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1 Aspectos metodológicos y teóricos

1.1. Fundamentación y definición del tema-problema

La década de 1990 implicó un periodo de importantes cambios para Rusia y para el mundo en su conjunto. Tras el desmantelamiento del sistema de planificación socialista y un fuerte debilitamiento económico-financiero la gran nación euroasiática experimentó inflación y colapso presupuestario. La crisis asiática de fines de la década contribuyó en gran medida a profundizar el desplome del mercado ruso: el PIB se redujo en casi un 6% respecto del año anterior; la inflación alcanzó el 80%, y las reservas nacionales en oro y divisas disminuyeron en más del 30% (Koulikova, 2005, p.25).

A principios del nuevo siglo, y con una coyuntura más favorable en los mercados mundiales de materias primas, la devaluación del rublo y una política de austeridad dieron lugar a una tibia pero constante recuperación. El crecimiento de las exportaciones rusas y la estabilidad macroeconómica general en Rusia fueron los principales signos de mejoría.

Durante el primer mandato de Vladimir Putin (2000-2004), Rusia se vio muy favorecida por la situación económica en el mundo y, particularmente, por el alza considerable de los precios de los hidrocarburos y materias primas (Gutiérrez del Cid, 2008). Todo indicaba que el país entraría en una nueva fase de crecimiento y desarrollo económico y el gran motor eran la explotación y comercialización de la energía.

Precisamente por eso es relevante estudiar el sector energético tanto como un factor clave de la economía como también de la geopolítica rusa. Durante las últimas décadas, la cuestión energética se ha convertido en una de las preocupaciones más relevantes de la comunidad internacional. La mayor parte de la energía utilizada en el mundo proviene de combustibles fósiles (tales como el petróleo, carbón o el gas natural). Ante tal panorama, debe tenerse presente que el elevado y sostenido desarrollo económico de las potencias mundiales –sumado a las crecientes necesidades de naciones menos desarrolladas, pero con inmensas potencialidades de industrialización- han generado un escenario de creciente demanda de energía, y, consecuentemente, de mayor preocupación e incertidumbre por las limitaciones de la misma. La figura de Rusia como un activo actor en el escenario energético global se ha erigido y ha comenzado a adquirir una relevancia cada vez más notable, no solo por contar con un recurso natural central para su desarrollo económico sino también por saber utilizarlo como un instrumento de presión política, lo que nos posiciona sobre nuestro objeto de estudio propuesto.

La relación entre la política energética y la política exterior contribuye al desarrollo económico nacional. Desde un punto de vista político el sector energético es objeto de gran preocupación dado que puede generar situaciones de extrema dependencia y desequilibrio de poderes en diferentes niveles. Por otro lado, desde lo económico-financiero, el sector representa una considerable proporción de los ingresos fiscales y es clave por es para mantener una balanza superavitaria.

En concreto, la utilidad pública y los potenciales beneficios sociales y económicos que devienen de un uso racional de los recursos terminan impactando positivamente sobre la política exterior de todo país. Es por eso que el interés académico de la presente investigación radica en un reconocimiento de la creciente importancia de la política energética como instrumento de la política exterior, haciendo especial hincapié en la influencia clave que tiene el Kremlin en la conformación del orden regional e internacional.

1.2. Objetivos

1.2.a. Objetivo principal

Esta investigación se ha propuesto como objetivo general explicar la relación entre la política energética y la política exterior de Rusia y los efectos que ésta produce sobre ex satélites soviéticos dependientes de las importaciones de gas y petróleo, en el período 2000-2008.

1.2.b. Objetivos específicos

Los objetivos complementarios aquí planteados son los siguientes:

  • Determinar cambios y continuidades en la política exterior rusa desde la utilización de la política energética como instrumento de presión.
  • Explicar la relación comercial con los principales países importadores de energía rusa durante el periodo en estudio.
  • Analizar el cambio en la orientación internacional de la política exterior y energética de Rusia hacia los ex satélites soviéticos, entre el 2000 y 2008.

1.3. Diseño de investigación

La formulación de una hipótesis, que se nutre en la teoría realista, y su corroboración orientaron la investigación a una metodología cuantitativa. Se parte entonces de un esquema estructurado en una serie de fases secuenciales, al decir de Sampieri (1991). El punto de partida fue la revisión de la bibliografía específica para luego formular el problema de investigación y desde un posicionamiento teórico concreto elaborar una respuesta conjetural.

