Luego de tanta penetración indeseable, martirizada e insatisfecha, por parte de muchos hombres que creí liberados de ataduras fundamentalistas y degradantes del rol masculino, he conversado con algunas pocas y leales amigas, que me han apoyado en mi decisión de publicar un anuncio clasificado en el periódico de mayor difusión nacional. El anuncio dirá:
GAY AFEMINADO BUSCA LESBIANA MACHORRA
Comprende sujeción histórica del rol femenino.
Identificado plenamente con mujeres.
Resoluble con un dildo.
Interesadas comunicarse al correo:
sexyfemmeunmillonuno@yahoo.com
Laura Fuentes, “Antierótica VI”[1]
Si la definición de erotismo no es cosa fácil, su contrario, el antierotismo, es aún más difícil de conceptualizar.
En primer lugar, en este apartado analizaremos solo un cuento, “Antierótica XXI”, que forma parte del cuentario Antierótica feroz, de la escritora costarricense Laura Fuentes, aunque también se analizarán, como ha sido costumbre aquí, los epígrafes que abren esa colección. Esto último nos ayudará a delimitar mejor el tema.
También vamos a desarrollar algunas ideas que permitirán descifrar el discurso antierótico, o mejor dicho, lo que se llama aquí “fragmentos de un discurso antierótico”, parafraseando a Roland Barthes.
Los estudios sobre el antierotismo no son muchos; la crítica se ha interesado más en el adjetivo “antierótico” que en el sustantivo, el concepto de “antierotismo”. En el sentido popular, entre amigos y vecinos, lo antierótico pueden ser muchas cosas, es en definitiva, algo subjetivo. Para algunos es tal vez un vestido holgado, un calzón sin encajes, para otros, una película. Lo antierótico se basa en opiniones y juicios de valor que se fundamentan en la experiencia de la gente, en lo que las personas consideran como no sensual.
En el caso del antierotismo, las referencias son raras, incluso en Google no aparece casi nada. En lengua francesa, a la fecha de culminación de este libro (diciembre de 2017) solo hay una tesis que habla de él : “Réflexivité et anti-érotisme du film sexuel en France (1972-1976) : des auteur(e)s-cinéastes face au genre porno et au mouvement féministe”[2] y algunos blogs.
En español, la búsqueda en la web da más resultados: hay artículos de revistas y un estudio sobre películas españolas y la censura[3]. En inglés, incluso si el término es muy mencionado, Google no nos ofrece gran cosa: hay una investigación académica sobre el cine[4].
Por ello, queremos proponer algunas intuiciones posibles para comprender mejor la refutación del eros, y su propuesta en el cuento en estudio. Además, mencionaremos algunos aspectos de la poesía contemporánea centroamericana, y delimitaremos una especie de cronología que muestra que ya desde el Renacimiento se hablaba de la antierótica. Asimismo, estableceremos fragmentos de un discurso antierótico y veremos algunos aspectos del pornoterrorismo y los perfomances de Katarzyna Kozyra, en la medida en que estos reúnen nociones de comedia, parodia y, a veces, de repulsión, que son la base de la propuesta antierótica. Todo esto nos obliga a retomar la noción de queer y algunas ideas sobre género.
La última parte se dedicará a estudiar situaciones antieróticas o hasta delitos sexuales tal cual los narra Laura Fuentes en su cuentario. En fin, trataremos de delimitar, desde todas las aristas posibles, la última tendencia entre las escritoras de la región.
Lo antierótico en el Renacimiento: un ejemplo
Tanto en los mitos griegos como en la literatura latina, aparece lo que ha sido, con alguna que otra variante, lo antierótico. En el Renacimiento, esa noción estaba más ligada con los discursos moralizadores que con una dinámica de la comedia, como es el caso actual. De hecho, los Anterotica formaban parte de una mitografía moral, un género que comienza en la Edad Media donde los mitos eran reinterpretados a través de la doctrina cristiana. A ese respecto, Sharon Adams señala:
Es claro que los mitógrafos medievales trabajaron en una resuelta tradición moralística, diseñada para explotar la influencia reformista de las imágenes de los dioses cuando se interpretaba correctamente dentro del marco cristiano. Prudencio, Fulgencio, Albricius, el autor anónimo del temprano Ovidio Moralizado y muchos que siguieron, continuaron con el intento estoico de rescatar la mitología de los cargos de impiedad y frivolidad a través de la alegoría moral[5] (Adams, 1978, p. 113).
