114. Simón Pedro les dijo: “¡Que María {Mariham} nos abandone! pues las mujeres no son dignas de (la) vida”. Jesús dijo: He aquí que yo la atraeré para hacerla varón, de manera que ella también se convierta en un espíritu viviente, semejante a vosotros (los) varones. Pues toda mujer que se haga varón, entrará en el Reino de los Cielos[1]”.
Evangelio de Tomás[2]
Autora y texto
En 2008, Jacinta Escudos, autora salvadoreña, publicó una colección de historias cortas, intitulada El diablo sabe mi nombre. En esta colección, ella explora, una vez más, la sexualidad, un tema recurrente en su obra, así como el de la transformación y la animalización de los personajes.
Jacinta Escudos es, sin duda alguna, la escritora más reconocida del corpus de este libro. En la actualidad, su nombre aparece en diccionarios de literatura, trabajos académicos, en casi todas las antologías de cuentos cortos contemporáneos de la región y por supuesto, en blogs y páginas independientes de Internet. Su producción literaria incluye la novela, el cuento e incluso la poesía. Entre sus textos más conocidos están El desencanto (2001), Memorias del año de la Cayetana (2004), Cuentos sucios (1997) y Felicidad doméstica y otras cosas aterradoras (2002)[3].
Debemos recordar que las historias de Jacinta Escudos[4] se sitúan entre una apología al orden patriarcal[5] y la ruptura misma de ese sistema, de acuerdo con lo que concluyen muchos críticos de su obra[6]. Su producción habla de la mujer malvada, perversa, fatal, frustrada pero a la vez, retrata a hombres débiles, locos o sumisos. Además, una opinión muy generalizada entre los críticos es que los textos de Jacinta Escudos no son fáciles de clasificar en una categoría pues existe una ambigüedad tanto en la forma como en las temáticas[7]. A pesar de esta ambigüedad presente en los textos de la escritora salvadoreña, “Memoria de Siam”, desde ahora MDS, trastoca la noción de ganador y de derrotado, invirtiendo los roles, con un sutil movimiento fantástico.
Además, el hecho de que la protagonista “se vuelva un hombre”, como lo indica la primera frase del texto: “Al conocerte, me convertí en hombre”, de inmediato recuerda la frase célebre de Simone de Beauvoir “no se nace mujer, se llega a serlo”, pero invertida: ¿se puede llegar a ser hombre? Y si es posible, ¿qué podría significar un acto como ese? ¿Qué significado se le debe dar a “convertirse en un hombre” en la historia de Jacinta Escudos?
Al mismo tiempo, la frase “me convertí en hombre” reenvía de inmediato al Evangelio de Tomás y el verso 114 (el verso varía según la versión pero en todo caso, es el último verso del texto) ya nombrado en el epígrafe sobre la necesidad de “convertirse en hombre para entrar al reino de los cielos”.
Pero el texto de Escudos recuerda también al Orlando de Virginia Woolf, una novela en la que la transformación del protagonista elimina las barreras del género: femenino y masculino:
Y Orlando se despertó. Se estiró, se paró. Se irguió con completa desnudez, ante nuestros ojos y mientras las trompetas rugían: ¡Verdad! ¡Verdad! ¡Verdad!
Debemos confesarlo: era una mujer.
[…] Sin inmutarse, Orlando se miró de arriba abajo en un gran espejo y se retiró, seguramente al cuarto de baño. Podemos aprovechar esta pausa para hacer algunas declaraciones. Orlando se había transformado en una mujer, inútil negarlo. Pero, en todo lo demás, Orlando era el mismo. El cambio de sexo modificaba su porvenir, no su identidad. Su cara, como lo pueden demostrar sus retratos, era la misma. Su memoria podía remontar sin obstáculos el curso de su vida pasada. Alguna leve vaguedad puede haber habido, como si algunas gotas oscuras enturbiaran el claro estanque de la memoria; algunos hechos estaban un poco desdibujados: eso era todo. El cambio se había operado sin dolor y minuciosamente y de manera tan perfecta (Woolf, 2003, pp. 96-97).
La metamorfosis descrita en Orlando, o sea, la transformación de un hombre en mujer, no es tan diferente de la que se lee en MDS. Este acontecimiento se estudiará más adelante. También intentaremos demostrar, de acuerdo con el verso del Evangelio de Tomás, así como con algunos intertextos literarios del canon occidental, la existencia de una relación fantástica ligada con la metamorfosis y la reminiscencia, pero también con el fracaso de un tipo de masculinidad débil. Por otra parte, es imposible negar el binarismo del texto, ya que como se verá, la inversión de roles es el eje alrededor del cual se desarrolla la historia. La tesis de este cuento en particular es que convertirse en hombre es sinónimo de ser vencido y de formar parte del reino de los derrotados.
De igual forma, examinamos la categoría del espacio a partir de las ideas de Iuri Lotman, consagradas especialmente al problema del espacio artístico y sus relaciones con la diégesis del texto. Por ello, la calle, la ciudad, el burdel se mencionarán para comprender mejor la historia y, sobre todo, para entender cómo el cambio de sexo se relaciona estrechamente con el espacio donde estas transformaciones tienen lugar.
