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2 Antecedentes de la polémica

En vez de borrar la historia, hay que reconstruirla, en lugar de anular los cambios refiriéndolos a la identidad del yo, hay que dar cuenta y comprender que la identidad personal no se define quizá sino como una manera singular de cambiar con el contacto de aquello que cambia.
(Eribon, 1995:25)

La investigación que nos proponemos parte de la necesidad de ubicar a los autores en su contexto histórico y darles vida como sujetos de carne y hueso para comprenderlos. Tanto José Gaos como José Medina Echavarría vivieron una época de cambio incesante. Nacieron en España y sus infancias transcurrieron en los primeros años del siglo XX. Vivieron la Primera Guerra Mundial y luego la Segunda, experimentaron el origen de la II República española y tuvieron gran participación en ella en su juventud. Luego, la Guerra Civil española y el avance del franquismo los obligó a exiliarse en México a fines de los años ‘30. Allí tratarán de insertarse en el campo intelectual del momento y en ese contexto desarrollarán la polémica de nuestro interés.

En Michel Foucault y sus contemporáneos, Didier Eribon nos hace una propuesta interesante, es necesario considerar que la identidad no es una y para siempre, sino que podríamos encontrar a los diversos Gaos y Medina Echavarría que construyeron su identidad momento a momento y en contacto con un mundo convulsionado. Es necesario, evitar las explicaciones monocausales (Eribon, 1995) y analizar diversos factores que llevaron a estos autores a la polémica.

España del 1800 al 1900

Para comprender los acontecimientos que vivirán Gaos y Medina Echavarría debemos remontarnos a los inicios del siglo XX en España. El país arrastraba una disputa entre la monarquía, la Iglesia Católica y las tendencias republicanas o antimonárquicas, de la que pueden verse rastros hasta nuestros días.

Desde 1808, luego del retorno de Fernando VII, la vida política española giró en torno a la idea de una constitución liberal. El ejército no quedó por fuera de esta discusión y adoptó una perspectiva liberal. Así, en 1820 un grupo de militares liberales obligó a Fernando VII a aceptar la Constitución, que luego derogará con la excusa de una invasión francesa.

Luego, en 1834 se desató la Primera Guerra Carlista. Allí se enfrentaron la Iglesia, que apoyó a Don Carlos (hermano de Fernando VII) como pretendiente al trono, contra los liberales y el ejército, que apoyaban a Isabel II (primogénita de Fernando VII). En 1839 resultaron victoriosos los liberales, pero Isabel II reinó solamente hasta 1868, cuando fue destronada por el General Prim. La sucesión al trono se resolvió de forma confusa, entregando la corona al hermano del rey de Italia, Amadeo I, quien tuvo que abdicar un año después.

Como resultado de estos eventos se proclamará la República española. Se intentará crear una República Federal, pero los carlistas y la Iglesia con apoyo del norte se alzarán tratando de imponer a un nieto de Don Carlos como heredero. En el sur y el este, algunas ciudades se declararán independientes. Ante el peligro de disolución, el ejército tomará el poder y recurrirá a la monarquía nuevamente, entregando el trono a Alfonso XII, hijo de Isabel II. Su gobierno se extenderá hasta su muerte en 1885, cuando su hijo Alfonso XIII heredará el trono, mediando una regencia de su madre, la reina María Cristina.

Fue en esta España de fines de siglo XIX en la que comenzaron a aparecer los primeros brotes de una sociología incipiente, impulsados por el debate sobre el lugar que España y su cultura debían ocupar en la modernidad y en el futuro de la civilización occidental (Morales Martín, 2012). En 1898 las preocupaciones por el destino de la nación impulsarán la creación de la primera Cátedra de Sociología en la Universidad Central de Madrid, que será ocupada al año siguiente por Manuel Sales y Ferré, quien será considerado el fundador de la Sociología Española.

El pensamiento sociológico español madurará lentamente entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX bajo la influencia del Krausismo ya que los pensadores característicos de la sociología europea, como Hegel o Comte, apenas tendrán influencia en el ámbito español.