El enfoque cuantitativo utilizado para el análisis de la política energética –entendida en términos de elemento fundamental de la política exterior rusa- ha sido seleccionado porque permite orientar la investigación hacia la descripción, es especifico y acotado, y se orienta hacia datos medibles u observables.

De acuerdo con Sampieri (1991), los enfoques cuantitativos tienen el objeto de acotar la información mediante la medición de las variables indagadas. En este caso, el investigador se comporta de manera “imparcial”, y procura que la recolección y análisis de datos se realiza mediante instrumentos rigurosos y objetivos.

Dado que en esta investigación se propone estudiar cuatro casos en donde se advierte que Rusia utiliza la energía como un instrumento de presión política, la elección del enfoque cuantitativo responde a la pretensión de generalización de resultados representativos y la implementación de instrumentos estandarizados, uniformes para todos los casos.

El recorte temporal corresponde al periodo comprendido entre 2000 y 2008, el motivo se fundamenta en un hecho político fundamental: la asunción de Putin como presidente de la Federación Rusa. En efecto –y tal como se ha mencionado previamente- su elección provocó un cambio en la orientación internacional de la política exterior rusa, que incluyó la utilización de recursos energéticos como instrumentos de presión política, fundamentalmente sobre los países europeos.

En cuanto a las técnicas previstas para la elaboración de esta investigación, se ha previsto realizar un análisis de contenido cuantitativo de todos los documentos públicos provenientes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia a los que se tenga acceso, como así también los pertenecientes a los organismos estatales análogos de Ucrania, Letonia, Bielorrusia y Georgia.

Además, mediante la utilización de técnicas estadísticas, matemáticas y de cálculo que se aplican en la recopilación, tabulación y clasificación de hechos y antecedentes, se pretende profundizar en el análisis estadístico de los resultados, realizar conclusiones a partir de ellos y mejorar –consecuentemente- las interpretaciones.

Con respecto a las fuentes de información, para la realización de la presente investigación, se acudirá tanto a fuentes de información primarias (entendidas como aquellas que contienen información nueva y original, resultado de un trabajo intelectual: en este caso, libros, revistas científicas, diarios, documentos oficiales de instituciones públicas, informes técnicos y de investigación de instituciones públicas o privadas) como secundarias (aquellas que contienen información organizada, elaborada, producto de análisis, extracción o reorganización que refiere a documentos primarios originales: por ejemplo, enciclopedias e investigaciones que analizan o interpretan otros trabajos o investigaciones).

1.4. Estado del arte

En cuanto a los estudios académicos que abordan la cuestión, puede mencionarse que la revisión de la literatura académica sobre el poderío energético ruso y su utilización para la obtención de intereses estratégicos ha proporcionado al menos dos grandes vertientes de aproximación al objeto de estudio.

En una primera instancia, se puede destacar un considerable grupo de investigadores[1] que realizan una clasificación en lo referente a la cuestión de la dependencia: mientras que algunos ponen un énfasis especial en la dependencia de Rusia con respecto a las exportaciones energéticas; otros[2] se posicionan en la antítesis destacando que la dependencia es para los ex-satélites soviéticos con respecto a sus importaciones de crudo y gas ruso.

Para Sánchez (2008) y también para Gullo y Tuñón (2009) los mercados europeos ponen al descubierto una peligrosa dependencia para Rusia en tanto concentra en ellos sus principales exportaciones energéticas. La misma se acentúa aún más si se considera que el transporte de la energía rusa requiere atravesar otros territorios antes de arribar a su destino final. La confianza en una balanza comercial tradicionalmente positiva –producto de las exportaciones energéticas- puede dificultar al gigante euroasiático una visión clara y pragmática de su situación. Pero, tal como indica Donald Jensen (2013), una negativa vinculación con algunos de sus vecinos puede costarle mucho más caro aún. En esa coyuntura la situación podría agravarse aún más por la creciente necesidad de desarrollo y modernización que requiere la industria petrolífera.

Otros académicos (Diaz Golpe, 2014) destacan ciertos cambios acontecidos en el mercado mundial de gas. Concretamente, la explotación del gas no convencional (por ejemplo, el Shale Gas) y la creciente importancia del comercio de gas natural licuado (GNL). Se trata de hechos que potencialmente sacudirían a las naciones exportadoras y que pondrían en jaque su estabilidad.

