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El rol de las asociaciones de amigos en las instituciones públicas

Lógicas en tensión en modelos
de financiación híbridos

María Clara Miravalle[1]

Introducción y marco conceptual

Este documento se basa en un trabajo final de maestría[2] cuyo objetivo fue identificar y analizar estrategias de gestión y organización de las asociaciones civiles vinculadas a instituciones públicas que generen buenas prácticas de gestión cultural en el sector cultural y creativo, emplazadas en la Ciudad de Buenos Aires y en funcionamiento en el período 2015-2019. Para ello, en estas páginas se presentarán los principales ejes y aspectos metodológicos y algunos hallazgos de dicha investigación desde una doble perspectiva: la de la gestión, en la que interesará ahondar en cuestiones de orden organizacional y de gobernanza, y otra enfocada en los aspectos identitarios, históricos, políticos, filosóficos y legales en los que se apoya su tarea.

Se entiende a las asociaciones de amigos como una herramienta complementaria para la sustentabilidad de las instituciones públicas. Se eligieron como universo de análisis las asociaciones de amigos de instituciones públicas relevantes de la Ciudad de Buenos Aires: Amigos del Bellas Artes, Amigos del Moderno, Amigos del Centro Cultural Recoleta, Fundación Teatro Colón, Fundación Amigos del Teatro San Martín, Amigos del Museo Larreta, Federación Argentina de Amigos de Museos y Amigos del Jardín Botánico.

Se tomaron cinco dimensiones para describirlas: 1) el vínculo político, 2) las estrategias de gestión implementadas por las asociaciones de amigos, 3) la estructura organizacional y de gobernanza, 4) los discursos y lógicas en tensión que legitiman el trabajo de estas asociaciones y 5) su configuración legal.

Estos hallazgos han derivado en la profundización y la reflexión acerca de las buenas prácticas y estrategias de gestión para desarrollar un vínculo productivo junto con sus instituciones públicas con sostenibilidad, cooperación y solidaridad.

Paralelamente, en el análisis se identifica un conflicto en el binomio compuesto por asociaciones civiles e instituciones públicas. Esta conflictividad puede entenderse en un marco institucional que responde a un Estado con estrategias de supervivencia que vienen en parte condicionadas por el modelo de financiamiento en el que enmarcan las políticas culturales.

En los últimos tiempos, las políticas de financiamiento de la cultura en Argentina promueven el autofinanciamiento de las instituciones que el mismo Estado creó[3]. En este escenario, la relación que las instituciones públicas mantienen con las asociaciones de amigos, mecenas y voluntarios se ha convertido en una herramienta estratégica para sustentar económicamente su institución. Esto, que podría verse como una intervención privada en actividades de instituciones públicas, sin embargo, ha generado –como todo proceso social complejo– un abanico de sentidos, apropiaciones y significados al interior de la institucionalidad del sector cultural. Esta investigación asume el desafío de describir y analizar parte de esta interesante cuestión.

Con diferentes realidades históricas y geográficas y a partir de un proceso de alejamiento del Estado en la financiación de la cultura, las asociaciones de amigos surgieron desde la aristocracia de cada país, que donaba parte de su herencia en obras de arte a museos o recolectaba fondos para destinarlos a la restauración y adquisición de obras de arte y mobiliario y al acondicionamiento de salas necesario para la organización de exposiciones. En ese contexto, los museos estaban centrados en la labor de conservación y no prestaban mayor atención a la difusión de la cultura y su función como servicio público. Las asociaciones de amigos, simultáneamente, se instituyeron como entidades capaces de ser un puente entre los museos públicos y la comunidad y de proporcionar un apoyo para afrontar los retos de los museos, necesitados de mejorar sus prestaciones públicas[4]. Es a partir de esta etapa cuando las asociaciones de amigos de museos –que luego se extendieron a teatros públicos– enfocan su misión en fortalecerse para ser quienes suplanten las falencias en cuanto al servicio público que en ese entonces tenían los museos.

