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Introducción[1]

Porque lo propio de lo fantástico, como el hombre, no es ocultar una esencia, es irrumpir en existencias tan originales, diversas, irreductibles y concretas como sea posible.

    

Louis Vax[2]

Cuando se habla de literatura fantástica, es casi imposible negar la presencia de un componente erótico entre los ejemplos más reputados. Ciertamente, es posible encontrar también textos donde lo fantástico aparece solo, por ejemplo, las obras clásicas de Jorge Luis Borges, sin embargo, la relación entre los dos constituye un tema sumamente interesante. Los trabajos de Tzvetan Todorov[3] y de Louis Vax (para mencionar los más conocidos), aunque no hablan de erotismo stricto sensu pero sí de sexualidad o de deseo sexual, muestran la riqueza del tema en cuestión. De hecho, Louis Vax hablando del monstruo, de lo fantástico e incluso, de la recepción de estos textos, señala un tipo de relación triangular sensual en este tipo de literatura. Él afirma:

También existe un coqueteo más sutil y raro del lector y del monstruo frente a la escoria de la víctima. La relación triangular monstruo-víctima-lector a su vez cambia. El lector, sin aprobar al monstruo, se une a él con una camaradería sutil y perversa que no estaría muy lejos de la aprobación si la aprobación pudiera ser simple y lo suficientemente sincera y cándida como para permitir el juego sutil de la perversidad que respeta lo suficiente como para hacer del placer, una burla[4] (Vax, 1987, p. 123).

El erotismo se manifiesta de una manera bastante compleja, es decir, bajo la forma de un amor anormal, ligado a los fantasmas, a los espíritus, a los íncubos y a los súcubos o bajo la forma de una situación sexual donde la realidad no está clara. No obstante, es importante precisar cuáles son las relaciones entre lo fantástico y lo erótico, teniendo en cuenta que aquí se tratan textos escritos por mujeres en un periodo muy reciente.

Primeramente, debemos señalar que, en este caso, lo fantástico se presenta bajo diversos aspectos: por una parte, hay una vacilación clásica entre la realidad y la ilusión –es el ejemplo de “Diosas decadentes”[5], un cuento de Jessica Masaya Portocarrero– y, por otra, se muestra el tema recurrente del objeto fantástico y monstruoso que surge mezclando el mysterium tremendum et fascinans con la definición de sex toy ideal: es el caso de “Bicho raro”[6] de la escritora nicaragüense María del Carmen Pérez Cuadra. De igual forma el tema de la metamorfosis y de la androginia están presentes en el relato que propone la escritora salvadoreña Jacinta Escudos, “Memoria de Siam”[7], el tercer texto de este corpus.

Así, los argumentos y temas recurrentes tradicionales de los cuentos fantásticos se encuentran en este corpus, pero las relaciones entre lo fantástico y lo erótico requieren ser evidenciadas. Por ello, con el fin de comprender mejor sus características vamos a estudiarlos a continuación.

El erotismo y lo fantástico

En este apartado, veremos la forma en que se expresa el erotismo en los tres cuentos escogidos. Es importante aclarar que aunque el discurso fantástico está presente en los tres textos, el erotismo se encuentra ligado a nociones como la vacilación, la androginia y el cambio de roles. De manera que no es posible disociar fácilmente las categorías de lo fantástico y de lo erótico porque están muy mezcladas. Dicho de otra forma, los elementos fantásticos en las historias exacerban la lectura erótica que va más allá de las categorías literarias. Esto se analizará más adelante.

En cuanto a las relaciones entre lo fantástico y el erotismo, hay que señalar lo dicho por Tzvetan Todorov sobre los temas del yo y del . Según el crítico, los temas del yo:

… también pueden caracterizarse como referidos esencialmente a la estructuración de la relación entre el hombre y el mundo; estamos, en términos freudianos, en el sistema percepción-conciencia. Es una relación relativamente estática, en el sentido de que no implica acciones particulares, sino más bien una posición, una percepción del mundo más que una interacción con él (Todorov, 1981, p. 88).

