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Sistemas electorales y sus efectos:
mecánicos y psicológicos

Sol Cárdenas Arguedas[1]

Introducción

El sistema electoral es una institución que canaliza la representación política, en otras palabras, es el medio a través del cual se transforman votos en escaños parlamentarios. Los sistemas electorales en el mundo se clasifican en tres grandes tipos: 1) mayoritarios, 2) proporcionales y 3) mixtos. La complejidad en su clasificación se observa sobre todo en sistemas que combinan ambos principios de representación (mayoritario y proporcional), como es el caso de los sistemas electorales mixtos federal y locales en México.

Es fundamental no perder de vista que, al realizar una clasificación correcta del sistema electoral, será posible un análisis apropiado de sus efectos mecánicos y psicológicos. Dicho de otra forma, por un lado, en la relación entre votos y escaños, así como en el sistema de partidos,[2] y, por el otro, en el comportamiento político del electorado y de una gran diversidad de actores (entre los que se encuentran los partidos políticos[3]) en una sociedad. Por esta razón, se vuelve necesario comprender las características que tiene cada una de las dimensiones o elementos técnicos que componen el sistema electoral o, en su caso, cada uno de los principios de representación.

Los estudios e investigaciones sobre los sistemas electorales, y más aún de sus efectos (mecánicos y psicológicos), se vuelven instrumentos importantes para futuros diseños y rediseños institucionales. Cuando un sistema electoral presenta un diseño institucional irresponsable, puede tener derivaciones desastrosas a nivel del sistema político, económico, social y cultural, porque no responderá a una justa correspondencia.[4] Un diseño institucional irresponsable es el que responde a visiones de corto plazo (véase Pierson, 2004), es decir, a la búsqueda de intereses de grupo (la búsqueda de la predominancia en el poder). En cambio, un diseño responsable se presenta cuando se expresan visiones a largo plazo, integrales y estructurales.

La justa correspondencia deberá ir acompañada por principios democráticos, como son el pluralismo político y la oposición. Por ello, al realizar el diseño es necesario que las personas legisladoras asuman la responsabilidad[5] política y la consciencia que implican la hechura y el rediseño institucional, tomando en consideración la construcción de diversos escenarios que permitan establecer y analizar los futuros efectos del sistema electoral a crear o modificar. Explicar y determinar estos efectos no es cuestión sencilla, ya que variarán (dependiendo del contexto) en grado e impacto de un sistema a otro.

El objetivo de este texto es exponer la importancia, la complejidad y los elementos principales que implica el estudio de los sistemas electorales y sus efectos. El estudio de los sistemas electorales es central en la formación de las personas politólogas, ya que el diseño original y el rediseño del sistema electoral tendrá efectos a grandes rasgos en diversos elementos, como son: la representación (representatividad y proporcionalidad), la gobernanza, la estabilidad, la participación y, sobre todo, la legitimidad de la democracia en una sociedad.

El sistema electoral, como plantea Katz, “incorpora muchas de las interpretaciones de la sociedad sobre el significado de la democracia y las bases legítimas del poder político” (1997, p. 118). De igual forma, la relación entre escaños y votos “ha sido uno de los principales puntos de discusión en los debates académicos sobre la equidad democrática de los sistemas electorales y sobre la posibilidad de que algunos sistemas electorales faciliten la longevidad de los regímenes democráticos más que otros” (p. 107). En resumen, los sistemas electorales “incluyen todo lo que influye en la realización o en el resultado de las elecciones” (p. 107), por eso justamente son tan relevantes para los sistemas políticos democráticos; sin sistemas electorales, simple y sencillamente, no habría democracia.

Este texto se divide en dos grandes apartados, el primero, “Sistemas electorales: una definición, clasificación y sus elementos técnicos”, explica los tipos de sistemas electorales, sus subtipos, así como cada uno de sus cinco elementos técnicos: 1) tamaño de la Asamblea, 2) número y magnitud de circunscripción, 3) fórmula electoral, 4) barrera legal y 5) tipo de votación o estructura del voto. En el segundo apartado, “Efectos de los sistemas electorales: algunas consideraciones teórico-conceptuales y metodológicas”, se analizan los abordajes metodológicos de los sistemas electorales y sus efectos; se expone también la evolución del estudio de los efectos y consecuencias de los sistemas electorales desde mediados del siglo pasado hasta la fecha y se cierra con las definiciones y características más importantes de los efectos mecánicos y psicológicos de los sistemas electorales.

Sistemas electorales: una definición, clasificación y sus elementos técnicos

Una definición

Los sistemas electorales “determinan las reglas según las cuales es posible convertir votos en escaños parlamentarios (en caso de elecciones parlamentarias o en cargos de gobierno en caso de elecciones de presidente, gobernador, alcalde, etc.)” (Nohlen, 1995, p. 31). Esto es, el canal mediante el cual el electorado manifiesta su voto y la forma en que estos votos se convierten en escaños. Al tiempo de establecer cómo se transforman los votos en escaños, los sistemas electorales: “afectan la conducta del votante. Además, influyen sobre si el elector vota por un partido o por una persona” (Sartori, 2003, p. 15).

El sistema electoral debe también ser entendido como una institución política[6] (teniendo como marco interpretativo el enfoque teórico del nuevo institucionalismo histórico empírico[7]). También es un instrumento o una herramienta para la representación política porque, por un lado, es el medio a partir del cual se transforman votos en escaños, lo que tiene consecuencias en la conformación del poder político (en primer lugar) y del sistema de partidos; y por el otro, afectará la coordinación electoral,[8] que se entenderá como: a) coordinación estratégica[9] tanto de actores (candidaturas, grupos de interés y medios de comunicación) y partidos políticos; y b) de forma paralela, los efectos que tendrá en el comportamiento del electorado en el proceso de la emisión del voto (votación estratégica[10]).

El concepto de sistema electoral no es equivalente al de legislación electoral[11] ni al de régimen electoral. El régimen electoral se entiende como las reglas “correspondientes a la administración y la gestión de comicios” (Medina, 2016, p. 20). Este último contiene todo lo referente a las autoridades administrativas y jurisdiccionales (federales y locales), así como a las instituciones y procedimientos electorales (que van desde la organización de las elecciones, el financiamiento público y fiscalización de los partidos políticos y las candidaturas independientes, pasando por el régimen de partidos políticos hasta la resolución en materia de impugnaciones electorales). Esto significa entonces que el sistema electoral es específico, y el régimen electoral, general (Medina, 2016, p. 20).

Clasificación de los sistemas electorales

Actualmente existe un consenso frente a la clasificación de los sistemas electorales, sin embargo, también se observa una amplia diversidad en dichas clasificaciones, por lo que se reparan algunas coincidencias, problemas y diferencias. En el caso de las coincidencias, se vislumbra que en el mundo existen dos grandes modelos: 1) el mayoritario y 2) el proporcional. Por ejemplo, Lijphart (2000) distingue tres subtipos[12] del principio mayoritario y tres[13] del de representación proporcional (RP). En cambio, Nohlen (1998) considera cinco subtipos del mayoritario[14] y cinco también del proporcional.[15]

Como se percibe, el problema de clasificación se presenta en las diferencias entre autores,[16] sobre todo en la selección de los elementos técnicos a tomar en cuenta o los que tendrán mayor peso para la realización de dicha categorización. Por ejemplo: la clasificación de Lijphart responde a variables como la fórmula electoral y el tipo de votación; mismo es el caso de Nohlen, aunque él agrega y da peso a una variable más, que es la magnitud de circunscripción.

La complejidad en la clasificación aumenta cuando se estudian los sistemas electorales que combinan ambos principios de representación (mayoritarios y proporcionales). Actualmente, se advierte que a estos sistemas se les denomina mixtos (mixed-member) (Massicotte y Blais, 1999; Shugart y Wattenberg, 2003; Reynolds, Reilly y Ellis, 2006). Su característica principal es que son sistemas electorales que tienen varios niveles (tiers), esto se refiere a que

… el sistema electoral emplea múltiples niveles si los escaños se localizan en dos (o más) grupos de distritos superpuestos, de modo que cada elector emite uno o más votos que son tomados en cuenta para el reparto de escaños en más de un nivel (Shugart y Wattenberg, 2003, p. 10).

Los sistemas electorales mixtos deben ser entendidos como un tipo de sistema electoral, más que como un subtipo de cualquiera de los dos principios de representación (mayoritario o proporcional).

