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Entrevista 1. José Sánchez-Sanz
Compositor y profesor de composición en el Grado en Creación Musical de la Universidad Europea de Madrid. Cuestionario respondido por email el 13 de abril de 2020.
¿Cuál es el problema más habitual que suelen tener los autores con entidades como SGAE a la hora de cobrar la cuantía generada por la explotación y reproducción de su obra?
Que no reciban el dinero que les corresponde y tengan que reclamar. La comunicación pública en emisoras de radio ha sido una de las grandes asignaturas pendientes de la gestión de reparto de la SGAE. Al no quedar claras los usos de las emisoras, los repartos no se hacen de la forma correcta, derivando en un reparto irregular que favorece a los grandes medios que han utilizado prácticas faltas de ética como la denominada payola. En las televisiones está pasando una situación similar gracias a su particular payola que es la llamada Rueda, o música programada en horario nocturno. Como las televisiones pagan un dinero fijo anual por uso del repertorio el reparto se volcaba hacia estas músicas, cosa que cambió recientemente al bajar el porcentaje de remuneración que podía obtenerse por medio de la programación de música en horario nocturno.
La gestión de la comunicación pública en el entorno digital es la gran piedra de toque. Las negociaciones con las plataformas digitales se han llevado con completa opacidad, en gran parte porque no interesa hacer público que dichas negociaciones se han realizado de forma excesivamente favorables a las plataformas y, por lo tanto, en detrimento de autoras y autores que son a las y los que representa la entidad.
¿Se ha adaptado una institución como SGAE a los nuevos modelos de distribución y de consumo digital?
Este punto es el clave y la respuesta es no. Sigue siendo un gran agujero negro, y en el caso de SGAE más grande que el que se produce en otros países. El descontrol absoluto con la propiedad intelectual en plataformas digitales y, sobre todo, en el control de las remuneraciones, es un hecho. Que este descontrol poco a poco se vaya encauzando, es también claro, pero la velocidad a la que se hace varía según cada país. En este va demasiado lento y la SGAE se queda muy atrás.
¿Qué causas han impedido que se creen gestoras independientes que, de alguna forma, puedan hacer “competencia” a SGAE? El caso de DAMA, en el sector audiovisual, podría ser tomado como ejemplo y, sin embargo, no ha llegado a cuajar ninguno de los intentos que se han llevado a cabo entre los autores musicales.
DAMA tuvo un arranque durísimo, le costó muchísimo trabajo el llegar a donde está ahora. Eses es el problema para crear otra entidad de gestión, lo duro que puede ser el arranque. Ahora DAMA está llegando a gestionar su repertorio en audiovisual mejor que la SGAE, y sin tener voto ponderado. De hecho, la SGAE ha tomado decisiones últimamente que han revolucionado su concepto de la gestión del audiovisual llegando a crear una unidad propia para el colegio audiovisual (la no existencia de esta unidad propia fue lo que provocó la salida de los socios promotores de DAMA).
¿Qué herramientas facilitarían la transparencia en una gestión de derechos como la que ahora realiza SGAE, hasta la fecha cuestionada por malas praxis?
Que socias y socios tengamos acceso a cualquier gestión que en nuestro nombre realice la entidad (es decir, todas). Que socias y socios tengamos capacidad de decisión en cuestiones organizativas (designación de cargos, distribución de responsabilidades, uso de los fondos económicos (fondos de inversión, uso del inmovilizado, etc.), usos de la Fundación, etc.). Que el voto ponderado esté realmente bajo control, o que no exista.
A su juicio, ¿se necesita una reforma o actualización de la normativa española y europea en materia de propiedad intelectual? ¿Qué puntos de mejora pueden ser necesarios a corto y medio plazo para un correcto funcionamiento de las entidades de gestión?
Una vigilancia real de las entidades de gestión es necesaria para su buen funcionamiento. Guirao se llenó mucho la boca con la intervención mientras fue Ministro de Cultura, pero nunca se atrevió a hacerla. Es mucho más sencilla una vigilancia y la petición de una rendición de cuentas al ministerio para ver que todo funciona y que las socias y los socios estamos satisfechos.
¿Conoce a qué actividades de interés general se destinan habitualmente los fondos de responsabilidad social de SGAE, puestos en el punto de mira por algunos expertos y asociados debido a su dudosa gestión mediante la Fundación Autor?
Existe un sector dentro de la SGAE, que representa el anterior presidente Fernández Sastrón, que considera que la Fundación no debería de existir. El problema es el de siempre, la transparencia. La falta de transparencia condujo a ARTERIA y a la operación Saga, que ha dejado a la entidad con muchas heridas. Desde mi punto de vista, la Fundación SGAE podría gestionarse mucho mejor y hacer mejores propuestas tanto culturales, como de curso, como asistenciales. Esto no quiere decir que lo que esté haciendo esté mal, al contrario, hay una preocupación asistencial muy clara y se está viendo en momentos como la crisis actual de la COVID-19 en el que la SGAE ha estado muy rápida a la hora de elaborar programas de asistencia.
¿Una de las causas de todos estos desencuentros con SGAE podría ser el papel que juegan las editoriales dentro de los procesos de votación en la institución?
Primero fueron las editoriales y sus malas prácticas (el colegio editorial durante años presidido por la misma persona que iba pasando por diferentes filiales, acumular votos por medio de filiales y utilizar a sus artistas apoyo casi inconsciente, etc.). Después fue la Rueda y las y los músicos que programaban en horario nocturno y que se presentaban como adalides de la dignidad en contra de las editoriales, cuando eran el paroxismo de las malas prácticas de estas. La cuestión es que han generado a dos lobbies que de forma indigna copan gran parte del voto ponderado, dejando al resto de autoras y autores que quedamos en medio, el papel de meros espectadores dentro de su debate. Un debate, que además está limitado al colegio de Pequeño Derecho y al Editorial. El colegio Audiovisual y el de Gran Derecho no tienen nada que ver y se quedan también encajados como meros comparsas de esta trama.
¿Conoce los operadores de gestión independiente? ¿Este tipo de figura puede ser considerada una alternativa viable a SGAE?
No conozco bien cómo funcionan las OGI, solo tienen influencia en el terreno digital y ahí cumplen una función que en la SGAE está quedando bastante atrás. En el momento en el que la SGAE gestione de forma coherente el repertorio en plataformas digitales, es preferible una colectividad de autoras y autores que funciona sin ánimo de lucro, a una empresa independiente que buscará su rendimiento, como hace cualquier empresa. El problema es cuando la colectividad de autoras y autores está condicionada por intereses empresariales como he comentado en la pregunta anterior.
¿Qué consecuencias tendría para SGAE la constitución de una sociedad de gestión colectiva nueva?
Por el momento tenemos el ejemplo de DAMA o de EKKI. No habría mucho problema, al haber otras opciones habría que mejorar el funcionamiento si no quiere que los socios partan hacia otra opción. Y no me estoy refiriendo a competitividad empresarial, es que la autora o el autor se encuentren a gusto y que consideren que su repertorio se encuentra defendido y protegido en sus intereses económicos.
Como experto en temas de propiedad intelectual, ¿qué errores hay que evitar para que en algún momento haya una alternativa viable y adaptada también al consumo digital de la música? ¿Qué escenario augura para la propiedad intelectual en España?
En el entorno digital se han cometido excesos que han sido solucionados (el todo gratis, las descargas ilegales, el refugio del safe harbor de muchas plataformas, etc.), pero quedan muchos otros todavía por solucionar. Sobre todo, está el de los beneficios sobredimensionados de las plataformas en relación con las cantidades económicas que reparten entre los productores culturales, ya sea por remuneración por comunicación pública o simplemente por reproducciones en la plataforma. Los salarios de los directivos de Spotify no se relacionan directamente con los beneficios que reciben las y los artistas por las reproducciones de sus temas en la plataforma […] La economía de ganador único, como dice Andrew Keen, a la que refieren las plataformas digitales, tiene que transformarse en algún momento y los beneficios ser repartidos de una forma justa. Para ello hay que vigilar para que las entidades de gestión colectiva hagan su trabajo y no dejarles hacer, como pasó hasta que la SGAE demostró que no había sido gestionada como debía tras la operación Saga.
Entrevista 2. Héctor Fouce Rodríguez
Profesor e investigador de la UCM. Coordinador del módulo de propiedad intelectual en Máster en Industria Musical y Estudios Sonoros (UC3M). Entrevista realizada por Skype el 22 de abril de 2020.
¿Cuál es el problema más habitual que suelen tener los autores con entidades como SGAE a la hora de cobrar la cuantía generada por la explotación de su obra?
Ahí depende de qué tipo de autor seas. No es lo mismo un autor con mucho peso en el mercado que uno más pequeño. El problema fundamental es el rastreo, qué está pasando con las obras. En lugares como la radio está más o menos controlado –porque las radios remiten, o remitían, estadísticas e informes informáticos que serán fáciles de procesar– pero, ¿cómo retribuyes en función de la copia privada de lo que ha sonado en los bares de copas el sábado pasado? Lo haces a ojo y ahí hay gente que gana y que pierde, y esto me ha parecido siempre el principal problema. El modelo de “barra libre” de SGAE es bueno porque hace factible que se gestione la comunicación pública, pero luego el dinero se distribuye un poco a bulto. Se calcula en función de si un autor grande suena mucho en las radios y vende muchos discos, lo cual está bien monitorizado. Lo cual puede ser cierto, pero estas cosas siempre dejan fuera a las largas colas. A lo mejor hay un artista local que en su pueblo suena mucho, pero eso en un reparto a bulto no se va a detectar.
¿España es uno de los pocos países que tiene una única sociedad de gestión para la música, sin competencia alguna? Da la sensación, como algunos autores han señalado, que SGAE ejerce un monopolio que solo ha roto DAMA en el terreno audiovisual.
Hay modelos muy distintos. El problema es de este tipo de problemas legales que son perversos. Cualquier solución es siempre perversa. Por un lado, si solo tienes una entidad es un monopolio, pero… ¿Cuál sería el número adecuado de entidades? ¿Dos? ¿Tres? ¿Veintiséis? Lo que no le puedes pedir a la gente, no pensando desde el punto de vista de lo autores ni de las entidades de gestión, si no de los usuarios del repertorio: ¿para utilizar la música de ‘x’ artista tengo que hacerme la ronda completa de todas las entidades de gestión? ¿Y quién aguanta eso?
Imagino que prácticamente nadie.
Claro, ¿y qué terminaría habiendo? Una ventanilla única que bueno… ¿Me dices que con veintitantas entidades no iban a pactar los precios entre ellas? El problema del capitalismo y del mercado es que este último tiende al monopolio. Cuando una empresa es suficientemente buena y su producto es muy bueno se termina comiendo al resto. El ejemplo es Google, ¿quién usa ahora Yahoo o Bing? En términos de mercado es absolutamente marginal el porcentaje de usuarios, los mejores triunfan y terminas formando un monopolio, y más ahora en los modelos de red donde el coste de entrada al sistema es tan bestial… ¿Vas a montar tu propia red que acabe con Facebook? Igual hubo una época en la que había varias redes en competición pero incluso ahora, con dichas empresas compitiendo, si eres un nuevo actor es casi imposible entrar. Es un mercado salvajemente intervenido como lo es el mercado de la electricidad o el de la fabricación del pan, entre muchos otros mercados en España que nos imaginamos como mercados de libre concurrencia.
Durante una de las clases del máster mencionamos el hecho de que la presencia de muchos actores en el tablero de la gestión colectiva, pero que al final se tiende hacia un oligopolio. Que si hubiera más partes implicadas lo único que ocurriría es una concentración del mercado en muy pocas manos.
Claro. La ventaja de SGAE es que tiene a todos los autores juntos en un mismo lugar, tanto a los grandes como a los pequeños. Habría que buscar un modelo en el que se pueda gestionar los intereses, más o menos de todos, en paralelo […] Si el modelo es que los más fuertes hagan la vida por su cuenta eso perjudica claramente a los más débiles.
Dentro de este monopolio, en todo caso, tendría que haber una igualdad dentro de dicha sociedad. Que el sistema sea más equilibrado para los intereses de todos.
Es cierto que SGAE ha dado pasos hacia eso en los últimos años […] SGAE tiene ahí como esta doble naturaleza: por una parte cada uno recibe en función de lo que recauda pero luego, a la hora de tomar las decisiones, según lo que recaudes tienes más o menos peso. Tampoco es justo que el que da 15 conciertos al año tenga el mismo peso de decisión que un autor grande que genera un gran porcentaje en derechos. Hay que buscar un equilibro donde se respeten los intereses de todos.
¿Una de las causas de todos estos desencuentros autorales con SGAE podría ser el papel que juegan las editoriales dentro de los procesos de votación en la institución?
Sí, sin duda. El hecho de que autores y editores estén juntos es una perversión, en ese sentido SGAE parece un sindicato vertical. Los editores no dejan de ser los empresarios de la música y SGAE, de hecho, se forma como un método para que los autores se unan y puedan reclamar a los editores los pagos que les deben. El hecho de que tu jefe, tu empresario, esté contigo y que vayáis juntos frente a un tercero a reclamar cosas es un poco extraño, porque los intereses de los editores igual no son los intereses de los autores que han firmado con las editoras. El peso de estas compañías, en un modelo que reparte en función de los ingresos, evidentemente una editorial recauda muchísimo más que los autores por cuestiones obvias.
¿Qué herramientas facilitarían la transparencia en una gestión de derechos como la que ahora realiza SGAE, hasta la fecha cuestionada por malas praxis? El Ministerio de Cultura tampoco parece muy encima de esta cuestión últimamente.
El Ministerio de Cultura siempre ha sido muy reticente. Aún con todo, estas entidades funcionan gracias a una autorización ministerial, y deben reportar todos los años al ministerio sus actividades. Al final todo modelo nuevo en la sociedad digital genera problemas. Alguien propuso que el uso de un modelo con un software similar a Shazam para identificar las canciones que suenan en los bares. El bar tiene su reproductor de música conectado a un identificador de canciones y, al final de cada mes, manda un reporte a SGAE con todo lo que ha sonado. Suena bien, pero me dan miedo esos modelos hipertransparentes.
O que el aparato se pueda equivocar con alguna identificación. Es demasiado… Mecánico y automatizado, ¿no?
Bueno, es el debate que está habiendo con el Content ID de Google. YouTube te hace un filtrado de varios factores pero tampoco es perfecto. Con este hipotético aparato no podrías discutir diciendo “oye, que mi uso apela a un límite de la propiedad intelectual”. ¡Explícaselo al algoritmo! La tendencia es que esto debería pasar por una solución tecnológica… Y la tecnología la hace alguien con unos intereses, con unas capacidades que buscan ciertas cosas mientras obvian otras tantas. Siempre tienen un sesgo.
Bueno, pero quizás se puedan dar pequeños pasos para actualizar y modernizar un poco los sistemas que ya tengan.
Para lo que no estaban preparadas las entidades de gestión era para un modelo de música ubicua: está en todos los lados y sale de cualquier sitio, ¿no? Desde tu teléfono, desde tu ordenador. Estaba muy claro el modelo cuando había unos aparatos que tocaban música, donde enchufabas un CD trackeado, sabías de dónde venía, etc. El modelo ha cambiado tanto que todos los que se dedican a producir un activo, que en su momento fue tangible y ya no lo son, no tienen ninguna capacidad de saber qué está pasando: ni de controlar lo que pasa ni de saber lo que pasa con sus productos.
Es que también es parte de todo este mundo de Internet, ¿no? La información vuela más o menos libre por la Red, sino no la pondrían a disposición de tanta gente. Puedes acudir a este tipo de productos de varias formas distintas.
Es alucinante ver cómo todos estos modelos (Napster, Glogster) se basaban en el anonimato, mientras que ahora cualquier servicio te obliga a crear un perfil y el anonimato es muy relativo. Somos muy conscientes de que nuestra IP se puede rastrear y si hacemos alguna burrada, por muy anónimos que seamos en la red, se sabe desde dónde se manda el mensaje.
¿Qué causas han impedido que se creen otras entidades independientes que, de alguna forma, puedan hacer “competencia” a SGAE?
Hay una estructural, y es que en general los artistas (no sé si solo en este país) han tenido siempre una muy escasa capacidad de juntarse para hacer cosas. Y que durante mucho tiempo SGAE tuvo mucho poder. Cuando dejó de tenerlo empezó a ser una sociedad en crisis. En el momento álgido, ¿te ibas a ir de SGAE y enfrentarte a “Teddy” Bautista? Digamos que no hubo una especie de meseta: o estabas arriba o estabas abajo, en ambas situaciones era un mal momento para plantear una escisión.
Otro motivo para no plantear una escisión podría ser el peso histórico que la propia entidad tiene por tantos años de trayectoria.
Hagamos una analogía: vas a contratar la luz para tu casa y antes era fácil, te tocaba la que te tocaba y punto, ahora tienes cinco empresas. Una de esas la gente sabe que lleva muchísimos años dando servicio a muchísimas personas, ¿y los otros de dónde salen? Esa empresa la gente sabe que tiene cierto tufillo a ‘antiguo, pero para quienes no quieren aventurarse sus años de experiencia te dan garantías y fiabilidad. Con SGAE ha pasado algo muy parecido.
¿Qué consecuencias tendría para SGAE la constitución de una sociedad de gestión colectiva nueva?
El problema de SGAE ahora mismo es que es un lugar donde todos se apuñalan entre todos. No parece que haya un liderazgo firme, el de “Teddy” Bautista se construyó a base de meter dinero. Si ves la evolución de ingresos de SGAE desde que él entró hasta que salió y es alucinante. SGAE era un cero a la izquierda cuando entró Bautista y cuando se marchó era un trasatlántico.
