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Trabajo creativo a distancia

Nuevas configuraciones del trabajo en torno a la subjetividad tardomoderna

Sofía Fernández Crespo[1]

Introducción

El presente texto tiene como objetivo analizar el fenómeno del trabajo a distancia o home office y los sentidos que las personas que trabajan de este modo le otorgan a partir de un cuestionario de preguntas abiertas elaborado para dicho propósito.

La ponencia seguirá el siguiente esquema. En una primera sección se expondrán brevemente los cambios y restructuraciones del capitalismo tardío y las innovaciones introducidas por las tecnologías de información y comunicación (TIC). Una breve mención se hará acerca del desarrollo de las redes sociales y de la socialidad mediada por los dispositivos tecnológicos. La mirada estará enfocada en las consecuencias de estas transformaciones en los modos de ser y estar en el mundo (Sibilia, 2017) para las personas en las sociedades contemporáneas. A partir de la exposición de los cambios anteriormente aludidos, nos interesará ahondar en el impacto que tuvieron en el mercado de trabajo con la introducción de la figura del trabajo a distancia, más conocido como home office. En un consiguiente apartado metodológico se explicarán las técnicas de recogida de datos, a partir de un cuestionario, y la operacionalización de los conceptos necesarios para su construcción. Allí se señalará el concepto de trabajo remoto y el modo en el que fue utilizado para relevar la información y su diferencia con la forma “tradicional” de trabajo. Se llevará adelante el análisis de las respuestas del cuestionario a partir de la bibliografía seleccionada. Desde dicho análisis se intentarán delinear algunas conclusiones.

Cada persona…, ¿es un mundo?

En los últimos años, los diferentes ámbitos de la vida se han visto fuertemente modificados. Esta sección no pretende ser un estudio exhaustivo de dichas alteraciones ni tampoco una valoración personal de las consecuencias que estas generaron. Sin embargo, creemos útil una cierta contextualización para llegar al punto del fenómeno en cuestión: el trabajo a distancia. Esa será, entonces, la intención de esta breve introducción.

Durante las últimas décadas del siglo xx, variados procesos económicos permitieron el despliegue de un capitalismo flexible sostenido sobre un nuevo tipo de acumulación. Lejos de las fronteras rígidas de los Estados nación y del rol activo del Estado en el marco del modelo benefactor (keynesiano) –en el que la economía se centraba en la producción de bienes para el consumo masivo–, a partir de 1970 y, con más fuerza desde 1990, las fuerzas económicas y sociales fueron libradas al accionar del mercado. A partir de esta mutación, la oferta de servicios y la búsqueda de ciertos recursos –tales como la cultura y la creatividad– como motores del desarrollo económico toman una centralidad cada vez mayor. Así las cosas, la lógica del capitalismo tardío o hipermoderno no será la de la escasez, sino la de la abundancia.

A raíz de lo señalado, muchos pronósticos (más o menos pesimistas) se han hecho sobre la desintegración y la atomización de la sociedad como efecto de la caída de los marcos de acción tradicionales –tales como el sindicato, la familia, la escuela y el Estado benefactor– o de la inexistencia de grandes relatos organizadores de la vida tal como se conocían antes y hasta el mundo bipolar. Evidentemente, lo anterior tiene efectos en los planos político, social, cultural e institucional y, por lo tanto, las formas de organización de la vida social sufren transformaciones. Las sociedades tardomodernas exaltan al individuo como agente activo en la planificación de su proyecto de vida, con mayor poder de decisión que en las sociedades más rígidas del capitalismo fordista. Pero es aquí donde nos resulta fructífero mencionar la distinción entre individualización e individuación de Güell y Peters para matizar dichos pronósticos. Para estos autores, mientras que la primera es “el proceso mediante el cual la sociedad se organiza institucional y culturalmente como sociedad de individuos”, la individuación es definida como “el modo de comportamiento y de conciencia personal que se apoya en ese marco social” (Güell y Peters, 2012: 28). Consiguientemente, el hecho de que las personas se sientan protagonistas de la construcción de su biografía –donde la decisión individual pesaría más que los constreñimientos externos– se ve amparado por un contexto histórico y social que fomenta dichas subjetividades.

