Las violencias colectivas y los linchamientos en particular, aparecen con cierta frecuencia en la escena pública, constituyéndose como fuente de noticias que ponen el foco en el grado de espectacularidad del hecho y que se expresan con mayor o menor preocupación al interpretar los hechos como un problema social. El tema se presenta, en los medios de comunicación masiva, como un problema apto para el debate sobre diversos aspectos: en primer lugar, sobre la seguridad ciudadana y el funcionamiento de las instituciones del Estado (específicamente la Policía y la Justicia), y, en menor medida, acerca de la ruptura de lazos sociales y la violencia social.
Estudiar la manera en que los medios elaboran representaciones sobre estas acciones implica dar cuenta de una serie de factores relativos a las construcciones que allí se presentan sobre los sujetos que participan del linchamiento, la concepción del mismo como práctica y, en última instancia, la legitimación o no de ésta. La presente tesis avanzó en esa línea, tratando de desentrañar cómo fueron representadas esas acciones y porqué fueron constituidas como un problema público de relevancia mediática en el año 2014.
Comprendemos a los linchamientos como acciones colectivas de violencia punitiva que se configuran como materializaciones de discursos que (re)producen una frontera social entre “vecinos” y “delincuentes”. En este sentido, la hipótesis que estructuró la investigación sostiene que los medios de comunicación se constituyen como actores relevantes en la profundización de dicha frontera ya que, a través de la imposición del tema en la agenda, lograron presentar a los linchamientos como hechos de inseguridad en vez de mostrarlos como acciones violentas y punitivas en manos de un sector de la ciudadanía. Así presentado, el tema sirvió como insumo político y mediático para imponer los propios sentidos sobre la seguridad y su gestión. A su vez, sostenemos que la irrupción de la sucesión de hechos de linchamientos en 2014 se corresponde con demandas de mayor castigo de un sector de la sociedad, también presentes en los discursos de los medios de comunicación.
En el primer capítulo expusimos y desarrollamos el contexto noticioso en el cual se insertaron las noticias sobre linchamientos en los tres medios estudiados. Encontramos que el anteproyecto de reforma del Código Penal presentado a principios del 2014 se conformó como un elemento que permitió abrir una serie de debates relativos a la cuestión de la seguridad. Las primeras críticas fueron elaboradas por Sergio Massa, cuyo partido no estaba incluido en la comisión multipartidaria que elaboró el proyecto, adquiriendo rápidamente un alto impacto mediático. Esto desencadenó en una serie de críticas de varios partidos de la oposición, lo cual permitió que cierta parte de la prensa gráfica clasificara al anteproyecto de reforma como “el borrador K”. Por otra parte, dimos cuenta de que la prensa comenzó a exhibir al mismo tiempo, “la voz” de la ciudadanía a través de múltiples encuestas de opinión sobre el tema de la inseguridad, las cuales coincidían en una actitud mayoritariamente punitivista frente a los problemas de seguridad ciudadana, como robos o delitos comunes. De esta manera, en la mayor parte de los medios se entrecruzan discursos políticos que sostenían que el Código Penal propuesto tendía a ser más laxo con la delincuencia, junto con la opinión de la ciudadanía que, según las encuestas, demandaba mayores castigos.
Sostenemos que los tres diarios presentan las noticias de acuerdo con sus propios intereses políticos y económicos, tal es así que mientras Clarín y La Nación publicaban las críticas más fuertes por parte del sector político opositor y exhibía el descontento de la ciudadanía con el estado de situación securitario, Página/12 sostenía, al igual que el gobierno nacional, la necesidad de realizar la reforma, resaltando los puntos más destacados del proyecto y mostrando la adhesión de varios sectores de la política y de la sociedad.
En este contexto, un grupo de personas golpeó hasta la muerte a un supuesto ladrón en Rosario, acto que se constituyó como el primero de una cadena de hechos similares de golpizas a supuestos ladrones. La “ola de linchamientos” presentada en los medios en marzo y abril del 2014 tuvo su origen en un escenario en el cual la agenda mediática estaba destinada casi de manera exclusiva al problema de la seguridad y su tratamiento.