En esta clasificación, se pueden ver las historias donde aparecen la locura, las alucinaciones e incluso las metamorfosis. Sin embargo, lo más importante en las historias del “yo” es la confusión entre la realidad y la imaginación. La eliminación de límites entre el mundo real y la ficción parece ser la base de este tipo de estructura fantástica.

No obstante, oponiendo los temas del yo a los del , el crítico declara:

… si queremos interpretar los temas del tú en el mismo nivel de generalidad, deberemos decir que se trata más bien de la relación del hombre con su deseo y, por eso mismo, con su inconsciente. El deseo y sus diversas variaciones, entre las cuales se incluye la crueldad, son otras tantas figuras en las que están comprendidas las relaciones entre seres humanos; al mismo tiempo, la posesión del hombre por lo que de manera superficial puede llamarse sus “instintos” plantea el problema de la estructura de la personalidad, de su organización interna (Todorov, 1981, p. 101).

Si aceptamos la afirmación de Todorov, hay que decir entonces que “Diosas decadentes”, “Bicho raro” y “Memoria de Siam” pertenecen efectivamente a los cuentos del “tú”, puesto que abordan el deseo y sus variaciones. Aunque participan también de una estructura ligada con los temas del yo, como la metamorfosis o la presencia del monstruo, el tema del deseo está bien enraizado.

Además, en los tres cuentos, lo fantástico se encuentra en segundo plano, en la medida en que el erotismo ocupa un lugar más importante, más notable. Como se ha mencionado, es lo fantástico lo que sirve a los elementos eróticos y no a la inversa. Por ejemplo, hay tres pasajes en cada uno de los cuentos que corroboran este aspecto. Lo más significativo es el tratamiento de lo erótico.

Se puede decir desde ahora que “Diosas decadentes” es un relato que trata de un profesor universitario que asiste a una fiesta donde las mujeres son capaces de hacer de todo en términos de sexo:

… me adentré en aquel departamento y un poco desorientado me asomé a una puerta que estaba medio abierta, ahí en una cama muy grande estaban dos mujeres besándose, cuando me notaron, me atrajeron hacia ellas y empezaron a besarme ávidamente. Era el sueño erótico de todo hombre latino: estar con dos mujeres al mismo tiempo, como un porno star (Masaya, 2008, p. 9).

Al inicio del pasaje, se ve la puerta, un espacio tradicionalmente ligado con lo fantástico pues se considera un lugar de tránsito[8], y cruzando el umbral, el personaje encuentra dos mujeres besándose. La idea de un trío no se descarta, ya que viene a la mente del protagonista con la referencia al “porno star”. No obstante, el cuento juega con la inquietud del personaje y de los lectores que se preguntan sobre la continuación y es justamente allí donde surge la fusión entre el erotismo y lo fantástico. Es por ello que se puede considerar que los elementos tradicionalmente atribuidos a las historias fantásticas más bien refuerzan el discurso erótico. Dicho de otra forma, la noción de indecisión en los cuentos escogidos no es la misma que se muestra en los textos de Julio Cortázar o Jorge L. Borges, para dar solo ejemplos clásicos.

El segundo cuento, “Bicho raro”, es el más erótico de este corpus y quizás, también, el más fantástico. Es de hecho, el más carnal y el más grotesco. La historia sucede en una ciudad sin nombre y con un monstruo de origen desconocido. La criatura funciona como sex toy ideal, pero perturba las relaciones de pareja y a la sociedad en general: “El animalito no murió. Al contrario, fue creciendo. […]. Y siguió creciendo y le salieron tetas enormes como del tamaño 41D. Se le desarrolló un sexo gordo, oblicuo; hinchado, partido en dos…” (Pérez Cuadra, 2012, p. 192).

