Las pobres son raramente vírgenes, porque pobreza en Latinoamérica significa condiciones atiborradas de violencia y promiscuidad en las que las muchachas son violadas antes de la pubertad o casadas en la adolescencia como parte de las pocas transacciones económicas en oferta disponibles, exceptuando algunas formas de prostitución y esclavitud sexual.
Marcella Althaus-Reid[1]
Autora y texto
En 1995, la autora panameña Consuelo Tomás publicó un cuentario denominado Inauguración de la fe[2]. Allí, ella exploraba el modo de vida de una pequeña región imaginaria de su país, desde el nivel político hasta uno más íntimo, sobre todo, a nivel de personajes. Así, entre todas sus historias, hay una que sobresale: la de una violación a una jovencita mulata que vive en un barrio miserable. Sin embargo, según el crítico Willy O. Muñoz:
Los temas de otros cuentos incluyen las relaciones sexuales y las perversiones de algunos pueblerinos, el travestismo, la violación, la violencia doméstica, la infidelidad, la pobreza, las desgracias y penas de sus habitantes, la ignorancia. En fin, Consuelo Tomás crea un pueblo donde a veces el rumor se convierte en leyenda y la leyenda en realidad (Muñoz, 2012, p. 74).
Se muestra entonces un verdadero dilema pues en esos textos se fusionan la violencia y lo políticamente incorrecto. La violación, de acuerdo con lo expuesto por la psicosocióloga francesa Jacqueline Barus-Michel, “ya es muerte, la muerte es también posesión del otro, de su cuerpo, penetración causada por los golpes dados, exigencias de jadeo donde se confunden el éxtasis, el poder y la muerte” (Barus-Michel, 2007, p. 215)”[3]. Ante ello hay que preguntarse: ¿cuáles son las relaciones entre la violación y el erotismo, teniendo en cuenta que se estudia un discurso artístico, un texto polifónico? Además, la jovencita del relato, una mulata, pobre, es la víctima. Ciertamente, el texto es autónomo, pero eso no impide interrogarse sobre lo siguiente: ¿por qué la violación ha estado ligada al erotismo?[4], ¿se considera de la misma forma una violación sufrida por una mujer negra, una pobre, o a veces esa violencia se matiza con nociones reduccionistas o injustas? ¿Cuáles son los elementos eróticos privilegiados en el discurso de la violencia? Inclusive, si se sigue a Bataille, ¿por qué la violencia casi siempre se liga con lo erótico?
Esta vez, situaremos el análisis entre “la leyenda y la realidad”, como lo dijo Willy O. Muñoz, pues la transgresión es tan fuerte que no se puede ignorar. En esa línea, estudiaremos la manera en que las imágenes aparecen en el texto así como algunos elementos recurrentes como el jabón y el tema de la limpieza. También veremos la prolepsis (que hemos llamado “anzuelo”) de acuerdo con Genette, con el fin de proponer un paralelismo entre la seducción de la narración y el señuelo que atrapa al lector en una suerte de curiosidad malsana al querer saber lo que ocurre en el cuento.
Asimismo, veremos la figura de la joven protagonista de la historia. En ese sentido, se abordará la problemática de la sexualidad, la raza y el género, es decir, la interseccionalidad. Las ideas propuestas por Elsa Dorlin serán muy útiles para comprender este relato panameño contemporáneo y sus dinámicas internas.
Siempre bajo la óptica de la interseccionalidad, estudiaremos algunas ideas de Franz Fanon y Angela Davis que enfatizan el tema de la violencia y que exploran la condición del “marginado” a partir del rostro de una chiquilla en particular. Intentaremos explicar además, el concepto de “mancha” o “impureza” a partir de Bataille, concepto que está en la base de toda una elucubración sobre la belleza, la violencia y la animalidad. También nos aproximaremos al texto desde la teología dado que la violación sufrida por mujeres pobres ha sido un tema trabajado desde esa perspectiva. De hecho, ha sido la teóloga Marcella Althaus-Reid, a quien ya hemos mencionado, la que con su teología indecente ha descrito de una forma precisa los dilemas de la virginidad, el deseo, el erotismo y el olvido sistemático de los discursos dominantes referidos a las mujeres de la región.
También citaremos de nuevo a la crítica colombiana Helena Araujo pues sus estudios sobre la violación, las perversiones y la literatura escrita por mujeres latinoamericanas son muy valiosos. Además, para comprender mejor este relato en particular, el abordaje intentará, cuando se considere necesario, explicar algunos aspectos de la cultura afro de Panamá, sobre todo, del Caribe.
Argumento
El cuento narra una historia simple: Claudina, una adolescente negra y pobre que habita en una pensión comunitaria va a tomar su ducha a las 5 de la mañana, como lo hace usualmente. Ella se gana la vida como vendedora de lotería y ese día, cuando va a bañarse temprano para evitar la fila del baño compartido y para que los chicos no la husmeen por entre los huecos del lugar, es agredida sexualmente por un desconocido que estaba allí. En el baño el violador la toca y la penetra, sin decirle nada.
Luego de la violación, ella se echa a llorar en silencio y se da cuenta de que algunos la espían. Pero ya en ese momento a ella no le importa eso pues la vejación de la que ha sido objeto es mayor. Sin prestarles atención, ella se ducha, se coloca su paño de Mickey Mouse y sale del baño. La fila por ducharse comienza pero a ella ya no le importa, vuelve a su cuarto y comienza a pensar en lo que le acaba de pasar y en aquellas historias de amor que se cuentan en las novelas populares.