La doctrina de Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832) no tuvo mucha influencia en Alemania, pero sí logró gran resonancia en España donde siguió varias etapas y se extendió desde fines del siglo XIX hasta la década del treinta del siglo XX. Su principal introductor fue Julián Sanz del Río (1814-1869) y más tarde su discípulo Francisco Giner de los Ríos (1839- 1915), creó el Instituto Libre de Enseñanza siguiendo esta línea de pensamiento. Como sostiene Carlos Beorlegui, el krausismo:

constituyó tanto en España como en América, un amplio movimiento que pretendía, en líneas generales, la modernización de la sociedad. En este sentido, se suele considerar que los aspectos por los que tuvo tanta influencia no son tanto por los contenidos teóricos del sistema filosófico de Krause, ni la interpretación de su discípulo español Sanz del Río, sino por los impulsos de modernización y de ilustración que supusieron para la sociedad española y posteriormente para la americana. (Beorlegui, 2004:248)

Como agrega Morales Martín: “La filosofía de Krause casó perfectamente con la intelectualidad española de la época porque su concepción del carácter liberal organicista de la sociedad y del Estado se alejaba mucho del “estatalismo” de Hegel” (2012:56). Asimismo Krause tenía una concepción de la sociedad que presentaba cierta continuidad con la tradición mística española e impulsaba una sociología capaz de resolver problemas y generar mejoras concretas en la sociedad[1]. A nivel social, el krausismo era “la ideología de los sectores más progresistas, adscritos a la burguesía moderna, que, si no llegaban a defender tesis socialistas, luchaban contra la España vieja (la aristocracia y sus privilegios, el Ejército y la Iglesia) con ánimo de modernizarla.” (Beorlegui, 2004:263)

Ese era el contexto político e intelectual que se vivía en España en la década de 1900, momento en que Gaos y Medina Echavarría nacieron.

Gaos

José Gaos nació en Gijón (Asturias, España) el 27 de diciembre de 1900, apenas iniciado el siglo. Su infancia la vivió en Asturias, criado por sus abuelos maternos como “hijo único”, si bien tuvo nueve hermanos. Su educación la realizó en el Colegio de Santo Domingo de Guzmán en Oviedo, perteneciente a la congregación de los Dominicos. Este colegio fundado en 1895 será el único de la congregación que cuente con segunda enseñanza. En sus Confesiones profesionales (1982), al repasar estos primeros años, destaca la educación religiosa y las características de sus abuelos como una familia de inclinación política vinculada al Integrismo y la derecha: “esta familia pertenecía a los medios de la derecha española más extrema: no ya a los del carlismo sino a los del “integrismo”, la extrema derecha dentro del propio carlismo” (1982:101)

La historia de España atravesaba la vida familiar de Gaos, el Integrismo recibe su nombre por el apoyo a una política católica íntegra y se vincula directamente al Carlismo de 1880. Sumado a su educación católica, esta formación inicial refiere a los rasgos tal vez más tradicionalistas de Gaos.

En el prólogo a las Confesiones, Vera Yamuni explica que en Asturias Gaos realiza la primera lectura de filosofía que será decisiva para su formación posterior: la Filosofía elemental de Jaime Balmes, a la que accedió en el último semestre en el Bachillerato de Santo Domingo. “Durante esos años –afirma Yamuni- vivió como verdadera la filosofía escolástica-cristiana de Balmes, después vivió como la verdad filosófica el neokantismo, la fenomenología y la filosofía de los valores” (1982: 15).

La crianza por parte de los abuelos maternos se extendió hasta 1915 cuando se trasladará a Valencia a vivir con sus padres. El hogar valenciano tendrá una postura política distinta a la de sus abuelos, el mismo Gaos refiere a sus padres como liberales:

la familia paterna pertenecía a los muchos liberales españoles: por lo que, cuando pasé a vivir con mis padres, (…) la edad de empezar a hacerse ideas propias, las que empecé a hacerme en política fueron las propias –del liberalismo español (Gaos, 1982:101)

Su padre era un jurista especializado en Derecho Hipotecario que había estudiado Filosofía del Derecho y algo de Filosofía General, motivo por el cual el joven Gaos encontró en su biblioteca varias obras para continuar sus lecturas. Sin embargo, Gaos no atribuye a la influencia de su padre ni a las lecturas sus posiciones políticas.

De esos años Gaos recuerda: “‘estar al día’ era imperativo singular para la intelectualidad española de los primeros decenios de este siglo [XX]” (1982:58) Idea que vincula con la creación de la Junta para la Ampliación de Estudios en 1905, que favorecería los viajes de estudiantes jóvenes al extranjero para traer las “nuevas ideas”. En Valencia también conocerá a José Medina Echavarría con quien entablarán una amistad (Valero Pie, 2015) y compartirán espacios de formación en Valencia y luego en Madrid.

Entre sus recuerdos de Valencia destaca la lectura de La filosofía de Kant y La filosofía de Bergson de Manuel García Morente (a quién conocerá en Madrid) y de Historia de la Filosofía de Windelband. Su estancia en Valencia culminará en septiembre de 1921, cuando viajará a la Universidad de Madrid a estudiar Filosofía. Allí obtendrá la licenciatura en Filosofía en 1923, año en el que Miguel Primo de Rivera tomará el poder en España.