Lo antierótico era entonces un discurso sobre todo moralizante que, por medio de figuras mitológicas, buscaba mostrar un ideal cristiano, sobre todo en el plano sexual. Es así como Concetta Pennuto analiza el texto De amoris generibus, de Pietro Capretto[6] (1492)[7], que revisita el mito de Hipólito, las figuras de Eros y Anteros así como el discurso antierótico de algunos clásicos latinos.
En De amoris generibus, que pertenece a esta mitografía, aparece una estructura recurrente, que según Sharon Adams “advierte de los peligros de los ‘hombres jóvenes sin carácter formado’ en las ciudades universitarias donde la vida académica es corrupta” (Adams, 1978, p. 114).
Según el mito griego, Hipólito era devoto del culto a Artemis. Pero Afrodita, celosa de esa adoración, decide vengarse: hace que Fedra, madrastra del joven, se enamore perdidamente de él. Sin embargo, Hipólito –y esto es lo más importante cuando se habla de antierotsimo– rechaza este amor. Ante esto, Fedra se suicida y luego, él muere arrastrado por sus propios caballos. Con este mito vemos que Anteros, dios de la venganza o del amor vengado, se opone a la figura de Eros. Hipólito eligió: prefirió los caminos de Anteros (el rechazo al goce con Fedra) y no los de Eros. Por eso, Penutto señala:
La capacidad de Hipólito de domar los caballos es la imagen misma de su capacidad para dominar el deseo (Cupido), los cosquilleos de los sentidos (sensuum titillatio) así como las enfermedades y los afectos del alma[8] (Penutto, 2010, p. 33).
De esta forma, Hipólito, como Anteros, representa no solo el amor vengado, como la mayoría de críticos literarios lo han interpretado, sino también la capacidad de domar el deseo, menospreciando el contacto carnal con Fedra y todo lo que ello representa[9].
Con este ejemplo, se puede ver cómo la antierótica estaba más cercana al ascetismo excesivo que a una refutación del erotismo, una parodia, como se considera actualmente. En la Antigüedad, ser antierótico quería decir domeñar la pasión, el deseo sexual, la lujuria y vivir con sabiduría y moderación. Hoy esta noción puede ser sinónimo de asexualidad, de gente cuyo interés por el sexo es nulo.
El desencanto amoroso en América Central: fragmentos de un discurso antierótico I
Si bien este libro aborda cuentos, es importante recordar lo que Magda Zavala ha señalado en relación con su estudio de la poesía contemporánea escrita por mujeres:
Privan en las jóvenes poetas otros temas: el colapso de las esperanzas, un carácter marcadamente destructivo y autodestructivo, muy en boga, una búsqueda deconstructiva de los valores y una actitud de burla ante los procesos de descomposición social a los que asistimos, todo ello asumido a veces con ironía y sarcasmo, otras con dolor airado y denunciante. De estas autoras, se encuentran más poemas al desamor que amorosos, más descreimiento y sospecha que creencias (Zavala, 2011, p. 106).
Según Zavala, en la actual poesía escrita por mujeres se muestra casi siempre la parodia, el sarcasmo y el rechazo del sujeto amoroso. Se asiste entonces a un momento de cambio de paradigma de orden estético e ideológico pues los temas eróticos de los años 70 y 80 mostraban esperanza en el amor erótico. Esto ya no tiene lugar en la producción literaria de hoy. Si la desesperanza y el sarcasmo son ahora la tónica, es porque una nueva noción de sexualidad y erotismo comienza a emerger. Por ello, nuevamente Zavala menciona:
Un rasgo también novedoso, aunque todavía no muy marcado, de la poesía más reciente de mujeres es su abandono del tema amatorio en los términos hasta ahora conocidos […] más bien aparece un abordaje descreído e irónico, que no relaciona amor y sexo, ni supone posibilidad de realización de pareja (Zavala, 2011, p. 115).
Esta afirmación de la crítica costarricense se encuentra en los escritos y en el tratamiento que lo antierótico implica, pues, en efecto, uno de sus componentes es la parodia. En algunas escritoras del corpus hay “fragmentos antieróticos” muy precisos. Pero, desde este estudio, esos textos se moldean a través de estrategias discursivas diferentes: primeramente gracias al desencantamiento, considerado como aburrimiento o absurdo, como lo señala Zavala, pero también por la presencia de lo cómico y la exageración. Habrá que estudiar cada estrategia teniendo en cuenta los textos contemporáneos de la región.
En lo que respecta al desencanto, podemos mencionar a Jacinta Escudos y su texto “El diablo sabe mi nombre”, que forma parte del cuentario del mismo nombre. Allí una mujer se convierte en la amante del diablo y aunque el primer encuentro fue muy pasional, el antierotismo emerge conforme uno avanza en la lectura. Al final, el diablo vuelve luego de un largo viaje, y se lee:
Ha pasado tanto tiempo desde la última vez. Años.