A partir de las políticas culturales implementadas por cada país se pueden transparentar maneras de gestionar y financiar la cultura desde diferentes estructuras organizativas determinadas por un modelo de Estado. En este sentido, Chartrand y McCaughey (1989) definieron cuatro modelos de apoyo estatal a las artes y la cultura: 1) el Estado como facilitador, que fomenta las artes a través del cobro de impuestos en nombre de patrocinadores privados; 2) el Estado como patrocinador, que financia las bellas artes a través de consejos siguiendo el principio denominado “arm’s length”; 3) el Estado como arquitecto, que se basa en ministerios o departamentos de cultura donde los “burócratas” son quienes deciden las obras que serán financiadas, y 4) el Estado como ingeniero, que financia solo el arte que se adapta a la línea de la política oficial y se trata de obras de “excelencia”, por lo cual no suele financiar los procesos creativos de otro orden (Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, 2012: 33-34). El primer caso es el modelo de financiamiento implementado en Estados Unidos, donde el cobro de impuestos en forma de patrocinios provee dos tercios de los fondos público para las artes. El segundo es el enfoque inglés, el del Consejo de las Artes (Art’s Council) de Gran Bretaña. El tercer modelo es el enfoque francés, con Ministerio de Cultura. Y el cuarto, el de los regímenes totalitarios, ya que la obra de los artistas está encausada en los objetivos políticos oficiales.

En Argentina, las asociaciones de amigos surgen a partir de un sistema de financiamiento cultural a niveles nacional y metropolitano principalmente inglés. En segundo orden, de estilos francés en el gobierno nacional y estadounidense en el gobierno metropolitano. Desde la visión inglesa, se defienden las organizaciones privadas al lado de las instituciones públicas como mejores gestoras para contribuir junto al Estado a generar las condiciones económicas y financieras para el ejercicio eficaz del derecho a la cultura de los individuos en la comunidad.

En esta investigación se observó que la figura de los amigos y su capacidad de gestión en muchas ocasiones son aliadas del museo o teatro frente a la burocracia del sistema de administración pública. Incluso el principio de arms length, presente en el modelo inglés, se apoya en la desconfianza del Estado para con la gestión cultural. No obstante, hay un acuerdo común de que las asociaciones de amigos no deberían ser las que cumpliesen la función indelegable del Estado ante los museos y teatros. En cualquier caso, aparece una cierta representación de las asociaciones de amigos como elementos compensadores de las falencias administrativas estatales.

En los últimos años se han producido en España muchos documentos con códigos y experiencias de buenas prácticas (Plataforma /C, s. f.; Canut Ledo, 2011; Castillo Barrios, 2014; García Sandoval, 2015; Astola, 2018; Generalitat Valenciana, 2019). Estos documentos con buenas intenciones no necesariamente han conseguido ser llevados a la práctica en el sector cultural. En ese sentido, y como un adelanto a las observaciones finales, parece ser que la clave está en consensuar formas de vincularse y gestionar las instituciones culturales públicas que posibiliten el diálogo con sus agentes y organizaciones civiles.

El vínculo de las asociaciones de amigos con sus instituciones es mencionado, en su denominación, en términos de una amistad. Desde una tesitura más filosófica, se incursionó en otras lecturas que aportan modos de comprender esta particular amistad como un nuevo concepto político en general y de la democracia en particular. Derrida toma la frase atribuida a Aristóteles “¡oh, amigos míos, no hay ningún amigo!” como punto de partida para desarrollar su tesis en Políticas de la amistad (1998). Recupera la imagen de dos tipos de amistad, también entendidos como formas de relaciones políticas fundadas en la asociación o en la comunidad: una amistad basada en el placer y una amistad basada en la utilidad. “La amistad por placer solo puede fundarse en la virtud, y que cada uno pueda gozar y regocijarse, recíprocamente, con la virtud del otro.” La amistad apoyada en la utilidad, en cambio, sirve a un interés personal (Derrida, 1998; Domínguez Morano, 2001). Estos vínculos están presentes en todas las asociaciones de amigos, con mayor o menor presencia de uno u otro.

Finalmente, a partir del análisis de buenas prácticas desde las perspectivas de los nuevos modelos de gestión y paradigmas culturales, y ya en un plano más propositivo que investigativo, se precisará una serie de asuntos relativos al proyecto integral de gestión delineado por la dirección de la institución pública con vistas a promover procesos y estrategias que se implementen como políticas públicas más democráticas, en pos de la participación, la sostenibilidad, el acceso y la contribución a la vida cultural.