Lo fantástico aparece en la descripción de la criatura, su rareza y su tamaño fuera de lo común: “un ser tan extraño” y “tetas enormes como del tamaño 41D”. La aparición del monstruo pertenece a lo fantástico, pero el placer de amamantar, el volumen de su pecho y de su sexo son elementos eróticos. Es decir que lo fantástico, o mejor, la sola presencia del monstruo sirve para reforzar el discurso erótico que no se deja encarcelar por las relaciones heterosexuales o “normales”, es decir, entre personas de la misma especie. El cuento muestra hasta qué punto la experiencia sensual puede ser diversa y rica. Además, una misma idea está presente en los tres textos escogidos para este capítulo en particular: se trata de la disolución de los roles de género, de las sexualidades y de los placeres vividos. En efecto, la experiencia del erotismo se vive fuera de la normalidad o mejor dicho, fuera de la heteronormatividad[9].

El tercer ejemplo, “Memoria de Siam” de Jacinta Escudos, juega también con la indecisión pero esta vez, para borrar roles de género y mostrar la ambigüedad sexual del personaje principal. El argumento alrededor del cual se desenvuelve la historia podría condensarse en el siguiente fragmento:

No sé qué proceso mágico ocurrió en mi cuerpo. Pero estoy seguro que, durante 33 años, antes de conocerte, en el momento justo en que te vi pasar cerca de mí, recostada en tu litera por aquel camino de los reinos de Siam, yo era todavía una mujer. Me enamoré de ti al instante. Pero para amarte mi cuerpo decidió convertirse en masculino. El proceso no fue doloroso. Sentí un leve mareo y tuve que agachar la cabeza un poco porque sentí hundirme, lentamente, en un agujero. La piel entera me hormigueó y sentí mis genitales de mujer agitarse, con palpitaciones de orgasmo (Escudos, 2008, p. 9).

Se descubren aquí algunos términos que son propios de lo fantástico, como “mágico” y “camino de los reinos”. Sentir “un leve mareo” es también un indicio del discurso fantástico porque es el anuncio de la transformación del protagonista. Una vez más, lo fantástico se subordina al erotismo, y en este caso en particular, a la metamorfosis en el sentido tradicional. No se trata solamente de una transformación sino del cambio de roles que ello implica. Las variaciones del deseo, para tomar prestados los términos de Todorov, abordan también el tema del cambio de sexo, así como del deseo que cambia con el nuevo cuerpo.

En los tres textos, se muestra la inversión de roles y de cuerpos: todo es trastornado y por ello, placer y erotismo adquieren aspectos diferentes. Lo fantástico sirve entonces a este fin, en la medida en que la subversión sexual es aún difícil de vivir, a pesar de la época contemporánea. ¿Es que aquí lo fantástico funciona como sinónimo de utopía erótica? Puede ser. Los análisis siguientes intentarán exponer la conformación del erotismo en cada cuento y tratarán de ver si esta utopía está presente.

La mujer, el monstruo, la metamorfosis: cuestiones que perturban y amenazan

Cuando se habla de literatura fantástica, hay que seguir el consejo de Louis Vax: “El sentimiento de lo fantástico no surge de un conocimiento de lo extraordinario, sino de una participación en una situación que, al mismo tiempo, desconcierta y amenaza” (Vax, 1987, p. 61). En los tres textos escogidos, esta amenaza que desconcierta muestra diferentes caras: en “Diosas decadentes” toma la forma del mito de la femme fatale y todo lo que esto conlleva, es decir, la fascinación, el miedo, la curiosidad. En “Bicho raro”, lo que desconcierta es el monstruo, “la cosa” venida de afuera, ese alguien que participa de la doble naturaleza de un hombre y de una mujer. Con respecto a “Memoria de Siam”, la metamorfosis del personaje es el hecho fantástico por excelencia porque supone “una transgresión de la separación entre materia y espíritu”, tal como generalmente se la concibe. Sin embargo, lo que se debe recordar es ante todo la amenaza que pertenece al orden del deseo porque la mujer, el “bicho raro” y el “personaje transformado” pertenecen al campo erótico. Veamos cada dinámica.

