que los practicantes miraban con curiosidad mi libreta, mis anotaciones, buscando leerlas e interrogando por el contenido de las mismas. Mi respuesta siempre era que intentaba registrarlo todo, por lo que, de forma divertida, ante cada comentario que ellos consideraban significativo me preguntaban si lo había registrado, lo mismo con ciertas proezas deportivas, como goles bonitos o atrapadas de snitch.
En síntesis, como enfoque general, opté por una aproximación al campo desde una postura de investigador (“observador de aves” me llamaba un practicante) que se mantenía al margen en los momentos deportivos tomando notas, siendo más flexible en instancias de sociabilidad y divulgación de la actividad. Esta perspectiva no implicó que albergase esperanzas en torno a una posición “neutral” y “no contaminante”, a la usanza de los viejos enfoques positivistas de la investigación social (Guber, 2004, 2011). Las mencionadas humoradas nativas al respecto dan cuenta de lo fútil de dicha expectativa. Es claro que
La observación que se propone obtener información significativa requiere algún grado, siquiera mínimo, de participación; esto es, requiere que el investigador desempeñe algún rol y por lo tanto incida en la conducta de los informantes, que a su vez influyen en la suya (Guber, 2011, p. 59).
Por eso, el posicionamiento seleccionado fue construido sin dejar de tomar en consideración que la presencia del investigador siempre ejerce una influencia sobre su campo de estudio, donde es evaluado y producido como un actor social (Althabe y Hernández, 2005), además de atribuírsele una identidad o rol familiares para los nativos, lo que condiciona la naturaleza de los datos que se obtendrán (Berreman, 1962; Hermitte, 2002). Ello puede dar lugar a tensiones, ya que los actores dan un sentido a la observación que se desarrolla y obran en consecuencia, pudiendo otorgar un significado diferente a la presencia del etnógrafo: ambas partes poseen intereses distintos.
Fue necesaria una vigilancia epistemológica y análisis reflexivo continuos en torno a mi lugar como investigador, mi subjetividad, la autoridad etnográfica y sus condicionamientos sociales (Guber, 2011). Si en las etnografías el instrumento de investigación y de producción de conocimiento es el mismo investigador, no debemos olvidar que este porta ciertos atributos como el género y la nacionalidad, los cuales lleva consigo en todas las interacciones y relaciones sociales del campo. Estos rasgos son parte del conocimiento e interacción con los nativos. La conciencia sobre esto, el ejercicio de objetivación de nuestra posición social y asunciones, es lo que se conoce habitualmente como la reflexividad (Ibídem). Entorno a esto desplegamos nuestras estrategias de familiarización/desfamiliarización respecto al objeto. Destaco dos aspectos de importancia para mi investigación.
En primer término, la cuestión etaria. Realicé esta investigación entre mis 26 y 30 años. Ello implicó una mutua comprensión con muchos de mis nativos acerca de la etapa de la vida en que nos encontrábamos, cursando/concluyendo nuestros estudios universitarios, aspirando a independizarnos definitivamente de nuestros padres y buscando estabilidad laboral y/o afectiva.[29] Pero no se trata solamente de una importante coincidencia en la edad, sino más bien del significado situado de la misma, que la coloca en relación a un aspecto fundamental para este trabajo: HP. Schandor y Frugone (2012) han descripto el modo en que la obra ha signado fuertemente la vida de una camada de jóvenes que ha crecido con la saga. Alegre señala que, para la generación nacida entre 1988 y 1993, “esta experiencia es de singular importancia cultural en el proceso de formación de la identidad” (Alegre, 2015, p.54). Para la autora, esta vivencia es fundamental en términos biográficos y respecto a “su posicionamiento histórico y socio-político” (Alegre, 2015, p. 53). Es decir, como persona-investigador me encontraba dentro de esa generación que había crecido al ritmo que el protagonista de los libros que dieron origen a la práctica deportiva estudiada. Pese a que, como fue señalado anteriormente, no me considero fan de la saga ni mucho menos realizo actividades propias de quien sí se siente de ese modo, durante mi infancia y juventud HP gozó de enorme popularidad, por lo que es una referencia inevitable a la hora de pensar en esa etapa de mi vida, junto con otras series y animaciones de los noventa que también eran tema de conversación con los jugadores en las convenciones a las que asistí con ellos. Esto quizás pudo haberse reflejado en un interés personal minucioso por la reconstrucción de la historia del quidditch en Argentina, a veces persiguiendo datos secundarios. Un empeño que interpreto como ecos de una antropología/folklore pretérito que buscaba conservar/registrar las prácticas “excéntricas” (en este caso algo que me remitía a mi pasado), con la convicción de su inminente desaparición ante el cambio inherente a la llamada “evolución histórica”. Esta cercanía relativa me instó a redoblar esfuerzos en torno al extrañamiento y la desnaturalización de estos aspectos, con el fin de mejorar mi proceso de conocimiento.
La relación entre las facetas investigador (expertise para interpretar)/fan (pasión) ha sido problematizada por Hills (2002), quien da cuenta de la tensión en torno al desafío que la predominancia de la última podría representar para la academia. En este punto, Jenkins (2009) habla de aca-fen al referirse a los investigadores que, en los comienzos de los fan studies, condensaban en su identidad la hibridez entre profesión/afecto e involucramiento con el objeto de análisis. Aquel era un contexto distinto, donde el singular híbrido era considerado inauténtico por la academia, precisamente por reconocer su afecto por el tema de estudio. Una vez vencida la necesidad de defender a los fans y su objeto en los comienzos de este campo, sostiene el autor, esta figura sería capaz de acoger y abordar contradicciones y disputas, planteando temas delicados. Desde mi punto de vista, me encuentro en una posición ambivalente en este punto. El afecto derivado de la nostalgia marca mi relación con la saga, aunque no me distingo por un involucramiento comprometido con HP. Como he dicho, no me identifico como fan, por tanto, sería difícil catalogarme como aca-fen. Considero que mi configuración como investigador me coloca en una posición similar a la de la ulterior evolución de aquella figura descripta por Jenkins: en condiciones de abordar las contradicciones y temas sensibles. Arribo a ellos “desde afuera”, sin pasar por alto que cuento con un bagaje propio de mi experiencia de vida pretérita.
De un modo u otro, este vínculo fue un importante punto en común entre muchos de los practicantes y yo. Esto fue notorio en los primeros encuentros con quienes luego fueron informantes clave: sin ser fan sabía a lo que se referían cuando discutían de libros y películas, o las referenciaban de forma espontánea. Algo no menor en las primeras interacciones y presentaciones puesto que, como señala Guber (2004), ciertas “señas” que presenta el investigador, como la ropa, el léxico y el lenguaje en general juegan un papel central, recomendando la autora acercarse lo más posible a los códigos nativos. El uso de terminología específica no me fue extraño y su entendimiento me favoreció al entablar vínculos, recordando también mi infancia/juventud. Estos saberes fueron puestos a prueba en ocasiones, lo que me obligó a volver a leer los libros, ver las películas y consumir ciertos canales de YouTube donde podría conocer los debates de actualidad de estos colectivos de fans.