Hay también otra lectura, nada despreciable, pero que no se hará aquí: se trata de la interpretación del cuento desde el punto de vista político. Es cierto que se podría hablar de los conflictos armados y del exilio ya que evocar la fuga y el hecho de “escapar de un reino que está hundiéndose”, como lo dice el texto, recuerda la violencia y las guerras que ha conocido El Salvador en los años 80, un periodo efervescente vivido por la misma escritora. Sin embargo, esto quedará para análisis posteriores.
En cuanto al tratamiento del erotismo en esta historia, se examinarán, en primer lugar, la estructura del texto, así como los elementos más importantes con el fin de poder establecer, en un segundo momento, el discurso erótico propuesto por Escudos. A pesar del binarismo y la visión quizás reductora sobre “el placer masculino”, las metáforas de gozo y de “la enfermedad del amor” funcionan aquí como una relectura del placer de los cuerpos, en general. En fin, analizaremos el cuento a partir de algunos elementos tradicionales de la crítica literaria pero siempre bajo el ángulo del erotismo y lo fantástico.
Argumento
Un narrador protagonista es quien cuenta la historia de una mujer que, en los caminos de la ciudad de Siam, se transforma en hombre gracias a la pasión que ella desarrolla por una prostituta.
La historia se desarrolla en 1767, muestra personajes y ambientes exóticos. Dos parientes, un hombre y una mujer propietarios de tierras, huyen porque el reino de Siam está a punto de colapsar. Los birmanos, que habían rodeado la ciudad durante dos años, conquistaron la capital y como consecuencia, deben exiliarse. Así, durante el trayecto para tomar el barco que los llevará a Inglaterra, su país natal, la mujer observa una prostituta en la calle. Inmediatamente, se enamora y cuenta su metamorfosis en hombre: el pene comienza a nacer y a inflarse entre sus piernas, y luego, se viste como un hombre. La transformación de la mujer así como la descripción del encanto de la prostituta se narran de una forma sumamente erótica.
Cuando llega el momento de tomar el barco, la mujer transformada está desesperada porque ella solo tiene un pensamiento en su cabeza: poseer a la meretriz y quedarse con ella para siempre. Su primo se asombra de su comportamiento, pero el personaje transformado se aleja. Luego de una angustiante música, el transmutado encuentra a Sunyi (así se llama la prostituta) y se acuesta con ella en el burdel donde ella trabaja. El cuento termina cuando el metamorfoseado, luego del orgasmo, dice “me gusta ser hombre”.
El problema del espacio y de la interpretación del texto
En este libro, recurrimos siempre a la idea de que el problema del espacio tiene relación directa con la interpretación del texto (Lotman, 1982, p. 271) y por eso, se deben tomar en cuenta las oposiciones tales como bajo/alto, derecha/izquierda, cielo/infierno con el fin de acercarnos al sentido del texto y a la visión de mundo que nos ofrece.
En MDS, la organización del espacio es fundamental si se pretende poner en evidencia una interpretación original: el binarismo que aparece desde las primeras páginas o los “resultados parciales”[8], como lo señala Reagan Boswell hablando del fracaso de Escudos al tratar de superar las relaciones de género, no impedirá hacer una nueva lectura crítica del texto.
También utilizaremos una esquematización del espacio que parece útil, a partir de los contenidos estudiados en 2003 en Costa Rica[9]. En esta clasificación, hay nociones tomadas de Mijail Bajtin y Iuri Lotman que intentan descodificar el sentido de la historia.
El siguiente cuadro propone algunos ejemplos sobre los tipos de espacios encontrados en MDS:
Tabla 4. Tipos de espacios encontrados en MDS
Tipo de espacio | Ejemplo general / Cita textual |
1. De muerte o caos | Un agujero, sótanos, cuevas, callejones oscuros, “Sentí hundirme en un agujero profundo” “… intentábamos huir de aquel infierno” |
2. Fantásticos | El bosque, el aleph, la casa de la bruja, el reino: “Ayuthia, capital del reino de Siam” “… la conquista del resto del reino” |
3. Interiores | El cuerpo, el dormitorio, el jardín cerrado, “Llegar a tu cuerpo de mujer desde mi recién estrenado cuerpo de hombre” “… robarte, esconderte en una cueva, […] guardarte en mi camarote como un objeto precioso, encerrarte en un cofre…” |
4. De tránsito | Los caminos, los túneles, la calle, la ventana, “Por aquel camino de los reinos de Siam” “Al final del pasillo vi una puerta abierta” |
5. Mediadores | Arriba abajo, arriba/abajo, lejos/cerca: “Alcé mis ojos y te descubrí” “me arrodillé frente a ti” |
Fuente: elaboración propia.
