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1 Qué es un guardaparque[1]

José Garriga, Mariano Melotto y María Victoria Videla

Para iniciar nuestro recorrido nos interesa abordar en este capítulo las labores de los guardaparques. Primero mostraremos la carrera de los guardaparques, la lógica de la formación y el trabajo. Luego analizaremos la autorrepresentación de su trabajo y reflexionaremos sobre los motivos que los llevan a elegir esas carreras. Finalmente, nos interesa pensar en la conformación de una identidad laboral, una forma particular de trabajador estatal vinculado a la naturaleza.

Los guardaparques

Según la reglamentación vigente, la labor de los guardaparques no se limita al control o la vigilancia, sino que incluye también la educación ambiental, la mediación con las comunidades y la conservación activa de los ecosistemas.

Dentro del CGN existen dos agrupamientos, pero vale hacer aquí, antes de empezar, una aclaración importante. El primer reglamento del CGN es del año 1987 (Decreto 1.455), divide al Cuerpo en dos Agrupamientos: el Agrupamiento Guardaparques y el Agrupamiento de Apoyo. Cada agrupamiento se divide en categorías que implican distintas responsabilidades y tareas, G2 a G7 para el de Guardaparques y GA1 a GA3 para el de Apoyo. La promoción entre categorías está reglamentada, para ambos agrupamientos, de acuerdo a la antigüedad de cada agente y los puntajes obtenidos según un sistema de calificaciones. Sin embargo, al menos para el Agrupamiento Guardaparques es recurrente en las entrevistas que realizamos la referencia a que el sistema de calificaciones no se implementa desde hace muchos años y, por lo tanto, las carreras (los ascensos) “están frenadas”.

En nuestro trabajo de campo hemos encontrado que los guardaparques, así como otro personal de la APN, usan distintos nombres para referirse a estos agrupamientos. Así, los agentes del Agrupamiento Guardaparques suelen denominarse: guardaparques, “guardas”, “guardas de escuela” o “guardas de carrera”[2]. Estos dos últimos términos responden a que, durante gran parte de la historia del CGN, los aspirantes al Agrupamiento de Apoyo no recibían un Curso Habilitante de parte de la APN como sí ocurría con el Agrupamiento Guardaparques. Esto cambia a comienzos de la década de los 2000 cuando se realiza, en el Centro de Formación y Capacitación en Áreas Protegidas dependiente de la APN, el primer curso de Guardaparques de Apoyo y esta formación se convierte en un requisito reglamentario para el ingreso al Agrupamiento.

Otros términos que hemos relevado para el Agrupamiento Guardaparques son los de “guardas de sombrero” o “guardaparques con arma”, nombres que hacen referencia a las diferencias en uniforme y equipamiento, pero también en funciones y responsabilidades entre ambos Agrupamientos, a las que nos referiremos más adelante. Según el Decreto 1.455 al que venimos haciendo referencia, los Guardaparques de Apoyo pueden dividirse en distintas especialidades según las tareas que cumplen. Una de esas especialidades es denominada Servicios Generales, y corresponde a las tareas relacionadas con equinos, así como de peón y de baqueano[3]. Por esto último, este Agrupamiento suele nombrarse también como “guardaparques baqueanos”.

Ahora bien, en el año 2022 se homologa el Convenio Colectivo de Trabajo Sectorial del CGN y allí se cambian los nombres de los Agrupamientos. El Agrupamiento Guardaparques pasa a denominarse Agrupamiento Técnico (y sus agentes se denominan Guardaparques Técnicos o GT) y el Agrupamiento de Apoyo pasa a llamarse Conservación Territorial (y sus agentes Guardaparques de Conservación Territorial o GCT). Detallaremos a continuación las características de cada Agrupamiento según lo norma este Convenio y usando los nombres que allí se establecen para cada uno. Sin embargo, a lo largo del libro se encontrarán principalmente las denominaciones anteriores y los términos nativos. Esto es así porque cuando nosotros realizamos la mayor parte de nuestro trabajo de campo, todavía estaba vigente el Decreto 1.455, e incluso después de homologado el Convenio de Trabajo, y hasta hoy, muchos guardaparques y otros trabajadores de la APN siguen utilizando los términos anteriores.

El Agrupamiento de Conservación Territorial es el encargado de las tareas específicas y operativas de control y vigilancia asignadas al CGN para el cumplimiento de su misión. Asimismo, realiza tareas auxiliares vinculadas con la atención al público y a las comunidades locales, el mantenimiento de instalaciones e infraestructura y la gestión del equipamiento y bienes de la APN.

Para acceder a este Agrupamiento los requisitos son: título de nivel secundario completo; tener entre 18 y 34 años al momento de la postulación y aprobar todas las pruebas y etapas del proceso de selección para el agrupamiento. Ese proceso de selección está compuesto por cinco etapas:

  1. Evaluación de antecedentes de formación y laborales.
  2. Evaluación técnica (prueba escrita).
  3. Evaluación de habilidades prácticas (pruebas aeróbicas y de resistencia, pruebas de fuerza y prueba de natación).
  4. Entrevista laboral.
  5. Evaluación del perfil psicológico.

Una vez cumplidas y aprobadas todas estas etapas, se accede a un Curso de Habilitación. Durante el período de esa formación —que tiene una duración aproximada de seis meses— los estudiantes reciben un estipendio mensual.