En este contexto, la revolución en la tecnología de la información y de la comunicación tiene un gran impacto. La posibilidad de que la información se desplace de un contexto a otro con gran celeridad provocó una ampliación en las fronteras y una profundización de los procesos de globalización. Estos cambios fueron –siguiendo a Van Dijck– prematuramente celebrados como el comienzo de una era de comunidad global en la que las personas se despojarían de sus ataduras de las estructuras más alienantes del capitalismo rígido para conformar una cultura conectada a gran escala que facilitaría, a su vez, la participación en la transmisión de la información (Van Dijck, 2016). Para esta autora, con el advenimiento de las corporaciones que desarrollan las TIC especializadas en ciertos segmentos de la actividad humana no se tardará en codificar la “conexión” humana y lo “social” de la red para aumentar sus ganancias, a través de brindar a sus clientes la información de los usuarios. En este sentido, la socialidad entre personas se ve más y más mediada por la tecnología de la web 2.0.

Como venimos apuntando, estos procesos tienen un fuerte impacto en los sujetos contemporáneos, tanto en su constitución como en las formas de relacionarse entre sí y con el mundo.

El relajamiento de los lazos sociales y de las estructuras modernas genera un incremento de la incertidumbre y de la sensación de riesgo, ya que los individuos deben tomar decisiones constantemente para lograr, como decíamos previamente, su proyecto de vida. Estas subjetividades se forjan, entonces, sobre “un sentimiento de desamparo, incertidumbre y vulnerabilidad frente a la pérdida de marcos de acción tradicionales” (Arizaga, 2017: 86). Si bien esto podría ser interpretado por los sujetos como una mayor libertad para la construcción de sus biografías, Han (2012) mantiene cierto escepticismo al respecto. Para él, el aflojamiento del control y la disciplina de las instituciones y sociedades modernas se desliza hacia la interiorización de dicho control en los individuos a través de la preocupación constante respecto de su rendimiento.

Ahora sí, pensamos que podemos adentrarnos en la temática elegida, que no podría ser comprendida sin las nociones de capitalismo flexible, las TIC y la socialidad mediada por dispositivos conectivos, entre otros procesos. La temática fue contemplada como una ejemplificación de los cambios en las sociedades y subjetividades contemporáneas.

Metodología

El eje de análisis para dar cuenta de los cambios anteriormente descriptos a nivel subjetivo será la figura del trabajo a distancia. Para ello se sometió a un cuestionario a 17 personas que tienen empleos creativos y trabajan de dicha forma. Del total de los encuestados, de entre 21 y 56 años, 11 son mujeres y los cinco restantes son hombres. El instrumento tiene tres bloques. El primero apunta al trabajo a distancia: cómo lo definen los encuestados, qué es lo que hacen, mediante qué dispositivos y aplicaciones, cuáles son las condiciones de contratación, cómo resuelven los conflictos laborales, cómo separan el tiempo de trabajo del tiempo de ocio (si es que lo hacen), qué es lo que más y lo que menos les gusta de su trabajo. El segundo bloque se enfoca en el trabajo “tradicional”: si los entrevistados tuvieron alguna vez dicha forma de contratación, bajo qué condiciones, qué es lo que más les gusta o disgusta de dicha modalidad, cómo resuelven los problemas laborales. Dicho bloque fue pensado para destacar, en la medida de lo posible, contrastes entre uno y otro tipo de trabajo. En la última parte del cuestionario se encuentran algunas variables sociodemográficas, tales como género, edad, hijos/as a cargo y si estudian o no alguna carrera/terciario/tecnicatura/posgrado, etc. Excepto dos preguntas, todas son abiertas para tratar de captar cómo se manifiesta el fenómeno en las distintas personas y qué sentidos le dan. Por esta razón, y a pesar de haber elegido el método de la encuesta, la metodología no es estrictamente cuantitativa. Incluso, para ilustrar ciertos conceptos teóricos, se utilizarán extractos de algunas de las respuestas.