¿Qué va a pasar ahora? No sé si SGAE está en situación de aguantar mucha competencia, pero también tengo la sensación de que el sector –en general– tampoco está para hacer muchos experimentos. SGAE está en un estado muy delicado, sus presidentes duran dos telediarios. ¿Alguien se va a arriesgar a montar una entidad de gestión, en este momento de crisis con lo que va a suponer este parón para el mundo de la cultura? Hay que tener mucho valor, y sobre todo se necesitaría a alguien con mucho carisma para tirar del carro. Piensa que “Teddy” Bautista fue un tipo que tenía cierto prestigio, hacía música y era productor, sabía cómo funcionaban las cosas fuera y estaba muy a la última, además de estar bien conectado. Y paró su carrera musical cuando se dedicó a ser ejecutivo. ¿Ahora un músico carismático va a dejar su carrera musical para dirigir una entidad de gestión?
¿Conoce los operadores de gestión independiente? ¿Este tipo de figura puede ser considerada una alternativa viable a SGAE?
No me parecen tan buena cosa. Hablábamos antes que el modelo deber ser el de una entidad donde los intereses de todos estén representados. Esto es un modelo de “sálvese quien pueda” y se salvarán quienes tienen más recursos. Si eres un autor importante y tienes un equipo de gente que lleva tu carrera, que tu mánager se monte su propia entidad y que, dentro de estos modelos 360º, donde ya se gestiona desde la misma oficina todas y cada una de las cuestiones de mis autores, pues ahora también gestiono sus derechos de gestión colectiva obligatoria. ¿Y cuando salgan todos los autores de renombre qué te queda? Una entidad que da servicios a un montón de artistas que generan muy pocos recursos. Es una ruina. Este modelo de “sálvese quien pueda” afecta muchísimo a los autores más precarios. Por otro lado va a haber un proceso de concentración. Así como en la gestión de los derechos de autor en general hace cuarenta años a nadie le importaban mucho, y luego se convirtió en un asunto importante cuando la música se empieza a digitalizar y la gestión de los derechos es lo importante. Ahora va a pasar que la posibilidad de gestionar ese tipo de derechos se van a meter también ahí los despachos de abogados, consultoras, etc. ¿Prefieres discutir con SGAE o discutir con Arthur Andersen?
Siempre digo una cosa: las entidades que, de una manera o de otra, tienen una obligación para con el Estado –sean los medios de comunicación públicos, sean entidades públicas o entidades de gestión– hay cierta capacidad de dirigirlos como ciudadano. A las empresas o a un despacho de abogados no tengo nada que decirle, es una entidad privada que hace lo que quiera dentro de la ley. No soy muy fan del modelo. Me parece que esta figura va muy en línea con el capitalismo moderno donde la idea de igualdad se ha ido al garete. Seamos libres, pero tu libertad quizás está coartando a la de otra mucha gente. La libertad de dedicarse a ser artistas.
¿Qué errores hay que evitar para que en algún momento haya una alternativa viable y adaptada también al consumo digital de la música?
Sí tengo un diagnóstico claro de cuáles son los problemas de SGAE: un problema de transparencia, un problema de gestión democrática y un problema de sobrecarisma, quiero decir, que “Teddy” Bautista hacía de rey absolutista. Y luego un problema brutal de relaciones públicas y de relación con la sociedad. SGAE, durante muchos años, fue la entidad española más aborrecida por todos, parecía que el Ministerio de Cultura fueran ellos. Si quieres construir algo donde los artistas apelen a sus oyentes para que gasten su dinero en ellos, tendrás que hacerlo desde otra perspectiva más constructiva y no tan arrogante. Hay gente muy descontenta con SGAE que piensa: “nos vamos”. Pero, ¿quiénes y a dónde nos vamos? No es lo mismo los intereses de toda la gente que estaba metida en la Rueda, metiendo música a espuertas, que decían que vaya modelo tan bueno pero que, a la vez, impedía que entrasen otros.
No hemos mencionado mucho el tema de la Rueda hasta ahora, pero también habrá sido un factor que ha añadido leña al fuego, como quien dice.
Evidentemente. Antón Reixa cayó porque intentó meter mano a esto. Y lo que parecía un chiringuito montado por unos pocos en realidad parece ser, porque está todavía en proceso judicial, que lo que había ahí es una red de corrupción industrial.
¿Qué escenario augura para la propiedad intelectual en España? Hay algunos debates en torno a asuntos como las licencias libres que siempre están sobre la mesa.
Es un modelo del que se habló mucho en su momento, cuando salió (Lawrence) Lessig[1], el tema de las Creative Commons y no parece que hayan tenido una repercusión tan grande como era de esperar dentro del negocio […] No tengo la sensación de que haya supuesto un desafío al modelo de propiedad intelectual.
Supongo que la tendencia ahora es dirigirse a una descapitalización de las entidades tradicionales y una emergencia de esos nuevos modelos muy ligados a nuevos actores en el campo. Aparecerán despachos de abogados, consultoras y ese tipo de empresas… Y eso no es bueno. SGAE tendrá los problemas que tiene pero no es un agente que “algo sabe del mundo de la cultura”. No es el momento de experimentos. Si a los problemas de SGAE le juntas la brutal crisis que habrá en el mundo de la cultura cuando salgamos de esta… No sé yo si la gente tendrá energía para meterse en estos líos.
Entrevista 3. Ainara LeGardon
Artista autogestionada, investigadora en temas de gestión cultural y propiedad intelectual. Coautora del libro SGAE: el monopolio en decadencia. Batería de materiales enviados por escrito y conversación por Skype para resolver dudas el 29 de abril de 2020.
¿Cuál es el problema más habitual que suelen tener los autores con entidades como SGAE a la hora de cobrar la cuantía generada por la explotación y reproducción de su obra?
Te pongo el enlace a Otro modelo es posible[2]. Por un lado hay autores que deciden no asociarse a SGAE pero, por por otro lado, hay unos derechos de gestión colectiva obligatoria. ¿Qué les ocurre a esos autores? Que no pueden reclamar el montante generado por esos derechos si no se hacen socios. Entre otros también está la falta de identificación y los errores que llevan al pendiente de identificar, esa gran bolsa de dinero que está ahí, que no pueden reclamar los autores y que a los cinco años prescribe y pasa a formar parte de los activos de la entidad. Lo hemos comentado antes también, tarifas planas por disponibilidad de uso y no por uso efectivo.
Y por parte de los músicos, por ejemplo, no saber rellenar la hoja de variedades cada vez que da un concierto, o no hacerlo por omisión, o porque nadie les ha explicado cómo hacerlo. Al final te encuentras con que en la bolsa del pendiente no cobrado hay un montón de dinero de autores que sí son socios pero que no saben cómo rescatarlo porque no han hecho las declaraciones pertinentes, porque no declaran las obras cada vez que publican una obra nueva.
¿Por qué el modelo de gestión colectiva de los derechos de autor, mediante entidades como SGAE en España, parece quedarse por detrás de sus homólogos en otros países?
Falta de transparencia y opacidad interesada, resumiéndolo mucho. Esa opacidad interesada es un término que surgió de nuestra conversación con Antón Reixa, y que describe perfectamente lo que ocurre en SGAE. No interesa que se sepa cómo funciona el modelo, que se sepa dónde se invierte el dinero, que se sepa quién cobra qué, cómo se hacen los repartos, etcétera.
Y en relación con la pregunta anterior, ¿estamos al mismo nivel que otros países de la Unión Europea en cuanto a la gestión colectiva de derechos?
Lo comento en el informe Otro modelo es posible, pero por poner un ejemplo: la entidad holandesa BUMA/STEMRA fue la primera EGC en 2014 que alcanzó los estándares de calidad de la European Contact Centre Standard por su transparencia, eficiencia y calidad de los servicios ofrecidos. Estamos bastante lejos de alcanzar esa “transparencia, eficiencia y calidad”.
¿Por qué España es uno de los pocos países, si no el único, que tiene una única sociedad de gestión para la música, sin competencia alguna?
No se puede comparar directamente el panorama existente en EE.UU. –allí existen tres: ASCAP, BMI y SESAC– porque el marco jurídico del copyright es diferente al Derecho Continental. Es frecuente en el entorno europeo que haya monopolios en la gestión de derechos de propiedad intelectual. Por ejemplo, para derechos de autoría en Francia existe SACEM, en Alemania GEMA, conformando un monopolio de facto. Al no haber tenido en los últimos años tantos casos de corrupción la opinión pública no es tan negativa como aquí.
En Alemania hace unos siete años que surgió una cooperativa, que no es una asociación sin ánimo de lucro como las otras, que se llama C3S. Es la respuesta que se buscó en Alemania al modelo férreo de GEMA y que, a día de hoy, todavía sigue luchando por un motivo: que dentro de su modelo lo que querían hacer era solo acoger a personas creadoras y no dar espacio a los editores.
El tema de la competencia es muy importante. Hay muchas sentencias de la CNMC, tanto de SGAE como de otras entidades europeas, porque realmente están ejerciendo un monopolio de facto y a veces abusan de esa posición dominante en el mercado. Hasta que no ha habido unos cambios y un control un poco mayor del Gobierno sobre las tarifas (esto sucedió en 2015, si no me equivoco), SGAE podía imponer la tarifa que quiera al ostentar ese monopolio. A día de hoy los conflictos entre monopolio y el derecho de la competencia no han cambiado.
Da la sensación, como algunos autores habéis señalado, que SGAE ejerce un monopolio en ese sentido, y concretamente en la gestión musical (en el audiovisual ya existe DAMA como alternativa consolidada).
Desde luego. Además, en el ámbito audiovisual DAMA le ha pisado terreno a SGAE, ganando incluso más peso que la propia SGAE en el ámbito audiovisual. Y el caso de EKKI es de mencionar y abarca todos los ámbitos creativos, no solo la música y no solo los derechos de autoría, sino también los conexos.
EKKI fue autorizada en octubre de 2014 por parte del Gobierno vasco para actuar como EGC principalmente en el ámbito de la comunidad autónoma vasca (Vizcaya, Guipúzcoa y Álava). En septiembre de 2018 se publica en el BOE la resolución de la autorización. Una diferencia con el resto de entidades tradicionales (es una EGC, no es un operador independiente) es que puede gestionar todo el abanico de la propiedad intelectual, incluyendo todos los sectores creativos. Por eso es una federación de cinco asociaciones que representan a los escritores, editores, músicos, versolaris y creadores visuales de País Vasco, pero que está abierta a creadores audiovisuales, a productoras musicales.
¿Ser considerada una “federación” de asociaciones afecta a su conformación jurídica como entidad tradicional?
Si no me falla la memoria, una federación es una asociación de asociaciones, todas ellas sin ánimo de lucro, por lo que el grupo de todas ellas sigue siendo algo sin ánimo de lucro. En mi caso particular estoy asociada a EKKI como escritora. Como música no puedo porque ya elegí adscribirme a SGAE, ese contrato es exclusivo y por ahora he decidido no pedir la baja porque entiendo que mi trabajo y postura crítica es más potente si la hago desde dentro. Todavía tengo voto, ya sabes que el voto, hasta hace poco, ha sido ponderado.[3] Tengo capacidad para ir a las asambleas, para hacer preguntas incómodas y la voy a seguir ejerciendo, pero como escritora decidí no asociarme a CEDRO, sino a EKKI. También estoy dada de alta como sello discográfico, pues al ser artista autogestionada puedo encomendar a EKKI la gestión de mis derechos sobre los másteres de mis grabaciones. Mientras no se pisen los sectores puedes ser socio de una o de otra, los derechos conexos y los derechos de autoría son acumulables, no se excluyen.
De hecho lo mencionáis al final de SGAE: el monopolio en decadencia, que fue editado en 2017. Ya en 2020, y sin que las comunidades autónomas tengan esta competencia, una “nueva EKKI” en otro territorio no sería posible, ¿verdad?
EKKI se creó en un momento estratégico a nivel político y legal, estratégico porque se pudo autorizar su nacimiento antes de que esta singularidad desapareciese. Ahora mismo no sería posible, únicamente el Ministerio de Cultura tendría la potestad de autorizar nuevas entidades, como al nivel de DAMA. Las comunidades autónomas ya no tienen esa capacidad de autorización de nuevas entidades de gestión en su territorio. Antes existían las competencias transferidas, pero en 1 de enero de 2015 volvieron al Ministerio de Cultura.
¿Qué causas han impedido que se creen gestoras independientes que, de alguna forma, puedan hacer “competencia” a SGAE? El caso de DAMA, en el sector audiovisual, podría ser tomado como ejemplo y, sin embargo, no ha llegado a cuajar ninguno de los intentos que se han llevado a cabo entre los autores musicales.
Es que es increíble. SGAE ha ejercido presiones de todo tipo. Cuando a alguien le quieren arrebatar su monopolio y hay mucho dinero y poder en juego se revela. DAMA te puede contar toda la serie de presiones que recibió. EGADIR, que fue una entidad de gestión que no llegó a materializarse por un boicot de SGAE, iba a gestionar los derechos de entidades de radiodifusión en Cataluña. Conchi Cagide Torres habló de ese caso de mediados de los noventa que no conocíamos. En EKKI sufrieron también recursos contencioso-administrativos que le han ido interponiendo CEDRO, SGAE y el resto de entidades excepto DAMA, que pasó por el mismo proceso años antes.
¿Una de las causas de todos estos desencuentros con SGAE podría ser el papel que juegan las editoriales dentro de los procesos de votación en la institución?
En un mismo modelo en el que conviven autores y editores deberíamos tener los mismos objetivos… Pero no los tenemos ni de lejos. Y el peso que adquieren los editores dentro de la entidad por número de votos acumulados, porque nunca fallan a la hora de asistir a las asambleas y siempre ejercen ese poder de voto, pues el rumbo de la entidad la deciden los más grandes en detrimento de los pequeños autores.
En uno de los últimos capítulos de vuestro libro hacéis una mención a la “vuelta a los orígenes” de SGAE, intuyo también que por el papel editorial.
Claro. SGAE surge como la voluntad de autogestión de unos autores en contra del monopolio de un editor que ha acaparado todas sus obras y sobre las que pierden el control de sus decisiones como autores. Fíjate cómo se ha desvirtuado ese modelo cuando hemos llegado hasta donde estamos. Cuando me enteré de cuál era el motivo para el nacimiento de SGAE, ese deseo de autogestión, por un lado me alegré de que fuera así… Y por otro lado me entristecí tanto por la desvirtualización del modelo. Por lo menos en SGAE, dentro de su normativa interna, nunca se permite a un editor ser presidente, ¡por lo menos! En el caso italiano sí que se permite que un editor presida la entidad.
Uno de los argumentos que también se han dado sobre la dificultad de crear una nueva entidad de gestión alternativa a SGAE (en lo musical) es el “peso histórico de esta institución” en España.
Eso es cierto, eso y lo que la ley llama “legitimidad extraordinaria”. A estas entidades se les ha dotado de un poder, siendo privadas (¡no son públicas!) tienen la capacidad de pedirle las cuentas de la taquilla a un teatro. Eso ha hecho que muchas veces se piense que SGAE es “la policía de la música”, o que parece que llega alguien con una autoridad y con una legitimación extraordinaria.
¿Se ha adaptado una institución como SGAE a los nuevos modelos de distribución y de consumo digital?
No se ha adaptado y no le conviene adaptarse. Es verdad que las nuevas Directivas europeas, todos los estándares que vienen desde la CISAC les están poniendo contra las cuerdas para adoptar tecnología nueva, pero creo que va a mantenerse en el estatus que tiene, o lo mantendrá hasta que se tambalee. El Ministerio de Cultura se ha puesto las pilas, tenía la capacidad de control, vigilancia y sanción a una entidad gestora si lo que vigilaba y controlaba no era correcto y no lo ha hecho hasta ahora.
¿Qué herramientas facilitarían la transparencia en una gestión de derechos como la que ahora realiza SGAE, hasta la fecha cuestionada por malas praxis?
La adopción de tecnologías que permiten esa transparencia, así como la implantación de tarifas por uso efectivo y no por disponibilidad de uso. Sastrón, expresidente de SGAE, me dijo claramente: “Un bar no paga a SGAE por la música que pone, paga por poder poner música”. Eso te lo dice todo, pagas por la disponibilidad de un repertorio, pero luego esa tarifa no va acompañada de una lista que, con la tecnología que existe, podría realizarse muy fácilmente con las canciones que se han pinchado en ese local.
Si esa herramienta se desarrollase, ¿debería ser un software propio de SGAE, una tecnología ya existente como el blockchain, o de compañías externas que oferten ese servicio de identificación?
BMAT es una de esas empresas que desarrolla esta tecnología y trabaja con agregadoras digitales. Supuestamente SGAE está trabajando con esta herramienta. ¿Qué ocurrió cuando entrevistamos para el libro a ciertos hosteleros que usaban la tecnología de BMAT? Que no les parecía práctica, que consumía demasiada banda ancha… Y la practicidad les llevaba a pagar la tarifa plana que les pedía SGAE y se dejaban de problemas. De eso también hablaba Sastrón, que incluso a los usuarios no les interesa esa identificación por uso efectivo de las obras. ¡A los autores sí que nos interesa!
¿Hace falta alguna reforma o actualización de la normativa española y europea en materia de propiedad intelectual?
En los últimos años hemos vivido momentos de revisión de la normativa europea al respecto. Se han aprobado nuevas directivas que los distintos Estados miembros van transponiendo a su ordenamiento jurídico, dentro del margen de tiempo que aparece en las propias directivas. Próximamente en la LPI española habrá que hacer una nueva modificación. Hasta diciembre de 2019 ha estado abierta una “Consulta pública previa sobre un borrador de Anteproyecto de Ley sobre los derechos de autor y derechos afines en el mercado único digital europeo, por la que se incorporan al ordenamiento jurídico español la Directiva (UE) 2019/789 del Parlamento Europeo y del Consejo de 17 de abril de 2019, y la Directiva (UE) 2019/790 del Parlamento Europeo y del Consejo de 17 de abril de 2019”, que ayudará a transponer las dos últimas directivas sobre la materia.
