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Continuidades y rupturas

Este apartado analítico se organiza a partir de un esquema de continuidades y rupturas en torno a las políticas de comunicación sobre la llamada salud de las mujeres en sus diferentes dimensiones.

Al iniciar la investigación se partió del supuesto de que las áreas del Ministerio de Salud seleccionadas —Dirección Nacional de Maternidad e Infancia y Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable encaran acciones y definen prioridades en función de ideas y representaciones sobre el género (Guzmán, 2002) y que, aunque se presenten como “naturales”, contienen percepciones y representaciones sobre los modelos deseables de ser mujer. Volviendo a la definición de género que supone una construcción cultural y social de sentidos, que se define a partir de la diferencia sexual —pero que la excede ampliamente, y que influencia las prácticas y las ideas que los sujetos tienen en una sociedad determinada (Lamas, 2000; Faur, 2003), en el transcurso de la investigación se han encontrado continuidades y rupturas interinstitucionales en relación con las definiciones de las relaciones de género presentes en las políticas de comunicación en salud.

Continuidades

A partir del análisis de los materiales gráficos y la interpretación de las entrevistas, es posible proponer una matriz analítica que aporte a la comprensión de la forma en que se configura la significación de lo femenino en la institución de salud estudiada. La matriz se organiza básicamente en un doble movimiento.

En primer lugar, lo que se ha encontrado de manera reiterada es la primacía de una visión del mundo sociocultural instituida a partir de las premisas de la biología, disciplina a la cual se le concede una autoridad que se sitúa por encima de la experiencia humana. Lo que aparece es el énfasis en la universalidad biológica de lo humano, lo femenino en el caso de esta investigación, a partir de lo cual los atributos de la mujer se encuentran prioritariamente definidos por su capacidad reproductiva.

En esta clave, las características sociales, contextuales, materiales, históricas y culturales quedan relegadas y opacadas a la hora de definir las políticas de comunicación y de concebir a la destinataria de las acciones previstas. La información sobre salud materna y reproductiva es la misma para todas las mujeres del país, en tanto sus rasgos biológicos lo son.

Como segundo movimiento y apoyado en la premisa anterior, aparece la situación, reiterada sobre todo en los mensajes concernientes a salud materna, donde bajo la evidencia empírica no solo se cuelan y traspasan contenidos no ya relacionados con información sobre cómo prevenir enfermedades o en el caso de nuestra investigación, cómo transitar de manera saludable la reproducción, el embarazo, parto y puerperio sino que se enuncian valores —morales— en los cuales lo que prima es un cierto modelo de maternidad y reproducción. Bajo un registro de aparenta universalidad biológica se filtran cuestiones sociales y culturales —juicios de valor— sobre las formas correctas e incorrectas de practicar la sexualidad, la reproducción y la maternidad, que no son posibles de justificar a partir de la evidencia científica.

En el análisis se ha encontrado que en las piezas de comunicación y en el discurso de los entrevistados no hay definiciones claras ni explícitas sobre los límites y las competencias de la institución rectora de salud pública en torno a la sexualidad, la reproducción y la maternidad. Se ha observado la inclusión en los mensajes de salud de temáticas como el amor, la felicidad o el placer, cuestiones que, se considera, no pueden ser reguladas por el Estado. No se ha encontrado una definición explícita sobre la pertinencia o no de entremezclar la información de salud con asuntos relacionados con prácticas que responden a otro orden y en las cuales no se trata de un derecho a ser garantizado por el Estado.

La concepción biológica de la reproducción y la maternidad continúa arraigada en el campo de la salud. La asociación de esas características biológicas con patrones sociales y morales conlleva a que la diferencia biológica justifique la asignación de roles sociales y así la capacidad de la mujer de concebir la ubica socialmente en el rol de madre. El pensamiento hegemónico que superpone mujer a familia está presente en las concepciones de salud materna y reproductiva. La construcción cultural donde la noción de femineidad está ligada casi exclusivamente a la capacidad femenina de engendrar y cuidar la vida humana es observada como continuidad.

