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3 Reproducción social y extractivismo minero en cuestión

El caso de un pueblo sanjuanino como evidencia de la desigualdad vivida

Franco Montaño

Introducción

Este capítulo recoge, parcialmente, los resultados de la tesis doctoral desarrollada por el autor[1]. El eje está puesto en comprender, en el marco de la expansión y consolidación de la megaminería a cielo abierto en Argentina, la profunda transformación de la estructura socioeconómica de la provincia de San Juan y la de los Departamentos alejados de los sitios en que se explotan las diferentes minas en operación[2]. En el caso particular de Iglesia, Veladero (la más grande de la provincia) generó intensas transformaciones en las condiciones objetivas de esta zona, de características predominantemente rural. De ahí, nuestro interés sociológico por los modos que adquiere la reproducción social de las unidades domésticas de la localidad iglesiana de Tudcum y las dinámicas de desigualdades sociales que se estructuraron en este pueblo; el más cercano[3], físicamente, a dicho enclave minero.

En Argentina, el modelo minero a gran escala no posee una larga tradición, por el contrario, su expansión es relativamente reciente y se ubica en línea con un fenómeno regional que abarca al conjunto de los países latinoamericanos. En tal sentido, se reconoce al menos dos fases diferentes: un primer momento, que incluye el periodo entre 1990 y 2001 que implicó la generación de nuevas normas jurídicas que favorecieron la implantación de capitales extranjeros, garantizando la institucionalización de los derechos de las megacorporaciones; y un segundo momento a partir de la pos crisis 2001, que continúa hasta la actualidad, y que se caracteriza por la generalización del paradigma extractivista, en clave minera, en virtud de su potencialidad como proveedor de los recursos necesarios para el desarrollo del modelo vigente.

El crecimiento económico experimentado durante la etapa de posconvertibilidad (período que coincide, casi por completo, con los tres gobiernos kirchneristas) significó la consolidación del capital minero (Moscheni y de la Torre, 2017) en Argentina. Al tiempo que, al compás de la política nacional, la provincia de San Juan fue virando de su histórico perfil agroindustrial, sustentado en la vitivinicultura y olivicultura, hacia otro con fuerte presencia del metal doré (aleación de oro y plata). La puesta en marcha del Plan de gobierno Giojista (2003-2015), denominado II Reconstrucción de San Juan, convirtió a la provincia en una zona importante de inver­sión, producción y exportación minera, particularmente de oro. Con la restauración de los principios neoliberales, de la mano de la gestión de Cambiemos, entre 2015 y 2019, se radicaliza el proceso expansivo de la megaminería en Argentina, llevando a fondo las concesiones del gobierno a este tipo de capitales.

En San Juan -independientemente de los cambios de gobierno ocurridos a nivel nacional y local, en las dos primeras décadas del Siglo XXI- la actividad minera extractiva ha sido preservada como núcleo duro de la matriz económica de la provincia. El Departamento de Iglesia constituye, así, un claro ejemplo de esta redefinición económica de la provincia por la importancia de la megaminería. Podríamos asegurar que este Departamento alejado del Gran San Juan adquiere participación en la economía provincial, a partir de que la mina Veladero comienza su ciclo de operación/explotación y primeras exportaciones en el año 2005.

A modo de ejemplo, el Producto Geográfico Bruto de San Juan, para el año 2018, representó el 1.42% del PBI nacional, significando un crecimiento del 59% -en términos reales acumulados- tomando como referencia el periodo 2004-2018, contra el 43% de la Nación, para igual periodo. A precios constantes, este indicador exhibió su valor máximo en el año 2013 ($8460 millones)[4], atribuido, según el gobierno provincial, al impacto de los proyectos megamineros en producción[5], y a la construcción, en el año 2009, del proyecto Lama-Pascua (Instituto de Investigaciones Económicas y Estadísticas, 2019).

Considerando este marco, nos preguntamos por los modos que adquiere la reproducción social de las unidades domésticas de la localidad iglesiana de Tudcum, y las dinámicas de desigualdades sociales que se estructuraron en este espacio rural. Cabe destacar que, si bien el referente empírico del trabajo es relativamente acotado, desde el punto de vista espacial, el análisis efectuado puede ser considerado ilustrativo de otras situaciones donde se verifica el impacto social de los modelos extractivos recientes de la minería y la agricultura en el capitalismo argentino.

La preocupación por abstraer características particulares de las prácticas de unidades domésticas, signadas por las profundas transformaciones del modelo extractivo de la minería, recomendaba la elección de un área geográfica fronteriza a este tipo de enclaves, en la cual poder profundizar en estos procesos y dinámicas. Para ello, abordamos, relacionalmente, el estado actual de las condiciones objetiva externas que, como marco de referencia, nos permite comprender las estrategias de reproducción social que orquestan las unidades domésticas del lugar, y las dinámicas de desigualdad social que se estructuraron a partir de la consolidación de la megaminería.

Este abordaje centrado en la reproducción social de las unidades domésticas constituye una bisagra estratégica para el análisis de una serie de cambios y dinámicas más generales de esta estructura social particular. El ensamblaje propuesto posibilita develar la existencia de distintos modos de reproducción social que permanecen o se modifican, en el marco de los factores estructurales que organizan la desigualdad de las condiciones objetivas externas de las unidades domésticas de dicha localidad, específicamente de aquellos relativos al mercado de trabajo, el sistema educativo, el acceso al consumo, etc.

Como perspectiva analítica de esta investigación recuperamos el estructuralismo constructivista de Pierre Bourdieu, privilegiando su función orientadora, a fin de comprender la especificidad de las estructuras observadas[6]. En este sentido, el estudio busca captar los dos sentidos que, según el autor francés, presenta la realidad social: uno objetivo y uno vivido (Gutiérrez y Mansilla, 2019). Para ello, triangulamos métodos y técnicas metodológicas de corte cuantitativo y cualitativo, con marcado énfasis en las segundas, dado que resulta el recurso más apropiado para conocer los significados que los agentes mantienen sobre sus prácticas.

Estos puntos de partida conducen a un capítulo estructurado en dos ejes: el primero, en el cual se presentan las condiciones objetivas del Departamento en el que se localiza nuestro referente empírico, las que, como haz de posibles, explican el conjunto de las estrategias de reproducción que las unidades domésticas de Tudcum orquestan cotidianamente. En la segunda sección, se analizan los modos de reproducción social sin enfatizar en las prácticas de ninguna categoría social en particular. De ahí, nuestra preferencia por la noción de estrategias de reproducción social, como concepto extrapolable a distintos agentes del espacio social, además de campesinos o productores (muy presente en los estudios rurales), o personas/familias en situación de pobreza y/o marginalidad (predominante en los estudios urbanos). Seguimos, en tal sentido, una tradición de la sociología que otorga un rol central a las unidades domésticas (como unidad de análisis) y sus estrategias en el proceso de reproducción social. En particular, nos centramos en las dimensiones económica, cultural/escolar y social de dicho proceso. En la sección final del capítulo se esbozan algunas implicancias del análisis efectuado.

Transformaciones territoriales

La reconstrucción del conjunto de estrategias de las unidades domésticas que hemos estudiado se inserta en procesos estructurales más amplios que implican necesariamente una mirada hacia cuestiones económicas, sociales y políticas iglesianas en particular, y sanjuaninas en general. La presente sección ofrece una mirada sobre cuestiones que hacen al contexto socioeconómico donde se insertó nuestra investigación. Como una suerte de fotografía instantánea del espacio social, en un momento histórico determinado (Gutiérrez, 2004), exponemos la evolución de las condiciones estructurales e históricas que, también, intervienen como factores explicativos de las estrategias de reproducción social.

