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2 “Cambio en la orientación internacional” de la política energética rusa

2.1. Economía e hidrocarburos durante la década de 1990

La revisión bibliográfica expone que existe una diferenciación del sector energético ruso en la cual cobra mucha importancia dos subsectores: gasífero y petrolífero. En tal contexto, la bibliografía consultada para la realización de esta investigación sugiere que las innovaciones impulsadas por Yeltsin se aplicaron prácticamente sólo al sector petrolero con foco en un aspecto: la producción.

En este contexto, la transformación de la industria petrolera es uno de los cambios más significantes que se han registrado en la transición económica de la Rusia post-soviética (Chen Sin, 2004). Al comenzar la década, existían más de 300 compañías de propiedad estatal, las cuales desarrollaban sus actividades en el mercado de la exploración, refinamiento y distribución. En menos de un decenio, un puñado de empresas privadas emergieron para dominar la industria petrolera en su totalidad generando una estructura de mercado oligopólico. Se trata de Lukoil, Yucos, Surgutneftgaz, Sibneft, TNK y Slavneft. Durante la década en cuestión, las elites más influyentes se consolidaron en torno los sectores energéticos exportadores del gas y petróleo.

Los programas de privatización aplicados durante la última década de fines del siglo XX fueron exitosos en términos de transferir la propiedad estatal en torno a la extracción y producción del petróleo al sector privado. De acuerdo con Sánchez (2006), el proceso de privatización se dividió en dos grandes momentos. En cuanto al primero, indican que:

“(…) Inicialmente, la política privatizadora genero un grupo reducido de grandes empresas productoras que desde el inicio optaron por una integración vertical con empresas afines a sus intereses. Alrededor de ellas subsistía un gran número de medianas y pequeñas productoras que se fueron escindiendo del Estado y gradualmente pasaron a formar parte de las grandes corporaciones” (p.43)

En cuanto al segundo momento -que se extendió hacia mediados de la década de 1990- los autores mencionados ut supra indican que dio lugar a dos caminos para lograr la apropiación y consolidación de los activos del sector petrolero. Los mismos son los siguientes:

  1. En primera instancia, existe un grupo de antiguos directores de petroleras soviéticas, íntimamente vinculados con el entorno de Boris Yeltsin, y que lograron fortalecer su gravitación dentro de la industria energética. Tal es el caso de Lukoil y Surgetneftegaz.
  2. Por otro lado, los nuevos y emergentes empresarios de la energia rusos lograron obtener suficientes recursos y poder como para apropiarse de otras grandes empresas petroleras, tales a Yukos, Subneft y TNK-BP, por ejemplo.

De acuerdo con Hare y Muravyev (2002, p.9), el año que registró mayores privatizaciones fue 1997, cuando se recaudaron más de 3 billones de USD; aunque esta tendencia no volvió a repetirse en los años subsiguientes, fundamentalmente debido a la crisis económica de 1998.

No obstante, durante los últimos años de la década de 1990 la producción petrolera de Rusia disminuyó casi el 50% (Hare y Muravyev, 2002, p.10), esencialmente debido a que los propietarios de las grandes empresas tomaron la determinación de reducir las perforaciones con el objeto de disminuir la recaudación de impuestos para el Estado. Vale indicar en este punto que una considerable proporción de los capitales se enviaba al extranjero, lo que terminó provocando que la producción de petróleo ruso no fuera rentable. En este contexto, el incremento de los precios internacionales del commodity dio espacio para que tuviera lugar la recuperación de un sector prácticamente paralizado (Gutiérrez del Cid, 2005).

Al respecto del proceso privatizador, resulta menester hacer mención del hecho de que -aunque se extendió rápidamente por el sector productivo en general, y el energético en particular- no implicó cambios profundos en términos de organización e infraestructura. Sánchez Andrés (2002) reflexiona al respecto, e indica que:

“La privatización significó que los derechos de propiedad de las empresas pasaron formalmente a los propios agentes relacionados directamente con las mismas organizaciones y, de hecho, surgió una colusión de intereses entre las direcciones y los trabajadores de las propias empresas privatizadas por controlar las correspondientes entidades desestatalizadas (Buck, Filatotchev y Wright, 1994). Las empresas continuaron teniendo adscritas sus respectivas infraestructuras sociales, de forma que se mantuvo la concepción soviética en la que se mezclaba bajo el mismo concepto de entidad productiva las actividades de producción y las de prestación de servicios a sus trabajadores (y, en general, a parte de la población vinculada a éstas).” (Sánchez Andrés, 2002, p.55)

Se comprende entonces que las compañías[1] -dirigidas por figuras que habían formado parte de antiguos grupos de presión que las gestionaban durante la era soviética- continuaron manteniendo las mismas preocupaciones e intereses. Estos grupos apoyaron efectivamente las políticas económicas comerciales emprendidas con el objeto de obtener una mayor descentralización y liberalización, las que emergieron en un contexto de creciente inestabilidad económica (Sánchez Andres, 2002).