Para comenzar, en “Diosas decadentes” a través de la voz del narrador, un profesor universitario, símbolo de la “racionalidad”, se describe la sensualidad de una estudiante pero a la vez, los daños que ella puede provocar. El narrador incluso cuenta que esta mujer parecía querer tomar en sus redes a todos aquellos que se cruzaran por su camino:

El comentario de los otros era que había como un imán en esa independiente mujer, la mayoría la deseaban, pero se sentían cohibidos ante su feliz indiferencia, algún romántico la comparaba con una ninfa. Era un reto para todos, había como un anzuelo que ella tiraba a su paso y que nadie se había atrevido a morder quizá por miedo al rechazo (Masaya, 2008, p. 7).

En ese sentido, el texto de Masaya parece sugerir que esta mujer misteriosa pretende cazar hombres. La diosa decadente es alguien que atrae pero que da miedo al mismo tiempo. Se muestra entonces la figura de la mujer, alguien que atemoriza al profesor así como a los estudiantes universitarios de los que nos habla el cuento.

Se puede añadir también que hay una situación que desconcierta desde el inicio de la historia porque por un lado, el narrador parece intrigado por la presencia de la mujer, y por el otro, los lectores también quieren saber lo que pasa con ella. El texto, construido a través del recuerdo del profesor, termina por asegurar la amenaza que implica ese tipo de mujeres: “… quizá no me lo crean ni con estas líneas. No importa. Lo importante es que cumplo con mi deber de al menos advertirles que existen estas mujeres y andan por ahí, no se confundan, no son ninfas, son diosas decadentes” (Masaya, 2008, p. 10).

El profesor-narrador testifica la existencia de esas mujeres peligrosas. Por ello, su deber de contar la historia como una advertencia. Cuando él enfatiza que ellas “no son ninfas”, eso quiere decir que ellas no son dóciles, al contrario, son malvadas, crueles y sobre todo independientes. Las diosas decadentes dominan su vida y su deseo, el erotismo en ellas es algo deseado, algo ligado con la fiesta, el placer, con el imperio de los sentidos[10], para parafrasear el título de la película japonesa.

Además, estas mujeres son bellas, educadas, elegantes; en resumen, no tienen necesidad de un hombre para dar sentido a sus vidas, porque viven en plenitud y mejor aún, pueden darse el placer de disfrutar de comportamientos eróticos fuera de la heteronormatividad. ¿Y todo eso da miedo? ¿Puede eso desconcertar? Según el narrador, sí. Así, es posible ver que la femme fatale, tal y como la describe Masaya en el texto, concuerda con el objeto que desconcierta en la literatura fantástica clásica. Esta mujer que se analizará más adelante asusta porque ella no se somete a las convenciones de la sociedad, y toma su sexualidad seriamente. ¿Habrá que recordar que ellas no quieren tampoco hijos? ¿Mujeres estériles? El mito de Lilith salta a los ojos cada vez que se piensa en el binomio mujeres-estériles o mujeres devoradoras de hombres. Lilith, considerada como un vampiro, se asemeja mucho a las diosas decadentes. Por eso es posible decir que en el texto de Masaya son las mujeres y su potencia, sobre todo erótica, lo que amenaza y desconcierta. El retrato de la mujer emancipada funciona aquí como el desencadenante de lo fantástico, es el tema recurrente que produce miedo, al igual que lo hacían antes los gatos negros, los hombres lobo o los fantasmas. La mujer en “Diosas decadentes” es una amenaza porque refleja un comportamiento en el que los hombres son generalmente los objetos y no los sujetos. Esta es una de las claves para comprender mejor la propuesta de este cuento guatemalteco.

En “Bicho raro”, es el monstruo, “la cosa” lo que desconcierta y amenaza. No solamente él/ella participa de una naturaleza ambigua, es decir, de un cuerpo con genitales dobles, sino que también él/ella hace surgir, para parafrasear a Gayle Rubin, unos “comportamientos eróticos” ambivalentes en los individuos que le rodean. Dicho de otra forma, el bicho se deja penetrar pero al mismo tiempo penetra a los personajes, hasta el punto de difuminar sus prácticas eróticas. La incertidumbre sexual, el fantasma del incesto e incluso de la zoofilia, los ecos del mito de Pasifae y su amor monstruoso, todo eso se encuentra en el texto de Pérez Cuadra.