El anzuelo seductor que abre el relato
CCC empieza por el final, es decir, con la violación. Esta “evocación” o maniobra narrativa invita a los lectores a continuar el texto y a querer saber cómo ocurrió esa violación. Aparece, en efecto, una primera oración que incita a leer sobre la violación ocurrida y que, al mismo tiempo, crea en los lectores una curiosidad morbosa desde el inicio del cuento: “Claudina chancleteaba camino al baño, el día en que perdió la virginidad” (Tomás, 1995, p. 31). A partir de ese dato, comienza la pregunta por la situación de la víctima y por los detalles de esa agresión sexual. El texto juega con el tiempo y particularmente, con el día en que Claudina cayó en desgracia. Esta maniobra narrativa recuerda el papel de la tragedia y su evocación al inicio de una historia, como ocurre en las novelas Crónica de una muerte anunciada (Gabriel García Márquez), El túnel (Ernesto Sábato), así como en el cuento “El Sur” (Jorge Luis Borges), entre otros ejemplos conocidos. Para este estudio, la prolepsis funciona como un señuelo que esboza una coherencia temporal dentro del texto. Mejor dicho, la alteración del tiempo se revela poco a poco a través de informaciones cuyos verbos son la llave.
El siguiente cuadro resume lo que acabamos de decir. Los párrafos del relato comienzan siempre con una referencia al tiempo.
Tabla 9. Frases referidas al juego del tiempo en CCC
El día en que perdió la virginidad |
Solía ser la primera |
Ese día como todos los anteriores |
… la madrugada de ese miércoles |
Amanecía |
… hasta que entró en su cuarto |
Fuente: elaboración propia.
Cuando vemos la situación trágica que acaba de vivir Claudina, constatamos que el tiempo dedicado a contar su historia es muy corto, si se compara con la gravedad de la violación sufrida. Con Genette es posible afirmar que la distorsión temporal “nos invita a comprobar que una de las funciones del relato es la de transformar un tiempo en otro tiempo” (Genette, 1989, p. 89). De esta forma, la violación, o más precisamente “la pérdida de la virginidad” (que luego veremos), se cuenta en seis párrafos, digamos que en seis o diez minutos de lectura. Pero, la agresión sexual de Claudina es un hecho traumático, que quedará grabado en su mente para toda la vida. En otras palabras, algo gravísimo se cuenta en unos breves minutos punzantes. El contraste entre la gravedad del trauma y el carácter conciso de su narración afirma el juego del tiempo, de la voz y la distancia dentro del texto. Todo ocurre como si la violación no tuviera importancia, incluso sabiendo que la madre de Claudina, ella también, fue violada y que de esa “herida”, nació Claudina. La prolepsis, esa maniobra narrativa citada, es entonces “el señuelo” que atrapa al lector pero también, el anuncio de la tragedia cíclica vivida por mujeres negras y pobres en este cuento panameño.
La interseccionalidad: una clave para el análisis
En el cuento de Tomás, el enfoque interseccional es fundamental para estudiar las relaciones entre las diferentes formas de poder. Aunque ya lo habíamos mencionado en los cuentos del despertar erótico, este abordaje constituye
una herramienta de análisis para las investigaciones en ciencias sociales sobre las discriminaciones, en general, y en particular, para la teoría política y los estudios de género que analizan la estructura formal de las relaciones sociales –analógica, aritmética y geométricamente[5] (Dorlin, 2012, p. 10).
Tenemos, en efecto, un cuento que habla de la clase social, de la raza y del sexo. En “El mulato”, ya habíamos estudiado algunos aspectos de la interseccionalidad, pero ahora profundizaremos en algunas ideas, y sobre todo, trataremos de explicar cómo funcionan estas relaciones en un texto de ficción y a la vez, en la caracterización de un personaje.
Claudina es una adolescente afrodescendiente que habita en un barrio miserable. Ella trabaja, y esto no es baladí, pues deja ver el problema de la pobreza y el trabajo infantil. Así, el relato ofrece información sobre el personaje y su entorno, es decir, el espacio y la violencia que lo permea desde el inicio y hasta el final de la historia. La violencia atraviesa la condición de mujer de Claudina incluso de forma literal: ella es violada, atravesada, penetrada. El proceso de discriminación del personaje se desarrolla, quizá, en tres etapas. En primer lugar, el cuento la describe como una chiquilla violada. Luego, se trata de una adolescente pobre, deseada por los vecinos y por su violador. En tercer lugar, se nos dice que ella es negra y entonces, el vecindario la juzga desde el prejuicio de la insaciabilidad sexual de las mujeres africanas, o en todo caso, desde las mujeres que no pertenecen a la tradición occidental que, supuestamente, son frígidas. Dicho de otra forma, la interseccionalidad es aquí evidente. El siguiente fragmento resume los tres momentos de discriminación citados:
También era la primera en instalar su mesa de billetes, para agarrar buen lugar. Ese día como todos los anteriores, Claudina se había levantado a las 5. Tomó su jabón y su toalla de Mickey Mouse y enfiló hacia la ducha; Su camisón sencillo insinuaba sus formas de negra joven, recién abierta a la edad, a la fruta de la adolescencia. Los vecinos comentaron después que eso había alborotado al infeliz (Tomás, 1995, p. 31).
Este pasaje es un verdadero modelo en términos de análisis de discurso. A través de él sabemos todo sobre Claudina, y al mismo tiempo, descubrimos la percepción sobre ella y las “supuestas” razones de la violación según sus vecinos. El texto es enfático: lo que detonó la violación de la joven fue su belleza y su vulnerabilidad. Como ella es bella, entonces, merece ser abusada. Elsa Dorlin subraya algo semejante, hablando del proceso de colonización:
… los discursos naturalistas han justificado la explotación sexual de mujeres y la humillación de hombres esclavos o indígenas en las sociedades coloniales francesas: al considerar a las mujeres negras o indias como sexualmente insaciables, estos discursos ven a los hombres como incapaces de satisfacer sexualmente a sus propias compañeras, y por ello, las ceden de buena gana a los extranjeros[6] (Dorlin, 2009, p. 220).