Me sorprendí tanto que no supe qué hacer, qué decir. Él tampoco. Los dos
estábamos un poco nerviosos.
Primero nos miramos largo rato, en silencio.
Luego recordamos con nuestros cuerpos cosas que pasaron hace tiempo.
El diablo dice que ya no entiende nada (Escudos, 2008, p. 52).
El diablo, el corruptor por excelencia, símbolo de la perversión y por supuesto del erotismo y la transgresión, se da cuenta del vacío de la vida. Vuelve a la protagonista que cuenta la historia pero confiesa su hastío. Es justamente esa aversión, esa pereza, esa impresión de absurdo de la vida que forma parte del antierotismo que se trata aquí.
En el texto de Escudos el diablo es vencido y puede verse así que a pesar de todo lo que él ha vivido, el erotismo más loco no lo ha salvado. Él es el más desencantado, según Escudos.
Otro texto, “Un cuento a lo Corín Tellado con múltiples finales (elija el que le guste más)” de Jessica Masaya[10], contiene “fragmentos de un discurso antierótico” pero bajo una forma cómica[11]. Este relato hace pensar inmediatamente en la parodia de esas historias rosas de la famosa Corín Tellado[12], escritora española que publicaba sus textos en revistas de hogar y moda en los 80. Toda una generación de mujeres creció con sus historias llenas de clichés y de finales felices predecibles. De ahí la dedicatoria con la que abre el cuento: “Para mi tía Brunilda, y para todas las tías Brunildas que pasaron su vida leyendo ‘novelas inéditas’ en Vanidades[13]”.
En el texto de Masaya, Teresa está enamorada de JR, un escritor por el que perdía la cabeza. Un solo encuentro erótico en el que ella sangró bastó para que se desatara la tragedia: un embarazo. La sangre es importante aquí porque JR cree que era la regla pero Teresa sabe que viene de su himen pues era virgen. Mejor dicho, Teresa queda embarazada a la primera, de hecho el encuentro se describe con poca sensualidad:
… y cuando llegó el momento crucial, Teresa se dejó penetrar completamente ya que Daro por extraños escrúpulos no lo había hecho. El dolor no le importó nada, nunca había sido tan dichosa. ¿La cristalización de una mentira perfecta? JR sin darse cuenta de nada, le hizo el amor casi hasta el amanecer y cuando por la mañana vio la sangre, hizo una mueca extraña y entró al baño. Cuando estaban desayunando en Mcdonald’s, le dijo sin levantar la vista del periódico: “anoche te vino tu regla, ¿verdad?” Teresa enmudeció.
Aquí un lapsus (Masaya, 2008, p. 65).
Ese lapsus abre a los lectores diversos finales: a lo Corín Tellado, a lo Gabo, a lo Monterroso, a lo Almodóvar, o a lo doctora Corazón de Woody Allen. Seis posibilidades se barajan a partir de un único acontecimiento y de una sola pareja.
El fin a lo Monterroso se describe así: “Y cuando Teresa despertó, la mancha ya estaba ahí” (Masaya, 2008, p. 71).
Pero de las seis posibilidades, la de Almodóvar es la más chistosa porque en esa versión JR vive con un travesti llamado Bibi Gaitán, en honor de la voluptuosa y nada talentosa cantante mexicana de los 90. Cuando en el cabaret Teresa descubre la verdad, el diálogo es digno de una escena de Tacones lejanos:
–Hola. Me llamo Bibi, por la Gaitán, ya sabes. No me mires así, por favor, mira que no te voy a cobrar el espejo. Ay niña, tranquilízate, te advierto que soy cinta negra y mucho más alta que tú –le dijo y se sentó ofreciéndole un cigarro a Teresa, quien lo rechazó y siguió llorando.
–[…]
–Okay linda, como no quieres hablar, hablaré yo. JR está allá afuera, muy preocupado por ti, pero también trastornado porque te enteraste de esto. Yo te conozco de alguna manera, no solo por medio de él sino porque admiro tu talento. De veras. Por eso sé que eres una persona con criterio amplio, que no discrimina a los gays y hasta apoyas nuestras causas. Por favor no empieces a odiarnos hoy, porque si tantos desconocidos han merecido tu respeto, ¿cómo se lo vas a negar a JR? (Masaya, 2008, p. 75).