La normativa a nivel global tendrá que actualizarse, no tardando mucho, al respecto de asuntos como por ejemplo la propiedad intelectual y la IA. A día de hoy nuestra ley –y la mayoría de las legislaciones lo mantienen igual– dice que una obra protegible solo puede ser creada por un ser humano. A día de hoy las obras algorítmicas están a la orden del día. Reino Unido fue país en otorgar a la persona autora del software los derechos de autoría de la obra generada por dicho software.
¿Qué puntos de mejora pueden ser necesarios a corto y medio plazo para un correcto funcionamiento de las entidades de gestión?
Más transparencia y la no vulneración de las leyes en materia de competencia, por ejemplo.
Como experta en esta materia, ¿vería viable que en España la ley contemplara los contratos de no exclusividad con una entidad gestora para poder licenciar obras de forma individual?
Según el Artículo 157.1 LPI, en el contrato de gestión de las EGC, “el titular de derechos deberá dar consentimiento explícito, por escrito, para cada derecho, categoría de derechos o tipo de obra o prestación cuya gestión encomienda a la entidad y respecto de los territorios de su elección, con independencia de su nacionalidad o lugar de residencia o de establecimiento de la entidad de gestión. Dicho contrato no podrá imponer como obligatoria la gestión de todas las modalidades de uso ni la de la totalidad de la obra o producción futura”.
En el libro las declaraciones que recogimos de Sastrón eran en un contexto donde todavía no era presidente de SGAE. Sin embargo, el contrato, incluso permitiéndose la gestión por obra, ha de ser en exclusiva en un territorio concreto. No tendría sentido que le encomendáramos a dos entidades, en el mismo territorio, la gestión de una misma obra. En Derecho, si se habla de carácter exclusivo y no tiene más interpretación. Por ejemplo, el contrato de gestión de autor en VEGAP es una cesión en exclusiva también.
¿Conoce los operadores de gestión independiente? ¿Este tipo de figura puede ser considerada una alternativa viable a SGAE?
La Directiva europea 2014/26/UE otorga vía libre en España a los OGI. Al contrario que las EGC los OGI tienen ánimo de lucro, son empresas; no necesitan de autorización administrativa del Ministerio de Cultura para empezar a operar; no están dirigidos por parte de los titulares de derechos (autores, en este caso). Son gestores y ya está, que también creo que es uno de los problemas, que los autores no saben de propiedad intelectual y no tienen por qué. La gente que sabe de propiedad intelectual y que sabe gestionar lo hace fenomenal, pues dejemos a lo mejor en manos de esa gestión profesional nuestros derechos, no tenemos que ser nosotros mismos. Aun así hay luces y sombras en todo, una estructura asociativa en la que los autores tengan el control suena fenomenal, pero fíjate donde nos ha llevado eso.
Por otro lado, la legitimación procesal y representación de un OGI ha de basarse en la existencia y prueba de un contrato de mandato. Si uno de estos operadores quiere demandar a un usuario que no ha pagado su tarifa por el uso de un repertorio de un socio suyo tiene que presentar la prueba de que ese socio le ha conferido ese mandato por contrato. Al contrario que SGAE, que con presentarse ante un juez, y presentar sus estatutos vigentes, no tiene que enseñar el contrato firmado con ese autor al que dice representar en concreto. Por último, estas empresas pueden agruparse por sectores de explotación como, por ejemplo, el digital.
¿Qué consecuencias tendría para SGAE la constitución de una sociedad de gestión colectiva nueva?
Una amenaza a su monopolio de facto, la posible pérdida de personas asociadas que decidieran optar por modelos más transparentes o adaptados a los tiempos que corren (tecnológicamente y legalmente hablando), la posible pérdida de usuarios/as del repertorio, que opten por pactar tarifas (menos abusivas y más acordes al uso efectivo) con otras sociedades gestoras, etcétera. En definitiva, la pérdida del poder absoluto que ha tenido hasta ahora, y quizás la pérdida incluso del dominio del sector. Todo esto tiene mucho que ver con perder la posibilidad de ejercer prácticas de abuso de posición dominante, tanto frente a sus asociados como frente a los usuarios, las cuales ya ha sancionado la CNMC en varias ocasiones.
Entrevista 4. David García Aristegui
Investigador en temas de propiedad intelectual. Coautor del libro SGAE: el monopolio en decadencia. Entrevista realizada por Google Meet el 21 de mayo de 2020.
¿Cuál es el problema más habitual que suelen tener los autores con entidades como SGAE a la hora de cobrar la cuantía generada por la explotación y reproducción de su obra?
Hay autores que tienen problemas para cobrar con SGAE, pero tienen problemas con mucha otra gente: con las editoriales que se llevan el 50 por ciento por no hacer nada; con las compañías de discos por gente que se ‘enchufa’ en ese contrato editorial en los contratos 360º y sufren una explotación a todos los niveles. Es cierto que los artistas más pequeños, o que están vinculados a compañías independientes, que se autoeditan, o editoriales que no tienen mucha fuerza muchas veces sí que tienen problemas para cobrar. Es decir: SGAE, como no tiene un buen sistema de detección de repertorio, hay gente que dice: “Oye que mi canción ha sonado en Radio3, otros años no ha sonado y estoy cobrando lo mismo”. Los artistas más desconocidos y con menos recursos son los que muchas veces tienen que pelear para que SGAE les haga un reparto un poco más equitativo. Eso no sucede en cambio con los autores más consagrados porque las editoriales van a empujar para que se pague su repertorio.
¿Por qué el modelo de gestión colectiva de los derechos de autor, mediante entidades como SGAE en España, parece quedarse por detrás de sus homólogos en otros países? ¿Estamos al mismo nivel que otros países de la UE en cuanto a la gestión colectiva de derechos?
A SGAE ahora le obliga la ley a realizar la gestión por obra, es decir, que no todo el mundo tenga que meter todo su repertorio para que sea gestionado por SGAE, permitiendo repartir su repertorio por otras entidades. Eso se le ha obligado a SGAE por el TRLPI, por la transposición de las leyes europeas, pero aquí ya había una entidad de gestión que ya hacía eso: VEGAP. Por otro lado hay entidades de gestión que tienen todo su repertorio identificado, no tienen pendiente de identificar, que en la SGAE son millones de euros: se llama DAMA. Las valoraciones de por qué SGAE no quiere hacer gestión por obra es porque no quiere perder poder. ¿Por qué no quiere hacer identificación a nivel digital? Porque los ingresos en SGAE son votos, y resulta que habría mucha gente con votos en las asambleas y se perdería el control de la entidad. Se pregunta después, se quedan el pendiente de identificar y a los cinco años a su bolsillo. Con un repertorio identificado cien por cien, y con tecnología y software para hacerlo, habría enormes cambios en los balances de poder que hay en la entidad. ¿Tecnológicamente se puede hacer? Sí. ¿Lo hacen entidades de gestión próximas en este mismo país? Sí. ¿Por qué no se hace? Por otros intereses.
Entonces ese ‘pendiente’ famoso que colea siempre es por intereses particulares que por falta de medios.
Sí. Y luego (Antón) Reixa decidió acaba con el pendiente, cosa que todos aplaudimos, pero con el problema de que acabó en manos de las multinacionales. De hecho se hizo la identificación del pendiente en la sede de una multinacional.
Acabamos de mencionar el tema del software y la siguiente pregunta precisamente va por ahí. ¿Se ha adaptado una institución como SGAE a los nuevos modelos de distribución y de consumo digital?
Lo que tiene que hacer es aprovechar las nuevas tecnologías para recaudar. SGAE recauda muy bien pero reparte muy mal. Lo que tienen que hacer es repartir bien independientemente de cómo se consuma la música. Además, el acuerdo que tienen las compañías con SGAE está protegido por secreto mercantil. Ni los propios socios saben qué contratos se han firmado. No saben si es bueno, malo o regular.
Tengo una cierta idea de por qué es secreto: si fuera un pastizal las compañías de streaming lo publicarían en una nota de prensa diciendo: “Somos una compañía tan maja que es que pagamos una pasta por stream a la SGAE. Así que pagad la tarifa premium porque somos los mejores y cuidamos a los artistas”. Si no lo hacen es por lo contrario: porque pagan lo mínimo para que el tema no se judicialice […] Hay modelos de consumo pero en plataformas que practican un dumping social de manual. SGAE ahí no tiene que entrar, dice: “A mí me da igual si tú estás a pérdidas, pero me vas a pagar lo que considero que es justo”. El problema es que Spotify va a pérdidas, SGAE paga una miseria y SGAE traga con eso, que es lo que no puede ser.
Esta cuestión también iba enfocada a la correcta identificación de las obras escuchadas en plataformas como estas pero que, sin embargo, no se remuneran correctamente. Y los estudios que se publican en España reflejan los precios del stream pero en EE.UU. o en otros territorios. Este precio es variable en función del país o territorio.
¡Pero no me hables de EE.UU., háblame de aquí! Me han preguntado por los derechos de gestión en Europa. “¡No! ¡Vamos a hablar de DAMA, vamos a hablar de EKKI, vamos a hablar de VEGAP!” Si es que no quiero irme tan lejos, que tenemos cosas más próximas. Además hay una cosa especialmente jodida. Hay una empresa de identificación de software llamada BMAT, que está en un consorcio europeo en el que está SGAE, y SGAE no utiliza este software para identificar el repertorio, es demencial.
Todo esto pasa porque, para quienes dirigen SGAE, el streaming les importa poco. Viven de la Rueda, lo que quieren es recaudar lo máximo en la franja nocturna de televisión. Mucho dinero da muchos votos y eso genera que, quien dirige SGAE sea un determinado tipo de perfil de músicos. Luego está la gente de audiovisuales. Tengo muy buena relación con Antonio Onetti y creo que va a hacer un papel muy bueno, pero no me entra en la cabeza que no esté en DAMA, sus razones tendrá: históricas, afectivas o lo que sea. Y luego está la gente de artes escénicas que fueron el “clan originario” que siguen ahí un poco haciendo de bisagra. Las artes escénicas en Francia mueven mucho más dinero con eso del Estado cultural y podrían tener muchísimo más peso en la economía española.
También algunas fuentes de las entidades de gestión argumentan a su favor que la imagen que la prensa daba (y da) de SGAE era “muy mala”, mediáticamente hablando. ¿Sería cuestión de realizar una mejor comunicación corporativa?
Aquí voy a citar a José Miguel Fernández Sastrón, quien me dijo una cosa que me dio que pensar y que es el contexto en el que hay que analizar a SGAE. “La SGAE recauda, y quien recauda nunca va a tener buena imagen”. Me da la impresión que quien más aúlla contra SGAE es quien más desconocimiento tiene de qué pasa dentro, porque si supieran qué es exactamente la Rueda, qué es lo que ha pasado con la red ARTERIA… El funcionamiento de SGAE directamente colapsaba, le daría una disonancia cognitiva.
Mucha gente se mete con SGAE y no son músicos ni han profundizado en los problemas de SGAE (aquí el movimiento a favor de la cultura libre era simplemente distinguible de un movimiento antiSGAE, sin mayores consideraciones). ¿Cuál es entonces el movimiento alternativo? Internet elimina intermediarios, sí, pero con unos algoritmos que son los que prescriben todo el consumo de contenidos, si no tienes un buen CM estás jodido, si no sabes en cuántas redes sociales vas a estar, diseñadores, abogados, etcétera. Internet no elimina intermediarios: los ha añadido.
¿Qué causas han impedido que se creen gestoras independientes que, de alguna forma, puedan hacer “competencia” a SGAE en el terreno musical? El caso de DAMA, en el sector audiovisual, o de SEDA, la iniciativa impulsada por autores como Patacho Recio.
Cuando las editoriales salieron de SGAE –que han tenido que volver con las orejas gachas– Patacho dijo que tenía una entidad de gestión montada que, bueno, no es una cosa tan compleja. EKKI en Euskadi la montaron tres personas: una que tenía el modelo, otra que controlaba aspectos sobre propiedad intelectual y otra persona con funciones administrativas y comerciales. Y EKKI no es una entidad de gestión como SGAE. EKKI es SGAE con AISGE, con VEGAP y con CEDRO: es todo, lo que demuestra que no es tan complicado crear una entidad gestora nueva. No interesaba realmente montar otra sociedad. En el libro reflejamos que se intentó montar una entidad del ámbito audiovisual en Cataluña y SGAE se empleó a conciencia en que no surgiera, aparte de otros intentos incluso previos a la Guerra Civil, pero recordemos que los socios de DAMA, por pura militancia, estuvieron cinco años sin cobrar y de esa forma rompieron el monopolio de SGAE. También ha habido sustos con EKKI pero bueno, se ha judicializado la cosa pero lo han podido resolver. Lo suyo ha sido un camino de rosas comparado con el tema de DAMA.
Hay una cosa que en libro sale de refilón pero que aquí podemos ampliar: DAMA cuenta con la aprobación de un ministro de Cultura del Partido Popular (PP) llamado Mariano Rajoy. DAMA además también se veía como un proyecto de derechas (que es todo mentira, son gente tradicionalmente muy vinculada a la izquierda pero que no les hacía falta sacar sus galones para romper el monopolio de SGAE).
Y ha sido precisamente bajo un gobierno socialista cuando SGAE ha tenido todos estos cambios y con la amenaza de la intervención por parte del Ministerio de Cultura. ¿No es más fácil permitir y aprobar a alguna alternativa, si es que la hay?
No hay propuestas para hacer una nueva entidad de gestión. Y debería. AISGE la montó la Unión de Actores y Actrices, y DAMA la fundó ALMA, un sindicato de guionistas. He afirmado muchas veces que EKKI, que es una súperSGAE porque tiene un montón de cosas más, la han montado tres personas.
¿Qué herramientas facilitarían la transparencia en una gestión de derechos como la que ahora realiza SGAE, hasta la fecha cuestionada?
Han mejorado muchísimo los extractos que SGAE te muestra. Ahora ves todo online, e incluso puedes consultar el pendiente de identificar. ¿Qué tiene que mejorar? Hay dos cosas muy secretas en este mundo: una es la fórmula de la Coca-Cola y la otra es el reparto de SGAE. En la entrevista que hicimos en el libro a Antón Reixa contaba una anécdota muy curiosa. Ainara le entrevistó durante una hora, y al principio buscábamos de Reixa una serie de cosas. Al escucharla, lo que más nos llamó la atención es que le pusieron una presentación “hasta 16 veces”, explicando el reparto de SGAE y que no acabó de comprenderlo del todo. Nos dijo una frase para la posteridad: “Lo que no es comprensible no es justo”. No hay quien entienda el reparto de SGAE, porque si lo entendiéramos a lo mejor se harían propuestas más que razonables para que haya cambios.
Insisto en que no creo en el “solucionismo tecnológico” Lo primero es saber qué queremos hacer y de qué herramientas nos dotamos. Las herramientas por sí mismas no cambian nada. Lo primero es definir bien el modelo: ¿quiero tener el repertorio identificado? Sí. ¿A qué nivel y con qué coste? No quiero una distopía, que se podría hacer, que es exactamente qué está escuchando todo el mundo en sus móviles por todo el mundo. En cambio, sí que quiero saber qué se está escuchando en Spotify y YouTube y que se pague un precio justo por esas reproducciones.
Lo que decía antes de la segunda escucha de la entrevista a Reixa es que él apuntaba muy claramente a las luchas de poder internas en SGAE, y cómo ese reparto genera un dinero que crea inercias fortísimas, casi imposibles de romper. Durante años el PSOE no tocó a SGAE, pero es que el PP tampoco: aprobó DAMA pero no hizo nada contra SGAE. La única intervención light que hubo fue la prohibición de dar adelantos.
En otra conversación que tuvimos surgieron preguntas sobre los OGI. ¿Este tipo de figura puede ser considerada una alternativa viable a SGAE? Usen la tecnología que usen. Uno de los nombres que hay ya constituidos es Unison.
Unison está pero vamos… Como si no estuviera. Dime a alguien en el Estado español que esté en Unison. De las nuevas alternativas a las entidades de gestión clásicas, la única que ha funcionado es Soundreef que opera, si no he entendido mal, como una especie de hilo musical en Italia –y también con tema de streaming– que ha jugado muy bien. Tú tienes un comercio y dicen: “No pongas nada de la SIAE[4], pon mi repertorio”. En España no están consiguiendo aterrizar por ahora, y por otro lado tenemos a Unison cuyo modelo no está demasiado definido. Abanderan el blockchain pero, ¿qué diferencias tendrían con SGAE? ¿El repertorio identificado? Vale, ¿y qué más? Adolecen de lo mismo que adolece SGAE: la falta de modelo. Si es que el problema está en la falta de modelo, en sentarse con papel y bolígrafo para definir qué quieres hacer.
El modelo de EKKI era muy claro. Un modelo que, por proximidad, mima a los artistas vascos, priorizando el euskera y toda la identificación del repertorio. Luego han ido viendo qué necesitaban para hacer eso, no querían caer en el “recaudo primero y reparto después”, si no recaudar para su gente, con tarifas más justas y negociadas, y por ello EKKI lo impulsan ocho asociaciones profesionales de Euskadi.
¿Qué consecuencias tendría para SGAE la constitución de una sociedad de gestión colectiva nueva?