En ese sentido, viene a la mente un pasaje como el siguiente: “La mujer ya no le daba de beber con un gotero, sino que lo amamantaba, se lo pegaba en su pezón y sufría calores en las orejas y en el vientre del placer que le daba dejarse chupar por un ser tan extraño” (Pérez Cuadra, 2012, p. 192).

Dejarse chupar por “una cosa” que no es humana, por “un monstruo”, es fundamental aquí. El aspecto perturbador y la indecisión funcionan a diferentes niveles en el cuento: hay personajes que dudan, los lectores dudan, el periódico del que habla el texto también… Sin embargo, se debe decir que son más bien los lectores quienes están más preocupados por la alimentación del “bicho”. Aquí surge una pregunta: ¿existe verdaderamente placer sexual cuando se amamanta? Algunos análisis científicos[11] lo confirman. Sin embargo, la mayor parte de las mujeres evita hablar de ello porque detrás de esta opinión se encuentra el tema del incesto. Entonces, justamente en este tipo de ambigüedad, se puede ver el asombro y la amenaza que supone “la cosa” en el texto de Pérez Cuadra.

Y si dejamos de lado el amamantar niños pequeños, ya que es un tema sensible, ¿qué podemos decir del hecho de sentir placer con un monstruo? ¿Es posible desear, volverse loco por un cuerpo que no es humano? Una vez más, la respuesta es sí. La prueba en la actualidad son las muñecas de plástico, el cibersexo… El sexo con animales también forma parte de esta categorización, si bien todos estos comportamientos son considerados por la psiquiatría como desviaciones o perversiones[12].

En este caso, se puede ver bien la zoofilia puesto que según el texto, la cosa es una especie de pájaro pequeño o de murciélago. Mientras que es un bebé, “la cosa” es amamantada y así da placer a la mujer. Una vez crecido/a, y con un aspecto más “humano”, el bicho continúa dando placer pero esta vez, es el hombre que va a disfrutarlo. De esta forma, podríamos decir que cuando hablamos de placer, ni el sexo, ni el género, ni la especie son obstáculos. Y esto, sin duda, perturba.

El monstruo del cuento sirve para mostrar no solo el aspecto incierto de una criatura fantástica sino que expresa la profundidad del erotismo. En el texto, los personajes están intrigados al inicio de la historia porque el bicho es inclasificable. Pero a medida que la narración toma lugar, son los lectores quienes se sienten angustiados, pero ¿por qué?, ¿por qué un monstruo andrógino, que tiene una vagina y un pene, les asusta? Dijimos que el monstruo funciona como un sex toy ideal porque penetra y se deja penetrar. En la actualidad, ese juego sexual no existe y tampoco importa. Lo que importa es la ambigüedad, componente fundamental de lo fantástico. Eso es lo que se debe analizar. Además, hay que insistir en que esta ambigüedad es sexual y erótica. En ese sentido, la noción clásica de Judith Butler sobre el género como performatividad, como una cosa más bien ligada al “hacer” que al “ser”, viene a la mente:

En este sentido, género no es un sustantivo, ni tampoco es un conjunto de atributos vagos, porque hemos visto que el efecto sustantivo del género se produce performativamente y es impuesto por las prácticas reguladoras de la coherencia de género. Así, dentro del discurso legado por la metafísica de la sustancia, el género resulta ser performativo, es decir, que conforma la identidad que Se supone que es. En este sentido, el género siempre es un hacer, aunque no un hacer por parte de un sujeto que se pueda considerar preexistente a la acción (Butler, 2007, p. 84).

En efecto, este “doing” (en el inglés original), ese hacer o la “inestabilidad” de la “cosa”, su identidad sexual desconcierta. La “coherencia” de la que Butler habla no existe en el cuento porque “la cosa” puso todo al revés.

