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Demandas, consumos y estímulos culturales en jóvenes de la Ciudad de Buenos Aires[1]

Lucas Rozenmacher y Diego Berardo

Una primera aclaración sobre este trabajo

En este texto se aborda la relación entre las prácticas y los consumos culturales habituales de jóvenes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) que se encuentran dando sus primeros pasos en el mundo del trabajo y las demandas que estos enuncian en relación con dichos consumos o el acceso a ellos.

Los criterios que utilizamos junto a un equipo de trabajo fueron los de contemplar esta introducción en el mundo productivo y combinamos esto con el ejercicio de los primeras acciones como ciudadanos, es decir, entre aquellos que ingresaban por primera vez a un cuarto oscuro o que estaban habilitados para hacerlo y quienes no tuvieran más de cuatro elecciones efectuadas para poder observar las perspectivas de ambos grupos a lo largo del tiempo, es decir que estructuramos nuestro análisis entre aquellos habitantes de la Ciudad de Buenos Aires que tuvieran 16 años y aquellos que cumplieran 26 al momento de efectuarse el relevamiento en todos los barrios de la ciudad.

Actualmente (2020) nos encontramos en una nueva etapa de rediseño, acotando nuestro universo a jóvenes entre los 16 y los 18 años de edad frente a los nuevos desafíos de acceso a las demandas culturales a partir del cambio en los modos y prácticas de vida que trae aparejada la emergencia por la COVID-19.

En esta producción vemos la vinculación entre estas prácticas culturales que cada uno de estos jóvenes desarrollan y el contrapunto que se establece con las demandas de estos con respecto a lo que entienden que se necesita en sus barrios y sus territorios.

Durante el desarrollo del texto se analizan estos consumos entendiendo la distribución de la Ciudad de Buenos Aires en tres sectores: norte, centro y sur, en los que trabajamos con la hipótesis de concentración de espacios en el área centro de la metrópoli frente a distribuciones desiguales en sus dos extremos, con características distintas.

Introducción

Cuando se tomaron las dimensiones espaciales se planteó como primer objetivo de la investigación observar si aquellos jóvenes que vivían en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires tenían una oferta menos plural o rica que la del resto de los jóvenes de la ciudad.

Este criterio se utilizó a partir de los distintos enfoques de políticas públicas que señalan la característica de la zona sur de la ciudad como la región con mayor vulnerabilidad social, económica y de acceso a los bienes básicos de consumo, educación y trabajo (Canevari y Montes, 2015; Agú, 2017).

Para ello, además, decidimos tomar como ordenador la división política del distrito con la finalidad de observar si esa distribución administrativa, jurídica y simbólica de la ciudad permitía entender si las propuestas y ofertas culturales presentaban inequidades o si resaltaban algún tipo de características particulares.

Como segundo esquema ordenador, para profundizar esta división de la ciudad y poder observar estas diferencias que suponíamos y que pueden verse en diversos trabajos y elaboraciones, decidimos realizar el agrupamiento de las comunas a partir de tercios.

Esta división en tercios nos permitiría observar una concentración mayor de propuestas artísticas y culturales en la región centro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires utilizando como primer dato ordenador la guía de cines y teatros del diario La Nación, el registro de la página del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y la base de datos con la que cuenta Alternativa Teatral.

El agrupamiento en comunas se dio de la siguiente manera: zona norte se compuso por las comunas 2, 12, 13, 14 y 15 inclusive; zona centro, 1, 3, 5, 6 y 11, y, por último, zona sur, 4, 7, 8, 9 y 10.

En ese sentido, conformamos una distribución en norte, centro y sur para ver el tipo de propuestas y posibilidades de acceso concentradas en los diversos puntos de la ciudad.

Allí cruzamos las propuestas existentes con las que los jóvenes identificaron como parte de la vida cotidiana de su barrio, es decir, las propuestas y prácticas que se desarrollaban en la zona y que eran entendidas por estos como parte de las posibilidades existentes en las poblaciones de cercanía.

A partir de este primer reconocimiento de actividades y propuestas, avanzamos en la construcción de lo que estos identificaban como necesidades o faltantes en la comunidad en cuanto a propuestas culturales, tanto artísticas como de esparcimiento y deportivas.

