Representaciones mediáticas de los linchamientos y sus implicancias políticas
Introducción
Durante los meses de marzo y abril del 2014 asistimos a la construcción de una nueva “ola de inseguridad” protagonizada por hechos de linchamientos. En los tres diarios fueron mostrados como acciones fuera de lo común y extraordinarias que irrumpieron en la cotidianeidad en un momento determinado y comenzaron a replicarse. La relevancia otorgada por los diarios estudiados a este tema consta de la aparición en tapa del mismo, la cantidad de noticias diarias publicadas en distintas secciones y la forma de presentación del tema. Si bien los linchamientos son hechos que ocurren con más frecuencia que con la que aparecen en los medios, la visibilización mediática del tema en un momento determinado logró convertir estos hechos en acontecimientos, hechos que “sólo existen [como tales] en la medida en que los medios los elaboran” (Verón, 1983: 10).
En la construcción del linchamiento como un problema noticiable consideramos, en primer lugar, según abordamos en el capítulo anterior, que la problemática es presentada estrechamente ligada a la inseguridad en la mayor parte de la prensa gráfica al mostrarla como un problema creciente y alarmante. Los linchamientos, construidos en el marco de una “ola de inseguridad”, contribuyeron a la reactualización de las preocupaciones cíclicas sobre la inseguridad (Lorenc Valcarce, 2005) y a la presentación del tema como un problema que requirió de la intervención de los actores más importantes del campo político.
Parte de nuestra hipótesis sostiene que el problema de los linchamientos se instaló en la agenda mediática y pública posibilitando la imposición por parte de los medios de sus sentidos acerca de la seguridad y su gestión y funcionando, a la vez, como insumo político. En línea con esto, daremos cuenta de la manera en que se representó al fenómeno de los linchamientos en la prensa gráfica en su vinculación con los distintos ejes temáticos encontrados en la narrativa de los medios. En el análisis de contenido de la prensa gráfico elaborado en torno a las representaciones de los linchamientos, hallamos tres ejes temáticos que articulan la manera en que la problemática es construida: como “ola de inseguridad” (mayormente en los discursos de Clarín y La Nación), a partir de su relación con los discursos mediáticos (exclusivamente en Página/12), y por último, en la vinculación con la presencia del Estado, la gestión de la seguridad y el gobierno (en el discurso de los tres diarios).
Olas de linchamientos e inseguridad
Como vimos en el capítulo anterior, las noticias de linchamientos en el año 2014 fueron enmarcadas, por algunos medios, dentro del problema de la inseguridad. Su vínculo con la inseguridad no sólo está dado por la caracterización de los sujetos en tanto héroes y villanos, sino también, por mostrar los hechos como parte de una “ola” de casos, acentuando sus características extraordinarias.
Las crónicas publicadas en Clarín y La Nación, según vimos, dedican mayor espacio y ponen el énfasis en el en el hecho previo de robo (o intento de robo) que “desencadenó en el linchamiento”. Este enfoque particular, intenta remarcar que estas acciones violentas están relacionadas con la reacción de una parte de la población ante los incesantes casos de robos y delitos, tal como indica un titular de Clarín: “Reacciones frente al delito. Crecen los casos de víctimas que enfrentan a los ladrones” (06/04/2014).
La mayoría de las noticias publicadas en Clarín, tanto de las secciones Policiales, como Política, y Tema del día, aparecen bajo el cintillo “inseguridad” o “Justicia por mano propia”. El cintillo está allí para otorgarle un marco a la noticia, como una forma de etiquetarla que aparece antes del titular, advirtiendo a sus lectores que la noticia se relaciona, de alguna manera, con la inseguridad. Sin embargo, esto no sólo aparece allí, sino también a lo largo del texto, en las imágenes y en la construcción de los sujetos, como vimos.
La noticia “Reacciones frente al delito. Crecen los casos de víctimas que enfrentan a los ladrones” (Clarín, 06/04/2014) se encuentra en la sección Policiales, bajo el subtítulo “inseguridad”, y narra otros hechos similares en los que víctimas de robos atacaron físicamente a sus asaltantes. Se narran distintos casos, pero todos se vinculan en el hecho de que el robo no pudo efectuarse o el delincuente no pudo escapar a causa de una acción llevada a cabo por la víctima del robo. Entre estos casos encontramos algunos hechos donde intervienen dos sujetos (nombrados como vecino y ladrón/delincuente) y otros hechos, como los que analizamos, donde el supuesto delincuente se encuentra en inferioridad numérica respecto de sus atacantes. En este sentido, el linchamiento es enmarcado no sólo como un problema derivado de la inseguridad, sino como un acto de “justicia por mano propia”, al igual que las otras acciones que aparecen en la nota. Sin embargo, el énfasis en esta noticia no está puesto en los casos en sí mismos, sino, en la reiteración de este tipo de “accionar justiciero”. La concatenación de hechos similares, estrategia usualmente utilizada en el discurso del diario para presentar a los linchamientos, tiene un denominador común en esta nota: más allá de la particularidad y diferencias de cada hecho entre sí, se trata de actos impulsados por la inseguridad.
En la narrativa que el diario elaboró sobre los linchamientos, encontramos múltiples notas en las que se insiste en que estos no son hechos aislados: “Rosario: 4 casos en una semana” (30/03/2014), “Otra paliza a un ladrón: ya van siete casos en sólo 9 días” (01/04/2014), “Hubo otros cinco casos de palizas de vecinos a ladrones” (02/04/2014), entre otras.
En las noticias del diario Clarín, se representa a los linchamientos como un problema reiterado y dramático, producto de una creciente “ola de inseguridad”. Desde los titulares impactantes en color rojo, las imágenes con primeros planos de personas ensangrentadas, el uso de adjetivos dramáticos y la extensión de las notas en la sección Policiales se construye una forma de narrar que “articula el argumento con la sensación” (Martini, 2007:50). El sensacionalismo empleado en las formas de narrar las noticias de linchamiento se puede ver producto del encadenamiento del caso a otros similares y a través de la contabilización que constantemente aparece explicitada en los titulares del diario, e incluso en la portada.