Por su parte, el Agrupamiento Técnico comprende al personal que desempeña tareas de coordinación, planeamiento, organización, supervisión, asesoramiento, fiscalización y verificación del cumplimiento de normas, así como la ejecución de tareas relativas al control y vigilancia encomendadas al CGN para el cumplimiento de su misión.

Para poder acceder a este Agrupamiento los requisitos son iguales a los exigidos para el Agrupamiento de Conservación Territorial con la diferencia de que el título previo debe ser “de nivel terciario o universitario de pregrado reconocido oficialmente correspondiente a carreras de duración no inferior a dos años atinente a la función o puesto a desarrollar”. Esa formación, que se orienta a la conservación, el manejo de áreas protegidas y la ecología, se imparte en distintas entidades educativas como la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), en San Pedro; la Universidad Provincial de Córdoba (UPC); la Universidad del Chubut (UDC) y el Instituto Superior Perito Moreno, en la provincia de Buenos Aires. Una vez superadas las etapas de selección, deben aprobar el Curso de Habilitación para Guardaparques Nacionales, que tiene una duración aproximada de un año. En abril de 2026 la APN resolvió la apertura de un nuevo proceso de selección para cubrir cuarenta cargos de la planta permanente para el Agrupamiento Técnico.

Los Cursos Habilitantes para ambos Agrupamientos se dictan en el Centro de Formación y Capacitación en Áreas Protegidas (CFyCAP) de la APN, fundado en 2005 y ubicado en Embalse, provincia de Córdoba. El Reglamento de Selección para el Ingreso al Agrupamiento de Conservación Territorial y al Agrupamiento Técnico del Cuerpo de Guardaparques Nacionales (Artículo 29 del Convenio Colectivo de Trabajo Sectorial del CGN de la APN) establece la duración y las características generales del curso de formación. A su vez, el Plan Estratégico de Capacitación de la APN define una serie de objetivos estratégicos institucionales que funcionan como ejes transversales del plan de estudios:

  • Contribuir a la gestión y conservación de los ecosistemas impulsando la investigación y la innovación aplicada en las áreas protegidas.
  • Promover el desarrollo sostenible y la educación ambiental mediante la interacción con las comunidades locales y originarias, consideradas principales beneficiarias de las áreas protegidas.
  • Favorecer la implementación de relaciones igualitarias, equitativas y justas en las tareas cotidianas, incorporando una perspectiva de géneros y diversidades en los temas ambientales, la gestión pública y las relaciones humanas.
  • Propender a una gestión descentralizada y democrática, con organización matricial, articulada estratégicamente con otros organismos y promotora de un gobierno abierto y participativo.
  • Profesionalizar y mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, asegurando condiciones de seguridad, el uso eficiente de los recursos y el cumplimiento de la ética pública.
  • Garantizar mayor eficiencia y eficacia en la ejecución de las políticas públicas mediante la modernización de los procedimientos administrativos.

En función de estos lineamientos, la formación incluye materias que abarcan desde biología y ecología hasta manejo del fuego, legislación ambiental, supervivencia y primeros auxilios.

Una vez aprobado el Curso de Habilitación, los guardaparques son asignados a un destino de trabajo. En el caso del Agrupamiento Técnico los primeros destinos se definen cuando finalizan la formación en función de las necesidades de personal guardaparque de las distintas áreas protegidas en ese momento. Dentro de esas opciones la asignación, según refieren los “guardas” que hemos entrevistado, parece ser un proceso arbitrario. Se les suele pedir que elijan 2 o 3 opciones de destino a las que les gustaría ser asignados, aunque estos pedidos o deseos no siempre se respetan. A lo largo de sus carreras deben rotar entre distintas áreas protegidas y pueden desempeñar diversas funciones dentro de la institución. En el caso del Agrupamiento de Conservación Territorial, en cambio, en la convocatoria para el ingreso a la carrera se detallan las áreas protegidas que deben cubrir vacantes y los aspirantes seleccionan a cuál desean aplicar al momento de la inscripción. Esto no implica, sin embargo, que no puedan darse cambios de lugar de trabajo (traslados) a lo largo de sus carreras, pero son menos frecuentes que para el Agrupamiento Técnico.

El artículo 33 de la Ley 22.351 establece que el control y la vigilancia de los Parques Nacionales, Monumentos Naturales y Reservas Nacionales estarán a cargo del CGN como servicio auxiliar dependiente de la APN, cumpliendo funciones de policía administrativa que competen al organismo. En este marco, los agentes del Agrupamiento de Guardaparques Técnicos tienen habilitado el uso de armas de fuego.

Nuestro trabajo se realizó, como dijimos, en el Parque Nacional Tierra del Fuego. Este parque se ubica a unos 12 km de la ciudad de Ushuaia y en el centro de esa ciudad se ubica la Intendencia del área protegida. En ambos lugares trabajan diversos actores: guardaparques, guardaparques de apoyo, brigadistas, personal administrativo y personal directivo. Si bien cada uno de los 31 trabajadores contribuye a la gestión del parque desde sus funciones específicas, todos comparten el interés por la misión institucional de la conservación del medio natural. A continuación, proponemos dar cuenta de los vínculos de los trabajadores del parque y de su relación con la naturaleza a través de la siguiente escena etnográfica registrada por uno de los integrantes de nuestro equipo.