Se construye así un discurso antierótico moldeado a través del humor. Cada final propuesto corresponde al espíritu de su autor (Allen, Monterroso, Almodóvar) y por supuesto, en el caso de la Corín Tellado, JR y Teresa fueron “felices para siempre”.
Para Masaya, el antierotismo no es solamente una serie de acontecimientos alejados del eros, como el embarazo o la “sin-graciada” de quedar embarazada en la primera relación sexual, sino más bien un lenguaje antierótico que expresa todo eso, un lenguaje “rosa” propio de esas novelillas populares dirigidas a una masa y que de alguna forma, Masaya denuncia usando la comedia y parodiando a su ejemplo por antonomasia, Corín Tellado.
Por su parte, la exageración también es antierótica. El texto clave que aborda este tema es “Antierótica XXI” de Laura Fuentes. Este cuento en forma de diálogo cuenta la historia de una sexagenaria con el derecho a tener sexo catorce veces por semana. Sin embargo, esta rutina no le trae ni goce ni plenitud. Esta exageración propone que casi siempre cuando algo ocurre mucho, pierde su carácter erótico pues su exceso deriva en aburrimiento. Por ejemplo, los textos de Sade que son eróticos para algunos, no lo son para todos, pues como dice Jean Paulhan, citado por Boris Vian:
El relato de un asesinato nos puede dejar un sentimiento de problema, el detalle de un polvo nos puede llevar a algo de deseo. Pero diez mil polvos (en la misma noche), diez mil torturas no nos dan sino hastío y repulsión[14] (Paulhan, citado por Vian, 1980, p. 39).
Esa aversión a la que conduce la hiperbolización del sexo caracteriza todo el antierotismo del cuento que vamos a estudiar.
–Debido a mi edad ya era un reto la selección de un follador distinto para cada día de la semana. Necesitaba experimentar la calidad del servicio para saber si era capaz de elegir otros siete operarios.
–¿Cómo fue su experiencia?
–Me convencí de la amplia preparación sexual de cada follador, saben de salud, misticismo, anatomía y derechos. También son apuestos y respetuosos.
–Entonces todo iba bien…
–En realidad, no era así. A pesar de conocer orgasmos múltiples como nunca los había imaginado en mi vida, sentía un vacío… (Fuentes, 2013, pp. 68- 69).
La mujer del relato se queja porque su vida sexual, que debería ser perfecta, no parece darle satisfacción, al contrario, esta multiplicación de folladores, de fornicadores se convierte en algo antierótico para ella. Cuando se analice más adelante, se verá cómo nace el antierotismo en este cuento particular en el que las imágenes de una sociedad futura y aquellas de la institucionalización del placer son la marca del antierotismo contemporáneo.
¿Lo queer excesivo? Fragmentos de un discurso antierótico II
Lejos del ascetismo ideal y escolástico de la antierótica renacentista, pero también del desencantamiento contemporáneo o la comedia, es posible pensar que a veces, la extrema indefinición sexual puede convertirse en antierótica. Esto implica una problematización interesante.
El término queer, como ya se ha visto, designa lo que está fuera de la heteronormatividad, y a la vez, es un espacio de resistencia de cara a esa normatividad[15]. Además, lo queer revela la performance de género, así como la riqueza de la diversidad sexual y su mutabilidad. Sin embargo, hablar de extrema indefinición paniquea, aterroriza y como consecuencia, aleja del erotismo en el sentido clásico[16]. En otras palabras, lo queer excesivo e incluso el pornoterrorismo actual, con el fin de crear nuevas formas de placer, logra lo contrario. De todas maneras, hay que admitir que crear nuevos caminos al goce y al placer no es tarea fácil. Las buenas intenciones no siempre son suficientes. El discurso –sobre todo literario– lo evidencia.
En esa línea, se puede comprender el epígrafe escogido para este apartado: se trata de una parte de un cuento antierótico donde el protagonista, un hombre afeminado decepcionado por el comportamiento machista de la mayoría de los hombres gays con los que ha tratado, lo hace pensar en vivir con una mujer, quien con ayuda de un dildo podría penetrarlo sin problema. El protagonista dice:
Ese es parte del problema, porque busco hombres para saciar cierto impulso irresistible que me atrae perdidamente hacia ellos, y cuando por fin logro encontrar homosexuales que quieran emprender una relación estable, tanto afectiva como sexualmente, sucede siempre lo mismo: me tratan como a la pinche esclava obligada a recibir al macho cuando le venga en gana. ¡No parecen gays! Para las cosas que quieren hacerme deberían convertirse al Islam y buscar refugio en la patriarcalada del mentado Profeta Machoman (Fuentes, 2013, p. 28).