Este trabajo nos encuentra en proceso de exploración e intenta abordar una población que registra una profunda transformación en cuanto a las características de consumos y de modos de producción cultural, que –según lo que se plantea en otras investigaciones– a lo largo de los últimos años fue transformando sus tipos de consumos y vinculaciones con las herramientas tecnológicas y en la que, de 2013 a 2017, el pasaje a la utilización de plataformas de acceso a internet había variado en que casi la totalidad de los jóvenes que íbamos a investigar accedían a partir de algún dispositivo a algún tipo de consumo de internet (Sistema de Información Cultural de la Argentina, 2017).

También, en un mismo sentido, encontramos los trabajos sobre consumos culturales de los jóvenes en la Ciudad de Buenos Aires, y particularmente sobre gustos y modos de acceso a esos gustos musicales (Wortman, 2019).

Una de las cuestiones que fue surgiendo a lo largo del trabajo es que se producía una disociación entre las necesidades o requerimientos artísticos y culturales que los jóvenes identificaron para el barrio con el uso y desarrollo de acciones y actividades en el propio territorio por parte de estos, es decir que lo que identificaban como necesidad común no se asociaba a lo que ellos mismos identificaban como una cuestión personal.

A modo de coda de este pequeño apartado, si cuando Pierre Bourdieu (2003) plantea trabajar sobre “las condiciones en las cuales son producidos los consumidores de bienes culturales y su gusto” debemos entender al consumidor desde una perspectiva de consumidor producido por su propio contexto, de igual manera debemos entender que aquellas demandas deben ser enmarcadas en un tiempo y un espacio particulares.

Este encuadre nos llevó a pensar el concepto de “consumidores”, en el que trabajaron tanto Wortman, García Canclini o Bourdieu, entre otros, y nos hizo dialogar con estas características que componen el concepto de consumos y de consumidores culturales para poder desarrollar un breve ensayo sobre la composición de pautas de trabajo que permitieran observar los modos de enunciación y manifestación en cuanto a la idea de demandas culturales juveniles.

A fin de dar cuenta de los criterios utilizados sobre a qué nos referimos con demandas culturales del sector juvenil, a continuación desarrollaremos brevemente un intento de enunciación de esta categoría.

Cuando nos referimos a demandas culturales lo hacemos en cuanto a observar, en primer término, si la oferta y los bienes que se encuentran en cada una de las tres zonas en las que fragmentamos la Ciudad de Buenos Aires tienen relación con los tipos de consumos ejercidos por los jóvenes o si deben trasladarse para poder acceder a ellos.

En segundo lugar, intentamos despejar cuáles de los consumos y ofertas estaban vinculados con lo que estos entendían como necesidad de acceso y de consumo a dichos bienes.

Para ello definimos como demandas culturales todas aquellas prácticas culturales –ya sean estas de carácter artístico, de formación o de esparcimiento deportivo o cultural– que los jóvenes identificaron como faltantes en sus propios barrios o aquellas cuyo acceso trastoca sus ritmos de vida cotidianos.

En este grupo de demandas entendimos que entraban tanto aquellas en las que el joven era un consumidor como también en las que se convertía en prosumidor, es decir, en hacedor de las propias producciones.

Sobre las actividades en el barrio

En cuanto a la realización de actividades por distribución geográfica, pudimos identificar que estas eran desiguales entre aquellas personas que realizaban actividades culturales –tanto artísticas como de esparcimiento o deportivas– y aquellas que no las realizaban o, por lo menos, no registraban de modo habitual la realización de actividades en su propio barrio.

Un ejemplo de ello es tanto el de asistencia a teatros como los de uso de espacios públicos y la concurrencia a cines, ya sean estos de cadenas o de barrio.

En el siguiente gráfico podemos ver cómo, en la distribución sobre toda la Ciudad de Buenos Aires, solo el 17,8% de los jóvenes de entre 16 y 26 años manifestó que realizaban actividades culturales en su propio barrio, en tanto que en la mayoría de los casos se trasladan a otros lugares de la ciudad. Es decir que el 82,2% de los jóvenes no realiza o realizó actividades en su zona de residencia, de lo que inferimos que utilizan los espacios habitacionales como dormitorios o de circulación.