Las estrategias de reproducción social que los grupos domésticos ponen en práctica se explican, parcialmente, a partir del volumen y estructura del capital que poseen, y a partir del estado de los principales instrumentos de reproducción social accesibles, así como la localización de estos últimos, en el territorio, (distancia de los establecimientos escolares, fábricas, centros comerciales, etc.). Estos constituyen las oportunidades objetivas que disponen los individuos y las unidades domésticas para aumentar (o reproducir) su capital. En tal sentido, consideramos que cualquier intento de comprensión y explicación del sistema de estrategias de reproducción social, quedaría incompleto si no explicitáramos las estructuras objetivas que fundan tales prácticas.

Valiéndonos de fuentes documentales y estadísticas y tomando los recaudos necesarios[7], reconstruimos información acerca de las condiciones objetivas externas[8] en las que, como límites y posibilidades, se reproducen las unidades domésticas de la localidad de Tudcum, signadas por la consolidación de la megaminería. A partir de la combinación de diferentes escalas de análisis (provincia, Departamento y localidad), expondremos los principales rasgos de la estructura económica, procurando una lectura relacional acerca de las transformaciones más resonantes de la estructura social sanjuanina, y, particularmente, del Departamento de Iglesia y el pueblo de Tudcum, tomando como periodo de observación la década larga que va de 2003 a 2019, signada, entre otras cosas, por la consolidación del modelo extractivo de la minería en Argentina.

De la vitivinicultura a la minería: el modelo primarizante como base de la estructura económica de San Juan

La estructura socioeconómica de San Juan y la de los Departamentos en que se radicaron los proyectos megamineros, han experimentado transformaciones significativas pasada la crisis de comienzo del Siglo XXI, traccionado –en gran medida- por la consolidación de la megaminería. Cabe destacar que esta provincia cuyana se encuentra en la diagonal árida sudamericana que cruza de Oeste a Este el territorio argentino; se organiza en oasis sustentados por ríos que los atraviesan. El territorio se destaca por la alta proporción que del mismo ocupan montañas, desiertos y travesías, característica que ha condicionado el patrón histórico de ocupación, localizando población y actividades productivas en los oasis de riego. En función de esta clasificación, la provincia cuenta con un oasis mayor, por su disponibilidad de suelo y agua, el de Tulum, Ullum y Zonda[9]; y los llamados oasis menores: Jáchal, Valle Fértil, Iglesia-Rodeo y Calingasta.

Figura 1. Localización de los oasis irrigados de la provincia de San Juan, República Argentina

Fuente: Nozica, et al., 2017: 3.

Como productora de bienes especializados de base agroindustrial y minera (commodities), la economía provincial depende, fundamentalmente, de sus recursos naturales. Históricamente, la principal actividad ha sido la agroindustria alimentaria, con sus principales ramas: vitivinícola en primer lugar; seguida por la olivícola, hasta los primeros años del siglo XXI, que es cuando la minería metalífera de exportación pasó a ocupar ese lugar de predominio en la macroeconomía provincial.

Si bien San Juan, históricamente, sentó su base económica en la actividad agroindustrial, con un importante perfil vitivinícola, el marco legal diseñado en los 90, favoreció la radicación de importantes inversiones extranjeras que cambiaron el perfil local hacia la minería metalífera de exportación, convirtiendo a la provincia en un territorio importante de inver­sión, producción y exportación minera, particularmente de oro, aportando el 50% de la producción nacional (Moscheni, 2019). De una escasa participación (3%) que exhibía en el año 2004, la minería pasó a representar un 18% en el año 2010, su máximo valor en la serie del Producto Bruto Geográfico provincial para el periodo 2004-2018.

En cuanto al Departamento Iglesia, se ubica al noroeste de la provincia de San Juan, a 200 km aproximadamente, de la capital sanjuanina. Se trata de un pequeño valle longitudinal, de rumbo norte-sur, recostado entre la Precordillera y Cordillera de los Andes, que posee una superficie de 20.527 km2 (22,08% del total provincial). Limita, al norte, con la provincia de La Rioja, al sur con el Departamento de Calingasta, al este con La Rioja y el Departamento Jáchal, y al oeste con la República de Chile.

El territorio habitable de Iglesia, “se reduce a los oasis delimitados por la red de riego u otras fuentes de agua (…) distribuyéndose su población en un conjunto de asentamientos menores, caseríos, puestos y parajes discontinuos generados por la presencia de este recurso” (Figura N.º 2) (Nozica et al., 2017).

Figura 2. Distribución y localización de asentamientos. Departamento Iglesia, provincia de San Juan

Fuente: Nozica, et al., 2017: 5.

En el conjunto de asentamientos de Iglesia existe una única localidad urbana, según la clasificación adoptada por el Sistema Estadístico Nacional, la villa cabecera de Rodeo (2.625 hab.). En la categoría de pueblos se encuentran Las Flores (822 hab.), Tudcum (699 hab.)[10], Villa Iglesia (661 hab.), Bella Vista (325 hab.) y Angualasto (316 hab.); entre los caseríos, que concentran menos de 100 habitantes, se ubican Pismanta, Zonda, Campanario, Tambillo, Malimán, Colangüil, Achango y El Chinguillo; y, finalmente, en la categoría “puestos” encontramos a Bauchaceta o las llamadas estancias de Guañizuil y Tocota (Nozica, et al., 2017).

Si nos remitimos a la población de Iglesia, el Censo 2010 la clasifica en: urbana, rural concentrada y rural dispersa. De los valores correspondientes a cada categoría, sobresale el porcentaje de población rural dispersa, seguida por rural agrupada. Ambas, concentran más de dos tercios de la población departamental. El Censo 2010, contabilizó 9099 habitantes en este Departamento, con lo cual el crecimiento intercensal (2001-2010) fue de un 35,1%; superando ampliamente a la provincia (9,8%) y el país. Este aumento en la población iglesiana podría estar asociado a un menor saldo migratorio departamental, que comienza a revertirse en el período 1980-1991 y se consolida en el siguiente, y también, por la implicancia de la actividad minera (Nozica et al., 2017).

Particularizando en el perfil, en materia productiva, de nuestro referente empírico[11], los cultivos tradicionales de los valles iglesianos son los forrajes, legumbres (poroto seco), cereales (maíz, avena) frutales y forestales. Las hortalizas se producen, fundamentalmente, para el autoconsumo de los hogares. De las 6.248 hectáreas disponibles del Departamento, solo se cultiva (en promedio) un 60% (3.660,8 ha), siendo Tudcum la que menor participación tiene (8,15%) en el conjunto de los asentamientos (CoPESJ, 2017). De este último total, el 90% corresponde a producción para el autoconsumo y el resto para comercialización.

Cabe señalar que el Departamento presenta una tendencia decreciente (en el periodo intercensal 2002-2008) en la cantidad de explotaciones agropecuarias, en un 37%; y cerca de un 50% desde la década del 80 al 2010. Entre los principales motivos sobresalen los cambios en los usos del suelo (loteo de propiedades con fines inmobiliarios), la escasez de agua y la falta de mantenimiento de la infraestructura hídrica existente, los históricos problemas para la comercialización de la producción, y el desarrollo de la actividad minera (la cual atrae gran parte de la mano de obra, principalmente por los salarios que paga). En la localidad de Tudcum, del total de hectáreas cultivadas el 90% corresponde a producción para el autoconsumo y el resto para comercialización.

La actividad ganadera en Iglesia (aves de corral, ganado bovino, caprino, ovino y equino) se destina al consumo local, y se desarrolla de manera informal, conviviendo con limitaciones importantes para su desarrollo, como, por ejemplo, la falta de capacitación técnica de los productores, la falta de infraestructura productiva, así como la escasez de hectáreas destinadas para esta actividad. (CoPESJ, 2017:151)

Con relación a la provincia, el desarrollo industrial de Iglesia es irrelevante y con un peso poco significativo en la estructura productiva. A 2016, se contabilizaban[12] 23 industrias (el 1,21 % del total provincial), dedicadas, básicamente, a la producción de madera y fabricación de productos derivados (aserraderos). El resto de la actividad se desarrolla a nivel de microemprendimientos. En la localidad de Tudcum, existe un solo aserradero de baja escala productiva.

