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1 Teoría social y tiempo

  ¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es y el futuro todavía no es?” San Agustín de Hipona. Confesiones. Xl, 14, 17.-

En este capítulo se analizan discusiones metodológicas y enfoques teóricos sobre el tiempo en las ciencias sociales; y diversos conceptos tomados desde otras tradiciones científicas que pueden enriquecer la investigación social de los procesos de cambio y el paso del tiempo. En base a estos conceptos, se identifican una serie de desafíos metodológicos y teóricos del estudio de fenómenos sociales en el tiempo[1]. Comenzaremos examinando algunos conceptos del tiempo utilizados en distintos paradigmas científicos, y su relevancia y aplicabilidad a diferentes problemas de investigación social empírica.

Investigación empírica y metodología de análisis del cambio en las ciencias sociales

En los últimos años se han realizado importantes esfuerzos de análisis empírico de procesos de cambio, tal como se evidencia en la multiplicidad de programas de investigación longitudinal en Europa y Estados Unidos, y el desarrollo de métodos para el análisis de este tipo de información.

La importancia de los estudios longitudinales es crecientemente aceptada en la producción académica de la Unión Europea y los Estados Unidos (Hegewisch & Gornick, 2011; Singer & Willet, 2003). Se reconoce su posible aplicación a la orientación de políticas sociales para diferenciar el impacto de procesos coyunturales macroeconómicos de factores estructurales de más largo plazo (Fitzmaurice, Laird, & Ware, 2004)[2]. El análisis longitudinal es propicio para abordar temáticas como la inserción sociolaboral, los ingresos, la pobreza y su transmisión intergeneracional[3], y para obtener conclusiones sobre la asociación estadística entre eventos del pasado y del presente.

Entre otros desarrollos teóricos, los estudios longitudinales han fundamentado nuevos enfoques acerca de los determinantes de la pobreza y de su transmisión intergeneracional. Uno de los investigadores más relevantes en el tema, Tony Atkinson[4], ha argumentado que el estudio de la pobreza puede enriquecerse con el seguimiento de los siguientes factores: a) cómo se distribuyen los empleos entre los hogares, b) la heterogeneidad de los tipos de empleo y los ingresos asociados a ellos, y c) el impacto de los cambios macroeconómicos (inflación, tasas de interés) y d) el impacto de las transferencias estatales y de los impuestos (Atkinson, 1999).

Una revisión de las temáticas y los programas en los que se ha aplicado este tipo de técnicas permite dimensionar mejor su potencialidad, y el alcance de la importancia de los nuevos enfoques relacionados con el cambio y la visión diacrónica. Existen experiencias sumamente desarrolladas de estas metodologías en otros países, tales como The British Household Panel Survey (BHPS[5]) o el Panel Study of Income Dynamics (PSID), el Panel de Hogares de la Unión Europea, y el Cross National Equivalent File (CNEF; Australia, Canadá, Alemania, Gran Bretaña y EEUU), y el Panel Study of Income Dynamics[6] (realizado en el Institute for Social Research). A partir de estos proyectos se suelen organizan programas de investigación a largo plazo, tales como los realizados en el Department for Applied Economics de la Universidad de Cambridge (organizado por Cathal O’Donaghue; Francois Bourgignon), o en Center for the Analysis of Social Exclusion de la London School of Economics (Hegewisch & Gornick, 2011, Kitty, 2011) –, en el Center for Economic Policy Analysis de la New School; el British Household Panel Survey (BHPS[7]). El Centre for Longitudinal Studies, un centro de estudios económicos y sociales del Departamento de Ciencias Sociales de la University of London, donde se desarrollan programas de estudios clásicos como el British Cohort Study (BCS70) y el 1958 National Child Development Study (NCDS). El BCS70 se lleva adelante desde 1970 con el financiamiento de las autoridades de Inglaterra, Gales y Escocia[8]; se trata de un estudio de todos los nacidos en una semana de 1970[9], el cual — según consignan sus organizadores — genera “datos que son la envidia del resto del mundo” (Center for Longitudinal Studies, 2015[10]).

Organizado por el mismo CLS, otro estudio longitudinal, denominado el National Child Development Study (NCDS) sigue la vida de 17000 individuos nacidos en Inglaterra, Escocia y Gales, en una semana de 1958. El NCDS está financiado por el Economic and Social Research Council. En el marco de estos estudios del CLS, se destaca también el Millennium Cohort Study (MCS), un estudio multidisciplinario que sigue la vida de 19000 niños nacidos en Gran Bretaña en los años 2000 y 2001[11], y releva factores como el cuidado de los chicos, la elección de la escuela, la educación y el empleo de los padres, movilidad residencial, y otros.

En estos trabajos se ha utilizado la metodología de seguimiento de paneles, por ejemplo, para el estudio de la evolución de las variables del mercado de trabajo, en demografía y estudios de salud — por ejemplo de los patrones de mortalidad[12] (Reques et al., 2015) –, en el estudio de la relación entre la educación y el empleo.

Por ejemplo se han desarrollado estrategias metodológicas que intentan estudiar o reconstruir las trayectorias o procesos de inserción laboral entre los jóvenes, y los recorridos biográficos, estudiando el pasaje de la educación al empleo (Miranda, 2010).

Al mismo tiempo, se han utilizado este tipo de técnicas en el análisis de las características del comportamiento electoral, como en el estudio pionero de Lazarsfeld (1952), cuyas conclusiones fueron volcadas al famoso libro Voting. A study of opinion formation in a presidential campaign (Lazarsfeld, Berelson, & McPhee, 1954)[13].

Asimismo hay un interés creciente en los estudios de tipo longitudinal cualitativos, habitualmente denominado qualitative longitudinal research. Thomson y McLeod (2015) indican que existe un cambio de las ciencias sociales hacia una perspectiva “temporal”, que también se observa en los estudios cualitativos, incluyendo estudios intergeneracionales, análisis de datos secundarios históricos, y trabajo de archivos históricos[14].

En estudios cualitativos, también existen otros abordajes para estudiar procesos en el tiempo, como por ejemplo la etnografía en periodos prolongados, las revisitas en antropología, los estudios en comunidades, y las investigaciones en educación” (Thomson & McLeod, 2015).

Un ejemplo de investigación cualitativa con enfoque longitudinal fueron las investigaciones desplegadas a partir de entrevistas en profundidad o historias de vida retrospectivas, como por ejemplo en el proyecto realizado en Francia[15], donde se estudiaba a jóvenes egresados de distintos niveles educativos en 1995, y se los reentrevistaba en 2001 y 2004 (Miranda, 2010, 48).

Por otro lado se han desarrollado estudios que se conocen como life course analysis, o perspectiva de curso de vida. Esta perspectiva revela la importancia del tiempo, el contexto, el proceso y significado en el desarrollo humano y vida familiar (Bengtson y Allen, 1993). La familia se percibe como un grupo social micro dentro de un contexto social macro, una “colección de individuos con historia compartida que interactúan dentro de contextos sociales cambiantes en el tiempo y el espacio” (Bengston & Allen, 1993, 470). El envejecimiento y cambio en el desarrollo, por lo tanto, son procesos continuos que son experimentados durante toda la vida. Como tal, el curso de la vida refleja la intersección de factores sociales e históricos con la biografía personal y el desarrollo dentro de la cual el estudio de la vida familiar y el cambio social puede abordar (Elder, Kirkpatrick Johnson, & Crosnoe, 2003).

El enfoque de curso de vida, también conocida como la teoría de la perspectiva del ciclo vital, fue desarrollado en la década de 1960 para analizar la vida de las personas en contextos estructurales, sociales y culturales. Los orígenes de este enfoque se pueden remontar a estudios pioneros como el de Thomas y Znaniecki sobre el campesino polaco en Europa y América de 1920[16], o el de Karl Mannheim en el Problema de las generaciones[17] (Mannheim, 1952). El enfoque de curso de vida examina la historia de vida de un individuo y ve, por ejemplo, cómo los primeros acontecimientos influyen en las decisiones y eventos tales como el matrimonio y el divorcio, la participación en crímenes, o la incidencia de la enfermedad en el futuro.

Asimismo se observa una tendencia a volver a darle importancia al análisis de los cambios en los abordajes del denominado Social Network Analysis (SNA), o análisis de redes sociales (ARS). Esta tipo de análisis es un área dinámica en las ciencias sociales[18] (Izquierdo & Hanneman, 2006) [19], y un nuevo paradigma en la investigación social. En las investigaciones pioneras de Georg Simmel (quien desarrolla diversos conceptos sobre las díadas, las tríadas, y otras formas de relaciones sociales), la idea de “distancia social” — que aplica a sus estudios del extranjero[20] en 1908 —, y la “especialización” de las relaciones sociales, fue un concepto exitoso utilizado en estudios de clase, género, étnicos y otras aplicaciones. Estos conceptos son retomados en los trabajos de Robert Park (alumno de Simmel en 1890) y su escuela de Chicago, alrededor de 1924; Park le sugiere este concepto a Emory Bogardus, que concibe la “Bogardus Social Distance Scale” (1925). A partir de estas teorías se han realizado avances en el análisis de la dinámica de cambios de los grupos[21], partiendo de los desarrollos pioneros de Jacob Moreno y sus sociogramas (Moreno, 1943, 1956). En los últimos años, se ha analizado el cambio en el tiempo en la composición de los grupos y redes, y la evolución grupal –una secuencia de eventos en ventanas temporales sucesivas, que involucran la continuidad, la contracción, el crecimiento, la división, la fusión o disolución de los grupos con elementos del SNA — (Bródka & Stanisław, 2015).

Es importante señalar que la aplicación de métodos longitudinales y de panel no están generalizados o extendidos en Latinoamérica (en el sentido que existen escasos programas de estudio longitudinales de la magnitud de los mencionados en Europa y Estados Unidos; en principio por los costos que tienen este tipo de estudios, por sus complejidades metodológicas)[22].

Así, en distintas temáticas y orientaciones se ha avanzado en las ciencias sociales en la capacidad de análisis de datos y en el desarrollo de técnicas estadísticas que permiten investigar los cambios de un modo empírico.Al mismo tiempo ha habido un desarrollo importante de las capacidades informáticas de análisis de datos (Oliva, 2006; Oliva, 2010a), en relación al potencial de procesamiento de grandes volúmenes de información, y la posibilidad de aplicación y cálculo de nuevas técnicas estadísticas específicas para este tipo de estudios. Sin embargo, muchos de los problemas epistemológicos y metodológicos involucrados en su aplicación no han sido abordados con profundidad.

Los metodólogos de los ´60 y ´70 eran más escépticos en cuanto a la posibilidad de estudiar el cambio (Bereiter, 1963; Cronbach & Furby, 1970; Linn & Slinde, 1977). Singer y Willet (2003) señalan que los datos de corte transversal – que son más fáciles de captar – no son suficientes; es posible y necesario medir cambios y para hacerlo, se requieren datos longitudinales (Rogosa et al., 1982). Los econometristas (Hsiao, 1986) también han vuelto a revisar estas temáticas[23], siendo Wooldridge (2002) particularmente influyente. En los ´80 los metodólogos desarrollaron modelos estadísticos tales como modelos multinivel para estudiar procesos de cambio (Singer & Willet, 2003). También en este sentido son relevantes las técnicas de análisis de supervivencia[24] y de riesgo (hazard functions), y el análisis de transiciones.

Por otra parte, desde otros campos de la ciencia se ha abordado al análisis del tiempo a partir de distintos enfoques y conceptualizaciones, y parece entonces relevante intentar integrarlos a los nuevos desarrollos y estudios del cambio en las ciencias sociales.

El tiempo en las ciencias sociales

Sería prácticamente imposible analizar todos los abordajes teóricos sobre el tiempo en las ciencias sociales, pero es posible señalar algunos conceptos teóricos y desarrollos metodológicos.

Por un lado cabe indicar que hasta fines del siglo XX en las ciencias sociales no se había abordado el tiempo como una problemática central, y por otro, que no se han integrado en sus conceptualizaciones y abordajes los avances diversos de las ciencias naturales en esta materia. Hoy en día, el tiempo parece volver a ser una temática importante para la teoría de las ciencias sociales, y para poder establecer las consecuencias a largo plazo de las distintas acciones en los individuos y grupos sociales (Adam, 1990).

Al mismo tiempo esta temática fue relevante en la filosofía, y tratada ya por Aristóteles, Heráclito, San Agustín, y en el siglo XX, Henri Bergson, Martín Heidegger[25]. Surge la discusión filosófica de cómo puede existir un ser, si existe el cambio permanente en él. Heráclito en sus reflexiones sobre el devenir, trataba el problema de que todo fluye y nada permanece[26]. A diferencia de Heráclito, Parménides considera a la diversidad y variedad de los fenómenos naturales como simples ilusiones o aberraciones: como el no ser, en oposición a la realidad interna, única y verdadera: la realidad del ser, que es inmutable. El ser no tiene comienzo ni fin, no cambia de aspecto ni de lugar, no es igual a nada sino a sí mismo, ni surge ni desaparece. En cambio el no ser no es más que un mundo de apariencias del cual no podemos adquirir un conocimiento estable y firme. Sólo el pensamiento lógico nos permite conocer algo. De ahí la idea de que pensar significa ser, significa existir.

San Agustín[27] (Agustín de Hipona) en el siglo IV después de Cristo, problematizaba la esencia del ser, en un contexto que cambia y es inestable. “La razón de ser del tiempo no parece poder deducirse de su posibilidad de medirse, sino que debe exponerse a partir de una determinada concepción del ser, y el ser se caracteriza por mantener las propiedades que lo determinan. Si se intenta comprender el tiempo a partir de la experiencia del pasado, del presente y del futuro, su aportación al ser es muy problemática porque el pasado ya no existe y el futuro todavía no es; entonces el tiempo está hecho de no-ser y de un presente inestable que no se deja atrapar fuera de una anticipación de futuro o de una transformación en pasado”[28].

En cierto modo, la búsqueda de los filósofos de un “ser” en la conciencia humana que pudiera ser investigado y planteado en forma independiente de las fluctuaciones y el devenir del tiempo, parece haberse reproducido en las primeras teorías de los fundadores de las ciencias sociales, como si buscaran también encontrar un “ser social” independiente del paso del tiempo y el devenir.

Los padres fundadores de las ciencias sociales han analizado macroprocesos de cambio históricos, tales como racionalización y la burocratización creciente[29] (Weber, 1968, 1982, 1996a, 1996b; Weber et al., 1944), el desarrollo de las fuerzas productivas (Marx, 1992), o también el continuo aumento de la densidad dinámica y el grado de fusión de los sectores sociales advertido por Durkheim y otros (Durkheim & Giddens, 1972; Durkheim & Montes, 1982;  Durkheim & Thompson, 2004; Durkheim, Solovay, Mueller, & Catlin, 1938). Pero en general estas descripciones solían referirse a conceptualizaciones abstractas, cuyas hipótesis o postulados eran de difícil contrastación empírica y/o estadística, y sin abordajes específicos del problema del tiempo[30].