Esta identificación de uso del barrio varió cuando les consultamos que actividades hacían cuando tienen tiempo libre: en reiteradas oportunidades refirieron que se juntaban en sus casas o en las casas de sus amigos[2].

Con respecto a ello analizaremos las respuestas (de orden múltiple) que otorgaron los jóvenes durante la encuesta sobre consumos y demandas culturales.

Gráfico 1. Actividades que hacés en tu casa. Jóvenes entre 16 y 26 años de la Ciudad de Buenos Aires

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Fuente: elaboración propia.

En esta distribución identificamos que cuando se encontraban en sus casas realizaban –en una proporción de un cuarto de menciones– encuentros con amigos y familiares. Es decir que gran parte del tiempo libre o de esparcimiento los jóvenes, de manera sostenida en toda la distribución geográfica, lo dedicaban a reunirse con amigos y familiares en sus hogares o visitaban las casas de otras personas.

En un 23% de las actividades encontramos que realizan actividades vinculadas a los consumos audiovisuales, ya sea mirando series y películas en internet, plataformas y proveedores de estos materiales como en televisión, sin especificar en este caso qué es lo que veían, sino en un uso genérico de ver coincidente con el informe anual 2018 del Centro de Informaciones de Publicidad (2018).
En cuanto a la distribución de las otras acciones y prácticas dentro de los domicilios, vemos que estas se concentran en navegar por la red en distintas páginas que van desde portales y redes hasta pornografía y música.

Con respecto a la distribución establecida en tercios, encontramos que la proporción de actividades se repite como constante según la zona de residencia excepto en los siguientes casos.

En esta distribución de las prácticas y acciones, vemos una leve diferencia en los jóvenes que viven en el centro de la ciudad, que manifiestan realizar actividades en un poco más de un 20% (20,1%, para ser exactos), pero que de todos modos no es significativo para pensar una apropiación directa entre espacio y propuestas culturales.

En el centro de la ciudad se agrupa más del 70% de los espacios y propuestas artísticas y culturales como teatros, centros culturales, clubes culturales, clubes de música y cines, entre otros lugares.

Necesidades identificadas por los jóvenes para sus barrios

A continuación, veremos una serie de datos que nos permitirán recorrer las características de la ciudad a partir de las necesidades enunciadas por los jóvenes entrevistados, si bien podemos observar que aquellos que respondieron propositivamente a la encuesta mencionaron que una de las cuestiones faltantes era la de desarrollar estrategias y prácticas comunitarias y también plantearon un tema interesante en cuanto a la potencialidad con la que contaban como vecinos para generar un ecosistema cultural armónico y comunitario. De todos modos, vimos que casi el 65% de las demandas se encaminaron a solicitar una mayor cantidad de espacios de formación artística, de actividades culturales y posibilidades para la práctica deportiva.

Gráfico 2. Distribución de necesidades mencionadas por los jóvenes de entre 16 y 26 años residentes en las 15 comunas de la Ciudad de Buenos Aires

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Fuente: elaboración propia.

En el presente gráfico, compuesto por la mayor cantidad de menciones en un esquema de respuestas múltiples de 278 encuestados, vemos que, en una ciudad que tiene concentrada gran parte de su oferta en el centro de la ciudad, la distribución de requerimientos se concentra en esta misma área.

En cuanto a los requerimientos, además de la demanda de más espacios y de actividades deportivas, que representó un 35,56%, el segundo gran requerimiento fue el de actividades culturales, talleres y espacios o centros culturales, con un 28,89%, es decir que cuando se solicitó identificar las demandas y necesidades de la comunidad la distribución fue esta.

Otras demandas estuvieron vinculadas a otras acciones comunitarias, como la necesidad de generar sistemas y prácticas comunes de paseos de mascotas hasta el desarrollo de comedores comunitarios y actividades para niños y adultos mayores, es decir que un 8,33% de las veces mencionaron necesidades y requerimientos para otros grupos, lo que marca una preocupación de los jóvenes por estas formas de solidaridad. Estas propuestas se concentraron en el centro-norte de la ciudad, en las comunas 11, 13, 5 y 2.