También en La Nación, se advierte que: “Lo que parecía un par de hechos aislados amenaza con convertirse en una alarmante escalada de intolerancia y violencia”. Esa semana los titulares de las crónicas y notas de opinión comenzaron a anunciar un problema tan creciente como preocupante haciendo hincapié en la cantidad de casos similares ocurridos: “Alarma y controversia por una sucesión de linchamientos” (01/04/2014), “Otros tres casos de justicia por mano propia” (02/04/2014), “No cesan los casos de golpizas a delincuentes” (03/04/2014), entre otros. Al igual que estas noticias, en la imagen 21, podemos observar un titular que anuncia que: “Aumentan los casos de ladrones detenidos por vecinos” (03/04/2014), a su lado, dos imágenes fotográficas de considerable tamaño que muestran una persona detenida en la calle, autoridades policiales y a un actor conocido que intervino en uno de los casos. En esta nota, los linchamientos son nombrados como hechos de “ladrones detenidos por vecinos”, es decir, detenciones. No se muestran como acciones violentas ni homicidas y mucho menos ilegales, ya que la detención de una persona que cometió un delito hasta que arribe la autoridad policial está contemplada en el Código Penal como un procedimiento válido. Sin embargo, los hechos a lo que se hace referencia en la noticia, son acciones violentas y punitivas y no meras detenciones. Tal como podemos observar en los titulares señalados, en la mayoría se representa a los linchamientos como golpizas, detenciones y hechos de justicia por mano propia. En este sentido, en el discurso de La Nación, se remarca que lo que está en ascenso es la justicia en manos de vecinos, o las “reacciones populares contra delincuentes”, tal como expresa la nota. Al igual que el diario Clarín, aquí también se utiliza la terminología “reacciones” en referencia a los linchamientos, lo cual indica que hubo una acción previa contra los vecinos, que desencadenó el hecho violento, en estos términos, en el discurso de ambos medios, los linchamientos son mostrados como una reacción (violenta) ante hechos de inseguridad.
En línea con esto, aparece muy frecuentemente en el discurso de ambos diarios referencias al accionar policial. Las crónicas de ambos medios ponen la lupa en el tiempo de llegada de la autoridad policial a la escena. Contando los minutos exactos de la tardanza policial, las crónicas suelen aclarar que “la Policía llegó cuando lo estaban golpeando”, intentando resaltar el imaginario circulante sobre la ineficacia policial. Ahora bien, aunque la autoridad llegue tarde, en algunas ocasiones, se menciona que el “ladrón” quedó detenido y privado de su libertad. Varias de las noticias sobre linchamientos hacen mención al escaso tiempo en que estos supuestos delincuentes estuvieron privados de su libertad, donde vuelven a reflotar representaciones sobre la justicia: “la cárcel como puerta giratoria” en donde “entran por una puerta y salen por la otra”. Ejemplo de esto es la nota publicada en Clarín, “El ladrón detenido por vecinos en Palermo sólo estuvo preso 11 horas” (04/04/2014).
En ambos diarios prima la representación del linchamiento como una reacción ante un hecho de inseguridad. Como toda reacción, supone una acción previa que, en todos los casos aquí estudiados, comprende un robo o intento de robo, sin embargo, estas reacciones suponen una acción violenta llevada adelante por un grupo numeroso de personas. Si bien estas acciones se desencadenan a partir de un intento de robo, llamarlas reacciones, implica quitarles la dimensión violenta y delictiva que estas suponen. A su vez, al considerarlos como actos de justicia por mano propia, también se le otorga cierta validez, ya que se comprende como un acto justiciero. En este sentido, aparece en el discurso de estos medios una retórica justificadora de estos hechos, ya sea como reacciones o como actos de justicia por mano propia, los linchamientos son representados en los discursos de Clarín y La Nación como acciones que; lejos de ser consideradas delictivas; son válidas como respuesta a un acto criminal y ante el sentimiento de desprotección e inseguridad.
Si bien las noticias de Página/12 no representan a los linchamientos como consecuencia de la inseguridad, son narrados como una sucesión de hechos similares, poniendo el foco en el contenido violento (e ilegal) de los mismos. En “La violencia que contagia violencia” (02/04/2014), se narra una cadena de hechos que tienen en común el accionar violento por parte de la ciudadanía hacia presuntos delincuentes. Con un discurso condenatorio hacia los actos de violencia, la noticia se asemeja a una crónica policial, y pone el foco en la “furia vecinal” a través de los testimonios verbales, o de imágenes, como la que se emplaza en el medio de la página, mostrando un cartel con una amenaza que dice: “Vecinos organizados. Ratero si te agarramos no vas a ir a la comisaría ¡¡Te vamos a linchar!!!”. Numerosas veces, a lo largo de la nota, se denomina a estos hechos como “violenta golpiza”, “furia vecinal” y “fenómeno aberrante del linchamiento”, entre otros. Aquí, se pone el foco en la replicación de los casos, relatando cada uno de ellos como hechos semejantes, sin embargo, lo que los iguala en el discurso no es que sean producto de la inseguridad (como podemos observar en los otros medios), sino el contenido violento de la acción llevada a cabo por parte de grupos de vecinos.
En suma, en tanto las noticias de linchamiento fueron presentadas como parte de una ola de inseguridad, es decir, como hechos cada vez más recurrentes y alarmantes, el tema fue instalado por los medios como un problema público ganando un mayor espacio en la agenda, en ese escenario fue convirtiéndose, de manera obligada, en un tópico a discutir dentro del campo político.