SGAE sobrevivió a DAMA y sigue existiendo. Ha sobrevivido a EKKI, que va cogiendo fuerza con acuerdos diversos. Aquí lo determinante va a ser si las instituciones –el Ministerio de Cultura– va a ser realmente imparcial y va a impedir los excesos que normalmente comete SGAE con nuevos actores en juego, o si realmente va a fomentar que haya la sacrosanta competencia. Sastrón, del que te he hablado bien, también te puedo hablar mal. Sastrón, que es un liberal convencido, dice que “en la gestión colectiva el monopolio es mejor”. Hombre José Miguel, que somos liberales… ¡Y sabes que la competencia baja los precios! “Si bajo los precios menos dinero que se llevan los autores, eso no nos gusta ¿verdad, David?”. Ser liberal es “competencia sí, pero si me beneficia”.
Suena a competencia muy selecta.
Claro. “Teddy” Bautista se vino una vez arriba y hablaba de que SGAE era “un monopolio natural”[5]. Que no hay que preocuparse por los monopolios.
Como investigador sobre temas de propiedad intelectual, ¿qué errores hay que evitar para que en algún momento haya una alternativa viable y adaptada, ya de paso, al consumo digital de la música? Hay muchos fieles a soportes físicos como el vinilo, pero otros tantos que ya consumen música únicamente por plataformas digitales.
No sé si da mucho o poco dinero el recaudar en peluquerías, lo que sí sé es que es un suicidio social, por lo que hablábamos antes de la imagen de SGAE. Procura no ponerte en contra a más gente de la que ya tenías en contra desde el principio. Los festivales no van a querer pagar, lo bares de música no van a querer pagar, las compañías de discos no van a querer pagar. Con todos ellos pelea duro, pero no te pongas a todo el mundo en contra. Esto de que no hay que recaudar en todos los sitios SGAE ya lo sabe. En sus tarifas, un PDF de 120 páginas, refleja que podrían cobrar en mítines políticos, pero no lo hacen porque no se quieren poner a los partidos en contra.
Por eso digo que hay que recaudar menos pero hacerlo mejor. Si lo recaudas mejor, junto a la complicidad de la gente, cuando reclamas a las administraciones públicas ya cuentas con más simpatías. Hay gente que la música ni le va ni le viene, que no tienen ni un disco en casa y es antiSGAE. Eso da que pensar. Quizás si recaudas mejor incluso recaudes más porque tienes más capacidad, más fuerza y más apoyo social para sacar pasta a YouTube, a Live Nation, a Spotify, etc. No esa red de comerciales recaudadores de SGAE, muchos de ellos encima como falsos autónomos, y que por circunstancias llevan perdidos todos los juicios para que se les metiese en plantilla. Quien es responsable de que se recauden en locales pequeños no es SGAE, es mucho más perverso: “Esta es tu zona, recauda. Si no llegas a los niveles de recaudación de los anteriores representantes de SGAE, ponemos a otro”. Si esa gente hubiera estado en plantilla, y con un modelo claro, no tendrían tampoco problemas laborales.
Primero, recaudar mejor. Segundo, no tener a falsos autónomos. Y muy importante: meter mano a lo digital. Que las plataformas de streaming empiecen a pagar. El acuerdo con Netflix se hizo el año pasado y lleva bastante tiempo en España. No saben qué hacer con el digital. “¡Winter is coming!”.
Entrevista 5. Josep Gómez (AEDEM)
Presidente de AEDEM y director de El Ventilador Music. Entrevista realizada por Google Meet el 17 de junio de 2020.
¿Cuál es la relación de AEDEM con las entidades de gestión como SGAE?
Ha ido variando con el tiempo dependiendo de quién esté en la presidencia […] Arrastramos cinco o seis años de una horrorosa “no relación”. Por suerte, aproximadamente hace un mes ha habido cambios con la nueva presidencia que encabeza Antonio Onetti y la relación ha cambiado radicalmente y estamos esperanzados. Nuestra principal exigencia, que era la convocatoria de elecciones, se ha cumplido.
¿En algún momento el colectivo editorial, o AEDEM per sé, se ha plantado ante SGAE por el desequilibrio en los repartos de los beneficios generados, o ha tenido problemas para defender los intereses de sus representados frente a esta entidad?
Con los últimos tres presidentes ha habido relaciones defectuosas porque había un conflicto grave dentro de la entidad como era el caso de la Rueda. Nosotros queríamos que eso se reparara de la forma más justa posible. Ese es un conflicto que hemos tenido y llevamos arrastrando muchos años […] Aparte de la Rueda, que es la cuestión más grave, hemos tenido muchos otros conflictos por tema de repartos, por tema de la gestión que ha sido totalmente ineficiente y han acumulado una gran cantidad de dinero que se ha quedado pendiente de identificar. Eso no puede ser, no hay ninguna sociedad de gestión en el mundo que acumule tantos fracasos a la hora de identificar el repertorio, eso quiere decir que hay algo que no funciona.
SGAE se fundó en el año 1899, y durante sus 120 años de historia ha sido un monopolio de facto en España. Eso ha generado unas prácticas monopolísticas que casi consideraban a SGAE como una entidad pública, y es curioso que pertenece a los derechohabientes: autores y editores. Sin embargo, esa misma casa era hostil con los propios derechohabientes. Parecía hostil, entre otras cosas, había ciertos intereses entre los colegios de pequeño derecho y el colegio editorial. Los editores tenemos una visión distinta de cómo son las cosas, por ello estamos en dos asociaciones distintas que, a pesar de ello, en el resto coincidimos en casi todo. Al final lo que pasa es que SGAE es como el Saturno devorando a sus hijos. Resulta que nos debería proteger y llegó un momento en que por desequilibrios internos, o por las diferentes luchas intestinas, pues nos perjudica. Han intentado mantener ese monopolio con actos como, por ejemplo, no dejar retirar nuestros derechos de forma parcial (la LPI recoge que sí se puede), o que si retiras un tipo de derecho ya no te puedes presentar a las elecciones a los órganos de gobierno o a la Junta Directiva (cosa que el ministerio ya dijo que no, que si un miembro quiere presentarse lo puede hacer).
Te pongo un ejemplo: otras entidades de gestión como SIAE han tenido durante muchos años un presidente que era editor. En España, sin embargo, SGAE tiene recogido explícitamente que un editor tiene prohibido ser presidente de la entidad. Por otra parte, como autor, empatizo con las reservas que hay hacia las grandes multinacionales, tienen muchísimos recursos. Normalmente es un problema de mercado, no un problema de SGAE. En el mercado también hay desequilibrios al hacer los repartos y en la recaudación también se nota […] Todo esto es un nido de conflictividad que, si se llevara de una forma racional sería simplemente una cuestión de argumentos, de pactos, de conciliación… SGAE, a diferencia de otras entidades de la misma naturaleza, ha tenido una presidencia que no es institucional, si no ejecutiva. El presidente tiene un poder enorme. El director general, que es el perfil técnico y la persona más adecuada para llevar la gestión, ha estado desde la época de “Teddy” Bautista subyugado a los deseos del presidente. Y aquí el señor Antonio Onetti, actual presidente, ha manifestado y tiene la oportunidad de pasar a ser un presidente institucional y conciliador. Esa fue la primera alegría que nos dio y, a nivel particular, por ahora me quito el sombrero.
¿Qué diferencias hay entre las grandes casas editoriales y las editoriales independientes, a las que AEDEM mayoritariamente representa?
La primera gran diferencia está en dónde se inicia el proceso de decisiones en unas y otras. Los compañeros de OPEM son ejecutivos, no propietarios de pequeñas empresas. Ellos responden a una oficina que está en Nueva York o donde sea y que les piden unos objetivos, unas normas, etc. Los tienes trabajando bajo presión reportando a una oficina central de una corporación muy grande. En eso nos diferenciamos principalmente. Entre nosotros, los que estamos dentro de AEDEM, somos el último teléfono decisorio. Normalmente somos nuestros propios jefes y no dependemos de un tercero. Y el dinero que nos jugamos en nuestras inversiones, en nuestro trabajo es nuestro, sale de nuestro bolsillo. No hay nadie que nos pueda venir a rescatar o que pueda condicionar (en positivo o en negativo) nuestro trabajo. Es una capacidad plena de decisión, tenemos también una capacidad de riesgo y esto cambia completamente cómo se afrontan las cosas.
La otra gran diferencia es el volumen de negocio. Ellos tienen muchos recursos y son grupos que no solo tienen la parte editorial: también son discográficas enormes que hacen grandes inversiones de dinero en diversos artistas. Esto condiciona mucho a que nosotros nos veamos obligados a ir de la mano de “los grandes”. Si ellos se marchan de SGAE, la entidad caería. Si ellos se les van perderían prácticamente más del 50 por ciento de los ingresos que tienen.
Eso fue lo que salió en varias noticias, en diciembre de 2019 o prácticamente enero de 2020, que varias editoriales amenazaron con retirar su repertorio de SGAE y fue muy mediático. Sin embargo luego prácticamente nadie cubrió que no se marchaban de la entidad, algo que personalmente me extrañó bastante.
En 2019 muchos independientes dimos la carta a SGAE para retirar nuestros repertorios por si en los seis meses siguientes decidíamos cambiar a una alternativa. La otra cosa que se podía hacer era, efectivamente, antes del 31 de diciembre de 2019 decir “revoco mi petición”. Eso fue en plenas vacaciones de Navidad, el cambio de presidencia que hubo… Así que no solo las multinacionales, también las independientes habíamos solicitado la retirada de nuestros repertorios para tener una capacidad de decisión a 1 de enero de 2020. Evidentemente esto sirve como herramienta de presión para que SGAE reconsiderara su posición. A la anterior presidenta, la señora Pilar Jurado, y al anterior presidente, el señor Hevia, les daba igual lo que dijéramos. Ellos creían que estaban en el mejor de los mundos.
¿Qué causas cree que han puesto en entredicho la figura de SGAE como principal entidad de gestión colectiva de los derechos de autor generados por la música?
Tiene muchos problemas históricos y estructurales. El primero es su sobredimensión. En SGAE trabajan 443 personas, está sobredimensionado. Hubo una época en la que el señor “Teddy” Bautista creaba departamentos, empresas colaterales con el dinero de autores y editores. Montó la SDAE, montó un entramado faraónico, se gastó millones de euros en la compra de teatros –la famosa Arteria– que han supuesto un coste enorme. Al final los que prestamos derechos, seamos autores o editores, somos los que damos soporte a SGAE. Ellos solo tienen derecho a recaudar, identificar, repartir. Con la menor estructura y con el menor coste posible […] Han malversado con dinero que no les pertenece. Son gestores y punto. Pero el faraonismo del señor “Teddy” Bautista no conocía límites: montaron una distribuidora digital, ¿para qué te metes a eso? […] ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? ¡No es tu función! El problema empieza por ahí. Llevamos arrastrando muchos años, y muchos juicios que ha tenido SGAE, y mucho deterioro y quebranto de las cuentas públicas que nos ha afectado.
La otra pata del problema es que esa estructura se ha basado en que se ellos se han otorgado unas prebendas que no les correspondían, como grandes sueldos o grandes ventajas. […] Al margen de la hiperestructura es que ellos se han dado sobresueldos internos. Es una estructura envejecida: no han sabido evolucionar con los tiempos. La situación de SGAE es nefasta, no están a la altura. Por suerte, y reitero, este presidente (Antonio Onetti) nos ha dicho que lo primero que va a hacer es eliminarlo. Ha cogido a un director general, el señor (Adrián) Restrepo que tiene un perfil para poner al día, tecnológicamente hablando, a la sociedad.
¿Se ha adaptado una institución como SGAE a los nuevos modelos de distribución y de consumo digital? ¿Qué tiene AEDEM que decir al respecto?
Francia es un modelo en cuanto a la protección de la creación, de la cultura y de la lengua propia. La cultura siempre tiene grandes presupuestos, financiación, leyes, etc. Hay muchísima capilaridad en el trabajo de difusión en el país y demás. En el modelo de derechos de autor, somos muy seguidores del modelo francés que lleva desde el siglo XIX. SACEM tiene 60 años más que SGAE, fue la primera entidad de gestión de este tipo. Es, si no la mayor, la que tiene más extensión territorial del mundo: en toda África (son un poco neocolonialistas, para bien o para mal) dan soporte a estos países para desarrollar sus sistemas. Y en Europa también, no hace falta irse tan lejos: en Luxemburgo también operan. Así que sí, para mí son un modelo.
SGAE, aparte de los problemas que tiene, no ha sabido llevar sus sistemas hacia la eficiencia. Funciona muy mal en la gestión primero porque no tiene todos los contratos y licencias que debería tener; segundo, porque no tiene sistemas adecuados para la gestión de esa información… Y así estamos. Lo que pasa es que lo digital debería ir más allá: por suerte para SGAE hay una empresa muy grande llamada BMAT. Gracias a ellos se identifican cosas en radios y televisiones con mayor eficiencia, porque hasta hace cuatro días iban con sistemas de analogía, con encuestas.
Casi como las llamadas que se hacían desde las radio fórmulas para preguntar a la gente si les había gustado una canción u otra, ¿no?
Es que era hasta parecido a eso. Eran encuestas, escuchas y extrapolaciones de lo escuchado. Entre otras cosas, quien hacía estas encuestas era subsidiaria de SGAE (no recuerdo el nombre) y tenían 30 o 40 personas trabajando en esto. Aquí en España mismo AGEDI lleva trabajando con BMAT desde que se enteró de que existía. Y SGAE, mucho mayor en tamaño, llegó con diez años de retraso al menos.
¿Crees que es viable constituir próximamente una alternativa a SGAE para realizar una óptima gestión de los derechos de autor? ¿Qué debe cambiar para que este hipotético escenario sea posible, o qué alternativa podría ser realmente viable?
Hace un año hubiera sido más optimista, ahora lo soy un poco menos. SEDA creo que solo tiene una salida si se quiere consolidar: tener una relación muy amistosa con SGAE. Hay otro colegio, el Colegio Audiovisual, en el que hace varios años la mitad de los autores se marcharon y fundaron DAMA. Esta entidad al principio con SGAE tuvo sus más y sus menos, pero más adelante llegaron a una especie de acuerdo para coordinarse inteligentemente con SGAE.
La relación entre SEDA y SGAE no pinta muy bien. Por lo que ya veo el señor Patacho Recio ha hecho una carta que ha irritado muchísimo (y me consta) a la nueva dirección de SGAE, que por suerte son más dialogantes… Esto ya es empezar mal. También veo que SGAE sigue en su postura clásica de “grandullón” y de que si la alternativa no crece, mejor. Han intentado, cosa que nos hemos negado, pedirnos ayuda. Como AEDEM somos neutros. A nuestros socios les vamos a enseñar todas las opciones que tengan para la gestión, sin favorecer a una sobre otra. Y esa política, personalmente, la pienso defender hasta el final. ¿Por qué organizamos en AEDEM la videoconferencia de presentación de SEDA? Porque de SGAE no hace falta explicar nada a nuestros socios, ya la conocen bien, pero de SEDA nunca hemos tenido una charla con los editores independientes para conocer su modelo. Será poco útil si no crean una alianza con SGAE para entenderse.
Quizás ahora este conflicto viene “bien” para posicionar su imagen pero luego sí puedan llegar a un acuerdo. (Énfasis mío)
Lo primero que tendrían que hacer pero no solo ellos, también los OGI que puedan venir e incluida Unison, han de hacer la famosa ventanilla única, eso para empezar. Es ponerse de acuerdo en no ir cada uno llamando a la puerta de cada local que ponga música, ni de la radio o televisión de turno, si no negociar en una única ventanilla una única facturación y luego repartirlo en función del repertorio de cada cual. Sin ventanilla única (que por ley están obligados a ello) esto estallará por algún lado, no funcionará con eficiencia. Las televisiones por ejemplo extorsionaron a SGAE e intentan no pagar nunca. Todo acaba en los juzgados y acaba todo judicializado.
Una vez constituida esa ventanilla única y si se materializase correctamente todo, ¿qué consecuencias tendría para SGAE la constitución de una alternativa sólida y efectiva?
Creo que perderían una cuota de mercado muy pequeña. Mira a DAMA, aunque lo audiovisual ha sido más grande de lo que nos pensábamos al principio, pero creo que la cuota de mercado que van a perder es poca. ¿De qué depende esto? De si conservan dentro o no a las compañías multinacionales. Es la clave. Y luego hay una cosa importantísima: ahora se pueden fraccionar los derechos. Por ejemplo: Unison hay gente que está vendiendo que es más eficiente que SGAE en los derechos digitales. Probablemente haya gente que saque los derechos digitales de SGAE y se los dé a Unison para cobrarlos con más agilidad, y el resto cobrarlos en SGAE.
SGAE tiene el peligro de que, si esto es así, se quedarán en su seno los derechos más caros de gestionar, los que cuesta más dinero recaudar. Por ejemplo, los de la música en vivo, en los que los demás no están interesados por el altísimo coste que suponen: necesitan gente (todavía) para hacer el seguimiento hasta que no haya un detector que identifique todo. Ahora todavía necesitamos una intervención humana importante en todo esto. Lo que puede llegar a pasar es que SGAE, si no espabila en el tema digital, se le vayan los derechos más fáciles –y baratos– de gestionar a Unison, a SEDA, etcétera. y en SGAE se queden con “lo viejo”. Por lo demás no sé decirte, no tengo una bola de cristal, pero SGAE tiene una posición de dominio de mercado muy grande y si lo hiciera bien acabaría ganando.
El monopolio se extendería otra temporada más. Si consigue que las alternativas que nazcan se queden con esa parte, pero ellos no pierden fuerza. Hay más actores en el mercado, pero sigue todo acaparado en una sola mano.
Dependerá de muchas cosas, de cómo evolucionan los derechos de autor. Si cada vez es más importante la parte digital o no, si SGAE reacciona tecnológicamente hablando. Casi una guerra tecnológica, como en todo.