En el siglo XX, las corrientes estructuralistas (Lévi-Strauss, 1969) y estructural funcionalista (Parsons, 1951, 1996), no tuvieron al cambio social entre sus prioridades teóricas, en una reificación del tiempo que lo abstraía de la estructura social (Adam, 1990). Posiblemente esto ocurrió como reflejo de la influencia en las ciencias sociales de los métodos y paradigmas de las ciencias naturales, que – al menos en los enfoques anteriores a la física del siglo XX y básicamente en la física newtoniana — solían orientarse a la búsqueda de leyes invariantes en el tiempo y constantes universales – tales como la constante gravitatoria universal de Newton[31]. En esto, como se ha dicho, la orientación es similar a la búsqueda filosófica de un ser, independiente de las fluctuaciones y el devenir; en este caso de un “ser social” atemporal.

En términos generales, y con la excepción de los estudios demográficos e históricos, las ciencias sociales buscaron explicar procesos estructurales (o en algunos casos leyes nomotéticas) que pudieran ser pensados independientemente del paso del tiempo.Por ejemplo, las ideas de status y rol en Parsons están expresada en términos de descripciones abstractas de relaciones (en su aspecto posicional – status — o de proceso real – rol –) entre alters y egos [32]. Algo similar podría decirse de los prerrequistos funcionales[33] de un sistema social (Parsons, 1951, 1954, 1978; Parsons & Bales, 1955), que serían generales a todas las sociedades, independientemente del paso del tiempo.

En los fundamentos metodológicos de su famoso libro “Economía y Sociedad” Max Weber desarrolla una serie de conceptos metodológicos respecto a los “tipos ideales”, como un abordaje pertinente para el estudio de los fenómenos humanos (Weber, 1996a), y sobre los cuáles hay extensas discusiones académicas (Aronson & Weisz, 2007). Un ejemplo es su formulación de los tipos ideales de dominación carismática, tradicional, o legal (Weber et al., 1944)[34]. Weber señala que “el que ninguno de los tres tipos ideales acostumbre a darse “puro” en la realidad histórica, no debe impedir aquí, como en parte alguna, la fijación conceptual en la forma más pura posible de su construcción” (Weber, 1996a, 7). El autor plantea que este método puede ser útil en los análisis históricos, donde “la tipología sociológica ofrece al trabajo histórico concreto por lo menos la ventaja, con frecuencia nada despreciable, de poder decir en el caso particular de una forma de dominación lo que en ella hay de “carismático”, de “carisma hereditario”, de “carisma institucional”, de “patriarcal”, de “burocrático”, de “estamental”, etc., o bien en lo que se aproxima a uno de estos tipos; y asimismo la ventaja de trabajar con conceptos pasablemente unívocos. Pero con todo, estamos muy lejos de creer que la realidad histórica total se deje “apresar” en el esquema de conceptos que vamos a desarrollar” (Weber, 1996a, 173). Weber también indica que en el ámbito de las ciencias naturales lo que interesa es lo que tienen de común los fenómenos, lo genérico, sus leyes; pero en las ciencias sociales los conceptos generales y las leyes sólo pueden constituir instrumentos o medios auxiliares para el conocimiento de situaciones históricas singulares.  La discusión metodológica sobre estos abordajes incluye también la comprensión de los sentidos de la acción; así, son discusiones extensas y fuera del alcance de este abordaje. A pesar de esto, y destacando que Weber señala que la realidad histórica no se deja apresar por conceptos abstractos, puede observarse que los “tipos ideales” podrían tener así un componente de búsqueda de regularidades universales y atemporales, que permitirían aplicar una estrategia metodológica de examinar realidades históricas concretas a partir de sus “desvíos” o “coincidencias” respecto de conceptos ideales (que incluyen una abstracción temporal).

Como señala Anthony Giddens (1992), también hubo una identificación de lo inmutable, lo invariable en el tiempo, con la formulación normativa de lo que “debe ser”. Las ciencias sociales se originaron con la preocupación sobre problemas prácticos y por el interés de los hombres en realizar cambios sociales (Giddens, 1992). Ese contexto impulsó a formular disciplinas con juicios “objetivos” sobre la realidad social y cultural. Sin embargo, y como señala Giddens (1992) hay una diferencia lógica y conceptual entre los juicios de hecho y los normativos: “este desarrollo no vino acompañado de una clara comprensión de la importancia de la discontinuidad lógica entre los juicios analíticos o de hecho, y las proposiciones normativas, que se preocupan no de lo que es, si no de lo que ´debe ser´. Muchísimas formas de pensamiento social han mirado de hacer coincidir las proposiciones fácticas con las normativas, sobre la base de estas dos especies de suposiciones conectadas entre sí. La primera es que lo deseable puede identificarse con lo que ´existe inmutablemente´: el funcionamiento de las instituciones sociales y económicas viene regido por leyes invariables. La otra es que la asimilación de lo deseable y lo real se localiza en principios generales de desarrollo evolutivo: no en lo que existe inmutablemente, sino en lo que emerge inevitablemente. Estas dos concepciones deben rechazarse. Es lógicamente imposible que una disciplina científica establezca, científicamente, ideales que definan lo que ´debe ser´” (Giddens, 1992, 227). Es probable entonces que la búsqueda de pautas normativas de “lo que debe ser” en la vida social haya influido en la atracción que ejercía la búsqueda de leyes atemporales en este ámbito.

En las teorías estructuralistas, el análisis de los sistemas de parentesco orienta la descripción y el análisis a estructuras invariantes. Por ejemplo la descripción de la universalidad del incesto — de acuerdo a las conceptualizaciones de Levi Strauss (1969)[35] –, con su función esencial en el pasaje de la naturaleza a la cultura. La generalidad de distintos tipos de prohibiciones del incesto hace que esta práctica sea considerada como una ley universal o general para todas las comunidades en el paso de la naturaleza a la cultura. En las palabras de Levi Strauss, es “la única regla social que posee, a la vez, un carácter de universalidad” (Lévi-Strauss, 1969, 6). El término universalidad utilizada para esta ley puede ser asociado con el concepto de atemporalidad (es decir la posible aplicación de una ley en cualquier ámbito, y también en cualquier momento histórico). Más allá de las discusiones en torno a estos conceptos, estos antropólogos y las teorías estructuralistas en general buscaban estructuras invariantes, de un modo similar a las orientaciones que se observan en las ciencias naturales.

Al mismo tiempo, debe considerarse que la formulación de leyes atemporales y nomotéticas, siguiendo los pasos de Newton y Galileo, era un imperativo del enfoque positivista, tal como observa Marradi (2015) para distintos teóricos y científicos en el desarrollo histórico de las ciencias sociales[36].

Marradi indica que otro término que se ha usado en ciencias sociales para sentirse en regla con los requisitos de la ciencia es ‘ley’[37]. El primer autor importante que lo usó sistemáticamente en el sentido actual (una aserción de alcance universal y de origen inductivo) fue el franciscano inglés Guillermo de Ockham (1340).

Por otro lado, existió un cambio importante de orientación de las ciencias sociales durante el siglo XX, donde hubo un mayor hincapié en el desarrollo de instrumentos de indagación empírica para ciencias sociales. Al respecto, Archenti y Piovani (2007) indican:

A la idea de generalización se sumaban las de objetividad y externalidad: el carácter externo y autónomo de la realidad exigía la objetividad como requisito para alcanzar conocimiento válido. Así, la idea de la neutralidad valorativa se impuso como una de las características elementales del conocer científico. El carácter empírico de la actividad científica, basada en la medición y el manejo de los datos como sustento de la explicación, se fue afianzando en los ciencias sociales durante el siglo XX, y adquirió carácter predominante ― particularmente en EE.UU. ― a través de la difusión de la técnica del sondeo (survey). El desarrollo de la estadística y la aplicación de la teoría de la probabilidad a las técnicas de muestreo, que permitía predecir con importante aproximación la conducta de grandes poblaciones a partir de muestras relativamente pequeñas, contribuyó a la fascinación por el número y la medida” (Piovani & Archenti, 2007,  12).

Al respecto, cabe señalar que en este vuelco generalizado a la investigación empírica señalado por Archenti y Piovani, en la ciencia social desde fines del siglo XIX, se hizo hincapié en el análisis de variaciones concomitantes (covariaciones de variables que ocurren al mismo tiempo), y no en las variaciones diacrónicas (las que no ocurren al mismo tiempo).

En particular Durkheim hizo hincapié en los métodos de variaciones concomitantes — tema que formaliza en su célebre libro Las reglas del método sociológico (Durkheim & Montes, 1982; Durkheim et al., 1938) –. Esto nos muestra dos hechos participando el uno del otro de manera continua y “basta para demostrar que no son extraños entre sí”. Esta concomitancia puede no deberse a que uno de los fenómenos sea causa de otro, sino que ambas sean efectos de una misma causa (Durkheim & Montes, 1982). Durkheim recomienda usar el método de variaciones concomitantes para el estudio de fenómenos sociales — utilizar el simple paralelismo de valores por los que pasan dos fenómenos para dilucidar si existe una relación entre ellos — y lo utiliza para esclarecer las causas del suicidio, en su libro El suicidio (1897), donde relaciona este fenómeno con la constitución moral de las sociedades (Durkheim & Ruiz-Funes García, 1928). Es relevante notar que el énfasis puesto en relaciones entre variaciones de variables que ocurren al mismo tiempo, hizo que existiera un foco menos marcado en las variaciones entre variables que ocurren a una cierta distancia temporal entre ellas. En la mayoría de los estudios sociológicos, hasta los últimos tiempos en que observamos el reverdecer de estudios de tipo diacrónico, predomina este tipo de análisis de relaciones estadísticas concomitantes. Esto tiene y tuvo relevancia en relación a los estudios longitudinales y el análisis del paso del tiempo.

En el siglo XX el tema del tiempo es tratado por algunos sociólogos influyentes como Norbert Elias (2007). La definición sociológica del tiempo de Elias (2007) refiere a la capacidad de los humanos de tener memoria y síntesis, e indica que

“la temporalidad está basada en la capacidad de los individuos de conectar dos o más secuencias diferentes de cambios continuos”,

y que la palabra tiempo es un símbolo de un grupo humano

biológicamente equipado con la capacidad de memoria y síntesis, que establece entre una o más secuencias de cambio, una de los cuales sirve como un marco de referencia para la medición estándar de otro u otros” (Elias, 2007, 46).

En general Elias (2007) establece una relación entre el tiempo y la capacidad humana de acumular experiencia, organizarla y conferirle sentido.  Algunos autores critican la distinción dualista entre el tiempo social y natural (Newton, 2007). Barbara Adams, citada en Newton, argumenta que Elias “critica la posición dualista del tiempo natural y social”, y es antagonista al uso de antítesis bipolares como “naturaleza y cultura”, “mente y cuerpo” o “sujeto y objeto”. El hecho de que los experimentos en física tengan los mismos resultados hacia el futuro o el pasado, es posible porque

el tempo de la evolución física, comparado con el desarrollo de las sociedades humanas, es extraordinariamente lento” (Elias, 1991b, 173).

Elias (1991) llega a una conclusión similar comparando los procesos biológicos y los sociales. 

 

Nuestros cuerpos tienen ´universales biológicos´ como los huesos o la sangre, que son tan lentos en sus cambios que parece que no cambiaran. Pero del mismo modo, estos cuerpos responden rápidamente a los cambios en la arena social” (Elias, 1991b, 174).

La gran velocidad de los cambios sociales se refleja en el hecho de que en un solo milenio la sociedad se movió del tribalismo al feudalismo, luego a la monarquía, al urbanismo industrial, al capitalismo y al capitalismo global. En el plano de los cambios generacionales, Foucault (1977) señala que nuestra actitud frente a la violencia hacia el cuerpo se ha modificado muy rápido en Occidente.

Elias — citado en Newton (2007) — sugiere que: 

No se puede en el plano de las relaciones entre individuos… proceder con la ayuda de conceptos del mismo tipo que los utilizados en el nivel de los átomos o moléculas … porque no tenemos el supuesto de que las mismas regularidades que pueden ser observadas en el presente deberían observarse en todo lugar, tiempo, pasado, presente y futuro, exactamente del mismo modo (Elias, 1991b: 173 -174)” (Newton, 2007, 24).

De acuerdo a Valencia García (2002), la reflexión en las ciencias sociales no puede escindir el tiempo del espacio.

Queda pendiente desbrozar un elemento más en el camino. Este se refiere a la posibilidad, o imposibilidad, de pensar al tiempo con independencia del espacio. De entrada diremos que dichas dimensiones, tiempo y espacio, son susceptibles de ser consideradas, analizadas y conceptualizadas de manera separada, pero que conviene hacerlo, como aquí se intenta para el caso del tiempo, partiendo siempre de su indisoluble unidad” (García, 2002, 5). Y continúa “toda forma de apropiación de la realidad, desde cualquier perspectiva teórica y desde cualquier ámbito de la creación humana, suponen al tiempo, y al espacio, como condiciones de inteligibilidad fundamentales para acceder a lo real” (García, 2002, 6). 

Esta discusión, y sin ser el campo específico de este libro, está relacionada con las teorías de la física sobre la unidad del espacio – tiempo[38], formulado inicialmente por Minkowski (Petkov & Minkowski, 2010), y desarrolladas por Einstein[39] (Einstein, 1921, 1996; Einstein & Hawking, 2007), y en los últimos años por el físico inglés Stephen Hawking.Todo esto se relaciona, con las concepciones y discusiones sobre el tiempo del físico – químico Illia Prigogine, como se detallara más adelante.

En el siglo XX en la teoría social surgen enfoques afines a la estructuración social (Giddens, 1987, 1989), en los que se enfatiza que las estructuras sociales no son estáticas y atemporales. La teoría de la estructuración refiere a la creación y reproducción de los sistemas sociales que se basan en el análisis de la estructura y agentes (estructura y la agencia), sin dar primacía a ninguna de las dos. Además, en la teoría de la estructuración social, ni el análisis micro ni el macro centrado utilizados en forma independiente son suficientes. La teoría fue propuesta por el sociólogo Anthony Giddens (1984), y fue sistematizada en el libro “The constitution of society: outline of the theory of structuration”, que examina la fenomenología, la hermenéutica, y prácticas sociales en la intersección inseparable de las estructuras y agentes (Giddens, 1984). Sus defensores han adoptado y ampliado esta posición equilibrada. A pesar de que la teoría ha recibido muchas críticas[40] (Held & Thompson, 1989), sigue siendo uno de los pilares de la teoría sociológica contemporánea.