Finalmente, en lo que respecta a la actividad turística, el Departamento Iglesia cuenta con abundantes atractivos, tanto naturales como culturales. Es un lugar apreciado, particularmente en verano, por sus cálidas noches. A pesar de ello, la actividad turística es endeble pese al fomento brindado al turismo rural[13], y las actividades recreativas desarrolladas en torno al Dique Cuesta del Viento[14] (Nozica, et al., 2017).

Focalizando en el pueblo de Tudcum, fue fundado en 1753; está ubicado a 13 Km de Rodeo, villa cabecera del Departamento, con el cual se comunica a través de la ruta provincial 413[15]. Se emplaza en un pequeño valle circundado por cerros, ingresando y egresando del lugar por el mismo camino. La calle principal (San Roque) está asfaltada y posee una tupida arboleda de álamos y sauces; cuenta con alumbrado público y sobre ella se localizan la seccional N.º 22 de la policía provincial, el Centro Cívico (sede de una delegación municipal, el Registro Civil y el Correo) y el Centro de Atención Primaria de Salud (Dr. León Tourres). En la misma calle se encuentran, también, la Escuela Ricardo Guiraldes (único edificio escolar del pueblo) y un galpón que funciona como terminal, de una empresa de transporte privado que comunica la capital sanjuanina con el Departamento.

En esta misma calle, siguiendo hacia al norte, se encuentra la única plaza del pueblo (Héctor Roco), que ocupa una manzana y constituye un significativo lugar de encuentro para los lugareños. Frente a ella se alza la capilla de San Roque, santo patrono del pueblo. Al final de esta larga calle se localiza el Club Sportivo Los Andes (creado en 1918), un complejo polideportivo a disposición de sus 380 socios activos, que acceden cada vez que lo requieren[16].

En cuanto a la actividad comercial se reduce a pequeños y medianos negocios esenciales (carnicería, verdulería, almacén, panadería, pequeños negocios de venta de calzado e indumentaria, etc.). El pueblo no cuenta con servicios de farmacia, ni financieros (por ejemplo: cajero automático). El servicio de internet es muy limitado y solo existe una empresa proveedora en todo el Departamento.

Principales rasgos de la matriz económica de la provincia y el departamento

De acuerdo al modo de desarrollo imperante en nuestro país, “con base en el eje pampa húmeda-litoral atlántico” (de la Torre y Moscheni, 2009), la provincia de San Juan se articula, periféricamente, como productora de bienes especializados de base agroindustrial y minera con características de commodities, configurando una estructura económica dependiente de sus recursos naturales.

Mientras en los 80 San Juan apostó por una inserción nacional con base en la exportación de productos agroindustriales, durante las décadas del 90 y 2000 cobra importancia la inserción exportadora a través de la minería metalífera, profundizando la primarización de la economía provincial, basada en recursos no renovables y con impacto ambiental negativo. Las bases exportables, como soporte central de la economía provincial (Gago, 1995), imprimió un perfil orientado hacia una reprimarización (mostos, pasas de uva, uva de mesa y metal doré), en detrimento de productos con mayor valor agregado.

Cabe destacar que la actividad minera en nuestro país fue impulsada durante los dos mandatos consecutivos de Carlos Menem (1989-1995 y 1995-1999), donde se aprobó por el Congreso Nacional una serie de leyes que la favorecían cabalmente, incluyendo exenciones y beneficios impositivos que no fueron aplicados a otros sectores de la economía. Si bien este marco legal se configuró en esta etapa, los gobiernos posteriores continuaron introduciendo normas y legislaciones muy favorables a la “nueva” minería (Giarracca y Teubal, 2013).

El sentido vivido de la desigualdad: las clases y sus modos de reproducción social en el medio rural sanjuanino

La presente sección gira en torno al conjunto sistematizado de prácticas que ponen en marcha para su reproducción, un conjunto de familias[17] residentes en una localidad rural (Tudcum) de la provincia de San Juan, Argentina. Se trata de un estudio sociológico, centrado en procesos históricos particulares, enlazados con las dinámicas sociales, económicas y políticas generales, especialmente signados por el proceso de expansión de la megaminería en el territorio provincial.

Las estrategias de reproducción social de estos hogares no son independientes del conjunto de relaciones objetivas y simbólicas que constituyen el espacio social global, con lo que explicar y comprender esas estrategias supone también la consideración tanto del contexto económico, social y político donde se desenvuelven, como de su evolución histórica, tal como expusimos en la sección anterior.

Al considerar las prácticas como estrategias, las entendemos como producto del sentido práctico (Bourdieu, 2011). Es decir, como la “habilidad” que disponen los agentes, para sacar el “mejor partido” a partir de sus condiciones objetivas y simbólicas (Gutiérrez y Mansilla, 2016). En tal sentido, procuramos alejarnos de enfoques que ligan el concepto con la acción planificada y el cálculo racional y consciente.

A través de las estrategias, las “familias” buscan reproducirse biológica y, sobre todo socialmente. Es decir, reproducir las propiedades que, como posibles o imposibles objetivos, le permiten conservar o mejorar su posición en la estructura de clases. Para ello, movilizan una serie de recursos (capitales, en términos de Bourdieu) que poseen, distribuidos en diferentes especies (económico, cultural, social y simbólico) y con un peso relativo (volumen y estructura del capital). En este sentido, “además de las diferencias que se establecen en la cantidad de los capitales disponibles (volumen), es posible observar estructuras de capitales diferenciadas, que constituyen “cuadros específicos de disponibilidad de recursos”, susceptibles de ser actualizados y/o reconvertidos, abriendo posibilidades a diferentes configuraciones estratégicas” (Gutiérrez, 2004: 191).

Cabe destacar que el conjunto de las estrategias de reproducción social lo comprendemos a la luz de la composición y del ciclo reproductivo por el que atraviesa cada unidad doméstica. En este sentido, adoptamos la siguiente clasificación:

Primer ciclo de vida: unidades sin hijos o con hijos pequeños (hasta 13 años), en las cuales la responsabilidad de la reproducción familiar está por completo en manos de los padres. Segundo ciclo de vida: aquellas unidades en las cuales existen hijos grandes (por lo menos un hijo entre 14 y 25 años) que pueden participar o no en la reproducción, pero en las que, igualmente, la responsabilidad mayor por la reproducción sigue recayendo en los padres. Tercer ciclo de vida: aquellas unidades en las cuales los hijos son grandes (todos mayores de 14 años) y pueden estar incorporados al mercado de trabajo, siendo capaces de aportar económicamente al hogar y en algunos casos, de asumir por completo la responsabilidad del mantenimiento del mismo” (Peiró, 2005:16).

El conjunto de prácticas desplegadas en los distintos hogares es comprendido de acuerdo a la posición que éstos ocupan en el espacio social construido de Tudcum, signado por intensas transformaciones socioeconómicas. En tal sentido, tomamos en cuenta, para su construcción, tres especies de capital: económico, cultural y social. Prestando especial atención, no solo a la cantidad de recursos que cada unidad doméstica posee de manera global, sino a “la proporción que cada una de las tres especies de capital presenta en cada caso particular, conformando, de ese modo, “cuadros específicos de disponibilidad de recursos” susceptibles de ser actualizados o reconvertidos” (Gutiérrez, 2004:193).

