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2 (In)visibilización del acto criminal

Construcciones mediáticas de los linchadores y linchados

Introducción

El escenario público y mediático marcado por la discusión acerca del aumento de penas y castigos que fue impulsado por un sector político a propósito del proyecto de reforma del Código Penal funcionó en los medios de comunicación, como un lugar posible para imponer y disputar sentidos sobre la inseguridad y su gestión como del rol del Estado y de las fuerzas policiales.

La noticia del linchamiento de David Moreira fue narrada por gran parte de los medios de comunicación, con el foco puesto en el hastío y cansancio sufrido por los “vecinos” ante la falta de seguridad. A medida que aparecieron otros casos similares, fueron exhibidos como una sucesión de hechos que constituyeron una nueva “ola de inseguridad”, configurando a los linchamientos como un problema público. La mayor parte de la prensa gráfica, abordó a las noticias sobre linchamientos como noticias de inseguridad, las cuales fueron narradas a partir de la construcción de dos figuras estereotipadas: la víctima y el victimario.

Los medios de comunicación son uno de los principales instrumentos de construcción de imágenes de alteridad, ya que plasman y alimentan representaciones preexistentes en la sociedad, estableciendo así, fronteras que marcan límites entre un “nosotros” y un “otros”. (Alsina, 1993). Hall (2010) sostiene que la construcción y reproducción de estereotipos está destinado, en parte, a mantener el orden social y simbólico, a través de una estrategia de separación de lo que es considerado normal ante todo aquello que se presenta como diferente. Según el autor, esta estrategia define una frontera simbólica entre lo que pertenece y lo que es “Otro”, entre nosotros y ellos, lo cual facilita una identificación del “nosotros” “en una comunidad imaginada” (Hall, 2010: 430).

La noticia sobre el delito en la prensa gráfica argentina se caracteriza por la narración de un caso en el cual se apela a la subjetividad individual para construir “héroes y villanos” (Martini 2007:15). En los medios de comunicación se pueden distinguir la circulación de dos estereotipos: uno, asociado a la ciudadanía “normal”, y el otro, construido en torno a la idea de delincuencia. Esta última, aparece íntimamente ligada a la cuestión de la inseguridad ocupando un espacio considerable en la prensa (Pegoraro, 2000), vinculándola a la pobreza, la peligrosidad y la juventud (Calzado, 2015; Saintout, 2002; Pereyra, 2005; Daroqui, 2003).

La figura del vecino aparece ligada a la condición de víctima de la inseguridad (Calzado, 2010) la cual no implica necesariamente ser víctima, sino percibirse como tal al vivir en un contexto considerado inseguro (Hernández, 2013). Cuando la prensa nombra a estos sujetos, suele referirse a habitantes de un sector de la ciudad o de un barrio específico (Tufró, 2012) que se perciben amenazados por un Otro que invade el barrio (Hernández, 2013). La figura del vecino en la prensa cuenta con una carga valorativa implícita, se trata de gente común caracterizada por su apoliticismo y por su rectitud moral (Hernández, 2014).

Dentro de esta construcción, los medios de comunicación suelen solidarizarse con los reclamos por la seguridad que realiza el ciudadano-víctima, haciendo propio el pedido de castigo al otro (Calzado, 2010). De esta manera, parte del discurso mediático se identifica con el “nosotros” a la vez que vincula al “ellos” con una imagen negativa del otro, representándolos como una amenaza (Van Dijk, 2007).

Las noticias de linchamientos fueron presentadas en la prensa como noticias de inseguridad, no sólo por la modalidad de narración de los hechos, sino también, y más específicamente, por la construcción oposicional de los sujetos que tienen parte en los linchamientos.

Como sostenemos en la hipótesis, existe en los relatos mediáticos sobre el crimen una frontera entre el “vecino” y el “delincuente” trazada por las formas de representar a estos sujetos vinculando al “vecino” como víctima y al “delincuente” como victimario. Las noticias que tratan sobre linchamientos en la prensa suelen ubicarlos en el marco de un contexto de inseguridad, invisibilizando su arista violenta y punitiva. De esta manera, gran parte de la prensa contribuye a la profundización de esa frontera reproduciendo los estereotipos “vecino-víctima” y “delincuente-victimario” sin poner en cuestión el accionar del “vecino” en tanto hecho delictivo.

Este capítulo se propone describir las formas en que son construidas las figuras de linchador y linchado, reponiendo la vinculación existente (pero que en los discursos mediáticos está latente) entre la representación oposicional de esos sujetos y el problema de la inseguridad. Para lograr ese objetivo, analizaremos las construcciones que los medios elaboran en torno a ambos sujetos en el discurso escrito, por un lado, y en el visual[1], por el otro, con el fin de lograr un análisis exhaustivo de las maneras en las que son representados en la prensa gráfica.

Linchadores: ¿Víctimas o victimarios?

Los tres diarios representan de distintas formas a los sujetos que realizan el acto del linchamiento, incluso al interior de cada discurso mediático, encontramos diversas maneras de referirse a ellos.

En primer lugar, la categoría más utilizada para designar a este sujeto es “vecino”, la cual aparece constantemente en las noticias de Clarín y La Nación, y también es frecuentemente utilizada en el discurso de Página/12.

La categoría “vecino”, construida en los medios de comunicación, denomina a la gente común, apolítica y con “integridad moral”, a la que se le atribuye la cualidad de víctima (Hernández, 2014). La condición de víctima no está necesariamente atada a haber sufrido un delito, sino a experimentar de manera permanente la sensación del riesgo a ser victimizado por un otro (Alzueta, 2019; Hernández, 2014) que se conforma en oposición al vecino, porque tiene otro estilo de vida y otras pautas de consumo. Esta categoría suele ser utilizada con mayor frecuencia en las páginas policiales y en las noticias sobre inseguridad.

La construcción de estos hechos en las noticias, vinculan al linchador, victimario del hecho violento, con la figura del vecino, quienes usualmente son denominados a partir de su carácter de víctima. Sin embargo, la figura del vecino no suele encontrarse representada como victimario en las noticias. En reiteradas ocasiones, las notas publicadas en Clarín y La Nación representan al vecino en tanto víctima de un hecho de inseguridad previo, indicando una permanencia del mismo en el campo de la victimización.

“La víctima del robo hizo luego la denuncia[2] del robo mientras que el arrebatador fue dado de alta ayer al mediodía cuando se recuperó. Enseguida fue trasladado a un calabozo de la comisaría local.” (Clarín, 02/04/2014)
“Reacciones frente al delito. Crecen los casos de víctimas que enfrentan a los ladrones” (Clarín, 06/04/2014)
“Pero al ciudadano atacado en plena calle le queda un argumento. Si va a salvar su vida, necesita hacerlo aún con riesgo de su agresor […]” (La Nación, 03/04/2014)
“‘Hijo de puta, de tu cara no me olvido, me entendiste. Te mataría’, dijo exaltada la joven víctima al ver de cerca al ladrón que ya había sido esposado e introducido en un patrullero.” (La Nación, 03/04/2014)
“La ciudadanía observa, entonces, que parece existir una vía libre para robar al amparo del poder político, y que lo mismo ocurre en las calles, al amparo de la deserción de un Estado que no cumple con su obligación básica de brindar seguridad. Es lógica, entonces, la sensación de indefensión que padecen los ciudadanos.” (La Nación, 02/04/2014)

“Víctima”, “joven víctima” y “ciudadano atacado”, son algunas de las formas con las que se describe al linchador en estas notas. Un sujeto caracterizado como quien ha sufrido un ataque contra la propiedad privada, por lo general un objeto como una cartera o un celular. Se configura así en una víctima que, justificada por la “sensación de indefensión que padece”, denuncia y se enfrenta con otro.