En este pasaje, aparecen dos cosas: la crítica de la reproducción de comportamientos machistas entre homosexuales y la falta de identidad de eso que podríamos entender como gay. Mejor dicho, el gay que cuenta la historia y que se queja es el mismo individuo que, al final del cuento, escribe un pequeño anuncio diciendo: “Gay afeminado, busca lesbiana machorra” (Fuentes, 2013, p. 28). La indefinición es casi total aquí, no solamente en términos de sexos sino también en cuanto a conceptos. Pues ¿cómo se puede concebir una lesbiana y un homosexual emparejados? Es difícil de imaginar. El discurso juega con esta propuesta y de ahí viene su antierotismo.
Incluso, la mención al dildo recuerda algunas ideas de Beatriz /Paul Preciado en su Manifiesto Contrasexual. Hablando de lesbianas que usan consoladores y que podríamos comparar al gay afeminado del texto de Fuentes, se dice:
El dildo convierte el follar (que en este caso podríamos denominar “bollar”) en un acto paradójico al no poder ser identificado como órgano en la oposición tradicional hombre/activo o mujer/pasiva. Confrontada a este pequeño objeto, la totalidad del sistema heterosexual de los roles de género pierde su sentido. Más aún, las ideas y los afectos tradicionales en torno al placer y al orgasmo, tanto heterosexuales como homosexuales, se vuelven caducas cuando se trata del dildo (Preciado, 2011, pp. 74-75).
El dildo muestra que el placer erótico es una noción inestable. Pero esta inestabilidad o esta incerteza llevada al extremo puede convertirse en antierótica. Para Preciado el dildo es el alien (Preciado, 2011, p. 70), un objeto venido de afuera, de un mundo desconocido, y que por ello mismo causa miedo. Entonces, lo queer visto como indefinición total es considerado una expresión de antierotismo[17].
Pero si la indefinición llevada al extremo nos espanta, es porque hay ahí una inversión, un giro en el discurso erótico y en las imágenes que ese discurso expresa.
Es lo que ocurre en el relato de ciencia ficción costarricense “Veinticuatro pares” de Ricardo Radulovich[18], el único texto escrito por un hombre que se incluye aquí: se trata de una historia ambientada en una sociedad futura (tipo Mundo Feliz de A. Huxley) en la que los hombres se prostituyen y las mujeres dominan el mundo. En esa sociedad la sexualidad se concibe sin tabúes y sin culpabilidad. Hay un personaje que intriga, Mara, la más bella del sector y al parecer, la más inteligente también. Carlus, el prostituto ideal, está fascinado por ella y cada vez que tienen sexo, lo hacen en la oscuridad. Mara nunca ha estado totalmente desnuda, no se quita su minifalda en ningún encuentro. Conforme avanza el relato, los hombres tratan de retomar el poder y al parecer Mara les va a ayudar con ese plan revolucionario. Sin embargo, al final se lee un fragmento antierótico pues Mara, así como su líder suprema de ese mundo futuro que se está construyendo, son en realidad hermafroditas, representantes del cambio evolutivo:
Lentamente Mara comenzó a desnudarse. Poco antes de quitarse el calzón, la última prenda, miró a Carlus con una mezcla de pasión y pudor que, antes de desnudarse, hizo a Carlus comprender de golpe la verdad. Con un movimiento rápido, Mara terminó de desnudarse completamente y los tres hombres se maravillaron ante lo que vieron. Mara demostradamente una mujer, tenía además un pequeño pene que se originaba desde el lugar del clítoris. Acto seguido, Mara se acercó a Carlus, mirándolo fijamente a los ojos mientras lenta pero seguramente su pene adquiría erección (Radulovich, 2006, pp. 147-148).
Mara, la hermafrodita de genitales considerados monstruosos, según una larga tradición médica y cultural, es el ideal a alcanzar, según el cuento de Radulovich. Tener dos sexos como Mara sería el sumun de la indefinición llevada al extremo. Y el texto insiste:
Muy pronto no habrá ni hombres ni mujeres –contestó la Líder. –Como ven, ha comenzado el desfase y esperamos que sea total en cincuenta años. No tenemos prisa. Hemos aprendido a amar a los hombres y a las mujeres. Son ustedes nuestros antecesores y pronto serán nuestros antepasados. La raza humana está dando un brinco hacia el infinito, y ese brinco es irreversible (Radulovich, 2006, p. 149).