El análisis de las clases o posiciones sociales exige un desafío analítico que visibilice el sentido práctico de las familias, en el marco de las relaciones de desigualdad objetiva entre ellas. Las transformaciones socioeconómicas que ha experimentado nuestro espacio social de observación, impulsado por la expansión y consolidación de la megaminería, desvela lógicas de acción que estructuran el sentido práctico de cada agente, determinando, desde el propio lugar que éste ocupa, lo realizable para él o para su grupo (Gutiérrez y Mansilla, 2019). Este ejercicio sociológico de clasificar (enclasar) a partir de proximidades y distancias, al conjunto de casos analizados, constituye un imprescindible punto de partida con el cual comprender los modos de reproducción social de cada grupo doméstico de la localidad de Tudcum.

Con base en relatos de prácticas, emergentes de las entrevistas, trabajamos con un corpus de discursos producidos en diferentes condiciones, susceptibles de ser relacionados y sometidos a un análisis comparativo de las trayectorias[18] de cada unidad doméstica.

El análisis incorpora una mirada centrada en las estrategias de inversión económica (capital económico) de las unidades domésticas, a partir de los recursos monetarios y no monetarios que disponen para su mantenimiento y reproducción, a la luz de los límites y oportunidades que brindan los principales instrumentos de reproducción del Departamento Iglesia. En este sentido, consideramos: ingresos monetarios del referente de hogar (varón o mujer); ingresos monetarios del/la cónyuge, indagamos en la ocupación (tipo, calificación y forma de contratación) del/la referente, su cónyuge (según corresponda) y demás integrantes de la unidad[19]; los ingresos derivados de actividades complementarias a la principal; la percepción de transferencias formales del Estado y de otras instituciones (iglesia, ONG, etc.), así como las informales que provienen de las redes de intercambio y ayuda mutua. También reparamos en el modo de tenencia de la vivienda, su calidad, los servicios con los que cuenta, la disponibilidad de vehículos, el acceso al crédito (tenencia de tarjetas de crédito, débito, préstamos, etc.).

Teniendo en cuenta que el capital económico no se reproduce en el espacio social independientemente de los demás capitales, incorporamos el análisis de las estrategias de inversión escolar (subespecie del capital cultural) de las unidades domésticas. Dado que el campo escolar es un universo fundamental en la reproducción de la desigualdad y legitimación de las diferencias (Gutiérrez y Mansilla, 2016), analizamos las inversiones escolares de cada hogar, el papel que sus miembros le atribuyen al sistema educativo, y las representaciones acerca de las trayectorias escolares propias. En tal sentido, indagamos en el nivel de escolarización formal alcanzado por el/la referente del hogar, así como de su cónyuge. De igual manera, preguntamos sobre la adquisición de otros aprendizajes (extraescolares) por parte de ambos; y, finalmente, por el nivel de escolarización formal más elevado alcanzado por los hijos/as, residan o no en la unidad doméstica.

En cuanto al capital social, lo analizamos relacionalmente al abordar el capital económico y cultural de los casos. De este modo, focalizamos en la red de relaciones que cada unidad, o determinados agentes de ella, moviliza en beneficio del núcleo, con el fin de aportar bienes, servicios y también información. Puntualizamos en dos indicadores: uno, referido a las ayudas concretas que recibe algún miembro de la unidad, y el otro, ligado a la participación en instituciones del pueblo o fuera de este.

Desde el enfoque teórico en el que descansa este estudio, consideramos que las posiciones de las diferentes clases no son estáticas, sino que se han ido transformando al recurrir a diferentes estrategias de reproducción social. Es por ello que el análisis que presentamos, de aproximación netamente cualitativo, del espacio social de Tudcum, exige encuadrarlo en su composición actual, pero también en sus mutaciones.

A partir de dimensiones como el ciclo vital o reproductivo, los diferentes “cuadros de disponibilidad de recursos” -resumidos en la primera sección de capítulo- presentamos a continuación las estrategias comunes y diferenciales que se desarrollan en el contexto del hogar.

Clase alta

El sector social que podríamos clasificar como el más favorecido de Tudcum está compuesto por unidades domésticas que poseen un alto volumen global de capital, sobre todo económico. Esta reducida franja social se ha consolidado como un “nuevo empresariado”, estrechamente conectado a la expansión y consolidación de la megaminería en la zona. En este sentido, el principal sostén de estos hogares (varón o mujer), participa económicamente a través de la propiedad o dirección de grandes (más de 40 empleados) y medianas empresas (5 y menos de 40 empleados). En general, es una capa representada por familias que tienen capacidad de acumulación y que se patentiza en la escala de su producción, su nivel tecnológico, etc.

Este reducido sector social (tradicionales comerciantes del pueblo) ha adquirido un perfil empresarial que no solo se evidencia en la contratación de mano de obra (local y/o provincial) sino, también, en la profesionalización del manejo de sus emprendimientos (adopción tecnológica, relación directa con el conocimiento experto, etc.). Estos referentes, ocupados de la gestión y la toma de decisiones, recurren al asesoramiento de distintos especialistas; en este sentido, es habitual la contratación de servicios específicos de profesionales que conozcan determinados mercados, o el funcionamiento particular de una determinada tecnología.

Apoyados en el alto nivel de instrucción que poseen, en algunos casos, complementan la actividad independiente con el desempeño de trabajos de categoría profesional, en el ámbito del Estado municipal (asesoramiento) lo cual permite entrever la red de relaciones con las que cuentan y que se revierte en la red de información y contactos que poseen.

Los emprendimientos de estos referentes surgen, o se potenciaron, al mismo tiempo que la mina Veladero comenzó a operar. Hablamos de proveedores directos de bienes y/o servicios a la minería de “alta gama”, una de las principales aristas, junto a la generación de empleo local, de la política que este tipo de empresas (como Barrick Gold) despliega en las comunidades de influencia.

La clase alta construida de este pequeño pueblo rural, poseen un alto patrimonio global de capital, donde el económico es el dominante. Sin embargo, cabe aclarar que sus posibilidades de expansión y participación en el actual esquema económico se asocia a que estas posiciones son producto de acumulaciones previas (tradicionales comerciantes, como dijimos), tanto en términos del capital económico que controlan, como de los capitales sociales y culturales que ponen en acto.

En términos generales, hablamos de referentes con grados de instrucción alto: nivel universitario completo o secundaria completa, pero con niveles agregados de capacitación (cursos de computación, administración, etc.). La migración hacia centros urbanos de mayor tamaño (Jáchal o la ciudad de San Juan) dentro de la misma provincia, se encuentra vinculado a la intención de proseguir estudios superiores a la educación básica (primaria y secundaria).

En lo que atañe a las situaciones familiares de estas unidades domésticas, podríamos decir que se asocian a una cantidad reducida de miembros (es decir, pocos o ningún hijo/s a cargo), a la vez que transitan el primer o segundo ciclo familiar reproductivo. A esto se suma otra característica, que remite a los estilos de vida[20] de estas familias, en los que el consumo aparece como un importante marcador de clase. La monetización generada por la expansión de la minería abrió, para algunos sectores del pueblo (sobre todo alto y medio alto), el acceso al consumo de bienes y servicios y la realización de prácticas de entretenimiento y ocio, impensables hasta entonces. De este modo, la posesión de determinados bienes se convirtió en un signo que comunica la clase.

En efecto, se generaron nuevas modalidades de reproducción social sustentadas en la capacidad de compra, representando un marcador de clase. En el caso de las posiciones altas de Tudcum, el estilo de vida es notoriamente diferencial, son poseedores de casas y vehículos representativos de las clases dominantes urbanas, que rompe con la morfología de este pueblo rural. A su vez, la capacidad económica de estos hogares se patentiza en el acceso a determinados consumos y prácticas tales como: viajes internacionales, hobbies suntuarios, adquisición de bienes inmuebles en zonas residenciales de la capital sanjuanina, etc.

Claramente, son posiciones en que las que el volumen global de capital está dominado por el capital económico, articulado directamente a la expansión y consolidación de la minería en la zona. Es por ello que demanda considerables inversiones para su mantenimiento y/o acumulación sostenida, a fin de garantizar modos de reproducción con previsibilidad.