En segundo lugar, destaco la dimensión ideológica. Hang (2021) advierte sobre los riesgos de la existencia de afinidades en el plano de las ideas con los actores a la hora de la investigación etnográfica. Es que nunca nos insertamos en el campo despojados de toda carga ideológica; no renunciamos a quienes somos como personas. Como veremos en el cuarto capítulo, esto será relevante, puesto que el quidditch aparece fuertemente asociado con un cierto feminismo[30] que, aunque no es unánime, es distintivo del fenómeno estudiado. Muchos practicantes se identifican con algunas de sus corrientes y se presentan como militantes, con todo lo que ello implica para el ingreso al campo de un varón heterosexual.
A todo esto se le agregaba una complejidad: mí no adscripción política a dicho colectivo, lo que no implica que no apoye ciertos reclamos ni participe activamente de los mismos. A la hora de la investigación, estas características se conformaron como una apertura y una oportunidad. Veamos.
En el quidditch argentino existen tensiones y divisiones en torno a ciertas premisas de este feminismo, que puede simplificarse en una dicotomía entre los partidarios y críticos de este movimiento. Para estas dos partes yo era una figura ambigua y extraña en este sentido.
No rechazaba las reivindicaciones del movimiento de las mujeres (incluso manifestaba abiertamente participar de sus movilizaciones), lo que abría un canal de diálogo para tratar la temática, comprender el lenguaje, las demandas y los horizontes de los practicantes que llevaban consigo esa perspectiva para el deporte y sus relaciones sociales. Esto habilitó situaciones significativas, como cuando un jugador me contó en un viaje hacia un torneo su transición de “varón a ser decididamente una persona no binaria”, la importancia que tuvo su charla al respecto con una persona trans para reconocer que no se sentía ni varón ni mujer, y cómo le molestaban las etiquetas.
Pero tampoco presentaba lo que considero las “señas clásicas” de un feminista: no hablo lenguaje inclusivo, no porto pañuelo verde ni utilizo lo que podría llamarse “la terminología” o frases cliché de quienes adscriben a dicha corriente. Aquellos practicantes (independientemente de su género) que no se sentían cómodos con la impronta “feminista imperante que hay que bancarse”, encontraban en mí un espacio para polemizar y contar cosas. Por supuesto, hay que tomar en consideración mi condición de varón heterosexual, ya que muchos pares se me acercaban y hablábamos de temas considerados habitualmente “de varones”, como fútbol y mujeres. Al margen de estas situaciones, de casi nulo impacto dentro del análisis llevado adelante aquí, los momentos más incómodos, agresivos y discriminadores ocurrieron en el contexto de grupos mixtos, donde incluso muchas mujeres tenían roles de autoridad y participaban activamente de la situación.
Considero que estos dos aspectos me configuraron como una persona confiable, con puntos en común, pero también con grises, a quien muchos practicantes se aproximaban a comentarle cuestiones o pedirle opiniones. Esto marca la importancia de las impresiones que tenían de mí y de la construcción de mi papel como investigador. Muchos jugadores e informantes clave fueron acercándose o comunicándose de forma espontánea brindando información logística, preguntándome si deseaba viajar con ellos a un amistoso, compartiendo novedades e incluso entablando vínculos más profundos, al preocuparse por mi persona en momentos de pérdidas familiares. Estas relaciones a la larga hicieron efecto en mí, poniéndome en situaciones que percibí como incómodas, al tener la necesidad de describir en mis trabajos y en esta tesis ciertos acontecimientos que involucraban a muchos de estos practicantes, sintiéndome una especie de traidor a su “confianza”.
Esto nos vuelve a recordar que nativos e investigador poseen intereses diferentes, lo cual se manifestó en otro aspecto que no puede quedar sin mención: mi postura de no jugar. Como advierte Guber:
El intento de hacer prevalecer el rol y la definición (siquiera alguna) de científico social y/o de investigador es parte del proceso de conocimiento de ese grupo social y se prolonga hasta que el trabajo de campo haya concluido. Ello exige una vigilia constante con respecto a las alternativas y presiones que provienen de las expectativas de los informantes (Guber, 2004, p. 105).
A lo largo del tiempo, si bien siempre aclaré los motivos metodológicos de la decisión tomada, he registrado reproches en torno a esta posición: “No digo que juegues un torneo, pero un entrenamiento…”, “Es que hace mucho que venís” o “Para que te diviertas y sepas que se siente”. Incluso, me sorprendí cuando un practicante, al que conozco desde el comienzo de la investigación, me interpeló directamente en una de mis últimas observaciones. Fue una mañana, cuando nos hospedábamos en la casa de otro jugador en Rosario, durante el desayuno: “Te hago una consulta, ¿tenés pensado jugar algún día?”. Este tipo de diálogos era frecuente con los jugadores más nuevos, e incluso creí observar que muchos, con los que ya había años de relación, lo hacían para bromear o agarrarme desprevenido, evidenciando un deseo de tensionar mi rol. Por el contrario, otros comprendieron la postura metodológica, considerando válida la observación del nivel de conflictividad que caracteriza al quidditch argentino.
Pero, ¿por qué tanta insistencia si cuando los motivos eran explicados mis interlocutores afirmaban que estos eran coherentes y que incluso reflejaban el carácter (bardo) de las relaciones sociales que ellos mismos creaban para este deporte? Marcos Ledesma, de 24 años, estudiante de Economía en una universidad pública, habitante de Berazategui y casado con una jugadora de su exequipo, fue uno de los grandes informantes de esta tesis. Desde su punto de vista, aquella insistencia se debe a que los practicantes “tienen la cabeza permanentemente en el reclutamiento y vos venís siempre, preguntás, querés conocer, te gusta el deporte, venís con ropa de fútbol[31] a veces…estás como regalado” (M. Ledesma, comunicación personal, 31 de octubre de 2021). Así, aunque mi respuesta ya era conocida por todos, estas situaciones se repetían, siendo otra prueba de que los nativos tienen sentidos propios para su mundo, de los cuales los investigadores pasamos a ser parte y somos configurados en torno a los mismos (Zenobi, 2010): yo era alguien que se presta para el “reclutamiento”.
Las reflexiones que suscitan la visión de este jugador se relacionan claramente con la ocasión en que decidí participar de una dinámica deportiva. Si, en entrenamientos había sido parte de ciertos juegos de calentamiento, como “quemados” o pases. Pero durante una convención de fans realizada en San Miguel, Provincia de Buenos Aires, aunque vestido inadecuadamente (con ojotas que se rompieron en el juego), decidí colaborar y ser parte de un partido.
