Otras publicaciones:

escritores

9789877231304_frontcover

Otras publicaciones:

9789877230147-frontcover1

porquemal

Introducción

Carlos G. Lazzarini[1] y Federico D. Quilici[2]

El mundo del siglo XXI enfrenta un período de transformaciones sin precedentes, y la política y los parlamentos no están exentos de este fenómeno. Asimismo, la aceleración de los procesos de integración mundial a la que hemos asistido durante los últimos años ha complejizado enormemente los diagnósticos y las posibles respuestas ante los problemas políticos, económicos, sanitarios y sociales.

Esa creciente complejidad de nuestras sociedades y las dificultades que presentan las instituciones políticas para abordar las nuevas problemáticas contemporáneas generan importantes síntomas de frustración en la ciudadanía y, asimismo, altos niveles de desconfianza en el sistema democrático y en la política en general.

Los Parlamentos tienen un rol estratégico y central en la medida en que son el lugar donde se acoge política e institucionalmente la diversidad y los intereses de nuestra sociedad, y es además donde se diseñan y se acuerdan las políticas de Estado.

Los profundos cambios científicos y tecnológicos que se vienen produciendo en los campos de la información y la comunicación, la inteligencia artificial, la robótica y sus múltiples aplicaciones provocaron que muchos observadores anunciaran que el mundo ingresó, decididamente, en la era exponencial o en la cuarta revolución industrial. Previsiblemente, la aceleración de estos cambios producirá consecuencias globales de enorme impacto sobre nuestros sistemas democráticos y las diferentes modalidades de gestión de lo público.

En este marco, los procesos de digitalización no solo traen eficiencia a la resolución de distintos problemas que afectan nuestras vidas, sino que también cambian el modo en que tomamos decisiones y la percepción general del mundo que habitamos. Las tecnologías digitales determinan cómo nos comunicamos, actuamos, producimos y consumimos. Pero también tienen un alcance más profundo al ofrecernos alternativas para nuestra forma de pensar. Ello impacta de lleno no solo en los hábitos cotidianos de los individuos, sino también en las prácticas de las instituciones encargadas de regular nuestra vida en común.

La irrupción y el despliegue de la inteligencia artificial implica la capacidad de procesar automáticamente cantidades exorbitantes de datos, de traducirlos a un lenguaje comprensible y sobre todo de realizar, a partir de ese procesamiento, acciones no previstas inicialmente. Pueden predecir tendencias, reconocer patrones y construir nuevos objetos. Dicho de manera más contundente, optimizan, ordenan y toman decisiones.

Asistimos al proceso de construcción de una matriz digital en la que, eventualmente, todo puede ser leído y calculado por sistemas inteligentes con ayuda de los cuales es posible no solo predecir desde embotellamientos hasta ataques de pánico, desde el cambio climático hasta la probabilidad de atentados o revoluciones, sino también tomar una serie de decisiones sin mediación humana alguna.

Esto abre una problemática compleja respecto del impacto de la tecnología en las sociedades democráticas centrada en los criterios que gobiernan las decisiones automáticas y el riesgo político e institucional que implica la presencia de sesgos en dichas decisiones automatizadas.

En este marco, algunos analistas sugieren que la regulación algorítmica exige repensar el sentido y funcionamiento de las instituciones políticas, principalmente en su carácter de dispositivos colectivos en la toma de decisiones.

En un extremo, se ha sostenido que la inteligencia artificial tornará obsoletas las instituciones de la democracia representativa en la medida en que los largos procesos legislativos simplemente ya no podrán acompañar el ritmo de la revolución tecnológica. En el otro, se ha alertado sobre el efecto despolitizante del cálculo algorítmico que produce una única salida para una situación conflictiva, que se determina bajo las condiciones del código utilizado en cada caso, sin espacio para la negociación política ni para asumir compromisos por parte de los grupos de interés involucrados.

Según esta posición, la idea de una inteligencia artificial neutra y con información perfecta genera la ilusión de la resolución tecnológica de todo conflicto sobre la base de la cual se le podría confiar a sistemas automatizados decisiones políticas fundamentales.

Como bien sabemos, la tecnología no es neutral. Pero tampoco determinista. Los entornos tecnológicos están en constante cambio y afectan la vida de la ciudadanía y de sus instituciones democráticas. Así, la digitalización y sus consecuencias no deben ser comprendidas únicamente en sus dimensiones ética, jurídica y económica, sino también en su dimensión política. En este marco, uno de los principales desafíos políticos es crear y desarrollar instituciones democráticas y procedimientos que funcionen en la nueva constelación digital.

Con este objetivo, en un marco de diversidad y pluralidad, desde la H. Cámara de Diputados de la Nación nos proponemos generar múltiples espacios de diálogo, reflexión, investigación y difusión entre diputados, diputadas, universidades, centros de investigación, especialistas nacionales e internacionales y la ciudadanía en general, que permitan impulsar un intercambio de visiones e ideas y generar una puesta en común sobre este y otros desafíos que afrontan nuestras sociedades.

Esta publicación va en línea con ese objetivo planteado y pretende contribuir a los debates que forman parte de la agenda política. Este libro, como parte de la Colección Parlamento Futuro, se propone abordar los diversos desafíos que la emergencia y el desarrollo de la inteligencia artificial representan para nuestras instituciones políticas, poniendo especial interés en los vínculos con la democracia, la representación política, la soberanía tecnológica y la cultura.


  1. Director del Instituto de Capacitación Parlamentaria.
  2. Subdirector del Instituto de Capacitación Parlamentaria.


Deja un comentario