La eficacia del capital social que poseen los referentes de estas unidades domésticas se revierte en importantes tasas de conversión en lo económico y simbólico. En este sentido, advertimos su participación en diferentes instituciones claves de la zona (Cámaras locales de proveedores mineros, Clubes o Unión Vecinal), espacios que presiden o en el que ocupan cargos directivos, lo cual los coloca en una posición de privilegio que se ha consolidado a partir de la expansión de la megaminería.

La heterogénea región media del espacio de posiciones

En la región media del espacio social rural analizado advertimos dos fracciones bien diferenciadas: una que clasificamos como medio-alta, y otra capa medio-baja. La existencia de considerables discontinuidades en la distribución de bienes actúa como frontera dentro de esta región del espacio social. En cuanto a la primera fracción (media alta), encontramos hogares que responden a posiciones en las que su referente desarrolla una inserción laboral basada en la venta de fuerza de trabajo calificada, vinculada a ocupaciones estatales (docentes, enfermeros, etc.), como asalariados de planta permanente del Estado nacional o provincial, o bien como trabajadores independientes.

En este grupo, dicha inserción guarda relación con su capital cultural (capital escolar asociado a formación terciaria o secundaria completa, pero con niveles agregados de capacitación). En estos casos, el acceso a mejores puestos de trabajo se relaciona, en gran medida, con el nivel educativo del referente. La migración, en este sector, representa, al igual que la clase alta, un rasgo típico en lo que respecta a la obtención de mayores credenciales escolares.

Esta fracción está representada por jefes/as de hogar que desarrollan ocupaciones asociadas a los servicios sociales: educación (docentes) y salud (enfermeros o agentes sanitarios), o a emprendimientos personales de pequeña escala[21] (proveedores de servicios locales) dirigidos a la minería o a algún organismo estatal. Se trata, en general, de un sector que aprovecha, a su favor, ciertos mecanismos de objetivación de su capital escolar y sus instancias de legitimación en el mercado laboral.

Al mismo tiempo, advertimos considerables inversiones en el capital escolar de los hijos, apostando por la calidad de la oferta educativa de la capital provincial, en detrimento de la local. En algunas unidades domésticas de esta capa media alta, la megaminería forma parte del haz de estrategias de inversión económica, a través del desarrollo de emprendimientos que constituyen una forma de complementar el salario estatal, con efectos directos sobre otros capitales (por ejemplo, el escolar de los hijos). De este modo, el emprendimiento, surgido a partir de la expansión minera en la zona, no logra convertirse en la actividad o el ingreso principal de estos hogares, sino que ocupa un lugar secundario, identificado como la vía que puede permitir una permanencia más prolongada de los hijos en el sistema educativo.

El modelo económico de la provincia, asociado a la minería extractiva, es valorado positivamente por gran parte de estas unidades, sobre todo por las divisas y los cambios en los estilos de vida que generó y que se revierte, por ejemplo, en la renovación del parque automotor, en la adquisición (o mejoramiento) de la vivienda familiar, en la posibilidad de enviar los hijos a estudiar a la ciudad, etc. Ahora bien, existen otros hogares de esta fracción en los que la minería es ajena a la reproducción cotidiana del hogar.

En cuanto a la otra fracción analítica (media baja) de la región media, podemos señalar que corresponde a hogares que se caracterizan por tener referentes de hogar que venden su fuerza de trabajo de baja o media calificación, asociado a un menor volumen de capital cultural. En este sentido, se trata de sectores con un volumen global medio-bajo de patrimonio. En este tipo de familias, el principal sostén (varón o mujer) posee calificaciones laborales operativas asociada a niveles de instrucción que van del primario completo al secundario incompleto. Entre las principales estrategias laborales destaca el cuentapropismo (propietarios de pequeños almacenes, gomería, lavadero de auto, etc.), asalariados de la administración pública (maestranzas y personal de mantenimiento de espacios públicos, etc.), asalariados del sector privado formal, ligado a la minería (ayudantes y operarios de camiones) y pequeños productores agrícolas.

Al interior de este sector (más numeroso y heterogéneo en relación con la clase alta y a la fracción opuesta de esta región media) es posible recortar grupos con base en determinadas regularidades y diferencias: por un lado, unidades domésticas con referentes de mayor edad (más de 50 años), vinculados a empleos en la administración pública y la actividad productiva; y, por otro lado, hogares compuestos por jefes/as de hogar más jóvenes (entre los 30 y los 50 años de edad), asalariados del sector privado formal (minería) y cuentapropistas[22]. La situación familiar se asocia, particularmente, con hogares cuyos miembros están unidos o casados, mayormente; y por ciclos familiares de reproducción ligados a la segunda y tercera etapa.

Aquellas familias en las que su referente desarrolla alguna ocupación ligada al ámbito estatal, lo hacen en condición de empleado de planta permanente, con más de 20 años de antigüedad, lo que nos permite deducir trayectorias laborales protegidas en este grupo. En este sentido, cabe destacar que se insertaron en la administración pública por la intermediación de algún contacto político, propio o de la familia.

En este sentido, hay que mencionar que el empleo en la administración pública municipal, al menos en nuestra área de estudio, experimentó profundas transformaciones en las últimas décadas, convirtiéndose en un refugio de ocupaciones que, si bien revisten rasgos de precariedad, son relativamente estables, aunque la continuidad en ellas es percibida por los informantes a partir de cuestiones político-partidarias o idiosincrásicas.

En tal sentido, hablamos del creciente número de contratos administrativos de colaboración de servicios, que, junto a la megaminería, se han transformado en dinamizadores local del empleo. Estas ocupaciones estatales, predominan en las posiciones más desfavorecidas de este pueblo y, sobre todo, en las mujeres.

El otro polo del mercado laboral estatal está representado por la reducida planta permanente de la administración municipal. Al margen de que este tipo de ocupaciones estables garantiza modos de reproducción con previsibilidad, los referentes de hogar se ven condicionados a desarrollar actividades complementarias frente a los depreciados sueldos estatales. En algunos casos, a través de microemprendimientos forzado por la necesidad, ligados a la megaminería (confección de ropa de blanco, por ejemplo), o changas de construcción.

En el caso de los microemprendedores, el proyecto no ha logrado consolidarse como alternativa generadora de ingresos que permita dejar de lado otras opciones, configurándose como una fuente funcional a la hora de diversificar los ingresos para el mantenimiento y reproducción del hogar.

En este grupo de clase media baja encontramos, también, referentes de hogar que venden su fuerza de trabajo, de media o baja calificación, al mercado primario (Barrick) o secundario (empresas contratistas internacionales, nacional o provinciales) conformado alrededor de la compañía minera transnacional. El pueblo de Tudcum posee, con relación a su población total, un número significativo de asalariados del sector minero. De los 500 iglesianos que trabajaban en esta actividad, al finalizar el año 2019, aproximadamente 85 eran de esta localidad; resultando segunda en importancia, después de Rodeo, en cantidad de ocupados indirectos, y cuarta, en número de empleados directos de la empresa Barrick (Barrick, 2018).

Hablamos de operarios, que por primera vez acceden a un empleo estable, con cobertura sanitaria, derechos sociales plenos y aportes previsionales, situación impensable en el panorama laboral rural de la zona. En el caso de los jefes de hogar varones, encontramos una inserción temprana (de manera informal y precaria) en ocupaciones agropecuarias, único horizonte posible hasta la llegada de minería. En estas unidades domésticas sus miembros transitan el primer o segundo ciclo reproductivo, y el salario proveniente de la minería constituye el principal ingreso monetario del hogar. En todos los casos, el capital social, propio o familiar, facilitó el ingreso al empleo formal.