En ese terreno de las tecnologías ya se cuelan temas como el blockchain. Y precisamente otro actor que ha entrado en el terreno de juego, si se me permite el símil futbolístico, son los OGI. ¿Qué valor diferencial, aparte del tecnológico, pueden aportar a la gestión de derechos?
Ellos no son derechohabientes pero tienen ánimo de lucro. Eso quiere decir que es una empresa privada que quieren ganar dinero. La menor cantidad posible de recursos humanos para invertir gran parte en tecnología. Saben que su baza es tener una tecnología muy potente para identificar, para el pago de royalties, para liquidar a los clientes y tener costes mínimos. Este es un modelo ganador, y si SGAE quiere sobrevivir tiene que tomar decisiones ante la evolución de la tecnología y del propio mercado.
La gran ventaja que tienen los OGI, o la propia SEDA, es que son estructuras pequeñitas, muy ágiles y menos costosas. A las multinacionales no les gusta demasiado el modelo de ánimo de lucro de los operadores, prefieren ser parte de los órganos de gobierno de una entidad, tener voz y voto dentro de ella. Aunque no tengamos poder de decisión, que sean transparentes, que nos digan exactamente el porcentaje que se quedan de nuestros derechos y listo. Las multinacionales no les hacen tanta gracia porque se juegan mucho en la capacidad de tomar decisiones. Otras como SEDA vamos a ver, de momento hay un problema: nació más o menos en octubre de 2019, llevamos casi nueves meses (como un parto) y aún no tienen la licencia para operar. Ha habido poca labor de comunicación, por ejemplo nosotros les hemos tenido que invitar a AEDEM para que expliquen qué están haciendo. Falta un poco más de involucración con el resto de las partes o asociaciones profesionales, llamar y preguntar qué nos preocupa del modelo, en qué se puede mejorar.
Tras todas estas reflexiones, y a expensas de transponer la última directiva europea, ¿se necesita una reforma/actualización de la normativa española en materia de propiedad intelectual?
No soy experto en Derecho, porque para eso tenemos a abogados que nos asesoran y muy bien en estos temas. Pero hay cosas sobre lo digital que deberían estar reflejadas, o como la copia privada que todavía no ha desaparecido. Hacer pagar en un móvil una parte por copia privada lo veo muy abstracto.
Entrevista 6. Jokin Erkoreka (EKKI)
Coordinador general de EKKI. Entrevista realizada por Google Meet el 13 de julio de 2020.
¿Qué relación tiene EKKI con el resto de actores de la industria musical? (Editoriales, autores y otros profesionales asociados).
Primero de todo es que EKKI gestiona todos los derechos incluidos en la LPI. El principal nexo de unión entre EKKI y el mundo musical es Euskal Herriko Musikariak (MUSIKARI), la asociación profesional de músicos de Euskal Herria, y una de las entidades fundadoras de EKKI. No sé si sabes que EKKI se fundó en su momento como una federación de asociaciones. Se unieron varias, una de ellas MUSIKARI, y que entronca la relación que tiene EKKI con la industria musical de cara a lo que es su desarrollo en País Vasco. Además, tenemos relación con otras partes de la industria como es Euskal Herriko Musikarien Elkartea y Musika Bulegoa (Oficina de la Música de Euskal Herria), que es una asociación creada en colaboración con MUSIKARI y otras tantas asociaciones que dependen del Gobierno vasco como el Instituto Vasco Etxepare para la internacionalización del producto musical vasco.
¿Y a nivel nacional tenéis relación con otras entidades de gestión? (En el ámbito musical, por poner un ejemplo, con SGAE).
En el ámbito de la música, tanto SGAE como AIE o AGEDI… Las tres pusieron un recurso contencioso administrativo contra el Gobierno vasco por la autorización que el gobierno vasco nos otorgó. Te imaginarás que las relaciones con ellos no son muy fluidas. Sí que hemos tenido algunas relaciones con SGAE de forma inevitable porque se generan ciertos roces y las reuniones tienen un tono meramente cordial, en las que no ha fructificado prácticamente nada. Siempre han sido reuniones en torno a la gestión específica de determinados momentos de cosas como, por ejemplo, obras de teatro en las que había derechos contingentes entre las dos entidades, pero sin mayor trascendencia. Con AIE y AGEDI no tenemos ninguna relación.
Entiendo que las entidades de gestión relacionadas con la música, que son las que tienen “más que perder” en el surgimiento de la competencia, no reciban bien que surja una nueva entidad de gestión. Y el acercamiento que hacen ellos, aparte de SGAE que como es la entidad gestora más grande, pues tiene obviamente un alcance mucho mayor y tarde o temprano va a tener que relacionarse con nosotros, con el resto de entidades. Luego sí que hemos tenido una relación cordial, aunque bastante superficial con DAMA, que es otra de las entidades que surgió haciendo competencia en las mismas categorías de derechos con SGAE, y que sufrieron unas dificultades parecidas a las nuestras en sus primeros años de vida. Ahí que hemos tenido contacto sobre todo a través de David García Aristegui, que le conoces seguro.
Sois un caso muy singular en cuanto a la formación de una entidad de gestión. ¿Cómo fue el proceso de creación de EKKI? ¿Qué dificultades encontrasteis? En algunos medios se os apodaba la ‘SGAE vasca’ como ruptura del monopolio que, a nivel autonómico, supuso vuestra creación.
En 2011 se trajo la competencia, el Gobierno vasco no actuó porque no hubo un acuerdo concreto entre actores hasta el año 2014. En octubre de 2014 también es cuando se da la autorización a EKKI para comenzar a operar como entidad de gestión porque se ponen de acuerdo estas cinco entidades fundadoras (la asociación de ilustradores, de músicos, de bertsolariz, la de editores y la de escritores vascos). Surge en un ámbito singular, sí que es cierto que al ser en una entidad de gestión autonómica en un sitio en el que ahora mismo, tras la reforma de la Ley que entra en vigor el 1 de enero de 2015, no es posible porque esta competencia se devuelve al Estado y al Gobierno central. Primero está el pleito de competencia que pone Abogacía del Estado contra el Gobierno vasco, que pasa por todos los niveles hasta el TS, todos los tribunales por el camino le dan la razón al Gobierno vasco. Luego están los pleitos en relación al derecho que consideran ‘subjetivo’ las entidades de gestión españolas de aparecer en el proceso de autorización de una entidad de gestión nueva, que el Gobierno vasco les niega por un error formal en la petición, y que todavía a día de hoy sigue coleando. Seis años después ambos casos, uno encabezado por SGAE junto a VEGAP y CEDRO y el otro con AIE y AGEDI, cuyo contenido es exactamente el mismo en las dos. El de AGEDI siempre va una instancia por detrás, pero siempre se resuelven con el mismo resultado.
Todavía hay dos casos que siguen vivos y pendientes de una segunda actuación del Supremo (ya han pasado por el tribunal de primera instancia, por el TSJPV y por el TS), que ha “retrotraído las actuaciones”, digamos, de vuelta al momento en el que el TSJPV había dicho que esta legitimación existía, otorga esta legitimación y el TS, dentro de esa legitimación desestima las peticiones de SGAE como de AGEDI y AIE, y ahora están pendientes de sentencia del Supremo, o sea de apelación a esa quinta sentencia ya.
Las dificultades derivadas de esto van desde, por ejemplo, la imposibilidad de que CISAC nos acepte como socios (mientras existan estos litigios consideran que ni el ministerio ni el poder judicial de España nos otorgan legitimidad total), hasta otras dificultades que, aparte de tener que estar pendientes de esta legitimación y del coste que supone tener una representación legal que esté pendiente del asunto. En lo que es el desarrollo propio y el crecimiento de la entidad, ahí sí que no han supuesto ninguna traba, hemos podido atender a los socios con normalidad.
Vuestro carácter autonómico también es una singularidad y factor distintivo, pues la reforma de la LPI no daba competencias a las CC.AA. para crear sus propias entidades de gestión de derechos. ¿Qué dijeron en ese momento otras entidades al respecto, aparte de todos los litigios en los que todavía seguís al pie del cañón? ¿Qué tuvieron que decir ante un nuevo actor dentro de la gestión colectiva como vosotros?
El argumento principal de las “entidades centralistas”, en el que se basan para legitimar su aparición en el proceso de autorización de nuevas entidades de gestión colectiva, es que de forma natural los derechos de autor se deberían gestionar dentro de cada país en forma de monopolio. Muestran así los ejemplos de Alemania o de Francia, que funcionan por cada disciplina artística en monopolios. Parece que se les olvida que la legislación europea precisamente apunta hacia lo contrario. Ellos encuentran justificación en esos monopolios naturales, la posibilidad de presentar objeciones a la existencia de una entidad autonómica que no facilita, si no que dificulta, la llegada de las cantidades pendientes a los derechohabientes.
De hecho, la CNMC ya puso sanciones a SGAE en algún momento por abuso de su posición monopolística. Ese “monopolio natural” como se denomina, generará debates entre quienes os dedicáis a la gestión colectiva.
Claro, claro. El monopolio natural es una objeción que ellos ponen para defenderse de lo que la legislación europea está tratando de implantar, que es precisamente que se facilite la competencia y que se facilite la entrada de empresas altamente tecnológicas y completamente privadas, como son los OGI, para vivificar el mercado de los derechos, y para que sobre todo la gente que tiene grandes repertorios pueda gestionarlos de forma ágil, y por categorías en entidades diferentes si así corresponde.
Y sin embargo este tipo de empresas no pueden gestionar los derechos de gestión colectiva obligatoria por ley.
Tienen esa dificultad. Sí que creo que las OGI son un planteamiento, viéndolo desde el punto de vista del legislador europeo, de cara a los derechos relacionados con la puesta a disposición de repertorios masivos por parte de empresas tecnológicas. Sí que tienen esa dificultad añadida. Nosotros en EKKI tenemos muy buena relación con Unison, que es la OGI que existe en España aparte de Soundreef. Hemos estado con ellos en los últimos dos o tres BIME, yo tengo buena relación con Eric Jordi y sí que es verdad que ellos se enfrentan a unas dificultades que no tienen nada que ver con nosotros, simplemente porque el planteamiento propiamente de una entidad de gestión colectiva y de una OGI son muy distintos, y además nosotros siendo autonómicos centrando nuestra actividad en la nación y la lengua vasca. Hay diferencias sustanciales pero si es verdad que nos preocupan cosas en común como la que mencionabas antes. De hecho, el propio Unison el que ha promovido dos de las causas sobre las que la CNMC se ha pronunciado en torno a las tarifas de SGAE, que son abusivas y están establecidas desde un poder de monopolio efectivo.
¿Qué similitudes y qué diferencias tenéis, en lo que a funcionamiento se refiere, con otras entidades que ya operan a nivel nacional?
EKKI tiene su particularidad desde el principio. De la mano de Ainara LeGardon se elaboró un decálogo donde establecíamos una serie de principios, entre los que destacaría que la transparencia en los procesos democráticos internos tiene una importancia muy grande y sobre todo el hecho de que las entidades de gestión no se conviertan en un fin en sí mismo, si no que sean un medio para un fin. Que vayan siempre de mano de los artistas, que cambien siempre de la mano de los artistas, o que se transformen en base a las necesidades de los creadores y de los derechohabientes. En ese sentido EKKI desde el principio tiene una Asamblea General en la que no existe la ponderación de voto: cada socio tiene un voto que tiene el mismo valor. Desde el principio los contratos de EKKI son personalizables, de forma que no obligan a la gestión obligatoria de todas las obras que vayan nominalmente adscritas a un creador, es decir, que solo se gestionen las obras que se dan de alta. Desde el principio EKKI tiene una idea clara de cómo hay que gestionar: siempre desde el uso efectivo. Sí que es verdad que gran parte de la gestión que llevamos haciendo los últimos cuatro años, que es cuando entré a trabajar como la “oficina técnica de EKKI”, digamos, han sido por uso efectivo por ejecuciones públicas, etc, pero también estamos poniendo medios tecnológicos para que en los medios masivos de difusión (radios, televisiones y plataformas digitales de puesta a disposición) podamos utilizar informes de uso de ellos y cobrarles por uso efectivo.
Parece ser que si miras a la acción de las entidades gestoras del pasado parece un imposible, y sin embargo nosotros hemos encontrado a más de un proveedor tecnológico que compite por ese mercado en el que ofrecen tecnologías que a mí me fascinan, de verdad lo digo. Supongo que conocerás Vericast, un producto de la empresa BMAT, que básicamente otorga una huella digital a cada una de las canciones. Puedes escuchar todas las emisoras de radio, todos los canales de televisión para identificar todas las canciones que tienen huella, los usos específicos, etcétera. Luego también trabajamos con la empresa Rightmos, una empresa madrileña con un software llamado Apolo, que es fantástico y que es un motor de matching: lo que hace es coger los informes derivados de la identificación del propio Vericast, se traspasan a través de este motor de matching, así como otros informes de uso que nos pueden otorgar las televisiones o las plataformas de puesta a disposición online del audiovisual como de música. Todo ello lo compara con nuestra base de datos y te genera un informe final donde figuran los usos exactos, cuáles son las proporciones respecto al total para que las tarifas se ajusten a eso. De esta forma el usuario no paga de más: todo lo que se paga está perfectamente identificado y le queda al socio de una forma en la que todo el proceso es transparente, no hay criterios de ponderación de por medio que haga que unos se enriquezcan más que otros.
En ese sentido estáis bien adaptados a nuevos modos de consumo en plataformas digitales de todo tipo.
Como entidad de gestión que hace en el siglo XXI la prioridad es eso. Sí que es verdad que nuestra relación con las plataformas está en un estado muy primario –tanto con Spotify, YouTube, Netflix–, son relaciones que desarrollamos en base a adoptar estas tecnologías pero que bueno, al final para una entidad de gestión optar a cobrar correctamente de las plataformas de puesta a disposición, que son las que distribuyen tanto el producto audiovisual como la obra musical de la forma más masiva y homogeneizada en todo el mundo, es un enorme avance y para nosotros es necesario.
¿Por qué ha habido colectivos autorales, o de otro tipo de actores de la industria musical, que precisamente han pedido varias veces la gestación de alternativas? ¿Qué causas han llevado a reclamar la ruptura del monopolio?
Hay una multiplicidad de razones para ello. Yo te diría que, en el País Vasco en concreto, hay un hartazgo respecto a la acción de las entidades de gestión, primero que está equiparado al hartazgo que puede haber en el resto del Estado por los monopolios de las entidades de gestión, que han estado instaurando tarifas abusivas unilateralmente durante años y años. Después, con la ministra (Ángeles) González-Sinde toda la legislación aprobada sobre propiedad intelectual durante su mandato, donde se vio con mucho recelo todo lo del canon digital[6]. Y luego en País Vasco la sensación que existe de que en las entidades de gestión españolas el creador/a vasco/a es periférica y que en los repartos se ven afectados, que no se reparte de forma transparente ni justa y que no se remunera la explotación real que se hace, dentro de País Vasco, de la propia obra vasca.
Aparte de eso pueden estar los incontables casos de corrupción interna que han asolado a SGAE, los insultantes sueldos que han tenidos algunos directivos de algunas entidades de gestión como CEDRO[7] y que, en general, dentro de estas entidades de gestión se haya acumulado muchísimo poder, mientras que el creador/a medio sigue viéndose sin herramientas reales para poder seguir creando y mantenerse de su propia creación. Todas esas cosas juntas obviamente generan un descontento plural y compartido entre creadores/as que necesitan una alternativa porque ven que el instrumento principal que tendría que ayudarles a llevar a cabo estas acciones está podrido.
Autoras/es e incluso también algún editor de corte más independiente. Algunos, quiero imaginar, estarán también enfadados con la gestión llevada a cabo y apoyarán alternativas como SEDA, el intento más reciente.
Desde EKKI estamos bastante a la expectativa respecto a SEDA. La verdad es que hemos recibido cero comunicaciones, y yo la información que tenga de ellos es prácticamente la misma que puedas tener tú. Lo que sé de ellos es lo que saben los medios de comunicación y aun así es poquito: que se ha constituido como asociación, que está a la espera de la autorización del ministerio pero que hasta 2021 no gestionará derechos, y que ya está admitida en CISAC como miembro provisional. Imagino que porque lleva un repertorio importante y entre la gente que esté haciendo esa migración habrá nombres importantes. Veremos si vienen de verdad a conformar una alternativa a SGAE o si vienen a convertirse en otra SGAE más.
¿Cómo hacer más transparente una gestión de derechos como la que ahora realizan otras entidades como SGAE? ¿Más tecnología, mejor identificación? ¿De qué manera pueden introducirse mejoras?
Las tecnologías pueden no ser exactas. La aplicación de tecnologías puntas, o la financiación del desarrollo de proyectos futuros que puedan garantizar una transparencia total es indispensable, y esas inversiones son necesarias, para garantizar la transparencia de cara al futuro. En el presente, y también para EKKI que tiene una transparencia total. En el reparto, por ejemplo, que se ha realizado durante 2019 –y que hice hace un mes– es el 100 por ciento de lo recaudado por lo repartido. También es una cuestión de voluntad. Obviamente una entidad que ha existido durante mucho tiempo y que tiene una autoimportancia capital se convierte necesariamente más en un fin que en un medio. Eso significa que hay tiranteces de poder dentro, significa que hay mucho dinero en juego para mucha gente y eso requiere voluntades fuertes, requiere una política interna en la que prima más el enfrentamiento que el encuentro… Y al final eso distrae del objetivo final, que es la gestión de derechos en nombre de los asociados. Supongo que no es una cuestión solo de la tecnología necesaria, si no de tener la voluntad para sacar adelante una gestión más transparente y más justa.
