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Introducción

El presente trabajo expone algunas de las múltiples maneras en que filósofos, teólogos, psicólogos y hombres de las ciencias médicas caracterizaron la melancolía como un modo de configuración de la subjetividad humana. Ahora bien, más allá de esta descripción histórico-crítica de los avatares de tal concepto, el foco de atención recae en el modo en que Cioran lo tematiza –a partir de su característica ambigüedad intelectual.

Con vistas a cumplir esta tarea –y en pos de evidenciar semejante ambigüedad–, es necesario reflexionar sobre ciertos caracteres generales del pensamiento cioraniano, los cuales condicionan el modo en que concibe la melancolía. En este sentido el trabajo se estructura en tres capítulos.

En el Capítulo Primero (1.), con el objetivo de contextualizar el aporte de Cioran al respecto, se analizarán –a partir del tratamiento metodológico de fuentes y de textos críticos de los principales comentadores–, algunas de las formas en que se concibió la melancolía a lo largo de la historia de la filosofía. Por ende se toma como punto de partida la Grecia antigua (1.1.) como cuna del pensamiento occidental y polo de referencia –afirmativa o negativa– con el que la tradición filosófica discute. En primer lugar se detallará la concepción de la melancolía en el Corpus Hippocraticum (1.1.1). Es en este conjunto de textos donde el concepto en cuestión aparece por primera vez de manera sistemática.

A continuación de ello (1.1.2.) se explicitarán algunos comentarios de Platón sobre la melancolía. En este punto se hará referencia a la asociación que traza con respecto al delirio (μανία) como motor de la creación artística. Luego se prosigue con el estudio del pensamiento de Aristóteles (1.1.3.). En la huella de la doctrina platónica, él considera la melancolía como agente de la creación genial de una obra de arte. Así pues, aquella noción aparece descrita en sus comentarios casi de modo exclusivo en términos positivos.

De manera subsiguiente (1.2.) se abordan los posicionamientos intelectuales que surgieron a lo largo del Medioevo cristiano occidental. Durante este periodo la melancolía –o con mayor rigor, la acedia (acidia)–, se interpretó de manera diversa. Estas lecturas no sólo fueron distintas sino, en ocasiones, contrarias las unas a las otras. A veces se la pensó como un pecado que arruina la existencia de los hombres y de las mujeres que se entregan a la vida claustral y conventual. Por otro lado, se la consideró también como agente de salvación.

A su vez, en este apartado del trabajo se explicita la influencia que tuvo el pensamiento astrológico y mítico-religioso medieval en la conformación del concepto de melancolía. Esta reflexión se extendió, aunque no de manera idéntica, en los autores renacentistas.

En efecto, con posterioridad al recorrido por estas consideraciones se presentarán las teorías renacentistas acerca de los condicionamientos que la melancolía conlleva para la existencia humana (1.3.). Al igual que en el caso anterior, en este marco se encuentran puntos de vista que se contradicen entre sí.

Por una parte, al reelaborar las ideas aristotélicas y al asumir el sentido positivo que le dieron algunos pensadores medievales, la melancolía se consideró como favorable para el impulso artístico. De todas formas, ya aquí cabe aclarar que semejante producción creativa del artista melancólico renacentista implicó un proceso de corte más contemplativo que activo. En este sentido se describió al melancólico como un sujeto pasivo, tal como en la Grecia antigua.

Asimismo se analizará el modo en que la melancolía se comprendió no sólo como propia de los artistas sino también de los sabios, de acuerdo con la exposición de Ficino. Esta idea se condice con la nueva cosmovisión de Saturno como planeta-dios portador y transmisor de altas facultades intelectuales para quienes nacen bajo su signo.

De esta manera se examinará cómo a partir del pensamiento ficiniano la melancolía se asocia por primera vez a la filosofía, en tanto sabiduría que trasciende la objetividad empírica. Esta conexión resulta de mayor importancia en tanto aparece, por su parte, en la concepción cioraniana de la melancolía. Empero, también cabe subrayar ya aquí que, para Cioran, semejante sabiduría trans-empírica no implica el conocimiento de un objeto trascendente –como se puede pensar a partir de la filosofía renacentista en su conexión con el pensamiento teológico y, en particular, con el concepto de dios o de divinidad.

Por otra parte, en paralelo con esta descripción de corte positivo, se estudiará el modo en que la melancolía se calificó como una determinación anímica diabólica –en una nueva reapropiación de ciertas exposiciones medievales. O, ya con un lenguaje propio de la Modernidad, como una forma de locura que se tiene que tratar a partir de la medicina.

En efecto, en el apartado (1.4.) se pone en evidencia cómo a lo largo de la Modernidad filosófica el concepto en cuestión se vuelve a estigmatizar de forma tal que la ciencia de la época la considera una deficiencia de la psiquis. Esto se produce en particular a partir de las reflexiones de Descartes (1.4.1.) acerca del sujeto y de la necesidad de que no esté sometido a la melancolía para poder dar cuenta del fundamento de su existencia a partir de su propia racionalidad.

No obstante, también en el contexto filosófico moderno, se examinará una forma de pensar la melancolía en un tono positivo. Así pues se expone la cavilación romántica de Friedrich von Hardenberg (Novalis) (1.4.2.). Este filósofo ve en el existir melancólico un modo privilegiado de ser en el mundo. Destacar semejante posición resulta importante en pos de señalar un antecedente respecto de Cioran, y cómo él enalteció la melancolía como forma en que el sujeto desarrolle su existencia.