Una aclaración es necesaria antes de proseguir con el análisis de los datos recogidos. En la elaboración de la herramienta se utilizó el término home office como un concepto amplio, que abarca formas de trabajo con horarios flexibles, mediadas por dispositivos tecnológicos y, en algunos casos, por redes sociales, en las cuales lo que prevalece son los encuentros virtuales antes que aquellos “cara a cara”. En contraposición, entendemos por trabajo tradicional a la modalidad que requiere de la presencia del trabajador en la oficina o espacio de trabajo en un horario fijo y pautado. Se utilizó la idea de trabajo a distancia o de forma remota como sinónima de home office, ya que nos acerca al uso de la tecnología para esta actividad. Por último, es necesario hacer referencia a la figura legal del teletrabajador. Existe en Argentina un contrato por teletrabajo[2], que contempla al teletrabajador como cualquier otro empleado de una determinada empresa, por lo que goza de los mismos derechos y obligaciones que este, pero no todos los encuestados tienen un solo empleo (exigido en la cláusula de exclusividad del contrato por teletrabajador) ni cuentan con dicho contrato, por lo cual este concepto no fue utilizado.

Por último, tomaremos el concepto de trabajadores creativos en un sentido amplio, como aquellas personas que tienen ocupaciones vinculadas “a la ciencia y la tecnología, el arte, la cultura, los medios de comunicación, el diseño, etc.” (Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires, 2018: 31).

Análisis

Como fue explicitado en el apartado anterior, el análisis se hará desde una perspectiva cualitativa, ya que las preguntas del cuestionario permitían que el encuestado se explayara y detallara su experiencia con el trabajo a distancia. Lo que priorizamos, entonces, fueron los sentidos que circulan en torno al trabajo creativo a distancia, y no la frecuencia con la que se mencionan.

Encuestados/as

No todos los encuestados trabajan exclusivamente de forma remota, sino que la mayoría lo hace en ambas modalidades: a distancia y tradicional. En cuanto al tipo de tareas que los encuestados llevan a cabo, encontramos una diversidad interesante: desde emprendedores textiles hasta arquitectos en sistemas. Contamos, entonces, con algunos empleos más cercanos a la informática (consultores informáticos y analistas en telecomunicaciones, por ejemplo), otros que implican el uso de herramientas de edición (editores de libros, editores audiovisuales, gestores de páginas web, periodistas freelancers) y aquellos que tienen que ver con diseño de productos textiles y sus consiguientes servicios de venta y posventa. Respecto del lugar de trabajo, este depende de dónde cada persona prefiera trabajar (lo prevaleciente es la casa propia, pero también algún café o bar). Por último, no existe una pauta homogénea en cuanto a la división entre el tiempo de trabajo y el tiempo de ocio, como sí ocurre en el otro formato. Esto será analizado más adelante.

Trabajo mediado por la cultura de la conectividad

Nos abocaremos ahora al estudio de las respuestas que tienen que ver con el home office para, luego, hacer una comparación con aquellas sobre el trabajo tradicional. El primer tipo de trabajo –que no podría ser posible sin la revolución de las tecnologías de la comunicación e información– implica la naturalización del uso de plataformas virtuales en nuestro día a día, pero no es ajeno a la lógica del trabajo en sí, ya que estas plataformas “convierten las actividades sociales en arquitecturas computacionales” (Van Dijck, 2016: 34). Así, pues, los encuestados trabajan desde su computadora y su celular personales o únicamente desde su celular, lo que refleja una socialidad mediada por la cultura de la conectividad. Es más, quienes trabajan a distancia lo hacen desde distintas aplicaciones o redes sociales. Las redes sociales más mencionadas son Facebook, Instagram, Twitter y LinkedIn. Es llamativo el hecho de que ninguno de los encuestados use solo una red social o aplicación.