Llegado a Madrid se adentrará en la filosofía alemana neokantiana y en una síntesis de la fenomenología realista y la filosofía de los valores. Profundizará en Husserl, Scheler y Hartman. “A tal filosofía respondieron, además de mi tesis, los trabajos que presenté a mis primeras oposiciones o compuse en torno a ellas” (1982:59), afirma Gaos en sus Confesiones.

En la Universidad de Madrid conocerá a José Ortega y Gasset, con quien tomará un curso de Metafísica entre 1923 y 1924. Su primer acercamiento será a través de Xavier Zubiri, un discípulo de Ortega próximo a doctorarse, con quien compartirá viaje hacia una conferencia sobre Don Juan que dio Ortega en la Residencia de Estudiantes. En esa ocasión, sin embargo, no llegó más que a escucharlo, sin poder acercarse siquiera al terminar la conferencia por la cantidad de estudiantes que habían asistido.

Desde aquel día Zubiri se convirtió en su maestro, junto con García Morente, ambos discípulos de Ortega. Con ellos formará parte de la llamada “Escuela de Madrid” bajo la guía de Ortega y Gasset. El reconocimiento de Gaos hacia García Morente como su primer verdadero maestro de Filosofía y padre espiritual no le impide reconocerse como discípulo, tal vez “más fiel y predilecto” (1982: 75) de Ortega.

Hacia fines de los años ‘20 y principios de los ‘30 era sin duda Ortega y Gasset quien marcaba las tendencias intelectuales en el círculo al que pertenecía Gaos. En la Universidad de Madrid y en torno a la Revista de Occidente realizaba sugerencias y recomendaciones a los jóvenes del momento. Un ejemplo de esta influencia la presenta Gaos en sus Confesiones en el siguiente pasaje:

Por el 1930, siendo profesor en las provincias, en una visita a Madrid, llegué anocheciendo a la tertulia de la Revista de Occidente. Cuando entré en la sala, estaban los primeros llegados aún en pie, en torno a Ortega. Me acerqué al corro. Conservo también una imagen muy viva. Al acercarme, Ortega se dirigía a Jorge Guillén, que le hacía frente con la suya, siempre ya un poco inclinada sobre la mirada borrosa y la sonrisa sutil; las primeras palabras de Ortega que oí fueron ‘…en Heidegger la filosofía visita a domicilio’. Creo que fue la primera vez que oí o leí el nombre de Heidegger. (…) A partir de aquella noche, ‘comprendí’ que había que ‘hacerse’ con Heidegger (1982:63).

Según sostiene Gaos, Morente era “el verdadero iniciador y ‘discriminador” (1982: 80), dado que le anticipaba a Ortega las características de los estudiantes que pasarían a su curso y los recomendaba en algún sentido. Era Morente el camino hacia Ortega y no es de extrañar que siendo Gaos su discípulo, fuese Morente quien los presentara.

Serán Zubiri y Morente, con el visto bueno de Ortega, quienes le sugieran trabajar la crítica del psicologismo de Husserl como tema para su tesis doctoral. Así desde su licenciatura en adelante se inclinará hacia la fenomenología, especialmente referida a autores como Husserl, Scheler y posteriormente Heidegger. En 1928 obtendrá el título de Doctor en Filosofía en la Universidad de Madrid y eso le dará ocasión de dictar su primera clase de filosofía en enero de 1933 en la recientemente inaugurada Facultad de Filosofía en la Ciudad Universitaria de Madrid.

Será justamente en los años como profesor en Madrid cuando el vínculo con Ortega se vuelva más cercano, con encuentros casi diarios en las tertulias de la Revista de Occidente o en la Facultad. Sin embargo, aclara Gaos al recordar su relación tan estrecha:

Lo que no quiere decir que ni siquiera en los días de la convivencia más frecuente e íntima con él estuviera con él de acuerdo en todo: quizá haya sido yo la única persona que le haya dicho ciertas cosas (1982: 83).

Esta expresión completa otra vertida al respecto:

soy reconocido y siempre me he reconocido yo mismo, por discípulo de Ortega y Gasset. Hasta me he tenido, y no solo íntimamente, sino también más o menos públicamente, por su discípulo más fiel y predilecto, aunque desde hace algún tiempo no puedo menos de pensar que en tal puesto o condición me reemplazó Julián Marías, y que aunque este no me hubiera reemplazado, la divergencia de posición tomada en la guerra civil, con todas sus consecuencias, haya hecho su efecto en el ánimo de Ortega, si no en el mío. (1982: 75).