El primer país en adoptar este sistema fue Alemania en 1949. Probablemente México (en la Cámara de Diputados y Diputadas), en 1977, sea también uno de los primeros en la historia en implementarlo; ambos países continúan con estos sistemas hasta la fecha.

Un sistema electoral es mixto cuando más de una fórmula electoral se combina para distribuir escaños parlamentarios (Ferrara, Herron y Nishikawa, 2005, p. 17). Existen diversas clasificaciones de estos sistemas, los elementos que se han tomado en cuenta para realizar esta clasificación son: a) aplicación geográfica de las reglas; b) tipo de votación; c) doble voto; d) proporción de escaños entre ambos principios de representación; y e) vínculo votos/escaños.

El vínculo entre votos y escaños es considerado comúnmente como la variación más importante dentro de los sistemas electorales mixtos (Ferrara, Herron y Nishikawa, 2005, p. 19). Esto significa que los votos obtenidos en un nivel, ya sea el proporcional o el mayoritario, determinarán al otro principio.

En este orden de ideas, el sistema electoral mexicano mixto (Cámara de Diputados y Diputadas y a nivel local, excepto Ciudad de México[17]) es un sistema de representación por mayoría con lista adicional proporcional (Nohlen, 1998), no un sistema segmentado (paralelos). Es un sistema mixto, ya sea: a) correctivo (Massicotte y Blais, 1999), b) mayoritario –limitado– (Shugart y Wattenberg, 2003), o c) de representación proporcional personalizada (Reynolds, Reilly y Ellis, 2006).

Ello significa que son clasificados de esta manera porque:

  1. Tienen dos niveles: a) distritos uninominales (mayoritario), y b) miembros elegidos por listas de partido (proporcional) que superponen el nivel nominal (Shugart y Wattenberg, 2003).
  2. Sus escaños de RP dependen directamente de la votación emitida en MR y los escaños de RP son distribuidos para corregir las distorsiones creadas por la regla mayoritaria (Massicotte y Blais, 1999; Reynolds, Reilly y Ellis, 2006).
  3. No se desfavorece o excluye directamente de la distribución de escaños “en las fases siguientes de la conversión de votos en escaños, a los partidos (grandes) que resultaron exitosos en las circunscripciones uninominales” (Nohlen, 2004, p. 24) –como sí ocurre en el personalizado proporcional compensatorio–.

En suma, los sistemas electorales mixtos mayoritarios, como el caso mexicano, tienen dos niveles (mayoritario y proporcional), de la votación de mayoría relativa [MR] dependen los escaños de representación proporcional [RP]; la RP tiene como fin compensar la desproporcionalidad que implica la predominancia mayoritaria.

Las reformas al sistema electoral en el caso mexicano han sido centrales para que la oposición en este país alcanzara la representación política. Hemos transitado de un sistema de partidos no competitivo, hegemónico hasta finales de la década de los noventa del siglo pasado a nivel federal y local, a sistemas de partidos competitivos predominantes, bipartidistas y de pluralismo limitado. En el caso mexicano, la RP fue un parteaguas en el proceso de inclusión de las diversas fuerzas políticas en el país, ya que la participación política era encapsulada y aglutinada en el partido hegemónico.

La efervescencia política gestada en los años sesenta y setenta, principalmente representada por los distintos movimientos sociales de izquierda, estudiantiles, obreros, campesinos y feministas, obligó al sistema político priista a buscar una solución para su subsistencia, y esa fue la reforma política electoral de 1977, cuando nuestro sistema electoral mayoritario (MR) cambió a uno mixto, en la Cámara Baja se agregaron 100 escaños de RP, de modo que quedaron en total 400, la conformación actual de 500 se estableció en la reforma de 1986 (300 MR y 200 RP).

En la Cámara de Senadores, en 1993, se duplicó el número de escaños, pasó de 64 senadurías a 128, lo que da un total de cuatro senadurías por entidad federativa, a saber: tres por el principio de MR y uno para lo que se conoce en México como primera minoría (PM). En 1996, se introdujo el principio de RP con 32 senadurías; quedaron, además, dos por MR en cada entidad federativa (64) y una por la PM[18] (32) por entidad.

En esta reforma también se estableció el principio de sobrerrepresentación del 8 % para la Cámara Baja,[19] y no sería hasta la reforma de 2014 que se comenzara a establecer este porcentaje no solo para la sobrerrepresentación, sino también para la subrepresentación.

Con respecto al tipo de votación, antes de 1986 se votaba en dos boletas electorales para cada principio (una para MR y otra para RP). A partir de esta reforma se estableció el voto simultáneo (en una boleta electoral se vota para ambos principios); en cuanto a la barrera legal en 1996, se incrementa del 1.5 % al 2 % y en 2014 al 3 %, misma que se mantiene hasta la fecha.

En este sentido, las discusiones a través de la historia de nuestro sistema electoral han versado principalmente en la implementación y eliminación del principio de RP, el procedimiento de reparto de escaños de RP y la sobre- y subrepresentación. No se debe perder de vista que cada reforma responde a coyunturas políticas distintas y, como se desarrolla en este texto, tendrá efectos generales y particulares diversos.

El sistema electoral y sus elementos técnicos (o dimensiones)

El sistema electoral se compone de elementos técnicos que cambian entre sí en cada tipo de sistema. Los elementos técnicos se refieren a las dimensiones que los conforman y que crean efectos. Con relación a estas dimensiones, se aprecian coincidencias entre autores clásicos, como Maurice Duverger (1957), Douglas Rae (1967), Arend Lijphart (1995) y Dieter Nohlen (1998, 2008). Estas dimensiones son: 1) el tamaño de la Asamblea (Lijphart); 2) el número y magnitud de la circunscripción (Duverger, Rae, Lijphart, Nohlen); 3) la fórmula electoral en los principios de representación (Duverger, Rae, Lijphart, Nohlen) –mayoritarios, proporcionales o mixtos−; 4) la barrera legal (Lijphart,[20] Duverger, Nohlen); y 5) el tipo de votación[21] (Nohlen) o estructura del voto (Rae). En los párrafos sucesivos, se expondrán cada uno de estos elementos técnicos o dimensiones.

1) El tamaño de la Asamblea se entiende como el número de escaños que la componen. Para Lijphart, esta dimensión adquiere relevancia porque “si definimos los sistemas electorales como métodos de traducir votos en escaños, el número de escaños disponibles para esta traducción se presenta como una parte integral y legítima de los sistemas de traducción” (1995, p. 46). En cambio, para Nohlen, esta variable no tiene gran relevancia. En el caso mexicano adquiere preeminencia debido a que en los sistemas electorales mixtos existe un elemento que se relaciona directamente con el tamaño del Congreso, este se denomina ajuste de proporcionalidad.

Este ajuste se refiere a que

… las diferentes arenas se encuentran vinculadas en función de la distribución interpartidaria del número total de escaños disponibles. Usualmente, el “ajuste de proporcionalidad” se realiza descontando los cargos obtenidos en la arena primaria –uninominal– de los cargos obtenidos en la arena secundaria –RP– para garantizar un porcentaje en bancas (sobre la magnitud total) aproximadamente equivalente al porcentaje en votos de cada partido (Calvo y Escolar, 2003, p. 370).

En el sistema electoral mixto mexicano se podría hablar de un ajuste de proporcionalidad, pero sin descontar escaños de MR, al retomar el principio de sobrerrepresentación[22] y subrepresentación que se encuentra establecido en las leyes en materia electoral. Esto se vislumbra en la conformación de la Cámara de Diputados y Diputadas y a nivel local en los Congresos en el país. Por consiguiente, en México se puede hablar de un ajuste de proporcionalidad sin descuento de cargos de mayoría para Legislaturas de magnitud fija, SMAF (véase Calvo y Escolar, 2003).

Con respecto a 2), la circunscripción electoral es la “unidad territorial en la cual los votos emitidos por los electores constituyen el fundamento para el reparto de escaños a los candidatos o partidos” (Nohlen, 1998, p. 144). Existen, entonces, distritos en donde se reparte un escaño; mientras que hay otros en donde se distribuyen varios, el número de escaños a repartir por circunscripción se denomina magnitud. Según la magnitud de circunscripción, se distinguen dos tipos de circunscripciones: la uninominal y la plurinominal. Las uninominales se aplican en el principio mayoritario y las plurinominales en el principio proporcional.