¿Qué errores han llevado a la propiedad intelectual a ser un auténtico freno para la expansión de la cultura?
Sobre todo es la judicialización del ámbito cultural y de la explotación del repertorio. Por lo menos, desde mi punto de vista personal, la judicialización de ese espacio, el convertir la explotación de derechos de propiedad intelectual en un asunto que automáticamente el gran público relaciona antes con una sala de juicios que con una actividad cultural… Ese es uno de los errores que ha convertido la gestión de derechos en un freno para el avance y la expansión de la cultura. También las dificultades que se ponen a la organización de actos benéficos, por ejemplo. Las entidades de gestión, y sobre todo SGAE, han tenido muchísimos problemas con autores que querían participar en actos benéficos en los que, al final, los derechos se han tenido que acabar pagando en lugar de llegar a un acuerdo, simplemente por la rigidez interna de las normas de la entidad y porque necesitan realizar determinados volúmenes de liquidación al año para llegar a los balances financieros necesarios.
Son algunos ejemplos, pocos pero ilustrativos. Sí que me da la sensación que uno de los motivos por los que EKKI no gestiona la obra por autor, si no por alta –se ponen en el centro de la gestión a la obra y no al autor– es porque es uno de los errores que ha llevado a mucha gente a no asociarse a entidades de gestión. Este es uno de los grandes mitos de la propiedad intelectual en España, que si no te asocias a SGAE están cobrando tu dinero y no te lo están pagando. Y es cierto. También es verdad que los derechos de simple remuneración los tienen que cargar. Pero de la misma forma que los cargan a sus espaldas y que hacen el esfuerzo por recaudarlos, deberían hacer un esfuerzo por repartirlos en lugar de dejarlos en un arca durante cinco años.
¿El famoso pendiente de identificación?
Hay pendiente identificado, pero también identificado pero no social. El reparto está “establecido para ‘x’ autor en esta materia por tanta cantidad, pero como no es socio no se lo pagamos”. Ese es uno de los errores que considero que han conseguido que el autor, o el creador o creadora en general recelen, más que confíen, en la gestión colectiva.
Ese puede ser el caso de algún autor/a autogestionada que no querrá ni oír hablar de entidades de gestión o de gestión colectiva.
Efectivamente. Y retornando un poquito a lo que hablábamos antes sobre los editores, uno de los colectivos que en el País Vasco se ha empezado a ver representado gracias a EKKI es el colectivo autoral. En EKKI obras editoriales hay pocas, para empezar porque gran parte de las editoriales están asociadas en SGAE, y a pesar de lo que dictaría el sentido común, que es que el autor elija a una entidad de gestión y el editor, en esa entidad de gestión correspondiente sea quien edite la obra. El editor es socio de una entidad gestora, entonces todas las obras que edita tienen que estar en una entidad de gestión… lo cual no tiene absolutamente ningún sentido. Gran parte del colectivo que enrola EKKI al final, si tienen un editor que está en SGAE, se lo van a pensar dos veces… Aunque a pesar de ello muchos lo hacen. El que no tiene ningún editor ni está atado a ningún sitio, y no se han visto representados en cómo SGAE hace la gestión pues ha venido a EKKI y ha encontrado una entidad cercana en la que además puede, con mucha agilidad y una implicación muy directa, gestionar su obra de la forma que le place, lo cual es una gran ventaja para nosotros a la hora de captar socios/as de aquí que cada vez más recurren mucho más a la autogestión.
De hecho, leyendo precisamente SGAE: el monopolio en decadencia, entrevistaban a un autor asociado a EKKI en 2014 y mencionaban que habíais establecido acuerdos para las licencias Creative Commons.
En el libro hay dos entrevistas. Una es con Anari, que fue la primera persona que se dio de baja en SGAE para venir a EKKI, es una artista muy importante dentro de la escena vasca de los últimos veinte años, y la otra es con Igor Estankona, que es parte de la Junta Directiva de EKKI. Lo de Creative Commons, te lo cuento como anécdota, se intentó (sobre todo por nuestra parte) hacer un acercamiento con ellos para ver, dentro de sus licencias, si era posible “casar” los dos mundos. Se ha convertido en un sistema bastante habitual para las bandas de música –me centro en ellas porque Creative Commons es un sistema que está pensado para la difusión de textos en instituciones universitarias en origen– pero en la música, gracias a plataformas como Bandcamp, se ha hecho habitual que la gente cuando sube su obra dice “tengo la posibilidad de establecer una licencia Creative Commons”, se las lee y elije la que más le cuadre. Para salvar ese salto, que era nosotros adquirir repertorio o que los grupos trajeran repertorio que estaba bajo licencia Creative Commons, nos acercamos a ellos y preguntamos la posibilidad de estudiar cómo casar esas licencias con el contrato de gestión de EKKI. No fructificó, pero aun así en EKKI hay socios/as que tienen algunas obras con licencias Creative Commons, siempre y cuando incluyan la licencia BY-NC-SA[8]. De ahí a otras más restrictivas son compatibles con el contrato de EKKI.
¿A qué controles públicos está sometida EKKI para demostrar que cumple con sus funciones de recaudación colectiva y defensa de la cultura?
Pues tenemos la auditoria que hemos de llevar a cabo y luego otorgar al Gobierno vasco, en este caso concretamente es a la Dirección de Patrimonio Cultural, dentro de la Consejería de Cultura del Gobierno, que es a la que rendimos cuentas. Y ella es quien revisa la auditoría anual, las cuentas anuales, la que revisa las listas de asociados anuales y la explotación y la liquidación anual de derechos.
¿Qué consecuencias tendría para SGAE la constitución en firme de una entidad alternativa y, por ende, un nuevo actor dentro del esquema tradicional de la gestión de derechos de autoría? Aunque os hayáis conformado a nivel autonómico, sois una pieza más del tablero de la gestión colectiva.
Las consecuencias pueden ser de todo tipo. Por apuntar lo que comentabas de EKKI sí que es cierto que somos una entidad de carácter autonómico pero nacemos con vocación nacional. Me explico: nacional referido a País Vasco. El núcleo sobre el que se mueve EKKI no es exclusivamente de dar una alternativa a SGAE, si no lo contrario: formar desde abajo una alternativa para los autores y autoras vascas, pero de todo el territorio. A pesar de que somos una entidad conformada dentro de la comunidad autónoma vasca también aspiramos a gestionar, y gestionamos efectivamente, repertorio de derechohabientes de Navarra y del País Vasco francés. En ese sentido, como tú dices, somos una pieza más en el tablero, pero nos movemos en un espectro en el que no nos miramos a los ojos con SGAE. ¿Por qué? Porque ni es el centro de nuestra competencia ni somos nosotros la alternativa a la que todo el mundo mira.
¿En un artículo de elDiario.es no os llamaban “la alternativa vasca a SGAE”?[9]
A mucha gente se le olvida que existe DAMA, y que DAMA ya está desde hace muchos años dando la alternativa a SGAE porque a ellos tendemos a relacionarlos más con la música que con la obra audiovisual, y luego porque se creía también incorrectamente que EKKI era una entidad que gestionaba solo derechos musicales. Ahí sí que entiendo que haya habido desde la prensa gente que nos haya planteado como una alternativa a SGAE, pero somos alternativa parcial. Parcial en el sentido en el que compartimos algunos territorios, compartimos algunos de los derechos y compartimos algunos de los usuarios. Sí que es verdad que EKKI tiene la mirada puesta en otros ámbitos de derechos que no tienen nada que ver con SGAE y en ese sentido no somos el centro de la alternativa.
Ahora bien, la constitución de una alternativa o de una serie de alternativas concretas que pudieran dejar a SGAE en un lugar no de vulnerabilidad, pero sí de que se den cuenta que todas las categorías de derechos que ellos gestionan tienen una serie de competidores (no solo uno, si no varios). A día de hoy no solo estamos nosotros, si no que a partir de 2021 estará SEDA, también esta Unison y también esta DAMA. Tienen la competencia montada ya, la alternativa se está gestando.
¿Lo que yo creo que puede suponer? Creo que ya está suponiendo algo en SGAE, primero queda reflejado claramente en el hecho de que han cambiado la presidencia unas cinco veces en los dos últimos años, que las guerras intestinas van a consumir gran parte de sus energías, con lo cual no creo que vayan a estar centrados en la gestión sino al contrario: me parece que el hecho de empequeñecer y de tener competencia les va a perjudicar internamente. Segundo, creo que va a haber estructuras de poder que va a quedar al descubierto, que todavía no conocemos y que dañarán, más si cabe todavía, la reputación de SGAE y también creo que le va a hacer reflexionar. Entiendo que todas estas cosas pueden hacer mejorar a SGAE como entidad, pero eso solo depende de la gente que quede dentro cuando se asiente el polvo de la generación de alternativas. No tengo ninguna duda de que es posible que surjan actores nuevos, pero teniendo en cuenta que el ámbito de la propiedad intelectual es un campo que está mirado con lupa por las instituciones pues las alternativas surgirán con cuentagotas. No solo estará el Ministerio de Cultura observándolo, sino que también estará el espacio europeo desde la propia GESAC o la propia CISAC, además de la UE como legisladora, también miran muy de cerca este asunto así que las alternativas surgirán de forma controlada. Cuando se asiente el polvo de todo esto SGAE saldrá reforzada si así lo trabajan desde dentro como entidad, pero obviamente con menos potencial económico y con unas aspiraciones diferentes. Sino no sobrevivirá.
A juicio de EKKI, ¿qué puntos de mejora pueden ser necesarios a corto y medio plazo para un correcto funcionamiento de las entidades de gestión?
El primero suelen ser los procesos democráticos. La socia, en general, valora mucho más el entrar en una entidad en la que confía, a pesar de que no tenga una garantía de cobrar mucho dinero durante los primeros meses o años, siempre y cuando vaya a tener la garantía de que los procesos democráticos se van a respetar, de que su opinión se va a escuchar y que no se va a ver relegada a ser un número dentro de una burocracia ingente, sino más bien al contrario: que podrá ser una persona en una organización donde el centro son las personas.
Luego otro cambio obviamente es el de la adopción total de tecnologías para que las liquidaciones se puedan hacer de forma justa y transparente. Entiendo que las entidades de gestión tienen que hacer un esfuerzo mayor, no solo económico sino también espiritual, para que estas medidas tengan un efecto que el socio/a pueda notar desde dentro. Y aparte de eso dependerá un poco de cada punto de vista de cada socio potencial si le afecta el hecho de que las entidades sean espacios judicializados y en los que el pleito prime por encima de la difusión de la cultura.
¿Qué retos de futuro (o largo plazo) imagina EKKI, tanto para el ámbito de la gestión colectiva como para la propiedad intelectual?
Para EKKI el reto de futuro principal es formar parte de CISAC porque queremos tener la posibilidad de:
- Tener acceso a acuerdos bilaterales estandarizados y relación directa con las entidades extranjeras.
- Los estándares internacionales que nos van a permitir gestionar la obra mucho mejor.
Ese es el gran reto a largo plazo que nos marcamos y que, no tengo ninguna duda, nos va a dar el empujón definitivo de cara a convertirnos en una entidad de gestión establecida: dejar de convertirnos en la posible eterna alternativa, en dejar de ser “esa pequeña entidad de ese pequeño rincón de Europa” y convertirnos en una entidad de gestión más sólida y más reconocida. Luego está la posibilidad de convertirse en la gran alternativa nacional, no solo a nivel de territorio, si no a nivel de representación de los creadores/as vascos/as. Esos son los grandes retos que nos asoman.
En colectivo respecto a la propiedad intelectual, sobre todo a nivel europeo el objetivo es implementar de forma correcta los cambios que se han ido introduciendo en las Directivas de 2014, 2016, 2019… Que tengamos un mercado realmente libre y competitivo, que tengamos unas entidades de gestión que de verdad opten por renovarse y por adaptarse a un tiempo en el que la gestión ya no se hace como antaño, teniendo en cuenta que muchas arrastran tics del pasado, sobre todo SACEM, SIAE y GEMA, aparte de SGAE. Las que más antigüedad tienen, al fin y al cabo, y con más peso a nivel de repertorio con grandes compositores del pasado. El reto colectivo para todas nosotras es ese: que acabemos en un mercado que esté mejor que el de hoy.
También hay que tener en cuenta que hay factores que no podemos controlar, sobre todo cómo va a evolucionar el consumo de obras culturales en el futuro porque con la tecnología bueno. Los sitios hacia los que va el 4.0 y 5.0 que se plantean con los wearables[10], o con la posibilidad de llevar en las gafas o en implantes dentro del propio cuerpo. El consumo de derechos va a plantear revoluciones dentro de cómo se gestiona el derecho de propiedad intelectual. Se puede hacer frente a eso con un mercado un poquito más establecido, con alternativas claras y con entidades de gestión que ofrezcamos además un servicio social. De esto no hemos hablado pero es un punto muy fuerte de las entidades de gestión sobre los OGI: las entidades estamos formadas sin ánimo de lucro, teniendo en cuenta las implicaciones que eso tiene y teniendo en cuenta lo que hemos visto a algunas entidades de gestión hacer parecería mentira, pero no. Somos entidades sin ánimo de lucro, estamos controlados por las instituciones públicas, estamos comprometidos con ese principio de transparencia y tenemos ese ámbito social en el que tenemos que invertir un porcentaje de nuestros beneficios –siempre y cuando se generen– anualmente. Y siempre y cuando tengamos una red sólida, en la que de verdad apoyamos a los/las autores/as y creadores/as, y en el que nosotros nos mantengamos como una entidad intermediaria que sea más un medio que un fin –hablo de nosotros como de otras entidades europeas– creo que seremos capaces de hacer frente a esos cambios tecnológicos.
¿A nivel mundial? Hay muchas otras cosas que tener en cuenta. El mercado asiático funciona de una manera muy particular, y la forma en la que ellos entienden la propiedad intelectual ha evolucionado de una forma muy distinta a como la entandemos nosotros. El mercado africano, después de la descolonización, ha tenido otras tantas instituciones que montar por el camino y ahora mismo está llegando a la propiedad intelectual porque CISAC está muy relacionada con el desarrollo de los mercados de África. A este nivel tan grande los retos están un poco más disociados, pero a nivel más europeo serían esos: llegar con un mercado un poquito más sólido en el que la competencia sea sana y en el que las entidades de gestión lleguen con buena salud.
Efectivamente. Además, con todo el problema de la pandemia, ese termino de “sin ánimo de lucro”, y además de toda la ayuda que podáis prestar las entidades a creadores que lo necesitan… Ahí la pandemia de la COVID-19 también afectará a todos, a nivel recaudación o que no podáis tener el mismo músculo financiero.
No sé si sabes que en abril hubo una reforma temporal de la LPI, y durante el estado de alarma, donde se especificaba que se eliminaba el límite superior de la parte del presupuesto que se dedica a la acción social dentro de las entidades, y se nos otorgaba la capacidad de dar en beneficio social la parte que nosotros quisiéramos. Por esa parte el Gobierno ha eliminado esa barrera y entiende que las entidades de gestión somos una herramienta para ayudar a los creadores por esa parte… Y en ello estamos.
Entrevista 7. Patacho Recio (SEDA)
Miembro del grupo Glutamato Ye-Yé. Cofundador y presidente de la entidad de gestión SEDA. Entrevista realizada por teléfono el 17 de septiembre de 2020.
¿Cómo ha sido la historia de todo el proceso hasta llegar a la SEDA que hoy ya conocemos? ¿Con qué respaldo habéis contado? ¿Ha habido presiones de algún tipo? ¿Cuál es la razón de vuestra formación?
Pues somos un grupo de autores y de editores independientes que llevamos varios años intentando, de alguna manera, regenerar SGAE. Esto surge cuando se hacen públicos todos los escándalos, con la entrada de la Guardia Civil en la sede. Luego con el nombramiento de Reixa de presidente, que denuncia que se están produciendo una serie de irregularidades y registros de obras fraudulentas. Entonces es cuando empezamos a tomar conciencia de que la caída de los repartos de derechos de autoría no se debe solo a la crisis económica que había, sino que está ocurriendo algo más, que SGAE no funciona como debería y que el sistema de reparto que hay no es el que tendría que ser.
En una primera fase incluso presentamos una candidatura a las elecciones de SGAE. Vimos que era imposible hacer absolutamente nada, denunciamos casos como el de la Rueda ante la justicia, solicitamos al Ministerio de Cultura la intervención de la entidad pero no llegó. Hace dos años se convocaron unas elecciones a la presidencia, para la que preparamos una candidatura entre diferentes grupos de autores y en consonancia también con los editores musicales, pero esas elecciones no fueron convocadas cumpliendo los requisitos legales. De hecho, el propio ministerio pidió a SGAE que se permitiese el voto electrónico de los socios. La CISAC también pidió lo mismo, SGAE desestimó todas estas peticiones y por ello fue expulsada de CISAC. El ministerio mantiene, a fecha de hoy, la solicitud de intervención de la entidad y nosotros retiramos la candidatura, no quisimos participar en un hecho fraudulento.
A partir de ahí nos pusimos a trabajar en una nueva entidad, justo cuando en julio de 2019 hicimos una retirada masiva de repertorio como un primer paso, tanto autores como editores. Es difícil de cuantificar porque SGAE nunca ha dado los datos oficiales, pero se estima que el repertorio que se iba a retirar superaba el 60 por ciento. Ese año no dio tiempo a crear una entidad nueva y que la licencia llegara a tiempo. De hecho, SEDA nace el 5 de noviembre de 2019, cuando se constituye por fin. Es un proceso muy complicado, no es como crear una asociación cultural, es una entidad de gestión de derechos desde cero: preparar todo el entramado, preparar un plan de viabilidad, etc. En diciembre del mismo año se solicita la licencia al ministerio, pero evidentemente no da tiempo. El Ministerio de Cultura tiene tres meses para estudiar toda la documentación, así que no nos llega la licencia a tiempo y tenemos que volver todos a SGAE. Hubo autores que no quisieron volver, como José Luis Perales o Julio Iglesias, que se marcharon a entidades extranjeras ante el creciente descontento.