“Un estilo de vida”

Néstor[4] tiene alrededor de 50 años de edad y casi 30 de guardaparque. Es el Intendente del PNTdF, motivo por el que tuvo que licenciar su cargo de guardaparque; pese a esto, continuaba vistiendo su uniforme de “guarda” porque se siente identificado como tal. Néstor tiene una concepción social e inclusiva sobre el manejo del parque. Afirma que un parque sin gente que lo disfrute no tiene sentido, y reniega de que muchas veces la conservación sea esgrimida como excusa para discriminar a sectores subalternos. No concibe, por ejemplo, que la entrada a ciertos parques nacionales sea privativa para la gente humilde, ni que se sancione a una persona que pesca sin permiso para obtener alimento.

Para reflexionar sobre el trabajo de los guardaparques iniciamos con una escena etnográfica de una actividad de control de especies exóticas. Néstor había invitado a Melotto a participar de la tarea de tirar redes en el Río Lapataia para capturar salmones chinook (Oncorhynchus tshawytscha). Recuperamos aquí su relato de esa experiencia.

Luego de dos postergaciones debido al mal clima, logramos acordar una fecha, hora y punto de encuentro. Ese día llegué demorado a la cita, sin embargo, cuando bajé del auto pude darme cuenta de que había sido el primero, aún no había nadie. Unos quince o veinte minutos después apareció la camioneta de APN conducida por Néstor, en el asiento del acompañante estaba Quique y en el asiento trasero el hijo de Néstor, de aproximadamente diez años de edad. Luego de los saludos Néstor me explicó que Quique pertenecía a la Dirección Regional de la Patagonia Austral[5] y que se especializaba en el control de especies “invasoras”[6]. Nos pusimos a conversar y me contó que su formación de grado era como profesor de educación física, que se dedicó siempre a deportes de montaña habiendo realizado cursos como el de rescatista. También, que fue brigadista del PNTdF, dedicándose entre otras tareas al control del castor, este trabajo lo llevó a especializarse primero en dicho roedor y luego en el control de especies exóticas en general. Más adelante profundizaremos en la cuestión de las segmentaciones entre los trabajadores del PNTdF, por ahora alcanza con decir que, al igual que Quique, muchos ingresan a trabajar en la APN primero como brigadistas para luego iniciar su carrera como guardaparques. En este sentido, el trabajo del brigadista sería, en términos estrictamente laborales o profesionales, de categoría diferente al del guardaparque; en algunos casos, no siempre y nunca de la misma manera, los guardaparques elaboran una jerarquización que positiviza su profesión respecto a los brigadistas. Como en otras profesiones, aquí también se observa una división y jerarquización del trabajo que suele expresarse en diferentes categorías y escalafones laborales/profesionales con distintas condiciones de ingreso, carrera, funciones, derechos y obligaciones para cada una.

El siguiente en llegar fue Pedro, también con su hijo de edad similar al hijo de Néstor. Ni bien se encontraron, ambos niños se pusieron a jugar al fútbol. Nos presentamos con Pedro y le pregunté si era guardaparque, a lo que respondió que no, que era personal administrativo de la APN pero que siempre que podía dar una mano colaboraba con actividades de este tipo. Le comenté que estamos estudiando el trabajo de guardaparques y me dijo que si quería conocer el trabajo de guardaparques tenía que hablar con Alfredo ya que nadie conoce el parque como él. Esta referencia al conocimiento de primera mano por parte de Alfredo, producto de haberlo recorrido a pie, nos fue reiterada una y otra vez en las distintas charlas que tuvimos con diferentes trabajadores del parque. Después de conversar un rato, Quique se dirigió a la camioneta y bajó dos redes de la camioneta y comenzó a extenderlas, una estaba realmente muy deteriorada. Quique me contó que, con la situación financiera de la APN, ni se les ocurre pedir redes nuevas ya que sería algo muy secundario entre las necesidades que afrontan. Las manifestaciones sobre condiciones laborales precarias y falta de presupuesto son reiteradas. En esto estábamos cuando llegó el guardaparque Emilio en su camioneta seguido por otro auto del cual descendieron dos gendarmes: un oficial de apellido Calderón y un suboficial de nombre Matías. Para entonces éramos siete adultos y dos niños, todos hombres. Néstor se puso a conversar con el oficial Calderón explicándole cuestiones referidas al problema de las especies exóticas y la importancia de controlarlas. Así estuvimos en los preparativos más o menos una hora hasta que Quique fue a buscar los trajes de neopreno y tomó la iniciativa apurándonos con un “bueno, ¿arrancamos?”. En ese momento nos dividimos en dos vehículos y nos dirigimos a la costa del Río Lapataia.

Al llegar nos pusimos los trajes de neopreno color naranja. Quique nos explicó que colocaríamos la red a lo ancho del río para atrapar salmones. Comenzamos entonces el trabajo; bajo sus indicaciones fuimos desplegándola mientras que él y Emilio la acomodaban y ataban en diferentes troncos y en una empalizada que atravesaba el cauce del río. Emilio cruzó el río, primero vadeando y luego, cuando la corriente lo arrastró, fue flotando hacia la costa con una técnica que consiste en inclinar el cuerpo para el lado contrario al que se quiere ir, como si el cuerpo fuera un timón. A medida que nos adentrábamos en el río (con un ancho de unos 50 a 70 metros en esa sección) la profundidad aumentaba y la corriente se hacía más fuerte. Mi temor de ser arrastrado por la corriente no me permitió avanzar más allá de cuando el agua me llegó a la cintura. El río en ese sector es irregular, con pozones que llegan hasta los dos metros y medio o más de profundidad. Las ramas, troncos y otros objetos del fondo presentan un riesgo para los inexpertos. Quique también cruzó el río y junto con Emilio ataron el extremo de la red en la costa de enfrente, para luego volver nadando junto al resto del grupo. Cuando volvimos a la orilla, ya se había iniciado la ronda de mates entre quienes no habían ingresado al agua. Al rato llegó Joaquín, jefe de Guardaparques, no estaba de uniforme y traía dos paquetes de bizcochos para compartir, lo que indicaba que no pasaba por ahí de casualidad, sino que se había acercado a participar de la actividad.

