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Conclusiones

Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”. Woody Allen

En este libro se aborda el análisis de los efectos del paso del tiempo en los fenómenos sociales, y algunos de los desafíos metodológicos, epistemológicos, y de diálogo e integración de las ciencias sociales con otras disciplinas científicas que pueden enriquecer esta tarea.

En las prácticas académicas y profesionales de los cientistas sociales del siglo XX, hubo una preeminencia de estudios focalizados en las sociedades contemporáneas, a partir del análisis de datos transversales. En términos generales las ciencias sociales buscaron explicar procesos estructurales de un modo atemporal y universal, para cualquier tiempo y lugar; no existió un énfasis en la mirada diacrónica y en los procesos de cambio (ni un predominio del análisis de variaciones no concomitantes entre variables), y así el concepto del tiempo no adquirió una centralidad analítica en las ciencias sociales.  Las corrientes teóricas del estructuralismo y el funcionalismo no tuvieron una foco central en el análisis del cambio y el tiempo, quizás en sintonía con un enfoque más general de las ciencias sociales que se inspiraba en las ciencias naturales, en las cuáles la indagación científica intenta encontrar y aplicar leyes y/o constantes universales e invariantes. Por ejemplo, los conceptos de status – rol, o los prerrequistos funcionales de un sistema social, están expresados en el estructural funcionalismo parsoniano como descripciones abstractas de cualquier sistema social, independientes del tiempo y el espacio (Parsons, 1951, 1954, 1978; Parsons & Bales, 1955; Parsons & Camic, 1991; Parsons & Clark, 1966; Parsons, Fox, Lidz, & Bershady, 2005). 

Al mismo tiempo, existió un predominio del análisis de las variaciones concomitantes entre variables – aplicado en forma pionera por Durkheim (1928) –, que ocurren simultáneamente en el tiempo, y no en el estudio de variaciones no concomitantes, en las cuáles existe una significativa distancia temporal entre una causa y su efecto, o entre una variable independiente y una variable dependiente. La lógica de los estudios en el tiempo, o los estudios longitudinales, requiere de la conceptualización de variaciones no concomitantes.

Pero en los últimos años la teoría social ha incorporado el análisis del tiempo (Adam, 1990) en la dinámica social (Elias, 1992). Por ejemplo, se desarrolla la teoría de la estructuración social, en la cual se indica que es la reproducción en el tiempo la que define las características y evolución de las configuraciones sociales (Giddens, 2012; Giddens, Duneier, & Appelbaum, 2006; Giddens & Giddens, 2009). Estos conceptos llevan implícitos la apreciación de la importancia del paso del tiempo para la descripción de la vida social.

Posiblemente se haya perdido el entusiasmo y la certeza de encontrar leyes invariantes, pero quizás podamos desde la sociología ayudar a delinear futuros abiertos, como una nueva tarea para este tipo de actividad. En esa línea podemos ubicar a las propuestas de Zemelman, y de Zygmunt Bauman (Bauman, 1976, 1978, 1988) sobre el rol de las ciencias sociales. Estas nuevas orientaciones podrían promover una mayor apertura a la visualización de alternativas a lo que existe hoy en las sociedades, y a “abrirse a horizontes históricos” (Hugo Zemelman, 1989, p. 12). E incluso a “utopías”, que no eran un objeto central de análisis para la ciencia. La idea de utopía tiene incorporado el futuro en su propia formulación, y por lo tanto tiene incorporada la idea del tiempo. En este sentido, solo el hombre actúa con la idea del futuro incorporado en sus acciones presentes. Por ello, este tipo de orientación de las ciencias sociales, requieren en cierta forma volver a incorporar al tiempo en la reflexión teórica y su metodología de investigación.

En este contexto se han realizado importantes esfuerzos para el análisis empírico de procesos de cambio en el tiempo (Singer & Willet, 2003). Se desarrollaron programas de investigación longitudinales de gran envergadura y alcance, métodos para el análisis de este tipo de información — como las técnicas de análisis panel, de análisis de supervivencia, y los modelos econométricos (Hsiao, 1986) –. En general hay aprobación entre los teóricos (Atkinson, 1999; Elias, 1982a) en que el análisis longitudinal es propicio para abordar temáticas como la inserción sociolaboral, los ingresos, la pobreza y su transmisión intergeneracional, y para analizar asociaciones estadísticas entre eventos del pasado y del presente.