Logramos comprobar, a lo largo del primer capítulo, parte de nuestra hipótesis, que sostiene que la agenda mediática impuesta sobre el tema de la seguridad y la reforma penal reactivó demandas punitivas por un sector de la ciudadanía. Si bien no podemos determinar si esas demandas de castigo presentadas en los medios a través de encuestas reflejan fehacientemente la opinión mayoritaria de la población o presentan sesgos, sostenemos que hubo una materialización violenta de un discurso contra “el otro” (encarnado la delincuencia, específicamente en el ladrón callejero) que tuvo lugar con las acciones de linchamientos. Según definimos en primer lugar, consideramos que estos hechos no pueden comprenderse sin los factores punitivos, colectivos y violentos que los configuran. Aquí, dimos cuenta de la presencia del factor punitivo en los medios de comunicación como tema relevante en la agenda, pero a la vez, encontramos que ese punitivismo estaba dirigido enteramente hacia un sector de la delincuencia, sobre todo hacia el joven de clase popular. En este sentido, consideramos que los discursos mediáticos tienden a crear y recrear estereotipos que terminan por generar una frontera social que divide dicotómicamente a “los buenos” y “los malos”, “los civilizados” y “los bárbaros”, “los vecinos” y “los delincuentes”, “las víctimas” y “los victimarios”.
El segundo capítulo expresa con mayor claridad la reproducción de esta frontera social que se pone en juego en los medios de comunicación. Allí sostenemos, en adición a lo anterior, que estos actores son centrales en la profundización de dicha frontera, al presentar a los sujetos de linchamientos acorde a los estereotipos previamente elaborados. En línea con esto, dimos cuenta cómo en las noticias de linchamientos gran parte de los discursos de los medios posicionan al “vecino” en el lugar de víctima (de la inseguridad), y al “motochorro” en el lugar de victimario, reproduciendo así el esquema estereotipado que suele aparecer en las noticias sobre inseguridad de las páginas policiales. Es decir, que las construcciones que la prensa elabora sobre los sujetos que tienen lugar en los linchamientos remiten a la situación previa al hecho en sí: quien detenta la violencia física en el acto de linchar, no es denominado como “linchador”, ni como “victimario” o “delincuente”, sino como “vecino” y también como “víctima” (de un robo), mientras que quien es víctima del acto violento, no se lo nombra a partir de su condición de objeto de la violencia, sino como “delincuente” o “motochorro”. Esto reproduce el discurso clásico de la crónica policial en la cual se establece una frontera que caracteriza a los sujetos de manera dicotómica: quien/es comete/n el acto criminal y quien/es se instituye/n como víctimas del mismo.
Sostuvimos en el desarrollo de este capítulo, que la profundización de esa frontera no está ligada solamente a la reproducción de ciertos estereotipos sino también a la visibilización y/o invisibilización de las acciones delictivas. Según se desprende del análisis, en Clarín y La Nación se presentan los hechos poniendo en primer plano la actitud criminal del “delincuente” en tanto se narra detenidamente el hecho del robo y se muestra al linchamiento como un acto desencadenado a partir de éste. En este sentido, el aparato mediático hegemónico reproduce el discurso de la víctima de la inseguridad como propio al presentar estos hechos a partir de la narración detenida del robo que “desencadenó” el hecho violento. Así, la noticia de linchamiento queda enmarcada dentro del conjunto de noticias sobre “la inseguridad”, representada como una “reacción” por parte de “un grupo de vecinos” ante un robo. En línea con esto, sostenemos que, si el linchamiento es presentado como un hecho más de inseguridad, no sólo se invisibiliza su carácter violento y delictivo, sino también a sus responsables.
Aquí entendidos como acciones violentas y punitivas, los linchamientos trastocan el binomio víctima-victimario clásicamente presentado por los medios de comunicación al tener como detentor del hecho delictivo y violento al sujeto comúnmente representado como víctima. Sin embargo, en los relatos de la prensa las figuras de víctima y victimario siguen siendo ocupadas por el “vecino” y el “delincuente” respectivamente. Esto se debe a que, por un lado, el accionar delictivo en manos del “vecino” se intenta invisibilizar, como vimos, y por el otro, a que el linchamiento en la prensa (principalmente en Clarín y La Nación) no es entendido como un hecho delictivo, violento ni punitivo. Existe aquí una operación de visibilización-invisibilización que se puede observar también en las fotografías publicadas al interior de las noticias: la mayoría de ellas apunta a mostrar los cuerpos lacerados de los linchados, imágenes que por excelencia plagan las secciones policiales de los diarios, mientras que sólo unas pocas fotografías permiten visualizar, aunque de manera muy difusa, a los perpetradores del daño físico. La manera de exhibir estas imágenes en la prensa contribuye a evocar aquel imaginario social que encasilla al joven de clase popular dentro del estereotipo de sujeto violento y peligroso. Esta operación, justifica la sensación de indefensión de la víctima poniendo en primer plano la criminalidad del linchado e invisibilizando el accionar delictivo del linchador, profundizando así la división existente entre “vecino” y “delincuente”.