El tiempo pasaba y los salmones no aparecían, según Emilio los peces todavía no habían comenzado a remontar el río, habría que esperar algunas semanas más. Matías, el suboficial de Gendarmería, se lamentaba de no tener éxito en la jornada, a lo que Néstor le respondió: “pero mira dónde estamos”, haciendo alusión a la belleza del lugar y la tranquilidad del momento. Mi sensación era que la mayoría de los presentes estábamos expectantes por la aventura de pescar un salmón antes que por la función de controlar una especie exótica. Esto no significa que una cosa vaya en detrimento de la otra, el control de exóticas es un tema importante para la APN y muchas de las tareas que se realizan en el parque están destinadas a dicho control. Pero la ansiedad individual del momento de muchos de nosotros estaba claramente nutrida más por la experiencia de pescar un gran salmón chinook (la especie más grande entre los salmones del Pacífico) que por el objetivo institucional de controlar una especie exótica que causa daños a especies nativas y, por lo tanto, a la biodiversidad.

El chinook no llegaba y la charla continuaba entre mate y mate. Joaquín recordó entonces su estancia como guardaparque en el lago Traful cuando por las tardes, luego de finalizar su jornada laboral, un guía de pesca de la zona con quien había trabado amistad lo invitaba a pescar. Él, sin dudarlo un minuto, preparaba mate e iba a navegar y pescar truchas y salmones. Destacó que cada vez que pescaban un salmón encerrado (Salmo salar) –pez muy preciado por los pescadores deportivos– siempre lo liberaban ya que la mujer de otro de los guardaparques del lugar controlaba que se respetara el reglamento de pesca que exige no sacrificar esa especie de salmones. Joaquín aseguraba que esta mujer “era más parquera que los guardaparques”, ya que cuando algún turista o poblador de la zona estaba haciendo algo no permitido, ella misma se acercaba a advertirles que estaban cometiendo una falta. El relato de Joaquín se torna iluminador con referencia al adjetivo “parquera/o”: ser “parquero/a” implicaría, al menos en alguno de sus sentidos, tener un compromiso con el cuidado del parque y ser estricto al respecto, ocuparse de la conservación de la mano de la vigilancia y el control.

Para las 21:00 horas no habíamos podido pescar nada. Quique cruzó entonces el río nadando una vez más para desatar la red de la otra orilla al tiempo que nosotros la guardamos en una bolsa. Luego nos quitamos los trajes y nos dirigimos al primer lugar de encuentro, una vez allí descargamos todo y nos despedimos. Ya anocheciendo, emprendí el retorno. A medida que avanzaba las luces del vehículo iluminaban la ruta de tierra rodeada de bosque, no pude dejar de conmoverme con la belleza del lugar.

Nuestros entrevistados dicen que “ser guardaparque es un estilo de vida”. En el mismo sentido, muchos de nuestros interlocutores afirman que decidieron ingresar a la institución luego de conocer lo que hace un guardaparque ya que muchas de las tareas que realizan serían las mismas que les gusta hacer en su tiempo de ocio. Nos referimos a consumos de sectores socioeconómicos medios y altos conocidos como deportes o actividades “al aire libre”, como por ejemplo esquí, montañismo, senderismo, pesca deportiva, entre otras. En las entrevistas, estos relatos sobre las motivaciones de ingreso están siempre acompañados por expresiones sobre la preferencia o el deseo de vivir alejados de la ciudad o “en la naturaleza”.

Para quienes consideran que ser “guarda” es un estilo de vida, no hay una línea clara entre estar y no estar trabajando. Bruno, un guardaparque que presentaremos en detalle más adelante, nos decía que para él ser guardaparque es sentirse libre y relajado sin la presión que sentiría en otros trabajos. Como muchos otros, Bruno afirma que ingresó a guardaparque porque le permite desarrollar el estilo de vida que él ama, lejos de las ciudades y realizando tareas que le gustan como montañismo, nadar, estar en contacto con la naturaleza. Las notas de campo que acabamos de presentar son un ejemplo de la realización de esas actividades y el clima anímico con que son vividas por sus protagonistas: una aventura antes que una obligación laboral.

Los parqueros

Existe entre los guardaparques la construcción de una identidad laboral, heterogénea y mutante, la de “ser parquero”. Alfredo, en una de nuestras charlas, nos dijo:

[…] ser guardaparque para mí es una forma de vida. Va más allá del uniforme. Vos podes ser más guardaparque que yo. Hay gente que es mucho más comprometida con la conservación mucho más que cualquiera de nosotros. ¿Me entendés lo que te digo? (…) ser un guardaparques no implica tener un gorro o sombrero es una forma de ver la vida, de respetar… la onda de la conservación, la onda de tener respeto por el planeta, con el despelote climático, por el futuro de tus gatos o de tus hijos.