En cuanto a la segunda noción, existe una línea de pensamiento más generalizada que sostiene que, en la actualidad, son los ex satélites soviéticos quienes presentan una peligrosa carencia de fuentes de energía autónomas. Lo anterior los sitúa en una posición de dependencia energética que, con frecuencia, conduce a una vulnerabilidad en este ámbito (Sánchez, 2007). Esta idea parece adquirir mayor credibilidad tras los cortes energéticos concretados entre 2006 y 2009, en donde la crisis finalmente hizo comprender la existencia de una verdadera espada de Damocles en cuanto a la seguridad energética se refiere (Gullo, Tuñón, 2009)

De este modo y según el análisis de Julissa Castro (2014), la política de reacercamiento ruso hacia las exrepúblicas soviéticas no suele presentarse en términos favorables hacia estas últimas. Las crisis derivadas de las disputas con Ucrania, Georgia, Bielorrusia y Letonia demuestran hasta dónde está dispuesto a llegar el gigante euroasiático cuando de sus intereses geoestratégicos se trata.

Otra de las perspectivas de estudio de la problemática tratada hace referencia al ámbito político en el que se circunscribe la estrategia energética. En efecto, son varios los académicos[3] que restringen la política energética en el ámbito doméstico; mientras que otros tantos[4] la identifican como un sustancial elemento de la política externa de la nación rusa.

Se ha destacado que el encarcelamiento del presidente de YUCOs, Mijail Jodorkovski, es un claro ejemplo. En este sentido, su aprisionamiento representó para la sociedad un endurecimiento del ejercicio del poder que se había perdido durante la época de Yeltsin, y –al mismo tiempo- se constituyó como un factor clave para el aumento del respaldo a Putin. Si se tiene en cuenta los cuantiosos beneficios que Jodorkovski había obtenido desde la década del ’90, producto de una acelerada privatización rusa, resulta clara su importancia en la industria petrolera. Tal como destaca Javier García Vázquez (2008), su ambición lo cegó y no le permitió comprender que el control que ejercía sobre el sector energético se contraponía a los objetivos prioritarios de seguridad nacional (centrados en la administración y nacionalización de los recursos).

De esta forma, la detención del magnate se circunscribe dentro de la lógica de lucha contra la burocracia y los grupos de poder cercanos a Yeltsin, una de las prioridades de Putin durante los primeros años de gobierno (Gutiérrez Del Cid, 2005).

Por otro lado, otros académicos sugieren argumentos más complejos. Manuel de la Cámara (2010), y Gullo y Tuñón (2009) destacan la nueva impronta de la política exterior de Putin, quien se apoyó en el poder energético de Rusia como principal suministrador de energía regional.

Múltiples autores –entre los que se destaca Gonzalo Escribano (2014)- prevén que Rusia continuará instrumentalizando políticamente su gas para extender su influencia en Europa y su vecindad. Resulta evidente que Vladimir Putin vio en la abundancia de recursos energéticos una herramienta perfecta para devolver a Rusia su estatus de súper potencia. Y ésta noción se ha constituido en una piedra angular de su posicionamiento internacional y política exterior.

La anterior revisión bibliográfica ha permitido el planteamiento de los siguientes interrogantes: ¿Cómo es la relación entre la política energética y la política exterior de Rusia? Y ¿Qué efectos tiene sobre los ex satélites soviéticos dependientes de las importaciones de gas y petróleo?

1.5. Marco teórico y elementos conceptuales

1.5.1. Aproximaciones conceptuales

En este primer apartado se presentan conceptos básicos para comprender el objeto de estudio propuesto, así como también una primera aproximación a la cuestión energética rusa. Para ello, se utilizará como técnica la recopilación y clasificación de hechos con el objetivo de profundizar el análisis y comprender los procesos llevados a cabo.

El concepto de Política Exterior no es obvio y exige cierta precisión. Reynolds, por ejemplo, la conceptualiza de la siguiente manera: “(…) el conjunto de acciones de un Estado en sus relaciones con otras entidades que también actúan en la escena internacional con objeto, en principio, de promover el interés nacional.” (Reynolds, 1971: p. 46).

Sin embargo, este tipo de definiciones generan gran confusión dado que presentan severas limitaciones. En este caso en particular, se considera únicamente la acción exterior del Estado. Si bien la misma es una parte fundamental de la Política Exterior, no se puede desconocer la importancia que tiene el proceso de toma de decisiones previo, que se desarrolla en el orden doméstico y sobre el cual tienen una participación vital un sinfín de actores subnacionales.