Al mismo tiempo, es representado como parte de un todo más amplio, la ciudadanía. Una ciudadanía usualmente signada por una pasividad: ante la supuesta violencia del accionar del delincuente que roba y ataca, el ciudadano observa, mira, hace una denuncia y necesita salvar su vida. En La Nación se afirma que los ciudadanos padecen de una sensación de indefensión, entonces se lo vincula al miedo de una ciudadanía entera frente a un Estado que debería brindar seguridad, pero no lo hace.

En las notas periodísticas de estos diarios se referencia a los linchamientos como una “reacción” frente a un robo (o intento de), esto implica que frente a cierto estímulo, el ciudadano emprende el camino opuesto al habitual, que nada tiene que ver con la criminalidad, y reacciona frente a un “hecho de inseguridad”. Tal como indica Calzado (2010), los medios de comunicación suelen mostrar a la ciudadanía como aquel que actúa o reacciona solamente ante una violación a su espacio privado, cuando se ha constituido de manera indeseada, en una víctima.

De esta manera, el vecino que lincha es mostrado en estos medios como una víctima y no como victimario o responsable de un hecho de violencia. La victimización de este sujeto no sólo está ligada a nombrarlo como víctima, sino también a mostrarlo como indefenso, atacado y pasivo.

Otra forma en la que estos sujetos son representados en las noticias sobre linchamientos es a través de su pertenencia a un barrio, ciudad o pueblo. En muchas ellas se destaca frecuentemente la ubicación espacial de los hechos, aportando no sólo un dato concreto sobre el episodio, sino construyendo al sujeto linchador a partir de características específicas.

“Vecinos atrapan y le pegan a un ladrón en pleno Recoleta” (Clarín, 09/04/2014)
“Dos motochorros atacaron a una mujer el sábado pasado en el barrio Azcuénaga, zona de casas de dos pisos, de clase media, de vecinos que se conocen entre si en el trato cotidiano.” (La Nación, 27/03/2014)
“La locura llegó a Capital Federal. Un joven que en la tarde de ayer intentó robarle la cartera a una mujer que tomaba algo en un bar del barrio de Palermo fue atrapado por los vecinos cuando escapaba.” (Clarín, 30/03/2014)
“En Charcas y Coronel Díaz, a una cuadra del shopping Alto Palermo, el sábado por la tarde un joven que intentó robarle la cartera a una mujer que tomaba algo en un bar del barrio de Palermo, fue golpeado de forma brutal por un grupo de unos 30 vecinos, luego de que consiguieran atraparlo cuando escapaba en moto.” (Página/12, 31/03/2014)

Estos ejemplos nos permiten observar que la inclusión de la ubicación espacial de un hecho dentro de la noticia aporta datos específicos sobre la constitución del vecino: dónde vive, cómo vive y, en definitiva, quién es.

Usualmente en las noticias periodísticas el vecino aparece como un sujeto de clase media, que habita barrios de clase media, y tiene preocupaciones y miedos propios de la clase media, ligados a la inseguridad. Encontramos aquí representado al vecino de Palermo, Recoleta, y de Azcuénaga, que vive tranquilo en su prolija casa de dos pisos, cerca del centro, o que toma algo en un bar, hasta que alguien irrumpe en su quietud cotidiana. En este sentido, el vecino es definido, en parte, a partir de su proximidad. Alzueta (2019) vincula al barrio con una fortaleza contra la barbarie, con límites precisos y vigilados muchas veces por “vecinos alertas”. En este sentido, esta delimitación espacial implica también una especie de frontera que indica quiénes están dentro y quiénes se ubican por fuera, caracterizando no sólo a los vecinos, sino también al otro. El otro no es nombrado ni como vecino ni como ciudadano, por lo que se desprende que es alguien que no pertenece a los barrios mencionados, sino que viene “de afuera”.

Al nombrar “pleno Recoleta”, al caracterizar el barrio Azcuénaga como un barrio de clase media, al ubicar al lector espacialmente a cuadras del Shopping Alto Palermo, los diarios representan los hechos con cierto asombro. “La locura llegó a Capital Federal”, titula Clarín, dejando implícito que la Capital es (o era) un lugar normal en donde irrumpe algo que pertenece al orden de la anormal o insano.

Nos preguntamos entonces, ¿en qué reside el asombro que parece desprenderse del relato mediático? ¿generaría el mismo asombro que estos hechos ocurrieran en barrios populares? La respuesta vuelve a encontrarse con la construcción mediática del vecino, como un sujeto pacífico, y por sobre todo civilizado, de clase media, por oposición al delincuente que es pobre, y por ende incivilizado y violento. La sorpresa reside en que la violencia (y el acto delictivo) aparezca en los barrios mencionados, dejando implícito que la violencia y la delincuencia son características que le son ajenas al vecino. Esto tiene su punto de anclaje en la columna de opinión de La Nación Se quebró un contrato básico”:

“Algo raro sucede en una sociedad cuando personas comunes deciden matar por cuenta propia. A veces matan, a veces hieren. Pero la intención es terminar con otra vida. Odio e indefensión se mezclan confusamente hasta explotar en un escándalo de violencia. Sucedió en la Capital, en Santa Fe, en Córdoba, en La Rioja. En el conurbano y en el interior del país las muertes son menos espectaculares. Hay mucha gente preventivamente armada. El delito suele chocar con esas armas, aunque no siempre.” (La Nación, 02/04/2014)

Las personas comunes que viven en los grandes centros urbanos del país y se sienten indefensas, son contrapuestas a las personas que viven en el conurbano e interior del país, que están preventivamente armadas y donde es moneda corriente la violencia y la “justicia por mano propia”. En este sentido, aparece en el discurso mediático una tensión entre el supuesto de civilidad del vecino y la barbarie a la que se somete al cometer dichos actos, barbarie que no le es propia. Se muestra una preocupación por la transformación de la gente común en aquello que no son, a saber: locos, violentos, primitivos e incivilizados.

“Una saga de locura social. Otra paliza a un ladrón: ya van siete casos en sólo 9 días” (Clarín, 01/04/2014)
“Uno de los hombres que participaron de las agresiones en Córdoba admitió a Clarín: ‘Está pésimo hacer justicia por mano propia, nos convertimos en una selva[3]. Pero acá todos fuimos asaltados alguna vez y cuando lo vimos a este ladrón en el piso, fue como tener a uno de los que nos asaltó’” (Clarín 02/04/2014)
“Si la confianza en la policía es valla de contención para que no actuemos como hordas primitivas, tal vez no sea tan raro que estos episodios empiecen a aparecer en Rosario, que deja a la intemperie a los ciudadanos, sin protección del Estado y sin ley, el marco civilizatorio que nos ampara de nuestras peores pulsiones humanas” (La Nación, 02/04/2014)
“Las familias que se sentaron a tomar un cafecito por Palermo no imaginaban que sus integrantes se convertirían, de arrebato, en autores, cómplices o encubridores de un delito mayor” (Página/12, 03/04/2014)
“Cualquier ciudadano/a puede ver hoy, encendidas por un resentimiento inexplicable, a personas de su amistad, hasta ahora tranquilas y respetables, de pronto convertidas en justificadores de cualquier barbaridad.” (Página/12, 15/04/2014)
“David Moreira, el chico que murió tras agonizar tres días a causa de una brutal golpiza a manos de una turba enardecida, en barrio Azcuénaga de Rosario” (Página/12, 29/03/2014)

Aquí, se pueden observar dos maneras distintas de representar los hechos: uno que los vincula a situaciones extrañas y otro que los supone posibles. El primer escenario descrito se corresponde con el discurso de Clarín, que retoma un testimonio que se presenta como fuente de lo ocurrido, en el cual se califica negativamente a las acciones llevadas a cabo por los vecinos y se las relaciona con la metáfora de una selva. Aquí, la imagen de la selva implica una relación con la animalidad, el salvajismo y la falta de normas. El testigo, si bien advierte la posibilidad de convertirse en una selva, termina por justificar ese accionar al identificarse con el vecino robado diciendo: “todos fuimos asaltados”.