Método

El presente es un estudio de naturaleza exploratoria, pues no hay antecedentes de investigación. Este estudio se basó fundamentalmente en el análisis documental y en entrevistas semiestructuradas realizadas a personas en cargos de responsabilidad dentro de las asociaciones de amigos y fundaciones vinculadas a instituciones públicas del sector cultural y creativo, emplazadas en la Ciudad de Buenos Aires mayormente. El propósito de las entrevistas fue indagar sobre las cinco dimensiones definidas para describirlas.

Asimismo, se incluyeron reflexiones de miembros de las siguientes fundaciones y asociaciones de amigos de instituciones públicas de otras ciudades y de instituciones privadas de las ciudades de Buenos Aires, La Plata y Rosario: Amigos del Teatro Argentino de La Plata, Amigos del Museo Castagnino (Rosario), Amigos MALBA, Fundación Lebensohn, arteBA Fundación y Fundación Proa. Esta selección obedece a las asociaciones de amigos de las instituciones públicas más relevantes del sector cultural y creativo.

Resultados

La cuestión de la amistad nos anuncia el problema del otro y la imposibilidad de que exista una amistad perfecta o ética. Referirnos a los amigos implica comprender qué los une y qué los diferencia en representación de la asociación de amigos y una relación de poder con las instituciones públicas. Los que los une, por un lado, puede ser el mismo compartir con la institución pública. En ese binomio, el otro representado por la asociación civil y cada uno de sus miembros es disuelto como sujeto para constituirse como colectivo comunitario, al que se lo niega o se lo incorpora desde la institución pública para hacer crecer su vínculo.

Por otro lado, lo que los une es también la necesidad de desarrollar fondos de la institución pública. El problema, en este caso, es que esa amistad desaparece cuando la necesidad económica o relación en particular desaparece porque el cambio del modelo de financiamiento le da mayor autonomía para el desarrollo de fondos públicos o por motivos relacionados a la indiferencia o a conflictos entre la dirección de la institución pública y la presidencia de la asociación de amigos.

Pueden analizarse en esta forma de caracterizar la relación tres puntos importantes. Por un lado, la explicitación de un mecanismo fundamental apoyado en la relativa libertad y fluidez ante la oferta de fondos privados y los aportantes de ese sector, que, a merced del formato de la asociación de amigos (que no es la institución pública, aunque esté íntimamente ligada y comprometida en sus intereses), convierte a la asociación en una herramienta de gestión y canalización de fondos muy valiosa. En la misma línea, y aunque la autoridad legítima del museo es su dirección formal (y no la asociación), la observación respecto de la alternancia de esta en oposición a la continuidad de las asociaciones de amigos habla también de una cierta legitimidad en la experiencia y constancia. Hay un capital adquirido en términos de aprendizaje, de permanencia histórica, que deja a las asociaciones en una buena posición para asesorar con buen criterio a las direcciones de museos o teatros. La tercera observación tiene que ver con la referencia a lo dicho por muchos integrantes de las asociaciones de amigos: siempre hay que tener buena relación con las direcciones de los museos, lo que muestra de algún modo las fronteras entre esas distintas legitimidades, que deben ser respetadas, cuidadas y mantenidas en buenos términos[5].

En la visión de la amistad que se describe a partir de la obra de Aristóteles, cada vez que surge un agravio o desengaño entre amigos, sugiere que “se han equivocado de amistad”, confundiendo la amistad perfecta (ética y legal) con la amistad imperfecta (por placer o utilidad). Y, en definitiva, no se ha comprendido la clave de la amistad expresada en la frase “¡oh, amigos míos, no hay ningún amigo!”. Para evitar los “desengaños” de quienes colaboran para una institución por no sentirse recompensados en ese vínculo habrá que tener en claro, primero, que no existe amistad perfecta, sino aquella que es recíproca, que se comparte y que existe siempre y cuando prevalezca la institución pública que le da sustento a la relación. Este concepto implica las siguientes conclusiones:

  • La relación política entre instituciones públicas y amigos es recíproca en términos de amistad y se comparte por placer o utilidad.
  • No es una relación entre pares o semejantes, sino que hay uno de ellos que ejerce el poder –en este caso, debe ser la institución pública para resguardar la misión institucional– y, usualmente, uno disuelve al otro.
  • El compartir implica diferentes instancias de participación ciudadana o en comunidad.
  • La reciprocidad de un vínculo sujeto solo a la lógica del cálculo y del intercambio crea una economía de retribuciones. No sería un vínculo de amistad, sino comercial o de patrocinio. Las asociaciones de amigos usualmente son intermediarias entre museo o teatro y espónsor.