Los hechos por su nombre: miedo y medios
Uno de los ejes temáticos presentes en el discurso de Página/12 tiene que ver con mostrar a los linchamientos a partir de la problematización y cuestionamiento en torno a su caracterización mediática. En “Llamar a los hechos por su nombre” (03/04/2014), Horacio Cecchi sostiene: “Justicia por mano propia, dicen lo más osados; emoción violenta, dicen los leguleyos; homicidio en riña dicen los que no saben. Las cosas por su nombre: homicidio agravado por alevosía y ensañamiento, dice el Código Penal”, intentando establecer una diferencia con otros discursos circulantes al momento. Además, la nota cuenta con una entrevista a un juez de la Asociación de Pensamiento Penal, en el cual se explica la confusión de términos que otros medios de comunicación emplean para describir estos hechos. Algo similar ocurre en la nota “Cuando hay que explicar lo que es obvio” (04/04/2014) que retoma las palabras de Elena Highton: “La vicepresidenta de la Corte Suprema dijo algo obvio, pero que en este contexto parecería que debe ser aclarado. […] explicó ayer que el linchamiento de un presunto delincuente es un ´homicidio violento, sangriento y en masa`”. Aquí hay un supuesto, y es que “es sabido” que un linchamiento es un homicidio, sin embargo, según el diario, se torna necesaria la aclaración. La nota no expresa textualmente a quienes hay que explicarles lo obvio, pero es claro que sus lectores lo entenderán. En otras notas también se pone en cuestionamiento el tema: “Un ajusticiamiento que nada tiene que ver con la justicia” (31/03/2014), “¨Son homicidios calificados¨” (02/04/2014) y “Contra los discursos justificatorios” (05/04/2014).
En este sentido, el discurso del diario privilegia un formato de corte interpretativo por sobre uno que se propone meramente informativo. A través de la argumentación como recurso, se lanza en la búsqueda de una conceptualización acabada del fenómeno, remarcando su faceta ilegal. Sin embargo, la condición de posibilidad de los linchamientos no está aquí enlazada a su carácter ilegal, sino a los apuntados como discursos mediáticos hegemónicos.
En la nota citada anteriormente “Llamar a los hechos por su nombre” se expresa con claridad el problema del tratamiento que otros medios hacen del tema. Al final de la nota Cecchi concluye que: “Si nombrarlo linchamiento ya implica una especie de eufemismo periodístico, porque encubre el nombre de homicidio agravado, y lo encubre casi con un sentido justificatorio, decirle paliza, como apareció en varios medios, es, simplemente, no llamar las cosas por su nombre”
En la nota de opinión “Una confusión de ideas” (04/04/2014) se expresa que el discurso que otros medios tienen respecto de los linchamientos es erróneo y confunde:
“En estas últimas horas se ha dado enorme trascendencia mediática a otros hechos que, aunque igualmente brutales y repudiables, no son tan infrecuentes como parecen serlo, según se los ha presentado en estos días. En forma apresurada se aventuran diagnósticos y etiologías de una supuesta violencia colectiva que no es tal”.
El día 9 de abril la Contratapa del diario publica una nota titulada: “Los “miedos” de comunicación de masas” en la cual se asocia el problema de los linchamientos con el “fogoneo de los medios” que “automáticamente lo convirtieron en una epidemia que recorre el país y propagaron una fórmula: “Hartazgo por la inseguridad -vecinos indignados- ¡Vamos por ellos!””. Aquí se vincula directamente la rápida sucesión de casos de linchamientos con el mensaje de miedo que difunden los discursos de la mayoría de los medios. De este modo se los responsabiliza por los hechos y se advierte: “la fábrica de malestar está funcionando a pleno. Alguna vez tendrá que pagar por sus responsabilidades”. Sobre la nota, hay una fotografía de un joven con su rostro ensangrentado y su ropa rasgada, detrás un tumulto de gente. Esta imagen retrata a una víctima de linchamiento, luego de ser golpeada. Aquí los sentidos que se desprenden de esta fotografía en el marco de la nota, son distintos a los que pudimos observar con la misma imagen publicada en el diario Clarín en el capítulo anterior.
La fotografía funciona, al igual que el texto, como una acusación a los demás medios de comunicación: esta imagen representa la brutalidad, la violencia y el odio que aquí son mostrados constantemente como la consecuencia directa de lo que los discursos mediáticos generan.
Otra nota que vincula a los linchamientos con los medios de comunicación es “Periodismo que lincha: la gestión del miedo” (13/04/2014) en la cual Saintout destacó que la participación de los discursos mediáticos en la configuración de un “otro” peligroso generando una sensación de miedo tiene que ver con un trasfondo de intereses de cierto sector de la política.
La relación que se establece entre los linchamientos y los medios de comunicación en el discurso de Página/12, es una relación de responsabilidad: si bien estos hechos no ocurren a causa de los discursos de los demás medios de comunicación, si existe una estrecha conexión entre el relato de los medios y la concatenación de casos y el establecimiento de “olas”. Los discursos en los demás medios son puestos en cuestión en la narrativa de Página/12 y constituyen un elemento fundamental para la comprensión de estos hechos. La responsabilidad aquí atribuida a los medios recae en el ocultamiento de los linchamientos como homicidios y, como veremos más adelante, el uso político del tema.
Página/12 toma una postura sobre el tema y elabora su argumento desde la crítica al discurso justificatorio exhibido en otros medios a través de nombrar a los hechos como “asesinatos”, “homicidios”, “ataques colectivos y virulentos”, etc. Estas definiciones no otorgan espacio a múltiples interpretaciones, el discurso del diario repudia estos actos a lo largo de sus páginas. De este modo, encontramos en varias ocasiones, las palabras “linchamiento” o “justicia” por mano propia entre comillas, en pos de poner en discusión el tema. A diferencia de los otros diarios, aquí la narración del hecho pone foco en el accionar violento de un grupo de personas en detrimento del robo o hecho previo.
Las múltiples notas de opinión destacan, en su mayoría, el nivel de violencia con la que ocurren estos hechos tratando de elaborar una explicación causal de los mismos, muchas veces mirando con detenimiento el accionar de los medios de comunicación. Si bien se deja en claro, como mencionamos anteriormente, que los discursos de los medios de comunicación no son causa suficiente ni válida para que estos hechos ocurran, también se sostiene que tienen parte de la responsabilidad, poniendo en evidencia la construcción de los linchamientos como un problema de agenda en los demás medios de comunicación. En este sentido sostenemos que Página/12 se posiciona como un agente externo al grupo de medios de comunicación hegemónicos al cual se refiere en sus páginas, y los responsabiliza por construir discursos difusos o erróneos sobre los linchamientos.