Analicemos cada uno de ellos teniendo en cuenta frases significativas del texto. Los lugares de tránsito son privilegiados en la medida en que la transformación del personaje principal tiene lugar en los caminos de un reino “que está colapsando”: “Pero estoy seguro que, durante 33 años, antes de conocerte, en el momento justo en que te vi pasar cerca de mí, recostada en tu litera por aquel camino de los reinos de Siam, yo era todavía una mujer” (Escudos, 2008, p. 9).
Este fragmento describe una transformación que ocurre en las calles de la ciudad. Los espacios de tránsito son justamente aquellos donde es posible pasar de un estado a otro. La metamorfosis del protagonista tiene lugar en la calle pero sobre todo, en una litera, es decir, una cama en movimiento, una cama “en tránsito” (en términos de sexo y erotismo, esto es significativo).
También, hay otro aspecto ligado con los espacios y el tema de la transformación: se trata del momento preciso en el que cambió el sexo del personaje: “¡Más rápido! Grité desesperado, buscando con la mano el látigo, quitándome el vestido, arrancándomelo del cuerpo con furia, entrando en una camisa blanca y mirándote, todo al mismo tiempo”. (Escudos, 2008, p. 10). Durante la transformación, el personaje decide ponerse una camisa blanca luego de haberse quitado el vestido en que andaba. Además, es interesante mencionar que el blanco “es el color del candidato, es decir, de quien va a cambiar de condición”[10] (Chevalier y Gheerbrant, 1983, p. 125).
Se muestra entonces, cómo se realiza la transformación en los caminos, en un tránsito: el cambio de sexo y de comportamiento surgen al mismo tiempo. No se deben utilizar atuendos femeninos y por eso el personaje se quita el vestido que es, tal vez, el símbolo más tradicional de esa feminidad. Pero también hay una referencia al látigo en el pasaje anterior que parece muy significativo desde el punto de vista del género: con la transformación, el látigo llega y el vestido desaparece. Aquí surge una indiscutible inversión de roles y de esta forma, se puede afirmar que “volverse un hombre” quiere decir ponerse una camisa y sobre todo, coger un látigo… Este detalle recuerda, por cierto, los consejos misóginos transmitidos a Zaratustra: “¡Dame, mujer, tu pequeña verdad!”, dije yo. Y así habló la viejecilla: “¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo!” [11].
Al menos, en MDS, el asunto de la masculinidad y sus temas recurrentes no parecen difíciles de encontrar. El látigo sería, aquí, el símbolo de la virilidad, la sumisión del otro, frente al miedo que él representa. La autoridad, la masculinidad que acompaña al látigo significa que la metamorfosis del personaje está completa.
Por esta razón en el cuento de Jacinta Escudos, no habrá “masculinidad sin hombres”, porque, justamente, “convertirse en hombre” implica la desaparición, “la muerte” de cualquier trazo de feminidad, a pesar de “la memoria” que se pueda guardar. Tal y como lo dice Christine Bard[12]:
Se puede argumentar, incluso hoy, que la masculinidad (o la virilidad) sin un hombre guarda un poder subversivo, continúa perturbando un sistema binario que sigue siendo vinculante para mujeres y hombres, confrontados con versiones extremas de los géneros femenino y masculino (la bimbo y el físicoculturista) (Bard, 2011, p.128).
Desgraciadamente, el binarismo que se encuentra a lo largo de la historia de Escudos no permite la “virilidad de las mujeres”, es decir, las mujeres que sin necesidad de transformarse en hombres tienen una actitud “viril” o “fuerte”. Por ello, desde la óptica de esta investigación, el personaje debe transformarse y sobrepasar su masculinidad y en ese sentido, es posible hablar de “resultados parciales”, de masculinidad inconclusa, como menciona Regan Boxwell.
Por otra parte, se muestra también el espacio del reino que resalta el carácter fantástico del cuento de Escudos, de ahí la elección del epígrafe que habla de este tema de una forma más teológica. Ciertamente, el reino de Siam existía, si hablamos de una situación histórico-geográfica que puede verificarse, constatarse[13]. En el texto, el reino funciona como un espacio fantástico en términos de oposiciones múltiples, de binarismo y también sexualmente, según la proposición de la escritora salvadoreña. El reino sirve de espacio y de metáfora: irse del reino, del país es entrar, casi inmediatamente, en otro lugar.
El texto comienza, entonces, precisando la situación geográfica: el título y el segundo párrafo mencionan la región de Siam, un reino que parece ser real. Tres veces se menciona ese lugar, recorriendo los caminos y describiendo la huida de todos los personajes de la historia. El reino de Siam es percibido como el paraíso en un cierto momento de la narración: “Lo habíamos perdido todo. Atrás habíamos dejado nuestras pertenencias, nuestras plantaciones de arroz, nuestros árboles de pan, de coco y mango” (Escudos, 2008, p. 12). Se narra que el reino de Siam ha cambiado, como ha cambiado –por cierto– el personaje principal del cuento. Siam era sinónimo de felicidad, de estabilidad y de abundancia de frutas exóticas pero luego, la invasión birmana transformó todo. Ya no es más aquella tierra paradisiaca.