En la narración de La Nación, se evidencia que esa conversión hacia “hordas primitivas” tiene su raíz ante la falta de protección que, se supone, debería brindar el Estado. El marco civilizatorio que otorga el Estado contiene a las pulsiones humanas, pero cuando se ve resquebrajado estas pueden reaparecer.

Ahora bien, cuando los vecinos aparecen como quienes realizan acciones como matar, linchar, delinquir, son presentados como sujetos que pueden convertirse o transformarse negativamente en algo que no representan. Estos discursos suponen que los vecinos, es decir, las “personas comunes”, se convierten, en tanto y en cuanto perciban una falta de seguridad, (que se evidencia en la falta de protección por parte del Estado) en personas capaces de realizar acciones relacionadas con la locura y la barbaridad.

En las noticias de Página/12 se puede apreciar una hipótesis explicativa sobre esta conversión, al mencionar que cualquier ciudadano puede convertirse en autor y cómplice de delitos y justificador de cualquier barbaridad. Sin embargo, esto no es mostrado como algo extraordinario, sino como parte de la normalidad, dejando en claro que, tal como se explicita en el titular de la nota, la gente también delinque.

Al mismo tiempo, se suele nombrar con frecuencia al linchador como parte de una “turba violenta o enardecida”. En el término “turba”, utilizado por este medio, se emplea siempre un adjetivo calificativo como “violenta”, “linchadora”, “enardecida”, etc. referenciando así a grupos de personas aglomeradas que actúan en conjunto. En este sentido, esta caracterización indica que el linchador no es representado a partir de su vínculo con la inseguridad, o a partir de características positivas, sino a partir de características propias del acto violento que este sujeto comete.

La violencia del acto del linchamiento aparece connotada negativamente en el discurso de los tres diarios, sin embargo, identificamos que, en tanto se subjetiva la acción del linchamiento, en algunas ocasiones aparece desdibujada la construcción del vecino como hemos mostrado previamente. Especialmente en el cuerpo de las noticias, se utiliza el término “grupo de vecinos/personas” para referirse a las personas que cometieron un linchamiento:

“Un grupo de vecinos atacó a golpes y patadas a un joven que había robado en un pequeño quiosco, donde también había agredido a una anciana que estaba en el local.” (La Nación, 02/04/2014)
“Más grupos de vecinos persiguieron, atraparon y molieron a palos a jóvenes justificándose en que les habían robado o intentado robar” (Página/12, 01/04/2014)

Al emplear el término grupo de vecinos o personas, se pone en evidencia que quienes realizan estos actos sólo constituyen un subgrupo de la totalidad de vecinos. Esta manera de nombrarlos, implica desligar a los ciudadanos de las acciones violentas que son caracterizadas negativamente en los discursos. Esto puede visualizarse mayormente en la construcción de las noticias de La Nación y Página/12.

Sostenemos que la representación del sujeto linchador a partir de la categoría “vecino” supone una desvinculación de su responsabilidad en el acto criminal. “Vecino” se utiliza para nombrar a un conjunto de personas que viven en un mismo barrio, distrito o ciudad, pero no implica ninguna otra característica que pueda resultar en la identificación de esas personas. En los casos que aquí analizamos, no aparecen los nombres de los autores de estos hechos (como sí ocurre con los linchados). Las identidades de estas personas permanecen ocultas bajo el apelativo con las que se nombran. Esto se puede observar no sólo en la manera en que son narradas las noticias y en la forma en la que se caracteriza discursivamente a los sujetos, sino también, en la manera de mostrarlos visualmente.

En la mayoría de las fotografías que se publican en las noticias sobre linchamientos, podemos ver, por lo general, al sujeto linchado en el suelo luego de haber sido detenido. Estas imágenes se centran en la representación del momento posterior del acto violento. Por otro lado, también encontramos, aunque en una gran minoría, un conjunto de fotografías en las que se puede ver retratados no sólo al linchado sino también a diferentes personas.

La imagen publicada en el diario Clarín, bajo el título “Una saga de locura social” (01/04/2014), exhibe la escena de lo que ha sido una golpiza, según se puede interpretar a partir del titular y la nota. El epígrafe versa lo siguiente: “Esposado. El ladrón, custodiado por la Policía que llegó cuando los vecinos lo golpeaban”. Lo que puede observarse en la fotografía es, en primer plano, un sujeto en el piso, esposado siendo observado por dos policías. Hacia el fondo de la imagen podemos ver un conjunto de personas que, desde lejos, observa la escena. No podemos inferir que aquellas personas que están observando hayan golpeado al supuesto ladrón, lo cual tampoco puede deducirse del título, ya que el sujeto de la oración es tácito. Lo que aparece a primera vista, es como dice el epígrafe, el ladrón. En contrapartida, un grupo de gente, que mira.

Algo similar ocurre en la imagen publicada por el diario La Nación. En la fotografía, que está tomada desde atrás, se puede apreciar un grupo de gente reunida pero no se puede identificar si este grupo está realizando una acción, ni sus identidades. Tanto el titular como el epígrafe (“En Palermo, una paliza a un carterista”) omiten el nombramiento de estos sujetos.

En ambas imágenes se puede observar a grupos de gente, de espaldas o en un plano secundario, que se muestran estáticos y/o contemplando algo que ha sucedido. Los titulares y las palabras que visiblemente rodean las imágenes utilizan una modalidad de ocultamiento del sujeto de la acción a través del uso del sujeto tácito y la voz pasiva. Mientras que el “ladrón” aparece fotografiado y nombrado en titulares y epígrafes, el vecino que asiste y/o ejecuta el linchamiento no aparece como tal.

Esto se corresponde con la representación de los sujetos tal como hemos mostrado que se presenta en los discursos de los medios gráficos: el vecino es un sujeto pasivo y víctima de la inseguridad. Estas imágenes no hacen más que contribuir a esa representación. En este sentido, si bien aparece fotografiado, el vecino-linchador es invisibilizado en los discursos visuales y textuales, esto no implica una operación de invisibilización del vecino, sino de su accionar delictivo.

En contraposición, la imagen publicada en la tapa de Página/12, revela varias escenas en donde se puede ver claramente el momento en que dos personas le pegan a otra que se encuentra en el suelo. La portada de este diario habitualmente se compone por un fotomontaje y un titular relacionado al mismo, y en ocasiones, algunas pequeñas frases a modo de copete o adelanto de otras noticias. En la tapa del día 2 de abril, se pueden ver distintas imágenes del linchamiento de David Moreira, enmarcados dentro de cuadros de un rollo fílmico, bajo el título, “Una película de terror”. Las imágenes pertenecen a un video real que fue difundido públicamente, pero que sólo este diario (de los aquí analizados) publicó esos fotogramas. En un intento por mostrar la violencia y caracterizarla como escenas terroríficas de una película, se exhibe también al sujeto linchador de manera activa. Aquí se visibiliza al vecino como linchador, en plena acción violenta, en contraposición con la víctima que se la puede ver recibiendo golpes y sin posibilidad de defenderse. Esta es la única imagen de las que aparecen en las noticias de los tres diarios, en la que se puede identificar a los sujetos que cometen el linchamiento.