En síntesis, las noticias de este diario se caracterizan, y a la vez se diferencian de las otras, por tematizar a los medios de comunicación y responsabilizarlos por los hechos de violencia. Los linchamientos aquí son representados en tanto prácticas del orden de la ilegalidad cuya imagen es distorsionada en los medios de comunicación provocando un “efecto contagio” en la población. El linchamiento es mostrado por Página/12 como producto del odio que cierta parte de la ciudadanía tiene hacia el “otro”.
Estado, gobierno y gestión de la seguridad
Como vimos, los linchamientos se convirtieron rápidamente en un problema de interés público. Esto puede verse tanto en la construcción, por parte de los medios gráficos, del tema como un problema de inseguridad, pero también en la migración de las noticias de la sección en la que suelen aparecer (Seguridad, Policiales y Sociedad) hacia secciones como Política, Opinión y Editoriales. A su vez, el tema estuvo en boca de numerosos funcionarios y políticos y hasta llegó a impactar en políticas públicas concretas, como el decreto 220/2014[1] sobre la “emergencia en seguridad” en la provincia de Buenos Aires llevado adelante por el entonces gobernador Daniel Scioli, que proponía una serie de medidas para “combatir” la inseguridad.
El 2 de abril La Nación publicó una nota en la sección Política, cuyo encabezado titulaba: “Inseguridad en el centro del debate político”, acompañado de una imagen, similar a una infografía, que compara varios de los temas vinculados con la seguridad ciudadana que habían sido foco de discusiones públicas. El último dibujo muestra a dos personas pegándole a otra, sobre esto se puede leer: “La serie de episodios recientes activó la discusión sobre el rol del Estado como garante de la seguridad”. Dejando en claro en principio que los linchamientos son el “nuevo problema de la inseguridad” pero que además están relacionados con el accionar del Estado que debería garantizar la seguridad y aparentemente no lo hace. En las otras figuras se hace referencia a las penalidades que podrían ser modificadas con la aplicación de la reciente reforma del Código Penal. La nota[2] que se encuentra debajo de la infografía, relata la discusión entre algunos referentes del oficialismo y la oposición en torno a los linchamientos, apuntando que los linchamientos, al igual que la reforma del Código Penal, marcaron una división de posturas que coincide con la pertenencia a partidos políticos. Nuevamente la figura de Massa se ubica en un lugar privilegiado. El subtítulo, a modo de resumen de la nota, sostiene: “Capitanich y Zaffaroni apuntaron a Massa por haber vinculado los hechos con la “ausencia del Estado”; Macri retomó la línea del tigrense y Binner los relacionó con la impunidad”.
La Nación retoma de manera sistemática en sus notas políticas los “cruces” o discusiones entre los distintos funcionarios y políticos sobre el problema de los linchamientos en particular y del manejo de la seguridad. En la nota titulada “Cristina reavivó el debate por las golpizas a supuestos delincuentes” (03/04/2014), se retomó una frase de la mandataria en un discurso en el cual hizo mención al tema de los linchamientos en términos de “venganza” y fue comparado con otros dichos de políticos y funcionarios públicos.
Clarín publicó una noticia titulada: “Sergio Massa habló de un Estado Ausente” (01/04/2014), donde el entonces diputado relacionaba a los linchamientos con la falta de presencia del Estado. Allí aparecen resaltadas algunas frases enunciadas por Massa en las cuales referencia que el Estado no estaba garantizando el estado de derecho y que los linchamientos “aparecen porque hay un Estado ausente”. Además, en la nota se destaca la vinculación que realizó el diputado entre los linchamientos y “los mensajes que se dan desde el Estado”, asegurando que estos deberían ser más duros con quienes cometen delitos.
En otra nota de la sección El país, se hace referencia a los dichos de la presidenta en torno al problema de los linchamientos, entre otras cosas. La nota sostiene desde su titular que el tema discutido es la inseguridad: “Inseguridad: Cristina pidió que no se agiten los “deseos de venganza”. En la fotografía de considerable tamaño que se encuentra debajo del titular se la puede ver a la presidenta en una pose “festiva”, agitando un pañuelo. Una imagen que contrasta no sólo con el titular, sino con el clima social del momento, que según los discursos mediáticos estaba signado por la inseguridad y la furia vecinal. Por otro lado, la nota comienza diciendo que la presidenta:
“No mencionó de manera directa la inseguridad, los crímenes que a diarios se cometen en robos, entraderas o disputas narco, ni los linchamientos de los ultimos días, como el escalofriante asesinato a golpes de un ladrón de 18 años en Rosario a manos – se dijo- de vecinos. Pero Cristina Kirchner sobrevoló ayer todos estos temas en un discurso ambiguo en el que exhortó a mantener la calma.” (Clarín, 01/04/2014)
Tanto los robos como el narcotráfico y los linchamientos son temas de la agenda de la inseguridad que Cristina omite en sus discursos. La nota se refiere a un discurso que la presidenta realizó en cadena nacional en pos de presentar un plan para la lucha contra las adicciones. Sin embargo, el eje de la nota se centra en lo que la presidenta no mencionó directamente, implicando el discurso del diario, que la inseguridad se configura como un tema de actualidad sobre el cual Cristina debería haber hecho alusión.
Por otro lado, en el fragmento citado podemos ver como el problema de los linchamientos, que en las demás noticias del diario son referidas como golpizas a motochorros, aquí se lo nombra como un asesinato a golpes. Ese cambio en la denominación del hecho, sostenemos, se debe al énfasis y a la importancia que aquí se le otorga a la inseguridad, ya que esos hechos también son parte de ella. Si bien este diario no ubicó al debate sobre los linchamientos en la sección Política, sí hizo noticiables los dichos de los funcionarios. En múltiples notas Policiales se retoman las discusiones más importantes entre políticos y funcionarios, ubicándolas visualmente en los márgenes de las páginas junto a fotografías de los mismos.
En Página/12 también se publicaron notas respecto del debate político, presentando las distintas voces del campo político a partir de una división, pero no en términos de oficialismo y oposición, sino entre quienes avalan estos hechos y quienes lo repudian. “Contra los discursos justificatorios” (05/04/2014) retoma los dichos del ministro de Defensa, Agustín Rossi sobre las valoraciones hechas por políticos y funcionarios de la oposición: “El ministro Agustín Rossi dijo que el discurso de Massa y Macri es “peligroso”. La diputada Juliana Di Tullio reclamó responsabilidad a quienes tienen cargos públicos y a los medios”.