Los linchamientos son construidos como un problema relevante en la agenda de los medios de comunicación no sólo porque son vinculados con la inseguridad y su gestión, sino también, y principalmente, porque ubican necesariamente como interlocutor a gran parte del campo político.
El tercer capítulo de la tesis indaga en ese sentido, dando cuenta de que, tal como planteamos inicialmente en la hipótesis, el tema sirvió como insumo político y mediático para imponer propios sentidos sobre la seguridad y su gestión. Analizando las diferencias discursivas de los distintos medios, encontramos que éstas se corresponden, en parte, con los intereses políticos y económicos que cada uno de ellos representa. En los diarios Clarín y La Nación, se presentó un escenario social signado por la inseguridad en el cual se insertaron los linchamientos como respuesta derivada del “hartazgo vecinal”, por otro lado, en Página/12, los linchamientos fueron construidos como un problema de odio y violencia social desprendido del discurso mediático hegemónico. Ambas realidades construidas en los medios, contribuyeron a la configuración de múltiples discursos acerca de la (in)seguridad, la justicia y el accionar estatal.
La agenda mediática quedó conformada por estos temas, los cuales se convirtieron en el eje de debate político por excelencia durante semanas. Así, dimos cuenta de que los medios no sólo pusieron en agenda el tema de los linchamientos, sino que también orientaron el debate respecto de cómo debía tratarse y qué otras problemáticas debían discutirse.
Como se desprende de la lectura del tercer capítulo, cada medio privilegió la exhibición de las declaraciones de distintos políticos acerca del problema, otorgándole mayor visibilidad a ciertas figuras políticas por sobre otras. Las noticias que retoman las declaraciones, discursos y/u omisiones de diversos políticos y funcionarios sobre la problemática fueron configurándose como una forma de imponer los propios sentidos de cada medio. En Página/12 las notas políticas sobre los linchamientos estuvieron concentradas en la figura de Mauricio Macri y de su partido, particularmente en cuanto a una acción de repudio hacia los linchamientos impulsada desde la legislatura porteña que, según el medio, el PRO habría frenado. En cuanto a Clarín y La Nación el problema fue abordado como un derivado de las políticas del gobierno nacional y de ciertas actitudes discursivas de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Al mismo tiempo, la figura de Sergio Massa fue ponderada a propósito de sus declaraciones sobre el tema, que traían a la luz la figura de un Estado ausente frente al problema de la inseguridad.
La inseguridad como temática es uno de los ejes más relevantes en los debates políticos, sobre todo en las candidaturas presidenciales, justamente porque es construido (mediáticamente) como uno de los problemas que más preocupan a la población. Sobre esto, seguimos el señalamiento de Martini (2007) quien apunta que la noticia policial es una noticia con un alto grado de valor político y tiene la capacidad de poner en duda la legitimidad de los gobernantes, de las instituciones y del sistema de representación democrática en su totalidad. En este capítulo pudimos ver como los linchamientos, instalados en agenda, funcionaron como insumo para el debate político acerca de la inseguridad, a través del cual los medios lograron posicionar políticamente a ciertas figuras en detrimento de otras, en un año que resultaría clave en cuanto a la definición de las candidaturas presidenciales para el año posterior.
Finalmente, concluimos que los linchamientos que tuvieron lugar en el año 2014 fueron representados por los medios de comunicación como hechos ajenos a la cotidianeidad que irrumpieron a causa del hartazgo de la ciudadanía ante la problemática de la inseguridad. Sin embargo, sostenemos que este accionar tiene un fuerte componente punitivo y violento que es invisibilizado en las construcciones noticiosas sobre el problema que tienen lugar particularmente en los diarios Clarín y La Nación. Por otra parte, si bien en Página/12 se muestran como hechos fundados en el odio, el problema es explicado casi de forma unívoca a partir de los discursos mediáticos hegemónicos que operan en contra del gobierno nacional. Si bien consideramos que los medios de comunicación contribuyen a la profundización de una frontera social, es menester remarcar que ésta no es creada exclusivamente por el aparato mediático.