Se ha aplicado estas metodologías a distintas temáticas: pobreza y exclusión social, estudios de cohorte para investigar la crianza y factores de salud (British Cohort Study), patrones de mortalidad, comportamientos electorales (Lazarsfeld, 1952), los ciclos vitales – estudios de life course (Bengston y Allen, 1993) –, cambios en las redes sociales en los enfoques de Social Network Analysis — fusión, contracción, crecimiento de redes sociales (Bródka & Stanisalaw, 2015) –. También ha habido aplicaciones desde las metodologías cualitativas, en lo que habitualmente se denomina qualitative longitudinal research (por ejemplo etnografía en tiempos prolongados, revisitas en antropología, y otras). Estos son ejemplos de una nueva visión del cambio en las ciencias sociales.

Estos esfuerzos indican que se vuelve a conceptualizar a la dimensión temporal como un componente significativo para la comprensión de los procesos sociales, a fin de enriquecer las ciencias sociales, y también permitir una reflexión sobre las consecuencias a largo plazo de distintas acciones sociales en el presente (Adam, 2000). Al mismo tiempo, las metodologías del estudio del cambio vuelven a abrir problemáticas metodológicas y desafíos complejos.

En el aspecto epistemológico el problema del tiempo implica analizar factores como el azar, la probabilidad, y el concepto de causa (que es anterior al efecto e implica un ordenamiento temporal), y las variaciones no concomitantes. Sin duda, parece significativo abordar este abanico de temas desde un enfoque interdisciplinario, e incorporar distintas conceptualizaciones del tiempo, como los procesos irreversibles (Prigogine, 1982), o los procesos evolutivos.

Los procesos reversibles son aquellos en los cuáles es posible volver al tiempo inicial. Los irreversibles ocurren sin un regreso al estado inicial, en una dirección y no en otra. Este tipo de procesos rompen la simetría entre el pasado y el futuro, dado que cuando se producen no es posible volver desde un estado presente al pasado (como la edad biológica, o los años formales de estudios). Esta distinción, que se utiliza en otras disciplinas científicas, como en la física o la química, puede ser útil en la investigación social, evitando el dualismo entre tiempo social y tiempo natural.

En ese sentido, la asimetría entre el pasado y el futuro tiene consecuencias sobre la investigación social. Estas se traducen a desafíos o problemas, de los cuales especificamos cuatro; a) la presencia de efectos irreversibles, que ocurren en una dirección, y no en otra; b) la obsolescencia de indicadores que operacionalizan conceptos, referido al hecho de que la relación concepto / indicador puede volverse obsoleta; c) la posibilidad y las limitaciones para elaborar pronósticos en escenarios sociales; d) la distinción entre causa y efecto, que implica una relación temporal (la causa siempre es anterior en el tiempo al efecto).

Estos desafíos seguramente no son los únicos, pero permiten aclarar aspectos relevantes de la investigación de problemas sociales concretos. Las interpretaciones teóricas de la estratificación social tienden a su observación como un proceso dinámico, y no como una estructura estática. Niveles socioeconómicos, pobres o no pobres, son conceptualizaciones teóricas o descripciones históricas de la estructura social.

Aplicando análisis longitudinales de variables categóricas, y modelos lineales mixtos, a partir de un estudio longitudinal en Tres de Febrero entre 2000 y 2005, las conclusiones empíricas se unen a las reflexiones teóricas sobre estos desafíos. Mediante esta información es posible caracterizar algunos aspectos del impacto de los procesos de crisis y recuperación que se produjeron en el período 2000 – 2005. Se estudió la evolución de la pobreza por ingresos mediante análisis de trayectorias, y los cambios en los ingresos individuales, mediantes modelos multinivel de cambio.

Para abordar estos problemas, se analizaron distintas definiciones y conceptos de la pobreza, y se revisaron distintos análisis empíricos de la pobreza en el periodo (Garganta & Gasparini, 2012; L. Gasparini et al., 2013) en la Argentina y el Gran Buenos Aires[1].