¿Por qué interesa este punto? Porque no se puede olvidar que, incluso deseando el cuerpo y la belleza de Claudina, nadie en la pensión se ha atrevido a tocarla. Es quizá un extranjero, un hombre con una cierta autoridad, el que la viola. También se muestra la aparente falta de audacia de los vecinos masculinos que refuerza, en el texto, la idea de que el agresor es un extranjero, o en todo caso, alguien que no vive en esa pensión. Pareciera que solo ese extraño es capaz de domar a Claudina o de darle lo que ella “necesita”. ¿Cómo funciona esta idea? El texto dice que todos los que viven en esa casucha usan sandalias (inquilinos de chancleta), es decir, sus pies son vulnerables, mientras que los pies del colono “nunca son percibidos, salvo tal vez en el mar, pero uno nunca está suficientemente cerca de ellos. Son pies protegidos por zapatos sólidos mientras que las calles de su ciudad son netas, lisas, sin huecos, sin piedrillas”[7] (Fanon, 1981, p. 8). En efecto, las chancletas no son una protección, dejan los pies desnudos y expuestos al frío y al agua. Esta mención de los pies es muy significativa pues Consuelo Tomás intenta denunciar esas condiciones miserables a partir del discurso artístico. Con la imagen de las sandalias, el texto muestra la inferioridad de los excluidos, la pobreza que caracteriza su condición de hombres “incapaces e impotentes” desde el punto de vista sexual. En ese sentido, los argumentos expuestos por Elsa Dorlin constatan esa discriminación o mejor dicho, esa desvalorización de la virilidad de los hombres pobres, violados a su vez, por el discurso dominante. Es que en esa casa miserable, todo el mundo anda en chancletas…
¿Y el violador? Pues es un hombre sin rostro, un extraño. Desde los primeros párrafos se afirma: “El tipo era un forastero al que ni siquiera le pudo ver la cara. Andaba de paso y se fue por donde vino” (Tomás, 1995, p. 31). El violador es así un hombre anónimo, un extranjero no identificable. El texto no dice si es blanco, asiático o negro. Sin embargo, es verdad que un extranjero en un barrio miserable quizá sea blanco; esa es, por ejemplo, la interpretación de Willy O. Muñoz (2012, p. 39). Si se acepta esta lectura, estamos ante un texto que denuncia, una vez más, una condición colonial. De hecho, podemos apoyarnos en una relectura del colonialismo pues el abuso está ahí y además, la víctima de la violación es una joven negra y pobre. Al inicio de este análisis nos preguntamos si había una relación entre la violación y la raza, entre violar a una mujer blanca o a una negra, entre otras interrogantes. La respuesta es sí, sí existe una gran diferencia porque la protagonista del relato es triplemente marginada: es una mujer, una mujer pobre y además, negra. Sin ser especialistas en estudios coloniales, es posible afirmar que
A pesar de la domesticación lograda, a pesar de la apropiación, el colono permanece siempre como extranjero. No son ni las fábricas, ni las propiedades, ni la cuenta bancaria que caracteriza en primer lugar, a la clase dirigente. La especie dirigente es primero que nada, aquella que viene de otro lado, aquella que no se parece a los autóctonos, “los otros”[8] (Fanon, 1981, p. 9).
El extranjero es entonces alguien que viene de afuera, de otro lugar, y es el violador. Encarna un tipo de violencia que viene del exterior. El hombre que abusa a Claudina es el símbolo de la violencia social que el texto intenta mostrar. En el primer cuento de este apartado vimos la violencia de Estado, pero esta vez, hay un nivel más concreto de violencia, pese al carácter anónimo de quien la ejerce. El hombre sin rostro reenvía a la universalidad de la violencia ejercida hacia las mujeres, sobre todo a aquellas más vulnerables, pues si el personaje no tiene cara entonces se le podría poner cualquiera. Como consecuencia, una lectura colonial o mejor, una interseccional no se puede descartar porque Claudina, como se dijo, pertenece a un grupo de mujeres “rechazadas” a causa de su pobreza y su color de piel. Hay que agregar que el violador quedará en el anonimato para siempre; la joven abusada también quedará marcada para siempre: “Luego, sin darse cuenta, una sensación nunca antes experimentada llegaba cuando el hombre sin rostro, después de jadear de forma sorda, se retiraba de su cuerpo y se perdía para siempre en la neblina del tiempo” (Tomás, 1995, p. 31).
Detentador de la fuerza física, el hombre sin rostro no utiliza sino el lenguaje de los que conquistan, o sea, el lenguaje de la violencia del cuerpo en el que las palabras salen sobrando. La violencia sexual obliga a Claudina a someterse y le hace sentir una sensación jamás vivida. Incluso, unas líneas más abajo, se lee que ella se sintió como una “cachorra callejera”, una perra vagabunda, como se verá en el apartado sobre la mancha y la impureza.
Sin embargo, hablando del erotismo y la violencia, interesa la ausencia de habla durante el acto sexual. Existe una relación entre el sexo, el gozo y la ausencia de comunicación verbal. Ya analizamos este tema en “Bicho raro”, pero es claro que este aspecto es algo recurrente dentro del discurso erótico. La técnica adoptada por el cuento es la respuesta, quizá, a lo que está detrás del texto. Mejor dicho, si se menciona la ausencia del habla en un relato erótico es porque esta ausencia es ella misma un requisito del discurso erótico, un elemento de su conformación. El violador sin identidad y sin palabras es un hombre venido del exterior, “un desconocido cuyo rostro no podría describir hasta el fin de sus días” (Tomás, 1995, p. 32).
De esta forma, la violencia y el erotismo se entremezclan en este cuento panameño en una fusión que se podría llamar clásica, tomando en cuenta los numerosos textos sobre el tema[9]. Por otra parte, es un cuento muy político en la medida en que muestra la realidad de las mujeres pobres de una región así como los imaginarios a los que son confrontadas, en medio de una sociedad violenta, injusta y sin duda, colonial. De ahí la insistencia en el enfoque interseccional pues constituye una llave particularmente eficaz para descifrar las dinámicas que están en juego dentro del texto, más allá del análisis literario tradicional.