Posteriormente, en reuniones con el ministerio, nos comunican en febrero de 2020 una serie de cuestiones a subsanar en un plazo de diez días. Imposible subsanar en ese tiempo todo lo que se nos pidió, así que decidimos retirar la solicitud, subsanar todo y volver a presentar la solicitud en marzo (aconsejados por el propio ministerio). Si no hubiésemos subsanado eso en el plazo nos hubieran denegado la licencia y luego eso ya pesaba en el expediente. Retiramos la solicitud con la mala suerte que, según presentamos la solicitud se declara el estado de alarma por la crisis de la COVID-19. Eso implicó la paralización de todos los procedimientos administrativos, con lo cual se dificulta el conseguir la licencia antes del 30 de junio que era el objetivo clave, porque SGAE exige a los autores para poder marcharse al año siguiente la cancelación del contrato con seis meses de antelación. En abril pedimos, amparados por la legislación vigente, que levantase esa suspensión de plazos administrativos para seguir con el proceso porque así hubiéramos llegado a tiempo. Pero el Ministerio de Cultura (o alguien dentro de él) nos respondió el 3 de junio (dos meses más tarde) que como el estado de alarma se ha levantado el 1 de junio y ya no hace falta que nos responda. El proceso de tres meses empieza a contar a partir del 1 de junio. Se alarga la cuestión y la licencia nos llega el 31 de agosto de 2020 por la tarde, rozando el límite.
El Ministerio de Cultura ha tardado mucho pero, por fin, en agosto de 2020 os dieron la autorización para operar. Sin embargo, El País hizo mención a un controvertido informe emitido por la misma subdirección del ministerio, y firmado por Carlos Guervós, que previamente evaluó vuestra viabilidad y dijo que estabais listos para operar. ¿Qué puntos señalaba ese informe y qué tiene que decir SEDA al respecto?
En primer lugar, el Ministerio de Cultura nos comunica que tiene que enviar nuestro expediente al resto de entidades y operadores que se puedan ver afectados por la concesión de nuestra licencia. Nos dice que seamos nosotros quienes digamos qué partes son las afectadas. Nuestra respuesta es que la LPI se modificó y se eliminó ese requerimiento de consultar con el resto de entidades. Lo que se nos respondió es que no hay que consultar con otras entidades, que la LPI se ha modificado y que los únicos afectados en la solicitud de gestión somos nosotros. Que no es lógico siquiera que se entregue toda la documentación interna, incluso con documentos confidenciales, a la posible competencia de SEDA… Que al final es lo que se hace. Se entrega toda la información interna de una empresa, absolutamente toda, a la competencia, en este caso a SGAE y a Unison.
Ambos preparan una serie de alegaciones en julio, de todo tipo… Algunas realmente surrealistas como que el sistema de SEDA para elegir a los miembros de su Consejo de Administración es “antidemocrático”. Nos acusan de ello y nuestra respuesta al ministerio es que el sistema de SEDA para elegir a los representantes del Consejo de Administración es exactamente el mismo que el sistema electoral español para elegir a los miembros del Senado. No hay ninguna diferencia, salen elegidos los candidatos más votados.
En el caso de SEDA pueden ser tanto autores como editores, ¿verdad?
Hacemos unas elecciones para autores y otras para editores. SGAE lo que manifiesta realmente es que el sistema electoral español es antidemocrático. Parte de las alegaciones eran de ese tipo, no había por dónde cogerlas. A pesar de mostrar nuestra disconformidad respondimos a todas las alegaciones. A partir de ahí el ministerio nos había presentado nuevas subsanaciones que tendríamos que modificar en nuestros estatutos, se subsanó en todo momento y durante todo el proceso (desde que empezó en diciembre de 2019 hasta que termina) todo lo que nos pidieron. Incluso en alguna cláusula de los estatutos, aunque no estábamos de acuerdo con lo que nos pedían porque la ley dice lo que dice. No quisimos conflictos, pensábamos que lo importante era conseguir la licencia, ya habría tiempo para los matices y subsanamos todo. No había ningún motivo legal para que el Ministerio de Cultura pudiera denegar la solicitud. De hecho los estatutos están la página web y cualquiera puede constatar que no hay un solo artículo que contradiga la legislación vigente.
De hecho el primer periódico que publicó la noticia del informe que mencionas, que fue El País, lo sacó como algo escandaloso y luego al final del artículo ponía que lo habían comprobado y que efectivamente los estatutos de SEDA estaban subsanados. Lo que interesaba era el escándalo. Ese informe a nosotros nunca se nos envió. De ser un informe oficial se nos tendría que haber enviado en fecha para poder realizar las subsanaciones que se pedían ahí. En cualquier caso es un informe que está obsoleto y entendemos que es un informe interno. El Ministerio de Cultura habrá hecho muchos informes y que ahí dentro habrá gente a favor o gente en contra de que exista una alternativa de gestión. En cualquier caso la decisión del ministerio se basa en los requerimientos que pide la legislación (y creemos que SEDA los cumple todos): estatutos adaptados a la LPI, garantizar la correcta gestión de los derechos de los socios en el extranjero, el que la existencia de una alternativa para los derechos de autoría musical (que no existía) es beneficiosa para la propiedad intelectual.
Hay otra cuestión que el ministerio ha valorado, pero que la LPI no contempla, que es la consistencia de un plan de viabilidad. Que es otra cosa que a lo mejor se critica en ese informe de una manera un poco sui generis. Estos planes los elaboran las empresas de todo tipo con vistas a tres, cuatro o cinco años y donde haces una estimación de la situación del mercado, la cuota de mercado que vas a cubrir con tus obras, de los ingresos que vas a obtener, de los gastos que vas a tener. Todo reflejado en ese plan. Te puedes equivocar o puedes acertar, pero es imposible saber con certeza si dentro de cinco años ese mismo plan se va a cumplir al cien por cien. De hecho no creo que exista ninguna empresa en el mundo que cumplan a rajatabla esos planes de viabilidad. Te llega una crisis como la de la COVID-19 y no hay plan de viabilidad. Sí que es cierto que presentamos incluso en su momento no solo un plan de viabilidad, sino un plan de contingencia para una situación en la que no pudieran venirse los autores, como ha ocurrido. Todos los autores y editores a los que íbamos a gestionar su repertorio no podremos hacerlo todavía, porque al no entrar la licencia en plazo evidentemente el repertorio que vamos a tener el primer año va a ser mucho menor. Lo que hicimos con el plan de viabilidad fue cambiar las fechas: no poner “2020, 2021, 2022”, sino “primer año de funcionamiento”, “segundo año”, y así sucesivamente. En el momento actual entendemos que, dado todo lo que ha ocurrido, 2021 va a ser un “año cero”. En 2022 los autores ya podrán trasladar a SEDA su obra si así lo desean y, por tanto, se convertirá en el año 1 del plan de viabilidad. Todo esto lo que ha producido es un retraso, de alguna manera, en el pleno funcionamiento de la entidad.
SEDA es el primer intento exitoso para romper el monopolio de SGAE en lo musical. Ha habido intentos de autores que, por un motivo u otro, nunca más han salido de lo que era un titular en los medios. ¿Qué causas dificultan la creación de una alternativa que, en otros sectores como el audiovisual con DAMA, sí han llegado a buen puerto?
SGAE era una entidad que hasta hace diez años entendíamos que funcionaba bien. Era una entidad en crecimiento que cada año recaudaba más, llegando a la cifra de 300 millones de euros. A nivel europeo era una de las entidades más importantes en ese sentido recaudatorio y el funcionamiento parecía bueno. Cuando las cosas te marchan bien en el campo de la música, que es el que nosotros gestionamos, pues no te planteas crear una alternativa. El caso de DAMA era distinto, lo crean un grupo de guionistas que sí detectan que SGAE lo que está usando es al resto de creadores no musicales para hacer crecer el imperio. Coger lo que creamos todos y hacer un gran monstruo. Constatan que en SGAE no existe una trazabilidad en los ingresos que genera cada derecho. Se dedican a recaudar, mezclan todo el dinero en una gran bolsa común y luego lo empieza a repartir, como ellos consideren. Ahí existe una adjudicación no exacta ni correcta a cada obra ni a cada derecho como corresponde. Por ello quieren crear una alternativa, SGAE les intenta hacer la vida imposible para mantener el monopolio pero DAMA ha conseguido salir adelante y ahora mismo, en cuestión de derechos audiovisuales, tiene tanta fuerza casi como SGAE. Solo en los últimos años los principales cineastas se han ido con ellos: Almodóvar, Amenábar y muchos más.
¿Y en lo musical qué causas han dificultado vuestra llegada?
El intento de salvar la entidad. SGAE no deja de tener cien años. Alguno de nosotros llevamos cuarenta años allí como socios y nuestra intención no es otra que salvar SGAE. Entendemos que se la puede rescatar, que tiene una estructura creada que es utilizable, lo que hace falta es profesionalizar la gestión. Hasta ahora en ese sentido no era nada profesional, si no que han sido los propios autores quienes han “cortado el bacalao”. Por ello creemos que hay que profesionalizar la gestión, hay que terminar con la opacidad en la comunicación con sus socios, con sus usuarios y con la sociedad en general. Hay que buscar una transparencia absoluta. Los usuarios que pagan por poner música en sus espacios no saben a dónde va ese dinero que están pagando. Ni ellos ni nosotros. Cuando te vas dando cuenta de todas esas cosas es cuando ves que no es posible de salvar porque el propio entramado que tiene creado SGAE de sistema de votos (la asignación de votos por ingresos) hace imposible acceder a puestos de la Junta Directiva. SGAE sigue sin permitir una cuestión que es un principio básico democrático. La democracia consiste en que cualquier persona que tiene derecho a votar pueda ser votada. SGAE no te permite presentarte a candidato a la Junta Directiva si no reúnes unos requisitos económicos (de recaudación en los últimos cinco años). Tienes que haber gestionado mucho dinero en un momento dado para ser candidato a las elecciones. Como si el haber hecho una canción de éxito, y generar mucho dinero con ella, te diera mucho conocimiento sobre gestión empresarial, derechos de autor…
Es que los autores no tienen por qué entender sobre cada detalle de propiedad intelectual, ¿no? Para eso hay expertos y abogados.
Todo eso es lo que intentamos cambiar y no fue posible. Por ello decidimos directamente crear una nueva entidad para que eso sí fuera así. Donde la gestión sea personalizada, que haya una plena transparencia y donde el sistema de reparto de derechos tenga una trazabilidad que impida el desvío de ingresos, y donde el reparto sea acorde y proporcional al uso de cada obra. Defendemos que cada autor reciba ni un euro más ni un euro menos de lo que le corresponde, cosa que en SGAE nunca se ha dado.
Durante el seminario de presentación ofrecido en AEDEM exponíais unas fechas ideales para empezar a operar, pero la autorización no llegó en las fechas barajadas. La pandemia habrá influido pero… ¿El proceso administrativo de verdad se paró por la COVID-19, había subsanaciones que corregir todavía, o no interesaba que SEDA operase antes del 30 de junio?
Mi respuesta oficial es que evidentemente se ha parado por la pandemia, eso es evidente. Dada la situación financiera y económica de SGAE en estos momentos, si la licencia hubiera llegado antes del 30 de junio y se hubiera producido la retirada de derechos que se solicito el año anterior, eso hubiera implicado una caída fuerte en la recaudación de SGAE. Es una cuestión económica, si SGAE tiene una caída muy fuerte en su recaudación, teniendo en cuenta su mala gestión y su falta de profesionalidad, evidentemente hubiera entrado en quiebra financiera. Eso está perjudicando a todos los autores.
No podemos ignorar que SGAE es la primera vez que ha reconocido que en 2019 tuvo unas pérdidas de casi 22 millones de euros. Las cuentas de SGAE son claras y están previsto que la recaudación de SGAE este año caiga a poco más de 160 millones, generando unas pérdidas de más de 30 millones. Lo sabremos en unos meses cuando se publique el informe de gestión. SGAE a pesar de todo esto no ha recortado gastos: es la única empresa española con un volumen grande de funcionamiento que no ha recortado en gastos, no ha aplicado un ERTE. Tiene unos gastos de funcionamiento y mantenimiento de más de 60 millones de euros anuales, números publicados en las auditorías. Si ha estado con unos ingresos de 250 millones, aplicando un descuento de administración del 15 por ciento son… 38 millones. Si tienes gastos de 60 millones y nos estás descontando 38 millones… Las cuentas fallan por todos lados. A pesar de todo nos encontramos que en enero va a tener unas pérdidas acumuladas de unos 60 millones. Y no podemos ignorar que tienen pendiente de pago multas millonarias de la CMNC, multas del Ministerio de Cultura y otra de Hacienda por trasvases de dinero entre SGAE y la Fundación SGAE. Tocará doblar el descuento de administración o pidiendo un crédito al ICO, pero da igual. Pueden ganar tiempo pero lo único que seguirán haciendo es tapar agujeros. No hay una reconversión seria de estructura empresarial en SGAE.
En ese mismo seminario también desgranabais el presupuesto inicial para arrancar, y 2 millones de euros venían de parte de entidades gestoras extranjeras. ¿Qué entidades son y qué acuerdos hay firmados? ¿Son entidades con las que hay después contratos de reciprocidad para recaudar en su nombre en España? Esa fuente de financiación me resultó curiosa y por ella quería preguntaros.
Ha ocurrido antes, no somos el primer caso. De hecho en Grecia hace uso cinco años hubo también un escándalo muy grande. Eran casos diferentes pero también estaba relacionado con una mala gestión. Pillaron a miembros de la Junta Directiva de la entidad gestora de derechos musicales comprándose un yate. Date cuenta que todas las entidades generan dinero en todos los países del mundo. SGAE viene a recaudar unos 28 millones de euros para las entidades extranjeras. Ese dinero está en riesgo: si SGAE se hunde y no hay una alternativa ellos perderían 28 millones de euros al año. Cuando hablamos de ayuda de lo que hablamos es de recurrir a la colectividad internacional, quienes realizan el préstamo de un fondo, se establece un máximo que es de 2 millones de euros y que ya veremos si son necesarios, aparte de las fuentes de ingresos que generamos con las cuotas de nuestros socios, o con los propios préstamos que nos hacemos nosotros como socios a SEDA como forma de financiación. Lo que se busca es un convenio o acuerdo internacional y ver qué entidades están dispuestas a colaborar en esa ayuda y qué cantidad puede aportar cada entidad.
¿Qué entidades os han ayudado?
Se crea un grupo de trabajo en el que participan SACEM, ASCAM y PRS, son algunas de las entidades más importantes. Se crea el grupo de trabajo y se analiza conjuntamente. De hecho las propias entidades extranjeras, junto con las multinacionales, crean también otro grupo de trabajo para ver la viabilidad, paralelamente a la creación de SEDA, para crear una entidad de gestión alternativa en España para la gestión de derechos musicales. Esos expertos, incluso, se reunieron con el Ministerio de Cultura, con los representantes del ministerio, etc. Ese grupo de trabajo formado por las tres entidades y tres multinacionales concluyen que sí, que es viable crear en España una entidad de gestión. Y también concluye, y aquí está el quid de la cuestión, que el plan de viabilidad que presenta SEDA es válido, es óptimo y que se puede apoyar.
Este tipo de grupos y de financiación sí que se pueden hacer, es como un préstamo. Tú puedes prestar dinero y evidentemente la garantía son los derechos que tú estás gestionando.
¿Qué valor diferencial tendrá SEDA respecto a entidades como SGAE (en lo musical) o de los propios operadores de gestión independiente (OGI)?
Además de la transparencia hay algo muy importante que es la profesionalidad. Los propios estatutos de SGAE dan toda la representación a una Junta Directiva y a una Dirección General. Ningún miembro del Consejo de Administración de SEDA tiene poder ejecutivo, ya empezamos por ahí. Simplemente lo que hace el Consejo de Administración es quien designa al director general. Luego aparte el Consejo de Administración ha creado otra figura que en SGAE no existe que es un Consejo Asesor, que ya está constituido, y donde todas estas decisiones van siendo consultadas y transmitidas para su conocimiento. Este consejo lo forman profesionales del sector en sus diferentes ámbitos. Nuestro Consejo de Administración sí que es cierto que se puede equivocar en sus decisiones, pero lo que no va a ocurrir en SEDA, a diferencia de otros, es el sistema de funcionamiento de ese consejo por la manera de elección. La manera de elección de SEDA es elegir a un director general: se barajan unos nombres, se presentan las candidaturas, se analizan los CV de cada uno, se consulta la disponibilidad, se valora todas las historias, se consulta al Consejo Asesor y se toma la decisión. No es un presidente que dice “voy a poner a Pepe de director general”. Ya hay una diferencia de funcionamiento tremendo.