Ahora bien, en aquellas unidades domésticas, en las que la estructura patrimonial está ligada a un salario formal y relativamente elevado, representado por la minería, éste claramente imprime diferencias significativas en las estrategias de mantenimiento y reproducción, así como en la trayectoria y calificación laboral de cada referente de hogar. En este sentido y analizadas en conjunto, observamos trayectorias laborales que transitan en un continuum que se inicia en ocupaciones precarias (sin calificación) mediadas por largas experiencias de desempleo, y culminan en el acceso a un trabajo de ingreso medio con protección social plena y calificación operativa. Claramente, este aspecto resulta de importancia en un espacio social que presenta márgenes estrechos para la reproducción social. La vinculación de estos referentes al mercado de trabajo formal se patentiza en estrategias orientadas no solo al mantenimiento del grupo familiar, sino a lo habitacional (refacción o adquisición de una nueva vivienda) recreativas, etc.

Como expusimos, en las unidades domésticas cuyo principal sostén es empleado en el sector minero, representa la primera experiencia de un empleo formal y con acceso al derecho de la seguridad social, así como la posibilidad de adquirir calificación operativa, a través de saberes prácticos y oficios (mecanismos de educación informal), que ha generado una especie de movilidad ocupacional (Kessler y Espinosa, 2003) individual. Asociado a esta condición aparece el acceso a determinados recursos materiales y simbólicos satisfactores de necesidades que garantizan el bienestar familiar, etc.

Sin embargo, una de nuestras hipótesis interpretativas indicaba que la llegada de la megaminería, además de polarizar, segmentó la estructura ocupacional de la zona. El ingreso a la empresa Barrick consta de un proceso de selección y reclutamiento minucioso que, contabilizado en tiempo, puede durar hasta dos meses y medio, entre entrevistas, examen preocupacional, pedido de antecedentes personales, etc. Por ello, el ingreso y permanencia en la multinacional no es sencillo; conlleva tiempo y un cúmulo de trámites ajenos a las prácticas cotidianas de estos pobladores, constituyendo un obstáculo difícil de sortear. La falta de experiencia en el peregrinaje institucional y la falta de conocimiento del pulso urbano, autolimita la aspiración laboral. Como contrapartida, se opta por las empresas contratistas (fundamentalmente locales y provinciales), menos rigurosas en la selección y el reclutamiento, de rápido ingreso, y salida también. La diferencia entre estas firmas y Barrick, es considerable en cuanto a lo salarial, el periodo de contratación (supeditado, en el caso de las contratistas[23], a la estacionalidad laboral que marca el riguroso clima de cordillera), la imposibilidad de hacer carrera, entre otras. De este modo, advertimos la incapacidad de estas ocupaciones para convertirse en un oficio, que organice los recorridos personales y garantice la reproducción de los hogares (Craviotti, 2010:24). En este sentido, el impulso modernizador que podría suponer la expansión de la minería a gran escala en esta zona, no hace otra cosa que profundizar la desigualdad del restringido mercado de trabajo local.

En cuanto a las unidades domésticas en las que su principal sostén es trabajador independiente, su participación en el mercado laboral es a través de la propiedad de pequeños comercios minoristas (almacén, tienda de ropa y calzado, lavadero de autos, gomería, etc.). En general, son familias que atraviesan el primer ciclo reproductivo familiar; es decir, la responsabilidad de la reproducción familiar recae por completo en los padres. En algunos casos, se optó por dejar la condición de asalariado (en la minería) por la actividad independiente, sopesando factores extraeconómicos como la unión familiar.

Finalmente, en esta fracción de posiciones media baja incluimos al conjunto de unidades domésticas en las que su principal sostén desarrolla alguna actividad productiva orientada a la comercialización. En el marco del retroceso que sufre el sector agropecuario en el Departamento, y particularmente la localidad de Tudcum, entrevistamos referentes dedicados a la producción apícola, ganadera y agrícola que comercializan subordinadamente su producción.

Se trata de pequeños productores dedicados, en su mayoría, por completo a esta actividad. Nos referimos a hogares que, en general, transitan un tercer ciclo reproductivo; su principal sostén sobrepasa los 60 años de edad y se encuentra retirado del mercado laboral. En efecto, los ingresos variables de esta actividad son combinados con ingresos regulares, provenientes, en la mayoría de los casos, de algún beneficio previsional (jubilación o pensión). En aquellas unidades en las que su referente es activo, la inserción en el mercado laboral se produce de manera informal, vía contrato municipal.

En cuanto a las características de las actividades prediales, trabajan pequeñas unidades o parcelas productivas, con un bajo nivel de tecnología. A su vez, predomina la baja proporción de capital fijo y la utilización predominante de mano de obra familiar. En este sentido, la producción es llevada a cabo, fundamentalmente, por el grupo doméstico.

La mayoría de estos pequeños productores carece de la propiedad de la tierra que cultiva, por lo tanto, la explotan mediante contratos de arrendamiento. Debido al clima seco de estepa, caracterizado por un bajo nivel de precipitaciones y alta exposición solar, la actividad agropecuaria se desarrolla bajo condiciones de total incertidumbre, fundamentalmente por la imposibilidad de determinar la ocurrencia de determinados eventos vitales, como la disponibilidad (en cantidad y tiempo) del agua, proveniente de los deshielos de la cordillera, así como el uso de este recurso, en magnitudes considerables, por parte de la megaminería[24]. De allí, que algunos productores confluyen en una lectura común que vincula la expansión de esta actividad extractiva con la disminución de la otra. Todas estas limitaciones aumentan la variabilidad en la producción, dada la heterogeneidad de las condiciones agroecológicas (suelos, topografía y clima).

En el marco de estas condiciones objetivas, algunos cultivos no entran en el circuito de la comercialización, sino que contribuyen para lo que los productores denominan el gasto o autoconsumo de la familia. Los productos que se comercializan (miel, ganado vacuno, papas, etc.) se encuentran supeditados, mayormente, a la demanda que se tenga en la zona, sin posibilidades de colocarla en otros mercados más que el pueblo, el Departamento y, excepcionalmente (dependiendo de la calidad del producto), en la capital provincial. En este sentido, los productores de esta localidad detentan una posición de subordinación debido a que el volumen de su participación en el mercado es pequeño.

Clase baja o los “perdedores” del modelo

Esta clase se corresponde con los hogares más desfavorecidos del pueblo: por un lado, aquellos en los que su principal sostén se inserta informalmente en el mercado de trabajo, vendiendo su fuerza de trabajo a través de un contrato administrativo de servicios de colaboración (monotributistas) en el estado municipal, y por el cual no perciben aportes ni beneficios sociales y obtienen remuneraciones por debajo de la línea de pobreza[25]. Por el otro, identificamos grupos domésticos en los que su referente (varón o mujer) se encuentra desocupado y realiza changas, y es perceptor de algún programa social.

Estas posiciones se caracterizan por poseer muy bajo volumen patrimonial, tanto en lo económico como en lo cultural. Respecto a las principales características de esta clase, observamos una mayor presencia de referentes femeninos. Asimismo, podemos señalar que, en el conjunto de los recursos monetarios del presupuesto familiar, la recepción de políticas sociales por transferencia de ingresos (Asignación Universal por Hijo, Asignación por Embarazo, etc.) adquiere un peso significativo.

En algunos casos, la situación familiar se asocia a hogares con una mayor cantidad de miembros, lo cual gravita desfavorablemente sobre su reproducción, si consideramos la tasa de dependencia. Otra característica es la posesión de viviendas sencillas o precarias (propias o alquiladas) y alejadas del trazado principal del pueblo y los principales servicios. Tal situación de vulnerabilidad se traduce en una importante acumulación de desventajas (Saraví, 2006).

Como señala Bourdieu, el espacio habitado funciona como una especie de simbolización espontánea del espacio social (Bourdieu, 1999: 119). En algunos casos, las viviendas (de materiales de baja calidad y sin ningún tipo de seguridad) han sido edificadas sobre un cordón de lomas que rodean al pueblo. Este tipo de construcciones predomina en la estrategia habitacional de las posiciones más bajas del pueblo.