Los tres medios operan a partir de diferentes dispositivos de visibilidad: en Clarín y La Nación se invisibiliza el acto criminal de los vecinos a la vez que se muestra en primer plano al “ladrón”, mientras que en Página/12, se exhibe el accionar delictivo del vecino, caracterizado de manera monstruosa y ficcional. Estos dispositivos de visibilidad e invisibilidad operados diferencialmente por los medios de comunicación contribuyen a construir sentidos sobre los sujetos del linchamiento.

Entre el ocultamiento del acto criminal y la exhibición de la violencia

“Vecinos”, “ciudadanos” o “personas comunes”, como vimos, son las formas en la que se suele nombrar a los sujetos linchadores en los medios analizados. Sin embargo, estas palabras refieren a representaciones construidas no sólo en los medios de comunicación, sino también en el ámbito público, formando parte del sentido común de un sector de la sociedad. Estas construcciones están presentes comúnmente en las noticias sobre el delito, en las que se relatan robos o crímenes que tienen por lo general dos actores: un ejecutor del crimen, representado como el “villano”, y una víctima construida a partir de características positivas, por oposición al otro.

En las noticias de linchamientos aquí analizadas, pudimos identificar que las representaciones acerca del sujeto linchador se asemejan a la caracterización del vecino a la cual nos referimos anteriormente. En este sentido, en tanto se lo presenta utilizando la categoría “vecino”, se lo muestra como víctima de la inseguridad, como sujeto civilizado y pasivo. En menor medida aparece como sujeto de la acción del linchamiento, nombrado como parte de la ciudadanía a través del uso de la frase “grupo de vecinos/personas”, operando aún una mayor despersonalización. En este sentido, en tanto se configura al sujeto linchador como carente de una identidad particular, no aparece en los discursos de la prensa gráfica, una “búsqueda de responsables” de los hechos de linchamientos, como sí ocurre en noticias en donde el autor del delito es el otro.

Sin embargo, a pesar de que este sujeto haya cometido actos delictivos, en Clarín y La Nación predomina la representación del vecino como víctima de la inseguridad, justificando en cierta medida su “reaccionar” ante ciertos hechos delictivos llevados a cabo por quienes sí son considerados como delincuentes. En estas notas se puede observar la circulación de dos estereotipos: uno, asociado a la ciudadanía “normal”, y el otro, construido en torno a la idea de delincuencia. Las imágenes visuales que presentan ambos diarios, refuerzan la idea de la despersonalización, ya que el linchador es retratado generalmente de espaldas y en un gran grupo de personas, lo cual opera como una invisibilización del sujeto linchador. Por otro lado, en Página/12 es mostrado en pleno acto violento y ubicando la imagen en la tapa del diario, lo cual pudo funcionar como una estrategia de visibilización del acto criminal por parte de grupos de vecinos, tal como se expresa en gran parte de las notas. Si bien en los tres diarios podemos apreciar distintas maneras de construir a estos sujetos, la mayoría de las veces se muestran en el contraste entre unos y otros. Esto se puede observar con mayor claridad en los titulares en los que son mencionados ambos sujetos:

Vecinos atrapan a un motochorro e intentan lincharlo” (Clarín, 30/03/2014)
“Nueva paliza de vecinos de Rosario a un ladrón que intentó asaltar a dos mujeres” (La Nación, 29/03/2014)
“En tanto ayer se conoció otro caso de una feroz golpiza por parte de vecinos a dos detenidos el sábado a la madrugada luego de ingresar a robar a una vivienda de la zona sur de la ciudad.” (Página/12, 01/04/2014)[4]

Así, aparecen representados el sujeto linchador en contraste con el linchado, pero ninguno es nombrado por su acción en el linchamiento, sino a partir del estereotipo circulante en los medios de comunicación. En esta operación, se los presenta a unos en oposición a otros, en donde los primeros son aquellos caracterizados positivamente, y los segundos configuran lo opuesto. Es justamente en esa construcción relacional, donde operan estereotipos e imágenes sobre lo normal y lo anormal, la civilidad y la barbarie (Focás y Galar, 2016)

En este sentido, la categoría “vecino” no sugiere ninguna carga valorativa, sin embargo, las palabras “motochorro” o “ladrón” poseen una connotación negativa a priori. Esto últimos, son nombrados por la acción que (se supone) realizaron, mientras que el ciudadano no es vinculado a su accionar en el linchamiento. Aparece en Página/12, la palabra “detenido” la cual no implica una acción llevada adelante por el sujeto, sino más bien, un estado a partir de la captura policial, el cual no se traduce necesariamente en un apelativo peyorativo.

Linchados: ¿Víctimas o delincuentes?

En la construcción relacional de los sujetos, la víctima del linchamiento, es asociado a la figura de delincuente ya constituida en los medios de comunicación y arraigada en el imaginario social.

El sujeto linchado es representado en los medios gráficos de maneras distintas, por un lado, en las notas de Clarín y La Nación, aunque con diferentes apelativos, es mostrado como victimario, en oposición a la víctima de la inseguridad. En Clarín, la forma más frecuente en que se lo suele nombrar es “motochorro”, “delincuente” y “ladrón”, mientras que La Nación, utiliza mayormente el término “delincuente”, pero también aparecen otras formas como “asaltante” y “malviviente”. Por otro lado, en el discurso de Página/12, si bien se menciona el término “motochorro”, “asaltante” y “ladrón”, casi siempre aparece entre comillas. El apelativo más empleado en este medio es “joven” o “supuesto/presunto ladrón”.

“Nueva paliza de vecinos de Rosario a un ladrón que intentó asaltar a dos mujeres.” (La Nación, 29/03/2014)
“Barrio de clase media. En Rosario, vecinos mataron a golpes a un motochorro. El ladrón tenía 18 años. Le robó el bolso a una joven el sábado. Y 50 personas le dieron una paliza.” (Clarín, 27/03/2014)
“El lunes al mediodía, en el barrio Irupé de la ciudad de Córdoba, cuatro vecinos intentaron linchar a un hombre de 34 años que, al parecer, quiso robarle la mochila a una nena de 12.” (Página/12, 03/04/2014)

En principio se muestra al sujeto linchado como quien ha cometido un delito de robo, sin embargo, en Clarín y La Nación el hecho del robo se presenta como una certeza, mientras que en Página/12 se pone en cuestión. Más allá del robo, las noticias aquí presentadas son crónicas de linchamientos que tuvieron por blanco a estos sujetos, sin embargo, los discursos de Clarín y La Nación, frecuentemente se detienen en la narración del robo (si lo hubiera) que antecede al linchamiento, y a la caracterización del linchado como un sujeto criminal a través de nombrarlo como ladrón o delincuente. En este sentido, otra de las características que se suelen destacar sobre el sujeto linchado es su edad.