Miembros de los equipos Deathly Dragons y Black Birds realizaron una exhibición con algunos de los asistentes al evento que quisieron jugar. Pero les faltaba uno. El “¿Estás para un amistoso?” de una jugadora, estuvo precedido de una conversación con la vicepresidenta de AQArg, quien, al comienzo del evento me volvió a interpelar respecto al juego. En su “¿No te animás?” no parecía haber un intento de desafío hacia mi persona. Más bien ese comentario daba cuenta de toda una serie de sentidos que, veremos, circulan en torno a este deporte y a su práctica en público. “Después de tantos años juntos” pensé “¡Algunos todavía creían que no juego porque me da vergüenza!” La vergüenza, especialmente asociada a jugar con una escoba/palo entre las piernas, es algo muy marcado por los practicantes e incluso es señalado como un obstáculo para el reclutamiento.[32]
Sobre esta fugaz decisión metodológica, un matiz a la postura inicial, bromearon amistosamente algunos practicantes (otros me reprocharon que jugué con unos y no con otros), aunque no alteró en lo sustancial mi relación con los nativos. Más bien debe ser pensaba en el marco de lo que Brunner (2016) entiende como el cumplimiento de pequeñas tareas, que en su caso fueron clave para legitimar su status de “investigadora” del quidditch austríaco.[33] En efecto, el acto de participar abarca un amplio espectro que va desde un “testigo mudo” hasta actividades de diverso grado de involucramiento, incluyendo el desempeño de diversos roles locales (Guber, 2011), que reflejan la flexibilidad en situaciones sociales y de divulgación que anteriormente explicité. Como me pregunté anteriormente: ¿qué formas de “estar adentro” existen?
Así, de acuerdo a la tipología presentada por Guber (2011), puedo afirmar que fui un “observador participante”. Aquel que pone énfasis en su carácter de observador externo, tomando parte de actividades ocasionalmente, status que conservé incluso cuando se produjeron unas modificaciones que trataré en breve.
Por todo lo antedicho, en la pesquisa jugó un papel central la propia observación participante. Esto es, el involucramiento del investigador durante un tiempo prolongado en una diversidad de actividades con el fin de observar a los actores en su cotidianeidad, facilitando la comprensión de los mismos y las significaciones que atribuyen, en este caso, a la práctica deportiva (Marradi, et al., 2007). Es que el mundo en que viven los actores se pone de manifiesto a partir del entramado significante de la vida social, la que desarrollan a partir de ciertos saberes compartidos (Guber, 2004). Las observaciones se realizaron mayormente en las distintas instancias en las que participaban los equipos: competitivas, amistosas y de entrenamiento. El valor de estos últimos radica en que en ellos suelen manifestarse muchas novedades de importancia: incorporaciones, abandonos, suspensiones, nuevas capitanías y asuntos organizativos, pero también las cuestiones vinculares, los aprendizajes, las peleas y disconformidades. Son una caja de resonancia del deporte que se abre una vez por semana. La cotidianeidad de los equipos se vive en los entrenamientos regulares. Estos colectivos son liderados idealmente por un capitán (representante formal del equipo), un sub-capitán y un coach (responsable de los entrenamientos) electos, y son el eje de la actividad deportiva y la sociabilidad de los nativos. Integrados por un número de entre ocho y veinte personas, en ocasiones también crean cargos especiales, como encargados de redes sociales o entrenadores especializados en ciertas posiciones. Los equipos también tienen representación en AQArg, cuyo funcionamiento detallaré en otros capítulos.
Pero la vida de estos grupos no se limita a lo deportivo. Por ejemplo, Daskal (2020), en su trabajo sobre los hinchas de River Plate, explica como ciertos eventos como las comidas se conforman en espacios de sociabilidad, donde se van forjando los afectos. Es en esta clase de instancias que se produce un aprendizaje social y una identificación con los otros
…que nutren su sociabilidad y le señalan [al individuo] lo que debe sentir y de qué manera, en esas condiciones precisas (…) La afectividad se entrelaza con acontecimientos significativos de la vida colectiva y personal, implica un sistema de valores puesto a prueba por el individuo, una interpretación de los hechos según una clave moral específica (Le Breton, 1999, p. 109).
Esto es lo que evidenciaron los primeros acercamientos al campo. En las mismas prácticas, amistosos y competición, durante, anterior y posteriormente a esas instancias, se dan momentos de socialización deportiva y extradeportiva en los que se abordan temas generales, personales y sociales desde otro ángulo, que también son de importancia para la existencia de los colectivos. Es aquí donde las tradiciones de equipo (y las viejas peleas) son trasmitidas y socializadas a los nuevos jugadores.
Otro hecho importante es que, al realizarse en parques públicos, los entrenamientos y amistosos[34] aparecían como espacios potenciales para la divulgación de la actividad: están expuestos a la mirada de las personas que transitan los espacios y se acercan a preguntar. Pero la divulgación no se limitaba a una consecuencia colateral de las actividades deportivas. Por este motivo, fue importante realizar observaciones en aquellos eventos o espacios a los que el quidditch argentino se acercaba de forma explícita con el fin de promover la actividad. Estos eventos pueden clasificarse de forma relativamente sencilla: aquellos en los que hay alguna relación con el mundo de los fans (pudiendo estar involucrado exclusivamente HP o no, incluyendo las ya referidas convenciones) y aquellos en los que no (mayormente jornadas conjuntas con otros deportes y expresiones culturales).
Globalmente, la observación participante se estructuró en torno a los entrenamientos de los equipos, al ser instancias semanales que facilitaban un seguimiento de la dinámica de la actividad. El cronograma preparado incluyó a los equipos de Buenos Aires, aunque también viajé a Córdoba en 2019 y a La Plata en 2022, con el fin de conocer a los practicantes de dichas regiones. Como fue mencionado, trabajé con uno diferente por semana, debido a que todos suelen entrenar el mismo día y a la misma hora (domingo por la mañana) en lugares alejados entre sí. Procuré no repetir equipos hasta haberlos visto a todos una vez. Esta secuencia solo se interrumpió en caso de amistosos y torneos, instancias extraordinarias que tenían lugar los mismos días que las prácticas. Lo mismo puede decirse de los eventos de divulgación, los cuales suelen organizarse los fines de semana y, para asistir a ellos, los equipos cancelan sus entrenamientos. Los principales ejes de observación fueron: el papel de HP en la cotidianidad y sociabilidad de los equipos, las estrategias de promoción del quidditch, las instancias colectivas de discusión sobre género y discriminación, los pormenores de la práctica concreta de un deporte mixto, las distintas manifestaciones del proceso de adaptación a los reglamentos y estándares internacionales, así como también el papel de la asociación nacional en las instancias observadas.