Entre la distracción y la adicción

Una de las preguntas del cuestionario –siguiendo con la temática de los dispositivos conectivos– apunta a conocer si la concentración en las tareas laborales se ve afectada por el uso de dichos dispositivos y de redes sociales, ya que estos son también utilizados como fuentes de esparcimiento y diversión. En este caso, la edad desempeña un rol crucial. Aquellos encuestados de entre 19 y 30 años contestaron afirmativamente, mientras que aquellos de entre 32 y 56 manifestaron que no sentían un impacto en su concentración. Proponemos una respuesta ilustrativa de cada grupo etario: mientras que Martha, docente de 56 años, quien desarrolla contenidos en inglés para el Ministerio de Educación, explica: “Para mí, la tecnología no es una distracción, sino una fuente de información”, Rita, emprendedora de una marca de lencería, de 23 años, dice:

Adicción descontrolada. No tiene límite el uso del celular. Se mezcla lo personal con lo laboral a toda hora. A veces, no sé ni qué tarea estoy realizando porque mantengo cinco acciones en simultáneo. Tengo cuentas separadas en las redes, pero permanentemente migro de una a la otra. Me desconcentro permanentemente.

Nos parece remarcable el hecho de que la última haya elegido el verbo “migrar”, ya que nos remite a la idea de economía de la atención de Van Dijck, en el sentido de que los usuarios de las plataformas migran de una otra como consecuencia de la integración transversal de estas (2016: 127). Esto hace que la joven pase de su cuenta de Facebook a la de Instagram en la misma acción casi sin pensarlo.

También Han reflexiona sobre el impacto que tienen los flujos de información y de estímulos constantes sobre los sujetos, que provocan que “la percepción quede fragmentada y dispersa” (2012: 48).

Libertad o coacción

Por otro lado, se les preguntó sobre las ventajas y las desventajas que supone este tipo de trabajo y por qué lo habían elegido. En algunos casos, fue un beneficio brindado por la empresa para la cual trabajan; otros eligen dicha forma de trabajo para tener mayor libertad en sus horarios, y, por último, algunos afirman preferir esta modalidad porque implica una reducción en sus gastos o porque trabajan de manera freelance, por lo cual son contratados para proyectos de duración definida. Las razones por las cuales las personas encuestadas eligen el trabajo a distancia están íntimamente relacionadas con las ventajas que se le atribuyen, como la flexibilidad en los horarios, el ahorro en viáticos y en tiempo de viaje, una mayor comodidad –al hacerlo desde la casa– y mejorías tanto en el horario de descanso como en términos de alimentación.

Una idea que circula en los sentidos con los que los encuestados cargan el trabajo remoto es la de “libertad”. Al tener una mayor decisión en la organización del tiempo de trabajo, las personas se sienten más libres. Esto nos remite a la preocupación de Han respecto del sentimiento paradójico de libertad en nuestras sociedades, a las cuales denomina “sociedades de rendimiento”. Para el filósofo surcoreano, dichas sociedades –que se caracterizan por el discurso del emprendedurismo, en el que cada uno es su propio jefe y dueño de su tiempo– se contrastan con las “sociedades disciplinarias” analizadas por Foucault. Es el imperativo de hacer y no el mandato de obedecer lo que rige hoy en día. Es más, el sujeto del rendimiento se exige ser cada vez más productivo, por lo que es más eficiente que el sujeto disciplinado por las instituciones coercitivas. Los encuestados, al no cumplir con un horario impuesto por otra persona, deben administrar su tiempo de manera de cumplir con sus tareas laborales. En las palabras de Han, el sujeto del rendimiento “no está sometido a nadie; mejor dicho, solo a sí mismo […]. La supresión de un dominio externo no conduce hacia la libertad; más bien hace que la libertad y la coacción coincidan” (2012: 46). Es decir, en el goce de la “libertad” que les trae modificar su esquema de trabajo a su antojo está la naturalización del deber trabajar y del consumo vía redes sociales y aplicaciones, ambas cosas exigidas por el sistema capitalista.