Según estos enfoques, los entornos sociales no consisten en meras agrupaciones casuales de acontecimientos o acciones, sino que están estructurados. En toda configuración social es la reproducción en el tiempo la que define sus características (Elias, 1978a, 1982a) y evolución (Giddens, 1989). Si bien la idea de estructura social tiene múltiples derivaciones y definiciones, en general al referirse a la estructura social, se hace referencia a que existen patrones similares de vida social en el tiempo, que hay repeticiones y regularidades de acción en el tiempo, y que existen continuidades en el comportamiento social en el tiempo. Es por eso que las ideas de reproducción social y de estructura social están íntimamente ligadas. Como indica Giddens (1989):

El modo más satisfactorio de establecer un puente de unión entre el enfoque «estructural» y el de la «acción» consiste en admitir que todos participamos activamente en la construcción y reconstrucción de la estructura social en el curso de nuestras actividades cotidianas. Por ejemplo, el hecho de que utilicemos el sistema monetario contribuye en una parte mínima, aunque necesaria, a la existencia misma de dicho sistema. Si todos, o incluso la mayoría de la gente, decidieran en un momento dado dejar de utilizar el dinero, el sistema monetario desaparecería” (Giddens, 1989, 38).

Esta descripción e ideas sobre la dinámica reproductiva de las estructuras sociales llevan implícitas una apreciación de la importancia del paso del tiempo para la explicación e interpretación de la vida social, y el concepto de la superposición entre espacio y tiempo.Según García (2002) pensar el cruce entre el tiempo y el espacio es fundamental en la idea de estructuración social, “…a partir de términos que, como el de “configuración social”, permiten pensar a cada sociedad, a cada mundo social, a partir de su particular conformación espacio­temporal” (García, 2002, 7).

En el capítulo 8 de su libro “Introducción a la teoría de los sistemas” Niklas Luhmann señala la necesidad de introducir algunos conceptos, entre ellos el del tiempo, que no se han definido con precisión en la sociología (Luhmann, 1996). Según este autor la teoría de los sistemas, permite precisar términos del uso común, e incluso conceptos que se usan en forma rutinaria en la ciencia. Desde una perspectiva de la sociología y la teoría de sistemas, Luhmann[41] (1996) señala la necesidad de incorporar la referencia a un tiempo específico por un lado para los individuos, y por otro para los organismos y las sociedades. El análisis de los efectos del tiempo puede ser realizado al nivel de las estructuras sociales, y/o de los individuos. El efecto del tiempo sobre distintas características del individuo biológico puede diferenciarse teóricamente del efecto del tiempo sobre la estructura social que se configura o estructura — o se reproduce, en los términos de Giddens (1989) — en el accionar de los individuos.

Los individuos que integran los sistemas sociales humanos (y reproducen las estructuras sociales), en su carácter de organismos biológicos, están expuestos a los efectos del paso del tiempo. Cada observador posee una relación de tiempo distinta, dependiendo del tipo de operación con la que se está constituido[42] (Luhmann, 1990, 1996). Este autor analiza el concepto del tiempo como un mero constructo del observador que crea la distinción pasado – futuro, y la necesidad teórica de ubicarse desde el observador para aportar nuevos contenidos a la reflexión sobre la noción del tiempo, superando la visión ontológica o semántica del tiempo (Luhmann, 1996). En ese sentido se crea la simultaneidad, para la cual es necesaria una distinción entre el antes y el después. Pero las distinciones del tiempo solo pueden ser elaboradas por alguien: un observador. El tiempo esta presupuesto aunque únicamente bajo la forma paradójica de la simultaneidad / no simultaneidad. De ahí que todas las semánticas temporales partan de la paradoja del tiempo y solo se distingan en la forma en que resuelven esa paradoja; una metáfora espacial como línea / círculo, o como pasado / futuro.

Desde la perspectiva de la simultaneidad, dos culturas que no tenían contacto, tenían líneas de tiempo carentes de simultaneidad. Por ejemplo, las culturas precolombinas no tenían cronologías comunes con las culturas europeas en el siglo X, las cuales tenían calendarios distintos (como por ejemplo el calendario maya[43] y el calendario gregoriano). El choque de culturas o civilizaciones (como la conquista de América por parte de los españoles) es también un proceso de conflicto de cronologías entre sociedades. Las consecuencias de estos choques culturales y sus nuevas simultaneidades, en muchos casos pueden resultar aterradores: pueden generar guerras, genocidios, y otras conflictividades sociales. La globalización va generalizando nuevas simultaneidades, de mayor alcance.

Luhmann llama la atención sobre la semántica del tiempo en las distintas culturas, e indica que la manera en que se desarrollan las distinciones con las que se nombra el tiempo en las distintas culturas no resulta de manera casual. En general, existen distintas formas de coordinar las estructuras sociales con las semánticas temporales. Por ejemplo, hay culturas con una comprensión lineal o circular del tiempo — por ejemplo la cultura egipcia y hebrea habría tenido una visión lineal obtenida a partir del flujo del río Nilo, y la griega, una concepción circular o cíclica (Luhmann, 1996)–. En ese sentido, hay teorías que hacen depender del lenguaje la comprensión del tiempo. Se aduce, por ejemplo, que en las lenguas indogermánicas no se encuentra manera de expresar el futuro, el aoristo, el imperfecto: tiempos estos de verbos que no existían en la estructura de la lengua. Se refuerza el argumento con el caso de la tribu hopi[44], que no posee ninguna estructura temporal del habla. Sin embargo, la conciencia del tiempo no debe buscarse solo en el lenguaje, dado que en todos los pueblos existe algún tipo de conciencia de la temporalidad (Luhmann, 1996).

Si bien se ha perdido la certidumbre de encontrar leyes invariantes, varios autores indican que es posible desde la sociología ayudar a delinear futuros abiertos, en cierto modo como una de las nuevas tareas para este tipo de actividad. En esa línea podemos ubicar a las propuestas de Hugo Zemelman y Zygmunt Bauman (Bauman, 1976, 1978, 1988). Así, es posible que exista actualmente la búsqueda de un rol de las ciencias sociales referido a delinear y crear escenarios sociales alternativos a futuro (Zemelman, 1992). No en la imposición de propuestas de configuraciones sociales, si no en la visualización de alternativas a lo que existe hoy en las sociedades, es decir “abrirse a horizontes históricos”[45], en los términos de Hugo Zemelman, e incluso a “utopías” – que no fueron un punto central de la actividad científica, y la utopía en general era menoscabada en algunos de los teóricos importantes como Engels, como puede verse en el título de su obra Del socialismo utópico al socialismo científico (Engels, 1940, 1941; Engels, 2012) –. En este sentido, solo el hombre actúa con la idea del futuro incorporado en sus acciones presentes. Este tipo de orientación de las ciencias sociales, requiere volver a incorporar al tiempo en la reflexión y las metodologías, quizás redefinir algunos aspectos de las actividades de los sociólogos (Bauman, 1990, 1997, 2000, 2002, 2014b).

También en ese sentido, las ciencias sociales no deberían constreñir su construcción teórica a las exigencias de la racionalidad científica, y no enmarcarlas solo en esa estructura, que puede dificultar la elaboración de una perspectiva epistemológica y metodológica pertinente a la creación de un conocimiento sociohistórico. Zemelman indica que es necesario “generar visiones de realidad que permitan delinear horizontes históricos susceptibles de transformarse en objetos de una apropiación por el hombre y, en esa medida, incorporarlos a las historia en forma de proyectos de sociedad que sean viables” (Hugo Zemelman, 1989, 33).

Esto también tiende a poner énfasis en las cuestiones de la libertad humana (y no sólo en la búsqueda de leyes), quizás como un camino donde el futuro abierto, la indeterminación y el libre albedrío tienen una herramienta de apoyo desde las ciencias sociales.

En nuestra sociedad, individualizada por decreto, y ayudada e impulsada por la segunda revolución empresarial, la sociología se enfrenta al excitante y estimulante reto de convertirse, para cambiar, en una ciencia y una tecnología de la libertad: de los caminos y los medios por los cuales los individuos por decreto y de iure en estos tiempos líquidos pueden ser elevados al rango de individuos por elección y de facto” (Bauman, 2014b, 94).

A partir de la metáfora de la “modernidad líquida”, Zygmunt Bauman explora cuáles son los atributos de la sociedad capitalista que han permanecido en el tiempo y cuáles los que han cambiado (Bauman, 1978, 1992, 1998, 2000, 2005, 2006, 2007; Bauman & Bauman, 2011; Bauman & Lyon, 2013). Una de esas características es el individualismo que marca nuestras relaciones y las torna precarias, transitorias y volátiles. La modernidad líquida es una figura del cambio y de la transitoriedad: “los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen.” (Bauman, 2014b, 104). La idea de la transformación permanente pone de relieve la importancia del análisis que incorpore al tiempo. Bauman apoya el uso de las metáforas como un factor de transmisión que permita una mayor utilidad del conocimiento sociológico. En ese sentido (y por supuesto considerando que no parece muy prudente reducir la complejidad y los campos de una disciplina en constante redefinición) la sociología, en vez de configurarse como una actividad para entronar leyes universales y atemporales, se convertiría en un auxiliar del mejor uso de la libertad de elección de los individuos y sociedades.

Procesos reversibles e irreversibles

El paso del tiempo debe ser analizado en relación a una conceptualización que permita dar significado a la variación temporal de ciertos observables, dando una correlación epistémica[46] al paso del tiempo con determinados sucesos y fenómenos empíricos. Uno de los conceptos a analizar es el de procesos; éste puede definirse como un conjunto de actividades mutuamente relacionadas, una secuencia de pasos dispuesta con alguna lógica, que se convierten en resultados. Existen muchas formas posibles clasificar procesos en el tiempo, tales como ciclos[47], procesos estocásticos (con componentes aleatorios), procesos irreversibles / reversibles, o la retroalimentación – enfoque habitual en la cibernética (Ashby, 1956) -.En particular, el concepto de proceso irreversible puede tener importancia en varios aspectos del análisis de procesos en el tiempo en ciencias sociales.

Procesos irreversibles: los procesos irreversibles ocurren sin un regreso al estado inicial, definiendo una flecha del tiempo; ocurren en una dirección y no en otra (Prigogine & Stengers, 1992). En ese sentido, este tipo de procesos rompen la simetría entre el pasado y el futuro, dado que cuando se producen, no es posible volver al pasado. Así ocurre por ejemplo con la edad biológica de un individuo, o la antigüedad en el puesto de trabajo actual, o los años formales de estudio. Como éstos solo pueden incrementarse, se suele decir que hay asimetría en el tiempo[48]. Ya sea en procesos físicos (estudiados en la termodinámica[49]) como biológicos, muchos procesos se han identificado como irreversibles[50]. El concepto de “flecha del tiempo” acuñado por el astrónomo inglés Eddington[51] refiere a un orden direccionado en el tiempo[52]. Esta distinción que ha sido utilizada en ciencias naturales, entre procesos irreversibles y reversibles (aquellos en los cuáles es posible volver al tiempo inicial), puede ser útil en la investigación social[53]; en general, parece prudente evitar un dualismo (Newton, 2007) que postule un tiempo diferenciado para lo “natural” respecto de lo “social” — distinción desarrollada en detalle por Newton (2007) –.

Irreversibilidad y sucesos en la historia: Darwin (1859) indicaba que las criaturas complejas descienden de ancestros más simples cuando se producen variaciones aleatorias en los códigos genéticos; las mutaciones benéficas se preservan porque ayudan a la supervivencia, en un proceso denominado “selección natural” (Darwin, 1859). En la idea de la evolución de las especies — que Darwin desarrolla conceptualmente a partir de rigurosa evidencia empírica (Darwin, 1872, 1903, 1964, 1969, 1988) –, está supuesto el paso del tiempo con una direccionalidad específica. La irreversibilidad está implícita en la idea de evolución.

Prigogine (1992) [54] al discutir con las concepciones clásicas de la física, retoma la relación entre evolución y tiempo, e indica que el mecanismo evolutivo evidencia el potencial creador del tiempo, dándole “un sentido al tiempo de la evolución al nivel de descripción fundamental” (Prigogine & Stengers, 1992, 26).Pero según este autor, después de concebir la evolución como explicación de “todo lo observable” en el siglo XIX, parece que la evolución no ha llegado a muchas de las concepciones de la naturaleza; por ejemplo, la física no admite la idea de historia en su interior (Prigogine & Stengers, 1992, 53).

Para evitar la exclusión del tiempo en los análisis científicos, estos autores proponen algunas “exigencias mínimas necesarias”. La primera de estas exigencias es el concepto de irreversibilidad, o la “la ruptura de simetría entre el antes y el después”. La segunda es la noción de suceso; para el ámbito filosófico, éste constituye una marca en el tiempo que puede diferenciarse de otro a partir de las modificaciones que se hayan producido en un sistema. Existe, por lo tanto, un antes y un después frente a dicho suceso.Un suceso es relevante en la medida en que detenta un sentido que lo ancla a la historia, si tiene “consecuencias significativas”. La tercera exigencia es que algunos sucesos puedan “transformar el sentido de la evolución que desencadenan… que esta evolución se caracterice por mecanismos o relaciones susceptibles de dar un sentido al suceso, de generar a partir de él nuevas coherencias” (Prigogine & Stengers, 1992, 53).Estas tres exigencias de acuerdo a Prigogine y Stengers (1992) las cumple la teoría darwinista: irreversibilidad, suceso y coherencia.

Es posible que la identificación de procesos irreversibles, los sucesos y la coherencia posterior, sean relevantes en la investigación social e histórica.

Hay descripciones de macroprocesos históricos que pueden ser considerados como irreversibles, como el paso del feudalismo al capitalismo[55] (Marx, 1992), y su consecuente generalización de la fuerza de trabajo como una mercancía. También, pueden ser consideradas como irreversibles las descripciones del progreso de Augusto Comte en donde la historia tiende a un mayor progreso y jamás a la inversa (Comte, 1982)[56]. Este autor, padre del positivismo, desarrolla tres estados de desarrollo intelectual en los asuntos humanos (teológico, metafísico y positivo). En su famoso “Discurso sobre el espíritu positivo” (1844) el tránsito de un estado a otro constituye una ley del progreso de la sociedad, “necesaria y universal porque emana de la naturaleza propia del espíritu humano”[57]. Algo similar ocurre en el siglo XX con las ideas políticas del desarrollismo, que suelen identificar una tendencia hacia un desarrollo social y económico más elevado, y nunca a uno inferior[58].

Este tipo de proceso puede observarse en la evolución tecnológica. Existen tecnologías que caen en desuso (por ejemplo los televisores blanco y negro, o las máquinas de escribir), y son reemplazadas por otras nuevas. Este tipo de procesos tienen una evolución aleatoria, aunque al mismo tiempo puedan ser tendencialmente irreversibles (Oliva, 2004).