Medina Echavarría

José Medina Echavarría nació en Castellón de la Plana, el 25 de diciembre de 1903. Hijo de Remigio Medina Leal, un labrador oriundo de Santiesteban del Puerto y María de la Luz Echavarría, nacida en Guanabacoa, Cuba. La familia pasará sus primeros años en Valencia debido al puesto como funcionario de Hacienda que obtiene el padre, para luego trasladarse a Barcelona donde llegará a ser Delegado de Hacienda. En esa ciudad, en 1914, José iniciará sus estudios de Enseñanza Media en el Instituto Nacional de Barcelona.

Jesús Morales Martín caracteriza a Medina Echavarría como “hijo de un mundo pequeño-burgués, de provincias pero pequeño burgués” (2012:67), un joven brillante en los estudios, que será sencillo y agradable, con cualidades sociales.

Más tarde se trasladará nuevamente a Valencia donde completará el bachillerato en el Instituto Luis Vives, obteniendo el título en 1919. En ese mismo año comienza sus estudios de Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Valencia, carrera que orientará hacia el Derecho en aquellos primeros años y que luego decantará hacia la sociología. En estos años en Valencia conoció a José Gaos con quien compartió sus estudios en el bachillerato y la universidad (Valero Pie, 2015). También en Valencia entablará una amistad entrañable con Max Aub. Nuestros autores, miembros de una misma generación, compartirán un clima intelectual y una experiencia vital marcada por el devenir de la historia de España.

En esos años Medina adquiere una “conciencia política vagamente de izquierda, más liberal, sin tomar partido, pero ligada a la tradición republicana, propia de una ciudad como Valencia.” (Morales Martín, 2012:76). Conservará siempre su independencia política respecto a la militancia y por ese motivo no formará parte de ningún partido político, pero sí se posicionará respecto a la política de su época.

A mediados de 1920 realizará varios viajes a Barcelona y Madrid, siguiendo sus intereses intelectuales y culturales. En junio de 1924 José Medina Echavarría obtendrá su título de Licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia e iniciará el Doctorado en Derecho en la Universidad de Madrid. Entre 1925 y 1926 realizará una estancia de Investigación doctoral en la Universidad de París.

En mayo de 1930 presentará su tesis doctoral con Adolfo Posada como jurado. Desde entonces mantendrán una correspondencia y contacto asiduo. La influencia de Posada en el pensamiento de Medina es importante para comprender su inclinación posterior hacia la Sociología. Posada será considerado el primer sociólogo español en sentido estricto, será también el creador de la denominación “krausopositivismo” intentando unir ambas corrientes de pensamiento y acercará el pensamiento sociológico a la generación de Medina. Pensará la sociología desde un sentido práctico y concreto y se esforzará por desligarla de la filosofía. (Morales Martín, 2012).

Como sostiene Alejandro Blanco (2008), la apuesta de Medina Echavarría por una reconstrucción de la ciencia social solo puede ser comprendida revisando su formación en España (Valencia, Madrid), Francia (Paris) y Alemania (Marburgo). Así como también hay que recordar que su acercamiento inicial a la sociología se da desde el derecho -es Dr. en Derecho por la Universidad Central de Madrid- con una fuerte impronta filosófica[2].

Serán las corrientes de pensamiento de Posada, Ortega y Gasset y Severino Aznar[3] las que predominen en el campo intelectual de las Ciencias Sociales de la España previa a la Guerra Civil. Como vimos Gaos se acercará a Ortega, mientras que Medina se inclinará hacia Posada, si bien “compartió temas y formas de la filosofía social orteguiana, como era la predilección por el ensayo, el tema de la crisis, el auge de los totalitarismos, el ascenso de las masas o la divulgación del pensamiento alemán” (Morales Martín, 2012:63).

No obstante las diferencias y el esfuerzo por distanciarse de Ortega, sobre todo en lo que refiere a la autonomía de la sociología, es innegable la influencia de Ortega en el clima intelectual de esta generación. Una de sus marcas es el interés por Alemania. Entre 1930 y 1931 Medina viajará a la Universidad de Marburgo como Lector de Español. Allí se acercará a la fenomenología y se interesará por Hartmann. Al regresar a España se encontrará con una recientemente proclamada Segunda República.