La abolición de categorías, tal y como las describe este cuento, recuerda, de algún modo, aquello que, nuevamente, había dicho Preciado en su Manifiesto contrasexual: en una sociedad utópica solo habrá cuerpos hablantes, poscuerpos o más específicamente, wittigs (Preciado, 2011, p. 35). La sociedad contrasexual no es tan diferente de esta que nos describe el cuento de Radulovich. Con todo, el antierotismo que aquí emerge puede tal vez mutar y convertirse en algo renovado, en una definición inédita que traspase lo que se ha tratado de estudiar en este libro.
De performances y delitos: fragmentos de un discurso antierótico III
Las propuestas antieróticas también pueden estar ligadas con un cierto discurso contemporáneo cuyo fin es la deconstrucción de placeres, identidades sexuales o comportamientos fuera de la norma (disidentes, como diría Gayle Rubin). Estos discursos refutan el erotismo mediante imágenes cómicas o violentas. En esa línea, se pueden citar, aunque sin profundizar, las performances de dos artistas europeas que se inscriben dentro de estos fragmentos antieróticos identificados: la primera es Diana pornoterrorista, artista española y activista queer, y Katarzyna Kozyra[19], artista polaca.
El aspecto antierótico de sus obras recuerda lo ya visto sobre parodia y exageración, solo que esta vez, la exageración es visual y mezclada con realismo y violencia. Helen Campos, en el prólogo de Pornoterrorismo[20] describe eso que se trata de clasificar como un fragmento de imagen y discurso antieróticos:
… coge un salchichón de unos cincuenta centímetros, le enfunda un preservativo y lo introduce en su siempre lubricada vagina. Unos treinta centímetros quedan colgando de entre sus piernas. Luego, otra asistenta, vestida únicamente con un arnés de cuero negro, se pone delante suyo a cuatro patas. La pornoterrorista le introduce el otro extremo del salchichón por la vagina y comienza a bombear, suave al principio, hasta alcanzar un ritmo cada vez más frenético. Detrás, una pantalla sobre la que se suceden imágenes de carnicerías humanas y animales. Brazos mutilados. Vientres abiertos. Autopsias. Cabezas de cerdo. De fondo se oye el “Manifiesto Carnívoro”: “¿Cuál es la diferencia que hay entre la cabeza de un cerdo y la de una persona? La del cerdo vale cinco con cincuenta en la casquería, la de una persona no vale nada”. Asistenta y pornoterrorista se corren casi al unísono lanzando gemidos que interfieren con la voz en off. Se quitan el salchichón, lo desenfundan, lo cortan en gruesas rodajas y lo reparten entre el público, que se lo come sin rechistar. Bienvenidas y bienvenidos al pornoterrorismo (Campos, 2011, pp. 9-10).
¿Violencia sexual pura? ¿Violencia social? ¿Un salchichón-falo-consolador? Nada de eso tiene que ver con el erotismo… ¿Por qué? Pues porque el objetivo de un fragmento pornoterrorista no es excitar sino más bien despertar la conciencia de la gente sobre las ideas que han moldeado su visión de mundo sobre el sexo y los placeres. Se trata de crear terror, de provocar miedo a través del cuerpo y la carne. Va más allá de un aspecto ligado con la estética o la belleza. Desde el inicio de este libro se ha evitado oponer erotismo y pornografía, justamente para sortear ese tipo de juicios de valor. Además, ambos son conceptos hermanados y su línea divisoria es sutil. Sin embargo, es claro que la performance pornoterrorista muestra una estética grotesca, con imágenes y un lenguaje violento, de ahí que la mencionemos, aunque sea brevemente.
Por su parte, la artista Katarzyna Kozyra ha dejado también algunos fragmentos de un discurso antierótico. En su cortometraje de veinte minutos titulado Summertale, especie de performance, comedia y tragedia, Kozyra parodia un cuento de hadas lleno de apariencias:
Leer esta información nos hace reír por dentro, porque –técnicamente– la historia mostrada por Kozyra parece un cuento de hadas. De un primer vistazo, nos trae a la mente a “Blancanieves”: pequeñas mujeres trabajosas se parecen a los siete enanos (a pesar del hecho de que solo son cinco), diminutas camas en una pequeña casa, como las de los relatos de los hermanos Grimm, y el maestro venenoso es revivido por un beso. En el cuento de hadas, “Blancanieves” es despertada de su sueño por un hombre. Aquí, es reemplazado por una mujer. Pero ¿es ella, realmente? Nada sobre el trabajo del artista es lo que parece. La sensual dama es alguien más… El ideal de una “mujer real”, Gloria Viagra, es un hombre[21].