Todos estos procesos de desarrollo tecnológico, social, económico o político no son lineales, y se ven afectados por sucesos particulares, que les dan nuevas orientaciones y coherencias en los términos utilizados por Prigogine (1992). Al mismo tiempo podemos identificar acontecimientos o sucesos relevantes que dividen la historia, y modifican el devenir de esos procesos. Un ejemplo el nacimiento de Jesucristo, que divide la historia en antes y después[59] de Cristo en los calendarios occidentales. Las revoluciones políticas (la Revolución Francesa que se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789, la guerra de la independencia de los Estados Unidos entre 1775 y 1783, las revoluciones campesinas en Rusia y Latinoamérica) o las económicas y/o tecnológicas (por ejemplo revolución industrial entre la segunda mitad del siglo XVIII en Gran Bretaña; o en lo tecnológico, la invención de la máquina de vapor circa 1768 por James Watt).

En algunos de los macroprocesos históricos a largo plazo pueden observarse, aunque sea provisoriamente o en forma de metáfora, tendencias irreversibles (en el sentido que lo estamos utilizando, procesos que van en una dirección y no en otra). Por ejemplo, no es fácticamente imposible que en el futuro se vuelva a organizar la vida política bajo el mando de un cacique como en la época precolombina, o bajo un sistema de organización feudal en lo político. Pero nadie supone que eso vaya a ocurrir realmente; subyace a este supuesto que la organización social está sujeta a procesos evolutivos, que asumen en general, como macroprocesos, una tendencia irreversible (Oliva, 2004).

También existen procesos microsociales donde es relevante la idea del proceso irreversible, cuyas consecuencias hacen que no se pueda volver a estados iniciales del pasado. En la vida cotidiana, a los niños se les enseña a evitar consecuencias irreversibles de sus acciones, como por ejemplo cruzar la calle atentos para no tener accidentes. En la comunicación, hay efectos irreversibles; en algunos casos las palabras que se dicen tienen efectos sin vuelta atrás, como insultar gravemente a alguien.En general, la experiencia de la irreversibilidad para los individuos humanos suele tener elementos psicológicamente preocupantes, dada la conciencia de los límites, la muerte, lo transitorio y efímero de la vida humana. La conciencia del tiempo y la de la muerte están claramente relacionadas. En la mitología griega, el Dios Cronos era una deidad amenazante que comía a sus hijos[60]. Las religiones y la mitología intentaron mitigar la idea de los efectos de estos procesos como indica Mircea Eliade (Eliade, 1959, 1981, 1992a, 1992b), mediante la idea de eternidad, o el regreso cíclico a las mismas experiencias, y la cancelación del tiempo histórico de la vida del individuo. Al mismo tiempo, se requieren conceptos que permitan de alguna manera vincular estos aspectos microsociales, a las dinámicas macrosociales (esto también tiene relación con la explicación de Luhmann respecto de la necesidad de establecer un tiempo de individuos y sistemas). En este caso particular, sería necesario establecer ciertas posibles conexiones entre los procesos irreversibles al nivel de los individuos, con los procesos y las tendencias descriptas a nivel macrosocial. Esta vinculación por el momento no está del todo desarrollada para las ciencias sociales, tal como indica Granovetter para el análisis de redes sociales (Granovetter, 1973; Granovetter, 1983).

Desafíos teóricos y metodológicos del análisis del tiempo

En principio identificamos cuatro desafíos – formulados en relación a esta asimetría del pasado con el futuro[61] — para la investigación en ciencias sociales:

1) la presencia de efectos irreversibles (Desafío A);

2) la obsolescencia de indicadores que operacionalizan conceptos (Desafío B);

3) la posibilidad de elaborar pronósticos (Desafío C);

4) el ordenamiento temporal de causas y efectos (Desafío D).

Los desafíos expuestos (que por supuesto no son los únicos que deberían ser considerados) han sido formulados de un modo tal que puedan ser útiles para las indagaciones empíricas, dado que son problemáticas que tienen consecuencias metodológicas, y pueden ser aplicados al análisis de datos empíricos en un estudio longitudinal. Detallaremos como estos desafíos permiten abordar problemas de investigación a partir de ejemplificaciones y aplicaciones a nuestro estudio de caso.

1. Efectos irreversibles (Desafío A): la terminología y clasificación de los procesos irreversibles, en general viene de otros campos de la ciencia (Prigogine, 1993; Prigogine & Defay, 1954; Prigogine & Stengers, 1992; Prigogine et al., 1984), pero puede ser una conceptualización relevante en algunos aspectos de las metodologías en las ciencias sociales. De un modo similar en que las variables se clasifican en nominales o intervalares, o dependientes e independientes, éstas también podrían ser clasificadas como variables con o sin efectos irreversibles. Para ello tienen que ser variables que varíen en el tiempo – ya que no todas ellas varían con el tiempo, como el lugar de nacimiento, y otras –. Entre las variables que se modifican en el tiempo, algunas pueden ser asociadas a efectos irreversibles. En el paso del tiempo biológico, medido a partir de la edad, se producen efectos irreversibles (Oliva, 2004; Oliva & De Angelis, 2014): nadie es más joven en el futuro. En algunos casos, la presencia de irreversibilidad no requiere de demostración empírica, y sólo aparece ante una observación enmarcada en estos conceptos; por ejemplo en lo expresado sobre la irreversibilidad de la edad no parece muy útil una demostración empírica.Pero ello no implica que las consecuencias de la irreversibilidad no sean relevantes en la comprensión de los fenómenos sociales. Por ello este tipo de efecto debe precisarse desde el punto de vista de las metodologías de investigación. En otros casos, la tendencia irreversible no sería obvia, y debería ser postulada a partir de datos empíricos. Para ello será necesario medirlos (o medir indicadores conceptuales de fenómenos irreversibles) sobre alguna unidad de análisis, de observación o registro.

Existen otras variables, como el nivel educativo formal, en las que pueden ser descriptos distintos efectos irreversibles; una vez adquirido, el nivel educativo formal no vuelve a un nivel inferior (por ejemplo, alguien que obtiene un nivel universitario completo, nunca volverá a tener un nivel educativo primario incompleto). En el mismo sentido, son irreversibles las variables “años formales de estudio” o “antigüedad en el puesto de trabajo actual” (mientras se mantenga el trabajo), dado que siempre crecen en el tiempo.

Hay otros fenómenos en la economía a los que podría imputarse efectos irreversibles, como que “el salario es inflexible a la baja”; es decir que en términos de procesos probabilísticos, con sus fluctuaciones, el salario siempre tendería a ser mayor, o a crecer en el tiempo (esto podría ser discutido desde el punto de vista del enfoque de la paridad del poder adquisitivo – PPA–[62], pero nominalmente es cierto que los salarios tienden a ser mayores por los efectos inflacionarios).

Considerando que el valor de la moneda indica una probabilidad socialmente asignada como equivalente de intercambio de productos / servicios, en contextos inflacionarios una moneda disminuye con el tiempo la probabilidad de ser intercambiada como valor equivalente de distintos productos o servicios. Tendencialmente, aunque podría haber productos que bajen de precio, dado un monto fijo en un contexto inflacionario, la probabilidad de su intercambio disminuye con el tiempo[63].

Ahora bien, este tipo de efectos pueden medirse en diferentes unidades de análisis[64]. Hay datos medidos sobre los individuos, que a nivel agregado predica sobre los hogares, por ejemplo.En el caso de este desafío, la edad – y sus efectos biológicos irreversibles — se mide sobre los individuos. Pero los efectos irreversibles de su envejecimiento pueden tener distintas consecuencias al nivel de la organización de los sistemas sociales.Por ejemplo, una sociedad de personas inmortales debería tener una organización social muy distinta (se deberían replantear aspectos de la religión, la prisión perpetua, la herencia de las propiedades, el sistema de jubilaciones y pensiones, las instituciones que transmiten conocimiento, y distintas formas de organización social y vida institucional).

Como se había observado el análisis de los efectos del tiempo puede ser realizado en distintos niveles, tales como estructuras sociales o individuos. Del mismo modo que se distinguen estos dos niveles, pueden definirse las variables contextuales. Una variable contextual o de nivel sistémico (las que al nivel de un sistema se vuelve una constante), es la que se refiere a un contexto particular de sistema social (tomando el concepto de un modo amplio). Por ejemplo, las variables definidas por los estudios comparativos en ciencias políticas (Lijphart, 1971); así, que una nación se rija por un sistema político democrático, es una constante a nivel del país; para compararlo con un sistema no democrático, será necesario comparar a aquel que tiene un sistema democrático con otro que no lo tenga (es decir, en esta terminología, con otro sistema). En ese sentido, distintos métodos nos deberían dar la posibilidad de comparar un sistema social con otro (Przeworski & Teune, 1970). Aunque también es conocida la dificultad en la operacionalización del concepto de “sistema social” (Oliva & De Angelis, 2014), como se detalla en el próximo párrafo para las descripciones estructural – funcionalistas.

Medir procesos irreversibles en los sistemas sociales presenta dificultades en su operacionalización: por ejemplo las de definir mediante que variable, y sobre cuáles unidades de análisis asociadas a un sistema se medirían (Oliva, 2004) estos procesos[65]. Si se quieren abordar estos temas de un modo análogo al que se suele hacer en los fenómenos naturales, como en la medición de procesos irreversibles en un sistema cerrado (por ejemplo, en la termodinámica), la pregunta es cómo haríamos para análogamente medir procesos irreversibles en un sistema social. Para ello habría que definir los límites empíricos del sistema social, lo cual es un problema (Oliva, 2006). Existen distintos enfoques de cómo definir los límites de un sistema. En la teoría de sistemas (Bertalanffy, 1998; Luhmann, 1990) el concepto de sistema social se asocia a una unidad física observable o a relaciones; su definición implica la distinción sistema-entorno e intercambio del sistema con el ambiente (Luhmann, 1970, 1990, 1995, 1996, 2012), y con otros sistemas en el ambiente. Pero no es habitual que en estudios sociales se defina en forma operacional los límites de un sistema social. De un modo similar, la referencia a sistemas como “sistemas de acción social” del estructural funcionalismo parsoniano, no define ningún ámbito físico observable (Oliva, 2004), y sí relaciones entre individuos (Parsons, 1996; Parsons & Loubser, 1976; Parsons, Toby, Parsons, & Parsons, 1977).

Quizás, suponiendo que pudiésemos realizar una delimitación empírica en un sistema social, una forma de detectar un proceso irreversible en ese sistema seria operacionalizando empíricamente una orientación probable de sucesos en el tiempo, o direccionalidades en la evolución de los acontecimientos en ese sistema. Para ello sería necesaria una definición de sistemas sociales y de sus límites empíricos, detectando las variables que describan su estado, las unidades de análisis, o grupos, o relaciones, sobre las cuales se midan empíricamente los procesos o ciclos en algún período específico.Luego, a partir de alguna estadística, que permita analizar procesos en el tiempo (como las regresiones OLS), podríamos estimar que existe un proceso de cambio continuo y con una dirección privilegiada en el tiempo. Luego, será necesario analizar a qué nivel se está postulando ese tipo de proceso, dado que un proceso agregado en un conjunto o sociedad entera, no implica que éste se verifique al nivel de los individuos o entidades, como se explicará más adelante al abordar la lógica de los modelos multinivel (ver los ejemplos en el Capítulo 2). Este problema de distintos efectos en los distintos niveles podría solucionarse con los métodos multinivel. La regresión OLS (la regresión normal o regular) ignora la variación media entre entidades o los individuos; en cambio, los modelos multinivel permiten el análisis de las entidades de menor nivel.

Todos estos abordajes nos muestran los problemas que puede tener una definición empírica de este tipo de procesos irreversibles; a pesar de eso, parece necesario incorporar el concepto para el análisis de muchos procesos de cambio ya sea en individuos, grupos, colectivos o sociedades. Aunque sea como metáfora, cuya aplicación y formulación puede resultar una estrategia de conocimiento útil. Bauman (2005), al defender el uso de su metáfora de la “modernidad líquida”, indica que éstas pueden ser útiles para el conocimiento, y que su uso en las ciencias sociales puede resultar una herramienta conceptual relevante. “Los esfuerzos desesperados de muchos científicos por eliminar cualquier recurso metafórico y ocultar cualquier huella de afinidad con la precepción o el pensamiento “ordinario” (léase: no científico, inferior a lo científico) son quizás, una inevitable y ciertamente previsible parte de una tendencia más general de la ciencia. Algunas ciencias, que han organizado o creado de la nada un territorio de datos empíricos inaccesibles a los no iniciados (es decir, al resto de la humanidad), también diseñan un lenguaje libre de todo vínculo semántico con la vida cotidiana y la experiencia ordinaria, y utilizan, en cambio, términos específicamente creados sin pasado ni asociaciones laterales” (Bauman, 2014a, 104). En estos términos, y considerando el estado actual de los conocimientos sobre el tema, quizás sea prudente referirse a estos conceptos de irreversibilidad, como metáforas útiles, sin abandonar los intentos de formalización y vinculación interdisciplinaria.

2. Obsolescencia de indicadores (Desafío B): en las metodologías de las ciencias sociales, muchas veces se establece una relación entre una serie de conceptos abstractos, con ciertos indicadores empíricos. Existe una discusión extensa en la metodología de las ciencias sociales sobre estos temas (Blalock, 1968; Blalock, 1986; Blalock, 1960; Marradi, Archenti, & Piovani, 2010), y sobre la relación entre el concepto e indicador en particular. En principio existe la necesidad de que el investigador perciba una relación semántica (Marradi et al., 2010) entre el indicador y el concepto indicado (relación de indicación)[66].“En rigor, la validez es una propiedad del concepto I en cuanto posible indicador del concepto C en un ámbito espacio – temporal determinado con una unidad de análisis dada. El grado en que el concepto I posee esta propiedad no se puede medir, ni averiguar de ningún modo ´objetivo´. Este grado solo puede ser evaluado con criterios semánticos por el investigador, el equipo de investigadores, la comunidad de investigadores de una disciplina” (Marradi et al., 2010, 175).

La medición de los conceptos en un instrumento de investigación requiere que exista “validez”, como se denomina al grado en que el instrumento mide la variable que se pretenda medir, y conduce a conclusiones validas — por ejemplo un instrumento que pretenda medir la inteligencia, que mida la inteligencia y no la memoria (Sampieri, 2006) –.

Debe considerarse entonces que esta relación entre el concepto e indicar es teórica, y que existen consensos en que van variando en torno a la relación de indicación. Incluso, puede ocurrir que un mismo indicador tenga una relación de indicación con varios conceptos (Marradi, 2010). Lo anterior no implica, sin embargo, que no haya consensos extendidos sobre la medición de ciertos indicadores que son útiles para obtener información sobre distintos procesos y fenómenos sociales.

Sin embargo, en relación al problema de los efectos de la asimetría del tiempo en las metodologías de investigación, podemos señalar el hecho de que operacionalizando un concepto mediante indicadores empíricos, con el tiempo la relación concepto / indicador puede volverse obsoleta (Oliva, 2014). En términos de Marradi (2012) esta relación de indicación solo puede establecerse en un ámbito espacio – temporal.