Continuidades en la asociación entre salud de la mujer y maternidad, que se ven manifestadas explícitamente en el análisis de las entrevistas. En líneas generales, en ambos grupos, los/as entrevistados/as dan cuenta del predominio de la interpelación a la población femenina a partir de la asociación con la capacidad reproductiva y de crianza, interpelación fundada en representaciones que cuajan en las políticas de comunicación encarnadas por la institución (Scott, 2000). Faur sostiene que las instituciones definen modelos de sujetos, de identidades y de relaciones de género acordes con los ideales de sociedad vigentes en cierto período y contexto sociocultural (Faur, 2004). Bourdieu agrega que los conceptos de género que se producen estructuran la percepción y permiten la organización concreta y simbólica de la vida social (Bourdieu, 2000). En el corpus empírico analizado, sobre todo en las entrevistas a responsables de áreas de salud, aparece con fuerza la representación de la población destinataria definida mayormente como mujeres en edad reproductiva de los sectores populares— como relativamente homogénea y especialmente pasiva ante las definiciones, normativas y pautas del sistema médico. Se visualiza a la destinataria de los mensajes sobre salud materna y reproductiva como un grupo indiferenciado al que llegar-alcanzar, y a la relación comunicacional como transparente y unidireccional.

Por último, interesa hacer referencia a la dimensión histórica mencionada en el capítulo sobre el contexto de la problemática. Esta dimensión no estuvo prevista en el diseño inicial de la investigación, sino que apareció en su transcurso, revelando una gran riqueza analítica. Como parte de las continuidades, se encontraron las marcas del origen histórico en el corpus empírico analizado. Las ideas del higienismo continúan presentes de fondo, como base simbólica, aunque opacadas y recubiertas de conceptos y construcciones simbólicas actuales.

Rupturas

Las políticas públicas construyen tipos ideales, en este sentido es interesante retomar el modelo del discurso social propuesto por Nancy Fraser (1991). Lo que los programas hacen es generar interpretaciones sobre qué necesidades tienen sus destinatarios, definen satisfactores para ellas y legitiman demandas que coinciden con esas interpretaciones. En función de estas interpretaciones organizan las acciones y determinan las prioridades. Así el programa o dirección establece las reglas del juego, marca un límite entre lo posible y lo impensable y se crean los paradigmas de argumentación aceptados como legítimos (Fraser, 1991).

Sin embargo, la coerción no es absoluta, hay discusiones, negociaciones, adaptaciones y rechazos sobre las interpretaciones o partes de ellas, mismo al interior de una institución. En este sentido, la investigación dio cuenta de rupturas, sobre todo entre el área responsable de salud materna y la responsable de la salud sexual y reproductiva, donde se observa la coexistencia de diferentes modelos de comunicación en salud, que disputan la forma de concebir a las poblaciones destinatarias de las políticas de salud sexual y reproductiva y el rol de las instituciones gubernamentales tanto en la garantía en relación con el acceso a estos derechos como en su misma definición.

A partir del análisis de las piezas gráficas, se observa que cada grupo de materiales contribuye a la producción de cierto tipo de mujer y pone en el centro de la escena cuestiones como: las formas familiares y las modalidades de parentesco, las definiciones sobre la relación entre sexualidad y reproducción, las posibles respuestas a estas definiciones, y la interpelación de los roles de género y sexualidades varias. Los materiales de la Dirección Nacional de Maternidad e Infancia se centran casi exclusivamente en cuestiones relacionadas con la prevención de complicaciones durante el embarazo, parto y puerperio. Es observable la impronta biologicista que configura como destinataria de las políticas de salud a las mujeres en función de su capacidad reproductiva. Las mujeres son interpeladas en los materiales desde su carácter de madres o futuras madres, y cuando los hombres aparecen representados en las imágenes, lo hacen acompañando a esas mujeres en un rol de padre de familia heterosexual. Podría afirmarse que en este grupo de piezas predominan los criterios técnico-morales.