Tal como se ha mencionado ut supra las elites confluyeron en torno a los sectores económicos más rentables; y en este contexto el energético fue el más popular. Ante la rápida y acelerada privatización del sector petrolero, también se dio una más lenta y reducida en el gasífero, cristalizada en la figura de Victor Chernomyrdin, el Primer Ministro. Sin embargo, un aspecto en común en ambos casos es el hecho de que un número reducido de figuras concentraron el poder decisorio en términos de actividades económicas y administración de recursos financieros.

En cuanto a la evolución de Gazprom – que hoy controla más del 70% por ciento de la producción nacional, y que monopolizó prácticamente las tuberías y exportación durante todo el periodo en cuestión- resulta menester tener presente cierta información. Víctor Chernomyrdin fundó la corporación en 1989, cuyo objetivo gravitaba en torno a la búsqueda, extracción, distribución y venta de gas, bajo su mando. En efecto, la academia suele señalar que es esta figura quien sentó las bases de una estrategia que luego le serviría a Vladimir Putin: la valorización de recursos estratégicos en manos estatales.

Luego de la crisis económica de fines de la década de 1990 y el subsiguiente incremento exponencial de los precios del petróleo en 1999, se puede indicar que se inicia una nueva fase de evolución en la industria energética rusa. Tal como se mencionó previamente, para antes de la asunción de Putin, cinco grandes compañías privadas comenzaron a absorber productores medianos y pequeños, por lo que para esta época manejaban más del 80% de la producción (Sánchez Andrés, 2002).

2.2. Vladimir Putin y cambio de paradigma

Putin es electo presidente de Rusia en marzo de 2000 y es ahí cuando comienza una nueva etapa en la transición económica rusa y en la política energética, específicamente. Las reformas institucionales que llevó a cabo se han orientado hacia la resolución de dos problemas importantes: la incapacidad del Estado para poner en práctica sus decisiones, y la eliminación de los poderes de los agentes sociales que se enfrentaban al poder central.

Uno de los más importantes objetivos de Putin fue ensalzar al nacionalismo, al tiempo que manifestaba un recelo hacia las políticas reformadoras de la década de los ´90. El descenso del Producto Bruto Interno ruso –como consecuencia de dichas políticas- puede comprobarse fácilmente por los datos provistos por el Banco Mundial, ver Gráfico N° 1.

Gráfico N° 01
PBI de la Federación de Rusia, 1990-1999

GRAFICO 1

Fuente: elaboración propia en base a datos del Banco Mundial.

Tal como puede observarse en el Gráfico N° 01, el PIB de Rusia descendió de USD 516.814 miles de millones en 1990 -el pico más alto del periodo mencionado- a USD 395.077 miles de millones en 1994, hasta alcanzar su punto más bajo en el año 1999, con un PIB de USD 195.906 miles de millones. De acuerdo con Yasin (2008), este descenso responde a una serie de factores heredados de los tiempos soviéticos, tales como falta de mecanismos estimuladores, el ensimismamiento y la militarización.

A los efectos de esta investigación, la noción de “cambio” utilizada para comprender las modificaciones rusas se corresponderá con la concepción de “cambio en la orientación internacional” acuñada por Hermann (1990). Cabe recordar que Hermann analiza el cambio relacionado con una redirección de la política exterior que surge no por la sustitución de regímenes –lo que frecuentemente explica cambios dramáticos en política exterior- sino por el cambio efectuado por el mismo gobierno o régimen. Para ello, propone cuatro niveles graduados de cambio, los que se describen a continuación:

  1. Cambio de ajuste: consiste en un cambio en el nivel de esfuerzo y alcance de los receptores de las políticas exteriores. Este no es considerado como un cambio fundamental, a diferencia de los tres tipos de cambio restantes.
  2. Cambio de programa: o en los métodos o medios con los que se persigue un objetivo. El cambio es cualitativo más que cuantitativo e involucra nuevos instrumentos del aparato del Estado. Lo que se hace y cómo se hace cambia, pero el propósito es el mismo.
  3. Cambio en el problema o en las metas: en el que el cambio en la política exterior refleja la sustitución del problema u objetivo inicial.
  4. Cambio en la orientación internacional: compromete a todas las esperas relacionadas con los asuntos mundiales. Es un cambio básico en el papel y actividades de los actores internacionales; y muchas políticas son simultáneamente modificadas.