En esa línea hay por ejemplo un pasaje muy interesante, uno que menciona los eventuales hijos de Claudina, así como el vigor de su cuerpo: “caminaba acunando hijos posibles, prometiendo el cielo, asegurando alegría, con aquel péndulo de carne sostenido por dos muslos hechos para el amor y el trabajo (Tomás, 1995, p. 31). Se expresa aquí la contradicción de ser una mujer negra: por un lado, se le achaca voluptuosidad, por el otro, maternidad, de un lado yace la mujer sensual y del otro, la madre. Respecto de este aspecto, Elsa Dorlin afirma que ha habido durante siglos una estrecha relación entre la mujer robusta, sobre todo del campo, bella, morena, y su condición “natural” de nodriza[10]. Claudina corresponde a ese modelo de mujer vigorosa, fuerte, que promete dar nacimiento a bellos infantes, nacidos de sus “dos muslos hechos para el amor y para el trabajo”, de su cuerpo sano y joven. La fertilidad de Claudina aparece en el texto evocando a “la buena madre”, una figura de la cultura que ha recorrido siglos.
La esfera pública, la mujer siempre culpable y el ciclo de la violación
Siempre bajo la óptica interseccional, veamos a la mujer violada, así como el silencio y el juicio de los vecinos mencionados en el texto.
Hay que decir que los vecinos de esa casa condenada saben bien lo que le pasó a Claudina. Saben de la tragedia vivida por la adolescente, pero no han intervenido; más bien, la culpan de haberse buscado esa agresión: “los vecinos comentaron después que eso había alborotado al infeliz” (Tomás, 1995, p. 31).
No se puede dejar de pensar que detrás del juicio de los vecinos, se encuentra el mito de la femme fatale, así como la idea según la cual, la mujer negra es insaciable y disoluta. Se trata entonces de una cuestión de raza, tal y como la describe Angela Davis[11]:
La imagen ficticia del hombre negro como violador siempre ha reforzado a su inseparable pareja: la imagen de la mujer negra como depositaria de una promiscuidad crónica. Porque desde el momento en el que se acepta la noción de que el hombre negro abriga un impulso sexual irresistible y animal, toda la raza es investida de bestialidad. Si los hombres negros tienen los ojos puestos sobre las mujeres blancas como objetos sexuales, entonces es innegable que las mujeres negras deben acoger con agrado las atenciones sexuales que les dedican los hombres blancos. Vistas como “mujeres perdidas” y como putas, los gritos de violación proferidos por las mujeres negras carecerían, inevitablemente, de legitimidad (Davis, 2005, pp. 183-184).
Así es como se construye en el relato, el retrato de la mujer seductora que termina castigada por su actitud irresponsable. Se debe insistir sobre este punto porque parece increíble que incluso sabiendo el peligro que corre Claudina, los habitantes de la casa no muevan un dedo, al contrario, juzgan los hechos como la consecuencia de la belleza de la joven. Hasta se podría decir que el violador, el extranjero que la abusa, ha osado hacer todo lo que los vecinos querían hacerle pero sin atreverse a dar el paso. En esa línea, Willy O. Muñoz analiza:
El cuento parece sugerir que es aceptable que el hombre tiene derecho a usar el cuerpo de la mujer negra. Esta creencia explica por qué los testigos no han detenido al extranjero, quien, por su condición de extranjero, puede ser un hombre blanco en un barrio de negros (Muñoz, 2012, p. 39).
Se tiene entonces un espacio público donde violar a una mujer es como oír llover, un acontecimiento que forma parte de la cotidianidad de los barrios pobres y que, por otra parte, parece volverse normal en la medida en que se repite. A este respecto, no hay que olvidar lo que el texto describe: “las miradas inquisitivas de los vecinos le hacían pensar en su madre y en sus propios y oscuros orígenes” (Tomás, 1995, p. 32). La madre de Claudina también parece haber sido violada, con lo cual se dibuja un ciclo fatal[12] e incluso histórico y hasta determinista.
De cierta forma, el personaje de Claudina es representativo de la violencia sufrida por las mujeres pobres y vulnerables, condicionadas por el medio social y la raza. En ese sentido, la lectura política es evidente. Incluso a nivel de la violación, que va más allá de aspectos raciales, hay que destacar que el tema siempre ha sido espinoso porque la tal “culpa de la mujer” es una situación recurrente que se debe contraargumentar:
No obstante, la ley, el principal sistema de defensa de los violadores es tirar la iniciativa sobre la víctima. El portar una minifalda, una sonrisa, una respuesta a una pregunta, la simple presencia en un lugar aislado o a una hora tardía, son elementos puestos en marcha para justificar e ir del pasaje al acto[13] (Marzano, 2011, p. 1424.)
Se encuentra aquí un esquema de narración de la violación tal y como Brigitte Robert lo ha expuesto: “la culpabilización de parte del entorno” (Robert, 2005, p. 113). Sin embargo, el término violación está ligado con la pertenencia a la afrodescendencia porque la situación histórica de estas mujeres es el testimonio vivo de un abuso sistemático, mantenido a lo largo de los siglos.
La musicalidad del deseo, el gozo y la mancha
Desde el punto de vista de la forma, el título del cuento tiene una cierta musicalidad: Cuando Claudina camina. Tres veces la letra c es pronunciada fuertemente, además de la terminación ina, ina que muestra una rima. Esa aliteración da un ritmo particular al título. Un pasaje del texto dice: “Eso, y el caminado de Claudina que era de puta madre. Caminaba como si repartiera con un pati pami pati pami que hacían sonar las chancletas con un rachquete rachquete güiro matutino de aquella casa condenada” (Tomás, 1995, p. 31). Como se dijo, la joven fue violada por causa de su manera de caminar, al ritmo del chancleteo de sus sandalias y los contoneos de su cuerpo voluptuoso que se ofrece a todos, como si se tratara de una cosa para compartir.