Existen casos en donde se presentan distritos electorales en dos niveles, por ejemplo, en México, el primer nivel es el bajo (distritos uninominales-MR), y el segundo es el superior (circunscripción plurinominal-RP). La circunscripción nacional se presenta de manera compensatoria, los votos que son emitidos para la MR son los utilizados para la distribución de escaños en esa circunscripción.

Nohlen clasifica las circunscripciones plurinominales en tres tipos de acuerdo con su número de escaños: pequeña, de dos a cinco; mediana, de 6 a 9; y grande, de 10 o más (Nohlen, 1998, p. 58).

En relación con 3), la fórmula electoral se refiere a la fórmula de decisión, en otras palabras, es el procedimiento que se usa para la conversión de votos en escaños (Nohlen, 1998, p. 97). En el caso de la fórmula de decisión mayoritaria, para ganar o no un escaño en el Congreso, significa que una candidatura o partido político debe ganar la mayoría absoluta o relativa de los votos. En la proporcional, el hecho de obtener escaños depende de la correspondencia de los votos obtenidos por candidatura o partido político.

A grandes rasgos, para Nohlen (1998) existen dos procedimientos en la RP: a) cociente electoral:[23] se determina una cantidad mínima de votos para obtener escaños. “Los partidos obtienen tantos escaños como veces quepa el cociente electoral dentro del número de votos recibidos por ellos” (p. 74). Y b) divisor (conocido también como procedimiento de cifra mayor), que se obtiene de la división de los votos obtenidos de los distintos partidos entre una serie de divisores[24] (p. 72).

A la par, existen mecanismos de compensación de votos, esto es, la creación de los escaños adicionales (bonus seats) para ciertos partidos (generalmente, es al mayoritario). A estos sistemas se les denomina aseguradores de mayoría[25] (assuring majority) y tienden a ser poco democráticos.

4) En cambio, la barrera legal significa que en la ley se define un mínimo de “votos (sea con relación a votos válidos emitidos) o ganen escaños (directos en las circunscripciones)” (Nohlen, 1998, p. 70). Esta barrera puede referirse a todo el territorio de un país o específicamente a agrupaciones de circunscripciones o a circunscripciones específicas. Cox considera dos categorías de barreras legales: “aquellas definidas en el nivel distrito primario y las definidas en el nivel distrito secundario” (2004, p. 84). Por lo que se puede hablar de barreras legales primarias y secundarias.

Las barreras legales primarias son las que se establecen en la ley como porcentaje mínimo de votos para que los partidos políticos puedan mantener su registro o accedan al reparto de escaños de RP; las secundarias son las restricciones y criterios que la ley establece para acceder a la representación.[26] La legislación electoral en México considera ambos tipos de barreras legales.

5) Finalmente, el tipo de votación o la estructura del voto se refiere al tipo de candidatura. El tipo de candidatura puede ser unipersonal o por lista. Para analizar este tipo de votación se debe considerar: a) el procedimiento de votación, es decir, cuántos votos tiene el electorado, a quiénes puede distribuirlos y cuándo puede distribuirlos; b) los métodos en los que se puede emitir el voto, específicamente, cómo y dónde coloca la ciudadanía su voto el día de la elección; y c) el diseño de la boleta electoral, en otras palabras, los elementos que contiene la boleta electoral.

  1. Con respecto a cuántos votos tiene el elector, según Nohlen, los procedimientos de votación son los siguientes:
Cuadro 1. Tipos de voto

Tipo de voto

Elector

Único

Tiene un voto.

Preferencial

Puede expresar su preferencia por una determinada candidatura.

Múltiple

Tiene varios votos o tantos como escaños en la circunscripción.

Múltiple limitado

Tiene un número de votos inferior al de los escaños en la circunscripción.

Alternativo

Puede indicar segundas, terceras y cuartas preferencias.

Acumulativo

Puede acumular varios votos a favor de un candidato.

Panachage

Puede repartir sus votos entre las candidaturas de listas diferentes.

Doble voto

Tiene dos votos, dos niveles: uno por candidatura de partido a nivel circunscripción uninominal y otro por la lista de partido a nivel circunscripción plurinominal.

Simultáneo

Vota con un solo voto en función de dos o más decisiones.

Fuente: elaboración con base en Nohlen, 1998, p. 69.

  1. Con relación a quiénes el electorado puede distribuirlos, se rescata que, en los regímenes presidenciales, concretamente en el caso mexicano, se eligen por votación popular al Poder Ejecutivo[27] y al Poder Legislativo.[28]
  2. En cuanto a cuándo puede distribuir el elector esos votos, dependerá directamente de si las elecciones por el Poder Ejecutivo y el Legislativo ocurren o no al mismo tiempo, las primeras son concurrentes; las segundas, no concurrentes[29] (Shugart y Carey, 1992). Igualmente, estas elecciones concurrentes o no concurrentes pueden ser multinivel (federal, local o estatal y municipal), es decir, simultáneas, o bien solo se elige un nivel, estas se conocen como no simultáneas.[30]

Es importante señalar que, en la bibliografía, la concurrencia y la simultaneidad de las elecciones no son tomadas como parte del sistema electoral o de sus elementos técnicos, sin embargo, se considera central considerarlas como una variable de los procedimientos de votación.

Se destaca que en el caso del sistema político mexicano, cuando se habla de no concurrencia se parte de la lógica de que el Poder Ejecutivo tiene un arrastre sobre el Poder Legislativo, y, en este caso, el Legislativo y el Ejecutivo no se encuentran en el mismo nivel, por lo que no se considera concurrencia la elección municipal con la del Legislativo, únicamente la del Ejecutivo local con el Legislativo por el arrastre que implica la elección presidencial o de gubernatura.

Las formas de lista en los sistemas electorales mixtos (específicamente en el principio de RP), a grandes rasgos, son las siguientes:

Cuadro 2. Combinaciones de formas de lista y procedimientos de votación

Formas de lista

Procedimientos de votación

Lista cerrada y bloqueada: el orden de las candidaturas es fijo.

El elector tiene un voto y vota por la lista en conjunto.

Lista cerrada y no bloqueada: el orden de las candidaturas puede ser modificado, ya sea mediante votos preferenciales o mediante reubicación en la lista.

El elector tiene un voto por una candidatura. Con este puede variar el orden de postulación de la lista.

Lista abierta: libre reubicación de las candidaturas dentro de la lista y entre listas.

El elector tiene dos votos como mínimo (uno por la lista y otro por la candidatura), o tantos votos como candidaturas por elegir.

El elector puede acumular varios votos a favor de una candidatura (acumulación).

El elector tiene varios votos y puede configurar “su” lista a partir de las candidaturas propuestas por los partidos (panachage).

Fuente: “Cuadro 4. Combinaciones de formas de lista y procedimientos de votación” (Nohlen, 1998, p. 68).

El voto para el Poder Legislativo en México, ya sea a nivel federal o local, es simultáneo; dicho de otra forma, el elector vota por ambos principios de representación (MR y RP). En el anverso de la boleta electoral se presentan las candidaturas por el principio de MR; y en el reverso de la boleta, la lista de RP, que en México es cerrada y bloqueada.

En otro orden de ideas, a través de la historia han existido tres métodos en los que se emite el voto (Reynolds y Steenbergen, 2006), relacionados con cómo se ha ejecutado ese voto secreto:[31] a) una sola boleta, una sola urna; b) varias boletas de partidos/candidaturas, una sola urna;[32] y c) votación uniforme, urnas de candidaturas separadas.[33] En México, el método es una sola boleta, una sola urna.

El diseño de las boletas se refiere al análisis de los elementos que la constituyen, como son: a) plantilla (anverso y reverso), b) orden de los nombres, c) símbolos (emblemas de los partidos políticos y logotipos), d) fotografías de las candidaturas, y e) colores.

Según Rae (1967), la estructura de las boletas electorales puede clasificarse en dos: categóricas y ordinales. Las primeras llevan al votante a elegir un partido o candidatura sobre todos los demás; dicho de otra forma, el electorado solo tiene una opción. Mientras que las papeletas ordinales le permiten al votante manifestar una gama de opciones más compleja, amplia y hasta contradictoria, porque puede elegir en primer lugar al partido A; en segundo lugar, al partido D, y así sucesivamente.

De acuerdo con esta clasificación, y al relacionarlo con los cuatro tipos de votación antes mencionados, la uninominal y la primera de las listas (bloqueada cerrada) son categóricas, mientras que la cerrada no bloqueada y abierta son ordinales.