Lo segundo que nos interesa destacar es que el trabajo en el PNTdF es realizado de manera conjunta por diferentes actores institucionales y a veces en relación con otros actores, como la Gendarmería. Este punto había sido previamente comentado por Néstor en una de nuestras primeras reuniones en las oficinas de la APN en la ciudad de Ushuaia. En esa ocasión nos explicó que el manejo del parque no es exclusivo de guardaparques, sino que depende de un conjunto de actores que conforman el personal de la APN. Muchas veces, como mostramos en las notas sobre la pesca del salmón, varios realizan la misma tarea en el terreno de manera simultánea, y las funciones formales se desdibujan temporalmente.

Sin embargo, esta comunidad está jerarquizada, existiendo diferentes escalafones profesionales: están los brigadistas, los guardaparques de apoyo (o de conservación territorial), el agrupamiento profesional y los guardaparques “de carrera” (o guardaparques técnicos). Y, aunque en nuestras charlas y entrevistas siempre se destacaba la importancia de todos y cada uno de los trabajadores del parque, algunos de nuestros interlocutores subrayaban la subordinación de los “guardas de apoyo” con relación a los “guardas de carrera”. Así señalan que los primeros no tienen formación institucional como guardaparques y, por ende, formalmente no son guardaparques, sino por ejemplo baqueanos o trabajadores rurales a los que se contrata por el conocimiento del lugar[7]. Señalan también una diferencia con los brigadistas. Antes de ingresar al curso de guardaparque Bruno fue brigadista durante cuatro años, él describe su paso de brigadista a guardaparque como una “oportunidad” para el logro de sus expectativas laborales. Mencionaba que había sido un “cambio rotundo”, destacando de esta manera una valoración del trabajo del guardaparque por encima de la del brigadista, al menos para su carrera personal. Esta jerarquización trasciende los sentidos que circulan entre los actores sociales para cristalizar en aspectos concretos, como son las condiciones laborales. Al menos tres entrevistados se manifestaron preocupados sobre la precaria situación laboral de los brigadistas. No forman parte de los trabajadores regularizados del PNTdF, siendo su condición la de contratados. En cambio, los guardaparques sí están en planta permanente, lo que refleja diferentes condiciones laborales.

En tercer lugar, y para cerrar este apartado, quisiéramos dar cuenta de la diferente valoración que los guardaparques hacen respecto de sus tareas reglamentarias. Nos referimos a la diferencia que manifiestan entre tareas en el campo o terreno y, por otra parte, tareas de oficina o administrativas. A lo largo de sus carreras es común que los “guardas” alternen entre tareas de terreno y de oficina, actividades que, aunque generalmente son entendidas como complementarias, no son valoradas de igual manera. El ejemplo que se suele usar para explicar esta complementariedad es que las multas que son labradas por quien está en terreno sólo podrán ser cobradas gracias a la labor de los de la oficina.

Sin embargo, es importante recordar lo que dijimos más arriba acerca de que, cada vez que a alguien del PNTdF le contábamos que queríamos estudiar el trabajo del guardaparque, inmediatamente nos recomendaban hablar con Alfredo por su conocimiento del parque, valorando así el conocimiento de primera mano del territorio por haberlo recorrido de manera exhaustiva. Lo que nos habla de la legitimidad que adquiere el trabajo en el territorio. Tanto la identidad “parquera” que los agentes construyen como el ideal institucional del guardaparque, del que nos ocuparemos en otro capítulo, los ubica trabajando y viviendo en el terreno.

¿Qué hace un guardaparque? “Una navaja suiza”

¿Cómo representan su trabajo los guardaparques? Habiendo analizado en el apartado anterior algunas de las tareas de los guardaparques, nos interesa ahondar en lo que los guardaparques dicen que hacen.

Cuando iniciamos nuestro trabajo de campo, Bruno era el segundo guardaparque de carrera con mayor antigüedad del PNTdF, lo que lo transformaba en uno de nuestros interlocutores clave. Llegó al parque a fines del 2015 y a principios del 2020 fue trasladado a otro parque de la Patagonia. En el PNTdF hay tres casas que son ocupadas permanentemente como vivienda por guardaparques, Bruno vivía en una de ellas, que se encuentra cerca de las costas del río Lapataia, a unos nueve kilómetros de la entrada. Terminando el año 2019 nos reunimos con él para entrevistarlo ya que sabíamos que en breve lo trasladarían a un nuevo destino. La entrevista fue en la casa de Emilio, guardaparque que ya mencionamos en la pesca del salmón. Emilio tiene 30 años de edad e ingresó al CGN luego de su desilusión tras cinco años de estudiar la carrera de Biología en la UBA. Afirma que siempre quiso dedicarse a algo relacionado con la naturaleza pero que dicha carrera no le gustó porque el perfil era muy de laboratorio y él, al contrario, deseaba trabajar en el terreno. Llegó al PNTdF en el año 2018 como su primer destino. Emilio también vive en el parque, su casa está en el ingreso, es la más cercana para quienes vienen de la ciudad de Ushuaia y fue por eso que decidieron recibirnos allí.

La casa es una cabaña de madera que, aunque tiene sus años, no deja de ser cómoda y acogedora. Nos sentamos en una mesa en la cocina-comedor y, junto a la ronda de mates, comenzamos a entrevistar a Bruno. Si bien la charla giraba principalmente en torno a él, Emilio también intervenía en algunas ocasiones. En un momento preguntamos si consideraban que existían diferentes perfiles profesionales y obtuvimos la siguiente respuesta:

Emilio: -A nosotros hay veces que no nos manda nadie a hacer los trabajos. Vos entre todo el abanico de cosas para hacer, entre todo el abanico que tenes vos vas decidiendo y hay cosas que no te gustan y las vas apartando y con un tiempo las dejas de hacer o te perfeccionas en una cosa.