Por otro lado, en la reconocida obra “Límites y alcances de la política exterior mexicana” de Mario Ojeda (1976), se señala que la política exterior de los estados es diseñada y llevada adelante de modo libre e independiente; mientras busca obtener los mejores resultados sin realizar grandes sacrificios de recursos.

Esta noción también presenta una indiscutible falencia: debido al fortalecimiento de los procesos de globalización, transnacionalización e interdependencia económica, ya no puede considerarse que la acción de un actor sea un hecho aislado que no afecte al resto de la comunidad global.

1.5.2. La noción de Política Exterior

En primer lugar, para poder encuadrar una definición de política exterior se debe precisar que términos resultan adecuados para definir política. En su uso más corriente se refiere a los distintos campos en los que tiene actividad el Estado, aunque al tratarse de una noción polisémica puede expresar tanto un propósito general como un programa concreto o una línea de acción que debe ser objeto de aprobación por una autoridad correspondiente. Sin dejar de lado que el concepto de política se encuentra altamente vinculado al poder, permite ensamblar el término poder político, definido como la relación entre los sujetos en la que uno impone ante otro u otros su voluntad y obtiene adhesión voluntaria o, en última instancia, a través del uso de la fuerza (Tomassini, 1987).

El poder cubre todas las relaciones sociales y en las relaciones internacionales es, al menos, “(…) la capacidad de una nación de usar sus recursos tangibles e intangibles en cada momento para afectar el comportamiento de otros Estados (…)” (Stoessinger, 1991, p.23) y como máximo “(…) la capacidad para prevalecer en el conflicto y superar los obstáculos (…)” (Deutsch, 1979, p.37). De ello resulta claro que el poder resulta un factor fundamental para las relaciones internacionales entre los Estados.

Existen varios autores que intentan diferenciar y separar la política interior y la política exterior, aunque todas resulten parte de una política general de Estado, junto a la seguridad y la defensa. Autores como Merle (1984) señalan el planteo clásico de tomar a la política exterior como la actividad estatal dirigida hacia la interacción con otros Estados, en franca oposición con la política interior, situándola siempre más allá de las fronteras, lejos de la propia comunidad.

“Todas las perturbaciones que afectan a la conducción de los asuntos exteriores provienen de la evidencia de la confusión creciente entre política exterior y política interior. El postulado clásico, de inspiración hobessiana, según el cual existe una diferencia de naturaleza entre los asuntos extranjeros y los asuntos del interior se ha transformado profundamente desde el inicio del siglo XIX. Pero no ha dejado de representar el modelo de referencia al servicio de los prácticos y de punto de apoyo a los trabajos científicos. Hoy día, la mayor parte de los observadores están de acuerdo en reconocer que la distinción entre lo interno y lo externo ha desaparecido” (Merle, 1984, p.34).

Otros autores utilizan una concepción un tanto más equilibrada, expresando que los actores actúan e interactúan en dos esferas delimitadas -a saber, la política interior y la externa (Arroyo Lara, 1998). Y Fraga (1960) ya había anticipado la imposibilidad técnica de separar las políticas internas y externas de una nación, ya que uno de los primeros objetivos que plantea la política externa está relacionado a contribuir con la estabilidad social y el régimen político que se encuentra en el poder.

A los efectos de este trabajo de investigación, se tomará posición teórica sobre la conceptualización de política exterior formulada por Calduch, quien la entiende como:

“(…) aquella parte de la política general formada por un conjunto de decisiones y actuaciones mediante las que se definen los objetivos y se utilizan los medios de un Estado para generar, modificar o suspender sus relaciones con otros actores de la sociedad internacional…” (Calduch, 1993: 3)

Tal como indica el autor es importante destacar que esta conceptualización de la política exterior acarrea ciertos supuestos. Los mismos se resumen a continuación:

  • En primer lugar, el carácter estatal: de acuerdo con Calduch (1993) la política exterior es una práctica que solo se puede dar entre Estados, dado que son los únicos actores en el plano internacional que cumplen con dos requerimientos fundamentales: por un lado, la capacidad jurídica reconocida globalmente, y -por el otro-, la capacidad política “plena, autónoma y eficaz” (p.3).
  • Por otro lado, el vínculo entre política exterior e interior. El autor indica que ambas pueden considerarse en tanto dos aspectos de una misma realidad política -la del Estado. Así, indica que:

“La diferencia entre estas dos esferas de la política del Estado responde, en último extremo, a la diversidad de formas y órganos que participan en la elaboración de una y otra, así como a sus diferentes destinatarios Mientras la política interior se dirige a los individuos y grupos de una misma sociedad estatal, la política exterior está orientada a permitir la vinculación entre Estados” (Calduch, 1993, p.3)

  • En tercer lugar, se encuentra la determinación de objetivos a lograr. En efecto, el diseño de cualquier política exterior implica la adecuación a ciertos fines, así como también la utilización de aquellos métodos o medios que se consideren más adecuados para la consecución de los mismos.