La modificación en la orientación internacional se entiende como el más extremo de todos los casos, y puede verse en las modificaciones realizadas por Putin poco tiempo antes de asumir su cargo como Presidente: destituyó a todos los integrantes de su gabinete en febrero del año 2000, por ejemplo. La creación de un nuevo gabinete buscaba cristalizar los cambios que deseaban realizarse, consolidación de su liderazgo en la nueva gestión presidencial y el cumplimiento del objetivo más importante: convertir a Rusia en una gran potencia nuevamente. Las alteraciones realizadas son destacadas por Gutiérrez del Cid (2006), quien señala que:

“Vladimir Putin (…) adelantó lo que él denomina la “reforma administrativa”, que consiste en una drástica renovación de funciones de las agencias departamentales y una igualmente drástica reducción de su personal. En particular, ha reducido a un tercio el número de ministerios y ha transferido la función de control del gabinete a su administración directa” (Gutiérrez del Cid, 2006, p.70-71).

En este sentido, entre las prioridades de la nueva política exterior de la gran nación asiática cabe puntualizar una acción en particular: “(…) Lograr que Rusia recupere su posición estratégica y geopolítica en el escenario internacional (…)” (Gutiérrez del Cid, 2006, p.71). Según el documento constitutivo denominado “Concepto de Seguridad Nacional de la Federación De Rusia”[2], la amenaza del empeoramiento de la situación económica en el país y del agotamiento de sus recursos naturales depende directamente del estado económico y la disposición de la sociedad para comprender el carácter global y la importancia de esos problemas.

Tal como indica el análisis del documento titulado “Estrategia energética de Rusia para 2020” se materializa una nueva etapa para política exterior, en donde Putin se apoyó principalmente en el poder energético de Rusia como principal suministrador de Europa. De esta forma, se ha incentivado un nacionalismo sustentado en la gestión de los recursos energéticos como elemento fundamental para posicionar el relanzamiento de su rol global.

En este sentido

“La estrategia de Putin para el renacimiento económico consistió en volver a estatizar las empresas públicas pertenecientes a la era de la Unión Soviética que fueron privatizadas durante la era Yeltsin, sobre todo las del complejo militar industrial y las de energéticos. Así, ha recuperado sistemáticamente el control de las empresas que explotan el petróleo y el gas en su territorio y cerca del 80% de las reservas mundiales de hidrocarburos les pertenecen hoy a compañías de propiedad estatal” (Gutiérrez del Cid, 2008, p.138)

De este modo, a partir del advenimiento de la era de Putin, la complementación de insumos a más bajos costos y el incremento de los precios permitieron que las compañías energéticas acumularan suficiente capital como para introducir técnicas y herramientas que optimizaran el proceso. Según Gutiérrez del Cid (2006) se volvieron a reactivar pozos agotados, se realizaron grandes inversiones en maquinaria y tecnología moderna y se apostó a la construcción de nueva infraestructura, la cual aumentaría las capacidades de exportación[3].

En este punto resulta crucial indicar que las reservas de gas y petróleo disponibles no son un descubrimiento para Rusia. Sin embargo, el desafío al que ha enfrentado exitosamente la administración de Putin (Goldman, 2008) ha sido en la utilización efectiva de los recursos. Con el objeto de comprender completamente lo que ello implica, es preciso tener en cuenta que la nación geográficamente más grande del mundo no ha tenido éxito en lograr efectividad para localizar depósitos, trasladar los hidrocarburos a la superficie y luego transportarlos hasta su destino. Lo anterior, sumado al tardío desarrollo del sector tecnológico -en comparación con el resto del mundo- son fenómenos que han dado lugar a una des-optimización de los recursos.

Al respecto, resulta menester hacer hincapié en la siguiente reflexión, que sugiere que:

“A la par de esta recuperación de la industria petrolera, es interesante destacar que la capacidad exportadora rusa aumentó no sólo por los nuevos oleoductos y puertos, sino porque su demanda interna de petróleo permanecía baja debido al continuo declive de su industria pesada. En contraste con el gas ruso, del cual sólo se exporta 1/3 de la producción, cerca de la mitad del petróleo ruso está disponible para la exportación.” (Gutiérrez del Cid, 2006, p.141)

Es importante clarificar aquí que la mayor parte del gas natural es destinado para el consumo interno, básicamente para la calefacción y la industria. Por tanto, el petróleo ha emergido como el producto más apropiado para obtener divisas del extranjero, mientras que el gas es el que mantiene la economía en marcha. Sin embargo, las proyecciones del gobierno han pretendido modificar esta situación, procurando la sustitución del petróleo por el gas en un mediano plazo. Esta iniciativa se ha estado concretando a través de Gazprom, principal exportador de gas de todo el globo.

Con respecto a esta última, se puede decir que -ante la llegada de Putin al poder- se produjeron cambios considerables dentro de la organización. Por un lado, se dieron cambios internos concentrados en la reestructuración de las posiciones directivas; y por el otro se procuró consolidar los activos de la compañía.