Efectos de los sistemas electorales: algunas consideraciones teórico-conceptuales y metodológicas

Escuela institucionalista vs. sociológica en el estudio de los efectos de los sistemas electorales

Al establecer los elementos técnicos o dimensiones de los sistemas electorales, es posible hablar de sus probables efectos (mecánicos y psicológicos). Dichos efectos pueden ser explicados a partir de la combinación de esos elementos (sistema en su conjunto) o de ciertos elementos técnicos específicos.

Antes de hablar en particular de los efectos mecánicos y psicológicos, es relevante señalar que el estudio de los efectos de los sistemas electorales desde la mitad del siglo pasado hasta la fecha se ha enfocado en las consecuencias que tienen en los sistemas de partidos. Según Cox (2004, pp. 33-35), existen dos grandes escuelas que explican esta relación: la institucionalista y la sociológica.

La institucionalista establece que la “estructura electoral ejerce sin excepción, una influencia importante e independiente” (Cox, 2004, p. 34), aunque es necesario mencionar que tampoco es que pierdan de vista la estructura social, sino que esta se considera relevante pero no determinante. La diferencia sustancial entre la corriente institucionalista y la sociológica (véase Cox, 2004, pp. 33-35) es que la sociológica parte de la lógica de los clivajes sociales (véase Lipset y Rokkan, 2001), los cuales son grandes divisiones políticas y económicas en la sociedad que determinan la existencia de partidos y sistemas de partidos, el comportamiento político del elector y el de los actores en general. De modo que todos ellos determinan el sistema electoral.

La institucionalista entiende el sistema electoral como variable independiente, y la sociológica como variable dependiente. A pesar de esta clasificación de las líneas de estudio, es relevante señalar que la mayoría de los autores que pertenecen a la corriente institucionalista no parten de lógicas completamente deterministas o causales. Por ejemplo, Nohlen considera al sistema electoral como una variable dependiente e independiente, mismo es el caso de Duverger y Lijphart. Sin embargo, Sartori, entre otros autores, “quiere limitar el estudio de los sistemas electorales en su calidad de variable independiente” (Nohlen, 2008, p. 89).

La investigación de los efectos de los sistemas electorales revivió y obtuvo auge a partir de la década de los ochenta, precisamente cuando Lijphart hablaba de un descuido por parte de las y los politólogos en el estudio, lo cual le parecía más que sorprendente y que además “indudablemente [era] el tema más subdesarrollado en la Ciencia Política” (1985, p. 3).

Entre la diversidad de obstáculos que percibía en la investigación, se encuentra que las personas politólogas subestimaban la importancia de los sistemas electorales (sobre todo en Estados Unidos), y principalmente la ausencia de una terminología básica aceptada (Lijphart, 1984, pp. 435-436).

A partir de los años noventa:

Se realizaron estudios comparativos electorales importantes; por mencionar algunos: Lijphart, 1995; Cox, 1997; Katz, 1997; Colomer, 2004; Norris, 2004; Gallagher y Mitchell, 2008; Klingemann, 2009; y Farrell, 2011. La preeminencia de estos textos es que al igual que los autores clásicos (Duverger, 1957; Rae, 1967; [Lijphart, 1995] y Sartori, 1985) comparan diversos sistemas electorales, así como sus diferentes efectos (mecánicos y psicológicos); su aportación fundamental radica en su inclusión de nuevas variables e indicadores para su estudio (Cárdenas, 2021, p. 132).

Actualmente, una diversidad de autores y autoras plantean que el campo de los sistemas electorales ha ido madurando (Shugart, 2008 y Grofman, 2016). Según Shugart, esta maduración se observa en la publicación de muchos libros importantes, así como en el rápido incremento de artículos publicados en revistas bajo el tema general de sistemas electorales. Los estudios de los efectos de los sistemas electorales en un primer momento se enfocaron en cómo los sistemas electorales repercutían en la conversión de votos en escaños y en cómo los sistemas electorales afectaban al sistema de partidos, sobre todo en el número de partidos, pero también en la proporcionalidad del sistema electoral.

En el presente, el estudio de los sistemas electorales se ha ido reforzando, ampliando y enfocando en una diversidad de líneas de investigación (Shugart, 2008; Grofman, 2016; Herron, Pekkanen y Shugart, 2018): a) cómo los sistemas electorales afectan la organización interna de los partidos y la manera en que los legisladores individuales (o candidaturas al Legislativo) se relacionan con el electorado; b) los impactos de los sistemas electorales en gobernanza; c) hasta qué punto los sistemas electorales influyen en el clientelismo político y la corrupción, así como en el grado de responsividad de los legisladores con el electorado; d) cómo la elección de un sistema electoral puede impactar en los resultados de ciertos tipos de políticas públicas; e) el renovado interés por los orígenes y por qué cambian los sistemas electorales; f) cómo se relacionan los sistemas electorales con la representación política de las mujeres y otros grupos históricamente excluidos; g) cómo afectan indirectamente la congruencia ideológica de la ciudadanía y las élites; h) cómo influyen en las posiciones políticas que las elites partidarias presentan al público, entre otros.

Por lo que, en la actualidad, los sistemas electorales se encuentran entre los temas más estudiados en la ciencia política y es su campo más desarrollado (Ferrara, Herron y Nishikawa, 2005; Bowler, 2008).

Evolución del estudio de los efectos y consecuencias de los sistemas electorales

Después de desplegar el estado de la investigación de los efectos de los sistemas electorales, es necesario entender cómo comenzó su estudio y cómo se ha ido desarrollando. Esto con el objetivo de mostrar el proceso de evolución metodológico-conceptual, retomando los principales postulados de autores como Duverger (1957), Rae (1967), Lijphart (1996), Sartori (1985) y Nohlen (2013).

Maurice Duverger, en la década de los cincuenta, será de los primeros autores que comenzará a cuestionarse cómo es que el sistema electoral da forma al sistema de partidos y hasta qué punto los votantes son influidos por los sistemas electorales. La explicación a esta interrogante la sustenta a partir del estudio de los partidos políticos, dando peso a un conjunto de factores fundamentales, como los socioeconómicos, los ideológicos y los técnicos.

El enfoque de Duverger es comparativo empírico-cualitativo (Nohlen, 2013, p. 11), basado en la lógica de que un sistema de partido es “el resultado de factores numerosos y complejos, unos propios de cada país y otros generales” (Duverger, 1957, p. 231). Para Duverger “por mediación de los partidos políticos los sistemas electorales ejercen una influencia esencial sobre la vida política de un país” (2001, p. 38), distinguiéndose una influencia directa, que se refiere a que un sistema electoral impulsa una organización específica de los partidos, y una indirecta, que se refiere a que la organización de los partidos es engendrada particularmente por el sistema electoral.

En esta lógica, su propuesta plantea la diferenciación entre dos efectos de los sistemas electorales, a los que entiende como factores que inciden en el sistema de partidos, tal es el caso de los mecánicos y los psicológicos. En el caso de los factores mecánicos, consisten “en la ‘sub-representación’ del tercer partido (es decir, del más débil), siendo su porcentaje de asientos inferior a su porcentaje de votos” (Duverger, 1957, p. 252). Esta afirmación lleva a suponer que, entonces, hay elementos en el sistema electoral que inciden en esa subrepresentación del tercer partido.

Los factores psicológicos se relacionan directamente con el fenómeno de la polarización o despolarización que genera el sistema, que lleva a la disminución o aumento de candidaturas o de partidos políticos y la comprensión del votante de las posibilidades de que su preferencia electoral gane. En este orden de ideas, en un régimen mayoritario de dos partidos, según Duverger, el segundo partido “siempre se encuentra sub-representado en relación con el vencedor” (1957, p. 252). Lo cual tiene lógica en el sentido de que solo hay un ganador por distrito electoral y los votos de las otras fuerzas se pierden en la distribución de los escaños. Así pues, respecto de un tercer partido, la hipótesis es que “la sub-representación de este último es todavía mayor que la del menos favorecido de los otros dos” (Duverger, 1957, p. 252).