Esta musicalidad, ese ritmo de las palabras recuerda al poeta cubano Nicolás Guillén[14], para quien musicalidad y negritud son inseparables. Incluso, el relato de Tomás juega con las palabras, en un movimiento lúdico que conduce a la tragedia. Pero aunque lo lúdico se convierta en tragedia, ese juego y esa alegría caracterizan a la joven al punto de ser descrita como “un güiro matutino”. El güiro es un instrumento musical muy popular en Panamá y en algunos países de América Central, también en Cuba. Con esta referencia, el gozo de Claudina vibra y se siente. Ella está llena de vida, es alegre: “Caminaba acunando hijos posibles, prometiendo el cielo, asegurando alegría” (Tomás, 1995, p. 31). El caminado de Claudina[15] se relaciona con el gozo, la plenitud y la fertilidad. Además, sirve de contrapunto pues por un lado, se muestra el gozo de la joven quien tiene todo por delante, que camina con la despreocupación de su edad, y por el otro, el golpe violento de la realidad trágica que pone fin a esta música deseable. A este respecto, Bataille afirma:
Si la belleza, cuyo logro es un rechazo de la animalidad, es apasionadamente deseada, es que en ella la posesión introduce la mancha de lo animal. Es deseada para ensuciarla. No por ella misma sino por la alegría que se saborea en la certeza de profanarla (Bataille, 1997, p. 150).
En el texto, vemos la belleza, la alegría, pero también, el deseo de corromperlas, de ensuciarlas. La lozanía y juventud de Claudina funcionan como detonantes de la transgresión y la violencia. El gozo está, pero se traslada a la profanación. Inmediatamente, hay como una inversión en el sentido de que el gozo que había iniciado como algo positivo se trastoca en negativo. No habrá sino el gozo, el placer de hacer el mal, como lo decía Baudelaire. El gozo representado por el güiro, evocador de la música, el baile, la fiesta, se opone a la idea del gozo de ensuciar, de manchar, propuesta por Bataille. Aparece entonces una dicotomía, como lo muestra el siguiente cuadro.
Tabla 10. El gozo y la mancha en CCC
La alegría/gozo de Claudina | El gozo de profanar |
Ligados a la fertilidad, el trabajo, | Ligado con la mancha, el abandono y la muerte |
Representados por el güiro | Representado por el silencio |
El caminado despreocupado | El ataque violento del depredador |
Fuente: elaboración propia.
Se muestra entonces el mecanismo que hace surgir el elemento erótico del cuento, es decir, la belleza profanada por la violación. Como un aforismo perverso, hay que señalar que no se puede ensuciar lo que ya estaba sucio, o mejor dicho, solo se puede corromper lo que es puro.
El relato desarrolla el tema del deseo que nace poco a poco: “su camisón sencillo insinuaba sus formas de negra joven, recién abierta a la edad, a la fruta de la adolescencia” (Tomás, 1995, p. 31). Las palabras “abierta” y “fruta” tienen una connotación sexual evidente y la descripción de la camisa de noche de Claudina es sugestiva e invita a desear su cuerpo. El texto sugiere una belleza que se ofrece, como una fruta a degustar. La mancha, la suciedad aparecerá justo en medio de esta descripción en un movimiento que busca callar la música de Claudina, así como su alegría:
Por eso la madrugada de ese miércoles, Claudina entró al baño y se sintió clavada a la pared por algo duro y contundente que no le dio ni tiempo de gritar. Al principio fue el dolor, la sorpresa, una mano en su boca, pero también en sus nalgas, su vientre, urgando[16] entre sus piernas, sus senos. Luego sin darse cuenta, una sensación nunca antes experimentada llegaba (Tomás, 1995, p. 31).
La escena de la mancha, la suciedad, es violenta…, todo pasa en un abrir y cerrar de ojos.
La mancha toca el cuerpo de la adolescente, un cuerpo que luego de eso es descrito con términos más crudos como “nalgas”, “senos”, “boca”, “vientre”. Es como si la sensualidad del inicio hubiera cambiado por la objetividad, la ausencia de poesía, y vemos así cómo la mancha podría estar incluso en el lenguaje mismo, en las palabras usadas. Como quien dice, la poesía desaparece para dar paso a lo prosaico. Si la belleza no es lo único profanado, se puede afirmar que el erotismo se encuentra en el límite entre la sensualidad y la vulgaridad. No solamente se trata de la profanación de la belleza sino de la violencia de las palabras que, a veces, es belleza al mismo tiempo.
Por otra parte, la mancha está ligada con el jabón al inicio del relato. El jabón, de hecho, se menciona tres veces y cada vez relacionado con la limpieza física y la moral. La primera vez, el jabón sirve para rellenar los huecos del baño de madera y así evitar
… la mirada indiscreta de los niños recabuchones a través de los huequitos hechos en las tablas de madera del baño y que eran tapados con jabón de perro para evitar tal invasión a la intimidad (Tomás, 1995, p. 31).
Vemos entonces que “el jabón de perro” funciona como un tapón para proteger a la joven de las miradas, pero a la vez, hay un juego de palabras o un doble sentido pues ese jabón se refiere también a la intrusión en su intimidad, y al personaje de Claudina que al final del relato es llamada “hembra”. Mejor dicho, evocar al perro es evocar la animalidad del espacio donde los acontecimientos tienen lugar, y al mismo tiempo, es hablar de la condición de Claudina como “cachorra” al final del cuento.