Aun cuando existe un acuerdo general acerca de la importancia de la existencia de las asociaciones de amigos para resolver temas administrativos y económicos en las instituciones públicas, en muchos casos se observó que el suyo no siempre es un rol de colaboración con la misión a raíz de luchas de poder entre miembros o presidentes de las asociaciones y directores de las instituciones. Si bien es claro un alto grado de compromiso con la misión organizacional y motivación en los miembros de las asociaciones de amigos, muchas veces sus esfuerzos no se dirigen hacia los objetivos impulsados por la dirección de la institución pública o la misión institucional es entendida por cada uno desde lógicas diferentes. Entender las asociaciones como organizaciones donde pueden convivir el discurso de la administración, el discurso legal, el debate político y el componente ético es parte de la complejidad que este estudio pretende abarcar.

Schargorodsky y Bonet (2017) sostienen que la misión suele ser más ideológica y que, más allá de los valores asociados, existen lógicas y objetivos que persiguen cada uno de los agentes o grupos de interés asociados a la propia gestión de la institución. Estas lógicas en tensión a partir de la relación con la institución pueden ser la lógica política, la administrativa, la artística o la de público-comunidad[6]. A partir del trabajo de campo, se ha corroborado que las lógicas en las que se deben centrar principalmente las asociaciones de amigos para medir el impacto de su tarea son la pública o de comunidad y la administrativa. La primera está relacionada a la accesibilidad y el buen servicio público y se apoya en buenas prácticas como mediadores entre el Estado y el sector privado. La lógica administrativa se refiere a la eficiencia y eficacia en cuanto los procedimientos que hacen a una administración transparente, se legitima en una organización democrática y se respalda en la idea de que los fondos que obtiene y administra una asociación, aun sin provenir de forma directa de las arcas fiscales, se mueven en torno al valor público de la institución, por lo que son también, indirectamente, un capital público cuyo uso es tributario de los mismos cuidados, responsabilidad y transparencia que un presupuesto ministerial[7].

A lo largo del trabajo de campo se distinguieron casos de asociaciones de amigos que impulsaron proyectos con procesos o resultados innovadores, transformadores, sustentables, sostenibles y significativos para sus territorios. Asimismo, se observó su capacidad para desarrollar redes y recursos y una mayor eficiencia administrativa y de organización desde las instituciones públicas. No obstante, es muy difícil acceder a datos precisos sobre la economía de los museos públicos y sus asociaciones de amigos y probar la incidencia del aporte económico de las asociaciones civiles en el presupuesto de las instituciones[8]. Tampoco fue posible acceder a la auditoría pública hecha a 12 asociaciones de amigos (Viéitez, 2017).

En el análisis comparativo de los balances del Museo Nacional de Bellas Artes y su asociación de amigos entre los años 2015 y 2017 se consideraron como recursos generados por la asociación civil tanto los ingresos como los gastos aplicados al museo, es decir, aportes para mantenimiento del museo y exposiciones. Estos fondos significaron una participación en el presupuesto del museo del 2017 del 15,5% ($ 34.603.563), mientras que el aporte en efectivo significó un 3% sobre el total del presupuesto del museo. Es decir, primero se dimensionó la capacidad del desarrollo de fondos de la asociación de amigos.

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Fuente: elaboración propia.

Luego, se pudo observar que son decisivas las estrategias de comunicación y artística definidas por la institución pública en el crecimiento y desarrollo de fondos por parte de la asociación de amigos, es decir, las decisiones relacionadas con la programación o simplemente un pedido concreto del museo a su asociación. Se lograron mayores donaciones para un proyecto específico, pues resulta más fácil de comunicar.

Por otro lado, del total de fondos generados por la asociación de amigos, el 87% fue a partir de su capital material e inmaterial, la explotación comercial directa y de la imagen del museo, es decir, la recaudación neta en un evento anual, patrocinios, el canon de la confitería, donaciones y gastos aplicados al mantenimiento y la realización de exposiciones en el museo. Y, complementariamente, son un capital valioso la constancia y la confianza que ha generado la asociación de amigos. El 13% corresponde a los recursos netos desarrollados a partir de las actividades propias de la asociación, es decir, la recaudación por cuotas sociales, tienda y actividades de educación, de socios, auditorio y cine.

