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3 Las guardaparques[1]

María Victoria Videla

El capítulo analiza las dinámicas de género dentro del CGN relevando cómo persisten estereotipos que asocian la fuerza física y el trabajo de “terreno” con la masculinidad, relegando frecuentemente a las mujeres a tareas administrativas o de educación ambiental. Esto es así porque, aunque las normativas son iguales para todos, las decisiones jerárquicas y las responsabilidades de cuidado suelen feminizar ciertas funciones, alejando a las agentes del modelo ideal de guardaparque. Así, las trabajadoras enfrentan una constante presión por demostrar su capacidad en un entorno institucional que aún favorece las habilidades tradicionalmente atribuidas a los hombres. En resumen, se describe una estructura donde el género condiciona profundamente la asignación de tareas, el prestigio profesional y la ocupación de los espacios laborales.

¿Quiénes trabajan en el CGN?

Como ya hemos mencionado, desde su origen, el ingreso a la profesión de guardaparque estuvo reservado para los hombres; el trabajo de guardaparque se pensó tradicionalmente como masculino, con tareas que implican fuerza, resistencia y habilidad física, cualidades que se han construido como signos de masculinidad. Sin embargo, al menos desde mediados de la década de 1970 se registran pedidos y reclamos de algunas mujeres para poder formarse y trabajar como guardaparques nacionales (Bessera, 2007). Recién en 1986 esas demandas encuentran un canal institucional, y al año siguiente son instruidas y designadas las primeras mujeres para desempeñarse como guardaparques nacionales en distintas áreas protegidas de la Argentina.

Formado entonces inicialmente por baqueanos, con el correr de los años el CGN se fue profesionalizando e incorporando mujeres, aunque todavía hoy la cantidad de guardaparques varones supera por mucho a las mujeres. A la vez, se fueron definiendo sus funciones, que hoy abarcan un abanico amplio de tareas. Nos ocuparemos aquí de analizar algunas de las actividades que definen el trabajo de lxs guardaparques.

Acker (1990, 2000) plantea que el género es un elemento constitutivo de las lógicas institucionales, es decir, que las instituciones se definen, conceptualizan y estructuran en función de una distinción entre hombres y mujeres, entre la masculinidad y la feminidad. Así, presuponen y, por lo tanto, inevitablemente reproducen diferencias de género. En línea con estos planteos, analizaremos aquí cómo son asignadas las tareas en el CGN. Usaremos “género” como categoría analítica, para denotar el carácter social de las distinciones basadas en el sexo y como un campo dentro del cual o por medio del cual se articula el poder (Scott, 2013). Las expresiones “las mujeres” y “los hombres”, entonces, se usan aquí para referirnos a identidades genéricas, histórica y socialmente construidas, tomando distancia de todo binarismo de corte biologicista heteronormativo.

¿Cómo trabajan lxs guardaparques?

Hoy el CGN tiene a su cargo el control y vigilancia social y ecológica de las áreas protegidas nacionales. Esta no es sólo su misión reglamentaria sino también una de las respuestas que más se repite en las entrevistas realizadas a la pregunta: ¿qué hace unx guardaparque?, es decir que es también la función que lxs guardaparques identifican como principal o definitoria de su trabajo. Esa misión involucra una amplia variedad de tareas, cada una de las cuales reviste mayor o menor importancia en cada área protegida según sus características. Así, por ejemplo, en algunos parques la caza furtiva es una problemática diaria que deben controlar y sancionar, otros son puntos de gran afluencia turística y su rol como funcionarixs públicxs lxs hace responsables de esas personas. En otras áreas se llevan a cabo investigaciones científicas en las que lxs guardaparques brindan apoyo logístico y técnico, y dentro de algunos parques viven comunidades a las que se debe prestar asistencia. La lista anterior no agota las características que pueden encontrarse en las áreas protegidas nacionales, así como tampoco deberían entenderse esas cualidades como mutuamente excluyentes. Parques como Nahuel Huapi, Iguazú y El Palmar, por ejemplo, presentan varias de estas características al mismo tiempo. Lo anterior permite suponer que las actividades y tareas a cumplir en cada área protegida no son exactamente las mismas. Si bien muchas se repiten, otras son particulares a cada lugar, adquieren características diferentes o revisten distintos niveles de importancia o urgencia que dependen de las características del área.