Zemelman indica que no se debería dejar de tener en cuenta en la objetivación de un fenómeno, que ésta se determina tanto por sus ritmos temporales, como por su distribución temporal; en ese sentido, no debería olvidarse el dinamismo de los fenómenos sociales[67]. Los indicadores, en este sentido, deben dar cuenta de procesos que refieren a los mecanismos de reproducción y transformaciones de los fenómenos, cualquiera sea la escala de tiempo y espacio considerados (Zemelman, 1992).

La casuística de este tipo de obsolescencia de indicadores puede ser detectada en distintas mediciones de conceptos que son utilizadas con generalidad en ciencias sociales. Por ejemplo, el nivel socioeconómico[68] es un concepto para el cual se utilizan distintos indicadores empíricos en su medición. El concepto no envejece, y puede mantenerse durante períodos prolongados; pero los indicadores empíricos que se usan para medirlo sufren obsolescencia. La relación entre el concepto y el indicador no puede ser constante con el paso del tiempo en la historia de las sociedades (Oliva, 2014), y por ello los indicadores requieren de una actualización. Por ejemplo en la construcción del índice de nivel económico social (NES) de la Asociación Argentina de Marketing en 1998 hay distintos indicadores en la dimensión patrimonio (AAM, 1998), como la posesión de un “videograbador”. Ese indicador utilizado en 1998 evidentemente no tiene sentido como indicador patrimonial en 2015, porque el videograbador es un artefacto que ya está en desuso. Esto refiere también a las tendencias irreversibles que se observaban en la evolución de las tecnologías.

Algunas variables e indicadores pueden cambiar de sentido. Por ejemplo, la alfabetización era un indicador de desarrollo social (Oliva & Phelan, 2014). Pero, posiblemente la alfabetización hoy tenga menor relevancia como indicador diferencial de calidad de vida para ciertos países, ya que en muchos de ellos los porcentajes de analfabetismo son cercanos a 0%. En ese sentido, el mismo indicador, que no se modificó en el tiempo, va cambiando de significado y envejeciendo, y perdiendo capacidad de diferenciar o discriminar situaciones y poder clasificatorio.

Muchas de las clasificaciones que parecen útiles en la delimitación empírica de estratos sociales, como el propuesto por Torrado (1998) para el censo de 1980 en Argentina, posiblemente tienen una utilidad muy limitada en términos de comparabilidad histórica[69].

Los “Objetivos del Milenio”[70], son una serie de indicadores y metas sociales definidos y monitoreados por la ONU, y que también sufren este tipo de obsolescencia. Analicemos el ODM 2 en las Metas Argentinas, “Alcanzar la educación básica universal” (Project & Policies, 2010). Un indicador es a) asegurar que en el período 2010 -2015, todos los niños y adolescentes estén en condiciones de completar 10 años de educación obligatoria. Está claro que el objetivo a) podría ser considerado en su formulación, insuficiente dentro de 20 años; quizás en ese lapso el objetivo de alcanzar la educación básica universal deba ser reformulado a más años de educación obligatoria. El tema analítico a considerar es el modo en que el indicador de “educación básica universal”, como meta a cumplir, puede ser obsoleto en poco tiempo, y quizás insuficiente en la clasificación de países.

Esto se vuelve más complicado en indicadores de conceptos abstractos, como los de libertades individuales. Se ha intentado operacionalizar este tipo de conceptos a partir de diversas dimensiones analíticas. Por ejemplo, el Índice de Empoderamiento de Derechos (Empowerment Rights Index) es un índice construido a partir de la suma de los siguientes siete indicadores: Movilidad Internacional, Movilidad Interna, Libertad de Expresión, Libertad de Reunión y de Asociación, Derechos Electorales, Autodeterminación y Libertad Religiosa. Está claro que pueden aparecer nuevas formas de libertades, o de autodeterminaciones, que harán rápidamente obsoleto el indicador (Oliva & Phelan, 2014).

Las mediciones relativas a los índices de precios y las canastas de precios se enfrentan también a este problema: el consumo cambia de acuerdo a las variaciones en el tiempo de los productos y tecnologías que se intercambian en el mercado. Algunos productos desaparecen, y se crean otros nuevos. Esto también genera complejidades metodológicas en los cálculos de inflación, y en las series económicas de muchos indicadores macroeconómicos que tienen una base en un determinado año para deflacionar, como ocurre con el PIB. Todo esto no implica que no sea necesario en las sociedades modernas tener cierto tipo de orientación estadística para las políticas económicas y sociales[71].

En el marco específico de los estudios longitudinales, veremos que este tipo de desafíos se convierte en un problema conceptual relevante. Tomemos un ejemplo del PSID (Panel Study of Income Dynamics[72]), sobre preguntas cuyas categorías podrían caer en desuso en el caso de paneles de largo alcance como el mencionado panel PSID. En el cuestionario utilizado en 1968, el primero de esa serie, considerando las expectativas sobre la educación de los hijos en el hogar, se consulta “Cuanta educación piensa que sus niños tendrán cuando dejen de ir a la escuela? ¿Qué cree que pasara realmente?”[73]. Se observa que la codificación del PSID de 1968 no incluye por ejemplo, el posgrado, que posiblemente sea relevante en las expectativas que tendrían los padres que integraban en el panel en el año 2015. Por lo tanto, la variable conceptual que era “expectativas de educación”, no podría ser medida con las mismas categorías en todo el estudio panel. Esto muestra que las categorías en ciencias sociales se vuelven fácilmente obsoletas, que en el contexto de estudios panel a largo plazo, resulta un problema metodológico.

Cuando se analicen los datos empíricos del estudio longitudinal en Tres de Febrero, en el próximo capítulo, veremos que algo similar ocurre con las deflaciones de los índices inflacionarios, o las actualizaciones de las valorizaciones monetarias de las canastas básicas alimentarias para medir la pobreza. El hecho de tener que actualizar para cada onda del periodo 2000 – 2005 las cifras de la canasta básica a fin de establecer la línea de pobreza, es un caso típico donde el indicador de un concepto (en este caso el valor monetario de la línea de pobreza, y el ingreso nominal de un individuo o del grupo familiar) se vuelve obsoleto con el paso del tiempo, y requieren ajustes debido a, por ejemplo, cambios en los consumos, procesos inflacionarios, y otros [74].

Todas estas ejemplificaciones no refieren a la imposibilidad de medir determinados conceptos, sino a que los conceptos no podrían ser desligados de su dimensión temporal. En particular, no podemos renunciar a estudiar temas tan relevantes como por ejemplo, la pobreza, o la estratificación social, pero si parece de importancia el hecho de que no se puede pensar la medición empírica del concepto de un modo atemporal. En este sentido, estas discusiones son parecidas a las de los filósofos cuando preguntan por la posibilidad de captar el “ser” en un contexto de mutaciones permanentes de las cosas, o las características del ser-en-el-mundo (el Dasein en los filósofos alemanes[75]), o el “mundo de apariencias del cual no podemos adquirir un conocimiento estable y firme” de Parménides.

3. Pronósticos (Desafío C): en muchos casos la investigación longitudinal se realiza del presente al futuro, y se la conoce como prospectiva. La asimetría en el tiempo tiene también consecuencias en las predicciones y la prospectiva. La identificación de la indeterminación de algunos fenómenos requiere de la distinción pasado / futuro, porque el futuro está expuesto a los efectos del azar, y el pasado no. Así la asimetría entre el pasado y el futuro se establece también a nivel probabilístico (Oliva, 2004). El azar existe hasta que el dado deja de rodar, por ejemplo; entonces, el número que salió pasa a ser historia concreta. Los escenarios sociales futuros siempre incluyen componentes aleatorios, y parece poco razonable realizar pronósticos sobre un tiempo relativamente lejano (Oliva, 2010).

Las profecías en la tradición judeo-cristiana, los oráculos y horóscopos, el impulso mántico (el deseo de conocer anticipadamente el éxito de los actos humanos) son intentos nunca totalmente exitosos para anticipar y “gobernar” el futuro. Al mismo tiempo, los pronósticos (al igual que los experimentos en ciencias sociales), no son fungibles. Como señalan Marradi y Piovani (2007), los objetos en ciencias físicas son intercambiables, fungibles; se da por sentado que los objetos del mismo tipo siempre reaccionan de la misma manera; este no es un supuesto adecuado en ciencias sociales. Aun cuando descubriésemos un modo de pronosticar una variable en un contexto social, no sería factible extrapolar los pronósticos a todos los individuos, situaciones históricas o sociedades.Esto ya había sido señalado por Norbert Elias, refiriéndose a los experimentos en física:

“Uno podría esperar que los experimentos físicos que se realizan en nuestro presente tengan el mismo resultado que 2000, 20000 o 200000 años hacia el futuro o el pasado, y quien sabe, en cualquier punto del universo” (Elias, 1991: 172).

No hay pronósticos infalibles sobre los acontecimientos futuros, y si los hubiera, su elaboración generaría incluso dilemas éticos, como ¿es bueno que sepamos exactamente qué va a pasar a futuro, o este conocimiento es negativo para la acción y la voluntad?. Si tuviésemos un oráculo exacto e infalible sobre la situación o eventos sociales a futuro, ¿no impactaría esto sobre la voluntad de y la libertad de los individuos? (Oliva & De Angelis, 2014). Por supuesto, el hecho de que un avance científico genere problemas éticos no implica que dicho avance no sea factible.

Asociando la probabilidad al paso del tiempo, antes de ocurrir, un evento X tiene una probabilidad P de ocurrir.  Pero una vez que ya ocurrió, esta probabilidad o carece de interés, o tiene otro sentido.  Una forma de interpretar es que la probabilidad de que hubiese ocurrido X, cuando X ocurre, cambia de un significado predictivo a uno analítico.   El hecho es que el pasado carece de azar (o dicho de otro modo, el azar ya se ha cristalizado), y el futuro si lo tiene (Oliva, 2004; Oliva, 2010a); y que el pasado y el futuro están divididos por el presente.  Todo este problema del tiempo está incorporado en la estadística Bayesiana, cuando refiere a la prior probability [76], o probabilidad previa[77]. En estas definiciones estadísticas, está incorporado el tiempo. 

En principio, se desconocen los límites de la indeterminación de los fenómenos sociales: hay una dimensión temporal en esta incertidumbre. Podemos establecer algún pronóstico relativamente certero para algún fenómeno cercano en el tiempo, pero no para el futuro lejano.  Algunos modelos teóricos del devenir de la humanidad, como en el caso del modelo World III [78] del MIT (Meadows & Club of Rome, 1972; Meadows, Randers, & Meadows, 2004; Meadows, Singer, & Periman, 1973), fueron interpretados erróneamente (más allá de las diferenciaciones entre sus características “normativas” u “objetivas”, como se señala en las críticas formuladas por  los integrantes de la Fundación Bariloche al modelo [79]) al suponer que éstos eran pronósticos reales, y no lo que realmente eran:  modelizaciones — mediante los recursos informáticos de la época — de la evolución de ciertas variables en base a la información previa existente y ciertos supuestos de crecimiento formalizados en ecuaciones.  Estos modelos si bien no pueden tomarse razonablemente como pronósticos —  y fueron motivo de intensos debates, revisiones, reformulaciones y críticas (Hirsch, 1976; LaRouche, 1983; Lewis, 1979; D. H. Meadows et al., 2004; Neurath, 1994; Pestel & Club of Rome, 1989; Pringle, 1978) — , sirven para tomar en cuenta las posibles consecuencias de la evolución de factores como el crecimiento poblacional o el agotamiento de recursos naturales.

La estabilidad o inestabilidad de los sistemas o configuraciones sociales es un elemento relevante del análisis de fenómenos sociales.  Existen “sistemas que se modifican en el tiempo hacia futuros probables pero no predeterminados. La reversibilidad del tiempo y el orden determinístico son conceptos sólo aplicables a situaciones límites; mientras que la regla, para sistemas abiertos y en condiciones alejadas del equilibrio, es la irreversibilidad, la evolución, la autoorganización en el caos, el azar y la indeterminación” (Prigogine, 1993, 13). Al mismo tiempo, “se hace evidente que los supuestos epistémicos tradicionales (deterministas y atemporales) ya no se sostienen ante las manifestaciones de un mundo que se nos presenta complejo, heterogéneo, evolutivo e indeterminado (Salvia, 2010, 1)”. 

Por otro lado, existe una relación entre el punto tratado en el Desafío A, la irreversibilidad, y los pronósticos.  Si pudiéramos detectar procesos irreversibles, quizás sea más sencillo predecir ciertos acontecimientos.  Los procesos irreversibles harían más probables ciertos acontecimientos a futuro; y parece útil detectarlos incluso con finalidades predictivas y/o prácticas (Oliva, 2004).  Por ejemplo, volviendo a los ejemplos de la tecnología, podemos indicar con bastante probabilidad que el uso de televisores blanco y negro en la segunda década del siglo XXI sería relativamente marginal. O también, que sería poco probable que vuelva a organizarse en Europa el sistema político con un formato de sistema feudal predominante en la Europa occidental de la Edad Media (aproximadamente entre los siglos IX al XV).  

Como se indicó en el punto anterior, si pudiéramos realizar una delimitación empírica en un sistema social, una forma de detectar un proceso irreversible en ese sistema sería operacionalizando empíricamente una orientación probable de sucesos en el tiempo, o direccionalidades en la evolución de los acontecimientos en ese sistema. A priori, no nos consta que un proceso social que va desde un estado A a uno B, no pueda volver de B a A (Oliva, 2004). Pero a pesar de esto, se podría evaluar que un escenario social es más probable que otro, de un modo no determinístico, si se establece una cierta direccionalidad en el tiempo de los acontecimientos.  A pesar de los problemas empíricos este tipo de conceptualización daría un sentido teórico más potente a la variable tiempo en el análisis de los cambios en las sociedades. 

4. Ordenamiento temporal de causas y efecto, y de variables independientes – dependientes (Desafío D): el concepto de causa incluye un ordenamiento temporal; la causa es anterior al efecto (Luhmann, 1990), e incluye así una distinción antes / después.  No podría existir un efecto antes que la causa

La idea de causalidad fue muy debatida en ciencias sociales.   En las ciencias sociales empíricas de corte positivista inicialmente se rechazó la idea de causa (Piovani, 2010). Esto no significaba que no se puedan establecerlas, si no que en todo caso con las técnicas disponibles solo se podían determinar asociaciones y la causalidad; y ello no era el resultado de la aplicación de una técnica sino una atribución de sentido en un marco interpretativo más amplio.  Piovani indica que de acuerdo a la visión de Karl Pearson, la idea de contingencia era más apropiada que la causalidad, y que la causalidad no era un principio dicotómico (0 –  1, causa – no causa), sino una gradación de distintos posibles niveles de relación entre fenómenos. 