Finalmente, se observó que la constitución legal elegida por las asociaciones de amigos da cuenta de la visión acerca de la participación civil en la vida de las instituciones públicas.

Desde la lógica política y gestiva, las asociaciones civiles tienen una organización más democrática, a partir de la elección de un objeto de bien común consensuado en asamblea de socios, fiscalizada y controlada por un órgano separado de los socios y la dirección. Las fundaciones se rigen por la voluntad del fundador, impresa en el objeto establecido en el estatuto, que usualmente no se puede modificar. No obstante, como se vio en el trabajo de campo, hay fundaciones –como la del Teatro Colón– compuestas por una gran cantidad de miembros que funcionan como un club de elite en el que cada uno tiene un poder estratificado a partir del valor de sus aportes.

La lógica legal propiamente dicha sugiere que las fundaciones se instituyen como un paraguas legal más sólido que las asociaciones civiles, pero esto no necesariamente influye en el mayor desarrollo de fondos. Desde la lógica económica, las asociaciones civiles comienzan con un capital inicial menor que las fundaciones, pero ninguna tiene límites para gestionar fondos[9].

En el caso de las asociaciones civiles, la participación como ciudadanos vinculados se entiende como socios comprometidos con la identidad de la institución pública. En las fundaciones, la subscripción como donantes miembros filantrópicos suele implicarse con cuestiones relacionadas al prestigio o al tipo de arte que programan, y no a la comunidad en general. Cuando las fundaciones son creadas por un mecenas o un grupo de personas cercanas a la institución con el fin de intervenir, proponer, sugerir o influir en la marcha y el funcionamiento de la institución, la participación en la comunidad se entiende como una manera de legado. Cuando se trata de fundaciones más expansivas, originadas desde capitales de grandes filántropos[10], en cambio, el objetivo se orienta, además, a influir en las políticas públicas marcando prioridades en la agenda y logrando que sus discursos y necesidades tengan mayor prioridad en el consenso público.

La gran mayoría de las asociaciones de amigos se constituyen como una asociación civil, forma legal entendida como una herramienta de participación mediante la cual los ciudadanos pueden colaborar desde el colectivo para ser un puente entre instituciones públicas y donantes. Desde esta perspectiva, además de contribuir con la institución, los amigos –socios, en este tipo de asociación– suelen ser un canal de las estrategias de desarrollo territorial.

Consecuentemente, y ligada a la concepción de participación ciudadana, cada noción de cultura implica un modo de gestionarla y un enlace entre la sociedad civil y el gobierno. Desde la segunda mitad de siglo xx hubo un desplazamiento retórico de la cultura de las bellas artes y la ilustración hacia la cultura antropológica. La perspectiva asociada a la idea de “cultura para todos, la cultura está en todas partes” está relacionada con la visión planteada por García Canclini (2005). En esta dirección, la cultura comenzó a pensarse como un recurso transversal a otras áreas de la vida social. Asociado a ello, emergieron los términos “creatividad” y “diversidad” –estrechamente vinculados a determinados organismos de cooperación internacional como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)– en tanto sustitutos de la categoría de cultura, aún vista como restrictiva. En el trabajo de campo se observó que, según la concepción de cultura que prevalezca en cada organización, se adoptarán determinados modelos de gobernanza, financiamiento, procesos de participación y lógicas que legitimen el trabajo de las instituciones públicas del sector cultural.

Discusión

Las fronteras entre lo público y lo privado traen una serie de debates que tienen características particulares en el sector cultural y que el tema de esta investigación pone claramente en primer plano.

Ante el progresivo desfinanciamiento público, cada vez más los museos y teatros públicos necesitan otras fuentes –incluso el apoyo privado– y se forman sistemas de gestión híbridos. Se abren debates en torno a los modelos de gobernanza, gestión y financiamiento de las instituciones públicas, así como en torno al campo de la democratización y la accesibilidad de la cultura. Desde la visión inglesa, se defienden las organizaciones privadas al lado de las instituciones públicas como mejores gestoras para contribuir, junto con el Estado, a generar mejores condiciones económicas y financieras y hacer más accesible la cultura a la comunidad. En este contexto, el objeto de las asociaciones de amigos y su razón de ser al lado de las instituciones públicas, como se planteó en el marco conceptual de esta investigación, no debería ser apropiarse de la función del Estado de garantizar el cumplimiento de los derechos culturales.