“A Lucas Navarro, de 15 años, lo habían sorprendido robando un auto en La Matanza en 2010. Los vecinos lo agarraron y golpearon hasta matarlo.” (La Nación, 04/04/2014)
“Uno ocurrió en Rosario donde un adolescente de 17 años fue atrapado y golpeado por los vecinos. Otro fue en Córdoba. Allí la víctima de la furia vecinal fue un hombre de 34 años. Ayer fue liberado el joven que recibió una paliza feroz el sábado en Palermo” (Página/12, 02/04/2014)
Tenía 22 años. Sus cómplices lograron escapar. Los trabajadores que lo atacaron quedaron detenidos. El fin de semana hubo cuatro crímenes en 30 horas.” (Clarín, 22/12/2014)[5]

Aquí podemos apreciar como en la narración del hecho se menciona no sólo la acción delictiva ejercida por el sujeto linchado sino también el carácter juvenil del mismo. Esta característica ha sido históricamente utilizada para nombrar a la criminalidad en los medios de comunicación. El discurso periodístico del crimen construye al autor de actos violentos y criminales como un sujeto joven generalmente proveniente de sectores populares. El otro es construido negativamente a partir de la delincuencia, la juventud y la pobreza (Saintout, 2002), sin embargo, en reiteradas ocasiones la prensa tiende a atribuir el delito no a las condiciones de desigualdad, sino a la “perversidad moral” del delincuente, justificando visiones punitivas (Koziner, 2014). En una nota de opinión publicada por La Nación, esto queda expresado con claridad:

“La exclusión social o la pobreza no pueden justificar el crimen. Es una ofensa a millones de pobres que prefieren permanecer en el lado honesto de la historia. El sofisma oficial carece, además, de veracidad. Los motochorros, que a veces viajan en motos caras, desvalijan a jubilados a la salida de los bancos, cuando los viejos acaban de cobrar sus escasas remuneraciones.” (La Nación, 02/04/2014)

Usualmente en el discurso mediático se menciona a la minoría de edad en relación con la idea que sustenta la baja en la edad de imputabilidad, uno de los ejes de discusión durante el debate por la reforma penal, tan sólo unas semanas atrás. En este sentido, consideramos que nombrar al linchado como joven, es decir, a partir de características que no son necesariamente negativas, no implica ubicarlo del lado del nosotros, sino que, por lo contrario, es una operación más que contribuye al posicionamiento de ese sujeto del otro lado de la frontera. En este sentido, Calzado asegura que: “El Joven pobre es la figura del victimario más amenazante para el nosotros. David Moreyra, el muchacho asesinado durante una golpiza en Rosario en marzo de 2014, también respondía a los rasgos del joven pobre.” (Calzado, 2015: 47).

En las noticias de linchamiento, según lo expuesto hasta aquí, se puede apreciar la centralidad discursiva del sujeto linchado, exhibido no como víctima del linchamiento sino en calidad de delincuente. La mayoría de las narraciones comienzan por relatar el robo, y en un segundo momento se centran en el linchamiento, siempre resaltando la figura del “ladrón” por sobre el “grupo de vecinos”. El posicionamiento del accionar del sujeto linchado caracterizado como delincuente por sobre la acción violenta llevada adelante por el vecino en el relato de Clarín y La Nación, tiene una implicancia doble: por un lado, porque reactiva la “sensación de inseguridad”, al enfocarse en el hecho del robo y caracterizar al sujeto linchado como criminal, pero por otro lado, porque de esta manera queda en segundo plano el accionar violento del vecino, pudiendo verse justificado por el hecho de inseguridad previo.

La centralidad de la figura del linchado como delincuente y la exposición de su identidad, se expresa no sólo en el cuerpo de las notas, sino también en las fotografías publicadas. La mayoría de las fotografías de las noticias de linchamientos tienen por protagonista al sujeto linchado y sólo en una pequeña porción de estas aparece el linchador también. Es necesario especificar que existen menos cantidad de fotografías de linchamientos que noticias sobre estos en la prensa, y que con frecuencia suelen publicarse las mismas fotografías en distintos medios.

En la imagen que corresponde a la noticia publicada en el diario Clarín “Le robó un reloj a una turista y los vecinos quisieron agredirlo”, podemos observar la fotografía de un sujeto tirado en el suelo, esposado con la remera rota. El epígrafe permite inferir que el sujeto de la fotografía es el mismo de quien se habla en el título: “En el piso. el ladrón que le robó un reloj a una turista en Palermo, ya esposado. Los vecinos lo increparon”. La noticia narra la detención por parte de los vecinos al ladrón del reloj y la posterior detención por parte de un policía. El relato afirma que cuando el sujeto estaba siendo esposado, los vecinos continuaron agrediéndolo, sin embargo, la imagen muestra sólo al objeto de las agresiones vecinales y no a sus autores. La nota de opinión publicada en Página/12 es acompañada por una imagen en la cual los sentidos que se desprenden de la relación entre título, cuerpo de la nota e imagen son diferentes. El título exhibe la palabra “víctima”, al lado de un hombre que yace en el suelo, arriba, el subtítulo indica: “El debate acerca de la seguridad y los ataques contra presuntos delincuentes”. Como vimos, en los dos diarios se presentan distintas maneras de construir al linchado, sin embargo, la relevancia de estas imágenes reside en un detalle observable en la contraposición entre ellas: en la nota de la derecha el rostro del sujeto está borroso, mientras que en la fotografía de Clarín se lo puede identificar con claridad. Siguiendo a Vale de Almeida (2000) sostenemos que la aparición o no de los rostros de las personas implica dotarlos de identidad particular, el rostro es, en consecuencia, el lugar por excelencia de la individualización pero también de la empatía. Es un factor común en los segmentos policiales, encontrar rostros borroneados, eliminados en un momento de postproducción, sin embargo, en la mayoría de las fotografías de linchamientos de la prensa, los rostros de los sujetos linchados son mostrados. En muchas ocasiones, la intencionalidad de los medios se centra en la exposición pública de fotografías de los supuestos delincuentes.

En otro grupo de imágenes, ambos rostros aparecen completamente visibles. Clarín publica un conjunto de imágenes, dentro de las cuales se halla una fotografía de un sujeto con la cara ensangrentada y la camisa desabrochada, alrededor, un grupo de personas las cuales no podemos ver sus rostros. Esa misma imagen es publicada en la nota de opinión “Los miedos de comunicación de masas” (09/04/2014) de Página/12. Nuevamente el epígrafe de la imagen de Clarín aclara que el sujeto de la fotografía es un delincuente: “En La Rioja. Un ladrón atacado a golpes tras asaltar el kiosco de una anciana y golpearla”. La imagen, además, está ubicada bajo un título que sentencia: “La nueva cara de la inseguridad”. Sostenemos aquí, que no es casual el emplazamiento de esa fotografía, que es la única de las cuatro en la que se puede ver un rostro, bajo una oración que utiliza la palabra “cara” para titular. Nos preguntamos, entonces, si estas imágenes retratan hechos de linchamientos, ¿Cuál es la nueva cara de la inseguridad? Si hay una nueva cara, podemos inferir que existe una vieja cara. Si pensamos en la representación de la inseguridad para este medio, como dijimos anteriormente, podría recaer en la imagen de un joven delincuente, sin embargo, esa sería la “cara conocida”. La inseguridad tiene otra cara, una cara ensangrentada, golpeada por aquellos que eran víctimas y ahora son victimarios, pero la cara siempre es la del mismo sujeto, el delincuente. En el cuerpo de las noticias de la sección, no aparece un discurso que implique que los vecinos generan un estado de inseguridad al linchar a otras personas, la inseguridad como problema, está siempre ligada a la delincuencia, pero no a cualquier delincuencia, sino a la delincuencia del joven marginado, como mencionamos con anterioridad. En la prensa gráfica usualmente se utilizan imágenes que naturalizan la violencia y el morbo, y que, por sobre todo, construyen un relato ejemplificador (Baquero, 2015) En este sentido, la nueva cara de la inseguridad, marcada por la violencia en el rostro ensangrentado puede funcionar como una amenaza y a su vez como relato ejemplificador para el sector que es vinculado con la delincuencia, tal como aparecen en los carteles de vecinos organizados: “Ratero, si te agarramos robando te vamos a linchar” (Clarín, 02/04/2014; La Nación, 02/04/2014; Página/12, 02/04/2014).