La pobreza es un fenómeno multidimensional y sobre el cual existen una variedad de abordajes conceptuales para su medición[2]. Los más utilizados son el de las necesidades básicas insatisfechas (NBI) y el de la línea de pobreza (LP, que capta pobreza por ingresos). En este caso, y tal como se lo medía en las estadísticas oficiales, se optó por el método basado en la línea de pobreza, que presupone la determinación de una canasta básica de bienes y servicios (Murmis & Feldman, 1992). Con estos criterios, para el año 2000 se estimó mediante las bases de datos completas un 20,5% de individuos que viven en hogares bajo la línea de pobreza; en 2002 se estimó un total de 47,3 %, y en el año 2005, 21 %. Se observó en el período 2000 – 2002 un importante incremento de la pobreza (+26,8 puntos porcentuales), y luego en 2005 un decrecimiento de – 26,3 puntos porcentuales respecto del año 2002. Si bien fue una recuperación, al mismo tiempo es cierto que en 2005 se vuelve a valores similares al año 2000 en esta variable, registrándose un 21% en 2005 contra un 20,2% en el 2000. Por lo que puede indicarse que la situación se retrotrajo al año 2000, un año en el cual ya existían importantes porcentajes de hogares en condiciones de pobreza.

La situación captada para Tres de Febrero en la Encuesta Longitudinal UNTREF registra similitud (considerando que son distintos desagregados territoriales) con la situación del conjunto del GBA 1 (primer cordón de los Partidos del Conurbano Bonaerense) captada por la EPH (se calculó para Tres de Febrero un 20,5% individuos bajo la línea de pobreza en 2000, mientras que para GBA 1 en Mayo de 2000, ese dato fue de 26,2 %).

Se analizó la evolución de la variable categórica de pobreza, y luego se utilizaron técnicas de modelos lineales mixtos para observar variabilidad intraindividuos e interindividuos. Surgen diversas dificultades prácticas en estos análisis. En el caso de este tipo de estudios donde se registran datos de todos los integrantes del hogar (entre ellos los niños), no tiene sentido interpretativo seguir la evolución de los ingresos individuales entre el primer año de vida y el quinto; o tampoco la evolución de su inserción en el mercado de trabajo en este período de la vida. También, existen dificultades para analizar algunos aspectos de las transiciones y evoluciones de las variables agregadas al nivel de los hogares (como en el caso de la pobreza), dado que en muchos casos las variaciones del agregado (en el sentido de que la pobreza es una variable medida al nivel del hogar) no pueden ser explicadas por variaciones o características constantes de los individuos.

Se cuantifica a tres grupos de trayectorias: a) individuos que siempre fueron pobres, de características bastante diferenciadas frente a los otros grupos[3], estimado en un 8% de los individuos; b) individuos vulnerables que vivieron episodios de pobreza en alguna de las mediciones, y que alcanza al 47%; y c) un grupo de individuos que nunca fue pobre, que alcanza al 46%. Si bien no existe un definición operacional de “vulnerables” en la estadística social habitual (como sí existen definiciones estándar de pobreza por ingreso, por ejemplo), este problema de los ingresos y pobreza puede integrarse a distintas interpretaciones teóricas de la estratificación y vulnerabilidad social (Féliz, Deledicque, & Sergio, 2001), y su evolución temporal en un proceso de crisis. También, a las consecuencias de un proceso de deterioro del mercado formal de trabajo, en el período postcrisis de la convertibilidad de los años 90 (Salvia & Vera, 2011).

Considerando esta tipología se observa que la cantidad de individuos “en riesgo de ser pobres”, es mayor que la cantidad de pobres habitualmente captado en un estudio transversal sobre pobreza. Sumando a crónicos y vulnerables (ya sea porque están en situación de pobreza o porque pueden caer con probabilidad alta en ella), obtenemos un 54,4% de las trayectorias.

Una vez construidas las tipologías de trayectorias, fue posible relacionar las variaciones en ellas con ciertas condiciones finales de inserción en el mercado de trabajo, e inserción social en general. A partir de los resultados se analizó la relación entre la reproducción de la pobreza y las situaciones finales de inserción en el mercado de trabajo y educación (los individuos que al final de la serie tenían menor educación registraban una mayor probabilidad de tener trayectorias de pobreza en las tres mediciones).