Una noticia publicada en la sección El país sostiene que los linchamientos siguen generando polémicas entre los dirigentes políticos. “Los que entienden y los que repudian” (03/04/2014) divide en dos a los políticos en función de sus discursos respecto de los linchamientos: por un lado, se encuentra Mauricio Macri que “volvió a justificar los ataques” e “insistió en “explicar” la conducta de los asesinos, aunque al final tuvo que aclarar que `no los avala´” y el titular de la UCR, Ernesto Sanz, quien vinculó los hechos con la ausencia estatal. Por el otro lado, Daniel Scioli y Juliana Di Tullio quienes sostienen que estos hechos son delitos.
En este sentido, el diario toma una postura en contra de estos hechos, y a partir de allí, elabora una división en dos grupos. La tapa del día 4 de abril constó de una fotografía de gran tamaño de Mauricio Macri con la mano sobre la boca bajo el título “De repudiar ni hablar” (04/04/2014). La tapa hacía referencia a la negativa por parte del PRO, presidido por Mauricio Macri, ante un proyecto de ley para repudiar a los linchamientos en la legislatura porteña. De todos los temas del día, ese fue el elegido para encabezar la tapa del diario, junto con una foto del jefe de gobierno porteño. En la nota que viene de tapa: “El PRO frenó un repudio a los linchamientos” (04/04/2014) se narra como el partido liderado por Macri, votó en contra del tratamiento de un proyecto de ley para repudiar los linchamientos, en la legislatura porteña. Sin embargo, hacia el final del texto se aclara que se llamó a un cuarto intermedio con el fin de que todos los legisladores aprobaran el repudio, en el cual se decidió reemplazar la palabra “repudio” por la frase “profunda preocupación”, así el nuevo texto terminó siendo aprobado.
Si bien el discurso de Página/12 no responsabiliza a Mauricio Macri ni a su gestión por los hechos de violencia, se lo muestra con una postura que no es la del repudio total y contundente hacia esos actos, ubicándolo así del lado de “los que entienden” y justifican los ataques, como se menciona en otras notas.
Más allá de la cobertura de los dichos de funcionarios dentro del campo político, en Clarín y La Nación, los linchamientos aparecen particularmente ligados a la política mayormente en las notas de las secciones Opinión y Editoriales, a partir de las múltiples vinculaciones que se le atribuyeron al gobierno de Cristina Kirchner con estos hechos de violencia. Consideramos que las notas editoriales abordan los temas más relevantes del momento otorgándole un marco para comprenderlo, ya que pretenden informar y encabezar la opinión pública, interpretando al lector la noticia del día y señalando su significado (Bond, 1965). Nos detendremos a continuación brevemente en los editoriales que fueron elaborados por la prensa gráfica sobre los linchamientos, intentando dar cuenta de su marco interpretativo.
En materia editorial, Clarín publicó una nota titulada “El virus del vale todo” (01/04/2014) en donde se hace referencia explícita a los linchamientos como consecuencia del problema de la inseguridad y la ausencia del Estado. Allí se destaca que: “los linchamientos son una vuelta de tuerca de la inseguridad” porque “no hay justicia”. De manera breve pero concisa, la nota advierte que los casos de linchamientos conocidos hasta el momento no son hechos aislados y que, cual virus, comenzarían a replicarse cada vez con mayor rapidez. Si bien se hace mención a la ausencia estatal como un causal directo, no deja de apuntarse que le violencia es provocada por “un gobierno de brazos cruzados”. El editorial, como vemos, adquiere además un valor político, si bien los hechos ocurrieron en varios lugares del país, el Estado es nombrado como sinónimo del gobierno nacional, en detrimento de las distintas jurisdicciones.
Con mayor claridad se expresan estas ideas en el editorial de La Nación titulado “Inseguridad y justicia por mano propia” (06/04/2014). Allí se hace referencia a la estrecha relación entre el mal accionar del gobierno de turno, la ausencia estatal, la justicia, la inseguridad y los linchamientos. Entre los primeros párrafos se destaca que:
“Los lamentables y repudiables episodios en los que enardecidos vecinos de distintas ciudades del país intentaron llevar a cabo una injustificable justicia por mano propia […] es una consecuencia directa del absoluto fracaso del gobierno nacional en la lucha contra el delito.” (La Nación, 06/04/2014)
Aunque injustificable, el accionar de los vecinos se muestra como un acto justiciero frente a la delincuencia que el gobierno nacional no pudo frenar. La nota apunta que la gestión de la seguridad en materia delictiva del gobierno de turno fracasó rotundamente, así, se menciona que el Estado “se retiró de las calles cediéndoselas a los delincuentes”. Por otro lado, si estos hechos son acciones justicieras, implica que la justicia no funciona como debería, en ese sentido, el texto avanza argumentando que la justicia es lenta, pero a la vez “obligada a aplicar normas condescendientes con quienes delinquen”. No se explicita quién o qué obliga a la justicia a tomar ese tipo de decisiones, pero se deja entender que es controlado o manejado por alguien más. Más adelante en la nota, se vuelve a señalar al gobierno nacional como causante del impulso de una ola de inseguridad: “la actitud de las autoridades nacionales ante la creciente ola delictiva es más la de una indiferencia patológica que termina imprimiéndole un mayor impulso a esa ola”.
Para la editorial de La Nación, los hechos denominados como justicia por mano propia no se pueden escindir del problema de la inseguridad, una inseguridad que es consecuencia no sólo del ausentismo estatal y del mal funcionamiento de la justicia, sino, y particularmente, por el accionar del gobierno nacional.
El diario Clarín no se caracteriza por tener una amplia sección de Opinión, de hecho, las notas de opinión son breves y se encuentran distribuidas espacialmente entre todas las secciones del diario. Sin embargo, la temática fue eje de varias notas.