En el ideario tardo-positivista, la ley científica estaba desprovista de cualquier contenido metafísico que le diera un tinte de necesidad inherente; era más bien la generalización de una secuencia dada de fenómenos empírica y repetidamente observados, y dotada por lo tanto de regularidad. Por otra parte, tal secuencia — en tanto rutina perceptiva — era la base empírica de la explicación causal. Al respecto, cabe hacer notar que para los máximos mentores del instrumental técnico de la investigación social cuantitativa (de la asociación) de fines del siglo XIX — especialmente Karl Pearson — la idea de contingencia era más adecuada que la de causalidad. Para ellos, la causalidad no era un principio dicotómico, de suma cero (un hecho es causa o no de otro), sino una gradación de distintos niveles posibles de relación entre los fenómenos. Desde su perspectiva, la tarea del científico era justamente la de determinar las formas y grados de la relación entre los fenómenos estudiados (a través de la correlación), y generalizar los resultados a partir de una lógica inductiva (Piovani, 2006)” (Marradi, Archenti, & Piovani, 2012, 13).

Otros autores (Marradi et al., 2010) han argumentado que las ciencias sociales son “el reino de la asociación estadística y no de las causas” (Marradi, 2002).  Pero aun prescindiendo de las causas y manteniendo solo el análisis de asociación estadística o de variaciones concomitantes, se suele distinguir a las variables independientes de las dependientes (Marradi et al., 2010).   Con esta clasificación, las independientes son anteriores en el tiempo a las dependientes (es de utilidad recordar aquí que los habituales coeficientes y tests de asociación estadística [80] no indican cuando una variable es dependiente o independiente, sino el grado en que ambas variaciones están asociadas). 

En el mismo sentido de ordenamiento temporal, cuando se examinan además de la relación entre las variables independientes / dependientes, el efecto de las variables intervinientes, es necesario establecer ordenamientos temporales.  En los modelos multivariados –  por ejemplo en el modelo de covarianzas de Lazarsfeld (Lazarsfeld & Henry, 1966; Lazarsfeld, Pasanella, & Rosenberg, 1972; Lazarsfeld, Reitz, & Pasanella, 1975; Lazarsfeld & Rosenberg, 1955; Lazarsfeld, Sewell, & Wilensky, 1968) – , en algunos casos se les asigna un orden temporal analizando efectos parciales “antecedentes” o “intervinientes” de acuerdo a donde se ubican temporalmente la variable de control y la variable independiente.  La especificación o la explicación en los términos formalizados por Lazarsfeld (1979) al describir su ecuación de covarianzas, ubican a las variables de control no solo por sus efectos sobre una relación entre una variable independiente y dependiente, sino por la ubicación temporal de esos efectos.  Estas influencias de la variable de control sobre la relación original se identifican como relaciones intervinientes (ubicadas temporalmente entre la variable independiente y la dependiente) o antecedentes (anteriores en el tiempo).  Así, por ejemplo se utiliza en la interpretación de la ecuación de covarianzas de Lazarsfeld las tipologías de “marginal antecedente”, o “parcial interviniente”.

Por supuesto, no siempre es posible identificar ordenamientos temporales de este tipo, o establecer que una sea independiente y la otra dependiente, ya que hay variables en las cuales no podemos establecer claramente cuál es la anterior en el tiempo, o cual es la que origina el movimiento de la otra[81]

Y si bien en algunos casos en los estudios empíricos es posible ordenar temporalmente causas y efectos, y variables independientes – dependientes[82], si la causa se remonta atrás en el tiempo, existe un problema en atribuir un efecto a futuro; por ejemplo, que el estado de una variable en el 2000 (tal como el máximo nivel educativo alcanzado) pueda impactar 5 años después en el estado de otra (como la pobreza por ingresos).  A mayor distancia temporal entre la causa y el efecto, el problema se hará más ostensible (habitualmente utilizamos en las ciencias sociales una distancia temporal entre la causa y el efecto muy breve, y a veces se supone una relación instantánea entre una causa y un efecto).  Al mismo tiempo, existen situaciones donde la relación entre las causas y los efectos se consideran instantáneas, o no se problematiza como un tema sobre el cual se requiere análisis metodológico o epistemológico.  Retomando las revisiones de los apartados anteriores, existe una tendencia a que predominen los análisis de relaciones concomitantes, una tradición en estudios sociológicos que se remonta a las formulaciones de Durkheim en sus explicaciones del método sociológico (Durkheim & Lukes, 1982), o en sus explicaciones sobre el fenómeno del suicidio  (Durkheim & Ruiz-Funes García, 1928).  La relación instantánea entre causas y efectos ocurre por ejemplo cuando se postula una tabulación cruzada donde existe una variable independiente y una dependiente (por ejemplo, al analizar la relación entre sexo y condición de actividad, en una tabla cruzada, no hay una problematización de la distancia temporal entre la causa y el efecto).  Alternativamente, pueden identificarse efectos a largo plazo, donde un acontecimiento lejano en el tiempo puede tener un efecto significativo en el presente. 

Esta distancia conceptual entre una causa y un efecto, puede ser cuantificada, como una variable de nivel de medición de intervalo (horas, minutos, días, u otras medidas temporales), y ser un tema relevante de los estudios epistemológicos para las ciencias sociales.  Lo mismo podría ocurrir con una variable que permita medir una distancia temporal adecuada para una prognosis, es decir, en cuánto tiempo puede ser razonable a partir del presente, establecer un pronóstico aceptable de un escenario social (Oliva, 2000).