En su análisis de la política exterior, Calduch indica que existen tres momentos en las que puede ser dividida. Los mismos son:

  1. Elaboración: se trata fundamentalmente del proceso decisorio. En el caso ruso, vale indicar que ciertos autores -tal como Adam Stulberg (2007)- indican que el gobierno de Putin no ha podido controlar el accionar de ciertas compañías propiedad del Estado -particularmente, se refiere a Transneft-, mientras que ha desplegado un vasto control sobre otras, como es el caso de Gazprom. Sobre ésta última, Sulberg (2007) indica que generalmente actúa en consecución de los intereses del Estado, aun cuando sus objetivos son contrarios. Por otra parte, Poussenkova (2010) ha expuesto en su trabajo la trascendencia del vínculo entre Gazprom y el gobierno ruso: en efecto, sugiere que la empresa no puede actuar de modo independiente, por lo que no actúa en consideración a sus intereses ni tampoco considera analizar el panorama general en situaciones críticas. De acuerdo con Poussenkova, esto es justamente lo que sucedió en la crisis energética europea de 2009. Sobre el proceso decisorio en el sector energético, Pardo Sauvageot (2015) reconoce que Putin ha tenido mayor éxito que su antecesor -Boris Yeltsin- en términos de conservación de poder. Ello se debe a que ha logrado unificar los intereses de las burocracias vinculadas al sector en estudio, quienes aceptaron el dominante rol del presidente en la toma de determinaciones. De acuerdo con Peter Bursens y Christ’l De Landtsheer (2016), este papel dominante asumido por Putin es guiado por la supervivencia del régimen. Las decisiones son tomadas por pequeñas burocracias poderosas, pero en última instancia la determinación final la tiene el Presidente. Este considerable poder se vio reforzado durante las alzas del precio del petróleo y el gas durante los primeros años del siglo XXI. En tal sentido, y siguiendo esta línea de pensamiento, se comprende que los ministros en la Federación Rusa no actúan como figuras independientes sino más bien como “asesores”, dado que las decisiones de importancia se delegan al poder ejecutivo (Coleman, 2017).
  2. Ejecución: de acuerdo con Calduch (2003), se trata de “(…) un conjunto de acciones sucesivas mediante las cuales los Estados intentan realizar la política exterior previamente elaborada” (p.11). En tal sentido, indica que esta etapa corresponde exclusivamente al poder ejecutivo, y ciertos órganos de la Administración, ya se sean de naturaleza civil o militar. Dentro de este momento se pueden incluir todos los eventos que este trabajo de investigación pretende indagar: la crisis ucraniana en torno a la negociación sobre el precio del gas ruso; el incumplimiento de los compromisos asumidos hacia Letonia y el consecuente incremento del precio de los suministros; el conflicto desatado con Georgia ante la explosión de múltiples gasoductos y oleoductos; y la amenaza a Bielorrusia para firmar acuerdos que fijen el incremento de las tarifas.
  3. Control: puede comprenderse en tanto el momento final de cualquier política exterior, así como también el punto de partida de nuevos procesos decisorios. Se entiende entonces que la producción y ejecución de una política exterior no sería de gran utilidad si no se efectuara un análisis de los resultados obtenidos y de su nivel de conciliación respecto a los fines y objetivos propuestos desde un principio. En el caso estudiado, el control de las políticas emprendidas en el ámbito energético es efectuado por la redacción de informes de estrategia energética, realizados de forma trienal desde la asunción de Vladimir Putin[5].

1.5.3. Relación entre política energética y política exterior

Los recursos energéticos se han convertido en una parte integral de la política exterior, y -de acuerdo con Hadfield (2008) “(…) los Estados ahora persiguen la seguridad energética en el mismo sentido en el que desean la seguridad económica o militar (…)” (p. 323).

La utilización de recursos energéticos como instrumentos de la política exterior han sido usados desde la década de 1970, cuando la OPEP proclamó el embargo de petróleo sobre los países consumidores de este recurso que apoyaron a Israel en su guerra contra los países árabes.