Por otro lado, con el monstruo de Pérez Cuadra aparecen el asco y la excitación. Es el monstruo que fascina y que da miedo a la vez. La eliminación de límites que representa el bicho amenaza y da miedo. Hay una ambigüedad angustiante a lo largo del texto y es así como se comprende aquello que Tennessee Williams decía en los años 70: “De hecho no creo que exista una orientación sexual definida. Pienso que todos somos sexualmente ambiguos” (citado por Leyland, 2004, p. 150).

Un mundo donde el placer erótico no esté ligado ni al sexo ni al género, un mundo donde los monstruos, los animales fantásticos puedan acostarse con los individuos con toda libertad, en fin, un mundo de indefinición parece, simplemente, algo espantoso. La escritora nicaragüense lo ha visualizado muy bien con este cuento.

En “Memoria de Siam”, lo que desconcierta es la metamorfosis sufrida por el personaje femenino. Efectivamente, la transformación, un tema recurrente en la literatura fantástica clásica, encuentra aquí un nuevo significado porque no se trata de “hacerse humano” luego de haber sido un monstruo, como por ejemplo en La bella y la bestia, sino de cambiar de sexo, mejor dicho, de convertirse en hombre tras haber sido mujer.

La metamorfosis, percibida solamente por la narradora-protagonista de la historia, conduce a una redefinición de la identidad en términos de sexo, género y evidentemente, de erotismo. Según Katherine Bar,

La metamorfosis del ser humano se produce como consecuencia de la contradicción que surge entre la búsqueda de lo absoluto y el miedo a la imperfección que define su futuro. Caracterizada, en un principio, por la permutabilidad entre lo divino y lo humano, movimiento que refleja el intento de dar una visión unitaria del mundo, la metamorfosis hoy ilustra el proceso de ruptura humana con la divinidad, con el mundo y consigo mismo (Bar, 2007, p. 8).

En realidad, en el texto de Escudos aparece una ruptura; un momento de crisis en el que emerge la metamorfosis. Ese momento de crisis es el amor a primera vista hacia una prostituta que se cruza en el camino. El texto abre de manera lapidaria: “Al conocerte me convertí en hombre” (Escudos, 2008, p. 9). Se ve bien que el detonante de la transformación es, sin duda, la aparición de la prostituta sensual y misteriosa que va por la calle.

Sin embargo, incluso si el encanto invade tanto al protagonista como a los lectores, la amenaza está aquí presente ya que, como se verá, transformarse en hombre implica una posición de vulnerabilidad, una metamorfosis de derrotados: el hombre es dominado por la prostituta. Es, en todo caso, una interpretación a la que se apega este libro. La metamorfosis da lugar a la ruptura del individuo con él mismo, y esa ruptura es en cierto modo escalofriante.

Además, cambiar de cuerpo es también cambiar de lugar de enunciación pero sobre todo, cambiar en términos ontológicos. Cuando la protagonista descubre su pene hinchado por el deseo que siente por la mujer, ella relata:

Lo toqué y lo descubrí allí; con sorpresa, júbilo y curiosidad. Pensé que me dedicaría a estudiarlo después, con toda calma, cuando estuviera a solas y me sentara a reflexionar sobre mi nueva condición de hombre. No terminaba de tomar conciencia plena de que aquel apéndice lo cambiaba todo en mi vida. Todo (Escudos, 2008, p. 11).

La nueva condición de hombre es el hecho fundamental. Ser un hombre, como lo afirma el texto, eso cambia todo: el objeto de deseo, el destino, la vida toda. La metamorfosis corporal tiene resonancias ontológicas, de ahí el asombro del personaje y la invitación a reflexionar sobre ese nuevo estado. El personaje transformado no es consciente de lo que acaba de sufrir, más bien, a partir de su nueva condición, va a comenzar a existir en el mundo, a percibirse él mismo y a los otros.

La transformación del personaje está ligada con una nueva identidad y por lo tanto la angustia y la incertidumbre de las cosas están presentes a pesar del cambio anatómico: “De solo pensarlo, me inundaba de nuevo la desesperación. Pensar en no llegar a tenerte me causaba la certeza de creer que moriría como un perro aplastado por un elefante” (Escudos, 2008, p. 13). Un perro aplastado por un elefante, esa es la impresión de quien viene de cambiar de estado en caso de que no logre seducir a la prostituta. Se puede decir también que la comparación entre el perro y el narrador refuerza desde lo que hemos dicho esta metamorfosis que no deja de expresarse.