Asimismo, leemos que la protagonista del cuento era una mujer antes de la caída del reino y que con el cambio de reino, su sexo, de alguna forma, también cae. De hecho, cabe preguntarse por el hecho de vivir solo en el reino de Siam cuando se es mujer extranjera, inglesa y propietaria. El personaje dice que ella vivía allá, no se dice nada de sus papás ni de algún familiar. Lo único que se sabe es que ella regresa a Inglaterra con su primo y que tiene 33 años. Esta edad es el momento preciso de la transformación, pero también del hundimiento del reino. El siguiente cuadro permite comprender mejor el papel que juega el espacio, así como el binarismo señalado en la historia:
Figura 2. Reino de Siam antes y después de la invasión y antes y después de la metamorfosis

Fuente: elaboración propia.
Siguiendo las ideas de Genette sobre los niveles de información que muestra la historia, es posible revelar las oposiciones que sirven para descodificar la manera en que el texto construye el erotismo y su estructura literaria. Sin embargo, no debemos olvidar que el espacio es el que configura la visión del mundo en este cuento en particular. Por ejemplo, en lo que respecta al reino, es cierto que el personaje no deja Siam, todo lo contrario. Él/ella se queda con la prostituta en Krung Thep, el puerto donde se embarca para dejar el país. Léase la descripción de este espacio:
Arribamos al puerto, a los callejones donde el campo se confunde con la ciudad, y la ciudad es un montón de maltrechos edificios a la orilla de un muelle infectado con marineros, vendedores; ladrones, huérfanos, mendigos; prostitutas y toda suerte de indecentes. Ese hormiguero humano que es tu ciudad, Krung Thep, palabras que, en tu idioma, irónicamente significan ciudad de los ángeles (Escudos, 2008, pp. 13-14).
El puerto es un espacio importante porque establece las relaciones entre la interpretación de algunas historias y su organización espacial. Krung Thep es una ciudad, un puerto, donde el campo se junta con la ciudad, pero es también un lugar de decadencia moral, según el protagonista. Además, el nombre de la ciudad significa “ciudad de ángeles” y, de acuerdo con los textos del Nuevo Testamento, un ángel no tiene sexo determinado. En el verso 30 del Evangelio de Mateo, está escrito: “Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino que serán como los ángeles de Dios en el cielo.” Ellos parecen ser andróginos. Entonces, ser como los ángeles, en el discurso de la Biblia, puede ser interpretado como la ausencia de actividad sexual o la desaparición del deseo carnal, como para los eunucos que forman parte también de este imaginario asexuado.
No obstante, lo notable para este estudio es la ambigüedad sexual del personaje del cuento. Es una mujer que se convierte en hombre, un transmutado que va a vivir en “la ciudad de los ángeles”, que es, al mismo tiempo, un lugar donde todo se confunde, con inestables categorías de género, en fin, un lugar de libertinaje y perversiones:
Entré en callejones oscuros, en ese mundo de perversiones secretas que se esconde siempre en cualquier ciudad. Aquí los fumaderos de opio, las prostitutas bailando danzas sagradas en el burdel, ondulando la cintura y girando las manos con sus larguísimas uñas para hipnotizar a los incautos. Allí un leproso pidiendo monedas. Allá un par de amantes, descarados, entrelazados junto a un montón de basura; de pie contra la pared… (Escudos, 2008, p. 15).
El espacio se muestra como un lugar maldito donde cohabitan vicios, perversión, depravación pero también la ambigüedad sexual. El burdel donde el personaje termina su narración (¿o comienza allí?) está en esta ciudad decadente. En otras palabras, si la narración comienza y termina en el burdel, estamos en presencia de un círculo, y más específicamente, de un espacio de “narración de la vida”[14], como lo escriben Flora Ovares y Margarita Rojas. Así, podríamos señalar que en MDS “al comienzo fue el burdel”.
Sin embargo, la historia no dice nada sobre este espacio. Solamente es mencionado al final del texto. La prostituta trabaja ahí y es justamente en ese lugar que el personaje metamorfoseado hace el amor con ella. El burdel representa el sumun de la transformación y de la iniciación sexual del hombre. Hay también un dato interesante con respecto a este tema: se trata de la cuestión de la virginidad. El cuento menciona: “En mi improvisada condición de hombre, era virgen a los amores de cama con una mujer” (Escudos, 2008, p. 12). Él es virgen y eso puede sorprender ya que, generalmente, es un calificativo reservado a las mujeres. Incluso, un hombre virgen, puro, es como una contradicción en el discurso tradicional. Esto refuerza el binarismo en Jacinta Escudos. La castidad, aquí, es sinónimo de debilidad o de vulnerabilidad porque, como se verá al final del cuento, es la mujer prostituta quien triunfa y el perdedor es el hombre enamorado.