Luego de la violación, el jabón aparece pero esta vez, aludiendo a la animalización de Claudina, quien comienza a sentir “la sensación de cachorra callejera que todo el jabón restregado una y otra vez sobre su piel no lograban eliminar” (Tomás, p. 32). Con esta animalización del personaje, se vuelve a la mancha de la que hablaba Bataille. El jabón, concebido como un elemento del baño y la purificación no borrará la suciedad del cuerpo de la jovencita. La imagen del perro se desplaza, se vio primero en el baño con huecos de la pensión y luego, en la piel de la adolescente vejada. Después de haberse duchado, Claudina sale con su jabón entre las manos y se dice que “un silencio espeso le escupió la cara…” (Tomás, p. 32). Incluso el silencio, un silencio que además es espeso, pesado, la ensucia y la humilla. Ese silencio se opone al gozo de la música y de las sandalias cantarinas de la joven, a su manera de caminar descrita al principio del texto. El silencio[17] puede ser interpretado como la mancha, la evidencia misma de la profanación.
Asimismo, hay una frase en el texto que insiste en el binomio limpieza-suciedad, esta vez en el retrato de los habitantes de la pensión: “Amanecía y los cuartos vomitaban sus inquilinos de chancleta armados de cepillo, toalla y jabón con el sueño aún enredado entre los párpados” (Tomás, p. 32). El verbo “vomitaban” no es para nada gratuito, al contrario, refuerza la idea de una mancha, de rechazo y blasfemia. Pero en esta frase la suciedad es un estado que comparten todos y contra la que cada uno lucha con las armas que tiene. El relato menciona a los “inquilinos de chancleta”, es decir, esas sandalias son un tipo de calzado útil en la playa pero no en la ciudad. Sin olvidar este detalle del que se ha hablado, el hecho de vomitar da la idea de desesperanza, de asco, e incluso, de injusticia. Es verdad que en este relato Claudina es la violada, la humillada, pero si todos en la pensión usan chancletas –signo de pobreza y vulnerabilidad– quiere decir que, de alguna forma, todos son humillados. Sin embargo, es innegable que Claudina lleva la peor parte.
Mickey Mouse, la virgen María y las mujeres negras y pobres
El relato de Consuelo Tomás se inscribe en una tradición regional que denuncia los abusos y la discriminación hacia las personas afrodescendientes y pobres. En efecto, ha habido desde los años 30, en América Central, una tendencia a interesarse por los personajes negros en literatura y en general, en la producción artística de cada país. Sin embargo, es en Panamá donde la negritud[18] es tratada con más frecuencia. Willy O. Muñoz lo sugiere:
En 1931, Graciela Rojas Sucre, considerada la primera mujer que publicó un libro de cuentos en Panamá, dio a conocer “Terruñadas de lo chico” […] De esta manera, Rojas da inicio a una temática recurrente en la literatura de personajes negros: la omnipresente pobreza de los negros, además de que este cuento provee ya indicios tanto de la diferencia de razas y de clase, como de la segregación racial (Muñoz, 2012, p. 8).
Panamá es entonces el país donde los escritores afrodescendientes han escrito más y donde los personajes literarios negros afloran en medio de descripciones crueles y vidas miserables. Este libro no aborda las condiciones de producción literaria escrita por mujeres negras ni pretende hacer una arqueología de la figura del negro en la literatura de la región. Sin embargo, la idea de discriminación está presente aunque a veces sea sutil. La escena descrita en el cuento en la que coexisten pobreza, promiscuidad y voyerismo es la realidad cotidiana de muchas mujeres latinoamericanas. Esto recuerda lo señalado por la teóloga argentina Marcella Althaus-Reid cuando dice:
Las mujeres pobres jóvenes de las villas miseria, deambulan con rostro sucio, ropas cortas y desajustadas y pequeñas y frágiles sandalias de plástico, mientras sus pletóricos cuerpos pubescentes empiezan a contar historias de abuso sexual y acoso (Althaus-Reid, p. 111).
Sin suponer que la literatura es siempre un reflejo de la sociedad[19] –una idea reduccionista y cuyo debate no está zanjado–, es posible afirmar que hay relaciones estrechas entre lo que denuncia la frase de la teóloga y los hechos contados en el relato. En efecto, la condición de las mujeres evocadas por Althaus-Reid se muestra bien en el texto de Tomás. Claudina parece representar la violencia de clase, de raza y de género en América Central. Recuérdese: “Claudina chancleteaba camino al baño el día en que perdió la virginidad” (Tomás, 1995, p. 31). El cuento inicia con esas palabras significativas; el término “virginidad” no es anodino; reenvía inmediatamente a la esfera religiosa, aludiendo a la virginidad/pureza de María, la madre de Jesús. El relato pudo haber iniciado diciendo “el día que a Claudina la violaron” o “el día que Claudina fue abusada”… Sin embargo, se usa la palabra “virginidad” y esta es una de las claves para interpretar el cuento de la escritora panameña.
En Centroamérica, como en casi toda América Latina, la Virgen es sinónimo de castidad, de pureza. Según la Iglesia católica, ella es el modelo a seguir por excelencia pues se mantuvo virgen toda su vida, es decir, antes, durante y después de haber dado a luz a Jesús. Ese dogma de la virginidad perpetua de María[20] plantea un problema enorme, primero porque el continente abriga al 40% de católicos a nivel mundial, y a la vez, porque la región es testigo cotidiano de múltiples injusticias contra las mujeres. La pobreza y la virginidad se excluyen, no van juntas[21]. Ser pobre excluye la posibilidad de ser virgen, como lo señala el epígrafe de Marcella Althaus-Reid escogido para este cuento: “las pobres son raramente vírgenes”. Las cifras de maternidad precoz, de embarazos adolescentes y no deseados, de mujeres solas pobres y madres son la prueba[22]. Sin embargo, cabe preguntarse también qué se esconde detrás de la figura de la Virgen María. ¿Es ella la madre sacrificada? La respuesta de la crítica literaria Helena Araujo puede ayudar en ese sentido:
Sí, la idealización de la maternidad estimula un narcicismo primario en la mujer que, al compararse o identificarse con María tiende a agravar sus propios conflictos y alejarse de la realidad. ¿Por qué? Porque rechazando su sensualidad y su cuerpo, influenciada por el modelo mariano, asume una vez más su papel subalterno y su predisposición a la obediencia y al silencio. Recordemos, la Virgen nunca habla ni discurre. Solamente oye, escucha órdenes de la divinidad o súplicas de los pecadores (Araujo, 1989 p.63).