En tal sentido, autores como Wenger (2009) argumentan que las cuestiones energéticas se han vuelto una esfera inseparable de la política exterior de los países, inseparables de esta en tanto se consideran primordiales para garantizar la estabilidad. De tal modo, “(…) el objetivo de la seguridad energética es asegurar el suministro de energía adecuado y confiable a precios razonables y de manera que no se ponga en peligro los principales valores y objetivos nacionales.” (Yergin, 1988, p.111).

Se comprende entonces que los recursos energéticos en la política exterior pueden ser tanto objetos como instrumentos, utilizados para lograr ciertos objetivos fijos -los que son diferentes de acuerdo a cada caso individual, y se identifican mediante un análisis de las estrategias, discursos y acciones de las políticas de seguridad nacionales y extranjeras de los funcionarios gubernamentales. Como resultado de la importancia estratégica de los recursos energéticos se interpreta que no solo se trata de objetos susceptibles de ser comercializados, sino también de objetos de otorgamiento de poder en las relaciones internacionales (Česnakas, 2016).

En el sistema internacional, los recursos energéticos son los elementos de poder que permiten influir el sistema y sus actores individuales, y se encuentran dentro de las características del poder nacional. El poder internacional en el sector energético está determinado por el determinismo geográfico y tecnológico, las capacidades económicas y las decisiones políticas del Estado (Česnakas, 2016).

Debido a su ventaja de poder en el sector energético, los países proveedores de energía pueden expandir su influencia mucho más fácilmente que los países-consumidores y esto lleva a una mayor acumulación de su poder. En el caso objeto de estudio, vale indicar que la relación entre la política exterior y política energética de Putin se da en la configuración de un instrumento de presión sobre los países de la región.

La expansión del control de la infraestructura de extracción, producción y tránsito de recursos transforma el contexto geoenergético regional y global, y aumenta las posibilidades de configurar y transformar el sistema geopolítico. La creciente concentración de poder facilita el uso de instrumentos de energía en la política exterior. Por lo tanto, la potencia en el sector energético puede dividirse en dos tipos de potencia en el sistema internacional. El primer tipo, cuando el poder es entendido en tanto moneda, es decir, cuando se transforma o se intercambia por otros tipos de poder. El segundo, el poder como contexto y estructura, que hace que otros actores del sistema internacional actúen en cierta medida de acuerdo con los parámetros establecidos por el Estado que domina en el sistema energético global o regional (Česnakas, 2016).

1.5.4. El paradigma realista

La presente investigación requiere partir desde la percepción realista de las Relaciones Internacionales para poder comprender el posicionamiento internacional de Rusia. El “Realismo Político” se ha constituido como el paradigma hegemónico de la disciplina, teniendo como a uno de sus máximos exponente la obra de Hans J. Morgenthau (1986) para el análisis de las relaciones internacionales. Pero, por supuesto, la tradición realista se remonta en el tiempo a los días de Tucídides y su “Historia de la Guerra del Peloponeso”, concordando con Sanahuja Perales (2007), Dallanegra Pedraza (2009) y Oro Tapia (2013).

El realismo expone una serie de características básicas, que se orientan hacia la comprensión de una política práctica, adecuada a la realidad de la coyuntura; que rechaza la armonía de los intereses y considera el conflicto como una circunstancia “normal”. Además, esta teoría realiza un especial hincapié sobre la búsqueda incesante del poder en la naturaleza humana, y efectúa una extrapolación de dicha ambición al Estado, quien es considerado como un actor racional y unitario que buscará maximizar su poder. En este sentido, el presupuesto del poder resulta un elemento esencial del análisis estatal realista: los Estados buscan el poder –tanto la capacidad de influir en los demás, como los recursos susceptibles de ser utilizados para ejercer dicha influencia- y calculan sus intereses en sus términos, sea como fin o como medio necesario para una variedad de otros fines.

Vale recordar las palabras de Celestino del Arenal (1989), quien argumentaba que:

“El poder, es, pues, la clave de la concepción realista. Dado lo conflictivo y anárquico del mundo internacional, la tendencia natural del Estado y su objetivo central es adquirir el mayor poder posible, ya que lo que el Estado puede hacer en la política internacional depende del poder que posee. La política internacional se define en última instancia como la lucha por el poder. El poder es, de esta forma, tanto un medio para un fin, como un fin en sí mismo (…)” (p.106)

Telman Sánchez Ramírez (2010) ha señalado en su trabajo que puede observarse algunos esbozos de la teoría realista en la política exterior rusa desde mediados de la década de 1990. Sin embargo, el autor indica que luego de la asunción de Putin el vínculo de Rusia con el resto del mundo se comienza a ver determinado por el interés nacional del Kremlin.