Por otro lado, si aceptamos la idea de que toda la narración se desarrolla en el burdel, esto determina en gran medida la interpretación del cuento. Porque lo erótico se manifiesta desde el inicio en un espacio maldito que es también un lugar de conocimiento de la realidad e iniciación. Además, el burdel, en la literatura occidental, pertenece a una esfera geográfica más vasta –la ciudad– y sería, entonces, interpretado como un problema urbano. El erotismo de los burdeles recuerda, una vez más, la función de la prostitución y de la transgresión cuando se evoca ese tema en particular.
Finalmente, en lo que respecta a los espacios mediadores, tres pasajes pueden ser considerados como representativos del binarismo y de la posición de la mujer en este relato en particular. El primer pasaje es la trasformación del personaje, una transformación descrita con la sensación de “caer en un agujero”:
Pero para amarte mi cuerpo decidió convertirse en masculino. El proceso no fue doloroso. Sentí un leve mareo y tuve que agachar la cabeza un poco porque sentí hundirme en un agujero (Escudos, 2008, p. 9).
Se muestra aquí cómo se desarrolla la relación espacial: convertirse en un hombre es sinónimo de “bajar la cabeza”, “agachar la cabeza” delante de una mujer, la prostituta. La transformación implica también “entrar en un hoyo”, un lugar de caos y muerte, especialmente desde el punto de vista de categorías de género. Sin embargo, aquí, lo más importante es la relación entre el arriba y el abajo, porque la mujer siempre permanecerá arriba, mientras que el hombre –que es el personaje sexualmente transformado– está abajo desde el comienzo de la metamorfosis.
El segundo pasaje del cuento: “Alcé mis ojos y te descubrí de nuevo. Ibas medio desnuda” (Escudos, 2008, p. 9), también coloca a la mujer arriba. De esta forma, el lugar de los personajes es importante ya que revela la distribución de los roles así como el binarismo del relato. La mujer gana en esta cartografía de poder donde el hombre es débil y vencido por su propio deseo.
El último pasaje de la narración cierra esta visión de una manera irrefutable: la mujer es casi una diosa, un ser divino que está por encima del humano: “No me preocupé por cerrar la puerta. Me arrodillé frente a ti. Al fin pude ver tus senos tan de cerca” (Escudos, p. 16). La genuflexión hecha por el personaje recuerda el tema del amor cortés, cuando el hombre cantaba bajo el balcón de su amada. La organización del espacio parece determinar la interpretación del cuento, oponiendo al vencido y al vencedor, a través de un desplazamiento fantástico y por supuesto, espacial.
Lo fantástico y la transformación
El texto comienza con un tono autobiográfico que, como una paradoja, evoca la esfera del artificio, en lugar de mostrar la verdad de lo que dice. Por lo tanto, el narrador se aleja de la realidad cuando cuenta los eventos vividos.
Las frases del siguiente cuadro evidencian la esfera fantástica que atraviesa el cuento.
Tabla 5. Algunas frases que dan testimonio de la esfera fantástica
en “Memoria de Siam”
Al conocerte me convertí en hombre |
Para amarte, mi cuerpo decidió convertirse en masculino |
Sentí hundirme lentamente en un agujero |
No podía pensar con claridad |
O acaso y mejor dicho me lo impedía mi extraña condición |
Fue entonces que reflexioné un poco sobre mi inusual condición |
Todo ocurría tan rápido… |
Arribamos al puerto, a los callejones donde el campo se confunde |
Fuente: elaboración propia.
De esta forma, se muestra la importancia de la metamorfosis como motivo, así como la cuestión del cuerpo. El primero es un tema clásico en la literatura fantástica y el segundo corresponde a la esfera erótica propuesta por el cuento.
De este modo, es posible afirmar que en MDS, lo más importante es el proceso de transformación y sus consecuencias. Aunque muchos críticos literarios prefieren centrarse en el contenido del relato y no en su forma, habrá que afirmar que el tema erótico en este relato en particular comienza con la descripción de la transformación del personaje y su deseo loco de ir por la prostituta. Entonces,
En este contexto, el cuerpo se convierte en un agente de expresión y su metamorfosis representa una figura subversiva que deconstruye los cánones socioculturales a los que está sujeto el ser humano. La corporeidad representa un espacio imaginario en el que el discurso puede inscribir las estructuras espirituales, culturales e ideológicas de la sociedad… (Bar, 2007, p. 10).
Se podría leer la metamorfosis como una estrategia de insumisión, sin olvidar el campo fantástico. Pero ¿qué podría significar un cambio así?, ¿qué podría significar en este cuento la metamorfosis, ligada con lo fantástico pero también con la transgresión del género y el erotismo?