En la nota de opinión “El gatillo de la locura colectiva” (27/03/2014) Hector Gambini escribió: “Un hecho: la inseguridad encabeza la preocupación social. […] Otro hecho: se abre un debate nacional sobre un anteproyecto de Código Penal […] Otro hecho más: el Servicio Penitenciario, más que resociabilizar presos, los humilla […] De esos platos va a comer el monstruo de la justicia por mano propia.” El Código Penal, el servicio penitenciario y la inseguridad, alimentarían al “monstruo de la justicia por mano propia”, que aparece como una entidad independiente de las personas que la ejercen (o dicen ejercerla) al golpear a un supuesto delincuente. En este tipo de relatos se vincula a estos hechos no sólo con la inseguridad, sino también con la justicia y las fuerzas de seguridad.
Por otro lado, la ausencia del Estado aparece como causa directa de los linchamientos. En la nota de opinión “Reacción penosa de una sociedad desprotegida” (01/04/2014), Diana Cohen Agrest sostiene que: “El fenómeno que se dio en los últimos días es una consecuencia penosa de una sociedad que se siente desprotegida por un Estado que hasta hace muy poco tiempo negó el delito y lo cubrió con el eufemismo de la ¨sensación de inseguridad¨.”
En “La fórmula matemática de los linchamientos” (07/04/2014), el sociólogo Aldo Isuani, sostuvo que los linchamientos son consecuencia de la suma entre una Sociedad anómica y un “Estado anémico”. Remarca, además, que el comportamiento anómico “se agudizó con la descomposición social ocurrida en el mundo laboral, la dinámica barrial y la familia en la década menemista y se profundizó en la etapa kirchnerista[3]”. Es decir, que no es el solamente Estado el causante de la anomia social, sino que son quienes lo administran los responsables de la profundización del problema. Aquí encontramos también una vinculación directa de los linchamientos con la política del gobierno de turno.
Por su parte, La Nación publica una mayor cantidad de notas de opinión que los otros medios, de las cuales sólo destacaremos algunas a modo de ejemplo.
En “Justicia por mano propia en calles sin ley” (01/04/2014) se narra el crecimiento de la violencia social a partir del caso de David Moreira como consecuencia de un “Estado impotente”. Sin embargo, termina concluyendo que: “el problema no es sólo que el Estado a veces está ausente. Lo grave es que incluso cuando está presente enseña que aceptar los límites que marca la ley es sólo para los giles o los tibios”, lo cual, en última instancia, más que al Estado, se está referenciando al gobierno del momento.
En otra nota titulada “El kirchnerismo propicia el Far West” (05/04/2014) se acusa directamente al gobierno de haber propiciado la marginalidad y la violencia: “El kirchnerismo propicia el Far West. […] En materia de seguridad, el cristinismo es hoy anarcoliberal: que cada uno se arregle como pueda.” Aquí se relaciona a los linchamientos como un problema de inseguridad que no fue resuelto por el gobierno, quien es además, quien propicia situaciones en las que cada uno está a merced del otro, donde a imagen del far west, no hay leyes ni políticas que aseguren la seguridad ciudadana. En línea con esto, Joaquín Morales Solá, un periodista reconocido que asiduamente publica notas de opinión en el diario, publicó la nota: “Se quebró un contrato básico” (02/04/2014). En ella se hace referencia a una cuestión que aparece en varias noticias y reflexiones mediáticas, la ruptura del “contrato social” por parte de la ciudadanía al ejercer ellos mismos el monopolio de la violencia. La nota supone que la sociedad está atravesando un momento donde la violencia es protagonista, allí se encuentra una conexión con los hechos de linchamientos, en este sentido, se intenta explicar las causas de la violencia social: “La violencia está en la sociedad argentina, porque palabras violentas la impregnan desde hace demasiado tiempo. Un discurso oficial insiste en que el otro es un enemigo, y los enemigos no merecen piedad. La práctica del “escrache”, una forma de identificar al enemigo que nació con el fascismo y se perfeccionó con el nazismo, tuvo como víctima a cualquier crítico del kirchnerismo. La sociedad sólo necesitaba el hartazgo para convertirse en tan violenta como muchos de sus referentes políticos o sociales.”
La violencia social tiene su origen, según la nota, en la violencia irradiada por el discurso oficial de Cristina Kirchner y las prácticas de escrache llevadas adelante por el kirchnerismo en general. También se referencia al hartazgo de la sociedad, mencionado usualmente en el discurso de algunos políticos y en los medios, el cual refiere a un tipo de hartazgo, el relativo a la inseguridad. El texto prosigue sobre esto: “La criminalidad existe. No es sólo una sensación, como aseguran funcionarios que no saben hacer nada. […] Para peor, ni el Gobierno ni la presidenta hablan nunca de la criminalidad. Cristina ni siquiera habló de ella cuando se refirió a los hechos violentos de los últimos días”
Aquí se acusa nuevamente al gobierno de ocultar la criminalidad, pero por sobre todo se le reprocha no haber hablado sobre el tema en los discursos oficiales. Como se puede apreciar, el texto realiza una constante vinculación entre violencia, criminalidad y la figura de Cristina Kirchner en particular y del kirchnerismo en general. De esta manera se hace explícita la estrecha relación que el discurso de La Nación expresa entre los linchamientos y el gobierno de Cristina Kirchner. Esta vinculación no aparece solamente en referencia a la gestión de la seguridad, sino también al discurso oficial y a las modalidades de accionar del gobierno que, en el relato mediático, recaen particularmente sobre la figura de la presidenta.
Tanto en el discurso de Clarín, como en el de La Nación, existe una asociación entre los hechos violentos, denominados como actos de justicia por mano propia, y la gestión del gobierno de turno, que aparece mayormente en las notas de opinión y editoriales. Sin embargo, esta vinculación no sólo refiere a la manera de gestionar la seguridad, sino también a los propios modos discursivos de la presidenta, en ese sentido, en estos medios se le reprocha que no hable del delito o que tenga un discurso violento y de división social. Pero, como mencionamos anteriormente, si bien estos hechos ocurrieron en varios puntos del país, la responsabilidad es atribuida únicamente a la figura de Cristina Kirchner, en detrimento, por ejemplo, del jefe de gobierno porteño (distrito en el que ocurrieron varios hechos).