Ahora bien, es imposible no referir al impacto que tuvo la pandemia de Covid-19 en la investigación. Su repercusión en la estructura del quidditch argentino, como veremos en el desarrollo de la tesis, fue importante. Desde marzo de 2020 hasta octubre de 2021 (comienzo y fines definitivos de las medidas gubernamentales que restringieron las actividades al aire libre) la situación se transformó respecto a los años anteriores. Aunque la actividad contaba con pocos practicantes y era realizada al aire libre, fue igualmente perjudicada por las políticas estatales de cierres y aperturas, que volvieron espaciadas las semanas de entrenamiento.[35] La composición de los equipos se alteró notoriamente. Los rostros en la pre y post pandemia se modificaron: se acercaron unos pocos nuevos practicantes, hubo cambios de equipo y algunos “veteranos” se retiraron definitivamente. ¡Los grupos humanos se me hacían casi irreconocibles!
En un deporte poco conocido como el quidditch, Internet y las redes sociales (de equipo y de la asociación) en particular han jugado un papel determinante, tanto en su propia conformación como en su divulgación. Son el principal medio de propaganda y de comunicación oficial. Por eso, antes de la pandemia ya había tomado en consideración esta importancia, especialmente para conocer el pasado de este deporte, rastrear personajes importantes para su historia, trazar conexiones individuales y colectivas, y conocer las novedades de aquellos equipos a los que no podía ver con regularidad debido a la distancia geográfica. Internet fue un insumo clave para encontrar tópicos y preguntas relevantes para conversar con los practicantes y preparar futuras entrevistas.
Aun así, esta herramienta no estuvo exenta de problemas. Aunque esta fue vital para rastrear muchos viejos protagonistas de la práctica, claves cuando el hilo de la misma y su proceso de profesionalización se volvían difusos al hundirse en el pasado, muchos espacios online incluían información que debió ser constatada en varias ocasiones. Esto debido a que diversas fuentes señalaban datos disímiles sobre un mismo tema. Asimismo, muchas de las huellas (virtuales) de los momentos iniciales de la actividad, como páginas, videos y blogs locales e internacionales que sirvieron de inspiración y funcionaron como registro, se han vuelto inaccesibles, perdiéndose valiosa información. Esto se expresó en mi imposibilidad de conocer el material visual y fotográfico que, veremos, inspiró el primer reglamento argentino de quidditch en 2006. Pero incluso cuando estos datos estuvieron disponibles y presentaron una cierta coherencia, fue igualmente necesario complementarlos con charlas o memorias de jugadores actuales. De otro modo, la mera existencia de una página de Facebook que lleva el nombre de un equipo argentino o su referencia en una entrevista a un medio podían conducir a una falsa percepción sobre el desarrollo real de la disciplina en nuestro país.[36] Es decir, ¿ese equipo en verdad existió? ¿jugó algún partido? Estas consideraciones fueron claves al momento de crear el registro de equipos argentinos que puede encontrarse en Anexo 1.
La llegada del Covid-19 no hizo más que profundizar el papel de lo virtual en este deporte. Esto, que hasta entonces era un complemento, pasó a tener una intensidad semejante a lo presencial y a, por momentos, casi hegemonizar la vida del quidditch nacional. Aquí se produjo un cambio notorio: ciertas instancias virtuales comenzaron a tener un acceso restringido. Se había anunciado el desarrollo de actividades institucionales a las que solo tendrían acceso los miembros de la AQArg: charlas sobre género, asambleas o juegos colectivos que resultaban atractivos para los fines perseguidos por esta investigación. Si la dispersión de plataformas, propia del uso de Internet contemporáneo (Hine, 2017), donde se encontraba la “comunidad online” estudiada me había sido accesible simplemente por ser usuario de las mismas, el nuevo cuadro amenazaba con dejarme afuera. Hasta entonces había podido escuchar un podcast de un equipo, ver un vivo de Instagram en que los jugadores se entrevistaban entre ellos y explorar en los Facebook de los jugadores, observando cómo entrenaban desde sus casas o estudiaban el reglamento. La situación emergente demandaba una intervención diferente.
Así, cuando se hicieron algunos entrenamientos presenciales, conversé con algunos jugadores, buscando su aval para participar de estos espacios sin ser un asociado a AQArg. Deseaba seguir apareciendo con mi postura de investigador. Se podría decir que emprendí una negociación buscando un status diferencial, lo cual no fue aceptado. Este rechazo apareció como un eco de la vieja discusión en torno a mi posición de no jugar. Los practicantes reclamaban una posición más activa, un involucramiento mayor para poder participar de los espacios por cuyo acceso luchaba. Este momento, en que un rasgo de mi posicionamiento inicial me llevó a un impasse, aparece reflejado en una nota de campo de una práctica presencial:
Escucho que Florencia habla de próxima reunión y le digo si puedo estar, pero ella insiste con que sea voluntario o participe de algún modo. Condiciona mi presencia a lo que diga Nicole Biondi, la presidenta. Me insiste con lo mismo. Evaluar tomar algún voluntariado de mínimo compromiso o asociarme para dejarlos tranqui. Puede abrir algunas puertas. Ver cómo puede repercutir (Fragmento de registro de campo, 13 de febrero de 2021).
Ante esta clase de negativas tomé una decisión y la presidenta de la asociación me propuso como socio honorario[37] en 2021. Ello me permitió no solo participar de las instancias virtuales a las que ansiaba acceder, sino que también me integró a los distintos grupos de Whatsapp, entre ellos el de jugadores libres, rótulo que me correspondía al no estar enrolado en ningún equipo. Bajo esta modalidad de participación como asociado, aunque no se planteaba la necesidad de un posicionamiento entre todos los equipos, aparecí más expuesto a tener que compartir mi opinión o postura ante el devenir de la gestión vigente entonces y el rumbo del deporte en general. En ocasiones me encontré con el derecho a votar en asambleas o reuniones de socios (haciéndolo siempre por la abstención). También pude acceder a las reuniones de capitanes y de socios en general.
De este modo, la observación participante presencial se combinó exitosamente con la llamada etnografía virtual (Hine, 2004), herramienta contemporánea clave en una sociedad cuya vida social está permeada por la red. Ajena a cualquier clase de determinismo tecnológico, la etnografía en las formaciones sociales que emergen en Internet implica una inmersión en estos espacios virtuales, considerándolos como campos de acción e intercambio donde las personas se extienden a ellas mismas y a sus relaciones (Álvarez Gandolfi, 2016; Aller, 2021b), y realizan prácticas cuya significación merece ser estudiada (Ardevol, et al., 2003). Esta técnica demanda la participación en las interacciones virtuales, la creación de diálogos que permitan entendimientos mutuos, la captación de la experiencia subjetiva de habitar estos espacios y el uso de las mismas tecnologías que movilizan aquellos que son estudiados, con el fin de entenderlas en los términos de los actores (Hine, 2017). Posee sus propias herramientas de registro, como capturas de pantalla, y nuevos elementos a analizar, como las interacciones y los likes.