Estos datos muestran que los individuos en la pobreza crónica están en su mayor parte excluidos del acceso al mercado de trabajo formal y estable. Si en décadas anteriores los pobres estaban incluidos en el mercado de trabajo, la situación actual de estos hogares pobres corresponde a una exclusión del mercado laboral. Los desocupados no tienen trabajo porque son pobres, y son pobres porque son desocupados, en un nexo circular (Oliva, 2006, 2008; Oliva, 2010a). Esta situación retroalimenta y agrava una distribución del ingreso inequitativa, dada la exclusión de los beneficios sociales y la protección al trabajador que se había construido durante décadas en la Argentina[4]. La asociación entre la pobreza y el mercado de trabajo se va traduciendo en otras formas de exclusión, como una menor cobertura de salud o beneficios sociales.

La pobreza crónica parece reproducirse por la desvinculación del mercado de trabajo o por el trabajo precario, que produce un efecto multiplicador de la falta de acceso a los recursos y servicios, como el acceso a servicios de salud. Desde este punto de vista es necesario pensar en políticas públicas que puedan modificar alguno de estos factores que están operando en el mantenimiento de una situación de pobreza estructural.

En principio, un factor que aparece en ambos abordajes (el estudio a partir de las transiciones de pobreza, y los modelos multinivel aplicados), muestran una variabilidad alta de los ingresos y trayectorias de pobreza en el período.

Se observa durante el período una variabilidad muy fuerte, y altas probabilidades de transición en el caso de la medición de la pobreza. En el caso de los modelos lineales mixtos sobre la evolución de los ingresos deflacionados, se observan variaciones importantes (un desvío estándar elevado) en los coeficientes de regresión individuales, y en las constantes ( cuando se aplican los modelos con efectos aleatorios al nivel de las constantes y los coeficientes).

Entre los años 2000 a 2002 la cantidad de transiciones (cambios de estado) fue relevante. Hubo una probabilidad de transición de 0,3515625 en un período de dos años (2000 – 2002; esto implica una probabilidad de transición anual normalizada de 0,1758 al año; esto puede interpretarse como que en un año de este período, alrededor de un 17,58% va a cambiar su situación de pobre a no pobre, o viceversa). Entre 2002 y 2005 se registró una probabilidad de transición de 0,358862144 en un período de tres años (probabilidad normalizada para tres años de 0.1196 por año, número que se obtiene dividiendo 0,358862144 / 3, e indicando que en un año de este período un 11,9% cambiara de pobre a no pobre, o viceversa). En este último trienio la transición fue de pobres a no pobres en su mayor parte. La interpretación de estas transiciones es cualitativamente distinta a la transición donde se cae a situaciones de pobreza por ingreso.

Es de gran utilidad analítica y con potenciales aplicaciones relevantes a las políticas públicas cuantificar el número y el sentido de las transiciones, más allá de las limitaciones de estos datos. No hay demasiados registros empíricos en nuestros países del número, la velocidad y el sentido de estas transiciones[5].

Ajustando modelos multinivel lineales, se observa que el efecto del cambio en los años del período, es decir la variable temporal centrada, es un efecto no significativo ( -7,270948), con valor de z es pequeño (-1,19) y que incluye el 0 en los intervalos de confianza. Por ello no se puede afirmar que haya un efecto de crecimiento en el tiempo de referencia (2000 – 2005) diferente de cero. Vale decir, que el ingreso no aumentó ni disminuyó en el período de un modo estadísticamente significativo. El 52,4% de estos tuvieron pendientes positiva, y 47,6% tuvieron pendientes negativas. Se sabe, que por las características de las estimaciones multinivel, estas no informan en forma definitiva sobre si las tendencias generales de una regresión se cumplen en cada individuo (Nezlek, 2015). Por otro lado, la alta correlación negativa (-0,8684819) obtenida entre la constante y la variable de evolución temporal (canio) indica que a mayor nivel de ingreso al inicio (es decir, a mayor valor en la constante), las pendientes de crecimiento del ingreso tienden a ser menores.