La toma de decisiones respecto a la asignación de tareas a cumplir periódicamente por el CGN se da en distintos niveles jerárquicos. De mayor a menor jerarquía, estos son: la intendencia del área protegida, la jefatura de guardaparques y la jefatura de operaciones. Estos dos últimos cargos son desempeñados por guardaparques, mientras que la intendencia puede ser ocupada por unx guardaparque u otrx trabajadorx de la APN. A su vez, cada agente guardaparque puede presentar planes de trabajo a las autoridades para ser evaluados y sometidos a su posible aprobación. Es importante señalar aquí que, aunque no contamos con datos precisos sobre representación de género en estos cargos, las entrevistas realizadas ponen de manifiesto un predominio de hombres en todos estos cargos jerárquicos por sobre las mujeres.

El trabajo y sus espacios

El control social involucra dos grandes grupos de tareas. Por un lado, están aquellas que buscan prevenir o reprimir aquellas acciones humanas que atenten contra la estabilidad del ecosistema o contra el patrimonio de la APN. Como, por ejemplo, el corte de árboles o plantas, la caza de animales autóctonos o el acampe en zonas no permitidas. Dependiendo de la naturaleza de esas acciones, muchas veces se requiere de la intervención de otros Cuerpos, generalmente de la Gendarmería o la Prefectura. Por otro lado, aparecen aquellas tareas vinculadas a proteger la vida e integridad física de las personas que visitan las áreas protegidas. Todas las actividades en relación a la regulación y atención del turismo dentro de los parques, entonces, están incluidas en la idea de control social. Carolina es una guardaparque con algo más de 10 años de experiencia, en el momento en que la entrevistamos trabajaba en un parque del centro del país. Sus palabras muestran una de las opiniones que lxs “guardas” tienen respecto de la tarea de atención y cuidado de lxs turistas:

El turismo lo que tiene, lamentablemente en este parque, como en muchos, es que te roba una cantidad de personal permanente, todos los días, para que cada turista, cada visitante que venga se vuelva ileso a su casa. Termina siendo, por una responsabilidad civil y de funcionario, termina robándote un porcentaje altísimo de trabajo.

Una apreciación generalizada es que atender las visitas turísticas les “roba” tiempo para realizar otras tareas que entienden prioritarias o que son mejor valoradas por ellxs. A esta actividad que implica estar pendientes de los recorridos de lxs turistas, tanto por su seguridad como para verificar que no infrinjan ninguna norma, lxs “guardas” suelen denominarla “de pasarela”. Alfredo, guardaparque ya retirado, asegura que ese trabajo es largo, tedioso y rutinario. En otro capítulo recordamos las palabras de Bruno cuando aseguraba que, durante la temporada de verano, cuando reciben una gran cantidad de turistas, el PNTdF es como “un jardín de infantes”. En relación a las tareas que estamos analizando, entendemos que esta metáfora hace referencia a que deben estar muy pendientes de que lxs visitantes del parque no incumplan las normas, por ejemplo, hacer fuego en sectores no permitidos o no respetar las sendas marcadas para hacer trekking. A pesar de estas opiniones la mayoría de lxs guardaparques entrevistadxs coinciden en señalar que esos controles son una tarea fundamental para cumplir con el objetivo de conservación de los ambientes y los patrimonios naturales y culturales que cada área protegida busca resguardar. En este sentido lxs “guardas” encuentran en el trabajo “de pasarela” una oportunidad para hacer educación ambiental (tarea de la que nos ocuparemos más adelante), es decir, explicar y concientizar a lxs visitantes del área protegida acerca de la importancia de cuidar y proteger esos espacios.

Encontramos que la relevancia y la valoración de esta tarea en el trabajo diario de lxs “guardas” dependen de las características del área protegida en la que se encuentren, ya que no todas están abiertas al público y, dentro de las que sí lo están, no todas son visitadas masivamente. En los parques que reciben gran cantidad de turistas, el trabajo, dicen, se vuelve mecánico y aburrido. En cambio, en parques nuevos y/o pequeños suele ser una decisión institucional incentivar el turismo como, por ejemplo, una forma de desarrollo sustentable para las comunidades locales.