En este contexto, el factor mecánico para el caso del sistema electoral mayoritario se advierte en la subrepresentación del segundo y tercer (mayor aún que el segundo) lugares; para el caso proporcional, la subrepresentación está ausente. En cuanto al factor psicológico, en los proporcionales los mecanismos de polarización no funcionan o funcionan muy poco (despolarización), lo que permite al electorado votar por terceras y cuartas fuerzas (aumentan el número de candidaturas) porque sus votos no se perderán, a diferencia de los mayoritarios, en donde se presenta la polarización y los electores prefieren al “menos malo de sus adversarios”, evitando votar por las terceras fuerzas partidarias.

Paralelamente, para el estudio de los factores mecánicos y psicológicos, estableció también relaciones entre los sistemas electorales con 1) la estructura interna de los partidos; 2) las alianzas (electorales y gubernamentales); 3) la exactitud de la representación (proporcionalidad): 3.1) la representación de los partidos, y 3.2) la representación de la opinión pública; y 4) las variaciones de la opinión pública.

Estos factores son explicados por el autor a partir de una clasificación de los sistemas electorales muy general. Una de las limitaciones que se percibe en esta sistematización es que considera únicamente a la fórmula electoral como variable de categorización y las subdivisiones que realiza de los principios de representación son muy pocas; dicho de otra forma, a los sistemas electorales mayoritarios los clasifica en dos: MR y mayoría absoluta (segunda vuelta), y a los proporcionales en una sola categoría.

Además, no considera los modelos mixtos ni tampoco otros subtipos de sistemas electorales (tanto en los mayoritarios como en los proporcionales). Lo anterior se entiende por el momento histórico en el que el autor escribe su obra, en esa época no existía la gran variedad de sistemas electorales que se visualizan actualmente y mucho menos sistemas electorales mixtos, si acaso solo el sistema electoral alemán.

No obstante, una de las grandes aportaciones de Duverger al estudio de los efectos mecánicos del sistema electoral en el sistema de partidos fue establecer tres tendencias generales, conocidas como las Leyes de Duverger.[34] Estas proposiciones fueron un punto de inflexión en el estudio de los efectos de los sistemas electorales, que a través de la historia han sido debatidas, retomadas y replanteadas por diversos autores (por mencionar algunos ejemplos: Nohlen, 2008; Cox, 2004; Sartori, 2003). La mayoría de los cuestionamientos a estas tendencias se sostienen en la argumentación de que Duverger buscaba establecer leyes, las cuales después de la diversidad de estudios empíricos y comparados que se han realizado, provocaron que fuera duramente cuestionado; pero la realidad es que al revisar sus textos (1957, 1988) el autor no habla de leyes, sino de hipótesis o tendencias.

Pese a ello, se reivindica la aportación de Duverger, ya que será el primero en establecer tendencias generales del sistema electoral en el sistema de partidos y de sus posibles efectos en el electorado y en los partidos políticos.

A finales de la década de los sesenta, es decir, una década después de las aportaciones de Duverger, “para la corriente empírico-cuantitativa en el estudio de los sistemas electorales, el análisis científico de la relación causal entre el sistema electoral y sistema de partidos apenas empieza con Douglas W. Rae” (Nohlen, 2013, p. 18).

Dentro de las categorías a tomar en cuenta se advierten conceptos como los proximal effects (efectos mecánicos), que se refieren a los que tienen “las leyes electorales en la competencia partidaria” (Rae, 1967, p. 67), y los distal effects o long-range (efectos psicológicos). Para él, estos son también los efectos que tienen las leyes electorales en la competencia partidaria, pero que se infieren al comparar sistemas de partidos electorales y sistemas de partidos parlamentarios (tiene que ver con el grado de multipartidismo) que se asocian a varias leyes electorales.

Ante estos efectos, Rae menciona que en su estudio hay que ser cuidadosos, porque al realizar asociaciones y relaciones pueden reflejar “la influencia de factores subyacentes e intervinientes en el sistema político que son independientes de la ley electoral” (1967, p. 68). Es primordial comentar que Rae no habla de sistema electoral, sino de ley electoral, la cual la define como

… esas en donde rige el proceso en el que las preferencias electorales son articuladas en votos y a través de las cuales los votos son traducidos entre los partidos políticos que compiten en distribuciones de autoridad gubernamental (escaños parlamentarios típicamente) (Rae, 1967, p. 14).

Pero si se lee cuidadosamente esta definición, se puede afirmar que en realidad está hablando de sistema electoral.

Entre la diversidad de interrogantes que se hace el autor, se distinguen: 1) ¿cómo las leyes electorales afectan los intereses de los partidos?, y 2) ¿cómo las leyes electorales moldean los sistemas de partido en las naciones? En su investigación encuentra tres fases/variables que varían en los sistemas electorales (Rae los define como un compendio de leyes): a) la boleta electoral/estructura del voto como una especificación del rol del votante al decidir en la elección, b) la distritación como un factor que delimita la traducción de votos en escaños, y c) la fórmula electoral como una pieza clave en la traducción de los votos en escaños. Entonces, se puede hablar de tres variables que predominan en el análisis del autor: la estructura del voto, la magnitud de distrito o circunscripción y la fórmula electoral.

En el análisis de los efectos de los sistemas electorales, Rae (1967, pp. 69-85) encuentra seis proposiciones: 1) los sistemas electorales tienden a premiar a partidos políticos con las mayores proporciones de votación con mayores proporciones de escaños; 2) los sistemas electorales casi siempre premian con proporciones de escaños al partido que obtiene la proporción más grande de voto; 3) casi siempre las mayorías parlamentarias de un solo partido son manufacturadas por el sistema electoral; 4) las leyes electorales a menudo limitan el número de partidos legislativos, asegurando que los partidos políticos pequeños no obtengan escaños; 5) los sistemas electorales desfragmentan parlamentariamente el sistema de partidos; y 6) el efecto de las leyes electorales en las posiciones competitivas de los partidos políticos en las Legislaturas es marginal en comparación con el efecto de los resultados electorales.

Las aportaciones de Rae son que, por un lado, construye índices de medición propios para comprobar los efectos mecánicos, como son la desproporcionalidad y la fragmentación del sistema de partidos; y por el otro, define dos tipos de efectos: los proximal (efectos proximales[35]) y los distal (efectos distales[36]). Por lo que se debe retomar la característica causal de ambos tipos de efectos: proximales y distales, conjuntamente se deben recuperar diversas de sus estrategias de análisis y conceptos para medir los efectos en el sistema de partidos.

En este orden de ideas, otra de sus aportaciones es que establece, cataloga y explica tendencias de las dimensiones específicas del sistema electoral, como la fórmula electoral, la estructura del voto (categórico y ordinal) y la magnitud de circunscripción. Además, el autor busca plantear tendencias que, a pesar de ser muy generales, explican de manera clara y concisa los efectos del sistema electoral.

Entre las críticas al trabajo de Rae se observa que en su estudio no considera a los sistemas electorales mixtos, y que “los factores ajenos al sistema electoral quedan excluidos de su investigación” (Nohlen, 2008, p. 57). En este orden de ideas, uno de sus mayores críticos, pero también seguidor, es Lijphart, ya que buena parte de sus estudios está basada en los análisis y proposiciones de Rae. Lijphart se relaciona

… con Douglas W. Rae en dos sentidos. Por una parte, su perspectiva se orienta también hacia los efectos políticos que pueden tener los sistemas electorales, a cuyo efecto propone una diferenciación idéntica a la de Rae en relación con la variable dependiente. Por otra parte, al igual que Rae, está comprometido con el enfoque empírico-estadístico (Nohlen, 2013, p. 26).

Una de las diferencias entre el estudio de Lijphart (1995, 1996) y el de Rae (1967) es que para Lijphart las unidades de análisis no deben ser las elecciones (como hizo Rae), sino los sistemas electorales. Igualmente, Lijphart difiere con Rae en cuanto a la interpretación que hace sobre las relaciones entre las dimensiones del sistema electoral con sus respectivos efectos (proximales –mecánicos– y distales –psicológicos–), es decir, Lijphart encuentra que estas pueden ser más fuertes o débiles de lo que Rae afirmaba (véase Lijphart, 1996, p. 111).

Una de las aportaciones de Lijphart es cómo evaluar los efectos de los tipos de sistemas electorales (mayoritarios, proporcionales y mixtos), los cuales deben analizarse “dentro de cada grupo y no entre ellos” (Lijphart, 1996a, p. 115); situación que Rae justamente perdió de vista. A pesar de estas diferencias, también se distinguen coincidencias en la relación del sistema electoral con el sistema de partidos en ambos autores, Lijphart supone que todos los sistemas: 1) electorales tienden a generar resultados desproporcionales y a reducir el número efectivo de partidos parlamentarios en comparación con el número de partidos electorales; y 2) de partidos electorales pueden fabricar una mayoría parlamentaria para partidos que no han recibido el respaldo mayoritario de los votantes.