Hay una relación evidente –pero no por ello es menos necesario que sea señalada– entre el sentido que una sociedad otorga a sus bienes culturales y los modelos de gestión y financiamiento que elige (o permite o alienta) para preservar y acceder a esos mismos bienes. Un ejemplo es cuando se promulgó la ley de autarquía del Teatro Colón, y el debate que se lee en la memoria realizada por la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires (2008). ¿Un modelo autárquico del teatro ayudó a darle más accesibilidad? ¿El objetivo de conseguir fondos privados no atentó contra la misión del teatro y la accesibilidad del pueblo a él? El análisis de entrevistas y documentos observa el contrapunto político entre la postura declarada de la Fundación Teatro Colón –apoyada en una ética de la filantropía por definición, la tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio– y, por otro lado, la denuncia en el informe de la Auditoría (2008) de que detrás de ese discurso existe no ya un sacrificio, sino un beneficio propio. Esta cuestión da cuenta de que una amistad perfecta, planteada sin relaciones recíprocas, no es posible y, finalmente, que la amistad solo como puente a los espónsores, donantes y mecenas no se sustenta si no incluye a toda la comunidad. Asimismo, en relación con el modelo de financiamiento, la potestad de la institución pública de financiarse de manera autónoma también disolvió el vínculo existente entre teatro y fundación de amigos.

Diferentes autores, e incluso bancos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), advierten de la complejidad y los peligros de tener al sector privado como copartícipe de las políticas públicas: la privatización de bienes públicos y la mercantilización.

Chin-tao Wu, en su libro Privatizar la cultura (2007), fundamenta la importancia de separar lo público de lo privado para que no hayan conflicto de intereses ni actuaciones no muy claras por parte de algunos patronatos. Primero, cuando los presidentes de las asociaciones civiles son nombrados por los gobiernos, está implícito en este trato un beneficio político para el gobierno y la revalorización de obras que pertenecen a los capitales privados involucrados, y queda en segundo plano la protección del museo. Segundo, que las participaciones de fondos privados a través de incentivos fiscales no son debidamente contabilizadas en cuanto a qué corresponde a la donación o aporte y cuánto hay de desgravación y fondos públicos en el presupuesto que recibe el museo.

A nivel internacional, hay un debate relativamente reciente con respecto a en qué medida la filantropía enmascara una estrategia de lavado de dinero e imagen. Para citar un ejemplo –entre otros que tuvieron mucha prensa a nivel internacional–, se menciona las donaciones al Museo Metropolitano de Arte y al Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York del filántropo Mortimer Sackler, dueño de Purdue Pharma, laboratorio que fabrica un analgésico denunciado por causar adicciones.

Antoine Faúndez (2008) advierte la tendencia en América Latina de trocar la filantropía empresarial por aportaciones vinculadas a objetivos comerciales y de marketing en organizaciones culturales. Por falta de mecanismos legales innovadores y flexibles que permitan obtener un crédito tributario a las donaciones con fines culturales, estos contratos tienden a ser de patrocinio en vez de mecenazgo.

Cruz y Pallaro (2018) manifiestan que el Régimen de Promoción Cultural (que en sus comienzos nació para promocionar proyectos culturales particulares) se ha desvirtuado en un sistema de distribución de fondos privados que complementa la política pública de desfinanciamiento. Se instrumenta para financiar las reparaciones edilicias y programaciones artísticas de instituciones públicas que deberían ser financiadas por fondos públicos directos. Las asociaciones de amigos deberían ser quienes colaborasen, pero no permitir el corrimiento del Estado de su función indelegable.

En este sentido, se han observado casos de asociaciones de amigos con una gran trayectoria en el trabajo con la comunidad desde proyectos relacionados con educación o territorio y que se corresponden a distintos sistemas de financiamiento cultural. Se pueden citar la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes o la Fundación del Teatro San Martín, con un sistema inglés, o la Fundación Teatro Colón, con un modelo estadounidense de políticas de financiamiento. En cada caso se pudieron apreciar diferentes niveles de contribución a la misión institucional, participación colectiva y, finalmente, la apropiación del proyecto como propio por parte de la institución, más allá del impulso desde su asociación civil. Lo que varía en un caso u otro son las lógicas de evaluación que atraviesan cada una de sus actividades. Mientras que en los primeros prevalece la lógica pública y administrativa, en el segundo caso se mide la excelencia, calidad y prestigio.