En las entrevistas que hemos realizado encontramos que tanto los “guardas” hombres como mujeres son asignadxs para cumplir con esta tarea “de pasarela” o de control de turistas. Es decir, el género pareciera no jugar un rol determinante en la asignación de esta ocupación. En cambio, otras actividades relacionadas al control social que analizaremos a continuación sí estarían estructuradas en función del género de lxs agentes.

Lxs guardaparques tienen, según el artículo 33 de la Ley 22.351 de Parques Nacionales, poder de policía administrativa dentro de las áreas protegidas. Por eso, realizan por ejemplo controles de ruta u operativos, generalmente en conjunto con otros Cuerpos como policías provinciales, Gendarmería Nacional o Prefectura, cuando reciben avisos sobre alguna actividad ilícita. Respecto a esta responsabilidad, no contamos con información acerca de cómo o a quiénes son asignadas estas tareas en la actualidad. No obstante, nos interesa recuperar la experiencia de algunas mujeres de las primeras generaciones de guardaparques[2] que relatan haber participado en operativos, principalmente de controles de ruta. Una de ellas es Alejandra, que ingresa al CGN a comienzos de la década de 1990 y, consultada acerca de su experiencia como una de las primeras mujeres en ese trabajo asegura que a ella le “facilitó muchísimo el trabajo como guardaparque ser mujer, por una cuestión cultural” porque, dice: “por ejemplo, en un control de ruta a las tres de la mañana, de noche, en la ruta, créeme que los tipos con nosotras no discutían”. Angela, ingresa al Cuerpo pocos años después que Alejandra y considera que “a la mujer no la respetan en un sentido, pero cuando la mujer es la autoridad cambia la cara o cambia la acción”. Ellas encuentran entonces un valor, al menos para algunas tareas, en su condición de mujeres en un trabajo masculinizado. Según sus opiniones, pero también la de algunos varones aún en actividad, las mujeres son más respetadas que los hombres al realizar actividades de control social dentro de los parques. Cuando son los hombres quienes deben sancionar una acción, dicen, es más probable que aquellos que son sancionados busquen torcer la voluntad del agente y que la situación se torne violenta. Esto no ocurriría cuando es una mujer quien marca las faltas, por lo cual las mujeres guardaparques conseguirían llevar adelante las tareas de control social con “facilidad”, como decía Alejandra.

Es en el marco de esas actividades de control a las que hacíamos referencia que se da otra tarea, la sanción de infracciones. Sobre esa responsabilidad Bruno explicaba:

[…] hacemos un acta de infracción que va a la Intendencia y la labura un guardaparque […] hay veces que se genera tanto desde el campo que las manos no dan abasto en Intendencia entonces tenes esto de actas de infracciones que están ahí…ahí…y no pasa nada.

Claudia, una guardaparque con más de 20 años de trayectoria, contaba que las actas de infracción vencidas y acumuladas habían generado problemas en el parque en que trabaja porque periódicamente reciben auditorías por parte de la APN y esta es una de las cuestiones evaluadas. Además, en el caso de las multas, es necesario que se completen ciertos pasos legales para poder cobrarlas. Esto demuestra que ese trabajo “de oficina” es de suma importancia para el correcto funcionamiento de un área protegida. Hablando con Claudia sobre un día típico de trabajo explicaba que, si bien todxs lxs guardaparques “hacen algo similar”, hay algunas tareas que les son encomendadas a algunxs en particular. Es decir, las tareas reglamentarias son las mismas para todxs, pero existen criterios de distribución de las mismas. A ella se le encomendó “trabajar con la parte de infracciones y sumarios”. Cuando le consultamos por la asignación de tareas, Bruno, en cambio, respondió:

Hoy a mí me pueden decir “vas a Intendencia porque vas a empezar a sacar actas de infracción”, y bueno, voy a tener que ir a Intendencia a aprender primero y después empezar a sacar actas.