La variabilidad de las trayectorias de los ingresos posiblemente se deba a un proceso de crisis; aunque esta afirmación no es objeto de estudio empírico, es necesario tener en cuenta los acontecimientos o sucesos que dan marco a este tipo de evoluciones. Sin este tipo de contexto, perderíamos capacidad analítica de las variaciones. Si bien los ingresos fluctúan, y en distintos períodos de la vida de un individuo existen situaciones en las que éstos pierden o disminuyen sus ingresos, no se suele esperar que se dé una situación generalizada de caída de ingresos sostenida en el tiempo. Esta variabilidad nos habla también de que los individuos tienen distintas capacidades de respuestas frente a la crisis del período. De ahí que una perspectiva dinámica sobre el fenómeno aporte conocimiento.

En toda dinámica de estructuras sociales, es la reproducción en el tiempo lo que define su evolución (Elias, 1978a, 1978b, 1982b, 2007) y estructuración (Giddens, 1984, 1987, 1989). En principio se observa que las desigualdades sociales son un proceso dinámico. Y que una visión estática de la pobreza a partir de los datos transversales, no parece la más adecuada. Sabemos que existen pobres por ingreso y pobreza en general[6], pero es necesario complementar esta visión con el estudio de procesos donde hay individuos que entran y salen de la pobreza, hay individuos que siempre quedan en la pobreza, y otros que nunca caen en ella. Por los datos podemos inferir que en procesos de crisis estas transiciones y la velocidad a la que ocurren cambia, y en general se aceleran (aunque esta noción no podría demostrarse empíricamente, porque los datos no se extienden a un período lo suficientemente largo).

Estos conceptos de estratificación social (y sus variables observables, ingreso y pobreza) deben ser analizados a partir de los efectos de una crisis. Estos efectos pueden ser analizados con supuestos externos que no son verificables empíricamente, vale decir que no es posible mediante esta información definir un fenómeno de crisis, que funciona como variable contextual. Para realizar una comparación deberíamos tener una posibilidad de comparar un sistema en crisis con otro que no lo está. Como en una medición en un momento dado, no habría posibilidad de diferenciar “individuos en crisis” de los “individuos no en crisis” (por ser una variable de tipo sistémica), podríamos optar por definir dos períodos, uno de crisis, y otro sin crisis[7]. Se podría suponer que el período 2000 – 2002 tiene un efecto de crisis, y el 2002 y 2005, un efecto de recuperación, de acuerdo a lo que se observa en las trayectorias. Pero esto sería incorporar supuestos sobre los períodos también indemostrables. Y en este caso la serie de datos no es suficientemente extensa. Al mismo tiempo, es posible que estos datos empíricos pudieran ser asociados a conceptos por postulación derivados de alguna teoría de orden más general, en relación a que es un fenómeno de crisis (de hecho no sería muy lógico intentar explicar estos datos sin referencia a este proceso contextual entre 2000 y 2005 en Argentina). En ese sentido, la crisis se podría identificar con variaciones fuertes de los valores de ciertas variables que describen el estado de un sistema social. Las indagaciones sugieren que si bien existieron factores y “sucesos” – como podría ser identificada la crisis del 2001, de acuerdo a las conceptualizaciones de los “sucesos” descriptos por Prigogine (1993) – significativos de agravamiento de la situación social y la pobreza a principios de la década del 2000, la comprensión de los fenómenos que se observan forman parte de una crisis más amplia, y son parte de las contradicciones y fluctuaciones en el desarrollo capitalista periférico.

Esta metodología permite abordar los fenómenos de estratificación social y crisis, en una integración conceptual del tiempo. La estratificación social (medida a partir de conceptualizaciones de la pobreza, y de los ingresos familiares) y su reproducción intergeneracional (un tema poco abordado en las ciencias sociales) varía con el tiempo, y suele variar de un modo más significativo en tiempos de crisis.