Mariano: -O sea como que vos tenes varias tareas que sabes que todos los días las vas a tener que hacer como parte de tu recorrido, parte de tu rutina pero no es que te dicen “hoy andá hace tal cosa, mañana tal otra” a no ser que haya un problema particular.

Emilio: -Claro

Bruno: -Exactamente así es, exactamente así es. Nosotros somos como…

Emilio: -Como una navaja suiza [risas].

Bruno: -Claro sí, es así. Una buena metáfora.

Emilio: -¿La principal [herramienta] cuál es?… el cuchillo.

De esta manera, Emilio y Bruno definían su trabajo como multifacético apelando a una herramienta que tiene diferentes funciones, de las cuales la más importante sería el cuchillo. En esta comparación el cuchillo funciona en cuanto interpretante de arma por su capacidad de ser objeto de punición ya que, según coincidían nuestros interlocutores, la función más importante que realiza un guardaparque es, como nos dijo Bruno: “control y vigilancia social y ecológica. Social es por el manejo que tenemos por el turismo, y ecológica por lo que eso implica, trabajar en un área protegida natural”. Este tópico, que hasta el 1991 se encontró definido como función del CGN en el Decreto 1455/87, y luego del 2006 fue ratificado en el Decreto 56/2006, nos fue referido una y otra vez en nuestras diferentes charlas y entrevistas con guardaparques. Entre las referencias más destacadas vale mencionar la de un guardaparque que aseguraba que su trabajo “es principalmente policial”, otro nos dijo que más allá de la diversidad de tareas realizadas “somos botones”. Esta función de vigilancia se encarna en acciones concretas como controlar el comportamiento de los turistas, fiscalizar concesiones a empresas de turismo, acompañar controles de tránsito, labrar notificaciones y multas, patrullar las instalaciones del parque, entre las más comunes. En nuestra entrevista, Bruno se reconocía como más “blando” que Emilio a la hora de realizar estas tareas de vigilancia, aparecía así la noción de “carácter” –tan común en las fuerzas de seguridad– como un aspecto propio de los “más duros”, pero no como un valor necesario para ser guardaparque.

Siguiendo con la entrevista, Bruno dice que la relación con los turistas y otros visitantes durante las tareas de control suele adquirir un tono paternalista:

por más que yo tenga que ir, y controlar todos los campings o controlar los colectivos y decirle “che, no dejes el motor prendido porque tiene la gente que disfrutar del sonido natural” o, no sé, ir al camping y decirle “flaco no rompas el arbolito, si sabes… no andes en moto por los senderos, no andes en bicicleta por acá”. Es, en simples palabras, es como tratar… como si fuese un jardín de infantes. Llega el verano y es un jardín de infantes, te lo juro por dios. No es de mala onda, pero es verdad.

Sin embargo, al inicio de esa misma entrevista, Emilio había relatado una experiencia reciente en la que el clima de la interacción adquirió un tono agresivo. Nos contó que el domingo anterior a nuestra visita, el parque había llegado al máximo de capacidad porque además de ser fin de semana se realizó un evento de ciclistas. Emilio estaba controlando el ingreso al parque cuando llegó una caravana de autos antiguos queriendo entrar, él les explicó que debían esperar un tiempo hasta que salieran algunos vehículos y se descongestionara el tránsito. Los minutos pasaban y los conductores empezaban a inquietarse, de pronto comenzaron a bajar de los vehículos y a increparlo, exigiendo que los dejaran entrar. Emilio aseguró que el hostigamiento llegó al punto de ser rodeado por varias de estas personas y hasta hubo quienes lo empujaron; en ese momento decidió llamar a la Gendarmería, que arribó de inmediato obligando a los conductores a ingresar en sus coches y esperar el tiempo que fuera necesario.

Al exponer ambos relatos, el de Bruno sobre la comparación del visitante con niños y la experiencia de Emilio con los conductores impacientes, nos interesa destacar que las tareas de control social pueden adoptar, desde el punto de vista de los guardaparques, distintos sentidos en cuanto al humor que domina dichas interacciones, yendo desde un extremo que resulta condescendiente hasta otro que se percibe como peligroso.

Existe un total acuerdo entre los trabajadores del PNTdF sobre que las actividades de control y vigilancia social son las más importantes y las que más tiempo demandan por la gran afluencia de turistas que recibe esta área protegida. Emilio incluso se quejaba de que las características del PNTdF les dejan muy poco margen para realizar otras tareas que les gustan más, como por ejemplo el manejo de especies, o que entienden como relevantes, como lo es la educación ambiental. La falta de personal es una demanda que surgió en la primera reunión con Néstor y que se hizo permanente entre los diferentes interlocutores a medida que realizamos las entrevistas. Con un plantel total de apenas 31 personas, entre guardaparques, administrativos, brigadistas y directivos, la gran demanda de trabajo que genera la continua afluencia de personas dificulta la realización de tareas de prevención o manejo. Entre todos ellos deben controlar las cerca de 70.000 ha que comprenden el parque, pero a duras penas logran cubrir las demandas del sector sur de unas 2000 ha, que es el sector abierto al público general.

El control ecológico es otra función significativa en el PNTdF, que consiste en reducir las poblaciones de plantas y animales exóticos. Entre las especies que controlan con cierta frecuencia están el castor, el conejo europeo, el salmón, el alga “moco de la piedra” o didymo y el visón.