Colonización del tiempo

En cuanto a las desventajas del trabajo remoto, las más frecuentes fueron las distracciones en el hogar (quehaceres, cuidado de hijos o mascotas, etc.), la pérdida de contacto con pares y la imposibilidad de generar nuevas relaciones laborales. Y por último –pero no menos importante–, el hecho de que se desdibuja el horario de trabajo. Como dice Miel, de 29 años:

Hay días en que empiezo a trabajar a las 7 a. m. y termino a la 1 a. m. Al no trabajar en un espacio fuera de casa, me es muy difícil separar mi tiempo de trabajo de mi tiempo de ocio.

Esto nos hace reflexionar acerca de la colonización del tiempo, consecuencia del capitalismo tardío. Como dice Illouz (2009: 183), siguiendo a Agger, “el capitalismo tiende a borrar los límites y a negarles a las personas el espacio y tiempos privados”; consecuencia que se ve reforzada por la continuidad del espacio de trabajo y tiempo de ocio en el trabajo a distancia. Para que esto no pase, todos los encuestados tienen una estrategia para la organización de su horario laboral flexible, la cual desarrollan en la pregunta 10. La necesidad de organizarse y establecer una rutina nos lleva a pensar en la idea de Arizaga del “management del yo”, mediante la cual los sujetos se mantienen productivos, proactivos y sociables. Como nos muestra la respuesta de Ezequiel, de 29 años:

La manera más eficiente, en mi caso, es comenzar el día yendo al gimnasio; luego, comienzo mi jornada laboral y respeto como mínimo las ocho horas por día. Durante el horario de almuerzo, realizo un corte para, luego, seguir hasta la tarde. Y la noche es el momento en que me junto con amigos e interactúo con otras personas.

Trabajo tradicional como gestión de la incertidumbre tardomoderna

Como contracara, las ventajas principales que los encuestados le atribuyen al trabajo tradicional son no llevarse trabajo a casa, trabajar en equipo, disfrutar de una comunicación más fluida entre colegas, gozar de un sueldo fijo por mes, estar registrados como empleados, tener vacaciones pagas y estar, de algún modo, más protegidos.

Por un lado, entonces, lo que se pierde en el caso del trabajo a distancia es el contacto con los pares y los vínculos laborales cotidianos. Lo anterior podría estar resaltando una individualización del trabajo y un progresivo aislamiento de las personas que trabajan de modo remoto.

Por otro lado, el tema de la protección y, más que nada, la previsibilidad que da el modo convencional de trabajo hace que los encuestados no renuncien a dicha modalidad. El tipo de subjetividad que forja el capitalismo tardío requiere la constante toma de riesgos sin tener un respaldo de las instituciones tradicionales, y la capacidad de adaptarse es un recurso: “Adquirir habilidades para adaptarse a los cambios y ser flexible en función de ganar performance social” (Arizaga, 2017: 100). Por lo que, en contraposición al home office, en este sentido, la modalidad de trabajo en cuestión sería la mejor opción para lograr cierta “gestión de la incertidumbre” (Arizaga, 2017). Resulta esclarecedor al respecto que a la mayoría de los encuestados que tienen o tenían trabajos de este tipo les descuentan o descontaban para la jubilación, mientras que aquellos que trabajan de forma remota pagan sus propios aportes. Lo anterior evidencia las condiciones más precarias de los trabajos a distancia.

Otro eje en que vemos posible subrayar el contraste entre una y otra forma de trabajo es el de los modos de resolución de conflictos. Si para el primero existen diferentes vías y canales institucionalizados –como las oficinas de recursos humanos, los jefes y los compañeros de trabajo–, para el segundo surge la dimensión de la contención de amigos, pareja, familia, además de los jefes y colegas. En este último tipo de empleo no es tan frecuente el espacio específico para la mediación de un conflicto, lo que, por un lado, refuerza la incertidumbre y, por otro, individualiza la relación capital-trabajo. En esta línea, la última pregunta del cuestionario apunta a indagar sobre la afiliación en organismos de representación laboral colectiva, y una parte ínfima de los encuestados lo están. Por lo tanto, en un contexto de individualización cada vez mayor, “los éxitos y los fracasos son vividos como individuales, sin otorgarle un lugar destacado al otro o al contexto social y político” (Arizaga, 2017: 106).