La II República Española

La monarquía y el gobierno español atravesaron los primeros años del siglo con cierta estabilidad y se vieron beneficiados en lo económico por la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, estas mejoras no se vieron reflejadas en la situación de las grandes mayorías, por lo que aumentaron las luchas sociales. Como única salida para la línea monárquica, el 23 de febrero de 1923, un pronunciamiento militar llevó al poder a Miguel Primo de Rivera.

En los inicios, la dictadura de Primo de Rivera contó con cierto apoyo por contener el conflicto social y por algunos logros militares como concluir victoriosamente la guerra en Marruecos en 1927. También impulsó obras públicas y mejoras en lo económico. Sin embargo, al encontrarse abolidos los partidos políticos, la oposición fue cada vez mayor y especialmente los intelectuales generaron una fuerte resistencia a su régimen. La crisis de 1929 junto con la pérdida progresiva de apoyo lo llevó a renunciar el 28 de enero de 1930.

Luego de la renuncia de Primo de Rivera se sucedieron los gobiernos de Berenguer y Aznar, que intentaron sostener la monarquía sin éxito. En agosto de 1930 representantes de los grupos republicanos se reúnen y como resultado del encuentro se produce el Pacto de San Sebastián, que sienta como objetivos: luchar contra la monarquía, obtener la convocatoria a una Asamblea Constituyente, el reconocimiento de las autonomías regionales y conformar una sólida base obrera.

El 12 de abril de 1931 se realizan elecciones municipales, dando como resultado una mayoría importante de los republicanos en las grandes ciudades, permaneciendo el respaldo a la monarquía en las zonas campesinas. El 14 de abril el líder republicano Francisco Maciá proclama la “República Catalana como estado integrante de la Federación ibérica”, y los integrantes del Pacto de San Sebastián en Madrid conforman un gobierno provisional de coalición, bajo la presidencia de Niceto Alcalá Zamora. Estos dos hechos dan inicio a la Segunda República.

El Rey Alfonso XIII, ante el resultado de las elecciones municipales, deja el país, aunque sin renunciar a sus derechos de sucesión. En su renuncia, expresaba querer apartarse “de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro, en fratricida guerra civil” y convocaba a Cortes Constituyentes, suspendiendo el ejercicio del poder real.

El gobierno provisional dictó medidas favorables a los trabajadores y campesinos, se modernizaron las leyes laborales y se redujo el ejército. Sin embargo, estos cambios obtuvieron solo un apoyo parcial, generando nuevos enfrentamientos y conflictos, entre los cuales se destacó el que tuvieron con la Iglesia católica cuando se anuló la enseñanza religiosa por decreto.

Inauguradas las Cortes, se aprobó el articulado de la nueva Constitución Republicana, según la cual España se convertía en “República democrática de trabajadores de todas las clases, organizados bajo un régimen de libertad y justicia” (artículo primero), el Poder legislativo quedaba en manos del Parlamento unicameral (Cortes) y no se reconocía ninguna religión oficial. En mayo de 1932 se presentó el proyecto de reforma agraria, aspecto que se consideraba central para resolver el futuro de la nación. La reforma fue aprobada en septiembre, el mismo día que se aprobó el Estatuto que transformaba a Cataluña en región autónoma.

Hacia 1934 los partidos que conformaban la coalición gobernante se inclinaron cada vez más hacia la izquierda generando un proceso de radicalización del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Asimismo, se dio a conocer la Falange española en un acto en Valladolid. En verdad, el nuevo movimiento se había originado en octubre del año anterior en un acto celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid. La figura sobresaliente en el acto fue José Antonio Primo de Rivera (hijo del ex dictador Miguel Primo de Rivera), cuyo discurso fue rotundo en impulsar el uso de la violencia en caso de no lograrse derribar la República por otros medios. También dentro de la Falange, se observarían diferentes tendencias: los que creían que debían cooptar al movimiento obrero, los que consideraban que había que trabajar por el retorno del rey y los que querían emplear el terrorismo contra las izquierdas.

En 1935 la situación política, económica y social no había mejorado, deteriorando la imagen del gobierno. Los partidos de izquierda se agrupan en el Frente Popular, que estará integrado por el PSOE, el PC, la Unión General de Trabajadores, el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y otros grupos menores. Y en enero de 1936 Alcalá Zamora decide disolver las Cortes y convocar a nuevas elecciones.

Las Cortes fueron elegidas el 16 de febrero, con una amplia victoria de las fuerzas de izquierda. El 19 de febrero Manuel Azaña formó un nuevo gobierno con el acuerdo de socialistas y comunistas. Pero la alianza sería muy precaria y duraría poco. Con críticas de un lado y otro, los primeros meses de gobierno se vieron atravesados por atentados y asesinatos de militantes tanto de derecha como de izquierda.