Volviendo a la metáfora de “navaja suiza” de Emilio, los guardaparques aseguraban que la diversidad y el tipo de tareas que realizan depende mucho del parque en el que estén trabajando ya que, como dijo Bruno: “cada parque tiene su mambo”, esto es: particularidades que definen las tareas que allí se realizan y lo diferencian del trabajo en otros parques. Otras tareas recurrentes en el PNTdF son el arreglo de instalaciones como pasarelas, caminos o senderos; el control y captura de animales domésticos que ingresan al parque –principalmente caballos de campos linderos–; apoyo a investigaciones científicas que se realizan dentro del parque. Un punto central a destacar es que el control de los animales domésticos de campos vecinos al parque, como así también el de especies “invasoras” o exóticas, presenta resistencias a lo que pueden ser las políticas del Plan de Manejo del parque y nociones del sentido común de la sociedad ushuaiense, que trasciende el debate entre especialistas y repercute en la opinión pública. Al respecto en una de nuestras entrevistas con Alfredo, nos contaba que la campaña de erradicación del castor tiene numerosos detractores ya que es un importante recurso turístico de la provincia. Algo similar pasaba con los caballos porque también son un recurso paisajístico para el turista que visita el parque. Pero, además, en el caso de animales domésticos se suma el hecho de que son propiedad privada y el procedimiento de captura y devolución a sus dueños, multa mediante, es engorroso porque al estar comprendidos por el Código Civil exige procedimientos legales.

Cabe aclarar que la cantidad de caballos sueltos dentro de los límites del parque presenta un problema significativo para el Cuerpo de Guardaparques. En su mayoría se trata de animales que, por falta de una “zona de amortiguación”, entran al parque desde tierras privadas que circundan la ciudad de Ushuaia y ramonean los brotes de árboles nativos impidiendo su desarrollo, entre otros daños. Sin embargo, han sido observados caballos asilvestrados en zonas más cercanas a la frontera chilena. Alfredo hizo referencia a un intento fallido de controlar los caballos de los campos linderos al parque de la siguiente manera:

Hay legislación pesada. ¿Me entendés lo que te digo? Para sacarlo [al caballo] tenés que ver si tiene marca, no tiene marca, hacer un edicto. Hay todo un procedimiento que no es infernal pero muy pesado. […] De hecho hemos intentado en una época hacer el control efectivo de la especie hasta que se avivó alguien que estábamos en eso y se armó una batahola penal, que no pasó nada pero te comés el garrón. Y aparte se cayó el proyecto porque eso es obvio, o sea, si genera un impacto en la sociedad se corta todo. Principio precautorio se llama, no nos vamos a pelear con la sociedad.

Así, aunque la APN cuenta con la potestad de erradicar animales exóticos (salvajes o domésticos) cuando esta práctica despierta rechazo en la sociedad, como también es el caso con el trampeo letal para castores, esta decisión se vuelve más polémica. Por tanto, si bien la gestión del PNTdF plantea políticas de control ecológico basadas en el saber de científicos y expertos a través de planes de gestión, el trabajo del día a día no puede desentenderse de los sentidos que le disputan otros sectores de la sociedad en la que se encuentra inmerso[8]. Estos sentidos versan sobre diversos temas, desde algunos específicos como el de las especies exóticas y qué hacer con ellas (ampliaremos este tema en el capítulo cinco), hasta otros más generales sobre el motivo mismo de existencia del parque.

Otra función que fue mencionada en las entrevistas como propia de los guardaparques es la de educadores ambientales. Estas tareas las realizan en el marco de actividades de extensión, tanto dentro como fuera del parque, por ejemplo, en instituciones educativas como escuelas y colegios. De acuerdo con lo que nos contara Alfredo, estas funciones son relativamente recientes entre los guardaparques, comenzaron a realizarlas en el PNTdF a finales de la década de 1990. Sin embargo, tanto él como algunos de sus compañeros coincidían en que la gran demanda de tiempo y trabajo que les insume el control del turismo no deja tiempo ni energías suficientes para las tareas educativas.

Trabajo e Identidad

Nos interesa para finalizar reflexionar sobre dos cuestiones de las identidades como trabajadores de los guardaparques, que nos permitan pensar que el “estilo de vida” de los parqueros es relacional y heterogéneo.

Relacionados. Las representaciones del trabajo de los guardaparques hasta aquí analizadas permiten comprender, como afirma Panaia (2007), de qué manera esta profesión que estamos investigando es inseparable del medio social donde se desarrolla. Los guardaparques representan sus labores en un mundo de relaciones; es imposible pensar lo que hacen y lo que dicen que hacen por fuera de este cúmulo de relaciones. Algunas representaciones laborales hacen del “estilo de vida” de los guardaparques un vínculo directo con la naturaleza más que con otros actores sociales. Sin embargo, no se puede pensar los quehaceres sin dar cuenta de esas relaciones. Relaciones que cambian temporal y espacialmente. En las páginas anteriores describimos, por ejemplo, la manera en que la relación con los turistas y con los propietarios de los caballos de campos lindantes al PNTdF define en gran medida las acciones laborales cotidianas de los guardaparques.