Para concluir el primer capítulo, en el apartado (1.5.) se pone de manifiesto el juicio de la doctrina psicoanalítica sobre la melancolía –en particular en la versión original de Freud. De acuerdo con este autor, ella no es más que una psicosis que se origina por la falta de cierre en el trabajo de duelo.

Ya en el Capítulo segundo (2.) se presentará una interpretación de lo que en este trabajo se denomina: “sentido general del pensamiento de Cioran”. Este capítulo se divide en dos secciones. Primero (2.1.) se analizarán las consecuencias del rechazo cioraniano de las construcciones intelectuales sistemáticas. En este contexto se enfatizará la ausencia de intencionalidad pedagógica en su escritura a partir de la estructura fragmentaria de la misma. A su vez cabe señalar que aquel repudio tiene una base tanto teórica como práctica. Es decir, se trata tanto de una conclusión a la que se arriba por medio de la especulación filosófica como por medio del sentimiento inmediato de la propia existencia.

En segundo término se explicitarán sus opiniones en torno a algunos conceptos particulares que de manera tradicional se asocian con las reflexiones filosóficas, a saber: las nociones de tiempo (2.2.) y de ser –en cuanto existente humano (2.3.). Este estudio se impone como necesidad en pos de contextualizar y dimensionar la importancia de su concepción de la melancolía.

Todo ello en el contexto de una lectura propia y original que abarca la totalidad de las obras de Cioran, y con el objetivo de presentar su pensamiento a la institución académica filosófica. En este punto cabe subrayar que los estudios acerca de su filosofía son escasos y, por ende, no se instaló aun una tradición exegética con la cual debatir de forma particular y excluyente.

Al concluir este recorrido por la historia intelectual de la conceptualización de la melancolía y por los caracteres que conforman la (no)filosofía cioraniana –según se denominará su pensamiento a lo largo del trabajo–, el Capítulo tercero (3.) abordará el concepto de melancolía en la obra de Cioran a partir de su conexión con las nociones de tristeza (3.1.), ironía (3.2.) y nostalgia (3.3.). La selección de tales conceptos se fundamenta en los lazos que el propio Cioran establece entre ellos.

Luego del capítulo tercero se presentará un apéndice. En este punto se expone una comparación crítica entre el modo en que Cioran concibe la melancolía y cómo lo hace Nietzsche. Esta comparación se apoya en la importancia de la influencia nietzscheana en el pensamiento y en la escritura cioraniana. En efecto, es Cioran quien destaca semejante herencia. Así pues, la propuesta no será llevar a cabo una exégesis del pensamiento nietzscheano en general sino sólo retomar la forma en que Cioran se apropia del mismo –ya sea en un sentido positivo o negativo.

A su vez cabe destacar la importancia de la comparación entre ellos en particular en torno a la melancolía, en tanto a partir de ella se evidenciará la distancia intelectual que Cioran toma con respecto a sí mismo en el pasaje de su escritura en lengua rumana a la lengua francesa y su establecimiento definitivo en Francia como país de residencia y, en último término, deceso.

También la comparación del tratamiento del concepto entre estos autores favorece la comprensión de la noción de lucidez (lucidité) en el pensamiento cioraniano. Esta noción resulta determinante para entender algunas de las consecuencias que la melancolía acarrea para la sentimentalidad del sujeto cuyo ánimo se configura a partir de este carácter.

Por otra parte, a partir de un cierto aspecto de la filosofía nietzscheana que abarca la noción de melancolía, se consolida la idea de la posibilidad de una existencia melancólica en el mundo de tipo fantasmal. De esta manera se resalta cierta posibilidad de poner en continuidad y no sólo oponer las ideas de uno y otro.

Por último, bajo el título: Conclusión inconcluyente, se ofrecerá una explicación acerca de por qué un trabajo que parte del pensamiento de Cioran como autor principal no puede alcanzar una conclusión según aparece de manera común en los trabajos de esta clase. Si bien este escrito tiene como motivo una hipótesis particular, a saber: la idea que es posible, tanto en un sentido metafísico como en uno práctico, que el hombre desenvuelva su existencia en el mundo a la vez que por fuera del mundo –a partir de la melancolía como carácter (ethos) determinante–, semejante punto de vista no se puede comprobar a partir de argumentos lógicos-demostrativos.

Entonces, en vez de repasar el modo en que se probaron los objetivos, en este último apartado se explicitará la falta de sentido que semejante tarea comporta en general y, más aún, en el caso particular de un texto que tiene por tema el pensamiento de Cioran acerca de la melancolía. De manera paralela se reforzarán los planteos que él reconoce como, en algún punto, arbitrarios, los cuales justifican –aunque no comprueban– la idea de una existencia melancólica.

En este sentido se dará sustento a la idea que semejante estancia humana en el mundo se puede considerar como: fantasmal. Es decir, como carente de contornos delimitados. Esto último se traduce como ausencia de determinación ontológica del sujeto y falta de un tránsito firme y definido de su existencia. En otras palabras, como la ausencia de objetivos concretos y esperanzas que se puedan satisfacer de modo total.

Al sujeto melancólico, de acuerdo con la caracterización cioraniana, conviene pensarlo bajo las notas de la vaguedad y de la difusividad de una ensoñación que, por carecer de límites definidos, abre el espacio para que su relación consigo mismo, con el mundo y con los otros sujetos, sea una relación libre.

Ahora bien, cabe aclarar que semejante libertad no se configura como una libertad absoluta. En efecto, semejante paraíso existencial en ausencia de los límites de la sucesión temporal y espacial, se sabe –de manera lúcida, según las palabras de Cioran–, perdido desde siempre y por siempre. Sólo se puede acceder a él de manera fantasmal a través de la “melancolización” de la existencia.



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