Y luego el sistema de reparto de derechos. En SGAE podemos analizar cómo se reparten los derechos por ejemplo de la TV, que puede haber sido el detonante con el lío que ha habido de la franja nocturna. La semana pasada escuché unas declaraciones de (Antonio) Onetti donde afirmaba que “a pesar de que CISAC les pidió esos requerimientos para que SGAE vuelva a ser admitida (que aplique en la franja nocturna un máximo del 15 por ciento), ellos van a repartir entre la franja nocturna un 20 por ciento porque la ley española se lo permite”. Dijo eso y se quedó tan tranquilo. El discurso de SEDA lo que dice por activa y por pasiva, además de que es lo que establece nuestro sistema de reparto de derechos es que la franja nocturna, al margen de que la ley establezca un 20 por ciento, va a recibir lo que le corresponda. Si le corresponde un 3 por ciento será un tres por ciento, no un 20 por ciento. Si le corresponde un 10 por ciento recibirá un 10 por ciento. Esa es una diferencia muy importante, el tema de reparto de derechos. Nosotros vamos a dar exactamente lo que corresponda. La valoración que vamos a hacer nosotros es en cuanto se haga se pague por disponibilidad. Las televisiones pagan por disponibilidad de un repertorio, la asignación de cómo se reparta ese dinero se valorará sobre todo, y en primer lugar, por el nivel de audiencia. Si tienes una audiencia de un 20 por ciento tu valoración es un 20, si tienes una audiencia de un uno por ciento es un uno por ciento. Algo que no se ha hecho en otras entidades. No es como SGAE que dice que con un nivel de audiencia de 20 por ciento le doy un 7 por ciento, y al que tiene un nivel de un 1 por ciento le doy un 4 por ciento. En SEDA no, se pagará lo que le corresponda a cada uno. Eso va a generar controversias, lo sabemos, pero creo que es muy importante repartir justamente a cada persona lo que genere su trabajo.
¿Qué objetivos busca SEDA a medio o largo plazo (dado que a futuro inmediato parece complejo por la situación actual)? ¿De qué manera puede ser una opción atractiva para autores/as más jóvenes que miran con reservas el entorno de la gestión colectiva?
Antes hablábamos que nuestro “año 1” se retrasa a 2022 por culpa de la propia Administración española, así de claro, pues no ha querido agilizar los trámites ni levantar la suspensión de plazos, y que ha provocado este problema. Aun así la intención de SEDA es gestionar los derechos de los socios que sí han retirado su repertorio de SGAE y que ya nos han encomendado esos derechos. No se va a abandonar a nadie, se van a gestionar esos derechos. Lógicamente no es lo mismo gestionar cien mil obras que mil obras. No tenemos apenas ingresos y los gastos son elevados, habrá que hacer un plan de contingencia, intentar reducir costes al máximo y ser conscientes que en 2021 la gestión de esos derechos que vamos a hacer va a superar al descuento de administración que vamos a aplicar. Habría alternativas para no caer en ello, pero lo vamos a hacer. Y no solo de los autores que hayan retirado su repertorio, también de todos los autores nuevos o jóvenes que quieran encomendar su obra y que no están en SGAE. De hecho desde que se nos ha concedido la licencia hemos recibido más de 200 correos de solicitud de admisión. Muchos de ellos son de autores nuevos que no están en SGAE porque no les gusta su modelo, y que nos han pedido ser admitidos como socios, y también (e importante) de algunos autores que, aunque no firmaron la retirada de derechos de SGAE en su momento, tienen la intención de encomendarnos la gestión de sus obras futuras, las que todavía no se han publicado. Lo cual te abre también una ventana muy importante porque tú puedes encomendar tus nuevas canciones, aunque sigas en SGAE, ya puedes encomendar su gestión a SEDA, es importante trabajar en esas líneas. Y luego la gente va a poder comparar cómo funciona SEDA este año y cómo le funciona en SGAE lo que ya tienen. Vas a tener los mismos derechos gestionados por dos entidades diferentes y vas a poder comparar. Cada uno sacará sus conclusiones.
¿Qué consecuencias tendrá para SGAE y para los autores/as la llegada de SEDA?
Todo depende del camino que tome SGAE. Lo primero que ha hecho con nosotros es lo mismo que hizo con DAMA en su momento, o con Unison cuando salió, que es hostilidad absoluta. Ya ha presentado un recurso contencioso administrativo pidiendo además medidas cautelares para que se nos retire la licencia para eliminar la competencia para que no exista. Entendemos que eso es un error y estamos destinados a entendernos. Creemos que es bueno que haya opciones y que haya alternativas. No queremos que SGAE desaparezca, queremos que SGAE se transforme, se regenere y se reconvierta. Tiene que adaptarse a los nuevos tiempos, ¡que estamos en 2020 y en el siglo XXI! Llevan veinte años sin enterarse que estamos en el siglo XXI, con una estructura de gestión del siglo pasado, no ha avanzado. Ha ignorado la gestión de los derechos digitales. Si evoluciona, sobrevivirá.
Y ahora mismo las entidades nos necesitamos, los usuarios necesitan que las entidades se entiendan. La LPI obliga a que haya una ventanilla única de cobro y de facturación donde el cliente, pongamos que es dueño de un local o promotor de eventos en vivo, realice un pago único y sean las entidades las que se repartan lo que corresponde a los productores, a los intérpretes o a los autores en AGEDI, AIE, SGAE o SEDA. O los operadores. Estamos obligados a entendernos y SGAE tiene que entender eso. Si su actitud cambia y llegamos a un entendimiento podríamos convivir tranquilamente dos entidades. Si SGAE mantiene el principio de hostilidad y se basa todo en eso, en que su única manera de funcionar es mantener el monopolio estará condenada a la desaparición y a la quiebra.
O quizás que SGAE se quede ciertos derechos que son muy costosos de gestionar y vosotros, por ejemplo, podáis absorber y especializaros en la parte de digital.
También podría ser una solución. De hecho nosotros en este primer año, ya sí lo hemos transmitido al ministerio, no vamos a gestionar los derechos de comunicación pública por el coste que genera, por eso hemos preferido dejarlo en SGAE y la intención es hablar con ellos, negociar y conseguir llegar a un acuerdo con SGAE, AGEDI y AIE para gestionar conjuntamente esa parte y no hacer un caos al propio usuario. Tenemos muchas llamadas de dueños de locales y comerciantes que preguntan si pueden dejar de pagar a SGAE y empezar a pagar a SEDA. No porque tú vas a usar repertorio en tu comercio que pertenece a dos entidades, pero lo que hay que explicarle es que tiene derecho a realizar un solo pago, que seamos nosotros los que discutamos, no el cliente con nosotros. Hay unas tarifas, intentaremos que en la gestión de este tipo de derechos que pueden crear más controversia lo que haremos es aplicar la misma tarifa de SGAE para no crear problemas a los usuarios. La diferencia estará en el reparto, no en el cobro.
Una de las cuestiones que hemos querido dejar clara desde la redacción de los estatutos ha sido que, en el sistema de reparto de derechos, el socio lo entienda desde el minuto cero. El asociado tiene que entender bien los estatutos, los reglamentos, tiene que entender el contrato que firma. Podemos hacer asesoría jurídica a nuestros socios, pero una persona que viene a hacerse socio no tiene por qué fiarse del abogado de la entidad. El socio debe saber que, cuando te haces socio de SEDA, pasas a ser dueño de SEDA y dueño de las decisiones que se toman. Y nuestro primer objetivo es transmitir eso, que se sienta “dueño de su casa”, cosa que hasta ahora no ha ocurrido en otras entidades.
A diferencia de entidades de gestión más enfocadas en el consumo de música tradicional, ¿cómo adaptareis el funcionamiento de SEDA para cuidar al autor, recaudar correctamente y que los datos estén accesibles sin “pendientes”?
Tecnológicamente y financieramente hablando lo que más nos interesa, de lo que es identificación del uso de las obras por diferentes sectores, es externalizarlo a través de empresas con las herramientas adecuadas y con la experiencia para facilitarnos esa información, para saber en todo momento el uso que está teniendo cada obra de nuestro repertorio y que podamos reclamar esos derechos para abonarlos lo más rápido posible. En SGAE ahora mismo hay derechos que tardan en pagarse un año a pesar de que debería ser un reparto semestral, pero es irreal. Tú sales en televisión en enero y te lo pagan en diciembre. Nuestra intención es agilizar, siempre que el cobro sea efectivo, y conseguir que los pagos sean trimestralmente. Un de las cosas que está en el plan de viabilidad y en los estatutos es que SEDA nunca va a usar los ingresos que reciba, y que pertenezcan a sus socios, para mantener el funcionamiento de la entidad. Los estatutos nos lo piden y así está contemplado en el plan. De esta manera agilizamos los pagos. Ahora mismo no tenemos posibilidad, ni medios como hacen otros, de conceder anticipos a cuenta, pero sí podemos intentar agilizar los pagos para que la gente sobreviva en estos momentos de crisis. Ese es el objetivo, agilizar los pagos y que trimestralmente puedas pagar. Si nosotros tenemos los derechos identificados y asignados, si tenemos una trazabilidad de los ingresos y una asignación a cada obra y a cada autor de esos derechos ya hecha, en cuanto cobremos del usuario lo que se tenga que abonar podemos hacer el pago inmediatamente al socio. No tenemos por qué esperar nueve meses.
La intención final es que el socio miembro de SEDA tenga conocimiento en todo momento de lo que está ocurriendo con su obra. Por ejemplo en plataformas como Spotify cuál es el uso real que está teniendo su obra, que no es lo que la gente ve en la pantalla de Spotify cuando sale, que parece que tiene un millón de escuchas… A lo largo del mundo y a lo largo del tiempo. Lo que tenemos que saber es cuántas escuchas has tenido en el territorio que nos has encomendado que gestionemos y en el periodo de tres meses que nos hemos comprometido para pagar.
¿Con las plataformas digitales SEDA ha suscrito algún tipo de acuerdo antes de ese horizonte 2022?
Sí tenemos que establecer acuerdos pero de momento no. Este ha sido otro problema que hemos tenido también, que no hemos podido firmar acuerdos con nadie porque no tenemos licencia. Ahora tenemos un equipo y cuando esté formado el presidente de la entidad no va a firmar esos acuerdos ni va a firmar esas tarifas. Quien lo va a firmar es el director general. Hay tiempo, nuestro proyecto arranca el 1 de enero y tenemos tiempo para comunicar a todas esas plataformas que el repertorio que ahora tenemos es nuestro, no de otras entidades. En DAMA ocurrió. Al principio lo que hacía es que las radios y televisiones pagaban a SGAE, luego DAMA reclamaba la parte que era suya. En SEDA vamos a intentar evitar eso, vamos a intentar que el usuario pueda pagar por la ventanilla única y que el acuerdo o discusión sea no de nosotros con los usuarios, sino que sea entre las propias entidades, que es lo lógico.
¿Qué retos afronta el modelo de la gestión colectiva de derechos?
Desde SEDA por ahora externalizaremos la parte de identificación y lo más tecnológico, no vamos a invertir en tecnología más de lo que sea necesario. Contrataremos en cada momento a empresas que dispongan de esa tecnología y diversificará. SEDA no entregará toda su necesidad de identificación a un solo proveedor. Diversificaremos la gestión y podremos comprobar qué empresas responden y se adaptan mejor a nuestras necesidades.
Una cosa que hemos comentado de puntillas son los acuerdos de reciprocidad. Sin haber tenido licencia hasta ahora, los acuerdos que hubierais podido hacer con otras entidades a nivel europeo han estado parados. No sé si hay ya algún tipo de acuerdo provisional, o algo apalabrado desde hace tiempo que ahora se pueda materializar.
Pues de hecho ahora ese es uno de los temas que más problema nos ha creado. La LPI nos obliga a garantizar la gestión de los derechos de nuestros socios en el extranjero para obtener la licencia. Nosotros al no tener la licencia, como la pescadilla que se muerde la cola: no teníamos licencia, por lo que no podíamos firmar ningún acuerdo de reciprocidad para la gestión con ninguna entidad del mundo y garantizar esos derechos. No te hablo ya con las europeas, hablo del mundo entero, de 120 países y de las más de 200 entidades que existen de derechos de autor. No podíamos hacer eso y no podíamos cumplir el requisito. Lo que hicimos en marzo, cuando presentamos la solicitud por segunda vez, es presentar un acuerdo ratificado con la SACEM francesa mediante el cual SACEM se compromete a gestionar los derechos de nuestros socios en todos los países del mundo y ese acuerdo se va cancelando, entidad por entidad y país por país, según SEDA vaya firmando los acuerdos. No es un acuerdo por unos años concretos ni es entregar la gestión a una entidad extranjera. No tiene nada que ver con eso. Ni nosotros mañana cerramos un acuerdo con SIAE en Italia, ya en ese momento el acuerdo de SACEM con Italia se cancela. Y en cualquier caso SACEM nunca va a repartir los derechos, lo único que va a hacer es gestionar el cobro de los derechos de nuestros socios en el extranjero y entregarlos. Es SEDA la que identifica y asigna esos derechos a quien le corresponda.
Ha sido un acuerdo casi salvavidas, una gran ayuda.
Ha sido una ayuda enorme. Es una de las cosas que viene en ese famoso informe que salió en la prensa y de lo que SGAE nos acusa, que hemos firmado un acuerdo de colaboración con ellos (con SACEM). Nosotros hemos encargado eso, SACEM se ha comprometido y ahora que ya tenemos licencia podremos empezar a firmar acuerdos de reciprocidad con otras entidades en cuanto seamos admitidos también como miembros de la CISAC, que ese es otro paso importantísimo. Hemos conseguido un hito importante: que el Comité Ejecutivo de CISAC aprobase nuestra membresía provisional, condicionada únicamente a la concesión de la licencia. Eso se llevó el 28 de mayo a la Asamblea de la CISAC, cuyo Consejo autorizó la concesión de la membresía provisional sin que la Asamblea tenga que votarlo una vez que tengamos la licencia. El proceso sigue abierto y en la próxima reunión del comité de CISAC (fechada para octubre de 2020) esperamos que se apruebe esta membresía. Eso nos permitiría acceder ya a toda la estructura de reconocimiento de derechos de la CISAC para gestionar derechos en el extranjero, y acordar con todas las entidades como miembros de CISAC los acuerdos de colaboración/reciprocidad. Antes no se podía hacer y hemos buscado una solución. En ese informe lo que se dice es que “es algo que nunca se ha hecho”. Claro que nunca se ha hecho… ¡Porque no había posibilidad de hacerlo al no haber alternativa! Nosotros hemos buscado una solución que, entiendo, es óptima para solucionar un problema legal y para garantizar que los derechos de nuestros socios en cualquier país del mundo van a estar cubiertos y garantizados desde el minuto cero. Y hay que tener en cuenta que CISAC en el primer año siempre te pone a prueba. Si no cumples con los principios de CISAC puedes perder esa membresía, cosa que con nosotros no va a ocurrir.
Cierto, que siempre hay posibilidad de expulsión en caso de incumplir esos principios y nadie asegura que se conserve eternamente ese puesto como socio.
Veremos lo que ocurre y cómo se desarrolla todo. Nosotros hemos buscado alternativas no solo para cumplir con la ley, sino para eliminar todas esas trabas burocráticas que la ley exige. Lo que hemos comprobado a lo largo de este proceso es que la LPI, a pesar de las mejoras introducidas en los últimos años, tiene muchas lagunas y muchas deficiencias como esta misma. Te está exigiendo algo que no puedes cumplir.
¿Qué puntos de mejora podrían introducirse a nivel legislativo?
La ley debería permitir lo mismo que permite a un OGI: sin necesidad de presentar ninguna documentación funciona como empresa que tiene ánimo de lucro. Simplemente comunicas al ministerio que empiezas a funcionar mañana. No entiendo todos estos problemas para una entidad de gestión, cuando además la entidad dice “es que a los socios se les puede engañar”. No se puede porque somos los socios los dueños de la entidad, y somos los socios los que queremos gestionarnos y no queremos que nos obliguen a estar en una entidad en la que no queremos estar. Igual que el proceso de constitución de una asociación cultural sin ánimo de lucro: te constituyes, te inscribes en el registro y listo.
- Lawrence Lessig es abogado, académico e impulsor de la iniciativa de las licencias Creative Commons, muy crítico con el modelo de gestión de los derechos de autoría.↵
- LeGardon, A (2014). Otro modelo es posible. Análisis y reflexiones en torno a la gestión de derechos de propiedad intelectual. Disponible en https://tinyurl.com/uuzd9aua↵
- Antes de la pandemia de COVID-19 el sistema de votación seguía siendo ponderado. Con los últimos cambios introducidos en los estatutos, a fecha de 2023 cada persona asociada a SGAE tiene, como mínimo, un voto a su disposición.↵
- Società Italiana degli Autori ed Editori↵
- Entrevista con Iñaki Gabilondo en el programa “Hoy” (CNN+). Emitida el 05/04/2010. Resumen disponible en https://cutt.ly/nzM4e25↵
- También llamado canon por copia privada, es una tasa que graba los soportes tecnológicos para reproducir contenidos (esto es, CD, móviles, tabletas o dispositivos portátiles, entre otros), y dicha cantidad “extra” se recauda a beneficio de los autores en compensación por las copias privadas que realicen de sus obras las personas para uso particular, no profesional. Las entidades de gestión eran las encargadas de repartir equitativamente esta compensación entre sus socios.↵
- “Pleitos, dietas y sueldazos: la lujosa decadencia de la SGAE de los escritores”. El Confidencial, (30.05.2016). Recuperado de https://cutt.ly/vzM4v8m↵
- Licencia Creative Commons “Reconocimiento – No Comercial – Compartir Igual (BY-NC-SA)”.↵
- González de Uriarte, N. (8 noviembre, 2014). La ‘SGAE vasca’ despierta recelos. elDiario.es. Recuperado de https://cutt.ly/yzM4IhJ↵
- Los wearables son tecnologías ponibles o vestibles: electrónica textil, ropa tecnológica que interactúa con el usuario en todo momento por su forma de reloj, de anillo, de gafas… Cualquier accesorio o prenda es un posible ítem para aplicar esta tecnología y detectar, por ejemplo, subidas de fiebre, monitorizar la frecuencia cardíaca o facilitar la visión en situaciones de escasa luminosidad gracias a luz incorporada en la propia ropa.↵