En marzo es detenido José Antonio Primo de Rivera, acusado de abrir los precintos de clausura del domicilio de la Falange. Finalmente es sentenciado a muerte y fusilado el 20 de noviembre.

El 13 de julio de 1936, el asesinato de José Calvo Sotelo, líder derechista, se convierte en la víspera de la Guerra Civil. Los Falangistas no tolerarían este hecho perpetrado por guardias de asalto republicanos y el 17 las guarniciones del Norte de África se pronuncian en armas contra la República. Francisco Franco, jefe militar de la guarnición de las islas Canarias, es quien recibe el primer comunicado y decide apoyar el levantamiento. Controla las islas y viaja a Ceuta y Melilla para tomar a sus órdenes el ejército español en Marruecos.

El 19 de julio, los republicanos constituyeron un nuevo gobierno, orientado por José Giral quien resolvió entregar las armas al pueblo y solicitar apoyo a Francia. Entre esa noche y el 20 de julio fueron incendiadas y saqueadas en Madrid cincuenta iglesias y los grupos izquierdistas ganaron efectivamente el control de la capital.

Durante tres años se extendería la Guerra Civil, con el progresivo avance de las fuerzas nacionalistas que tendría como último enfrentamiento la batalla de Cataluña, en enero de 1939. Luego de la entrada de las fuerzas nacionalistas en Madrid, el 1 de abril, el general Francisco Franco rubricaba en la ciudad de Burgos el último parte de guerra con el cese de las hostilidades, dando inicio a una dictadura que se extendería hasta los años ‘70.

Gaos y Medina, la política y la República

Por algo quizá mi propia distanciación de mis maestros, incluso literal, espacial, geográfica, se produjo por el camino de la política. (Gaos, 1982:100)

Nuestros autores se encuentran en este punto compartiendo una experiencia histórica que marcará sus vidas. Como sostiene Morales Martín: “Serán unos años marcados por un espíritu renovador y modernizador, pero también fue un tiempo ajetreado y ciertamente contradictorio (2012:87)

En sus Confesiones Profesionales (1982) Gaos reflexiona sobre su experiencia política y sobre las condiciones que llevaron al surgimiento de la Segunda República.

A medida que el régimen [monárquico] iba degradando así, fue correlativamente viéndose en el republicano el órgano de la europeización de España que amenazaba ser frustrada por la degradación del monárquico. Los republicanos tradicionales, ya engrosados con los nuevos republicanos que eran los socialistas, se encontraron convertidos en la mayoría del país por el paso a ellos del resto de los liberales españoles, decepcionados por la perjura inconstitucionalidad de la Monarquía, y toda aquella parte de los conservadores que sentían ofendida su dignidad de monárquicos, y quizá más aún su gravedad de españoles, por la falta de majestad de la monarquía. (1982:101).

La Agrupación al Servicio de la República, fundada por Ortega y Gasset, Marañón y Pérez de Ayala tiempo antes de la caída de la monarquía, es para Gaos un fiel reflejo de este contexto histórico. Como afirma Morales Martín:

La Segunda República simbolizó la toma del poder de la llamada “Generación del 14” o “Generación de los intelectuales”, caracterizada por unas nuevas orientaciones ideológicas, estéticas y reformistas, que ya no eran las del modernismo ni las de la Generación del 98 (2012:87).

A diferencia de los intelectuales del ‘98, esta generación confiará en la política como un medio válido para solucionar los problemas de España. Como sostiene Andrés Trapiello: “Fueron ellos los intelectuales más apasionados por la política que haya conocido España, aunque serían pronto desbordados por la propia política.” (2010:15)

El paradigma de esta generación será Ortega y Gasset y su forma de abordar el problema español como un problema pedagógico. Por eso afirma Morales Martín:

Y si Medina y sus compañeros de generación, como Ayala o Gaos, fueron liberales; lo fueron sobre todo por este “talante” orteguiano que impregnaba el clima intelectual de la época y que les hacía partícipes de la tradición del liberalismo español y su conexión con el pensamiento occidental. (2012:89)

A pesar del acercamiento al liberalismo español al pasar a vivir con sus padres en Valencia, Gaos considera que los motivos últimos de su posicionamiento político no tuvieron que ver con ese vínculo, ni con sus lecturas, sino con el impulso de los vientos de cambio, con sentir el deber de incorporarse “a uno de los cuerpos colectivos únicos potentes para llevar a cabo la gesta que se pronunciaba: a un partido político” (Gaos, 1982:102). Medina Echavarría, como sabemos, no se afiliará a ningún partido, aunque ocupará cargos públicos durante a la Segunda República y le brindará su apoyo.

