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A modo de cierre

A partir de esta compleja matriz podemos observar tensiones y disputas presentes en la definición de políticas de salud dentro de una institución de gran escala, en torno tanto a modelos de comunicación en salud como a concepciones sobre la salud de las mujeres que van más allá de la prevalencia de enfermedades en las etapas vitales y se asientan en configuraciones sociales acerca de los roles femenino y materno.

El análisis de las acciones de comunicación realizadas entre 2005 y 2010 desde un área como la Dirección Nacional de Maternidad e Infancia permite afirmar que continúa apegada a una concepción de mujer similar a la que creó esa dependencia pública a inicios de la década del 30 -a la vez que habilitaba a la medicina como disciplina legítima para intervenir y regular la reproducción y la maternidad— y que continuó en la misma línea en las décadas de gestión institucional que le siguieron, reforzada en paralelo por definiciones afines provenientes de las sociedades científicas, organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil.

Desde otro lugar, el análisis de la dimensión comunicacional del Programa Nacional Salud Sexual y Procreación Responsable —burocráticamente en un lugar de menor jerarquía institucional y que ha sido originada en un momento histórico caracterizado por la apertura y consolidación democrática desde mediados de la década del ochenta, fuertemente impulsada por las luchas del movimiento de mujeres en torno a la igualdad de género y la colocación en un lugar central de la disputa por la ampliación de derechos de las mujeres— dio cuenta de una concepción de mujer que implica una ruptura con el binomio mujer-madre.

En estos análisis se han observado continuidades y rupturas entre estas tendencias y modelos. Desde las continuidades, se encontró que, si bien los orígenes son diferentes, en sus prácticas cotidianas el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable no termina de deshacerse de los conflictos y las tensiones iniciales presentes en la discusión de la ley que le dio origen, sobre todo en torno a la cuestión de la autodeterminación sexual y reproductiva. Sin embargo, las rupturas encontradas dentro de la misma institución de salud plantean un escenario que interpela de algún modo la dominancia descripta con las continuidades, en la medida en que ponen en cuestión esos modelos originales que ubican a la mujer como destinataria de las políticas de salud pública en tanto madre, a partir de la preeminencia del argumento biologicista y su acento en la capacidad reproductiva.

Junto a ello, la dimensión comunicacional es complejizada sobre la base de pensarla como una construcción de significados diversos en disputa. En este sentido, el análisis de las acciones de comunicación de las políticas sanitarias señala, al menos en parte, cómo se gestionan la reproducción y la maternidad cuando son comprendidas como problemas de salud desde el Estado. Estas políticas, en tanto gobierno de los cuerpos y sexualidades femeninas, implican una forma específica de dirigir y estructurar el campo de acción posible de la maternidad y reproducción en materia de salud.

En tanto la maternidad y reproducción involucran intereses políticos, se entiende que este proceso de construcción de estrategias comunicacionales requiere de la desnaturalización de concepciones en torno a lo femenino y a la maternidad, y a la vez de una perspectiva de género que no se cristalice en definiciones estancas, ni sea concebida como un anexo o un agregado a las políticas de salud, sino que comprenda el contexto social e histórico en el que ocurre la reproducción y la maternidad, y habilite la aparición de significaciones multidimensionales y situadas sobre estas prácticas sociales.

Las rupturas observadas entre diferentes modelos de comunicación reafirman la potencialidad de la categoría de género aun con sus diversas y hasta contrastantes resonancias— como una herramienta valiosa a la hora de generar miradas atentas en torno a la reproducción de estereotipos de este orden, así como lecturas críticas de los múltiples modos de ejercicio del poder desde las instituciones de salud pública, a la vez con capacidad transformada de esas mismas prácticas.



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