En una parodia, es decir, en “una obra que transforma irónicamente un texto anterior mofándose de éste mediante todo tipo de efectos cómicos” (Pavis, 1990, p. 348), como lo es esta, es posible encontrar una disolución excesiva de categorías de sexo y género, ya vistas como antieróticas, pero a la vez, hay una violencia de imágenes sobre todo cuando ocurre el asesinato. Una vez más, se asiste a una especie de tragicomedia que mata al erotismo, y a una exageración de lo queer que provoca horror. Kozyra, al igual que algunos cuentos de Silvina Ocampo, provoca múltiples y mezcladas emociones, como bien lo señala Mónica Zapata, cuando habla de la escritora argentina:
Pavor y risa, horror y placer, o mejor, rechazo e incorporación: tales son los términos de la dinámica general de la mayoría de los cuentos. Pero no se trata exactamente de términos opuestos que determinan un movimiento pendular, una dialéctica. Horror y humor o a la inversa, están asociados, son inseparables, de tal suerte que uno conjura al otro, exaltándolo[22] (Zapata, 2009, pp. 77-78).
En palabras simples, pareciera que en el discurso antierótico el término “mucho”, mucha violencia, mucha comedia, mucho sexo, lo dice todo. Algo se esboza aquí, pero habrá que estudiar más sobre los mecanismos discursivos utilizados en la creación del antierotismo contemporáneo, y sobre todo, el descrito por mujeres.
Una última forma del antierotismo la constituyen los fragmentos referidos a delitos[23], como la violación, la pedofilia, el incesto. Es el caso de “Antierótica XI” de Laura Fuentes, que cuenta un crimen muy conocido en Costa Rica, en el que un hombre veinteañero había violado a una bebé de meses. Cuando es interpelado por la policía, el perverso cuenta:
Pero tengo la garganta tan seca y el cerebro tan mudo que cualquier sonido que intente emitir no saldrá. Aún conservo algunas imágenes de la escena, le quité el pañal para cambiarla, vi su diminuto sexo un poco enrojecido y me dieron ganas de lamerlo, pensé que nadie lo notaría y así empezó todo… (Fuentes, 2013, p. 40).
Desear a un bebé y violarlo es, sin duda, un acto repugnante en la mayoría de sociedades pues el contrato social defiende la protección de menores. Como lo hemos citado reiteradamente con Jacqueline Barus-Michel:
… el adulto se supone que está para proteger al infante que no ha adquirido las defensas necesarias para su sobrevivencia o su adaptación a las dificultades de la vida social. Los roles no son en ningún caso intercambiables ni igualitarios; se inscriben en las relaciones de autoridad, autoridad que es ejercida por el adulto en favor del infante[24] (Barus-Michel, 2007, p. 211).
De esta forma, el antierotismo se convierte en una amenaza que socava los fundamentos mismos de la sociedad, tal y como se conoce. De ahí su reprobación casi universal a lo largo de la historia.
También, hay otros fragmentos antieróticos en los relatos de incesto. La historia de “Antierótica XVIII” cuenta la violación sufrida por dos niñas nicaragüenses, sus respectivos embarazos y el cinismo de su padrastro violador; un costarricense que cuenta los hechos bajo la figura de un narrador protagonista:
Mi cabrita[25] jamás se enteró de lo sucedido con la marimacha. El problema surgió un par de meses después cuando una maestra entrometida insistía en llamar a mi mujer para hablarle sobre la hija mayor. Tuvieron una reunión sobre su desempeño escolar donde la maestra aprovechó para señalarle de múltiples formas la pancita creciente de la chica, ya de catorce años para esa época (Fuentes, 2013, p. 58).
Sin duda alguna, la pedofilia y el incesto, en tanto delitos, construyen un discurso alejado del erotismo, por lo menos del que se ha analizado en este trabajo. Sin embargo, cabe preguntarse por qué una novela como Lolita, en la que se toca un tema parecido, no tiene la misma reacción… ¿Es la forma de contar determinante? ¿Se puede admitir que el discurso antierótico participa de una estructura que le es propia y que está en las antípodas del erotismo y la sensualidad? ¿Será que, como críticos literarios, hay que poner atención a los contenidos o a las formas de expresión de esos contenidos? A ese respecto, hay muchas preguntas, pero pocas respuestas. Una cosa sí es clara: cuando se trata del erotismo o de su contrario estamos siempre entre la oscuridad y la luz, entre la perversión y el horror, entre lo sublime y lo abyecto. Pero admitiendo la presencia de una tradición erótica, es verdad que ciertas expresiones del deseo, sobre todo aquellas mencionadas en este apartado, no tienen lugar en un canon que durante siglos se fundó bajo el signo del escándalo y muchas veces, de lo sublime.