Finalmente, Gaos optó por el partido socialista, teniendo como padrino a Fernando de los Ríos, por diversas razones:

Ciertamente me inclinaba a pensar que los problemas sociales del mundo de nuestros días, y más aún de los inmediatos futuros, no tienen más solución técnica que una solución socialista en algún sentido. Por otra parte, al partido español podía pertenecerse fielmente sin jurar fidelidad a un marxismo al que yo no hubiera podido jurársela sin perjurio (…). Con todo, de más peso me parece que fueron las circunstancias específicamente españolas. El partido se destacaba entre los demás españoles como el más serio de todos; por la grave educación cívica que había dado a la mayoría de los obreros y campesinos españoles fuera de la zona levantina dominada por el sindicalismo; por la conducta austera de sus dirigentes y sensata de sus masas (1982:102).

Como sostiene Carlos Beorlegui: “la afiliación de Gaos al PSOE no fue solo un acto esporádico y ocasional, sino que nunca fue un intelectual al margen de las circunstancias políticas de su entorno” (2004:516) Así también Antolín Sánchez Cuervo afirma que esta decisión de Gaos nos permite comprender su perfil ideológico:

un socialismo «ético», entendido en términos de un reformismo decidido pero nunca radicalizado, ligado a los valores laicos y universalistas de la educación republicana; un socialismo distante del marxismo que respeta el ámbito de la persona, las libertades individuales y el relativismo intelectual; que advierte las contradicciones entre los imperativos de la justicia social y la lógica del capitalismo, y que rechaza cualquier dogmatismo. En definitiva, un socialismo en términos un tanto difusos, comunes a cierto liberalismo y característico de cierto pensamiento político español contemporáneo, a menudo muy ligado al institucionismo. (S. Cuervo, 2016)

Al momento de proclamarse la Segunda República, Medina se encontraba en Alemania y Gaos en Zaragoza donde dictaba clases como profesor. Gaos recuerda como “emociones únicas, inolvidables, las de aquellos días” y compara esas jornadas con las de Cádiz de 1810[4].

En junio de 1932 Medina Echavarría asume como Oficial Letrado del Congreso de Diputados espacio desde el cual será espectador privilegiado de la política del momento y de los debates originados por las reformas que proponía la Segunda República, entre ellos la Reforma Agraria. En 1933 asumirá también como Jefe Negociado de primera Clase, Oficial sexto de la secretaría del Congreso de los Diputados. Sin embargo, su participación como funcionario no lo hará abandonar sus tareas académicas, ya que paralelamente será Ayudante de Filosofía del Derecho del Doctorado de Madrid y gozará de una beca de estudio en la Universidad de Münster. Según Morales Martín, Medina:

confiaba que el proyecto modernizador y racional de la Segunda República española daría vía libre a la constitución de una ciudadanía plural, participativa e incluyente a través de la cultura, de la educación cívica y de una gradual igualación de derechos y deberes. (Morales Martín, 2012:106)

Sin embargo, como sostiene Gaos, ni siquiera habían transcurrido dos años de la instauración de la República cuando “los grandes intelectuales que habían convocado a agrupación para servirla, y otros tan grandes como ellos, estaban ya decepcionados de ella, por el “perfil agrio y triste que, según ellos iba tomando.” (1982:104). Esta posición de los intelectuales motivó que Gaos saliera de la Agrupación creada por Ortega y permaneciera en el partido socialista. Ortega quería convertir la Agrupación en partido para participar en las Cortes.

Gaos evalúa esta “decepción” que sentían muchos:

terriblemente prematura, de una ligereza, de una impaciencia histórica incomprensible, por no decir imperdonable, en varones tan sabidores de la historia, de tanta autoridad y responsabilidad nacional, tan graves personalmente: una paciencia secular con la monarquía y una impaciencia de dos años con la República: qué injusticia con ésta; y para juzgar y condenar un régimen, qué son dos años de historia. (1982: 104)

Gaos considera que estos antecedentes y vacilaciones condujeron a muchas dudas también a la hora de defender la República. Iniciada la Guerra Civil, Gaos fue nombrado Rector de la Universidad Central de Madrid (Beorlegui, 2004), y “apoyó con decisión y sin fisuras al gobierno democráticamente constituido, en contra del levantamiento militar dirigido por el general Franco” (Beorlegui, 2004:516). En este cargo será responsable de la evacuación de la Universidad que se trasladará a Valencia. También será presidente de la Junta Delegada de Relaciones Culturales de España con el Extranjero, desde dónde buscará apoyo para la República en foros internacionales. Además, será el responsable del pabellón español instalado en la Feria Internacional de París en 1937, en el que se expondrá por primera vez el Guernica de Picasso (S. Cuervo, 2016)