Conclusiones

Luego del recorrido realizado por las reestructuraciones económica, institucional y social que planteó el capitalismo denominado posfordista o flexible y el análisis del fenómeno del home office, podemos afirmar que este último surgió como efecto de las primeras. Por otro lado, no podemos pensar este tipo de trabajo sin el marco de interacción online y offline que habilitan los dispositivos tecnológicos y las redes sociales ni sin la reflexión que nos proponen los diferentes autores sobre los cambios en la subjetividad contemporánea.

Ciertos rasgos de los encuestados dan la pauta de que esta nueva modalidad de trabajo no se ha homogeneizado aún y que convive con la tradicional. Por lo tanto, no solo hay una amplia variedad en las tareas que se llevan a cabo bajo este novedoso formato, sino que este se articula con la otra modalidad de maneras distintas, y lo usual es que los encuestados trabajen de ambas formas.

Los sujetos contemporáneos ven el trabajo a distancia como una elección propia en el marco de la configuración de su biografía. Sin embargo, esta modalidad de trabajo implica una participación más activa de parte de las personas en la demarcación entre su tiempo de trabajo y su tiempo de ocio, ambos atravesados por los dispositivos conectivos y, por lo general, en el mismo espacio físico. Esto último implica que cada trabajador a distancia organice su tiempo de forma tal que su tiempo de trabajo rinda lo más posible y no se mezcle con sus actividades personales.

Por otro lado, el trabajo a distancia implica un cambio en el tipo de contacto con los pares y superiores, lo que hace del trabajo una actividad más aislada e individual. Asimismo, la falta de formalidad de los trabajos a distancia impacta en el conflicto capital-trabajo, ya que estos no pasarán por los canales institucionalizados que hay en el modelo fordista de empleo. Por el contrario, el trabajo remoto se desarticula de la filiación a organismos de representación colectiva, lo que deja a los sujetos más vulnerables. Por otro lado, emerge una dimensión afectiva y de contención de parte de familiares y amistades de los empleados creativos a la hora de resolver conflictos laborales.

Como contracara, las ventajas que los sujetos siguen marcando de la forma convencional de la organización del empleo son la previsibilidad de pago y los beneficios de la relación asalariada, como la seguridad social y las vacaciones pagas. Existe una tensión, entonces, entre la pretensión de mayor libertad en la organización del tiempo de vida y la incertidumbre que el trabajo a distancia da y genera, respectivamente.

Por último, nos gustaría rescatar la potencialidad de la teoría sociológica contemporánea para describir los fenómenos que nos atraviesan cotidianamente, pero sin dejar de lado las discusiones que constituyeron el nudo de la reflexión de la teoría sociológica clásica. Así, dejamos como tarea para próximas investigaciones el análisis de las consecuencias del trabajo flexible y precario que propone el mercado laboral hoy en día para no caer en la ceguera de la glorificación de lo nuevo y lo moderno.

Nota de autora

Creemos que este trabajo, escrito en noviembre de 2018, puede adquirir nuevos matices a la luz de los procesos que estamos experimentando en el contexto de la pandemia de enfermedad por coronavirus de 2019-2020.

En el marco del aislamiento social preventivo, por el cual millones de argentinos quedan atrincherados en sus casas, una de las pocas opciones para seguir generando ingresos es el teletrabajo o home office. Si bien la gran mayoría de la masa asalariada puede amoldarse a este formato, no es el caso de todas las ramas de la economía, por supuesto.

Creemos que el confinamiento está acentuando procesos que ya se venían esgrimiendo en el último tiempo. Una de estas tendencias –mencionada en el texto– es el hecho de que la mayoría de las esferas de la vida se ven mediadas por las redes sociales y las TIC. El campo de lo online se expande en detrimento de lo offline, y se circunscribe la socialidad a la virtualidad.