El tema puede ser tratado de un modo completamente subversivo en la medida en que pueda simbolizar, como hemos dicho, la precariedad de categorías tales como hombre, mujer, deseo, o bien, la expresión de sexualidades que mutan constantemente. Dicho de otra forma, la experiencia del placer va más allá del género, en un movimiento que elimina las fronteras. Es por ello que no se comparte la interpretación de Ericka Parra cuando habla del cuerpo lesbiano:
La propuesta es: apropiarse del cuerpo del hombre o hacerlo instrumento para llegar al placer sin perderse con el amor. En “Memoria de Siam” […] Escudos explora la existencia de nuevas sexualidades como la transformación del cuerpo lesbiano al masculino y experimenta con tal elucubración, el poder de su nuevo cuerpo –poder que se manifiesta en el gran deseo de poseer a una mujer cuya atracción son sus senos, símbolo de poder metafórico en la mujer (Parra, 2009, pp. 8-9).
Ante tal afirmación, no queda claro qué significa aquí el cuerpo lesbiano[15] y sus deseos. Incluso, para Beatriz/Paul Preciado, no existe un cuerpo lesbiano sino cuerpos sin sexo definido, cuerpos que buscan placer:
En el marco del contrato contrasexual[16], los cuerpos se reconocen a sí mismos no como hombres o mujeres sino como cuerpos hablantes, y reconocen a los otros como cuerpos hablantes. Se reconocen a sí mismos la posibilidad de acceder a todas las prácticas significantes, así como a todas las posiciones de enunciación, en tanto sujetos que la historia ha determinado como masculinas, femeninas o perversas (Preciado, 2011, p. 13).
Dicho de otro modo, no se debería hablar de “cuerpo lesbiano” sino de “cuerpos que hablan”, y de la transformación como una utopía que va más allá de categorías de enunciación tales como hombres, mujeres, gays, etc. En el cuento de Escudos, la metamorfosis vivida por el personaje significa que los cuerpos son maleables, intercambiables y que solo el placer es nuestra tierra prometida. Los cuerpos hablan, intentan comunicarse entre ellos, si es necesario, se transforman y no se fijan en categorías reduccionistas: no existe un cuerpo lesbiano, gay o hetero. Lo que existe no es el cuerpo-objeto sino el cuerpo-sujeto que busca y se expresa de acuerdo con sus deseos, tal y como lo muestra el siguiente pasaje: “Pero yo no podía pensar con claridad. Mi vida toda se paralizó y mis ojos no miraban más allá de tu cuerpo. Una sola idea ocupaba mi mente: alcanzarte. Y entonces tocarte, tenerte” (Escudos, 2008, p. 10).
Aparece también el desconcierto, la confusión de ideas, la racionalidad confrontada con la locura. En la literatura fantástica, desear es delirar, y en todo el cuento de Escudos esa es la propuesta erótica que vemos. Las relaciones entre la locura y el deseo se encuentran en la literatura[17] pero, aquí, el motivo de “la enfermedad de amor”, la obsesión de obtener el objeto deseado, la descripción del cuerpo que tiembla y de la mirada, entre otros elementos, constituyen el eje alrededor del cual se establece el erotismo en Escudos: “La piel entera me hormigueó y sentí mis genitales de mujer agitarse, con palpitaciones de orgasmo. Cerré los ojos un momento. Y cuando volví a abrirlos supe que ya no era la misma persona” (Escudos, 2008, p. 9).
Esta última descripción, ¿no parece la de un éxtasis? La referencia al orgasmo que nos hace cerrar los ojos, una vez alcanzado, y de donde emergeremos, luego de la explosión del placer, ¿no implica una transformación en sí misma? El momento del éxtasis es, efectivamente, una transformación del cuerpo en primer lugar, pero a la vez, una transformación de la experiencia humana. El erotismo de la historia se encuentra en la metamorfosis, y esta es el acontecimiento detonante: “Pero si supieras el dolor que sentía en el pecho, la ansiedad que parecía un hierro candente, taladrador, asfixiante y que tenía su representación absoluta en el miembro viril que sentía, tieso y crecido en mi entrepierna” (Escudos, 2008 p. 11). Por cierto, las descripciones de los cuerpos son definitivamente eróticas y están relacionadas con el tema de la angustia y el deseo. No es solamente una transformación inesperada, súbita, sino también un cambio debido al placer que lo ha provocado. De igual forma, se muestra la contemplación del cuerpo, sea masculino o femenino: el cuerpo de la mujer es deseable, pero el cuerpo transformado también lo es. De manera que es posible desarrollar un erotismo que habla de una sensualidad más allá de los sexos:
Mi persecución era para llegar hasta tu lengua, hasta tus pezones, hasta la blancura de tu vientre, al misterio de tu ombligo, a la humedad de tu sexo escondido entre vellos y flores. Llegar a tu cuerpo de mujer desde mi recién estrenado cuerpo de hombre. Quise tu olor, tu sabor excitando mi saliva, tu diente marcando mis brazos, tatuando mi cuerpo de aventurero sin destino (Escudos,2008, p. 12).