Uno de los puntos polémicos de la etnografía virtual es la construcción del lugar del investigador, ya que estas plataformas digitales suelen habilitar un “merodeo anónimo”, el cual es criticado por Hine. Aquí elijo diferenciarme del balance de experiencia que propone Aller (2021b), quien expresó dificultades a la hora de anunciarse como investigadora en los espacios digitales. Al tratarse de un campo integrado por muy pocas personas, a quienes conocía y me conocían desde hacía tiempo, este inconveniente no se presentó en los grupos de Whatsapp o las videollamadas colectivas de las que fui parte. Considero que mi identidad como investigador estuvo siempre clara, porque en nuestra experiencia presencial los jugadores ya estaban informados acerca de la misma. Es por esto que, al desarrollar una etnografía virtual, no debe establecerse una escisión tajante entre lo online y lo offline (Hine, 2004): se trata de espacios híbridos, donde también las interacciones virtuales se producen socialmente y la tecnología tiene una base igualmente social. En efecto, las personas no viven totalmente en línea, por lo que fue necesario volver sobre lo presencial, para ver las conexiones entre ambos niveles. Así, por ejemplo, pude comentar en algún entrenamiento en un parque las vicisitudes de los juegos que se desarrollaban por Internet o el impacto de las charlas sobre género entre los jugadores.
El levantamiento de las medidas estatales de restricción de movilidad no ha hecho que estos espacios virtuales desaparezcan. Al contrario, muchos de ellos han conquistado un lugar que no tenían anteriormente: las reuniones de capitanes y los sorteos de los torneos siguen siendo virtuales al día de la fecha.
Ahora bien, una vez que la investigación fue avanzando, fue surgiendo la necesidad de enfatizar en algunos temas que hasta el momento estaban siendo abordados mayormente desde lo discursivo. Aspectos de la práctica que eran difíciles de captar desde la tribuna del espectador, la que ocupé en los comienzos. Se trataba de toda una serie de observaciones pendientes, de gran importancia, en torno a la cuestión del género, la implementación de los cupos mixtos y la propia dinámica del juego. Era necesario salir de las proclamas oficiales, de las palabras de los practicantes con distintos grados de afinidad con estas, y buscar un acercamiento mayor que permitiese ver de forma práctica todo esto. Aquel fue un eje fundamental del cuarto capítulo.
Aprovechando la vuelta a los torneos presenciales tras la pandemia en octubre de 2021, decidí establecer una modificación en mi rol inicial, anotándome como staff en los torneos. Esto es, un colaborador extradeportivo de un equipo, como podría ser un fotógrafo o, como ironizaban los practicantes, “un aguatero”. Alguien que podía estar en el banco de suplentes, al borde del campo de juego, posición que buscaba con mi transformación. Aquí se podría haber planteado el mismo problema que con la decisión de jugar: “¿Por qué fuiste staff de este equipo y no de otro?”. Esto no ocurrió por el simple hecho de que, tras la pandemia, se redujo notablemente el número de equipos de Buenos Aires, por lo que pude ser staff de todos por lo menos una vez: Black Birds, Dark Phoenix (hoy desaparecidos) y Noxus Dragons. Este nuevo posicionamiento, otro matiz de la decisión inicial, me permitió acceder a otra óptica y realizar hallazgos en torno al género, observando los reclamos de las mujeres, el trato entre pares y los motivos de las decisiones tácticas y estratégicas que no se comprendían bien desde la tribuna, entre otras cosas.
Pese a este aspecto positivo y la rotación, esta decisión estuvo acompañada de una nueva exposición: si antes podría afirmar no estar asociado a ningún equipo, ahora aparecía, a la vista de todos en el banco de suplentes de uno u otro equipo. A las etiquetas de investigador y asociado se le sumaba la de “staff de…”. ¿Qué consecuencias traía esto? En muchas ocasiones se me ofrecía usar la camiseta del equipo, oferta que declinaba generando algún disgusto, pero aclarando los motivos que me remitían a mi postura inicial de observador externo. Este nuevo papel también hizo que, ante los conflictos y peleas públicas, mi figura aparezca asociada a ciertos bandos en pugna, lo que implicaba que los nativos me consultasen por las reyertas in situ y me pidiesen una opinión (demandaban) favorable a ellos. Recuerdo como se esperó en una ocasión que formule una dura crítica a las autoridades de un partido en el cual “mi equipo” consideraba que había sido perjudicado por los arbitrajes. O como se me pidió discreción respecto a un comentario despectivo sobre el “llanto” de los rivales por el uso de la fuerza que hacían “mis compañeros”. Situaciones como estas configuraron un reto: sostener un rol lo más imparcial posible ante las situaciones deportivas y extradeportivas que se presentaban, sobre las cuales inevitablemente me iba formando una opinión. Lo mismo ocurrió cuando fui objeto de consulta ante el rumbo que tomaba el equipo en cuestiones del juego. Cuando se me demandó esto, siempre intenté hacerlo de forma respetuosa. Incluso, en ocasiones, algunos jugadores debutantes me hacían consultas reglamentarias, lo que en una ocasión me hizo ganarme el apodo de “el maestro”.
Otra de las técnicas importantes fue la entrevista etnográfica. Fueron un total de 27, en las que busqué obtener información vinculada a la historia de los participantes en la actividad y las representaciones asociadas a la misma; la experiencia e interpretación (Marradi et al., 2007). Mediante las mismas se puede acceder al universo de significación de los actores (Guber, 2011) en torno a la práctica estudiada y comprender su lógica, ya que en estas se expresa “la verbalización de una apropiación individual de la vida colectiva” (Marradi et al., 2007, p. 219). ¿Qué hacen, dicen y dicen que hacen los nativos? ¿cuáles son las categorías nativas circulantes en este ámbito? Si bien la diversidad de entrevistados ayudó a evitar la presencia de los sesgos que estos podían poner en juego, es importante señalar que las entrevistas fueron utilizadas como complemento de la observación participante y la etnografía virtual, posibilitando tanto los primeros acercamientos al deporte, la apertura hacia las preguntas que luego orientarían esta tesis, como el enriquecimiento y profundización de sus resultados. La selección de actores responde a una serie de criterios pensados para esta investigación: antigüedad en el deporte (se incluyeron exjugadores), rol dentro de su equipo y la asociación nacional, pertenencia al mundo de los fans y género. Las principales preguntas abordadas, pensadas de forma paralela al desarrollo del campo, se abocaron a: la trayectoria de los participantes en el deporte y en el quidditch, los cambios reglamentarios y organizativos en la práctica (clave donde la documentación fotográfica, escrita y audiovisual era inexistente o incompleta.), su lugar en el universo deportivo argentino y su consideración y reconocimiento social, su crecimiento y desarrollo desde una perspectiva global, la forma en que se vivencia el deporte mixto, el papel de las instancias educativas (charlas sobre género) en la relaciones personales al interior del quidditch y el lugar de HP en la vida del jugador y el equipo. Retomando a Meccia (2019a), el trabajo aquí implicó también la reconstrucción de momentos de significación histórica para este deporte, mediante los testimonios de los actores protagonistas de los mismos.