Aparece así un verdadero dilema cuando en los cuentos –y más en los escritos por mujeres en nuestra región–[23] se habla de la virgen. Esta figura no está ligada solamente con la maternidad y el sacrificio sino también con la desexualización del cuerpo femenino y la negación del placer corporal, sexual o mejor aún, con la negación del goce erótico. Su imagen es ambivalente también pues por un lado, es ejemplo de decencia, castidad, la mujer ideal que todas deberían seguir, pero a la vez, el cuento trastoca esa imagen porque es la virgen quien es violada. De acuerdo con esto, una vez más, las mujeres pobres no serán nunca vírgenes pues la violencia contra sus cuerpos no permite ni la ternura, ni el disfrute erótico: “… la Claudina que no había conocido el amor del que tanto hablaban las telenovelas pero se había descubierto hembra de sopetón, en el viejo baño de la casa condenada” (Tomás, p. 32).
La figura de la antivirgen aparece entonces como la mujer violada que había idealizado el amor y las relaciones sexuales pero que se encuentra inmersa en un mundo de violencia y cruda realidad. La antivirgen no es aquí producto de la conciencia corporal de emancipación femenina como en “El Mulato” o en “Señorita en la cuadra”. Al contrario, toda esta violencia venida del exterior, de sus condiciones miserables de vida, del hecho de vivir en una “casa condenada” moldean esta figura, son su metáfora. La casa incluso funciona como un espacio de muerte pues allí ocurre la tragedia[24].
Aunado al tema de la antivirgen, está la imagen de Mickey Mouse en el paño de Claudina…, ¿qué dice esto?, ¿qué función cumple el personaje más famoso de Walt Disney en este relato? ¿Es Mickey Mouse la parodia detrás de la tragedia? ¿Es el dibujo animado el guardián inútil de la virginidad, de la misma forma en que María “vigila” a las mujeres en América Latina? Porque los cuerpos de las mujeres jóvenes y pobres,
… pueden contarnos qué les ocurrió de niñas en chabolas con tejado de lata o bajo los puentes de la ciudad, historias de haber sido sexualmente molestadas por padres, hermanos o visitantes ocasionales, episodios que tuvieron lugar en la misma estancia presidida por una estatua de la Virgen María junto a la tele y algunas flores de plástico (Althaus-Reid, p. 111).
Hay que insistir en la figura de la Virgen María. Su presencia en una escena cotidiana de violencia hacia las mujeres pobres interpela, pero también lo hace la figura de Mickey Mouse, sobre todo en este relato. Las dos figuras están ligadas con la inocencia, la infancia, la pureza y a la vez, forman un contrapeso ante la violencia de un acto sexual. El cuento dice que la mañana de la violación Claudina había tomado “su toalla de Micky Mouse[25] y enfiló hacia la ducha” (Tomás, p. 31). La referencia al paño con la imagen de ese diseño infantil reenvía al campo lúdico, de la inocencia. Pero ese día Claudina no encuentra sino humillación y violencia sexual. El diseño de Mickey Mouse genera un contrapeso entre la violación y la inocencia en el relato. Es la imagen que hace pasar de la infancia a la adultez de una forma abrupta. El ratón más famoso de los cómics representa el espacio de la niñez, el mundo del que viene la jovencita, un lugar de tranquilidad, musicalidad, gozo.
Vemos entonces un relato que habla de acontecimientos, y en esa línea, se comparte lo dicho por Lotman cuando afirma: “El acontecimiento representa siempre la transgresión de una prohibición, un hecho que ha sucedido pero que podría no haber sucedido” (Lotman, 1982, p. 289). En este caso, esa transgresión es evidentemente la violación.
De esta forma, podemos decir que “Cuando Claudina camina” es un texto de acontecimientos en la medida en que la violación desplaza a los personajes de un lugar a otro y es en sí misma una transgresión. Claudina es lanzada del mundo de la infancia al mundo de la adultez y la violencia. La violación es justamente la que permite ese tránsito, ese desplazamiento. Por su parte, el violador profana el cuerpo de Claudina, su belleza y en ese movimiento, ella abandona para siempre un espacio de inocencia mickeymousiana para convertirse en hembra de golpe[26]. Se muestra así un relato de acontecimientos que, si bien son breves, muestran la compleja y trágica situación de las mujeres pobres centroamericanas.