En cuanto a las modificaciones gerenciales, es importante destacar que se fueron reemplazando las autoridades por otras figuras más afines al nuevo gobierno, desplazando de este modo a los directivos vinculados con la gestión anterior. Esta tendencia quedó en claro en las elecciones parlamentarias del mes de diciembre de 2003, cuando el círculo íntimo de Yeltsin fue reemplazado por figuras de confianza del nuevo mandatario (Brill Olcott, 2004).

En cuanto a la segunda perspectiva de cambios, vale indicar que se ha plasmado en la adquisición o desplazamiento de otros productores -privados, tales como Yukos, LukOil o Surgutneftegaz, entre otros. La nueva administración rusa también ha promovido una política de diversificación industrial para la empresa en cuestión, cuya performance se ha destacado en cuatro sectores disimiles:

  1. Por un lado, en actividades del sector petroquímico. A este respecto, se ha asistido a la creación de dos grupos industriales: Sibur (que controla más del 60% del sector) y Agrojimpromjolding (dueña del 40% del mercado de abonos nitrogenados).
  2. Por otro lado, en el sector metalúrgico. Gazprom ha adquirido empresas metalúrgicas que pudieran cubrir sus requerimientos para la construcción de gasoductos, los dos casos más emblemáticos son los de la Factoría Metalúrgica de Oskol y la Factoría de Concentrados Minerales de Lebedinsk.
  3. El tercer modo de diversificación realizado por Gazprom ha sido el de la energía eléctrica. Sánchez (2008) indica que: “(…) a septiembre de 2004, Gazprom ya había adquirido un paquete de acciones de bloqueo equivalente al 25.1% en la compañía energética de Moscú (Mosenergo), así como el 10.2% de las acciones en RAO EES Rossii. De esta manera, Gazprom pasaba a ser un agente importante dentro de la reestructuración del sector de energía en Moscú” (p. 33). Esta iniciativa en particular es de gran importancia, dado que le permitió a la empresa en cuestión contar con las herramientas y poder necesario para determinar tarifas energéticas, e incluso determinar el rumbo y productividad del sistema productivo ruso.
  4. La última diversificación de la compañía tiene que ver con su avance sobre el sector petrolero. En efecto, la adquisición de Sibneft permitió que Gazprom se convirtiera en un actor determinante dentro del sector en cuestión, en tanto agente regulador marco. De cualquier modo, vale destacar aquí que existen otras empresas privadas de considerable tamaño -tales como LukOil y TNK-BP- cuya influencia ha mermado la autoridad de Gazprom.

Goldman (2008) indica que el PBI de Rusia es completamente dependiente de las modificaciones experimentadas en la producción de petróleo: por ello, luego del declive de los precios durante la década de 1990, la bonanza de los primeros años del siglo XXI implicó un incremento significativo del PBI. Ello puede visualizarse en el Gráfico Nº 2, en donde los datos expuestos sugieren una correlación casi perfecta entre el acrecentamiento o decrecimiento del mismo.

Gráfico N° 2
Producción de Petróleo y PBI (en porcentaje)GRAFICO 2

Fuente: Elaboración propia, en base a datos de Goldman (2008)

En el año 1992 la producción de petróleo en porcentajes fue del -15,7%, mientras que el PIB de -14,5%, -ver Gráfico N° 02. La tendencia a la baja continuó visible en ambas variables hasta el año 1999, cuando la producción del crudo aumentó a un 0,6%, y el PIB incrementó hasta un 6,4%. Hacia finales del periodo analizado pueden observarse propensiones crecientes, alcanzando la producción un pico máximo durante el 2003, mientras que el PIB experimentó su mayor crecimiento en el 2007.

El análisis de las estadísticas obtenidas comprueba que el régimen de Putin ha impactado sobre la capacidad de acumulación estatal en torno a la industria energética. El cambio en la política energética rusa de la mano de Putin se concentró en la industria del petróleo, para revertir caída en la producción que habían generado las medidas liberales de la década del ´90 con Yeltsin. No obstante, en cuanto al sector gasífero se refiere podríamos afirmar que no hubo grandes cambios sino por el contrario una relativa continuidad en las políticas y estrategias, respecto de la etapa anterior.


  1. Lukoil y Surgetneftegaz, Yukos, Subneft y TNK-BP, por nombrar algunas
  2. Aprobado por el Decreto del Presidente de la Federación de Rusia Nº 24 de 10.01. 2000, y disponible en el sitio web oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso: http://es.mid.ru/es/web/guest/foreign_policy/official_documents/-/asset_publisher/CptICkB6BZ29/content/id/589768
  3. Ejemplo de ellos son las construcciones del Sistema de Oleoductos del Báltico o la Terminal de petróleo en Primorsk.


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