De acuerdo con el realismo, el Estado procura maximizar su posición en el escenario internacional mediante la acumulación de recursos y poder militar y económico, en tanto la finalidad de toda unidad política es la de acumular la fuerza suficiente no solo para acumular poder, sino también para conservarlo (Chávez y Cortez Barrera, 2015). De tal modo, los estados utilizan su poder en defensa de sus intereses, sin que les inquiete la ética o moralidad de los actos que realizan porque se encuentran en un contexto de conflicto. Por tal motivo, no existe una autoridad superior que no sea el Estado mismo.

Esta corriente permite analizar cómo la Federación Rusa ha buscado maximizar su poder a lo largo de su historia: si bien, luego de la Guerra Fría, podría considerarse que la posición preponderante a nivel planetario fue de Estados Unidos; resulta menester recordar que –en términos de poder relativo- Rusia ha logrado retener una considerable cuota de poder regional y mundial producto de su arsenal nuclear, la riqueza energética y la puesta en práctica de una renovada política exterior. En este sentido, tanto la posición geográfica del país heredero de la Unión Soviética, como la influencia regional que ejerce en la zona, permitirán constatar que el poder ruso sigue vigente en el debate energético. Así, el posicionamiento geoestratégico ruso se explica desde su interés por aumentar sus capacidades materiales para asegurar su supervivencia. Los recursos energéticos representan la clave para mejorar la posición relativa del Estado en el sistema internacional.

“Los realistas generalmente coinciden en que la ubicación de un Estado afecta sus capacidades nacionales y la orientación de su política exterior.” (Dougherty y Pfaltzgraff: 1993, p. 91). Concordando con estos autores, la geografía se configura como un factor de crucial importancia geopolítica para los estados, dado que brinda tanto recursos como limitaciones para la generación de las políticas exteriores. Vale indicar a este punto que Rusia es el Estado más extenso del mundo, con más de 17 millones de kilómetros cuadrados de extensión y más de 142 millones de habitantes. Heredó cinco de las seis regiones industriales que otrora pertenecieran a la URSS y tiene dos metrópolis mundiales (Moscú y San Petersburgo). También es el país con mayor superficie forestal (8 millones de kilómetros cuadrados), y el primer productor de madera de resinosas. De modo que la inmensidad de su territorio es un factor indiscutible de su riqueza y poderío.

El realismo político no es la única corriente académica que brinda sustento al diseño y consecución de la política rusa. Así, es importante destacar la siguiente reflexión:

“(…) el realismo político o clásico -y en cierta medida también el neorrealismo o nuevos realistas (Nicholson, 1998: 96) son las teorías que mayor influencia han ejercido sobre la política exterior rusa a partir del 2002, dadas las abruptas luchas por el poder tanto en el plano interno, como en sus relaciones con las ex repúblicas soviéticas y los países de Europa del Este” (Telman Sánchez Ramírez, 2010, p.271)

La teoría del realismo estructural de Kenneth Waltz (1988) permite analizar el cambio en el sistema internacional a partir del fin de la Guerra Fría y de la desintegración de la URSS. Se puede afirmar que se pasa de una estructura bipolar a una disposición unipolar que concentra en un solo Estado el mayor poder relativo en términos de capacidades.

Sin embargo, para Waltz el sistema unipolar es una situación efímera, ya que el sistema tiende al equilibrio de poder. En este sentido, el posicionamiento geoestratégico ruso se explica desde su interés por aumentar sus capacidades materiales para asegurar su supervivencia. Los recursos energéticos representan la clave para mejorar la posición relativa del Estado en el sistema internacional.

La reformulación que el autor realiza del realismo mantiene algunos de los conceptos y supuestos clásicos de la corriente, tales como la noción de que los estados -entendidos como unidades racionales y autónomas- continúan siendo los actores principales actores de la política internacional, la idea de que el sistema internacional es anárquico y que el poder es la principal categoría analítica de la teoría (Salomón González, 2001).