Si, como mencionamos anteriormente, el rostro funciona como lugar de la individualización y la empatía, aquí podríamos acordar que estas imágenes funcionan diferencialmente en el discurso de ambos diarios. En Clarín, la foto del joven en primer plano es acompañada por otras imágenes de sujetos linchados en condiciones similares, sin embargo, el texto de la noticia remarca los hechos previos al linchamiento de estos sujetos, por lo tanto, aparecen representados como “motochorros” y “ladrones”. Si bien la fotografía del joven ensangrentado podría generar empatía, sostenemos que no lo hace, en principio por varias razones. Por un lado, porque en el texto, desde el título al cuerpo de la nota, se lo representa como un criminal. Por otro lado, porque las páginas Policiales, en especial las de Clarín, se componen asiduamente de fotografías de criminales heridos por enfrentamientos policiales, en este sentido, la recurrencia de este tipo de imágenes contribuye constantemente a construir visualmente a la criminalidad, una criminalidad que en los medios aparece ligada, exclusivamente a las personas pertenecientes a sectores populares. En este sentido, sostenemos que las imágenes propician, a partir de ciertas marcas visuales, la identidad de un determinado tipo social (Caggiano, 2012), por ende, los sujetos linchados aparecen vinculados textual y visualmente a un tipo social caracterizado por la pobreza, la juventud y la delincuencia. En definitiva, estas vinculaciones textuales y visuales impiden de manera radical una identificación del lector del diario, que en el contrato de lectura se asume de clase media, con el sujeto representado en la fotografía, que se exhibe a partir de los rasgos mencionados aquí arriba.

La nota de Página/12, “Cuando el miedo es una bola de odio” (09/04/2014) se pregunta por la “obsesión por la inseguridad y los linchamientos” que tuvieron los medios de comunicación. La imagen anclada en este discurso implica otros sentidos: los medios de comunicación generan temor entre su audiencia. En este sentido, la fotografía, acorde al discurso del diario, refuerza la idea del sujeto linchado como víctima y como blanco de las “turbas violentas” que son personas que consumen discursos mediáticos que infunden temor por la inseguridad.

Una imagen publicada en el centro de página del diario Clarín (“Drama en Rosario: quiso robar un bolso y los vecinos lo mataron a golpes” – 27/03/2014) muestra a un hombre joven que se encuentra en el suelo luego de ser golpeado, su ropa está ensangrentada. La fotografía no nos permite ver su rostro, sin embargo, el cuerpo de las notas proporciona su identidad: nombre y apellido, edad y antecedentes penales. En esa fotografía se pueden observar dos tipos de realidades contrapuestas: las personas que están en la vereda y el sujeto que se encuentra en el suelo. En el primer grupo de personas observamos a una mujer joven parada, sosteniendo a un niño en sus brazos, a su lado, un hombre también joven, sentado en la vereda. Ninguno de ellos es consciente de la toma de la fotografía, la mujer mira para un costado, mientras que el hombre está mirando fijamente al sujeto que se encuentra tirado en la calle. Abajo, un joven que ha sido linchado hasta su muerte, yace en el suelo abandonado. Hacia la derecha de la imagen se puede observar una moto ubicada al lado de la víctima, lo cual podría indicar que es de su pertenencia. La imagen de la moto no es un dato menor en la fotografía, debido a que, en muchas de las noticias de linchamientos, se referencia a las víctimas como “motochorros”.

En las imágenes y fotografías de los cuerpos, está la persona y, en la persona, la sociedad y la cultura, las relaciones y posiciones que las configuran (Caggiano, 2012). Así, estas imágenes muestran, a partir de ciertas características, la identificación de un tipo social determinado: no es lo mismo el cuerpo del linchador que del linchado, por ende, cada sujeto aparece representado por oposición el uno con el otro. En la diferenciación de los cuerpos mostrados se hace evidente una vez más la construcción oposicional de los sujetos del linchamiento: uno de los sujetos detenta el poder físico y la violencia por sobre el otro que aparece en un lugar de indefensión e inmóvil.

Clarín hace noticiable el “drama” que supone esta situación, mientras que en la nota de Página/12 esta muerte es presentada como producto de “una bola de odio”, tal como indican sus respectivos titulares. Nuevamente las imágenes refuerzan los sentidos desplegados en las noticias, en Clarín el titular indica, en primer lugar, que (el ladrón) “quiso robar un bolso”, y luego “los vecinos lo mataron a golpes” y observamos en la fotografía un grupo de personas que indiferentes a la situación están allí, al lado de un cadáver. En Página/12, la frase “Cuando el miedo es una bola de odio” corona la imagen, en este sentido, la muerte del sujeto está relacionada con el odio, que, según indica la nota, posee cierto sector de la sociedad. Es el mismo sector cuyo “miedo” es producto del “fogoneo de los medios”, tal como indica la nota de opinión citada más arriba[6].

Hubo una fotografía que fue la más replicada por los tres diarios[7], cuya aparición no sólo estuvo anclada a la narración del hecho del momento de la toma de la fotografía, sino que también funcionó como representación de otras noticias y notas de opinión sobre los linchamientos. El hecho representado es el linchamiento de David Moreira que terminó con su muerte, el único caso de linchamiento de ese año que terminó con la muerte de la víctima. Esta imagen, impactante, recorrió distintos medios de comunicación funcionando como representación de diversos hechos de linchamientos.

La repercusión mediática del linchamiento y homicidio de David Moreira se vio prolongada en el tiempo ya que los medios de comunicación realizaron un seguimiento del caso: desde la causa judicial hasta los pedidos de reclamo de los familiares. El sujeto linchado, fue presentado con nombre y apellido, y en algunas ocasiones como víctima del linchamiento:

“Un grupo numeroso de vecinos asesina a David Moreira en Rosario. La víctima tenía 18 años.” (Página/12, 3/04/2014)
“[…]uno de los cuales culminó en la muerte de la víctima. Se trata de David Moreira (18 años), que el 22 de marzo fue atacado por una turba supuestamente por intentar robar una cartera en Rosario.” (La Nación, 03/04/2014)
“La Policía confirmó que la víctima no tenía antecedentes delictivos ni estaba armada. Alberto, su padre, jura que los vecinos lo confundieron.” (Clarín, 27/03/2014)

En las tres narraciones sobre el hecho, David Moreira fue configurado como víctima del linchamiento que terminó con su vida. Su muerte, la única producto de un linchamiento ese año, desencadenó una serie de debates en el ámbito político y social, e incluso el Papa Francisco se pronunció al respecto. En Clarín y La Nación, este sujeto, aún representado como (supuesto) delincuente, fue nombrado en algunas ocasiones como víctima.