Ahora bien, como ya he mencionado, se trata de un ámbito con una gran conflictividad interna, la cual ha llevado a muchos deportistas a abandonar la práctica. “Está absolutamente prohibido armar bardo con otros equipos y prenderse a los otros bardos”, me dijo con firmeza Martina Cirio una tarde de diciembre de 2018. Ella, una estudiante de locución de 31 años, era integrante de un equipo emergente que, paradójicamente se dividió por bardo solo un año después. Una consecuencia de este “clima social” es el deseo manifiesto de muchos exjugadores de no volver a referirse a viejos momentos que les traen malos recuerdos. Y, cuando estos decidían contar su experiencia, los sesgos eran notorios. Fueron muchas las entrevistas realizadas para esta tesis que se plagaron de anécdotas de roces personales y peleas abiertas. Podría decirse que mis interlocutores, sabiendo que también realizaba observación participante entre los equipos, buscaban “ajustar cuentas con la historia”. Con su historia. Esto expresa un rasgo esencial de la instancia de entrevista: la expectativa de los entrevistados de que sus palabras lleguen a ciertas audiencias, poniendo de manifiesto modelos de acción y sentir con los que el grupo social de referencia (este deporte) moldea al individuo (Alonso, 1995; Meccia, 2019b). De este modo, los expracticantes, con sus palabras, parecían mostrarme que seguían insertos en la vieja trama de relaciones. Jugaban un rol de acuerdo a su posición dentro del ámbito del quidditch, a donde como entrevistador, esperaban, yo podía trasmitir su perspectiva. Esto se pronunciaba especialmente cuando el diálogo era con aquellos individuos que afirmaban haber abandonado el deporte por estar en desacuerdo con el rumbo del mismo. Emergieron así las llamadas “historias no oficiales”, versiones menos registradas o distorsionadas del discurso oficial, las cuales fueron clave para reconstruir el derrotero de esta práctica, junto con documentos, estadísticas y registros. El papel del relato como vehículo de la memoria es lo que dota de importancia a su análisis. “Los hechos son cosas del pasado –es cierto–, pero la resistencia del pasado a convertirse en una cosa juzgada, lleva a que nos interese la memoria, que es cosa del presente” (Meccia, 2019a, p. 45).
Por otro lado, realicé un exhaustivo (y de actualización permanente) registro y recopilación de las apariciones de los equipos de quidditch de Buenos Aires y de la propia AQArg, en los medios de comunicación tradicionales y digitales. Aunque la cobertura mediática es escasa, fue importante poder pensar la representación y construcción de sentido de los medios acerca de la actividad, ver la forma que adopta la voz de los actores al divulgar la práctica y contrastar ambas perspectivas. Me interesó observar el papel que juegan los estereotipos e ideas en torno a los fans (Jenkins, 1992; Jensen, 1992) en estas instancias clave para la promoción de la práctica. Retomando a Muzzopappa y Villalta (2011), el trabajo con estas documentaciones, mayormente escritas, implicó un abordaje contextual de las mismas, teniendo en cuenta los sentidos y lecturas que se ponen en juego, y la existencia de distintos agentes que ejercen presiones sobre la realidad expresada en ellas. Accedí a estas mediante los motores de búsqueda web (Google) y las redes sociales oficiales (Facebook, Twitter e Instagram) de la AQArg y los equipos.
Además, organicé un breve relevamiento durante los primeros meses de 2019, el cual fue contestado por 28 practicantes. Fue suministrado de forma virtual a los capitanes de todos los equipos existentes en Argentina en ese entonces, quienes lo distribuían entre sus dirigidos. Elaborado en el verano de ese año con el fin de tener un breve e inicial panorama general del deporte, la herramienta fue concebida con el fin de obtener datos cuantitativos sobre ciertos aspectos, así como percepciones generales e iniciales en torno a diversos tópicos, especialmente aquellos vinculado a la saga de HP y la noción de deporte alternativo. Aunque el acompañamiento de los respectivos capitanes fue bueno, cuando realizaba las distintas salidas de campo reforzaba el pedido de completarla. Los datos obtenidos fueron procesados y expresados en cuadros y gráficos realizados con el programa Microsoft Excel.
Estructura de la obra
La tesis está organizada en cinco capítulos. En el primero doy cuenta del carácter deportivo del quidditch, desarrollando los antecedentes de la intersección temática en que se sitúa esta investigación: estudios sociales del deporte y los fan studies. Al explicitar los diálogos, puntos en común y delimitaciones teóricas, comienzo a delinear mi propuesta, puesta en relación también con las investigaciones existentes acerca del propio quidditch.
En el segundo capítulo analizo el proceso de institucionalización del quidditch argentino, pensado desde el eje local-global y enfatizando en los sentidos y tensiones puestos en juego por los actores. Al reconstruir el origen de la práctica en nuestro país, en el marco de un club de fans de HP, identifico una fuerte influencia de un modelo global de este deporte, cuya existencia marcaría la posterior evolución deportiva y organizacional de la práctica estudiada. En esta indagación encuentro la emergencia de la violencia como una categoría polisémica, cuya valoración es disputada y va cambiando a lo largo del avance de la institucionalización. Al analizar esto en la evolución reglamentaria, pongo énfasis en el conflicto en torno a la incorporación del movimiento de tackle, lo que se expresa en diversas fracturas en el colectivo de practicantes. La cuestión central aquí es el proceso de adecuación a los estándares globales de la práctica en relación a las posibilidades y realidades locales, en donde entra en juego la idea de una seriedad atribuida, entre otras cosas, al juego brusco y un formato global.
En el tercer capítulo abordo la relación entre mi objeto de estudio y el mundo de los fans de HP. Al reflexionar en torno a la inserción de esta saga en las relaciones sociales y cotidianeidad de este deporte, encuentro como esta narrativa aparece como una clave para interpretar el mundo. Sin embargo, esto entra en tensión con un deseo de separación respecto a la saga, en relación a una búsqueda de seriedad. Se trata, ni más ni menos, del hecho de que los practicantes buscan enfrentar, en favor del crecimiento de su actividad, los estereotipos sociales negativos en torno a los fans, que se observan al analizar cómo el Estado y los medios de comunicación presentan al deporte estudiado. Frente a esto, los actores desarrollan diversas estrategias al dar a conocer su actividad, en las cuales pueden (o no) resaltar aspectos como HP, el desarrollo internacional del deporte, la violencia o el contacto físico. Allí se expresan distintos juegos de identificación contextuados. El creciente énfasis en la violencia, producto del alineamiento con el reglamento internacional, permea el discurso nativo y da cuenta de la apropiación por parte de los practicantes de los estereotipos sobre los fans, que contraponen esta figura con la del deportista. Finalmente, analizo la pertinencia de la categoría prosumo para pensar el quidditch, en relación al proceso de cambio de su nombre, clave para pensar la incidencia de la saga en este universo.