Uno de los asuntos que planteamos aquí es que son prioritarias las lógicas administrativas y públicas para dimensionar el impacto de las acciones desarrolladas por las asociaciones de amigos. Para que el binomio público/privado sea virtuoso en pos del cumplimiento pleno de los derechos culturales, su gestión debe ser transparente y eficiente y ser un complemento que sustente las instituciones para el buen servicio público.

Más allá de la discusión acerca de políticas públicas de financiamiento, ante la crisis de financiamiento público, el apoyo privado a través de asociaciones civiles se presenta como una estrategia válida para desarrollar proyectos desde las instituciones públicas. No obstante, se darán prácticas éticas y eficientes en el vínculo con las instituciones públicas a partir de acuerdos operativos, articulaciones, reglas y procesos de decisión claros y, paralelamente, la voluntad de poner la función pública de la cultura en el centro.

Avanzando en esta línea, aun cuando el objeto de las asociaciones de amigos se limitase al desarrollo de fondos, desde la perspectiva de la presente investigación, para que una estrategia de financiamiento híbrida sea efectiva se necesita de un trabajo conjunto y de cada una de las partes del binomio: institución pública y asociación civil. Para acrecentar los fondos privados se requiere una gestión estratégica de su capital simbólico, entendido como el prestigio que hace atractivo al teatro o museo para sumar aportes de patrocinadores a sus fuentes de financiación. Este capital simbólico se opera fundamentalmente desde la institución pública a partir de la planificación de su estrategia de comunicación. Y, complementariamente, es un capital valioso la confianza que se genere desde las asociaciones de amigos con transparencia y eficiencia en su gestión.

Paralelamente, con respecto a los criterios que rigen su función, las asociaciones de amigos deberán priorizar aquellos proyectos participativos y creativos basados en la accesibilidad a la cultura y la transparencia en la gestión y la información. En esta dirección, y de manera complementaria, los museos y teatros públicos con mayor pluralidad de voces serán aquellos que permitan a los ciudadanos participar, crear y construir junto con las instituciones públicas y no solo consumir los productos y servicios culturales y creativos que ofrecen. A partir de estas políticas podrán ser capaces de preservar su cultura y tradición y, también, de crear una nueva cultura.

Más allá del contexto histórico y las necesidades de financiamiento que tiene el sistema público, en cuanto al vínculo de las instituciones públicas con las asociaciones civiles se observó que este creció cuando hubo una institución pública en la que creyeron que podían aportar algo, que su colaboración era valorada (estimada/apreciada/reconocida[11]) por los demás y por la institución en particular. Estas agrupaciones fueron de alguna manera la voz de personas que, con diferentes visiones respecto de lo que es la amistad y políticas de financiamiento estatal o privado[12], se vincularon con el espacio público.

Ahora bien, esta participación puede darse desde la individualidad de un mecenas, curador o artista que quiera generar un vínculo (recíproco o ético) o bien puede darse desde una asociación civil, como parte de un colectivo. La primera opción se vehiculiza a partir de un compromiso individual con una función filantrópica en pos de un rédito o prestigio personal o a partir de un interés comercial desde lo corporativo, para mejorar la imagen de marca. La segunda opción traerá consigo el desafío de asumir el vínculo y la participación con el espacio público desde una identidad colectiva, con su pasado y presente, con la misión o utopía de contribuir al bien común con transparencia. Desde este espacio colectivo construido por las asociaciones de amigos y sus instituciones se podrán vehiculizar los aportes de patrocinadores, colaboradores, mecenas, amigos y voluntarios.

La reflexión que propone esta investigación va hacia la construcción y desarrollo de una alianza que potencie la gestión pública y privada y en la cual las instituciones públicas no pierdan la autonomía ni la autoridad política y artística y las asociaciones de amigos no desvirtúen su vínculo ético y legitimen su gestión con la transparencia y accesibilidad que hacen al buen servicio público.

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Plataforma /C (s. f.). ¿Unidos, vencidos o solamente reunidos? ¡Participa en el debate! [en línea]. Disponible en: <https://bit.ly/2Nr2p5V> [acceso: 24 de junio de 2020].