Esto nos muestra que Bruno no realiza estas tareas de oficina y que, si se lo encomendaran, primero debería aprender a hacerlas. Muchas de las mujeres guardaparques entrevistadas, en cambio, manifestaron que realizan o realizaron estas tareas, y que, si bien no hay una división formal de las mismas entre varones y mujeres, las cuestiones de oficina les son encomendadas mayormente a ellas.

Es importante aclarar que las tareas “de oficina” no son exclusivas del CGN, la APN cuenta también con personal administrativo que tiene esa responsabilidad. Sin embargo, es recurrente en nuestras entrevistas que lxs “guardas” hagan mención a la falta de personal en las áreas protegidas, razón por la cual no es una excepción que personal del CGN deba cumplir esas tareas.

Otra tarea que se encarga mayoritariamente a las mujeres es la que denominan “educación ambiental”, principalmente cuando implica el trabajo pedagógico en y con distintos niveles educativos. La mayoría de los guardaparques varones a los que pudimos entrevistar mencionaron la educación ambiental como una de las tareas con las que deben cumplir e incluso manifestaron la importancia de la misma. Pero no son tantos los ejemplos de aquellos que efectivamente desempeñaron funciones relativas. En las mujeres, en cambio, la mayoría hizo o hace educación ambiental. En general también, muchas manifiestan su gusto por estas tareas, aunque otras planteaban que lo hacían a disgusto, que habían pedido a sus superiores que no las asignen a esa función o que “agradecían” no tener que hacerlas. De cualquier modo, entendemos que la educación ambiental es, al menos dentro del CGN, una tarea feminizada. Son ilustrativas las palabras de Carolina cuando recordaba a una compañera a quien su superior jerárquico (un varón) le había encargado esas tareas y decía: “me mandan a mí porque no tengo pito”. La educación ambiental es, para algunas mujeres, un espacio profesional valorado, mientras que otras lo identifican como un destino obligatorio ligado a expectativas de género.

Estas dos últimas actividades analizadas, las de oficina y las de educación ambiental entonces, son mayormente realizadas por mujeres y esto se da por decisión de sus superiores jerárquicos, pero también, encontramos, por decisión propia. Guadalupe cría sola a su hija, su presente laboral, trabajando en una oficina y encargada del área de educación ambiental del parque, no la satisface y lo percibe como una “postergación” en su carrera. Sin embargo, allí cumple un horario fijo de lunes a viernes, algo que no es necesariamente una norma en el trabajo de lxs guardaparques, y esto le permite “acomodar” ambas responsabilidades, su trabajo asalariado y el cuidado de su hija. Sobre las mujeres recaen históricamente las tareas de cuidado de niñxs y adultxs mayores, por eso, muchas guardaparques a lo largo y ancho del territorio eligen o deben optar por realizar tareas de oficina y/o de educación ambiental.

El trabajo y sus ideales

Las actividades para detectar y evitar el deterioro ambiental o ecológico pueden englobarse como control y vigilancia ecológica. Una de las principales tareas aquí es lo que llaman “control de exóticas”, es decir, el control poblacional, mediante distintos métodos, de organismos que proliferan fuera de sus límites naturales de distribución y causan impactos severos en el nuevo ambiente donde son introducidos. En un capítulo previo relatamos la participación de un investigador (varón) que fue invitado por guardaparques (también varones) a una de estas actividades en el PNTdF. La actividad consistía en la colocación de redes en un río del área protegida para intentar capturar salmones chinook (Oncorhynchus tshawytscha). Destacábamos allí que, aunque la captura no tuvo éxito, muchos de los presentes coincidían en señalar la belleza y tranquilidad del lugar y el momento, destacando el gusto por las actividades al aire libre, por estar “en terreno”.