Mientras que las menciones de nuevos espacios o actividades deportivas se dividieron por mitades exactamente iguales entre ambas –es decir, 50% y 50%–, vemos que los requerimientos de actividades culturales, espacios y talleres se distribuyen de una manera distinta. Es decir, si tuviéramos dividida la ciudad entre norte y sur, en el norte se mencionó la necesidad de más o nuevas propuestas de actividades culturales en un 62,3%, y por la misma demanda, en la zona sur se registró un 37,7%. Pero como adelantamos previamente en este mismo texto –y como fuimos desarrollando la división de la ciudad en nuestro trabajo de investigación–, cuando realizamos la operación de entender por tercios CABA vemos que esta proporción se distribuye de manera distinta si dividimos la ciudad en tres mitades y significa: el norte, un 40,8%; el sur, un 37,7%, y el centro de la ciudad, que es el que en menor medida menciona como necesidad nuevas propuestas o espacios culturales en el barrio, un 21,5%.

Cuando analizamos el requerimiento de cines y teatros en el barrio, vemos que evidencia una clara necesidad en el sur, que representa un 60% de la distribución total de dicho pedido, frente a un 26,7% del centro de la ciudad y un 13,3% del norte. Con ello vemos que se plantea una demanda muy pronunciada desde las comunas que integran la región sur, donde se hace hincapié en la necesidad de poder contar tanto con cines como con teatros, es decir, poder tener más “a mano” espectáculos artísticos y proyecciones para los jóvenes.

Gráfico 3. Necesidad de cine y teatro mencionada según lugar de residencia en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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Fuente: elaboración propia.

Brevísimas aproximaciones finales

En este breve avance sobre lo que denominamos registro de demandas culturales en la población juvenil de la Ciudad de Buenos Aires pudimos establecer que la primera hipótesis con la que partimos entre la relación de norte y sur distorsiona el grado de concentración en las comunas del centro de la ciudad con respecto a las propuestas artísticas y culturales, contando solo con una serie de propuestas de consumo cinematográfico en un sector concentrado de la zona norte.

Es decir que, además de entender la Ciudad de Buenos Aires como una urbe con características de acceso desiguales –en cuanto a que las condiciones de habitabilidad, los medios de transporte, los accesos a los barrios, el desarrollo de oferta formativa y de centros de salud, junto con los centros de esparcimiento, son desiguales–, encontramos también un desarrollo desparejo en el uso de las propuestas culturales, gastronómicas, de esparcimiento y formativas en las distintas zonas de la ciudad, y que en algunos casos tiene que ver con diferencias estructurales y en otros, con la hiperconcentración de oferta y propuestas en la región centro de la ciudad, por lo cual quedan tanto el sur como el norte en condiciones de desigualdad diferenciada.

Estas condiciones de desigualdad no deben entenderse como similares –ni equiparables– en cuanto a la relación de norte y sur de la ciudad, pero sí nos permiten redirigir algunos sentidos comunes que vinculan la idea de demandas y de consumos culturales a algunos sectores culturales determinados.

Como se plantea en distintos estudios, el papel de las redes y el acceso a los medios electrónicos son un factor por tener en cuenta para observar comportamientos y demandas de la población juvenil de la ciudad.

Para esta nueva etapa de investigación, entendemos que deberemos centrar los primeros abordajes sobre las plataformas y dispositivos digitales, a partir de los modos y las demandas culturales, para comprender que este es un elemento que ha cobrado otra centralidad a partir de marzo de 2020.

Esta centralidad es fundamental de comprender porque, si bien encontraremos modalidades de consumo y relacionamiento preexistentes a la COVID-19, por un tiempo que no podemos precisar las modalidades presenciales de consumos y de prácticas sociales y culturales se verán trastocadas.

El nuevo escenario por observar, con relaciones de distanciamiento social junto con algunas modalidades de prácticas culturales que tienen algunos grados de precariedad y de provisionalidad, nos hace repensar algunos de los puntos por relevar a futuro.

Por último, y dejando en claro que en una serie de desarrollos posteriores deberemos contemplar los esquemas planteados a partir de los conceptos de “nueva normalidad”, en el relevamiento que realizamos hemos observado que, si bien los jóvenes mencionaban la falta de cines y teatros, en gran medida, cuando se les consultaba sobre el consumo de cine y teatro referían no haber asistido en los últimos seis meses, por lo que se produce una escisión entre lo que identifican como necesidad y las prácticas que desarrollan.