El esquema de análisis tanto de Lijphart como de Rae son primordiales para cualquiera que busque estudiar los efectos de los sistemas electorales, ya que estudian no solo los efectos de estos de manera general, sino también de manera específica. Dicho de otro modo, a partir de sus dimensiones –elementos técnicos– (cuestión que Duverger no consideró), lo que permite, entonces, advertir la complejidad de los elementos técnicos que convergen o los elementos que dominan la relación entre el sistema electoral y sus efectos (mecánicos y psicológicos).

Otra cuestión por retomar es lo propuesto por Giovanni Sartori con relación a que los sistemas electorales pueden tener dos efectos: uno en el votante y otro en el número de partidos. Al efecto en los votantes lo llama efecto represor “manipulador, limitante o incluso coercitivo (en el sentido débil de término)” (Sartori, 2003, p. 46); este efecto, según él, varía fuertemente en el caso mayoritario a inexistente en el de RP pura. Al efecto en el número de partidos lo llama efecto reductor, “pues o bien reduce su número, o el sistema electoral no es efectivo (no hay, como veremos, un efecto multiplicador)” (Sartori, 2003, p. 46). Igualmente, Sartori establece los efectos de los sistemas electorales, reformulando las Leyes de Duverger en cuatro leyes (1985, pp. 33-34), a las cuales a su vez reduce a dos leyes de tendencia.[37]

Dieter Nohlen le da mucha fuerza al contexto para el análisis de los efectos de los sistemas electorales y es que, en los estudios sobre los efectos, muchas veces no se le concedió “la suficiente importancia al hecho de que las condiciones contextuales de los países comparados eran muy diferentes” (2008, p. 63).

Para él, los factores de contexto son: 1) la estructura social; 2) la cantidad de líneas de conflicto y su profundidad; 3) el grado de fragmentación del sistema de partidos; 4) el grado de institucionalización del sistema de partidos; 5) el modelo de interacción entre los partidos; 6) la dispersión regional de los votantes de los respectivos partidos; y 7) el comportamiento del electorado.

Los efectos políticos de los sistemas electorales “dependen rara vez de un solo elemento. En la mayoría de los casos, la combinación de varios elementos produce ciertas consecuencias políticas de un sistema electoral” (Nohlen, 1998, p. 52). Para estudiar los sistemas electorales hay que seguir los pasos siguientes, análisis 1) de las reglas técnicas y sus efectos; 2) reglas en su conjunto e identificación de los elementos que determinan los efectos del sistema; y 3) de las variables del comportamiento político que pueden determinar los efectos del sistema (Nohlen, 1998, p. 89).

En este sentido, los criterios de valoración para la evaluación de los sistemas electorales son: a) representación: para todas y todos, justa, y el grado de proporcionalidad entre votos y escaños; b) concentración y efectividad: “1) el número o, mejor dicho la reducción del número de los partidos que obtienen mandatos en el parlamento; 2) la formación de una mayoría partidaria o de una coalición que tenga carácter estable en el parlamento” (Nohlen, 2007, p. 319); c) participación: voto personalizado versus voto de partido o de lista; d) simplicidad: la comprensión por parte del electorado sobre cómo opera el sistema electoral para que prevea cuáles serían los efectos de su voto; y e) legitimidad: la aceptación de los resultados electorales; dicho de otro modo, la legitimidad de las reglas democráticas. Se puede analizar lo anterior al “observar si el sistema electoral sirve para unir o, por el contrario, para desunir a una sociedad” (Nohlen, 2007, p. 321).

Cabe señalar que los primeros tres incisos son efectos mecánicos; mientras que en el inciso d) la simplicidad se refiere a los efectos psicológicos; y la legitimidad se entiende como el impacto que tienen ambos efectos (mecánicos y psicológicos) en ese contexto.

Nohlen inserta en el debate de los efectos de los sistemas electorales, metodológicamente, la importancia de la relación circular entre el sistema electoral, el sistema político y el sistema de partidos para el análisis del fenómeno. De igual modo, invita a no perder de vista los factores contextuales. Efectivamente, el sistema electoral tendrá efectos en el sistema de partidos, en el comportamiento político de los actores y los partidos políticos, así como en los electores, pero es necesario recordar que existe otra serie de factores que convergen en esta dinámica.

En el siguiente cuadro se concentra lo antes expuesto:

Cuadro 3. Ideas principales de Duverger, Rae, Lijphart, Sartori y Nohlen

Maurice Duverger

  • Es el primero en establecer tendencias generales del sistema electoral en el sistema de partidos y de sus posibles efectos, de acuerdo con el tipo de sistema electoral.
  • Define dos tipos de factores: el mecánico (la subrepresentación o su ausencia) y el psicológico (la polarización-despolarización, que se relaciona con la disminución-aumento de candidaturas –partidos− y la comprensión del votante de las posibilidades de que su preferencia electoral gane).

Douglas W. Rae

  • Construye índices de medición propios para comprobar los efectos mecánicos, como son: la desproporcionalidad y la fragmentación del sistema de partidos.
  • Genera seis proposiciones de los efectos del sistema electoral en el sistema de partidos.
  • Define dos tipos de efectos: los proximal (efectos proximales) y los distal (efectos distales).
  • Cataloga y explica tendencias de las dimensiones específicas del sistema electoral, como: la fórmula electoral, la estructura del voto (categórico y ordinal) y la magnitud de circunscripción.

Arend Lijphart

Establece que

  • Las unidades de análisis no deben ser las elecciones (como hizo Rae), sino los sistemas electorales.
  • Los sistemas electorales deben analizarse “dentro de cada grupo y no entre ellos”.
  • Las relaciones entre las dimensiones del sistema electoral con sus respectivos efectos (proximales –mecánicos− y distales –psicológicos−) son más fuertes o débiles de lo que Rae afirmaba.

Giovanni Sartori

Afirma que

  • Los sistemas electorales pueden tener dos efectos: uno en el votante (efecto represor) y otro en el número de partidos (efecto reductor).
  • En el análisis de los efectos de los sistemas electorales hay que tomar en cuenta dos de sus condiciones: a) la presencia de partidos estructurados y b) la dispersión geográfica del electorado de los partidos.

Dieter Nohlen

Inserta en el debate del análisis los efectos de los sistemas electorales:

  • Metodológicamente: la importancia de la relación circular entre el sistema electoral, el sistema político y el sistema de partidos.
  • Invita a no perder de vista los factores contextuales.
  • Establece criterios de valoración para la evaluación de los sistemas electorales.

Fuente: elaboración propia.

Efectos mecánicos y psicológicos

En la actualidad, los efectos de los sistemas electorales para su análisis se clasifican en dos: los mecánicos y los psicológicos. Los factores mecánicos (Duverger) o proximal effects (Rae) “resultan de la lógica matemática que domina la relación entre los elementos técnicos de un sistema electoral” (Nohlen, 2008, p. 113); pueden explicarse en dos dimensiones de análisis en las que coinciden Lijphart y Nohlen: 1) en la relación entre votos y escaños y 2) en el sistema de partidos. Estos efectos “son cuantificables y se refieren a los efectos que tendrá el sistema electoral durante el proceso de transformación de los votos en escaños para integrar Congresos” (Cárdenas, 2021, p. 134). Los efectos psicológicos, factores psicológicos (Duverger, 1957) o distal effects (Rae, 1967):

… influyen en la conducta de los actores y partidos políticos, así como en el comportamiento del electorado, en otras palabras, en la coordinación electoral (Cox, 2004). Esto se observa también en las alianzas definidas entre los partidos políticos […] [y la autoridad electoral (alianzas explícitas)] y los actores políticos [alianzas implícitas], así como en el proceso de decisión del voto del electorado. Tanto los actores políticos como el electorado anticiparán ciertos efectos del sistema electoral, al diseñar sus estrategias y expresar sus preferencias políticas, dependiendo del cálculo de esos efectos; dicho de otro modo, de su comprensión del sistema electoral y su funcionamiento. Ante esto es necesario diferenciar los efectos que tendrán los sistemas electorales por sí mismos y aquellos que influirán en “su confrontación de la realidad por el otro. El contexto hace la diferencia[38] (Nohlen, 2008, p. 113) (Cárdenas, 2022, p. 100).