Heterogeneidad. A partir de analizar el trabajo y sus representaciones entre los guardaparques del PNTdF, cabe señalar la variedad de tareas que realizan. Algunas de ellas tienen más relevancia que otras, sin dudas. Sin embargo, cuentan con una vida laboral diversa. Aquí deseamos señalar que la diversidad de tareas de los guardaparques muta según el destino. No es lo mismo el trabajo en el Parque Nacional Iguazú que en el Parque Nacional Bosques Petrificados de Jaramillo. Las tareas de los guardaparques son diferentes según los parques a los que son enviados. En el PNTdF se realizan quehaceres laborales, como el trato con el turismo, que en otros parques pueden ser poco relevantes. Así, las actividades que forjan la identidad laboral van cambiando según el parque. Los guardaparques tienen a lo largo de sus carreras diferentes destinos laborales; es poco habitual, aunque haya algunos casos, que no haya traslados. Sin embargo, esta movilidad laboral no asegura el paso por todas las experiencias. A modo de ejemplo podemos mencionar que hay guardaparques que transitan su carrera en diferentes destinos en los que la relación con el turismo es una experiencia laboral sustantiva pero no conviven con la preocupación de los cazadores furtivos.

Retomemos a Panaia (2007) y su análisis de la dimensión de la identidad profesional. Sostenemos que la identidad presentada como “estilo de vida” opaca diferencias y jerarquías. El lugar de los guardaparques en estas jerarquías y diferencias ubica a estos actores en un campo de disputas respecto a la protección en las áreas protegidas. Bolívar, Fernández-Cruz y Molina sostienen que la identidad profesional se configura como espacio común compartido entre el individuo, su entorno profesional y social y la institución donde trabaja (en Hirsch Adler, 2013). En este sentido, y aunque la definición de la identidad profesional de Pillen, Den Brok y Beijaard (2013: 17) alude a docentes, nos sirve para pensarla como un proceso de integración entre valores y conocimientos propios, por un lado, y demandas profesionales e institucionales, por el otro. Esta convergencia de aspectos personales y otros institucionales (Panaia, 2007) la encontramos muy presente en la referencia unívoca por parte de los guardaparques a su trabajo como “ante todo, un estilo de vida” que se caracteriza por vivir cerca de o “en la naturaleza”, realizando “actividades al aire libre”. Íntimamente asociado a esto, reconocemos un compromiso con la conservación de la naturaleza en general y de las áreas protegidas en particular.

Ser “parquero”, representado como un estilo de vida, está vinculado a la identificación del trabajo en su relación con la naturaleza o el ambiente. La construcción de esta identidad profesional opaca la heterogeneidad de tareas y la red de interacciones que definen el trabajo de los guardaparques. “Ser parquero” ilumina el mundo profesional de aquellos que han elegido labores distantes de las citadinas y rutinarias. Néstor hacía mención a la belleza del paisaje y la particularidad del tipo de trabajo del guardaparque cuando en la pesca del chinook destacaba la belleza del lugar diciendo “mirá dónde estamos”. La alteridad del “parquero” es el oficinista, el comerciante. La construcción identitaria opaca las rutinas y las relaciones en la búsqueda de esa distinción. En la presentación de sus labores los guardaparques no ocultan que una de sus tareas recurrentes es la de control y vigilancia; “somos botones”, nos decía uno de nuestros interlocutores. En estas tareas podemos ver el rol estatal en estos trabajadores. En la articulación del “ser parquero” como estilo de vida y las tareas de vigilancia que realizan los guardaparques se constituye la identidad profesional. Una identidad mutante y multidimensional que posiciona a estos profesionales en una arena política. Cabe para finalizar decir que la construcción de la identidad profesional de los guardaparques es el resultado de las relaciones laborales e institucionales que acontecen en esta arena, una parte crucial de esas relaciones es lo que buscamos iluminar en este libro.


  1. Una primera versión de este capítulo fue publicada en Melotto, M.; Videla, M. V.; Garriga Zucal, J.; Van Aert, P. (2022). “Una navaja suiza”: sentidos y prácticas en torno al trabajo de guardaparques en el Parque Nacional Tierra del Fuego. Trabajo y Sociedad, 39.↵
  2. Los términos encerrados entre comillas corresponden a expresiones nativas. ↵
  3. Las otras especialidades son: Mantenimiento que realiza tareas de mecánica, Auxiliar administrativo que se desempeña como oficinista y auxiliar técnico que lo hace como radioperador. ↵
  4. Todos los nombres que figuran en este libro han sido cambiados para resguardar la identidad de nuestros interlocutores.↵
  5. Cada una de las distintas Direcciones Regionales depende de la Dirección Nacional de la APN y tiene bajo su jurisdicción un número determinado de áreas protegidas. El PNTdF está a cargo de la Dirección Regional de la Patagonia Austral, que tiene su sede administrativa en la ciudad de El Calafate (Santa Cruz). ↵
  6. Las especies exóticas invasoras son plantas, animales, hongos y microorganismos transportados por las personas, de manera voluntaria o accidental, fuera de su área natural de distribución. Representan la segunda causa de la pérdida de biodiversidad en el mundo, además de implicar riesgos para la salud y daños a nivel económico y cultural (https://www.argentina.gob.ar/ambiente/biodiversidad/exoticas-invasoras/eei). ↵
  7. Como explicamos más arriba estas afirmaciones respecto a que los guardaparques de apoyo no reciben formación ya no son ciertas. Sin embargo, es interesante que, al menos entre algunos trabajadores de la APN, esos discursos se sigan reproduciendo. ↵
  8. El castor se volvió un símbolo en el circuito turístico. Esta especie exótica luce en cartas postales y en souvenirs locales. También dio el nombre al centro invernal de esquí andino, el Cerro Castor.↵


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