En ese sentido, deberemos replantear algunos parámetros para poder relevar la vinculación entre demanda cultural y consumos y para profundizar algunas características que se enunciaron a lo largo del proceso de trabajo.

Este replanteo también se ve apuntalado por uno de los resultados que tuvimos en el trabajo sobre las actividades que desarrollaban estos jóvenes en sus barrios y aquellas que hacían en sus casas, en el que un porcentaje alto –más del 40% de los casos– de los jóvenes realizaban actividades culturales y de esparcimiento desde distintos soportes digitales.

Queda, entonces, como desafío y objetivo por desarrollar una segunda etapa de investigación que, además, trabaje en este sentido, con una reducción del universo a los jóvenes que se encuentran en edad de escuela secundaria, entre los 16 y los 18 años, que van a ejercer por primera vez el derecho ciudadano del voto, ya sea por elección o por obligación, y que han pasado durante este período formativo gran parte del año (2020) en condiciones de reclusión por cuestiones de salud pública.

Bibliografía

Agú, E. (2017). Situación espacial de las desigualdades socioeconómicas en la Ciudad de Buenos Aires [pdf]. Disponible en: <https://bit.ly/2Xu0yTQ> [acceso: 4 de junio de 2020].

Bourdieu, P. (2003). Creencia artística y bienes simbólicos. elementos para una sociología de la cultura. Buenos Aires: Aurelia Rivera.

Canevari, J., y Montes, N. (coords.) (2015). Territorios de mayor vulnerabilidad social y educativa en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: características, oferta educativa y asignaturas pendientes [pdf]. Disponible en: <https://bit.ly/376rwnF> [acceso: 4 de junio de 2020].

Centro de Informaciones de Publicidad (2018). Presentación del Informe Anual Televidente 2018. El consumo online de televisión: la opción principal de los usuarios en 2018 [en línea]. Disponible en: <https://bit.ly/2YvtICw> [acceso: 24 de junio de 2020].

González Rueda, A. J., y Santos Casenave, M. (coords.) (2008). Estudio de usos, hábitos y demandas culturales de los municipios andaluces con campus universitario. Cádiz: Grupo Editorial Liberman – Dirección General de Universidades de la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa de la Junta de Andalucía – Observatorio Cultural Proyecto Atalaya – Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz.

Pereira González, M., y Pascual Diéz, J. (2004). “Metodología del estudio de análisis de las demandas y necesidades socio-educativas de las cuencas mineras de Asturias”. Revista de Investigación Educativa, 22(2).

Santoro, A. G. (2019). “Desigualdades en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: mortalidad, fecundidad y estructura demográfica”. Revista de Salud Pública, 21(1), pp. 94-101

Sistema de Información Cultural de la Argentina (2017). Los jóvenes y los consumos culturales. Buenos Aires: SINCA – Ministerio de Cultura de la Nación.

Tinoboras, C. (2015). Informe juventudes 2015 [pdf]. Disponible en: <https://bit.ly/3gTBayw> [acceso: 4 de junio de 2020].

Wortman, A. (2019). “Entre la estandarización y la individualización. Internet, plataformas digitales y gustos musicales de los adolescentes de CABA”. Hipertextos, 7(11).

Wortman, A.; Correa, E.; Mayer, L.; Quiña, G. M.; Romani, M.; Saferstein, E.; Szpilbarg, D., y Torterola, E. (2015). “Consumos culturales en Buenos Aires: una aproximación a procesos sociales contemporáneos”. Documentos de Trabajo Instituto de Investigaciones Gino Germani, (73).


  1. Este trabajo es producto de una investigación realizada durante 2017 y 2018 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a partir del financiamiento de la Facultad de Ciencias Económicas (FCE) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del centro cultural que se encuentra en dicha casa de estudios, El Sabato Espacio Cultural. Se relevaron 278 casos en toda la Ciudad de Buenos Aires, distribuidos proporcionalmente por comunas.
  2. Sobre este tema vamos a trabajar en elaboraciones posteriores.


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