- La teología indecente, op. cit., 2005, p. 76.↵
- Este cuentario obtuvo el premio Ricardo Miró de 1994. ↵
- Jacqueline Barus-Michel, “Inceste et pédophilie, quelle jouissance, quel interdit ?”, op. cit. Mi traducción.↵
- En la literatura erótica, la violación ha sido siempre un tema recurrente. En Francia, están los textos clásicos de Histoire d’O (Pauline Réage), Emmanuelle (Emmanuelle Arsan) y las novelas del Marqués de Sade, entre otras. En América Latina, a pesar de no tener un corpus abiertamente erótico, existen algunos pasajes ejemplares en La fiesta del chivo (Vargas Llosa), El gran masturbador (Horacio Castellanos), etc. También existe el tema de la tentativa de violación en los escritos de Armonía Somers, Griselda Gambaro y Tatiana Lobo. ↵
- Elsa Dorlin, “L’Atlántique féministe. L’intersectionnalité en débat”, op. cit. Mi traducción.↵
- Elsa Dorlin, La matrice de la race, op. cit. Mi traducción.↵
- Frantz Fanon, Les damnés de la terre, Paris: Maspero, 1981. Mi traducción.↵
- Ibid. Mi traducción.↵
- Histoire d’O, Baise-moi, El gran masturbador, La philosophie dans le boudoir, entre muchos otros.↵
- Sin embargo, esta idea cambia según los discursos médicos, filosóficos, como bien lo ha mostrado Elsa Dorlin. La contradicción sobre el calor uterino, la robustez de las madres negras, la nodriza vigorosa, entre otras cuestiones, es cambiante. No obstante, la exclusión de mujeres negras y pobres es una constante y no cambia, a condición de que se refuercen los clichés sobre ellas y su sexualidad. Cf. Elsa Dorlin, La matrice de la race, op. cit., 2009, pp. 157-189.↵
- Angela Davis, Mujeres, raza y clase, Madrid: Ediciones AKAL, 2005.↵
- “Antes de finalizar el siglo XIX, los clubes de mujeres negras pioneros dirigieron una de las primeras protestas públicas organizadas contra el abuso sexual. Su larga tradición de ochenta años de lucha contra la violación refleja el modo tan exagerado y extendido en el que las mujeres negras han sufrido la amenaza de la violencia sexual. Uno de los rasgos históricos más acusados del racismo siempre ha sido la presuposición de que los hombres blancos, especialmente los que detentan el poder económico, poseen un derecho inatacable a disponer de los cuerpos de las mujeres negras”. Cf. Angela Davis, Mujeres, raza y clase, op. cit., p. 239.↵
- Michela Marzano (dir.), Dictionnaire de la violence, op. cit., p. 1424.↵
- Recuérdense los poemas “Negro bembón”, “Canto negro”, entre otros muy conocidos. ↵
- Dijimos que en el cuento SELC, la manera de caminar era muy importante. Aquí insistimos en ello porque en América Latina, el caminado, la forma de andar está frecuentemente asociada a la sensualidad y el deseo. Acordémonos de algunas canciones tropicales que abordan este tema, por ejemplo, “Mística” (1999) del grupo cubano Orishas canta así: “Tienes una forma seductora de moverte frente a mí, nena me haces vibrar”, o “La negra tiene tumbao” (2001) de Celia Cruz, cuya letra dice: “la negra tiene tumbao, nunca camina de lado”. El Tumbao es eso, el ritmo, el gozo, el porte, inclusive la sensualidad. Además, en ambas canciones la protagonista es una mulata o una mujer afrodescendiente.↵
- Escrito sin h en el original. ↵
- Aparece, una vez más, la falta de palabras ligada a la sexualidad. ↵
- La negritud se comprende aquí como la señala Aime Césaire: “la negritud no es esencialmente de orden biológico. Claramente, y más allá de lo biológico inmediato, hace referencia a algo más profundo, más exactamente una suma de experiencias vividas que han terminado por definir y caracterizar una de las formas de lo humano”. Cf. Aime Césaire, Discours sur le colonialisme suivi de Discours sur la Négritude, Paris: Éditions Présence Africaine, 2004, pp. 80-81. Mi traducción.↵
- El debate sobre esto no está dirimido. Cf. Terry Eagleton, Una introducción a la teoría literaria, op. cit., p. 243.↵
- El catecismo de la Iglesia católica predica que “Lo que la fe católica cree acerca de María se funda en lo que cree acerca de Cristo, pero lo que enseña sobre María ilumina a su vez la fe en Cristo (cf. D487). La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María (cf. Concilio de Constantinopla II: DS, 427) incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre (cf. San León Magno, c. Lectis dilectionis tuae: DS, 291; ibid., 294; Pelagio I, c. Humani generis: ibid. 442; Concilio de Letrán, año 649: ibid., 503; Concilio de Toledo XVI: ibid., 571; Pío IV, con. Cum quorumdam hominum: ibid., 1880). En efecto, el nacimiento de Cristo ‘lejos de disminuir consagró la integridad virginal’ de su madre (LG 57). La liturgia de la Iglesia celebra a María como la Aeiparthénon, la ‘siempre-virgen’ (cf. LG 52) (cf. D 499)”. Fuente: https://bit.ly/46IymOl. ↵
- Jeffrey Weeks señala casi la misma idea que Althaus-Reid, pero hablando del fin del siglo XIX. Él menciona: “Chastity may not have the same social meaning for a working- class girl, accustomed to different courtship and marriage patterns, as for a middle-class young lady. Many women who moved into ocassional prostitution through economic necessity had probably already had previous sexual experience”. Cf. Jeffrey Weeks, Sex, politics and society. The regulation of sexuality since 1800, UK: Longman Group, 1989, p. 61.↵
- https://bit.ly/45OwZw9. ↵
- Helena Araujo ha repertoriado ejemplos en la literatura escrita por mujeres en América Latina que testifican el dilema entre la pureza, la perversión, las niñas perversas y el despertar sexual con el ingrediente innegable del cristianismo y la figura de María. Cf. “El modelo mariano (Tema y variaciones)”, ibid., pp. 61-81.↵
- Ya se explicaron los espacios en el capítulo dedicado al erotismo y lo fantástico.↵
- El original escribe Micky en lugar de Mickey. ↵
- Una vez más, Helena Araujo dice, a propósito de relatos cortos que tocan el tema de las violaciones de adolescentes o jovencitas: “Sí, la feminidad les llega de súbito como una realidad fulgurante y rapaz, atentando contra su integridad física. Terror, asco, repulsión. A medida que pasa el tiempo la cosificación de su sexualidad se asume hasta tal punto, que les es difícil identificar a su ser íntimo y verdadero”. La scherezada criolla, op. cit., p. 89. ↵