Esto último va en consonancia con una respuesta que se repite al indagar cuál es la tarea más importante de lxs guardaparques, qué es ser guardaparque o, incluso, qué es ser un buen o una buena guardaparque; muchxs dicen que es “estar en el terreno”. Así, como mencionamos anteriormente, diferentes trabajadores del PNTdF nos mencionaron que si queríamos conocer el trabajo de guardaparques teníamos que hablar con Alfredo, ya que “nadie conoce el parque como él”, producto no sólo de haber trabajado allí muchos años sino de haberlo recorrido exhaustivamente. Los relatos que hemos podido recuperar en nuestras entrevistas muestran un conjunto de nociones que circulan en la institución respecto al estereotipo de guardaparque. Un buen guardaparque, el modelo ideal de guardaparque, es quien recorre el parque, conoce sus características y sus necesidades. Pero también, quien presenta ciertas habilidades y destrezas físicas y una serie de conocimientos prácticos que es obligatorio tener para acceder al concurso público de ingreso al CGN (como saber manejar vehículos de doble tracción o andar a caballo) o bien, que se adquieren durante la formación (como el manejo de armas). Aunque no sea expresado en estos términos por quienes hemos entrevistado, indagar en la asignación de tareas nos permite afirmar que son los varones guardaparques, por sobre las mujeres, quienes mayores posibilidades tienen de cubrir ese rol.

Ahora bien, ese ideal o estereotipo de guardaparque como varón en el terreno no impregna el sentido común de la institución únicamente. María, una “guarda” ya retirada que pasó sus primeros años de carrera viviendo en una vivienda de la APN dentro de un parque nacional, recordaba:

Me ha pasado […] el visitante venía a la casa del guardaparques o sea mi casa, y venía a buscar a el guardaparque… entonces eras vos…Entonces te decía…vestida de guardaparque… -” ¿y el guardaparque?” -” Soy yo.” -” No, no, pero yo busco al guardaparque porque se me quedó el auto.” -” No hay problema, ahí voy.” Iba con una pala… Imaginate la cara del visitante.

Su testimonio contiene una idea que también expresaron otras “guardas” respecto a la imagen o el estereotipo del guardaparque varón en el terreno, que no circula únicamente al interior del Cuerpo sino también en la población que visita las áreas protegidas nacionales. Las instituciones, en este caso la APN y, dentro de ella, el CGN, no son compartimentos estancos, sino entidades porosas, inmersas en una sociedad con la que comparten e intercambian sentidos.

Sin embargo, como mostramos, las mujeres son asignadas, o deben elegir, mayormente tareas que las sacan del terreno y las ubican en los centros de visitantes y en las escuelas para hacer educación ambiental o en las oficinas. Esto no es planteado en estos términos por ellas, pero sí todas las mujeres guardaparques que hemos podido entrevistar hasta el momento coinciden en que, aunque no exista una distribución formal de tareas entre varones y mujeres, a ellas se les asignan determinadas actividades que los varones rara vez desempeñan. Es paradigmático aquí el caso de Gisel, una guardaparque que tiene una amplia trayectoria en educación ambiental, pero, a su vez, estaba a punto de terminar una formación universitaria en manejo de incendios cuando la entrevistamos. Cuando comenzó a trabajar en su destino actual, el intendente del parque le anunció: “vas a trabajar en educación ambiental”. Aunque con el tiempo pudo también cumplir tareas en incendios, relata: “siempre fue remándola”. Gisel entiende que esto se debe a que, como mencionábamos, las tareas de educación están feminizadas, mientras que, por el contrario, las tareas en combate de incendios están masculinizadas. Pero aquí juega también la cuestión por los espacios, si las tareas feminizadas alejan a las mujeres “del terreno”, ¿cómo pueden ellas aspirar a cumplir con el modelo ideal de guardaparque?

En otro fragmento del testimonio de María encontramos una respuesta que varias mujeres ensayan ante esta disparidad en la asignación de tareas y roles:

[…] para cumplir el rol de guardaparque, no necesariamente tenés que estar en el parque o en el terreno, sino que se pueden hacer otros roles y otras actividades en otros lugares y no por eso implica que seas más o menos, ¿me entendés? Porque muchos dicen “ah bueno, vos no estás en el parque, no estás en el terreno”. No, pero eso no quiere decir que no pueda resolver o hacer otras cosas en otros lados que te van a ayudar a tu trabajo de terreno.