En el caso de los referentes que al momento de la entrevista se encontraban desocupados, está representado por los grupos más jóvenes de la población que, frente a la intermitencia de ingresos monetarios y la falta de un empleo estable, se ven impedidos de concretar estrategias de neolocalidad, emergiendo la corresidencia (con los padres o suegros) como la estrategia habitacional inevitable, permeada, en algunos casos, por el hacinamiento. En este tipo de prácticas se combinan una serie de arreglos familiares y de organización domestica que exceden el solo hecho de “comer de una misma olla”, sino que remiten al cuidado de los hijos, por parte de los miembros adultos (madres, abuelas, etc.), que aseguren la reproducción social del grupo doméstico extendido.

En el caso de los hogares con jefatura femenina, la trayectoria de las referentes es una sucesión de situaciones laborales discontinuas y en condiciones permanentes de informalidad. Siempre a través de contrataciones laborales alejadas de los rasgos del empleo típico (estabilidad y cobertura social plena), que se agrava por la concentración, en sus espaldas, de las tareas ligadas a la producción y reproducción de la unidad.

En esta clase construida de bajos recursos, ubicamos, también, hogares en los que su principal sostén se inserta informalmente en la administración pública municipal, a través de contratos administrativos de servicios de colaboración. En los últimos años, el Departamento Iglesia ha experimentado una expansión significativa de esta forma de empleo público. En este sentido, asociamos estas ocupaciones a un programa de compensación social del Estado municipal, frente a la ausencia de otras alternativas de empleo respecto a la megaminería, y a los altos niveles de desocupación que presenta este Departamento. De este modo, estas formas precarizadas de empleo estatal, operaría como una respuesta, en términos de regulación social, frente a las desigualdades socio-ocupacionales que acentuó la megaminería en el mercado laboral de la zona.

Pese a la precariedad laboral que envuelve a estas estrategias laborales, es valorizado, por los pobladores, por su relativa estabilidad como fuente de ingresos. A las bajas remuneraciones que perciben como asalariados no registrados se combinan ingresos provenientes de distintas ocupaciones, también, informales (changas de construcción, servicio doméstico, venta de cosméticos, etc.) o con la percepción de programas sociales, principalmente AUH, o el desarrollo de algún cultivo de hortalizas y/o legumbres, como una forma marginal de producción, orientada a mejorar la dieta y complementar los bajos ingresos monetarios de la unidad.

En estas posiciones más desfavorecidas del espacio social el mercado (representado por la minería) parece no condicionar la reproducción social del hogar. Frente a un mercado de trabajo restringido, el Estado adquiere un papel activo y significativo, en términos de cobertura, a través de la política social, y la expansión del sistema de contrataciones, en el caso de Iglesia.

En un territorio donde el modelo económico gira en torno a la megaminería, las desigualdades se patentizan, entre otras dimensiones, en la estructura económico-ocupacional. De este modo, la intervención estatal desempeñaría un papel de compensación ante la acción disgregadora de este actor del mercado local, que se trasluce en la reproducción social de estos hogares menos favorecidos.

Reflexiones finales y elementos para seguir pensando

El presente capítulo constituye una aproximación explicativa-comprensiva del conjunto de estrategias de reproducción social que ponen en marcha un conjunto de unidades domésticas, y la dinámica de la desigualdad social en la estructura del espacio social de dichas unidades. Tomando como caso paradigmático la expansión y consolidación, en las últimas décadas, de la megaminería en la Argentina, y como referente empírico un área geográfica rural de la provincia de San Juan, zona de influencia directa de uno de los principales proyectos mineros de nuestro país (Veladero), focalizamos en la consideración simultánea de algunas dimensiones analíticas, con el propósito de rescatar los aspectos objetivos y simbólicos, sincrónicos e históricos de los diferentes procesos implicados en nuestro objeto de estudio.

En el marco de la globalización turbulenta (Gudynas, 2012) que crece a escala mundial, asistimos a un intenso cambio de paradigma productivo (acumulación por desposesión Harvey, 2005), del que nuestro país no es ajeno, y que la bibliografía nacional especializada clasifica como modelos extractivos de la minería y la agricultura. Bajo este modelo de reprimarización económica descansa la fase actual del modo de desarrollo en Argentina, del que la minería a cielo abierto en la provincia de San Juan, resulta paradigmática.

Articulada periféricamente, respecto a la economía nacional, como productora de bienes especializados de base agroindustrial y minera (con características de commodities), San Juan ha configurado una estructura económica que depende, fundamentalmente, de sus recursos naturales. Los rasgos indicados se ponen de manifiesto en el Departamento de Iglesia, donde verificamos la redefinición económica de San Juan por la megaminería. Movidos por el interés sociológico, nos interesamos en las implicancias de esta mega-actividad privada en la vida social de una pequeña localidad iglesiana (Tudcum), la más próxima, físicamente, a la mina Veladero.

Ese espacio social construido nos permitió la identificación de prácticas comunes y diferenciales, desplegadas por las unidades domésticas analizadas, abarcando el sistema de estrategias de reproducción social: las estrategias laborales y de obtención de ingresos, las estrategias de inversión en el campo escolar, las estrategias habitacionales, las relativas a la organización doméstica, las estrategias de inversión de y en capital social (llevadas adelante de manera colectiva o individual), en la etapa de consolidación de la megaminería en el territorio.

Las estrategias desplegadas por los grupos domésticos se explican en el sistema de los instrumentos de reproducción social disponibles que, al mismo tiempo, ofrece un rendimiento diferencial a las distintas clases o fracciones de clase, si los analizamos relacionalmente. Desde este presupuesto, reconstruimos las condiciones objetivas que se han presentado a lo largo del periodo observado en este estudio, y que sin duda condicionan el cuadro de recursos disponibles de los grupos familiares, así como las posibilidades de inversión y de reconversión de las diferentes especies de capitales.

Cabe destacar, que lejos de la relevancia discursiva que le otorgan los gobiernos locales de turno, el empleo minero es una de las actividades de menor participación en la estructura laboral de San Juan. Todas las empresas vinculadas al sector de minas y canteras (incluidas las no metalíferas) representan, en promedio, menos del 4% del empleo local, absorbiendo solo un 2% de la PEA sanjuanina. Sin embargo, es una de las pocas actividades económicas de San Juan que no contempla el trabajo informal, directo o indirecto, lo cual contribuyó a la formalización del empleo, particularmente en empresas pequeñas locales, ligadas a esta cadena. Asimismo, en el conjunto de las actividades del sector privado, es la que paga los salarios más altos, en relación con el sueldo promedio en la provincia, en términos absolutos. Esta formalización y nivel de ingresos son otros de los elementos invocados para legitimar la actividad.

En cuanto al mercado laboral de Iglesia, el sector público en todas sus jurisdicciones (nacional, provincial y municipal), es uno de los mayores empleadores, seguido de lejos por la actividad minera, la construcción y los servicios. La elevada desocupación que presenta el Departamento afecta considerablemente, al igual que en la provincia, a la población juvenil y a las mujeres de forma estructural. La informalidad laboral, es elevada en esta zona rural, afectando gravemente a los hogares pobres del lugar.

La escasa oferta laboral que ofrece la minería se contrapone a la creciente precariedad del empleo municipal (corporizado en contratos administrativos de servicios de colaboración); que –en parte- se sostienen por las regalías de esta actividad y que, a nuestro entender, funcionan como un colchón de contención de mayores niveles de desocupación y pobreza. En efecto, la nueva minería si bien dinamizó el mercado laboral de este lugar, no alcanza a cubrir la demanda de trabajo de los pobladores, y al mismo tiempo contribuye de manera decisiva a la segmentación de la estructura laboral de Iglesia.