Además, el erotismo no sería entonces solamente vivido por el personaje que cuenta la historia sino también por los lectores que observan los cuerpos en movimiento, los cuerpos en busca de placer. La historia interesa porque “seduce”, como lo dice Barthes, y porque juega con lo dicho y lo no dicho, con lo que se esconde y lo que se muestra. El cuerpo de la prostituta no se devela totalmente pero el del hombre tampoco. El texto, entonces, podría ser también la metáfora del juego:
Entonces comenzaste tu juego. Tu juego de pantera en cacería. Fingías probar diferentes sedas sobre tu pecho. Te cubrías con telas de colores, y aún a través de las telas, del fino tejido de las mismas, podía ver el perfil redondo de tus senos; asomar por tu costado; moverse ligeramente por el vaivén de la litera. Me desesperaba tu juego, tu afán por ocultar la belleza de tu cuerpo (Escudos, 2008, pp. 10-11).
En el mismo orden de ideas, la transformación es solo descrita de forma parcial, retratando algunos detalles y ocultando otros. Así, el texto seduce porque esconde los cuerpos o prolonga su misterio.
¿Toda mujer que se convierta en hombre entrará al Reino de los cielos? No necesariamente
MDS es la historia de una transformación y específicamente, de una transformación de lo femenino a lo masculino. Así, esta metamorfosis es, como ya se ha mencionado, un hecho que atestigua que convertirse en hombre no es necesariamente un buen negocio porque en el relato, el lado fuerte está siempre con la mujer prostituta.
Antes de convertirse en hombre, la mujer protagonista era propietaria de terrenos, independiente, libre y estable, al menos desde el punto de vista económico. Pero con la metamorfosis sufrida, se vuelve vulnerable, débil.
La refutación del Evangelio de Tomás parece clara. Como consecuencia, aparece, una vez más en estos relatos centroamericanos, una teología indecente que desacredita la autoridad de las palabras de Jesús porque, más bien, convertirse en hombre en el texto de Escudos quiere decir “entrar en el reino de los vencidos”, y no en el reino de los cielos. La misoginia del Evangelio es refutada porque el texto muestra no solamente que las mujeres son dignas de la vida y del cielo, sino que también pueden ganar en “el juego de la seducción”, para parafrasear a Baudrillard. Al hacerlo, el lugar de la mujer se reposiciona, si bien bajo una estructura binaria de la que el texto no escapa.
Por otro lado, y siempre hablando del Evangelio de Tomás, cabe preguntarse: ¿qué quiere decir “el reino de los cielos”? Si se toma el reino de los cielos como la metáfora de la felicidad, el placer y la justicia, la imagen dada por el texto está muy lejos de este parecido. Porque en MDS, la protagonista pierde la cabeza, se vuelve loca y peor aún, no logra manejar su deseo. Es ahí donde yace la refutación de la supremacía de los hombres. El texto lo muestra porque, repetidamente, se lee el término “dolor” o “desesperanza” cada vez que se trata de describir la condición masculina. A ese respecto, véanse las siguientes frases:
Tabla 6. Frases que hablan de la transformación y del dolor
¡Cómo sufrí en esos momentos! |
Pero si supieras el dolor que sentí… |
De solo pensarlo me inundaba de nuevo la desesperación… |
Y entonces, la catástrofe |
Fuente: elaboración propia.
Todo lo relacionado con la transformación o mejor, con el hecho de convertirse en hombre o abrazar lo masculino se cuenta con pesimismo. Aunque la metamorfosis es descrita con mucho erotismo, eso no impide la vulnerabilidad o el dolor. Y para reforzar esta idea el momento de la victoria de la mujer es irrefutable:
Sí, Sunyi, tú eras la ganadora, y yo un imbécil, tú eras la maestra y yo un torpe aprendiz de hombre que, por fin me atrevía, buscaba tu cintura con mis manos temblorosas, tanteaba tus muslos debajo de la tela de tu falda, tomaba mi propio miembro hinchado, la mejor y más palpable prueba de mi hombría, la más fuerte y dolorosa (Escudos,2008, p. 16).
La prostituta gana, el hombre pierde. A pesar de su pene inflado, a pesar de la aparente fuerza masculina, él cae delante de la mujer. Desde ese punto de vista, el binarismo propuesto por el texto parece evidente. La experiencia erótica de la transformación y el pasaje de un sexo a otro implica una gran riqueza porque reúne dos mundos muy distintos. Como dice Gloria Anzaldúa:
Hay algo emocionante en ser a la vez macho y hembra, tener entrada a ambos mundos. Contrariamente a lo que afirman ciertos dogmas de la psiquiatría, las personas “mitad y mitad” no sufren confusión sobre su identidad sexual o sobre su género. Por lo que sufrimos es por una dualidad absolutamente despótica que asegura que solo podemos ser una cosa o la otra. Afirma que la naturaleza humana es limitada y no puede evolucionar hacia algo mejor. Pero yo como otras personas queer, soy dos personas en un cuerpo, masculino y femenino. Yo soy la encarnación del hiero gamos : la reunión en una sola entidad de atributos opuestos (Anzaldúa, p. 60).
Incluso si la proposición de Escudos queda incompleta a causa de su binarismo, esto no impide que se pueda imaginar, a través de su relato, la existencia de individuos completos, seres que son hombre y mujer a la vez; individuos cuyo lado masculino y femenino se fusionan. Anzaldúa habla de “two in one body” pero se podría agregar también, un cuerpo con varios erotismos.