En relación al problema de investigación particular pueden formularse las siguientes preguntas y respuestas: a) ¿cuáles son las características de las trayectorias individuales de estratificación social en cuanto a la pobreza y los ingresos?. En ese sentido, se observa una gran variabilidad, y se analizan las transiciones, la probabilidad de éstas transiciones, y los coeficientes del modelo multinivel; b) ¿qué variaciones de las variables independientes (condiciones y características-variables) modifican las trayectorias individuales analizadas?; se observa que existe poco crecimiento de los ingresos; en cuanto a las trayectorias, se distinguen las del período 2000 – 2002, y 2002 – 2005, como trayectorias con sentidos distintos; al mismo tiempo, se observa que los trayectos clasificados como de pobreza crónica son más frecuentes entre quienes tienen un nivel educativo bajo al final de la serie, y entre quienes están desocupados en el 2005; se observa que este grupo específico tiene menor acceso a beneficios sociales (ligados a la inserción en el mercado de trabajo) como obra sociales; c) ¿cuál es la velocidad de los cambios en la estratificación social?; se observa una velocidad alta, si bien no hay referencias comparativas que podrían realizarse con una serie más larga, existe una alta probabilidad de transición, y en los modelos multinivel un desvío estándar alto de los coeficientes B individuales de la evolución del ingreso; d) ¿Pueden estas mediciones y conceptualizaciones ser utilizadas en la evaluación de políticas públicas focalizadas o universales, y en la evaluación de la efectividad de la aplicación de políticas?. Potencialmente, los modelos multinivel pueden utilizarse para diferenciar las variaciones interindividuales e intraindividuales de variables como los ingresos; esto puede resultar una distinción útil para distinguir los aspectos individuales y contextuales en las estrategias frente a la pobreza (esto requeriría fuentes de datos más desarrolladas y continuas en el tiempo). Al mismo tiempo, los condicionantes de la pobreza pueden ser distintos a los condicionantes de las variaciones y transiciones de la pobreza (Falkingham, 1999; Falkingham et al., 2000; Falkingham & Harding, 1996).

Todo ello hace pensar como conclusión de índole general que quizás sea útil en Argentina establecer algunos operativos de medición a largo plazo de estas problemáticas, y estudios panel a partir de estructuras formales de investigación, que tengan un abordaje interdisciplinario.

Podemos al mismo tiempo, revisar los desafíos planteados a la luz de las conclusiones y el análisis de datos. Así, se encontró que existen variables utilizadas habitualmente en los estudios de las ciencias sociales, como el nivel educativo, o la edad, o los años de estudio, donde la aplicación de la idea de irreversibilidad es relevante. En este sentido de aplicaciones concretas de los desafíos mencionados, se identificaron las variables que se ven afectadas por problemas típicos del paso del tiempo (como la irreversibilidad en el caso del nivel educativo formal), referidos al Desafío A.

También se identifican, en un proceso de operacionalización de un concepto, una serie de efectos ligados a la relación del concepto – indicador: con el paso del tiempo esta relación puede volverse claramente obsoleta. El concepto es estable, pero su relación con el indicador debe ser actualizada. Esto fue observado en la necesidad de deflación de los ingresos (y los cambios en las canastas de cálculo de pobreza). El hecho de que la probabilidad de intercambiar ese equivalente monetario por productos y servicios va disminuyendo, conforme aumenta la inflación, implica obsolescencia de los indicadores: el ingreso nominal rápidamente pierde sentido en procesos de alta inflación. Esta problemática refiere al Desafío B.

En el caso del desafío de los pronósticos (Desafío C), observamos que al ajustar regresiones para cada individuo mediante los modelos lineales mixtos, la posibilidad de extrapolar las trayectorias al futuro, tiene limitaciones en cuanto a la posibilidad de pronosticar escenarios y valores de ingreso a futuro.

También, existe una relación de ordenamiento temporal entre las causas y los efectos (Desafío D), donde el efecto es siempre posterior a las causas (algo similar a lo que ocurre cuando definimos relaciones entre variables independientes y dependientes, donde las primeras son temporalmente anteriores a las segundas). Esto se observó en los problemas de ordenamiento de la variable nivel educativo respecto a las trayectorias de pobreza del individuo, y en las estrategias de interpretación de estas asociaciones estadísticas.

Los estudios longitudinales han mostrado potencialidad y utilidad para identificar adecuadamente características del cambio social. Los análisis longitudinales, si bien requieren de importantes recursos (y tienen considerables dificultades en cuanto a las metodologías, los trabajos de campo, y los análisis estadísticos), permiten obtener información dinámica fundamental para analizar características, hasta ahora poco abordadas en forma empírica, de la dinámica de los fenómenos sociales.