En este sentido, sostenemos que la condición de víctima de David Moreira en esos discursos tiene relación con su muerte, en principio, porque los demás sujetos linchados no fueron caracterizados como víctimas. Sin embargo, acorde a las construcciones que los discursos mediáticos realizan sobre los linchados y linchadores, en el cual el único considerado víctima (de la inseguridad) es el vecino, nos preguntamos ¿Por qué David Moreira es considerado una víctima y los demás sujetos linchados no?

David Moreira posee todos los rasgos del “otro”: es joven, pobre y delincuente, así es representado en los medios, no sólo a partir de la caracterización discursiva, sino también a partir de las imágenes visuales. Como vimos, es mostrado ensangrentado, derrotado y muerto. Si bien en algunas líneas se lo denomina como víctima del linchamiento, las imágenes se posicionan firmemente en el centro de las páginas de los diarios para representar visualmente al sujeto. En este sentido, sostenemos que debido a su condición de muerto ya no representa un peligro real para el “nosotros”.

Resulta interesante indagar en los cambios de posicionamiento discursivo respecto de su figura. Tomaremos de ejemplo el discurso del diario La Nación, ya que presenta múltiples variaciones:

“Un motochorro murió linchado por vecinos” (La Nación, 27/03/2014)
“[…] luego de que el jueves falleciera David Moreira, quien fue asesinado a patadas en la cabeza por vecinos del barrio Azcuénaga, luego de que, supuestamente intentara robar” (La Nación, 29/03/2014)
“Además del caso de David Moreira, el joven asesinado a golpes la semana pasada en Rosario tras el robo de una cartera […]” (La Nación, 01/04/2014)
“[…] cuando se conoció que, en Rosario, un grupo de vecinos había linchado a un supuesto delincuente.” (La Nación, 02/04/2014)
“[…]uno de los cuales culminó en la muerte de la víctima. Se trata de David Moreira (18 años), que el 22 de marzo fue atacado por una turba supuestamente por intentar robar una cartera en Rosario.” (La Nación, 03/04/2014)
“[…] David Moreira, un joven de 18 años que fue linchado el 22 de marzo -murió tres dias después- por un grupo de vecinos de Azcuénaga, luego de que lo culparan de intentar asaltar, junto con un motociclista, a una mujer que estaba con su hija.” (La Nación, 10/04/2014)
“El joven de 18 años fue asesinado el 22 de marzo pasado por una turba de vecinos, tras atraparlo al robar a una embarazada” (La Nación, 24/09/2014)[8]

Como vemos, en la primera noticia, se lo nombra como “motochorro”, luego con el correr de los días, se lo denomina por su nombre y apellido. Al mismo tiempo, y en todas las líneas, se aclara que el sujeto está relacionado a un robo, en algunos casos se menciona que intentó robar, en otros, que efectivamente lo hizo y también se menciona que lo culpan de haberlo hecho. En principio, podemos ver que no queda del todo claro cuál fue la acción que realizó David Moreira, pero lo que queda claro es su identidad: su nombre, su edad, y que de alguna forma está relacionado con un delito y que está muerto. Ahora bien, como vemos, es representado a partir de todas esas características, y sólo en una oración se apela a su carácter de víctima para nombrarlo. De la misma forma ocurre en las crónicas del diario Clarín.

Entonces, si bien el joven linchado en Rosario es víctima del acto violento en manos de algunos vecinos, los discursos de La Nación y Clarín terminan por demostrar que esa categoría sólo sirve para denominar a las “víctimas verdaderas”, que son aquellas consideradas como parte del “nosotros”: las personas comunes que sienten y viven la inseguridad, aquellos que no son víctimas ahora pero que pueden serlo en cualquier momento.

En las noticias publicadas en Página/12, David Moreira es construido a partir de su victimización y de los pedidos de justicia de su familia. La primera nota que publica el diario sobre este caso se titula “David no era un delincuente” (29/03/2014), desde allí se toma partida por una postura clara: no se trata de un presunto ladrón, sino de una persona inocente que fue linchada. De este modo, en este medio aparecen otro tipo de imágenes para relatar el linchamiento de David Moreira. Si bien, como vimos, la fotografía de su cuerpo tirado en el suelo también es publicada aquí, distintos son los sentidos se desprenden a partir de la lectura de los textos que la circundan. Aquí se retrató en varias ocasiones a la madre de David portando carteles y reclamando justicia por su hijo, por otro lado, se publicó una fotografía del joven, la cual era usada en los pedidos de los familiares. En una nota de opinión, ubicada centralmente, una imagen de David Moreira, vivo, sonriente, bajo el título “Linchar a la razón” afirma que se cometió un acto de locura por parte de los “vecinos” al asesinar a este joven. La imagen de David sonriente tiene diferentes implicancias que la conocida fotografía de su cuerpo tendido en el suelo. Si esa imagen lo mostraba derrotado ante la furia vecinal, esta fotografía no hace más que recordarnos que David Moreira era una persona real, inocente, como cualquier otra. La imagen viene a establecer una sentencia: ese joven sonriente fue la víctima de un grupo de vecinos que lo golpearon hasta matarlo.

Las representaciones sobre este joven son diferentes en los tres medios, en Clarín se lo muestra como delincuente, aunque hay pequeñas excepciones en donde se lo nombra como víctima del linchamiento, sin embargo, la representación de víctima queda legada enteramente al vecino. En La Nación, se lo nombra de diversas formas: como ladrón, como supuesto delincuente y como víctima, sin embargo, se lo representa a partir de su identidad de delincuente, al igual que en Clarín. Página/12 apela a su carácter de víctima, mostrando los reclamos de los familiares, y una fotografía de él cuando estaba vivo.

Representaciones de la delincuencia: “La nueva cara de la inseguridad”

A modo de síntesis, sostenemos que en los medios gráficos analizados existen diferencias en las representaciones del sujeto linchado: por un lado, Página/12 lo caracteriza y lo nombra como víctima del linchamiento, pero también aparece como “supuesto” ladrón. Por otro lado, en los discursos de Clarín y La Nación, lejos de mostrarlo como víctima del acto violento, se lo muestra como victimario de un hecho de inseguridad anterior. Allí priman las descripciones de los robos o intentos de robo en detrimento de la narración del linchamiento, de este modo se caracteriza al sujeto linchado: se lo representa a través de sus rasgos juveniles, antecedentes penales y actos o intentos de actos delictivos.

Las imágenes fotográficas de los linchamientos muestran en un lugar central a sus víctimas, marginando las identidades de sus victimarios. El sujeto linchado es la figura central tanto en el discurso como en las imágenes sobre los linchamientos en los tres medios, pero con mayor énfasis en Clarín y La Nación. Existen, por otro lado, escasas fotografías que retratan a los linchadores, y en las que aparecen suelen hacerlo de manera marginal, pasando desapercibidos ante una mirada distraída. La imagen que cobró más relevancia ya que circuló en reiteradas ocasiones por diversos medios de comunicación fue la que capturó al cuerpo de David Moreira abandonado en la calle, una imagen de la crueldad y del abandono, pero también de un grupo de gente que venció a su victimario.

A las imágenes de delincuentes publicadas con regularidad en las páginas policiales de la prensa gráfica en general, se le suman nuevas tomas, de otros delincuentes heridos o muertos, no en enfrentamientos policiales o por riñas entre criminales, como son presentadas habitualmente, sino en manos de grupos de vecinos. Todas estas imágenes, indistintamente de quienes sean los detentores de la violencia, contribuyen a las representaciones sobre la delincuencia. Las muertes del “otro” son imágenes que recomponen la sensación de inseguridad (Calzado, 2010), mostrar la delincuencia a través de imágenes que circulan constantemente en distintos medios de comunicación, no hace más que visibilizar su existencia y por ende, hacer real un problema: la inseguridad está entre nosotros.