Sin embargo, la metamorfosis es parte de un recuerdo, y eso puede desconcertar también porque a menudo, intentando reconstruir la memoria, se termina por deformarla o transformarla. El título del cuento, “Memoria de Siam”, coloca al narrador protagonista en un lugar que es, probablemente, el burdel pero también en un tiempo pasado, un tiempo que toma la forma de un recuerdo, quizás, impreciso.

De esta forma, narrar la transformación, es regresar al momento de la metamorfosis, al momento donde esta extrañeza emerge en carne y hueso, bajo el signo de la reminiscencia.

Lo fantástico o la vergonzosa confesión del erotismo

Después de todo lo dicho, cabe preguntarse: ¿cuál es la función de lo fantástico cuando hablamos de historias donde el discurso erótico está mezclado y claramente premeditado? Según esta investigación, lo fantástico sirve como pretexto para confesar lo inconfesable de la experiencia erótica. Dicho de otra forma, aceptando que en la vida real los individuos no pueden hacer lo que desean, especialmente en términos de género, de sexualidad y de erotismo, lo fantástico implica una especie de sublimación a la hora de tratar el tema del deseo.

A través de la mujer fatal, del monstruo de la lujuria, de la transexualidad, entendida como el pasaje de un sexo a otro, los tres cuentos dejan entrever un erotismo alejado de la heteronormatividad. Lo fantástico muestra, por una parte, la precariedad de las nociones consideradas inmutables “el hombre”, “la mujer”, “la perversión”, y por otra, refuerza el erotismo gracias a esa ambigüedad que muestran las historias.

En los tres cuentos existe la presencia de algo desconcertante, pero también de la indecisión, si bien desde diferentes aristas. Hay, además, un misterio que no se resolverá. Este concierne a las alucinaciones supuestas de un académico, en “Diosas decadentes”; la aparición de una cosa que sacude la relación de una pareja heterosexual, en “Bicho raro”, y el tema recurrente de la metamorfosis sufrida por una mujer independiente y propietaria de terrenos, en “Memoria de Siam”. De esta manera, las historias tratan de expresar un erotismo ligado con la insubordinación de las mujeres, la monstruosidad y la eliminación de barreras de sexo y de género. Lo fantástico está aquí ligado con los hechos narrados bajo la figura de la metáfora.

Vladimir Propp, en su estudio sobre los cuentos maravillosos, ha dicho algo que nos parece pertinente. Él señala que

… el problema de las relaciones entre el cuento y la realidad no es en absoluto sencillo. No se puede, partiendo del cuento, sacar conclusiones inmediatas sobre la vida. Pero como veremos más adelante, el papel que juega la realidad en las transformaciones del cuento es muy importante (Propp, 1974, p. 63).

En efecto, no se puede concluir que la literatura es un reflejo de la sociedad o de la realidad. Insistimos en esa idea a lo largo del trabajo.

Con todo, es cierto que los temas recurrentes de la literatura, y en este caso, la literatura fantástica, han cambiado enormemente. Es decir, en la actualidad, la angustia de las gentes es definitivamente otra.

Admitiendo que lo fantástico es tan viejo como el mundo mismo, es posible reflexionar acerca del lugar del erotismo y del deseo en la evolución de esa noción. Lo fantástico, como un diálogo con la sociedad, deja entrever la presencia de las distintas inquietudes que afrontan los individuos. De ahí la afirmación de Tzvetan Todorov:

[el deseo sexual] La literatura fantástica describe en particular sus formas excesivas así como sus diferentes transformaciones o, si se prefiere, sus perversiones. La crueldad y la violencia merecen un lugar aparte, aun cuando su relación con el deseo esté fuera de toda duda (Todorov, 1981, p. 101).