Remacha Recio, M. P. (2014). La relación de los museos con los “colaboradores” a través de la comunicación. Tesis de maestría. UCM.

Schargorodsky, H., y Bonet, L. (2017). La gestión de teatros: modelos y estrategias para equipamientos culturales. Barcelona: Quaderns Gescènic.

Sztajnszrajber, D. (2018). Filosofía en 11 frases. Buenos Aires: Paidós.

Viéitez, E. (2017). “Cuestionan el accionar de asociaciones de amigos. Duro informe sobre los recursos de los museos”. Clarín, 24 de abril.

Wortman, A. (2005). “El desafío de las políticas culturales en Argentina”. En: Mato, D. (comp.). Cultura, política y sociedad. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires: CLACSO.

Wu, C.-T. (2007). Privatizar la cultura. Madrid: Akal.

Yúdice, G. (2002). El recurso de la cultura. Usos de la cultura en la era global. Barcelona: Gedisa.


  1. Correo electrónico: claramiravalle@gmail.com.
  2. Este trabajo final de maestría se encuentra disponible en: <http://bit.ly/asociacionamigos>.
  3. Para profundizar sobre la reducción del presupuesto municipal destinado a la cultura, véase el análisis –desarrollado en la tesis en la que se basa la presente ponencia– de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (2015; 2016).
  4. La mayoría de las asociaciones de amigos surgieron en la década de los setenta, cuando, en el marco del progreso de nuevas tecnologías de información y comunicación, la clase alta puso a disposición de los museos obras de arte heredadas, patrimonio antes desconocido o reservado a una élite. La asociación de amigos del Museo Nacional de Bellas Artes es una excepción, pues se fundó en 1931, y en los años setenta ya no recibía tantas donaciones en obras y comenzó a comprar obras con los aportes de sus socios.
  5. Se puede señalar, en cuanto a la relación de poder entre amigos y dirección del museo, que posiblemente a lo largo de los años estos se hayan convertido en mucho más que protectores y auxiliares de las respectivas instituciones para intervenir en decisiones referidas a su programación. Uno de los casos más notorios es el de Nelly Arrieta de Blaquier, quien presidió la Asociación Amigos del Bellas Artes durante 34 años.
  6. La lógica de la política se relaciona directa o indirectamente con la administración pública y busca la repercusión en los medios y en la opinión pública. Cuanto más amplia sea la audiencia conseguida, mayor consenso social consiga la gestión y mejor reputación y mayor prestigio obtenga la institución, mayor valor político se le atribuirá. La lógica artística se refiere a la excelencia y calidad, la reputación y carrera profesional y el ambiente propicio para la investigación y la creación artística. La dimensión que procede de la comunidad se refiere al prestigio e identidad, la calidad de programación, la accesibilidad y el buen servicio. La lógica que emana del marco administrativo valora la eficiencia con relación a los procesos, la eficacia respecto de los resultados, el encuadre institucional formal e informal y los procedimientos administrativos y de auditoría (Schargorodsky y Bonet, 2017: 55-6).
  7. Las asociaciones de amigos están obligadas a presentar rendiciones de cuentas, balances y convenios firmados con sus museos (Ministerio de Cultura de la Nación, 2015).
  8. Solo uno de los seis binomios de instituciones públicas y asociaciones de amigos presentó presupuestos de ambas partes para ser analizados. En el trabajo se puede ver un análisis comparativo del presupuesto y el balance del Museo Nacional de Bellas Artes y su asociación de amigos.
  9. Actualmente, el capital inicial es a partir de $ 80.000 para las fundaciones y de $ 1000 para las asociaciones civiles, según la Ley n.º 19.836 (15/9/72).
  10. Matthew Bishop tomó el término “filantrocapitalistas” para referirse a los empresarios millonarios internacionales que hacen inversiones sociales a partir de sus fundaciones (Bishop y Green, 2008).
  11. Desde el campo de la Comunicación, M. P. Remacha Recio afirma: “La actitud hacia el museo no depende solo de cómo el individuo piensa la institución, sino también de cómo el individuo piensa que su actitud es valorada (estimada/apreciada/reconocida) por los demás” (2014: 137).
  12. Entendidas como políticas de responsabilidad social en el ámbito corporativo o de filantropía en el ámbito privado.


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