La diversidad de casos ilustrados, basada en las estrategias de reproducción social, constituye una cartografía social, que nos aproxima a las clases (y fracciones de clase) de la localidad de Tudcum, a partir del conjunto de recursos (fundamentalmente económicos y culturales) que disponen estas unidades domésticas. A través de este análisis, de corte cualitativo, llegamos al sentido práctico de los agentes, sentido ajustado a las divisiones sociales en las que se inscriben, y que desvela las relaciones de desigualdad objetiva entre las distintas clases y fracciones, así como del contexto más general en el que estas discurren.

A medida que construimos los distintos tipos de posiciones sociales, y sus modos de reproducción social, nos encontramos con un pueblo condicionado directamente por la actividad minera, en el que, a modo figurativo, se estructuró una pirámide social con un vértice bastante angosto, representado por un pequeño grupo que, al calor de la minería, ha logrado mejorar su posición social, y una base de mayor espesor conformada por los sectores medios bajos y bajos del pueblo. Para el primer grupo, la megaminería es su principal estrategia de reproducción sostenida, y ha sido la base para mejorar sus estilos de vida, mientras que, para el resto, constituye una posibilidad eventual sin constituirse en una estrategia organizadora de la existencia, o bien resulta ajena a la reproducción social como en el caso de los perdedores del modelo minero por el que apuesta el Estado provincial.

El caso de San Juan, resulta una especie de laboratorio que evidencia la consolidación de este modelo disgregador en una provincia que garantiza la reproducción ampliada del capital minero, ofreciendo todo tipo de concesiones.

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  2. Veladero, en Iglesia (2003); Gualcamayo, en Jáchal (2007) y Casposo, en Calingasta (2009).
  3. 150 km aproximadamente.
  4. Al año inicio de la serie (2004) dicho valor fue de $5016 millones, mientras que al final, 2018, descendió a $7952 millones.
  5. Principalmente el proyecto Veladero, que, en términos comparativos, representó el 77.17% de la producción anual de onzas de oro frente al 17.31% del proyecto Gualcamayo (Jáchal) y el 5.52% del proyecto Casposo (Calingasta), para el período 2011-2016.
  6. La fertilidad de esta perspectiva reside en la superación que propone de las dicotomías existentes en las ciencias sociales (objetivismo/subjetivismo; estructura/agente; enfoques macro/micro; técnicas cuantitativas/cualitativas; perspectivas sincrónicas y diacrónicas), ofreciendo un abordaje más complejo de los objetos, en tanto que objetos construidos.
  7. La bibliografía especializada (Cohen y Gómez Rojas, 2019; Valles, 1999; etc.) advierte, como principal inconveniente en el uso de fuentes secundarias, que las mismas han sido producidas en función de otras problemáticas, otros objetivos y perspectivas teóricas; imponiendo así, al investigador que hace uso de ellas, un cuidadoso análisis respecto a cuál fue el universo de estudio, las unidades de análisis, la delimitación temporal y geográfica, la definición de las variables, el sistema de categorías, etc. Todos estos aspectos han sido contemplados en el uso que hacemos de estas fuentes.
  8. Consideradas pertinentes de acuerdo a los propósitos de la investigación y el marco teórico empleado.
  9. Es el de mayor extensión, concentrando la mayor parte de la actividad económica y más del 70% de la población provincial.
  10. Con relación al Censo 2001, Tudcum experimentó un decrecimiento de su población en un 3,59%, cuando tenía 725 habitantes.
  11. La mayor dificultad al momento de describir el perfil productivo del Departamento, surge por la antigüedad de la información estadística disponible: el último Censo Nacional Agropecuario data de 2008, y el de 2018 aún no informa resultados definitivos y desagregados para esta área; el último relevamiento realizado por el Departamento de Hidráulica de la provincia informa sobre el período 2006-07; la Encuesta Nacional Agropecuaria no relevó datos para San Juan en ninguna de sus versiones, 2005 y 2007. Frente a este déficit, el Municipio diseñó y aplicó durante 2016 el Primer Censo Departamental Agropecuario. En este marco se censaron todas las localidades a fin de identificar a productores y su producción. Para ello se aplicaron tres encuestas: una agrícola, una pecuaria y otra para frutales de carozo y pepita. Hasta el momento no existe una publicación oficial de los resultados, solo algunas referencias en informes de consultorías solicitadas por la Intendencia.
  12. Según la Dirección de Industria y Comercio de la Provincia de San Juan, y el Padrón AFIP.
  13. En Tudcum se destaca la elaboración de dulces artesanales con frutas del lugar, el circuito de las artesanías a telar, el festival del lazo, doma y folklore, en Semana Santa, y la feria gastronómica y de artesanías que se celebra todos los domingos, en verano.
  14. Constituye uno de los principales atractivos turísticos de la provincia, por sus condiciones ideales para la práctica de deportes náuticos y aventura, entre ellos el windsurf y el kitesurf, que atrae turismo nacional e internacional.
  15. Como el Departamento no posee transporte público el traslado a la sede administrativa puede hacerse en el colectivo que une San Juan con Rodeo, el que ingresa a la “terminal” de Tudcum a las 04 de la madrugada. Esta situación obliga, a los tudcunistos que no poseen movilidad propia, a tener que pagar una tarifa elevada a aquellos vecinos que usan sus vehículos particulares como servicio de remis.
  16. En el año 2011 se firmó un convenio para la construcción de la nueva sede entre las autoridades del club, la Municipalidad de Iglesia y Barrick. La empresa minera aportó el 100% de los materiales, mientras que el municipio la contratación de la mano de obra para la construcción. La sede consta de un salón de más de 1000 m2 cubiertos, baños con duchas, oficina, cocina bufete con equipamiento industrial, gimnasio, entre otros. Se trató de una renovación extrema de la vieja estructura de adobe, de 450 m2 cubiertos, techo de caña y condiciones mínimas, en cuanto a seguridad. 
  17. En total se realizaron 32 entrevistas en profundidad a referentes o cónyuges de unidades domésticas de la localidad de Tudcum.
  18. Proponemos considerar el concepto de trayectoria con relación a la experiencia vital que transcurre en un doble vínculo entre procesos estructurales e historias personales y familiares. En este sentido la noción de trayectoria la asimilamos a la de recorrido (Godard, 1996 citado en Graffigna, 2005).
  19. Si bien hacemos hincapié en la situación laboral actual del principal sostén del hogar, como un condicionante de las estrategias de reproducción social de la unidad doméstica, hemos considerado también, su trayectoria laboral. En la medida de lo posible, indagamos en la ocupación de sus antecesores inmediatos (padres), con el objetivo de capturar continuidades o rupturas en cada recorrido.
  20. Mientras las clases establecen las condiciones básicas de existencia, los estilos de vida son las maneras de comportarse, de consumir, los modos de interpretar experiencias, ideas (Sautu y otros, 2020: 41).
  21. Nos referimos a emprendimientos en los que predomina el uso de mano de obra familiar, principalmente los hijos; o si se contrata mano de obra es temporal y escasa (1 a 3 empleados).
  22. Nos referimos a hogares con ingresos relativamente estables.
  23. Según datos de la Municipalidad de Iglesia, el mercado laboral secundario del proyecto Veladero, está representado, a enero de 2020, por 80 empresas, aproximadamente. De este total, 12 son del Departamento, 35 de capital provincial, 7 de capital internacional y el resto (26) de capitales nacionales.
  24. En los últimos años la situación se ha agravado por la crisis hídrica que padece la provincia de San Juan. Solo a modo de referencia, del 70% del agua que se dedicaba para riego, en la temporada 2020-2021 sólo será el 50%. La decisión se tomó para resguardar principalmente el consumo humano y de la industria. 
  25. Es común, con relación a la magnitud de la remuneración, que en un hogar exista más de un contratado municipal, además del jefe/a de hogar.


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