En el cuarto capítulo doy cuenta de cómo una cierta lectura sobre HP estructura al deporte en torno a una serie de sentidos derivados de esta obra: la ética del fandom. Esta implica un conjunto de valores y expectativas extraídas de la trama, pero combinadas con interpretaciones propias: igualdad, respeto, inclusión y rechazo a la violencia, incorporando a esto también el género. Estos rasgos son los que permean el quidditch, dando forma a movimientos de boicot, un reglamento mixto y una serie de organismos que se encargan de abordar casos de violencia y discriminación. En este capítulo analizo los sentidos puestos en torno a que personas de distinto género compartan cancha, el debate acerca de la autopercepción identitaria, la violencia de género y la educación con perspectiva de género, procurando no dejarme encantar por los discursos oficiales del deporte, sino más bien identificando las tensiones y puntos en común entre los practicantes.
En el quinto capítulo me propongo realizar un análisis conceptual del quidditch. Tomando como punto de partida el carácter dinámico del fenómeno deportivo, que se transforma al ritmo que la propia sociedad lo hace, abordo el contexto y la emergencia del deporte moderno y el deporte alternativo. Al detenerme en estos conceptos enfatizo en cada una de sus características a la luz de lo trabajado en anteriores capítulos para el quidditch, encontrando en esta práctica rasgos de ambas categorías.
Finalmente, recapitulo lo trabajado, presento las conclusiones correspondientes e identifico las líneas de indagación que no se abordaron, marcando su importancia para futuras investigaciones.
En el anexo incluyo cuadros e imágenes para ilustrar referencias mencionadas a lo largo de esta investigación.
- En el período entre la finalización de la escritura y la defensa oral de esta tesis, el deporte estudiado desapareció en nuestro país. En aras de respetar la situación concreta en el momento de la escritura, se conserva el estilo de redacción original, que daba cuenta entonces de la existencia de un horizonte futuro para la práctica.↵
- Se utilizará la cursiva para los términos o conceptos nativos y para aquellos que aparecen en lengua extranjera, además de títulos de libros, películas, webs, redes sociales y documentos. También se hará uso de este recurso para nombres de empresas, revistas y diarios. Las comillas estarán reservadas para las citas y para ciertos eufemismos.↵
- Los siete primeros libros, que aquí denominó “originales” son los que desarrollan la trama principal:
Harry Potter y la piedra filosofal (1997), Harry Potter y la cámara secreta (1998), Harry Potter y el prisionero de Azkaban (1999), Harry Potter y el cáliz de fuego (2000), Harry Potter y la orden del fénix (2003), Harry Potter y el misterio del príncipe (2005) y Harry Potter y las reliquias de la muerte (2007).
También existen otros textos que son complementarios, desarrollados con distintos fines como la caridad o el homenaje. Su aporte a la historia principal suele ser menor.↵ - Nacida en 1965 en Inglaterra, actualmente se dedica a la escritura, la producción y el guion. Estudió Letras en la Universidad de Exeter. Además de HP, también es autora de Una vacante imprevista (2012) y de la serie Cormoran Strike (2013-2022).↵
- Como justificaré más adelante, al utilizar la “Q” mayúscula me referiré exclusivamente al deporte de los libros. En estos casos no se utilizará la cursiva, remarcando esta diferenciación con el deporte objeto de esta tesis. ↵
- De acuerdo con Savas Matsas (2000), este concepto se puso de moda entre los ochenta y los noventa, período temporal al que aludo en esta referencia. Vale la pena señalar que la globalización como internacionalización de la vida económica, asiento de la división mundial del trabajo, de un mercado mundial y del carácter global de las modernas fuerzas productivas, se volvió dominante desde principios del siglo XX y se desarrolló a lo largo del mismo.
En rigor, el uso habitual del término refiere a la tercera fase de la globalización, que se da tras el llamado boom de posguerra, con la promoción de la desregulación y libre movilidad de capitales. Para el autor mencionado, esta debiera ser llamada “globalización del capital financiero”, en la medida en que el proceso de integración global abarca principalmente la esfera de las finanzas y mucho menos a algunas ramas de la producción.↵ - El concepto industria cultural fue desarrollado por Theodor Adorno (1903-1969) y Max Horkheimer (1895-1973). Hace referencia a un conjunto de sectores encargados de la creación, producción, exhibición, distribución y/o difusión de servicios y bienes culturales, tales como el arte, el entretenimiento, el diseño, la arquitectura, la publicidad, la gastronomía y el turismo.↵
- Término que se ha impuesto en los últimos años entre los académicos y los propios seguidores (de allí su inclusión en cursiva en toda la tesis) para referirse al grupo del que forman parte junto con otros fans, incluyendo a todas las prácticas, representaciones o emociones que implican la pertenencia a dicha comunidad. Fandom es la contracción de dos palabras anglosajonas: fan (fanático) y kingdom (reino).
Como primera aproximación al tema diré que esta idea del “Reino del Fan” surge para categorizar a todos aquellos individuos que se reúnen en grupos por preferencias en común y que comparten gustos estéticos entre sí (Torti Frugone y Schandor, 2013).
En este trabajo utilizaré indistintamente, como lo hacen mis nativos, los términos fandom, fans y fanáticos.↵ - En rigor, la primera alusión académica encontrada sobre quidditch proviene de la tesis de grado de la canadiense Dunphy (2011), quien se limita a contarla dentro de las actividades propias de los seguidores de Harry Potter.↵
- De acuerdo con datos oficiales de fines de 2023, en todo el planeta hay 7870 jugadores, agrupados en 473 equipos, bajo la órbita de 37 asociaciones nacionales (International Quidditch Association, 2023). ↵
- Durante este trabajo, cuando este término aparezca en cursiva, hará referencia a la acepción nativa del mismo, el modo en que este es puesto en juego. De lo contrario, el significado del mismo estará relacionado con la visión que cada autor le diese.
Al referirme a la concepción nativa del género haré alusión a la difundida por la Mesa de Género y Diversidades en sus encuentros, cuya importancia trataré en esta tesis. De acuerdo con esta visión, el género es una construcción socio-cultural e histórica en la que participa la ciencia médica. Al nacer, las personas, caerían bajo una generalización y simplificación de acuerdo a ciertas características, donde juega un gran papel lo genital, hormonal, fisiológico y corporal. Aquí se les asigna un sexo, lo que condiciona fuertemente la socialización. Incluso existen cuerpos no contemplados por este sistema de clasificación binario. La identidad de género es entendida aquí como la etiqueta que “voy a usar para compartir”, la cual puede corresponder o no con lo que les es asignado socialmente.