Por su parte, en los materiales realizados desde el Programa de Salud Sexual se observa un proceso de consolidación de una identidad institucional que intenta configurarse desde una perspectiva de salud que exceda las cuestiones biológicas y amplíe la definición de salud sexual. Se percibe una mirada más integral y plural de la salud sexual y reproductiva, que extiende la concepción sobre sexualidades. Aparecen tematizadas cuestiones antes ignoradas —o al menos entendidas como no pertinentes— por las instituciones ocupadas de regular y asegurar el acceso a la salud de las poblaciones. Surge la referencia al placer, al goce y al disfrute en relación con la sexualidad. Esta tematización da cuenta de un posible núcleo conflictivo, donde en un caso la sexualidad queda directamente relacionada con la reproducción y específicamente con la maternidad, mientras que en el otro se plantean como ámbitos que es posible abordar desde la salud pública de manera separada o no necesariamente conjunta. Estas incorporaciones aportan al debilitamiento de los modelos hegemónicos de ser mujer y madre, y dan lugar a las fisuras en las concepciones tradicionales.

Cabe un comentario especial sobre los materiales de salud sexual e identidades diversas, el desarrollo de estas piezas plantea nuevos escenarios que interpelan de algún modo la hegemonía del saber y la práctica biomédicas, sobre todo al convocar a otros actores sociales a participar del proceso de elaboración de estos.

Es posible observar que el discurso ideológico presente en los materiales analizados configura la oposición esquemática de dos modelos o tipos de mujeres, por una parte la mujer como primordialmente madre, cuya función principal es el cuidado y crianza de sus hijos e hijas, y donde este rol es asumido como el espacio de cristalización de los valores elevados de la sociedad, una madre tradicional, que representa el refugio afectivo de los hijos. Este modelo es afirmado —directa o indirectamente en los primeros materiales analizados. Por otra parte, en un lugar subalterno dentro de la propia institución, aparece una mujer que no se ajusta a ese modelo y genera discursos que intentan poner en cuestión los valores anteriormente mencionados, poniendo como prioridad la sexualidad y reproducción elegidas.

En paralelo, se observa una superposición temática entre los materiales gráficos de estas dos áreas institucionales analizadas. A pesar de ser el Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable el que tiene a su cargo la aplicación de la Ley 25.673, se evidencia una insistencia en que las cuestiones relacionadas con la sexualidad y la reproducción continúen asociadas a la maternidad y la planificación familiar; insistencia que explicita las disputas dentro del organismo rector de la salud pública y remite a los intentos de subsistencia de la dominación institucional de modelos y valores encarnados históricamente en ciertas áreas.

Las tensiones halladas muestran un campo discursivo en tensión. Los elementos analizados no poseen una identidad intrínseca, sino que ésta se constituye de forma relacional. En los procesos de disputa por la fijación de los sentidos se desarrollan enfrentamientos y alianzas en un intento por hegemonizar las significaciones construidas. Es posible pensar en “arenas de lucha” por la significación social (Laclau y Mouffe, 1987), donde los discursos circulan en un intento por dominar el campo de la discursividad y cancelar el flujo de diferencias. Más allá de la superposición temática, lo que estas prácticas comunicacionales explicitan es la insistencia en torno a la permanencia de la regulación de la sexualidad y la reproducción en el ámbito de la maternidad. Se presenta una disputa por la conceptualización de ese campo y por las pertinencias y prioridades de las políticas. Pierre Bourdieu (1985) sostiene que en diversos campos sociales se dan “luchas por el monopolio del poder de hacer ver y hacer creer, hacer conocer y hacer reconocer” (Bourdieu, 1995: 87). Así las caracterizaciones que hacen estos discursos de poder en torno a las prácticas sexuales y reproductivas de las mujeres les otorgan a las representaciones un estatus de verdad y capacidad para habilitar el despliegue o la persistencia de otras prácticas en las instituciones médicas.



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