Podemos observar aquí un discurso que constantemente exhibe argumentos en pos de demostrar la ineficacia y el fracaso de cierto sector de la dirigencia política. Con mayor énfasis en la figura de Cristina Kirchner como autora singular de la gestión, las notas de opinión y editoriales, junto con la vasta cantidad de noticias en las secciones policiales y seguridad, funcionaron como lugar de mostración de que el problema de la inseguridad estaba lejos de ser resuelto. La inseguridad es una de las temáticas de mayor peso en la agenda electoral, por lo tanto, este señalamiento constante supondría ubicar (al menos desde el discurso de estos medios) al kirchnerismo en un lugar marginal para disputar las elecciones del año próximo.
A su vez, en los medios se mostró una figura que se destacaba por sus declaraciones públicas, Sergio Massa, quien interpretó los hechos a partir del argumento de la ausencia del Estado. En ambos diarios se retomaron esos dichos y luego se exhibió el debate entre quienes estaban de acuerdo con Massa y quienes interpretaban estos hechos desde otra perspectiva. La figura de Massa ya había ocupado las páginas de los diarios a partir de sus declaraciones sobre la reforma penal, pero cuando se dieron a conocer los casos de linchamientos en nuestro país, los dichos del diputado y futuro candidato a presidente fueron protagonistas otra vez de las notas de Clarín y La Nación. A partir de sus intervenciones sobre seguridad, desde el discurso mediático se posicionó a Massa como uno de los candidatos, por el momento, más relevantes para disputar la elección del año 2015.
Por otro lado, Página/12 no construye el problema de los linchamientos en términos de inseguridad, a partir de allí, tampoco encontramos notas que reflexionen en torno a la gestión de la seguridad por parte de los gobiernos nacional y/o provinciales. Aquí se retoma, aunque en pocas notas, los dichos de los políticos sobre los linchamientos, dividiendo a este grupo en dos sectores: quienes repudian este accionar y quienes lo justifican. En línea con esto, se toma a la figura de Mauricio Macri como representante de quienes justifican este accionar, retomando en varias noticias sus declaraciones sobre los hechos. Sin embargo, el eje del problema de los linchamientos, para este medio, está en los relatos de los medios de comunicación hegemónicos, que no los culpabiliza, pero los responsabiliza. En este sentido, el debate político queda en un plano más alejado respecto de los discursos mediáticos.
En suma, acorde el tema fue ganando espacio en la agenda mediática, debido a la reiteración de hechos similares, se convirtió en un problema que merecía ser debatido públicamente. A partir de su vinculación con la inseguridad, proliferaron las voces de múltiples dirigentes y funcionarios que tomaron una postura frente a los hechos, proponiendo una salida más o menos punitiva. Tal como apuntan McCombs y Evatt (1995), las consecuencias del establecimiento de agenda pueden ser de largo alcance cuando tienen la capacidad de alterar las políticas públicas o los resultados de una elección. Como ya mencionamos, el año 2014 fue un año clave para la disputa electoral del año que siguió. Por lo tanto, sostenemos que las noticias, notas de opinión y editoriales que en su discurso elaboraron una crítica hacia las políticas securitarias, la presencia estatal y la justicia, por un lado, y hacia el discurso de los medios de comunicación por el otro, funcionaron como insumo político para que los candidatos elaboraran un discurso sobre la seguridad, que serviría para posicionarse en la disputa electoral del año siguiente.
Para cerrar
Los hechos de linchamientos que tuvieron lugar en nuestro país en el primer cuarto del año 2014 fueron representados en los medios gráficos de diversas maneras, sin embargo, en los tres diarios que aquí analizamos se los presentó como acontecimientos extraordinarios que irrumpieron en la cotidianeidad. Fueron mostrados especialmente a partir de su carácter espectacular, poniendo énfasis en la rápida reproducción de hechos similares. Sin embargo, el criterio por el cual estos hechos se convirtieron en espectaculares, presenta diferencias al interior de cada discurso mediático.
En Clarín y La Nación fueron comprendidos como nuevos casos de inseguridad, en tanto se consideraron como reacciones frente a un robo. En este sentido, fueron mostrados como hechos caracterizados por una voluntad de impartir justicia en momentos en que las autoridades encargadas de ello permanecían ausentes. “Detenciones”, hechos de “justicia por mano propia” y “reacciones” fueron algunas de las maneras en que se aludió a los linchamientos en las páginas de ambos diarios. Junto con las imágenes que acompañan las noticias, lejos de mostrarlos como hechos que se encuentran en los márgenes de la legalidad o en su carácter violento, se los exhibe como la respuesta de una ciudadanía cansada ante los incesantes hechos de inseguridad.
La exhibición reiterada de casos de linchamientos en un periodo corto de tiempo supuso, en estos medios, la conformación de una nueva “ola de inseguridad”. La vinculación de estos hechos con la inseguridad, junto con la exposición constante de noticias de esta índole en la prensa gráfica fueron convirtiendo rápidamente a los linchamientos en un tema que requirió del debate público. Desde otra perspectiva, pero con igual reiteración noticiosa, Página/12 ubicó al tema como un acontecimiento importante en su agenda, calificando a los linchamientos como homicidios y mostrándolos como un problema de violencia social especialmente impulsado por los discursos mediáticos hegemónicos.
A pocos días del primer caso de linchamiento noticiado en marzo del 2014, los linchamientos fueron examinados por múltiples actores que alzaron su voz con una postura determinada. Las noticias de la prensa gráfica retomaron las declaraciones públicas de funcionarios del gobierno, políticos de la oposición y demás actores del campo político en relación a estos hechos. En este sentido, sostenemos que la agenda de los medios no sólo señaló que los linchamientos eran un tema debatible, sino que, además, orientó ese debate desde el problema de la inseguridad. Es decir, a partir de la puesta en escena de estos hechos como parte de la inseguridad, quedó demarcada la agenda mediática sobre un problema que ponía en juego la gestión de la seguridad y la justicia.