En torno a esto se estructura las discusiones sobre el género en este deporte.↵ - Una forma nativa de referirse al deporte convencional. ↵
- Tras el éxito de los libros se estrenaron una serie de películas sobre la historia “original”:
Harry Potter y la piedra filosofal (2001), Harry Potter y la cámara secreta (2002), Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004), Harry Potter y el cáliz de fuego (2005), Harry Potter y la orden del fénix (2007), Harry Potter y el misterio del príncipe (2009), Harry Potter y las reliquias de la muerte- Parte 1 (2010) y Harry Potter y las reliquias de la muerte- Parte 2 (2011).
Posteriormente fueron producidas otras películas que se situaron temporalmente muchas décadas atrás de aquella trama:
Animales fantásticos y dónde encontrarlos (2016), Animales fantásticos: los crímenes de Grindelwald (2018) y Animales fantásticos: los secretos de Dumbledore (2022).↵ - El reglamento de este deporte se refiere a los tubos como escobas, por lo que conservaré esa denominación al hacer referencia a este objeto.↵
- Como veremos más adelante, en el CHP tienen un lugar una serie de actividades diversas en las cuales los participantes del club compiten entre sí.↵
- Evento típico del fandom, donde sus miembros se reúnen para llevar a cabo actividades temáticas que pueden ser comerciales o no. Las convenciones suelen ser conducidas por animadores, y en ocasiones convocan a personajes de importancia para la comunidad particular. Se realizan al aire libre o en espacios cerrados, en los cuales se puede cobrar una entrada.↵
- Fans que se disfrazan de sus personajes de ficción favoritos, incluyendo una elaboración o el uso de trajes característicos, y realizan una interpretación dramática de los mismos (Del Vigo y Carpenzano, 2021).↵
- El nombre de todas las personas mencionadas en este trabajo ha sido alterado para resguardar su anonimato, algo especialmente necesario a la hora de tratar algunos aspectos relacionados al género y la gestión del deporte. Sin embargo, elijo conservar las denominaciones reales de los equipos y asociación, no solo en tanto testimonio de su existencia concreta, sino porque estos representan un dato en sí mismo: su idioma, sus referencias y su relación con la saga. Alterarlos pondría en riesgo parte del abordaje, que podría desnaturalizarse en exceso.↵
- Todas las edades consignadas aquí refieren al momento del encuentro con la persona en particular.↵
- Historieta de origen francés.↵
- Editorial estadounidense de historietas.↵
- Estas locaciones solo son puntos de encuentro para entrenar y jugar amistosos, ya que muchos miembros de los equipos provienen de distintas áreas de la Ciudad o de la Provincia de Buenos Aires.↵
- Aquellas organizadas por la AQArg, en tanto miembro de la IQA.↵
- Esto no quiere decir que los equipos del llamado “interior” de nuestro país no hayan tenido relevancia. Al contrario, el equipo más ganador al momento de la escritura de esta tesis es originario de la ciudad de Rosario, controlando además gran parte de los puestos de importancia de AQArg hasta el final de mi trabajo de campo. De allí que una importante precaución considerada fue la de no reducir el quidditch a lo que sucede en la capital argentina.↵
- Actividad deportiva de equipo que combina elementos de rugby y esgrima. Para más información ver Sangiao (2022b).↵
- Durante el primer torneo al que asistí como investigador, las dos máximas autoridades de la AQArg se tomaron a golpes de puño y se insultaron durante un partido. El resultado de esta pelea, además sanciones disciplinares, implicó el abandono de funciones en la asociación por parte de un equipo.↵
- La incorporación a uno en específico representaba un problema práctico elemental: los distintos equipos suelen entrenar una vez por semana el mismo día y a la misma hora, por lo que, si el deseo era conocer a varios, me hubiese visto obligado a desatender mis obligaciones como jugador.↵
- En este contexto, la posibilidad de ser marcado como un espía estaba latente. Se trata de un problema propio de la etnografía, metodología que aspira a la construcción de relaciones sociales con los miembros de los grupos que se pretende conocer (Zenobi, 2010). El llamado “dato” es el producto de estos vínculos y debe ser entendido en el contexto local de su producción, sea cual sea este. Fueron múltiples las situaciones en las que, al visitar sucesivamente entrenamientos de distintos equipos, me encontré escuchando y presenciando comentarios negativos e insultantes hacia otros practicantes. Incluso, los nativos me hacían partícipe de bromas sobre los mismos. Estas humoradas, como veremos, tendrán un significado a lo largo del análisis.↵
- Encuentro estos puntos en común con mis nativos, aunque reconozco que desde el punto de vista socio-económico estoy por debajo de la media del colectivo estudiado. Muchos de sus miembros, por ejemplo, demoraban su ingreso al mercado laboral, cambiando frecuentemente sus carreras, o viajaban con regularidad al exterior.↵
- Considerando las múltiples corrientes (y las diferencias entre las mismas) que intervienen en el movimiento de mujeres contemporáneo, conviene aclarar el uso del término en esta tesis. Como veremos en posteriores capítulos, un núcleo importante de jugadores adscribe o es receptivo a un pensamiento cercano a un feminismo queer. De modo que al emplear esta palabra en términos nativos haré alusión a esa corriente.↵
- Algunos eventos se realizaban en sitios cercanos a la cancha de River Plate, por lo que asistía (libreta en mano), preparado para ir al estadio tras la salida de campo.↵
- Mis únicas dudas antes de ingresar al campo de juego eran por la facilidad/dificultad de correr con una escoba entre las piernas.↵
- En mi caso, no fue solo esta breve experiencia de juego para colaborar con la realización exitosa del evento, ya que también hice actividades de divulgación, como la colaboración con las volanteadas e invitaciones en las convenciones, el contar los goles y llevar el tiempo de juego en amistosos, prestar ayuda para cargar/descargar materiales o acompañar a algún jugador lesionado, entre otras cosas.↵
- Desde 2018, como veremos, los torneos se realizan en predios de clubes privados.↵
- Esto fue posible cuando las actividades colectivas en los espacios verdes fueron habilitándose para pequeños grupos de personas. De este modo, un equipo de 20 jugadores podía organizar dos turnos de entrenamiento para 10 jugadores cada uno, sin superar el tope de personas en actividades al aire libre impuesto por el Estado.↵
- Un caso singular es el de un supuesto equipo cordobés llamado los Branca Warriors, que aparece referido por una autoridad del quidditch argentino en una nota (Hill, 2011). Tras un relevamiento exhaustivo no pude encontrar otra referencia al mismo, por lo que terminé por descartar su existencia.↵
- Administrativos de equipos y árbitros que no sean jugadores activos de ningún equipo.↵