Medina por su parte, continuará tanto con su cargo en las Cortes como con su tarea académica. En 1934 ganará una cátedra de Filosofía del Derecho en la Universidad de Murcia, pero no asumirá el cargo porque aspiraba a obtener un cargo en la Universidad de Madrid. Entre 1933 y 1936 será el encargado de la Colección de Sociología de la Editorial de Derecho Privado dirigida por Adolfo Posada. Desde allí realizarán algunas publicaciones sociológicas. También de la mano de Posada dictó un curso de Sociología en la Universidad de Madrid.

En 1935 obtendrá el puesto de Oficial Quinto de la Secretaría del Congreso de Diputados, Jefe de Administración Civil de tercera clase del Congreso de Diputados. En el mismo año se presentará a un cargo vacante en la Universidad de Madrid y solicitará una beca de estudios para viajar a Estados Unidos e Inglaterra. Ambas oportunidades le serán concedidas en 1936 pero no llegará a disfrutarlas por el comienzo de la Guerra Civil Española el 18 de julio de 1936.

En 1935 Gaos dio una conferencia sobre la filosofía orteguiana que junto con sus diferencias políticas terminó de distanciarlo de su maestro. En su presentación lo situaba como “uno de los grandes filósofos culturalistas, asistemáticos y antimetafísicos” (Beorlegui, 2004:517), expresiones que disgustaron a Ortega. Ante el asedio que sufría el gobierno republicano en Madrid, Gaos se trasladó junto con él a Valencia y desde allí se exiliará en México.

El inicio de la Guerra Civil marcará el destino de estas dos vidas, de estas dos biografías. Así como hasta aquí es posible observar ciertos puntos de coincidencia y de divergencia entre ambos recorridos vitales, a partir de la Guerra y el exilio encontraremos otros.

Por el momento, y para poder continuar con el hilo que nos llevará a la polémica, es importante destacar las tradiciones políticas familiares de uno y otro. Gaos con una primera infancia marcada por el integrismo y una adolescencia y juventud inclinadas hacia el liberalismo y la república oscilará en diversos momentos de su vida entre tendencias tradicionalistas y tendencias liberales. Aunque finalmente primarán estas últimas y optará por su adhesión al PSOE. Medina, de una familia pequeño burguesa ligada al liberalismo, presentará una perspectiva más lineal de defensa de los valores republicanos, sin vincularse a ningún partido político.

En cuanto a su desarrollo académico e intelectual, ambos compartieron espacios de formación en Valencia y Alemania, así como un entorno común de vínculos sociales. Se verán influidos por la figura de Ortega y Gasset, pero será más marcada su presencia en la vida y obra de Gaos que en la de Medina. Su participación en el gobierno de la Segunda República también será diversa, en el caso de Gaos una participación política partidaria vinculada directamente a su tarea académica como Rector de la Universidad de Madrid, mientras que, en el caso de Medina Echavarría, como funcionario público, pero sin afiliación partidaria, llevando en paralelo sus cargos públicos y académicos.

Estos puntos, y otros que desarrollaremos a continuación, conformarán aspectos centrales para comprender los motivos que los llevan a la polémica y sus formas de pensar el rol de los intelectuales y las Ciencias Sociales.


  1. Para una presentación más detallada del origen de la Sociología española ver Morales Martín (2012).↵
  2. Es conocido su acercamiento en el primer período a los planteos de Ortega y Gasset y su conocimiento durante su viaje a Alemania de la fenomenología de Heidegger y la filosofía alemana del momento.↵
  3. Aznar representará la corriente del Catolicismo Social que será dominante durante el franquismo hasta los años 60. Como sostiene Morales Martín: “Desaprovechó la oportunidad de desarrollar la disciplina sociológica, de crear una escuela sociológica y de profesionalizar el oficio del sociólogo” (Morales Martín, 2012:64) a pesar de estar a cargo de la Cátedra de Sociología de Madrid desde 1916.↵
  4. Entre 1810 y 1812 durante el asedio de Cádiz por la invasión napoleónica a España el gobierno se ejerció a través de las Cortes, conocidas por eso como Cortes de Cádiz. En ese contexto, en 1810, se elaboró una nueva constitución de tintes liberales, que reducía el poder de la monarquía. Finalmente, a su regreso al poder Fernando VII la revocó.↵


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