Como decíamos, de parte de otras guardaparques hemos escuchado también algo similar a lo que plantea María, que las mujeres “ayudan a resolver” las tareas que otros hacen en el terreno. Lo interesante aquí es que suelen agregar que esto está en estrecha relación con una característica que ha sido asignada tradicionalmente a las mujeres. Nos referimos al rol de amas de casa, que describe a las mujeres como “gerentas” que administran (aunque también ejecutan) eficientemente las tareas de sus hogares. Esa condición construida históricamente como característica de las mujeres es recuperada por algunas guardaparques para señalar la importancia de las actividades que desempeñan fuera “del terreno”. Otra cuestión que aparece en esas referencias de las mujeres es que resaltan que, entonces, la participación femenina en el trabajo de guardaparque no tiene que estar siempre en relación con la fuerza física, con “poner el cuerpo”. Reconocen así que los cuerpos femeninos y masculinos presentan diferencias en capacidades y habilidades, pero que estas no son y no deberían ser limitantes para que ambos, hombres y mujeres, se desempeñen satisfactoriamente como guardaparques.

Demostrar para pertenecer

Las mujeres accedieron al trabajo como guardaparques nacionales varias décadas después que los hombres. Aunque ingresaron en igualdad de condiciones y, reglamentariamente, para cumplir las mismas tareas, esas primeras mujeres guardaparques coinciden en haber sentido que fueron “puestas a prueba” por sus compañeros y superiores, en más de una ocasión. Que debían “demostrar” que podían hacer ese trabajo igual que sus compañeros varones, desempeñar las mismas tareas, cubrir el rol. Hoy, casi 40 años después, Carolina decía:

Siempre me lo tomé muy personal, de dar más para que digan “mirá que bien la mujer”, en lugar de decir “yo puedo hasta acá” Siempre me pasó al revés. De hacer lo que los demás esperan o querer hacer más de lo que los demás esperan.

No hemos encontrado referencias similares entre los hombres entrevistados. Ninguno de ellos hace referencia a haberse sentido “observado” o “puesto a prueba”, como sí plantean sus compañeras mujeres. Entendemos que para los hombres se presuponen destrezas y habilidades ligadas históricamente a la masculinidad que los eximen de esas “pruebas” a las que son sometidas sus compañeras. Esa masculinidad asumida implica para ellos, en muchos casos, una ventaja en el trabajo diario por sobre las mujeres.

El CGN es un espacio de trabajo masculinizado, los hombres son mayoría en todas las jerarquías con respecto a las mujeres. El estudio de sus tareas muestra que estas son valoradas de distintas maneras dentro de la institución. Las funciones “de terreno” parecen tener una mayor valoración, porque son esas tareas las que institucionalmente definen el trabajo del CGN. Pero, además, el análisis deja en evidencia las implicancias materiales de una institución generizada (Acker, 1990, 2000). Las maneras en que se dividen y les son asignadas responsabilidades a unas y otros; pero también el estatus y las formas de pertenecer a la institución están definidos, al menos en parte, por el género de lxs agentes guardaparques. Así, a los varones se les asignan en mayor medida responsabilidades que demandan cualidades que se han construido como privativas de los varones y son signos de masculinidad como la fuerza, la resistencia y la habilidad físicas (Scott, 1993). Asimismo, como ya dijimos, esas son las tareas asociadas al ideal del guardaparque. Ellos van a las “recorridas” o hacen “control de exóticas”, ellos “están en el terreno”. Las mujeres guardaparques, en cambio, hacen mayormente “trabajos de mujeres” (Queirolo, 2010; Martin, Queirolo y Ramacciotti, 2019). Son secretarias en las oficinas y centros de visitantes o maestras cuando hacen educación ambiental en las escuelas cercanas a las áreas protegidas. Pero también son amas de casa, gerentas eficientes del trabajo que otros (los varones) hacen “en el terreno”.


  1. Una primera versión de este capítulo fue publicada en Videla, M. V. (2023). Género y distribución de tareas en el Cuerpo de Guardaparques Nacionales. Primeros avances de investigación. Fuegia. Revista de Estudios Sociales y del Territorio, 6(1), 79-85.↵
  2. Hacemos referencia aquí a mujeres guardaparques que se desempeñaron en sus puestos entre finales de la década de 1980 y hasta finales de la década de 1990. ↵


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