De esta forma se puede decir que el erotismo, más que lo fantástico, es un asunto antiguo, siempre ha sido problemático. Es posible decir también que bajo la imagen del vampiro, de fantasmas, del monstruo, se encuentra lo extraño, eso que escapa al orden de la racionalidad, comprendida en términos cartesianos. Lo fantástico en estas historias confiesa lo vergonzoso, los deseos malsanos, la perversión, y sin embargo, “per-versión no es otra cosa que un nombre para una interpretación distinta, más enraizada en la realidad que esas representaciones y parodias de la vida de las gentes que parecen extraídas de viñetas de textos coloniales” (Althaus-Reid, 2005, p. 171).

Paradójicamente y según la teóloga Marcella Althaus-Reid, la per-versión forma parte de la vida cotidiana y no a la inversa porque per-vertir es interpretar de otra manera, ver otro ángulo del espacio, en fin, per-vertir es volver a una historia ya contada y darle otra lectura, otro sentido. “Pervertir” quiere decir desconstruir, pero también construir nuevas historias, y ojalá más humanas. Como sea, una cosa es cierta: lo fantástico mezclado con el erotismo da cuenta de la inestabilidad del orden heterosexual. Lo fantástico revela la perversión que no se es capaz de expresar o bien, los fantasmas de la imaginación.

En los análisis siguientes veremos cómo el erotismo emerge de cara al discurso fantástico. A través de la mujer fatal, el monstruo y el personaje metamorfoseado, surge una visión de mundo que no deja a nadie indiferente.


  1. Todo este capítulo es una traducción de Jimena Benavides. Incluye citas textuales de varios autores aquí utilizados.
  2. La séduction de l’étrange, Paris: Presses Universitaires de France, 1987, p. 249.
  3. Tzvetan Todorov, Introducción a la literatura fantástica, México: PREMIA, 1981.
  4. Ibid.
  5. Jessica Masaya, “Diosas decadentes”, Guatemala: Editorial Cultura, 2008.
  6. María del Carmen Pérez Cuadra, “Bicho raro”, en Willy O. Muñoz (ed.). Pasos audaces. Tomo II. Antología de sexualidades en los cuentos de escritoras centroamericanas, San José: EUNED, 2012.
  7. Jacinta Escudos, “Memoria de Siam”, en El diablo sabe mi nombre, San José: Uruk Editores, 2008.
  8. “Los teóricos han observado que el límite mantiene lo fantástico del otro lado y, a la vez, lo deja pasar. Lo entreabierto suscita lo fantástico, como una pantalla espacial que simultáneamente se abre y se niega, absorbiendo la mirada, que se abisma. Por eso también son fantásticas todas las puertas, los intersticios, las aberturas, la cueva, una callejuela, una falla en un muro, un abismo, los huecos que insinúan esa profundidad de donde surge lo fantástico. Las formas de ese espacio de pasaje pueden concretarse también en los espejos, los zaguanes, las ventanas, los huecos, las puertas”. Cf. Flora Ovares y Margarita Rojas, “Espacios de tránsito en los cuentos fantásticos de Julio Cortázar”, Letras, 1999, n.° 31, pp. 7-8.
  9. Cuando se habla de heteronormatividad siempre pensamos en “sex hierarchy” propuesta por Gayle Rubin sobre el sexo que es bueno y el que es malo o perverso. Por tanto, la heteronormatividad incluye la heterosexualidad, las parejas casadas, la procreación y la estabilidad. Cf. Gayle Rubin, Thinking sex, op. cit., pp. 152-153.
  10. El imperio de los sentidos, Nagisa Ōshima, 1976.
  11. Al respecto, se pueden consultar algunos artículos en francés: Sophie Brousseau, sexóloga, “Orgasme et allaitement”, que se refiere a las declaraciones de Masters y Johnson, disponible en https://bit.ly/3MfrnUQ, y Donna Presse, “Le plaisir de l’allaitement : Du bien-être à l’orgasme!”, disponible en https://bit.ly/4098KHU.
  12. Cf. María Isabel Gamboa, El sexo como locura, en el Hospital Psiquiátrico, San José: Universidad de Costa Rica, 2009.


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