- Antonio Piñero comenta este verso: “En este sentido la mujer tiene un espíritu inferior al varón, según los gnósticos; aunque los dos son imperfectos en la tierra, la mujer más. La fémina puede hacerse un espíritu superior al que le corresponde –diríamos que por nacimiento físico– al aceptar la revelación plenamente y acercarse al ideal de la no carnalidad, de la que ellas –según los gnósticos, por su cuerpo más ‘carnal’, por su capacidad de generación, por su especial carnalidad indicada por la menstruación, etc.– son representantes más conspicuos que los varones”. Cf. Antonio Piñero, “Evangelio de Tomás: Las mujeres nos son dignas de la vida (164-31)”, disponible en https://bit.ly/3FGJ3Vu.↵
- En François Bovon y Pierre Geoltrain (resp.),Écrits apocryphes chrétiens, Paris: Gallimard, 1977. ↵
- Albino Chacón (dir.), Diccionario de la literatura centroamericana, op. cit., p. 163.↵
- Al inicio de su carrera, ella era un poco más “idealista”, como se muestra en los textos Contra corriente en 1993 y Apuntes de una historia de amor que no fue, en 1987. ↵
- José Pablo Rojas González, “Cuentos sucios, de Jacinta Escudos: una lectura a partir de las teorías feministas”, Istmo, n.º 22, julio, 2011, disponible en https://bit.ly/47pE2Nw. ↵
- Por ejemplo, Beatriz Cortez, “El desencanto de Jacinta Escudos y la búsqueda fallida del placer”, Istmo, n.º 3, julio, 2002, disponible en https://bit.ly/3S7rZQ6.↵
- Es la opinión de Regan Boxwell cuando dice: “Según mi juicio, Escudos juega con esta aparente contradicción para revelar las contradicciones de las normas sociales de la sociedad centroamericana contemporánea, sobre todo en cuanto a los roles de género”. Cf. “Una nueva óptica para la narrativa de posguerra: La función de la animalización de la sexualidad en Jacinta Escudos”, Istmo, n.º 19, diciembre, 2009, disponible en https://bit.ly/46K2DMC.↵
- Reagan Boxwell, “Una nueva óptica para la narrativa de posguerra…”, op. cit., p. 2.↵
- Esta clasificación fue propuesta por Margarita Rojas y Flora Ovares en 2003, durante un curso de análisis e investigación literarias en la UNA (Universidad Nacional de Costa Rica).↵
- Dictionnaire des symbols, op. cit.↵
- Friedrich Nietzsche, Ainsi parlait Zarathoustra, Paris: Le Livre de Poche, 1983, p. 90.↵
- Christine Bard, “La virilité au miroir des femmes”. En Alain Corbin, Jean Jacques, Courtine, Georges Vigarello (dirs.), Histoire de la virilité 3. La virilité en crise ? XXe et XXIe siècle, Paris: Éditions du Seuil, 2011.↵
- “Siam”, disponible en https://fr.wikipedia.org/wiki/Siam.↵
- Cf. Flora Ovares y Margarita Rojas, “In vino veritas”, Taller de letras, 2001, n.° 29, pp. 87-98. ↵
- Hay que tener en cuenta que, como dijo Teresa de Lauretis: “El fondo del problema es que la mayoría de nosotros, lesbianas y gays, no sabemos mucho sobre nuestras historias sexuales, nuestras experiencias, nuestras fantasías, nuestros deseos o nuestros respectivos modos de teorización […] Entonces, una de las preguntas igualmente preocupantes planteadas por el campo emergente de ‘los estudios gays y lesbianos’ se refiere a las construcciones discursivas y a los silencios construidos sobre la relación entre raza, identidad y subjetividad en las prácticas de homosexualidades y representaciones del deseo por el mismo sexo”. Théorie queer et cultures populaires. De Foucault à Cronemberg, Paris: La Dispute, 2007, p. 106.↵
- El contrato de contra-sexualidad, según Preciado, “renuncia a designar un pasado absoluto donde se situaría una heteropía lesbiana (amazónica o no; preexistente o no a la diferencia sexual, justificada por una cierta superioridad biológica o política o bien resultado de una segregación de los sexos) que sería una especie de utopía radical feminista separatista. No necesitamos un origen puro de dominación masculina y heterosexual para justificar una transformación radical de los cuerpos y de los géneros. No hay razón histórica susceptible de legitimar los cambios en curso. La contrasexualidad is the case. Esta contingencia histórica es el material, tanto de la contrasexualidad como de la deconstrucción. La contrasexualidad no habla de un mundo por venir, al contrario, lee las huellas de aquello que ya es el fin del cuerpo, tal como este ha sido definido por la modernidad”. Manifiesto contrasexual, Barcelona: Anagrama, 2011, p. 15.↵
- Nerval, Poe y otros, por ejemplo. ↵