Tanto en Clarín como en La Nación, el problema de los linchamientos fue tratado de manera extensa en las páginas de Opinión y Editoriales. Allí, se reforzaron ideas circulantes en el imaginario social sobre el funcionamiento de la justicia, las autoridades policiales y la gestión del gobierno de turno en general. En términos generales, según pudimos exponer a lo largo de estas páginas, el problema de los linchamientos fue abordado por estos medios a partir de su vinculación con el gobierno de turno. En la mayor parte de las notas de opinión y los editoriales, se enfoca a la figura de Cristina Kirchner como impulsora de prácticas violentas y de odio, así como también se apunta a su gobierno como ineficaz en la lucha contra la inseguridad. Por otro lado, Página/12 vinculó esta problemática directamente con los discursos mediáticos hegemónicos. Si bien no los apunta como causales de los linchamientos, los responsabiliza por haber establecido a lo largo de los años, discursos en los que se construyen estereotipos negativos que relacionan a las clases populares con la delincuencia y la peligrosidad, generando así una división social fomentada por el miedo y el odio. La violencia, generada a partir del odio arraigado en gran parte de la clase media, es el hilo conductor que explica, en este medio, los continuos hechos de linchamientos, sin embargo, la responsabilidad discursiva del sentimiento de miedo y odio de la clase media recae enteramente sobre los (demás) medios de comunicación.
Estas diferencias en la representación de los linchamientos en los tres diarios se pueden explicar a partir de que los medios de comunicación, como cualquier actor político, representan ciertos intereses sociales, políticos y económicos de sectores con los que se vinculan. En el caso que aquí trabajamos, podemos comprender que, en términos políticos, el discurso de Página/12 representa, en cierta medida, la voz del oficialismo mientras que Clarín y La Nación, reproducen mayoritariamente un discurso opositor, que funciona como crítica al gobierno del momento. A diferencia de estos últimos, el contrato de lectura de Página/12 no supone una expresión de la actualidad narrada a partir de la premisa de la objetividad, por el contrario, se propone como un discurso argumentativo y reflexivo en el cual aparecen frecuentemente posicionamientos políticos claros por parte de sus periodistas y escritores.
Estos discursos a la vez que impusieron agenda sobre lo que se debía discutir, transformaron a los linchamientos en un insumo político, a través de la imposición del tema marco que los engloba: la inseguridad. Así se delinearon posicionamientos estratégicos para las candidaturas del año 2015. En términos de exposición mediática, en Clarín y La Nación asistimos, por un lado, a una hipervisibilización de la figura de Cristina Kirchner en relación a su mala gestión, y a características (negativas) de su personalidad en varias ocasiones, y por el otro, a una mayor visibilización de la figura de Sergio Massa como futuro candidato a presidente, a partir de sus declaraciones relativas a la seguridad ciudadana que ya venía exponiendo desde la presentación de reforma del Código Penal, semanas antes. En Página/12 el foco estuvo puesto en las acciones y declaraciones del jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, un actor marginal en el discurso de los otros medios. Esta exposición mediática por la cual, dependiendo el medio, se le otorgó mayor visibilidad a una figura política por sobre otra, se configuró como una forma de imponer los propios intereses mediáticos.
Los discursos sobre los linchamientos de la prensa gráfica, impusieron un modo de mirar la realidad del momento: para Clarín y La Nación, el escenario social estaba signado por la inseguridad, debido a la mala gestión gubernamental, y en el discurso de Página/12, la realidad social respondía a una marcada violencia y un sentimiento de odio hacia el “otro” fomentado por los medios de comunicación hegemónicos. En este sentido, los linchamientos como problema público también sirvieron para la construcción de nuevas imágenes políticas y la reconstrucción de algunas ya conocidas. Los discursos textuales y las publicaciones de fotografías de varios actores del campo político en noticias relacionadas al problema de los linchamientos contribuyeron a seguir delineando un límite entre dos sectores políticos: el gobierno nacional y la oposición. Cada medio le atribuyó diversos sentidos a esta división, Clarín, publicó una fotografía de la presidenta en una pose de festejo, enmarcada en una noticia que denunciaba su poca preocupación por el problema al hacer omisión de este en sus discursos, mientras que Página/12 publicaba en su tapa una imagen del jefe de gobierno porteño con la boca tapada, denunciando la falta de repudio a los hechos ocurridos dentro de su distrito en sus declaraciones públicas. En este sentido, el discurso de los tres medios visibiliza, desde distintas perspectivas, los aciertos y errores en materia de seguridad ciudadana de las declaraciones públicas de las figuras políticas más importantes. Las fotografías lejos de ilustrar la nota, resaltan los sentidos desplegados en el discurso textual sobre esas figuras, nos muestran, entonces, gestos festivos, relajados u ofuscados, caras enojadas o sonrientes y posturas corporales diversas, que hacen entre todas a la permanente construcción de las figuras políticas en la prensa gráfica.
Diversos son los elementos que hacen a la representación de los linchamientos como problema en la prensa gráfica: desde su definición como un hecho justiciero o ilegal, como una reacción o un acto violento, hasta la visibilización u ocultamiento de sus actores a partir de las formas de construirlos. Sin embargo, todos ellos coinciden en un punto: la relevancia mediática y posteriormente pública del tema, radica en su potencia para imponer sentidos sobre la seguridad ciudadana. La gestión de la seguridad o la inseguridad como problema, son dos grandes marcadores de agenda, pero no sólo a nivel mediático, sino también (y principalmente) a nivel electoral. Así, el surgimiento de los linchamientos como parte del problema de la inseguridad que se estableció en la agenda pública y mediática en el 2014, permite observar la capacidad que tuvo la inseguridad como uno de los problemas de mayor relevancia política, para desprestigiar la imagen de un gobierno y ocultar o visibilizar ciertas figuras en la escena política que pretenden brindar soluciones satisfactorias al problema.
- Disponible en: http://www.saij.gob.ar/220-local-buenos-aires-declarar-emergencia-materia-seguridad-publica-todo-territorio-provincia-termino-12-meses-b20140000220-2014-04-04/123456789-0abc-022-0000-4102bvorpced↵
- “Duras acusaciones entre oficialistas y opositores por los linchamientos” (02/04/2014)↵
- El resaltado en las tres notas pertenece al formato del diario.↵