Otra de las reflexiones del trabajo giraba en torno a la concepción de nuestros encuestados con respecto al trabajo a distancia como una elección propia en el marco de la configuración de su biografía. Pandemia mediante, el teletrabajo ahora no es una mera opción, sino una forma de adaptarse a los tiempos que corren, una ventaja.

Por otro lado, como mencionáramos a partir de la encuesta realizada en 2018, las personas que trabajan remotamente requieren de una disciplina autoimpuesta para organizar su tiempo separando las horas laborales del tiempo libre. Esto se vuelve más y más engorroso con la reclusión total en nuestros hogares. Al no tener control externo y al no poder ir a ningún otro lado, el autocontrol debe ser mucho más exigente y atento.

No solo los quehaceres domésticos ocupan ahora más tiempo de lo acostumbrado, sino que estos surgen constante e imprevistamente. Sumado a esto, el tiempo de trabajo se desdibuja, ya que los sujetos parecerían estar dispuestos a trabajar a cualquier hora del día. No parecería haber feriados, ni fines de semana ni descansos. Retomando la óptica de Han, los peligros en las sociedades de rendimiento se desprenden del exceso de positividad, “que se expresa como exceso de rendimiento, exceso de producción y exceso de comunicación” y en el que “la explotación por otros deja paso a la autoexplotación voluntaria y a la autooptimización” (2020: 108). Esta autoexplotación se vería, entonces, aumentada con la cuarentena.

Asimismo, parecería que el mandato de productividad se hubiese vuelto más tajante filtrándose en la totalidad de nuestras actividades. Incluso fuera del horario laboral, las personas sienten que “pierden el tiempo” si no están haciendo algo calificado de productivo o cultural, léase hacer gimnasia, leer o mirar obras de teatro, series o películas estrenadas por las plataformas audiovisuales en streaming, entre otros. Así es como el de productividad se entremezcla con otros mandatos, como los de consumo y de la buena voluntad cultural (Bourdieu, 1988), que aseguran la participación en la conversación social por estar consumiendo los productos culturales de moda –entre otras mercancías–.

Resumiendo, en palabras de Preciado, “el domicilio personal se ha convertido ahora en el centro de la economía del teleconsumo y de la teleproducción” (2020: 179).

Para terminar, creemos que lo idóneo sería estudiar las dimensiones presentadas anteriormente mediante alguna herramienta metodológica. Esto nos permitiría profundizar los alcances de estas premisas y analizar en qué medida el aislamiento repercute en la subjetividad tardomoderna.

Bibliografía

Arizaga, C. (2017). Sociología de la felicidad. Autenticidad, bienestar y management del yo. Buenos Aires: Biblos.

Bourdieu, P. (1988). La distinción. Madrid: Taurus.

Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (2018). Ciudad Estadística, 1(1).

Güell, P., y Peters, T. (eds.) (2012). La trama social de las prácticas culturales. Sociedad y subjetividad en el consumo cultural de los chilenos. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Alberto Hurtado.

Han, B.-C. (2012). “Más allá de la sociedad disciplinaria”, “El aburrimiento profundo”. En: La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.

Han, B.-C. (2020). “La emergencia viral y el mundo de mañana”. En: Amadeo, P. (ed.). Sopa de Wuhan. Buenos Aires: ASPO, pp. 97-111.

Illouz, E. (2009). Intimidades congeladas. Buenos Aires: Katz.

Preciado, P. (2020). “Aprendiendo del virus”. En: Amadeo, P. (ed.). Sopa de Wuhan. Buenos Aires: ASPO, pp. 163-85.

Sibilia, P. (2017). La intimidad como espectáculo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Van Dijck, J. (2016). La cultura de la conectividad actual. Una historia crítica de las redes sociales. Buenos Aires: Siglo XXI.


  1. Correo electrónico: fernandezcresposofia@gmail.com.
  2. Resolución n.º 595/2013 del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social.


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