En este libro se abordaron algunos de los desafíos del análisis del paso del tiempo en las ciencias sociales. Esto resulta relevante y un aporte original, considerando que existe una importancia cada vez mayor del análisis del cambio. Los análisis estadísticos a partir de las series de tiempo, las tendencias, las técnicas de panel, pueden ser enriquecidos con la identificación de procesos, y con la aplicación de enfoques interdisciplinarios orientados a una integración cada vez mayor de distintos tipos de ciencias. Así, una comprensión mayor de los desafíos del análisis del tiempo, enriquece el quehacer de las ciencias sociales en general.


  1. Se analizaron estudios realizados a partir de diversos enfoques y metodologías (Garganta & Gasparini, 2012; Paz J., 2002; Salvia & Tami, 2005), estudiando la evolución, medición y determinantes (Féliz, Deledicque, Sergio, et al., 2001), y la dinámica post – crisis 2001 de la pobreza (Garganta & Gasparini, 2012) — por ejemplo respecto del impacto de la Asignación Universal por Hijo (Garganta & Gasparini, 2012) –. En las décadas del ´70 y el ´80 la pobreza cambia en cuanto a su volumen y composición (Eguía & Ortale, 2004). Ésta se extiende en la estructura social, y surge el interrogante acerca de cómo los hogares más pobres logran reproducirse a pesar de las condiciones que impone el capitalismo.
  2. La heterogeneidad y complejidad de la pobreza torna necesaria la identificación y diferenciación de distintos tipos de pobreza. Convencionalmente, la pobreza era definida en términos de ingreso o el gasto asumiendo que el standard de vida material de una persona determina mayormente su calidad de vida, aunque en este fenómeno existen aspectos de exclusión social que trascienden la perspectiva estrictamente económica.
  3. Considerando la definición de una vulnerabilidad social (y su relación con la exclusión, Feliz, 2001), se ha detectado que el grupo más vulnerable, el de los individuos que han vivido en hogares pobres en los tres años relevados (pobres crónicos), tiene características muy distintas respecto del resto.
  4. La pobreza y la falta de acceso a los bienes públicos originan situaciones de exclusión social. Los mecanismos que operan produciendo exclusión social no son únicamente económicos. También existen expectativas individuales, familiares y culturales, que influyen en esta evolución dinámica. La visión del fenómeno de la pobreza desde el paradigma del desarrollo humano (Sen, 2000) , hace énfasis en la ampliación y en el uso de las capacidades humanas, y en el aumento de las posibilidades de elección de la gente. El desarrollo humano es una acumulación de las capacidades humanas (Sen, Muellbauer, & Hawthorn, 1987; Sen & Williams, 1982; Sen & Wood, 2006).
  5. “Existen pocas investigaciones que se refieran a la duración de la pobreza y que distingan entre sus formas transitorias o crónicas. Desde nuestro punto de vista la exploración de la dimensión dinámica puede aportar un mayor conocimiento sobre el tiempo que los individuos u hogares permanecen en la situación de pobreza y también permite conocer cuáles han sido sus trayectorias de entrada y salida en la pobreza; descubriendo las razones que empujaron a un determinado individuo u hogar a caer en la pobreza o aquéllas que posibilitaron su salida (Cantó, Del Río y Gradin, 2001, 17)”, citado en (López & Beltrán Bonilla, s/d, 2).
  6. Desde otras perspectivas, existen clases sociales, y también requieren una visión no estática, sino de cambio permanente.
  7. La identificación de la crisis puede limitarse a una serie de supuestos en relación a una variable contextual o de nivel sistémico (las que al nivel de un sistema se vuelve una constante), como las definidas en los estudios comparativos (Lijphart, 1971, 682-693) de ciencias políticas (Przeworski & Teune, 1970); por ejemplo, la comparación de un sistema democrático a uno no democrático, o de un sistema parlamentario con otro que no lo es, solo puede hacerse al nivel de la comparación de países o regiones, pero en el contexto de un solo país o región es una constante, no una variable (Oliva & De Angelis, 2014).


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