- “Antierótica VI”, 2013, p. 28.↵
- Claudine Le Pallec Marand, tesis de doctorado, Universidad de París VIII, 2011.↵
- César Santos Fontenla, “Amor y desamor, sexo, antierotismo y represión en el cine español”, en Enrique Brassó, Siete trabajos de base sobre el cine español, España: F. Torres, 1975, pp. 109-138. ↵
- Eva Mazierska, Masculinities in Polish, Czech and Slovak Cinema: Black Peters and Men of Marble, New York: Berghahn, 2008.↵
- Sharon Adams, “The Anterotica of Petrus Haedus: A Fifteenth-century Model for the Interpretation of Symbolic Images”, p. 113, disponible en https://bit.ly/45Nwvqf. Mi traducción.↵
- Concetta Pennuto, “L’antiérotisme d’Hippolyte : une extravagance amoreuse ?”, en Elise Boillet y Chiara Lastraioli, Extravagances amoreuses : l’amour au-delà de la norme à la Renaissance, Stravaganza amorose : l’amour oltre la norma nel Rinascimento, Actas del Coloquio Internacional del Grupo de Investigación Cinquecento Plurale, Tours, 2010, Paris: Honoré Champion Editor, pp. 27-39.↵
- Sharon Adams, “The Anterotica of Petrus Haedus…”, op. cit., p. 125.↵
- Concetta Pennuto, “L’antiérotisme d’Hippolyte : une extravagance amoreuse”, op. cit. Mi traducción.↵
- Ibid., p. 36.↵
- Jessica Masaya, “Un cuento a lo Corín Tellado con múltiples finales (elija el que le guste más)”, en Diosas decadentes, op. cit., pp. 53-80. ↵
- Se toma aquí la definición de cómico esbozada por Jean-Marc Defays, quien considera lo cómico como un contra-discurso pues este “descuadra, degrada, destruye, vive de la muerte de los otros textos que desalienta cuando trata de incorporarlos, lo cómico relativiza todos los valores a los que aspira el discurso serio, sobre todo, aquellos que perentorios y no sin argumentos, están naturalmente dedicados a la parodia”. Cf. Jean-Marc Defays, Le comique, Paris: Éditions du Seuil, 1996, p. 51. Mi traducción.↵
- En la página https://bit.ly/45Kx0Bo encontramos la obra de Tellado así como algunas entrevistas sobre su vida y trayectoria como escritora. ↵
- “Un cuento a lo Corín Tellado”, op. cit., p. 53.↵
- Boris Vian, Écrits pornographiques, op. cit. Mi traducción.↵
- Marie Hélène/Sam Bourcier, Queer zones 1, op. cit., pp. 146-147.↵
- Diana Pornoterrorista ha hablado del terror producido por la indefinición sexual o por la toma de conciencia del sexo como poder. Cf. “Poesía, carne y subversión: Entrevista con Diana Pornoterrorista”, disponible en https://bit.ly/45I1cwN. ↵
- Hay que diferenciar la extrema indefinición, que a fin de cuentas es una exageración per se, y la indefinición común. El discurso antierótico explota lo hiperbólico y allí estriba su propuesta. Esto no aplica para textos en los que la indefinición puede ser erótica, por ejemplo, la película argentina XXY de Lucía Puenzo (2007) juega hábilmente con esa incerteza y la vuelve erótica, incluso la protagonista parece sentirse cómoda en el mar de la inclasificación.↵
- Ricardo Radulovich, “Veinticuatro pares”, Melocotones sin almíbar. Relato erótico costarricense, San José: Editorial Lumbre, 2006, pp. 133-150.↵
- La página oficial de la artista polaca se encuentra en el siguiente sitio: https://bit.ly/46PFhFp.↵
- Diana J. Torres, Pornoterrorismo, Navarra: Ediciones Txalaparta, 2011. ↵
- Katarzyna Kozyra, Summertale, disponible en https://bit.ly/46Z7kBK. Mi traducción.↵
- Mónica Zapata, Silvina Ocampo. Récits d’horreur et d’humour, Paris : L’Harmattan, 2009. Mi traducción.↵
- Se comprende delito como “culpa, quebrantamiento de la ley. Acción o cosa reprobable”, DRAE, https://dle.rae.es/delito. ↵
- Jacqueline Barus-Michel, “Inceste et pédophilie, quelle jouissance, quel interdit ?”, op. cit. Mi traducción.↵
- Cabrita: mi mujer.↵