Para cerrar

Aquí nos propusimos describir las maneras en que se representa en los medios gráficos a los sujetos que forman parte de los linchamientos. Pudimos ver que, en primer lugar, ambos sujetos son representados a partir de sus diferencias. Estas representaciones, ya construidas previamente en los medios, reproducen estereotipos que vinculan a los “vecinos” con la víctima de la inseguridad y a los “delincuentes” con los victimarios, presentándolos en el marco de noticias que narran los problemas de la inseguridad.

Las noticias de linchamientos publicadas en los diarios Clarín y La Nación, se extienden particularmente en el relato del robo previo al acto violento. En ese escenario el sujeto linchado es representado como quien comete un acto delictivo, y el linchador como víctima de ese acto. En línea con esto, en la narrativa sobre el linchamiento que estos medios elaboran, el acto violento se presenta como una “reacción” por parte de los vecinos ante los sucesivos hechos de inseguridad que viven. Las noticias sobre linchamientos reproducen los estereotipos que circulan en las noticias sobre inseguridad y crimen, al caracterizar al “vecino” a partir de rasgos vinculados a la civilidad y al “delincuente” a partir de sus antecedentes penales, y su juventud.

Caracterizados así, en Clarín y la Nación, la categoría de víctima es otorgada al “vecino”, quien es mostrado constantemente como una (potencial) víctima de la inseguridad, en contraposición con el “delincuente” que se presenta como quien usualmente logra su cometido, pero que en esta ocasión “algo salió mal” y no pudo escapar. En Página/12, la disputa por la victimización es ganada por el sujeto linchado, que es representado a partir del desenlace del linchamiento, poniendo en cuestión su supuesto accionar delictivo previo. Asimismo, es el único diario que publica una imagen en la cual se ve con claridad a los linchadores cometiendo el acto violento, ya que en los demás medios no existen fotografías que retraten a estos sujetos en el momento de la acción.

Las páginas de los diarios Clarín y La Nación ubican con centralidad fotografías en las cuales se pueden observar en primer plano los rostros y los cuerpos de las víctimas de linchamientos. Estas imágenes, lejos de generar empatía con la víctima, retratan un estado de situación: al construir al sujeto linchado discursivamente a partir de características delictivas y amenazantes para la ciudadanía y al representarlo de esa manera en fotografías, se pone en evidencia a la inseguridad como problemática vigente y constante. Tal como expresó Sontag: “algo se vuelve real- para los que están en otros lugares siguiéndolo como noticia- al ser fotografiado” (Sontag, 2000:31) En línea con esto, al exhibir a los linchamientos como un problema producto de la inseguridad, las imágenes de jóvenes ensangrentados no hacen más que apuntar el desenlace fatal de hechos violentos impulsados por el hartazgo de los vecinos.

En la prensa gráfica seleccionada operan dos tipos de regímenes de visibilidad: por un lado, en el discurso visual de Clarín y La Nación, se invisibiliza al sujeto linchador al no mostrarlo en fotografías y al ocultarlo como sujeto responsable del linchamiento, al mismo tiempo, se visibiliza mayormente al sujeto linchado como protagonista (siempre vinculado a la criminalidad, como vimos), tanto en el texto como en las fotografías de linchamientos. Por otro lado, Página/12 visibiliza la imagen del sujeto linchador como un sujeto violento y capaz de cometer hechos delictivos. A su vez, se visibilizan los reclamos de la familia de David Moreira así como también, imágenes de David vivo, construyéndolo a partir de su carácter víctima fatal de un linchamiento en manos de grupos de vecinos.

Las construcciones que la prensa elabora sobre los sujetos que tienen lugar en los linchamientos remiten a representaciones previas al hecho: el linchador no es caracterizado como tal y tampoco como victimario de un hecho violento, y lo mismo ocurre con el linchado, ambos son representados de la manera en que usualmente los medios los suelen mostrar. Los linchamientos, entendidos como acciones violentas y punitivas, trastocan el binomio víctima-victimario clásicamente presentado por los medios de comunicación al tener como detentor del hecho delictivo y violento al sujeto comúnmente representado como víctima. Sin embargo, en los relatos de la prensa las figuras de víctima y victimario no aparecen modificadas, esto se debe a que, por un lado, el accionar delictivo en manos del “vecino” se intenta invisibilizar, como vimos, y por el otro, a que el linchamiento en la prensa (principalmente en Clarín y La Nación) no es entendido como un hecho delictivo, violento ni punitivo, sino como la reacción ante un robo. En este sentido, el discurso mediático hegemónico reproduce el discurso de la víctima de la inseguridad como propio al presentar estos hechos a partir de la narración detenida del robo que “desencadenó” el hecho violento, enmarcando a la noticia de linchamiento dentro del conjunto de noticias sobre la inseguridad. Esta operación, justifica la sensación de indefensión de la víctima poniendo en primer plano la criminalidad del linchado e invisibilizando el accionar delictivo del linchador, profundizando así la división existente entre “vecino” y “delincuente”.

La mayoría de las noticias de linchamientos sugiere que el verdadero agente de estas acciones no es el sujeto linchador encarnado en la figura del vecino, sino la inseguridad misma. A principios del año 2014 se anunció en Clarín y La Nación un crecimiento de la inseguridad, el cual fue resaltado en los discursos mediáticos a partir del proyecto de reforma del Código Penal. En este marco, en el cual las encuestas[9] que publicaban varios medios revelaban una ciudadanía que exigía mayor castigo a delincuentes, y donde la inseguridad y su gestión era arena de debate público, se presentó al linchamiento como un problema de justicia por mano propia, en el cual los sujetos que hicieron uso de la violencia colectiva, fueron mostrados como víctimas indefensas en un escenario inseguro.

Por otro lado, como pudimos observar hasta acá, encontramos que en la comparativa de los discursos de los tres diarios se establece una línea divisoria entre Clarín y La Nación, por un lado, y Página/12 por el otro. Si bien los discursos de los dos primeros no son iguales, poseen mayores puntos en común que cualquiera de ellos con Página/12. Sostenemos que cada medio representa distintos intereses políticos y corporativos, lo cual se ve reflejado no sólo en las noticias de las secciones Sociedad o Política, sino también en los modos de narrar aquellas noticias que pueden tener impacto en la agenda pública, como las que tratan sobre “olas de inseguridad”. En línea con esto, en el capítulo siguiente nos detendremos específicamente en las representaciones que fueron elaboradas en torno a la problemática de los linchamientos en los medios de comunicación mencionados, poniendo especial atención en estas construcciones que acabamos de mencionar respecto a la inseguridad y su debate en el ámbito político.


  1. La división entre discurso visual y escrito es meramente analítica y tiene como fin presentar la información de manera ordenada.
  2. Las cursivas de cada fragmento son resaltados de la autora.
  3. Resaltados del diario.
  4. Resaltados de la autora.
  5. Resaltados de la autora.
  6. “Los miedos de comunicación de masas”, Página/12, 09/04/2014
  7. “Drama en Rosario: quiso robar un bolso y los vecinos lo mataron a golpes” Clarín, 27/03/2014
  8. Resaltados de la autora.
  9. Como quedó expresado en el capítulo anterior.


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