Sostenemos aquí que las representaciones mediáticas sobre los linchamientos, particularmente enfocadas en el problema de la seguridad y su gestión, contribuyen, en última instancia, a la invisibilización de acciones de violencia sustentadas en una diferenciación social, que no necesariamente es de clase. La raíz de esta diferenciación podría hallarse, tal vez, en uno de los binomios fundadores de la Nación: el de civilización-barbarie, que supo arraigarse en el imaginario colectivo a lo largo de los años. Al presentar a los linchamientos como hechos de inseguridad, los medios exhiben un escenario en donde esa dicotomía se hace presente tanto en los discursos textuales como visuales. La víctima del linchamiento es representada a partir de características propias de la barbarie: como un sujeto violento, pobre, que delinque, y se encuentra en los márgenes de la sociedad, mientras que el “vecino”, aún con sangre en sus manos, continúa hegemonizando el lugar de la civilización. Algo similar ocurre con la victimización en esta serie de noticias: si bien quien recibe los golpes, es víctima del accionar violento, narrado a partir del robo, el lugar de víctima (de la inseguridad) es abarcado enteramente por el vecino. Ya construido discursivamente de esa forma, pareciera no haber posibilidad para reconfigurarlo como victimario. Es en este sentido en el cual los discursos mediáticos logran ocultar al vecino como victimario de un hecho violento y por consiguiente, profundizar aún más esa frontera constituida entre el “otro”, encarnado en el joven de clase popular, y el “nosotros”, encarnado en el vecino-víctima.
El problema que nos convoca a reflexionar radica en que, en tanto víctima, el accionar del vecino aparece justificado en los medios de comunicación. De esta manera, los medios (re)construyen representaciones que profundizan una frontera social, que puede tener impacto directo sobre las representaciones sociales sobre la juventud y la pobreza, y a la vez, terminan por avalar acciones sociales de violencia contra los sujetos que encarnan (o tienen la posibilidad de encarnar) alguna de estas dos dimensiones. Consideramos que los medios avalan de forma indirecta este tipo de accionar violento a la vez que construyen de él un problema mediatizable, en la capacidad de imponerse, haciendo hablar a todo el campo político.
Por último, sostenemos que resulta pertinente la pregunta sobre la mediatización de las violencias y su relación con las figuras estereotipadas mediáticamente. A raíz de esta investigación, surgen nuevos interrogantes que nos permiten preguntamos: ¿Cómo son representados los linchamientos en otros contextos sociopolíticos? ¿Son mostrados por los medios de la misma forma en diversos momentos? En este sentido, podría resultar fructífera la comparación entre el tratamiento mediático de los linchamientos ocurridos en el 2014 con los ocurridos en otros períodos, pero también sería interesante incorporar los relatos noticiosos a partir de distintos dispositivos mediáticos, como la televisión o las noticias en portales web y redes sociales. En adición, nos preguntamos también: ¿En qué medida influyen estos discursos en la conformación de una opinión pública sobre las problemáticas referidas a las violencias y a las relacionadas con la seguridad ciudadana?
Este conjunto de preguntas, permite abrir un campo de investigación que propone profundizar tanto el problema de la mediatización de las violencias como el de las representaciones sociales de las mismas. Si bien esta tesis se propuso como un camino inicial hacia la reflexión y comprensión de las representaciones mediáticas sobre los linchamientos, consideramos que todavía existe un camino por recorrer en esta dirección, el cual proponemos para la tesis de doctorado. De esta manera, nuestra intención es contribuir a la decodificación de este tipo de problemáticas, al mismo tiempo que es necesario dar cuenta que el tipo de abordaje mediático sobre estos temas influye en la opinión pública, moldeándola muchas veces, en pos de sus propios intereses. Consideramos esencial la reflexión constante acerca de la capacidad de influencia que poseen los medios de comunicación en nuestra sociedad, que se presentan como conglomerados cada vez más concentrados y, por ende, con mayor poder.