No se debe perder de vista que, al analizar sus efectos, metodológicamente se deben recuperar dos cuestiones: 1) las interacciones que se presentan en los sistemas electorales mixtos entre ambos principios y 2) el contexto en el que se encuentra inserto el sistema electoral y, por lo tanto, los factores contextuales[39] que interactúan con sus efectos.

Con respecto a los efectos mecánicos frente a los psicológicos, en su aspecto metodológico hay que considerar que

… el tipo de vínculos/relaciones causales será importante en cada uno de los efectos. Generalmente, en el caso de los efectos mecánicos los factores contextuales tienden a tener nula o poca influencia, ya que derivan directamente de la legislación electoral, son proximales y observables en el corto plazo; la cuestión se complica con los efectos psicológicos porque son distales y visibles a mediano o largo plazo, sumado a que una buena parte de estos dependen de las dimensiones del sistema electoral (la formalidad) y otra parte de los factores contextuales [véase Ferree, Powell y Scheiner, 2013, pp. 15-16]. […] cuanto mayor peso tienen los efectos mecánicos menor importancia adquirirá el contexto (excepto cuando entran factores contextuales coercitivos). Una de las diferencias entre los efectos mecánicos con los psicológicos es que los primeros son proximales y observables en el corto plazo y los segundos, distales y visibles en el mediano y largo plazo. Esto significa que, en los psicológicos la cadena causal que conecta del sistema electoral a un resultado es más larga, en comparación con la de los efectos mecánicos (Cárdenas, 2022, p. 110).

Con respecto a cómo analizar y medir los efectos mecánicos y psicológicos, específicamente: a) los del sistema electoral en su conjunto y b) los de sus elementos técnicos, se puede consultar Cárdenas (2019, 2021 y 2022).

Consideraciones finales

En este texto se desarrolló qué se entiende por sistema electoral, además de la diversidad que se repara en las clasificaciones de los sistemas electorales (sobre todo los mixtos). Igualmente, se establecieron y desarrollaron las cinco dimensiones o elementos técnicos del sistema electoral y sus respectivas definiciones y características.

Los efectos mecánicos y psicológicos son un fenómeno observable y medible. En este orden de ideas, en México, se destaca que los estudios empíricos sobre ambos efectos (mecánicos y psicológicos) se enfocan en realizar algunas relaciones entre ellos, pero no se analizan ambos efectos al mismo tiempo con el mismo nivel de profundidad. Es un hecho que existen exploraciones sobre el sistema electoral mexicano en general, la cuestión es que la mayoría de estas investigaciones son más bien descripciones de las distintas reformas electorales en nuestro país y generalmente se enfocan en el ámbito federal.

Finalmente, hay que señalar que los sistemas electorales son la institución política que canaliza las preferencias políticas en el proceso de la conformación de la representación política en una sociedad. Por ello, primero, se debe recordar que para el posible diseño o rediseño del sistema electoral, no existe uno que sea único, al final un buen diseño institucional dependerá del contexto en el que se inserta. Tal vez un sistema electoral es el adecuado en cierto país pero eso no significa que funcionará en otro, también esto dependerá de las necesidades y problemas que se busca resolver en cada país; en palabras de Katz (1997): adónde quieres ir democráticamente, cómo llegar ahí y quién eres (p. 309). Segundo, considerar la gran responsabilidad política que implica su diseño y rediseño porque, como se explicó en este texto, cada tipo, subtipo y elementos técnicos del sistema electoral que sea modificado tendrá efectos generales pero también específicos.

Por lo tanto, su diseño y rediseño debe tener en cuenta sus posibles efectos; en otras palabras, si partimos de una lógica democrática, debe buscar generar una representación política más representativa, proporcional, diversa, plural, inclusiva, justa y equilibrada en nuestra sociedad.

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Shugart, M. S. y Wattenberg, M. P. (2003), Mixed-Member Electoral Systems: The Best of Both Worlds? Oxford.