Sin embargo -y a diferencia del realismo- el neorrealismo centra su explicación más en las características estructurales del sistema internacional, y no tanto en las unidades que lo componen. En este sentido, según Waltz, “(…) el comportamiento de las unidades del sistema se explica más en los constreñimientos estructurales del sistema que en los atributos o características de cada una de ellas (…)” (Salomón González, 2001, p.12)

Bolinaga (2013) se refiere a la conceptualización de estructura del siguiente modo:

“(…) la noción de “estructura” se presenta como un concepto intangible que remite al posicionamiento y al ordenamiento de las partes de un sistema (Waltz, 1988: 119-123). Con lo cual, al hablar de “estructura internacional de poder” nos referimos específicamente a un esquema particular del posicionamiento de las unidades políticas en el sistema interestatal.” (p.32)

Kepa Sodupe (2002) expresa la relevancia de la definición de conceptos fundamentales en el desarrollo teórico de Waltz (1988). Por tanto, se propone precisar las definiciones de sistema, estructura y cambio estructural. De acuerdo con el autor, un sistema puede conceptualizarse en términos de las pautas de interacción que desarrollan las unidades que componen al mismo. En este caso, las unidades del sistema son los Estados.

En su noción de sistema, Waltz argumenta que la estructura se define en términos de anarquía y de desigual distribución de capacidades; lo que lleva inexorablemente a una desigual distribución del poder: esa es la desigualdad política consagrada. Esto último no es consecuencia entonces de cuestiones referidas a la naturaleza humana; sino resultado de los cambios en el modo en que las capacidades de los Estados están distribuidas (Mariñez Navarro, 2010). Así, Waltz sostiene que “(…) las unidades toman posición en la estructura unas respecto a las otras, según sus capacidades (…) (Bolinaga, 2013, p.33); por lo que las mismas se afectan mutuamente. Se entiende entonces que el posicionamiento internacional de cada una de las unidades varía en función de las capacidades, determinadas en buena medida por su poder relativo.

Tal como se ha indicado, para el neorrealismo un sistema puede traducirse en una estructura integrada por unidades que interactúan entre sí. La noción de estructura es fundamental para comprender el pensamiento: es esta la que permite pensar en dichas unidades en términos de sistema.

Builes Tejada (2016) indica que el enfoque neorrealista se adapta más apropiadamente a la evolución contemporánea de la sociedad internacional. De este modo, y siguiendo las líneas generales de esta corriente teórica, se comprende que Rusia ha emprendido -de la mano de Putin- una búsqueda al retorno de la grandeza, perdida durante la época de Yeltsin. El Neorrealismo considera que las facultades económicas y militares se constituyen en tanto el basamento del poder estatal, y por tanto es el objetivo al que se debe orientar la política y accionar si la intención es escalar en la estructura del poder global.

Así,

“Vladimir Putin justifica el fortalecimiento de las capacidades económicas y militares de Rusia para poder reinsertarse en el sistema internacional, como una potencia no hegemónica (como un “igual entre iguales”), capaz de garantizar —a partir de dicho poder— la observancia del derecho internacional y la igualdad de derechos entre los miembros de la comunidad internacional. Para ser potencia, desde su punto de vista, se necesita un Estado fuerte, y la condición básica para alcanzar dicho estatus es tener suficientes recursos económicos y militares” (Leiva Van de Maele, 2017, p.13)

Los elementos del poder nacional disponibles para un Estado en el sector energético pueden determinar las capacidades estatales con las que se cuenta en el sistema internacional para lograr sus objetivos de política exterior. Las capacidades del Estado acumuladas se convierten en instrumentos de política exterior cuando se utilizan en política exterior. El enfoque de la conversión del poder nacional en el sector energético a las capacidades del Estado se basa en la lógica presentada en la teoría del realismo neoclásico.

Se comprende que las capacidades intrínsecas de Rusia le permiten posicionarse de modo favorable en el escenario internacional y regional: tal así que las mismas determinan que los vínculos actuales que se establecen con los ex satélites soviéticos continúan siendo asimétricos.


  1. Entre los más relevantes destacamos los estudios de: Gullo y Tuñón (2009); Sánchez (2008); Jensen (2013); Diaz Golpe (2014) y Castro (2014).
  2. Entre los más relevantes se destacan los siguientes: Sánchez (2007); Julissa Castro (2014); y Gutiérrez Del Cid (s.f)
  3. Entre ellos se destacan García Vázquez (2010) y Gutiérrez del Cid (s.f.)
  4. Algunos de ellos son de la Cámara (2010), Gullo y Tuñón (2009) y Escribano (2014)
  5. Los mismos son de acceso público, y pueden descargarse desde la web oficial del gobierno en idioma ruso. Link: http://www.energystrategy.ru


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