  1. Doctora con mención honorífica en Ciencias Políticas y Sociales (orientación en Ciencia Política) por la UNAM. Investigadora nacional nivel I (SNI-SECIHTI). Profesora asociada “C” de tiempo completo adscrita al Centro de Estudios Políticos de la FCPyS, UNAM. solcardenas@politicas.unam.mx.
  2. Se entiende como “la composición estructural de la totalidad de los partidos políticos en un Estado. Los elementos o interrogantes mencionados, tratados por los investigadores de los sistemas de partidos, son los siguientes: a) el número de partidos, b) su tamaño, c) la distancia ideológica entre ellos, d) sus pautas de interacción, e) su relación con la sociedad o con grupos sociales, y f) su actitud frente al sistema político” (Nohlen, 1998, p. 44). Rae (1967) se refiere a la competencia entre los partidos en el sistema político y no a un conjunto de partidos (p. 47).
  3. La definición mínima de Sartori señala que un partido es “cualquier grupo político que se presenta a elecciones y que puede colocar mediante elecciones a sus [candidaturas] en cargos públicos” (2005, p. 105).  Los partidos, entonces, “son organismos representativos e instrumentos expresivos que canalizan demandas y, en consecuencia, se convierten en una de las muchas formas de dar voz a la sociedad” (Cárdenas y Reveles, 2019, p. 286).
  4. “significa que todas las piezas se ajusten correctamente en un todo armónico: están bien integradas, están en equilibrio (quizás incluso sólidamente, ya sea homoestáticamente o de otra manera)” (Goodin, 2003, p. 52).
  5. En esa intencionalidad habrá efectos del sistema electoral que se podrán prever, pero habrá otros que no (incluso podrían ser indeseables).
  6. Un conjunto de reglas (informales y formal-legales) del juego político que amplían el poder, y que orientan, moldean, definen y afectan el comportamiento político de las personas y actores políticos. Además, son patrones de conducta y comportamiento persistentes de la práctica social, es decir, son estables a través del tiempo. Cuando se habla de actores políticos, se considera a la sociedad civil, grupos de interés (como medios de comunicación, empresarios e Iglesia), partidos políticos minoritarios, liderazgos políticos, crimen organizado y autoridades electorales. En pocas palabras, son aquellos grupos que tienen injerencia en la vida pública.
  7. Sobre el nuevo institucionalismo histórico empírico, véase Nohlen 2005 y 2006.
  8. “Los efectos de esta coordinación pueden ser reductores o distributivos; el reductor se observa cuando la coordinación tiene éxito (es una buena coordinación) y el distributivo cuando no lo tiene. En la coordinación, según Cox (2004), se deben considerar tres factores independientes: las instituciones electorales, las motivaciones políticas y las expectativas públicas” (Cárdenas, 2022, pp. 103-104).
  9. “[E]s decir, a la decisión estratégica del elector (…) [siendo que la] toma de decisión de votar ‘no puede ser tan diferente de la mayoría de otras decisiones que la gente toma en sus vidas diarias’ (Lau y Redlawsk, 2006, p. 21). El voto estratégico se refiere a ‘elegir una alternativa menos preferida porque la candidatura con mayor preferencia no tiene posibilidades de ganar’ (Lau, 2003, p. 21)” (Cárdenas, 2022, p. 104).
  10. “En suma la coordinación estratégica se puede dar en dos niveles. Un nivel es el de la elite, cuando los políticos deciden ir juntos en alianzas electorales; el otro nivel es el de los electores, cuando deciden abandonar al partido preferido si se percibe que éste no tiene mayores oportunidades de ganar la elección, a favor de otro en segundo orden de preferencia, pero cuyas oportunidades sean mayores” (Reynoso, 2011, p. 39).
  11. “Uno o más textos legislativos que rigen todos los aspectos relacionados con el proceso de elección de las instituciones políticas establecidas en la constitución o en el marco institucional de un país” (Reynolds, Reily, y Ellis, 2006, p. 197).
  12. 1) mayoría relativa (gana el más votado); 2) mayoría absoluta, también conocido como pluralista (sistemas de doble votación); y 3) de voto alternativo.
  13. 1) de lista; 2) fórmula “mixta nominal-proporcional” (MMP); y 3) de voto único transferible (STV).
  14. 1) mayoría relativa en circunscripciones uninominales; 2) mayoría absoluta en circunscripciones uninominales (con segunda vuelta); 3) sistema mayoritario en circunscripciones plurinominales con representación de minorías; 4) sistema mayoritario en circunscripciones plurinominales pequeñas; y 5) con lista proporcional adicional.
  15. 1) en circunscripciones plurinominales; 2) compensatorio; 3) proporcional personalizado por barrera legal; 4) single transferable vote (voto transferible); y 5) puro.
  16. Se eligieron estos dos autores porque sus clasificaciones son las más claras, amplias y completas en el estudio de los sistemas electorales. Existen clasificaciones, como la de Sartori, que parten de la lógica de una supremacía de un sistema electoral sobre otro, por lo que caen en una clasificación valorativa. Por ejemplo, Sartori los clasifica como fuertes (mayoritarios) o débiles (proporcionales) y, en realidad, siguiendo la lógica de Lijphart y Nohlen, los sistemas electorales deben ser analizados y comparados dentro de ellos y no entre ellos.
  17. Sistema electoral mixto equilibrado.
  18. Que en realidad sigue siendo MR. Esto funciona de la forma siguiente: cada partido político por entidad federativa presenta una fórmula con dos candidaturas y la tercera senaduría será para el primer lugar de la fórmula del partido político que queda en el segundo lugar en votación en la entidad.
  19. En 1986, se estableció que ningún partido podrá excederse en 70 % del total de la Cámara (350 diputados de 500); a pesar de esto, en tal reforma se incluyó la cláusula de gobernabilidad que se eliminó a nivel federal en 1993; aunque se quitó a este nivel, se mantuvo a nivel local en diversas entidades federativas hasta la reforma de 2014.
  20. Considera los umbrales explícitos y los implícitos. “Lijphart une la barrera natural (tamaño de las circunscripciones) y la legal en una única variable” (Nohlen, 2008, p. 87).
  21. Lijphart se refiere a uno de cuatro “aspectos menores, pero no necesariamente insignificantes” (1995, p. 49).
  22. Es un porcentaje establecido (a partir de la diferencia entre porcentaje de votos y escaños) con el fin de evitar que un partido tenga mayor número de escaños que originalmente le correspondería por votación, buscando mantener la proporcionalidad (relación equilibrada entre votos y escaños). Existen casos en donde se establece un límite de escaños que los partidos no pueden sobrepasar.
  23. Existen los procedimientos siguientes: 1) Método Hare o fórmula de cociente natural o simple = votos válidos emitidos/número de escaños en la circunscripción; 2) Fórmula Hagenbach-Bischoff = votos válidos emitidos/número de escaños en la circunscripción + 1, y 3) Fórmula del cociente electoral modificado = votos válidos emitidos/número de escaños en la circunscripción + 2 (véase Nohlen, 1998, p. 75). “El cociente (o la cifra repartidora) se obtiene mediante división, donde el dividendo es siempre igual al total de votos válidos emitidos, mientras que el divisor cambia según la fórmula aplicada” (Nohlen, 1998, p. 75).
  24. “lo cual produce secuencias de cocientes decrecientes para cada partido. Los escaños se asignan entonces a los mayores cocientes (cifras mayores)” (Nohlen, 1998, p. 72). Entre los métodos más conocidos se encuentra el D´Hondt.
  25. Este es el caso de la cláusula de gobernabilidad que se implementó en México a nivel federal de 1986 a 1993 y a nivel local hasta 2014. Esta funcionó a través del reparto de un número extra de escaños al partido político mayoritario para asegurar su mayoría absoluta en los congresos.
  26. “En sistemas mixtos mayoritarios [como el mexicano], por ejemplo, para el registro de una candidatura se establecen restricciones en la legislación electoral: el competidor sólo podrá participar en la contienda si es residente de la demarcación en competencia y/o de un distrito electoral específico; o para que un partido político acceda al reparto de escaños de representación proporcional deberá haber [registrado o] ganado un número x de candidaturas en x número de distritos electorales. Sumado a lo anterior, se propone considerar como barrera legal secundaria otras limitaciones para la candidatura, como la pertenencia a un partido político o el registro a una candidatura independiente, lo cual implica considerar una gran variedad de requisitos, tanto para registrar un partido político como para esa candidatura independiente. Hasta la reforma [política electoral a nivel federal] de 2014, en México –a nivel nacional y local (excepto Yucatán desde 2006)– únicamente se podía aspirar a una candidatura si la postulación provenía de un partido político” (Cárdenas, 2021, p. 131).
  27. En el Poder Ejecutivo federal se elige la Presidencia cada seis años. En lo estatal o local, una gubernatura o jefatura de gobierno (sólo Ciudad de México), también cada seis años; y a nivel municipal, el ayuntamiento (una presidencia municipal o alcalde, síndicos y regidores de MR y de RP) o las jefaturas las demarcaciones (únicamente Ciudad de México) cada tres años (a excepción de Hidalgo, que es cada cuatro años).
  28. En el Poder Legislativo federal se vota por diputaciones cada tres años y por senadurías cada seis, esto significa que es un Congreso bicameral. El Poder Legislativo estatal o local es unicameral, ya sea un Congreso que se renueva cada tres años. A partir de la reforma política electoral de 2014, tanto en el Poder Legislativo federal como en el local, se permite la reelección. En el caso del Poder Ejecutivo, está permitida únicamente en el ámbito municipal; dicho de otro modo, para alcaldes o presidentes municipales, regidores y síndicos.
  29. Shugart y Carey (1992) las clasifican en tres: 1) en el periodo de luna de miel (honeymoon elections), ocurren un año después de la toma de protesta del Poder Ejecutivo; 2) a mitad del periodo (midterm elections), cualquier elección que no ocurra un año antes o después de la toma de protesta del Ejecutivo. No acontecen forzosamente en la mitad del periodo; y 3) los ciclos mixtos son establecidos de manera azarosa, es decir, no están sincronizados, no son establecidos de manera periódica y pueden cambiar de un periodo a otro.
  30. Lo que significa que pueden existir las combinaciones siguientes; 1) concurrencia federal y local, simultaneidad; 2) concurrencia federal y local, no simultaneidad; 3) no concurrencia federal y local, simultaneidad; 4) no concurrencia federal y local, no simultaneidad; 5) concurrencia federal y no concurrencia local, simultaneidad; 6) concurrencia federal y no concurrencia local, no simultaneidad; 7) no concurrencia federal y concurrencia local, simultaneidad; y 8) no concurrencia federal y concurrencia local, no simultaneidad.
  31. El primer voto secreto en una sola boleta fue en 1856 en la colonia británica de Australia del Sur, a la cual se conoció como la “boleta australiana” y partir de esto se adoptó en casi todas las circunscripciones británicas (a partir de 1872). En 1888 Massachusetts fue la primera entidad estadounidense en adoptarla (Reynolds y Steenbergen, 2006, p. 573).
  32. Únicamente la boleta elegida es colocada en la urna.
  33. La boleta (o las canicas, las varillas o las pelotas) son colocadas en la urna de la candidatura elegida. La urna con el mayor número de boletas gana.
  34. “1.º La representación proporcional tiende a un sistema de partidos múltiples, rígidos, independientes y estables (salvo el caso de movimientos pasionales); 2.º el escrutinio mayoritario de dos vueltas tiende a un sistema de partidos múltiples, flexibles, dependientes y relativamente estables (en todos los casos); 3.º el escrutinio mayoritario de una sola vuelta tiende a un sistema dualista, con alternativas de los grandes partidos independientes” (Duverger, 1957, pp. 232-233).
  35. “Próximo a la línea media de algo” (RAE, s.f.).
  36. “Separado de la línea media de algo” (RAE, s.f.).
  37. “Ley de tendencia N.º 1: Las fórmulas electorales pluralistas facilitan (son condiciones que facilitan) un formato bipartidista e, inversamente, obstruyen (son condiciones que obstruyen) el multipartidismo. Ley de tendencia N.º 2: Las fórmulas electorales de representación proporcional facilitan el multipartidismo e, inversamente, difícilmente conducen a un bipartidismo” (Sartori, 1985, p. 35).
  38. Véase también Nohlen, 2005 y 2006.
  39. El contexto o los factores contextuales se entienden como todas aquellas variables que convergen y retroalimentan el proceso del sistema electoral y sus efectos. Estos factores contextuales pueden ser coercitivos o no coercitivos (variables políticas, variables económicas y variables culturales y sociales). Véase Cárdenas, 2019 y 2022.


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