  1. La información empírica, analizada en el siguiente capítulo, se obtuvo a partir de un estudio longitudinal realizado en el Partido de Tres de Febrero, que capta datos panel de la evolución de distintas variables sociodemográficas en los hogares de ese Partido entre 2000 y 2005. En el siguiente capítulo se describe con más precisión las características del estudio.
  2. Singer y Willet señalan que “today we know that it is possible to measure change, and to do it well, if you have longitudinal data (Rogosa, Brandt, & Zimowski, 1982). Cross-sectional data—so easy to collect and so widely available— will not suffice” (Singer & Willet, 2003).
  3. Por ejemplo, mediante datos panel Nandi y Platt (2014) han estudiado la evolución de la identidad británica en el tiempo en distintos grupos etnoreligiosos, obteniendo la conclusión de que en las minorías se expresan identidades británicas más fuertes que las mayorías blancas. “In this paper we set out systematically to investigate British identity across all the UK’s ethno-religious group… …Our key conclusion was that minorities express strong British identities – stronger in fact than the white majority, and that these increase across generations” (Nandi & Platt, 2014)
  4. Profesor en la London School of Economics, y Fellow de Nuffield College. Autor, entre otros libros y artículos, de “Unequal Shares”, “The Economics of Inequality”, “Poverty and Social Security”, “Public Economics in Action”, “Incomes and the Welfare State”, “Poverty in Europe”, “The Economic Consequences of Rolling Back the Welfare State”, y “Social Indicators: The EU and Social Inclusion”.
  5. Carried out at the Institute for Social and Economic Research of the University of Essex, is an instrument for social and economic research. A sample of British households was drawn and first interviewed in 1991. The members of these original households have since been followed and annually interviewed. The resulting data base is very popular among social scientists for quantitative analyses of social and economic change. One of the most important precursors of the BHPS is the Panel Study of Income Dynamics (PSID), established in the 60s at the University of Michigan, Ann Arbor (USA)”.
  6. The Panel Study of Income Dynamics – PSID – is the longest running longitudinal household survey in the world. The study began in 1968 with a nationally representative sample of over 18,000 individuals living in 5,000 families in the United States” (ISR, 2011). Es producido por el Institute for Social Research, en la Universidad de Michigan, Ann Arbor. Este es el estudio panel de hogares que se está llevando a cabo hace más tiempo en el mundo. Empezó en 1968 con una muestra representativa de hogares de EEUU (Institute for Social Research, University of Michigan, 2011)
  7. The British Household Panel Survey began in 1991 and is a multi-purpose study whose unique value resides in the fact that: it follows the same representative sample of individuals – the panel – over a period of years; it is household-based, interviewing every adult member of sampled households; it contains sufficient cases for meaningful analysis of certain groups such as the elderly or lone parent families. The wave 1 panel consists of some 5,500 households and 10,300 individuals drawn from 250 areas of Great Britain. Additional samples of 1,500 households in each of Scotland and Wales were added to the main sample in 1999, and in 2001 a sample of 2,000 households was added in Northern Ireland, making the panel suitable for UK-wide research”. Consultado en https://www.iser.essex.ac.uk/bhps en Agosto 2015. Este panel es realizado en el Institute for Social and Economic Research of the University de la ciudad de Essex. “Since 2008, the BHPS has been integrated into the UKHLS. BHPS data are integrated into the European Community Household Panel and the Cross National Equivalent File (CNEF) which contains panel data from Australia, Canada, Germany, Great Britain and the United States
  8. The 1970 British Cohort Study (BCS70) has its origins in the late 1960s, when there was a great deal of concern amongst doctors and others about the number of babies born with abnormalities, or dying very early in life. They decided to compare those mothers and babies who had problems, with those who did not in order to see what could be done about this issue. The simplest way to do this was to study all the babies born in one week. With the help of doctors, midwives, and health authorities throughout England, Wales and Scotland, this study was carried out in 1970. Information was collected on the family background of the mother, her pregnancy and labour, and about her baby at birth and in the first week of life. Just fewer than 17,200 babies were studied. It was not for another 5 years that it was decided that it would be worthwhile trying to find the families from the original birth survey to see what had happened to the babies since 1970 – how healthy they were, how they were getting on at school, and so on. This second survey was carried out in 1975. Since then there have been seven other major surveys, attempting to trace all those born in the week of the original 1970 survey – in 1980, 1986, 1996, 1999/2000, 2004/5, 2008 and most recently in 2012 when study members were aged 42… The way we have collected information from you has differed over the years. When you were children we talked to your parents, teachers and head teachers until you reached the age of 10. When you were 10 and 16 years old, there were also medical exams conducted by doctors. At 16, you also completed dietary and leisure diaries and questionnaires about your behavioural and psychological characteristics. From 2000 onwards, surveys have spanned all the major areas of your adult lives including education, employment, family formation, health, citizenship and values. When you reached the age of 34 we also gathered information from children of a 50% sample of BCS70 members”. Consultado en https://bit.ly/2F6FETD [Septiembre 2015].
  9. No ocurrió nada de particular en esa semana, solo que las autoridades de salud pudieron ponerse de acuerdo y organizar un estudio de alcance nacional donde se capte la información de todos los nacidos en ese momento.
  10. The records we have built up of your life and the lives of your fellow BCS70 members are one of the most important resources in the country, and the envy of the rest of the world”. Consultado en: http://www.cls.ioe.ac.uk/page.aspx?&sitesectionid=991&sitesectiontitle=Why+is+BCS70+so+important%3f
    [Septiembre 2015].
  11. Also known as the 1958 Birth Cohort Study, it collects information on physical and educational development, economic circumstances, employment, family life, health behaviour, wellbeing, social participation and attitudes”. “It is the most recent of Britain’s world-renowned national longitudinal birth cohort studies. The study has been tracking the Millennium children through their early childhood years and plans to follow them into adulthood. It collects information on the children’s siblings and parents. MCS’s field of enquiry covers such diverse topics as parenting; childcare; school choice; child behaviour and cognitive development; child and parental health; parents’ employment and education; income and poverty; housing, neighbourhood and residential mobility; and social capital and ethnicity”. http://www.cls.ioe.ac.uk/page.aspx?&sitesectionid=991&sitesectiontitle=Why+is+BCS70+so+important%3f
    [Septiembre 2015].
  12. En España por ejemplo se realizaron estudios de los patrones geográficos de la mortalidad utilizando métodos longitudinales (Reques et al., 2015).
  13. Un precursor importante de estudios panel, aplicados a la investigación electoral, lo constituye los realizados por el famoso metodólogo Paul Lazarsfeld, The People´s Choice (P. F. Lazarsfeld, Berelson, & Gaudet, 1944) y Voting. A Study of Opinion Formation in a Presidential Campaign (P. Lazarsfeld et al., 1954). Estas investigaciones se basan en estudios panel realizados en el Condado de Elmira (Nueva York) durante la campaña presidencial de 1948, que enfrentó a H. Truman y Thomas E. Dewey. Esta publicación es parte de un conjunto más amplio de estudios electorales realizados entre 1940 y 1952 que dieron lugar a un conjunto de 14 publicaciones aparecidas entre 1941 y 1954. “Voting” se publicó en 1954, y se analiza datos de panel para el estudio de los cambios de opinión política, el voto y otros comportamientos relacionados con la política y las elecciones en EEUU.
  14. The current interest in QLR can be seen as part of a ‘temporal’ turn within the social sciences associated with approaches that allow for an understanding of social phenomena in greater time perspective, including a growing interest in secondary analysis and archival work, intergenerational approaches and revisiting of classic studies (Abbott, 2001; Andrews, 2008; Brannen, Parutis, Mooney, & Wigfall, 2011; Edwards, 2008; Savage, 2010; Weis, 2004). Research methods have their own histories and politics (McLeod & Thomson, 2009; Savage, 2010), expressing and constructing particular ways of knowing the social world” (Thomson & McLeod, 2015, p. 244).
  15. Sociabilitè et insertion sociales: processus d`entre dans la vie adulte, insertion professionnelle et evolution de reseaux sociaux (LEST – Laboratoire d´èconomie et de Sociologie du Travail, CNRS – Centre National de la Recherche Scientifique–; CERSE – Centre d`Etudes et de Recherche en Sciences de l`Education –.)
  16. Estos estudios fueron realizados por el sociólogo Americano William I. Thomas y el académico polaco Florian Znaniecki, llevado adelante en la University of Chicago (Thomas & Znaniecki, 1918, 1958). Es un estudio de inmigrantes polacos a América basado en documentos personales, cartas, documentos de parroquia, y otros. Es considerado un clásico en los estudios sociológicos.
  17. Teoría de las generaciones (o sociología de las generaciones) es una teoría planteada por Karl Mannheim, en su ensayo de 1923, “El problema de las generaciones”. Este ensayo ha sido descrito como “el más sistemático y plenamente desarrollado” y hasta “el seminal tratamiento teórico de las generaciones como un fenómeno sociológico”. Según la teoría de Mannheim, las personas están significativamente influenciadas por el entorno socio-histórico (en particular, eventos notables que los involucras activamente) que predomina su juventud, formando sobre la base de esa experiencia, social las generaciones que a su vez se convirtieron en agentes de cambio y dan lugar a eventos que dan forma a las generaciones futuras.
  18. Over the past decade, there has been an explosion of interest in network research across the physical and social sciences. For social scientists, the theory of networks has been a gold mine, yielding explanations for social phenomena in a wide variety of disciplines from psychology to economics” (Borgatti, Mehra, Brass, & Labianca, 2009).
  19. Desde el punto de vista de la teoría de sistemas, los elementos se configuran y evolucionan en un entorno, en base a las relaciones (Luhmann, 1990, 1996); las relaciones en un sistema son constitutivas de los elementos, por decirlo en otros términos (Luhmann, 2000; Luhmann, Baecker, & Gilgen, 2013; Luhmann & De Giorgi, 1992).
  20. The Stranger fue un famoso ensayo que incluyo Simmel en su tratado de 1908, Soziologie.
  21. Las redes contienen elementos y relaciones, que se suelen representar con matrices (Hanneman & Riddle, 2008). Este tipo de análisis se orienta a las características de las relaciones entre actores — distancias entre individuos, la densidad de los nodos, la dirección de las conexiones (De Nooy, Mrvar, & Batajeli, 2011) –, más que a sus atributos individuales.
  22. “Los estudios donde están presentes medidas repetidas de las mismas unidades de observación han concitado, desde la perspectiva metodológico – estadística, la atención de los investigadores. Esta clase de estudios tiene por característica principal la observación, de forma secuenciada, de la misma variable dependiente, ya sea en función de tratamientos distintos o en función del tiempo. Sobre la relevancia de los diseños de medidas repetidas, Edgington (1974), con base a un trabajo de tabulación sobre los métodos estadísticos utilizados en las revistas del APA (American Psychology Association), concluye que estos diseños son los más populares en investigación conductual. Cabe destacar, de otra parte, que la técnica de medidas repetidas ha estado fuertemente vinculada a los diseños de carácter longitudinal, cuyo auge y gran aceptación ocurre en las décadas de los setenta y ochenta (Nesselroa y Baltes, 1979; Wall y Williams, 1970)” (Arnau & Bono, 2008, 21).
  23. Este tipo de estudios econométricos no serán objeto de análisis pormenorizado en esta tesis. De todas maneras, varios de los conceptos sobre los desafíos del análisis del tiempo en ciencias sociales serían aplicables a estudios realizados con este tipo de técnicas.
  24. Entre este tipo de técnicas, se pueden citar por ejemplo la regresión de COX y el análisis de supervivencia. “Cox regression (or proportional hazards regression) is a method for investigating the effect of several variables upon the time a specified event takes to happen. In the context of an outcome such as death this is known as Cox regression for survival analysis”. http://www.statsdirect.com/help/default.htm#survival_analysis/cox_regression.htm, consultado Enero 2015. El análisis de supervivencia trata de responder a preguntas como: ¿cuál es la proporción de la población que va a sobrevivir más allá de un cierto tiempo? De los que sobreviven, a qué velocidad van a morir o no? Se pueden tomar múltiples causas de la muerte o el fracaso en cuenta? ¿Cómo circunstancias o características particulares aumentan o disminuyen la probabilidad de supervivencia?
  25. En este sentido no podemos dejar de mencionar a Ser y tiempo (1927), del filósofo alemán Martin Heidegger. Es considerada una de las obras más importantes dentro de la filosofía, y una de las obras sobre las que más se ha discutido en la filosofía del siglo XX; muchos puntos de vista y aproximaciones posteriores, tal como el existencialismo y la deconstrucción, han sido muy fuertemente influidos por Ser y tiempo, así como gran parte del lenguaje empleado por la filosofía, con el concepto central de Dasein, ‘ser-ahí’ (Heidegger, 1962, 1992; Heidegger & Krell, 1993; Heidegger, Stambaugh, & Schmidt, 2010).
  26. Heráclito (nacido en 544 a.C. en la ciudad de Éfeso) fue probablemente el primero en reflexionar sobre el cambio, el fluir de las cosas, el movimiento permanente, el devenir, la temporalidad. Él nos dice que todo en la naturaleza está sometido a constante cambio, y que por tanto es imposible definir cualquier cosa que pertenezca a ella, porque inmediatamente deja de ser lo que es para ser otra cosa. “Todo fluye, nada permanece”, señala, “todo es inestable y mutable”. Esto implica que nunca una persona tendrá dos veces la misma experiencia, ni verá dos veces lo mismo: el todo se renueva en cada instante; está sometido a un constante devenir (Apollodorus et al., 1894; Frenkian, Parmenides, Empedocles, & Heraclitus, 1933; Heraclitus & Bodrero, 1910; Heraclitus & Mazzantini, 1945).
  27. “San Agustín de Hipona (354/430). Confesiones. Xl, 14, 17 (Agustin, 2013).
  28. Consultado en “El concepto de tiempo en San Agustín”. Miquel Cortada, http://www.joanmaragall.com/fronesis/16/LP/AUGUST.htm[Consultado Agosto 2015].
  29. La burocracia es la única forma de organizar a grandes grupos de personas de manera eficiente y, por lo tanto, es inevitable que se expanda con el crecimiento económico y político. Weber relaciona el desarrollo de la ciencia, la tecnología moderna y la burocracia con la racionalización, que es organizar la vida social y económica según principios de eficiencia basados en conocimientos técnicos (Aronson & Weisz, 2007; Weber, 1968, 1969, 1996a; Weber et al., 1944).
  30. Los macroprocesos históricos que analizaban los padres de las ciencias sociales y los grandes historiadores, en general no resultan en general del análisis estadístico de datos empíricos, en principio por las dificultades de esa tarea en cuanto a captación y análisis de datos y variables en períodos extendidos en el tiempo, y también por el hecho de que muchas herramientas estadísticas e informáticas de análisis de datos fueron desarrolladas en la segunda mitad del siglo XX.
  31.  Barbara Adam también indica que nuestra ciencia social contemporánea esta imbuida de la ciencia newtoniana y su filosofía dualística (Adam, 1990).
  32. Secondly, for most purposes of the more macroscopic analysis of social systems, however, it is convenient to make use of a higher order unit than the act, namely the status-role as it will here be called. Since a social system is a system of processes of interaction between actors, it is the structure of the relations between the actors as involved in the interactive process which is essentially the structure of the social system. The system is a network of such relationships. Each individual actor is involved in a plurality of such interactive relationships each with one or more partners in the complementary role. Hence it is the participation of an actor in a patterned interactive relationship which is for many purposes the most significant unit of the social system. This participation in turn has two principal aspects. On the one hand there is the positional aspect—that of where the actor in question is “located” in the social system relative to other actors. This is what we will call his status, which is his place in the relationship system considered as a structure, that is a patterned system of parts. On the other hand there is the processual aspect, that of what the actor does in his relations with others seen in the context of its functional significance for the social system. It is this which we shall call his role” (Parsons, 1991, 15-16).
  33. Los prerrequisitos funcionales identificados por Parsons (1991), en forma simplificada, son los siguientes. Adaptación; todo sistema debe abarcar las situaciones externas, debe adaptarse a su entorno y adaptar el entorno a sus necesidades. Capacidad para alcanzar metas (Goal attainment); un sistema debe definir y alcanzar sus metas fundamentales. Integración; el sistema debe regular la interrelación entre sus componentes. También debe controlar la relación entre los otros imperativos funcionales. Latencia (mantenimiento de patrones); un sistema debe proporcionar, mantener y renovar la motivación de los individuos y las pautas culturales que lo integran.
  34. Weber (1944) distingue tres principios de legitimación que permiten distinguir los tipos de dominación: dominación carismática, justificada por las características del líder y aceptada por los súbditos en función de su fe y en la que, en caso de surgir una organización administrativa, lo que resulta inestable e indeterminada; dominación tradicional, legitima el poder del jefe en el pasado y el estatus heredado y suscita organizaciones administrativas de tipo patrimonial de tipo feudal en las cuales los “funcionarios” dependen del jefe y están fuertemente vinculados a él; dominación legal, se asienta en la ley como principio legitimador en función de su racionalidad y es independiente del líder o jefe que las haga cumplir.
  35. La descripción que hace Lévi- Strauss del conjunto de normas y creencias relacionadas con la prohibición del incesto es ilustrativa al respecto. “Nos encontramos entonces con un hecho, o más bien con un conjunto de hechos que -a la luz de las definiciones precedentes- no está lejos de presentarse como un escándalo: nos referimos a este conjunto complejo de creencias, costumbres, estipulaciones e instituciones que se designa brevemente con el nombre de prohibición del incesto. La prohibición del incesto presenta, sin ‘el menor equívoco’ y reunidos de modo indisoluble los dos caracteres en los que reconocimos los atributos contradictorios de dos órdenes excluyentes: constituye una regla, pero la única regla social que posee, a la vez, un carácter de universalidad. No necesita demostrarse que la prohibición del incesto constituye una regla; bastará recordar que la prohibición del matrimonio entre parientes cercanos puede tener un campo de aplicación variable según el modo en que cada grupo define lo que entiende por pariente próximo; sin embargo, esta prohibición sancionada por penalidades sin duda variables y que pueden incluir desde la ejecución inmediata de los culpables hasta la reprobación vaga y a veces sólo la burla, siempre está presente en cualquier grupo social” (Lévi-Strauss, 1969, 6).
  36. Marradi (2015) indica que “el duque de Saint-Simon, propone al Directorio instituir un Consejo de Newton –encabezado por el mismo Saint-Simon- que remplace al Papa como representante de Dios sobre la faz de la tierra. El clero será remplazado por consejos de Newton locales que organizarán el culto y la instrucción en el territorio: fue Dios mismo, con Newton a su derecha -revela el duque- quien le dio esta orden (Hayek 1952/1967, 142-6). Ya que esta revelación no enternece al Directorio, Saint Simon decide apostar por la estrella naciente, y proclama a Napoleón el jefe político y científico de la humanidad, “el hombre más positivo de su época”. En calidad de lugarteniente científico del jefe, Saint-Simon se dedicará a la redacción de una enciclopedia, pero no crítica como la de la Ilustración, sino positiva y constructiva, ya que apunta a “reorganizar el saber de arriba abajo” (1807-8/1865, I: 219). La obra tiende a mostrar que, aplicando el método de las ciencias físicas (el experimento) y su herramienta (la medición), se pueden descubrir las leyes que rigen todos los sectores de la experiencia. Su objetivo final es realizar ´el pasaje de la concepción por la que los varios fenómenos son regidos por leyes particulares a la concepción por la que todos resultan regidos por una única y misma ley “que -¿cabe decirlo?- será la ley de gravedad (1813/1865-1878, XL: 161) ´ (Marradi, 2015, 10). Luego, Marradi señala “En una primera fase su secretario Auguste Comte comparte el programa sansimoniano de reducir todos los fenómenos a la única ley de gravitación o al menos al menor número posible (1830, I: 10); las leyes del progreso de la civilización serán necesarias e inevitables como la de la gravedad (1830, I: 16)… Adolphe Quételet, demógrafo, astrónomo, hombre de negocios y de confianza del rey belga Leopoldo I, en la introducción de su primera obra importante declara: ´En el gran cuerpo social encontramos leyes tanto inmutables como las que rigen los cuerpos celestes. El conjunto de esas leyes, que no dependen ni del tiempo ni del capricho de hombres, forma una ciencia especial, a la que he dado el nombre de física social´ (1835)”(A. Marradi, 2015, 11). John Stuart Mill proclamó que al estado atrasado de las ciencias morales sólo se le puede poner remedio aplicándoles los métodos de las ciencias físicas (1843, VI.I.I). Por su parte, el economista Henry Charles Carey produjo tres volúmenes para probar la identidad de las ciencias sociales y de las físicas, siendo ambas “ciencias de leyes” (1858).
  37. Galileo Galilei no acostumbraba usarlo, pero puede ser considerado uno de los padres de la aproximación nomotética a la ciencia -según la cual su tarea es de encontrar las leyes de la naturaleza- en cuanto las relaciones matemáticas que él buscaba entre pares de propiedades valían, obviamente, en cualquier tiempo y lugar.
  38. El espacio-tiempo es el modelo matemático que combina el espacio y el tiempo en un único continuo como dos conceptos inseparablemente relacionados. En este continuo espacio-temporal se desarrollan todos los eventos físicos del Universo, de acuerdo con la teoría de la relatividad y otras teorías físicas. La expresión espacio-tiempo ha devenido de uso corriente a partir de la teoría de la relatividad especial formulada por Einstein en 1905, siendo esta concepción del espacio y el tiempo uno de los avances más importantes del siglo XX en el campo de la física.
  39. El concepto básico de esa formulación de la relatividad general es el del espacio-tiempo, introducido por Hermann Minkowski, en 1908 (Minkowski, 1909). El espacio-tiempo puede ser definido como la suma ontológica de todos los eventos que ocurren en todas las cosas. No se trata de un mero conjunto, que es un objeto matemático (es decir, una ficción), sino de una propiedad relacional emergente de todas las cosas. Todo lo que ocurrió, todo lo que ocurre, todo lo que va a ocurrir es apenas un elemento del espacio-tiempo.
  40. A pesar de que está de acuerdo con los propósitos de solidez y expansión de los conceptos de estructuración de Giddens (es decir, contra el dualismo y para el estudio de la estructura en conjunto con la agencia), John B. Thompson (1989) escribió una de las críticas más citadas de la teoría de la estructuración. Su argumento central era que tenía que ser más específico y más coherente a nivel interno y con la teoría de la estructura social convencional. Thompson se centró en los aspectos problemáticos del concepto de estructura como Giddens “reglas y recursos”, centrándose en “reglas”. Sostuvo que el concepto de regla de Giddens era demasiado amplia.
  41. Este autor aborda estos problemas desde un enfoque de la teoría de sistemas.
  42. Se analizan tres ejes de discusión: 1) la tradición ontológica de Occidente del pensamiento metafísico que entiende al tiempo bajo la categoría del ser. La temporalidad se convierte en sustancia sin que se pueda poner en duda que existe. A las categorías del fluir, del movimiento, del proceso se contrapone una disposición ontológica del tiempo en calidad de punto fijo inmutable que da fundamento a lo que se mueve. Lo inmóvil expresa la unidad que se sobrepone a la diferencia movimiento/ no movimiento (Luhmann, 1990); 2) la discusión semántica sobre la formación social del tiempo y las formas de coordinar las estructuras sociales con las semánticas temporales; 3) las teorías que hacen depender la conciencia del tiempo de estructuras del lenguaje. Se aduce por ejemplo la hipótesis de que en las lenguas indogermánicas no se encuentra manera de expresar el futuro, el aoristo, el imperfecto: tiempos estos de verbos que no existían en la estructura de la lengua.
  43. Por ejemplo, los mayas desarrollaron uno de los calendarios más sofisticados, basado en el conteo ininterrumpido de los días, durante generaciones, y la observación permanente de los astros. “El calendario maya es cíclico, porque se repite cada 52 años mayas. En la cuenta larga, el tiempo de cómputo comenzó según la correlación generalmente aceptada,1 al 11 de agosto del 3114 a. C. en el calendario gregoriano. Sin embargo, muchos mayistas prefieren igualmente la fecha del 13 de agosto de 3114 a.C. como la fecha del inicio de la cuenta larga. La casta sacerdotal maya, llamada ah kin, era poseedora de conocimientos matemáticos y astronómicos que interpretaba de acuerdo con su cosmovisión religiosa, los años que iniciaban, los venideros y el destino del hombre. El calendario maya, según algunos estudiosos, aparece ya en culturas más antiguas como la olmeca; para otros, sin embargo, este calendario es propio de la civilización maya. Las similitudes con el calendario mexica, ofrecen evidencia de que en toda Mesoamérica se utilizó el mismo sistema calendárico”. En https://es.wikipedia.org/wiki/Calendario_maya, consultado Agosto 2015.
  44. Los hopis pertenecen al grupo de antiguos habitantes de la meseta central de los EE. UU., de unos 10 000 individuos, muchos de los cuales viven en Arizona en la reserva federal Pueblo Navajo. Su cultura es similar a la de los zuñis, aunque hablan una lengua uto-azteca. Son uno de los pocos grupos aborígenes que mantienen su cultura hasta la actualidad; sus poblados son antiguos, algunos con una historia de 1000 años.
  45. “Pero abrirse hacia horizontes históricos significa reubicar al conocimiento en el marco de opciones valóricas o de proyectos ideológicos de construcción, que son manifestación de una voluntad para no conformarse con lo dado y proyectarse en forjar lo nuevo” (H. Zemelman, 2001, 55).
  46. De acuerdo a Blalock, “es posible encontrar en el lenguaje teórico dos clases de conceptos: aquellos que han sido vinculados a operaciones, y aquellos que no lo han sido (H. Blalock, 1968)”. En este caso, habría que definir si se formulan los conceptos de irreversibilidad en un lenguaje teórico, o si son definidos operacionalmente. Es decir, si estas relaciones son conceptos por postulación, o conceptos definidos operacionalmente. También, si es posible establecer correlaciones epistémicas, relaciones entre estos conceptos definidos en el lenguaje teórico y los conceptos operacionales. Blalock expone los problemas de medición que se presentan en ciencias sociales, señalando que no siempre es posible medir todas las variables que interesan a una teoría.
  47. La idea de ciclos está presente en la descripción del eterno retorno nietzscheano (Nietzsche, 1967); o también en los ciclos estudiados en la economía. Esta concepción fue muy común en las observaciones y reflexiones de las primeras civilizaciones sobre el tiempo. Los primeros hombres consideraban fundamentalmente que tiempo era circular. Todo lo que comenzaba se desarrollaba y moría, y el proceso se repetía. El concepto de tiempo se desarrolló en la antigüedad, a partir de la contemplación de la finitud, del cambio, de la degeneración, de la vida y muerte, de los ciclos presentes en la naturaleza. La observación de los astros motivó a los antiguos a creer que, tal como el Sol y la Luna, todo lo que existe es movimiento cíclico, todo lo que perece luego renace. De hecho, en las grandes civilizaciones, surgió una pasión de carácter artístico, por el afán de medir el transcurso del tiempo, y comprender la estructura de estos ciclos.
  48. La ruptura de la simetría temporal se da en los procesos irreversibles, y no en los procesos reversibles.
  49. Por ejemplo en el flujo de calor desde dos fuentes se tienden a homogeneizar las temperaturas en un proceso irreversible. Estos fenómenos en general son estudiados por la termodinámica (Prigogine & Defay, 1962).
  50. Esto es relevante en ciencias sociales porque toda la organización social se ve afectada por los procesos biológicos irreversibles de sus integrantes (Oliva, 2004).
  51. La flecha del tiempo es un concepto desarrollado en 1927 por el astrónomo británico Arthur Eddington que implican la “dirección unidireccional” o la “asimetría” de tiempo. Esta dirección, que puede determinarse, según Eddington, mediante el estudio de la organización de átomos, moléculas y cuerpos, podría establecerse sobre un mapa relativístico cuatridimensional del mundo (“un bloque sólido de papel”)”.
  52. Time has direction, always advances. Time has order, one thing after another. Time has duration, a quantifiable period between events. Time has a privileged present, only now is real. Time seems to be the universal background through which all events proceed, such that order can be sequenced and durations measured” (Kuhn, 2015).
  53. En términos más generales, es posible que las ciencias sociales se unifiquen con otras ramas de las ciencias en el siglo XXI para avanzar en la teoría y la investigación de los fenómenos sociales. “..All the disciplines, and new hybrids between them, will be required to join in the coming unification of the human and natural sciences in the next century (Young, 1988).
  54. Illia Prigogine es un físico, químico, belga de origen ruso, Premio Nobel de Química por sus investigaciones que lo llevaron a crear el concepto, en 1967, de estructuras disipativas. Ha abordado en distintos textos problemas relacionados con los fenómenos humanos.
  55. El feudalismo se caracterizó por la concesión de feudos (casi siempre en forma de tierras y trabajo) a cambio de una prestación política y militar, contrato sellado por un juramento de fidelidad. La transición del feudalismo al capitalismo es un concepto historiográfico que viene a designar el periodo histórico y el proceso por el que el modo de producción feudal va siendo sustituido paulatinamente por el modo de producción capitalista. El término quedó acuñado a mediados del siglo XX, en un debate de la historiografía y la economía más o menos cercanas al paradigma del materialismo histórico como Maurice Dobb (Dobb, 1922, 1955, 1960, 1962; Dobb & Castro Leal, 1938), Karl Polanyi, Paul Sweezy, Christopher Hill, Georges Lefebvre, y Eric Hobsbawm (Hobsbawm, 1962, 1969, 1994, 1996) entre otros.
  56. Arendt (1969) señala que “la noción de que existe algo semejante a un progreso de la humanidad como conjunto y que el mismo forma la ley que rige todos los procesos de la especie humana fue desconocida con anterioridad al siglo XVIII” (Arendt, 1969, 52).
  57. Según dicha ley, en el estado teológico el hombre busca las causas últimas y explicativas de la naturaleza en fuerzas sobrenaturales o divinas, primero a través del fetichismo y, más tarde, del politeísmo y el monoteísmo. A este tipo de conocimientos le corresponde una sociedad de tipo militar sustentada en las ideas de autoridad y jerarquía. En el estado metafísico se cuestiona la racionalidad teológica y lo sobrenatural es reemplazado por entidades abstractas radicadas en las cosas mismas (formas, esencias, etc.) que explican su por qué y determinan su naturaleza. La sociedad de los legistas es propia este estado que es considerado por Comte como una época de tránsito entre la infancia del espíritu y su madurez, correspondiente ya al estado positivo.
  58. No estaría bien visto, por ejemplo, un partido “subdesarrollista”.
  59. El año cero en estos calendarios, es un juicio consensuado; hubo cambios del calendario, del juliano al gregoriano durante el renacimiento, y la misma revolución francesa busco eregirse en año cero.
  60. Estas temáticas han sido tratadas en profundidad por Simonetta Tabboni (Coser & Tabboni, 1985; Tabboni, 1984, 1992, 1993). “What kind of experience is the experience of change? Mythology offers abundant proof that the experience of change is associated with an awareness which causes anxiety and is difficult to accept: the awareness of limits, of death, of the transitory nature of everything about human life. Consciousness of time and consciousness of death are clearly related. Chronos is a threatening god who eats his progeny. All religions have tried to exorcise the idea of time through the invention of a sacred time that, as Mircea Eliade has shown, has the role of cancelling out historical time from a person’s life, with the experience of the return of identical things, the reversibility of time’s arrow, the suspension of the future (Eliade, 1959a, 1959b). All religions have found ways of cancelling out human awareness of the implacable mutability of everything that surrounds and constitutes humankind. The myth of eternity, in Christianity, in which the future ceases forever and choices can no longer be made, takes away from the future life all that most conspicuously distinguishes the human nature of existence – there being a flow of intelligible changes which occur together with other flows of change, dominated by the awareness of death and in which it is possible and indeed necessary to make choices” (Tabboni, 2001, 8).
  61. “El tiempo discurre inexorablemente. En la historia del universo y en los sistemas complejos, la evolución temporal está asociada al aumento de entropía. Dicho de otro modo, con el paso del tiempo, el desorden siempre crece a partir de una situación inicial más ordenada. Para explicarlo, podemos imaginar que vemos hacia atrás una película en la que un jarrón cae al suelo y se rompe en pedazos. Nos percataríamos muy rápido de que lo que observamos es imposible desde el punto de vista de las leyes físicas, porque sabemos que no es posible que los pedazos vuelen del suelo y se ordenen formando un jarrón. Y eso es porque desde nuestro punto de vista, “la flecha del tiempo” transcurre sin interrupción desde el pasado al futuro” (CSIC, 2012). Consultado en Mayo de 2015 en: https://bit.ly/2JKRfqb.
  62. Esta observación me fue sugerida por Juan Piovani.
  63. Para Argentina, la magnitud de este proceso inflacionario se observa en las series del Cuadro 42 del Anexo, con las series medidas del IPC GBA (en este caso utilizado para los cálculos de pobreza por ingreso).
  64. Hay propiedades que se miden sobre los colectivos, y otras sobre los individuos. Hay propiedades que se miden sobre los individuos, y predican sobre los colectivos.
  65. Es posible que sea más factible lograr una medición de estos temas en el contexto de una aproximación más flexible como el SNA (Social Network Analysis). La idea de red social es más flexible que la de sistema social (si bien se refieren a conceptos distintos), y en este sentido los procesos de cambios podrían observarse sobre redes sociales y relaciones, que en general, y a diferencia de los sistemas sociales, son susceptibles de una medición empírica más directa. Esto no quiere decir que se refiera el sistema al mismo concepto que una red; por ejemplo, la idea sistema puede estar asociado a organismo biológicos, o sistemas “autopoiéticos” (Luhmann, 1990).
  66. Solo pueden ser elegidos como indicadores conceptos que se refieran a propiedades, que estén presentes en todas las unidades de análisis (Marradi et al., 2010)
  67. “Materializar el concepto de realidad como una articulación de procesos heterogéneos, acarrea tres supuestos:

    El supuesto de movimiento: nos previene contra una comprensión estática de la realidad, la cual se derivaría de la observación de la misma en un tiempo y espacio determinados. La situación de objetivación de un fenómeno se determina por los ritmos temporales de su desarrollo, así como por su distribución espacial. Si se pretende captar el movimiento de lo real, no se debe olvidar el dinamismo que caracteriza a los procesos reales, es por eso que nos referimos a la necesidad de distinguir procesos que poseen un dinamismo de transformación estructural, en el sentido de que su movimiento es independiente de la praxis social, de aquellos que constituyen una manifestación de la praxis de los sujetos sociales (dinamismos coyunturales). Para captar este movimiento de la realidad debemos valernos de una serie de instrumentos conceptuales-indicadores los cuales dan cuenta de los resultados de los procesos. Los indicadores segmentan la realidad, mientras que los procesos se refieren a los mecanismos de reproducción y transformaciones de los fenómenos cualquiera que sea la escala de tiempo y espacio considerado.
     Supuesto de la articulación de procesos: los conceptos-indicadores deben dar cuenta de tales relaciones y romper con las fronteras disciplinarias. Los conceptos-indicadores permiten la captación de los puntos de articulación entre las diferentes áreas disciplinares o temáticas.
    Supuesto de la direccionalidad: los conceptos-indicadores evidencian la potencialidad de una situación en un momento dado, lo cual está constituido por las alternativas de dirección que la situación contenga. Tales alternativas deben entenderse como tendencias objetivamente posibles, producto de la articulación entre los procesos estructurales y las prácticas sociales de los sujetos que definan la opción elegida. La direccionalidad objetiva estaría determinada por las condiciones estructurales (nivel económico), fuerzas sociales (nivel político) y los micro-dinamismos de los sujetos sociales (nivel psico-cultural)” (Zemelman, 1992, 7).

  68. Algunos indicadores de patrimonio utilizados para este Índice de Nivel Socioeconómico son el TV color con control remoto, Videograbador / Videorreproductor, Heladera con freezer, Freezer independiente, Lavarropas programable automático, Secarropas, Acondicionador de aire, Computadora personal , Teléfono , Tarjeta de Crédito. Esto se traduce en un nivel socioeconómico de acuerdo al puntaje, por ejemplo AB Alta 93 – 100, C1 Media alta 63 – 92, y así. (AAM, 1998).
  69. Un sistema clasificatorio de la clase social de Torrado (1998) — ver también Sacco (2013) — que se realizó para identificar estratos sociales en el Censo 80 en Argentina, incluye: CLASE ‘ALTA’: Directores de Empresas (DIREC); CLASE MEDIA, ESTRATO AUTONOMO, Profesionales en función específica (ER/CP) (PROF); Propietarios de Pequeñas Empresas (PPE); Pequeños Productores Autónomos (PPA); ESTRATO ASALARIADO; Profesionales en Función Específica (AS) (PROF); Cuadros Técnicos y Asimilados (TECN); Empleados Administrativos y Vendedores (EAV); CLASE OBRERA; ESTRATO AUTONOMO: Trabajadores Especializados Autónomos (TEA); ESTRATO ASALARIADO, Obreros Calificados (OCAL), Obreros No Calificados (ONCAL); TRABAJADORES MARGINALES. Peones Autónomos (PEON), Empleados Domésticos (EDOM), SIN ESPECIFICAR, Sin especificar la CSO (SESP). 
  70. Una serie de objetivos sobre metas sociales, en particular sobre la pobreza (ONU, 2015); “a comienzos del nuevo milenio, los líderes mundiales se reunieron en las Naciones Unidas para dar forma a una visión amplia con el fin de combatir la pobreza en sus múltiples dimensiones. Esa visión, que fue traducida en ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), continuó siendo el marco de desarrollo predominante para el mundo en el curso de los últimos 15 años”. ONU, Objetivos de Desarrollo del milenio, 2015, consultado en http://www.un.org/es/millenniumgoals/pdf/2015/mdg-report-2015_spanish.pdf. Para especificaciones de este tipo de aplicación a distintos países, se puede consultar distintos autores e informes (Mundle & National Institute of Public Finance and Policy (India), 2011; National Institute of Statistics (Cameroon) & Cameroon. Ministry of the Economy Planning and Regional Development., 2008; Nigeria. & Nigeria. National Planning Commission.; Ogry & Namibia. Ministry of Environment and Tourism., 2004; Okidi, Bahiigwa, Kempaka, Economic Policy Research Centre., & United Nations Development Programme., 2002; Republic of Sierra Leone., 2010).
  71. Y al mismo tiempo, que sea repudiable no tener ningún tipo de estadística y orientación empírica de fenómenos socialmente graves como la pobreza.
  72. Realizado por el Survey Research Center, Institute for Social Research, University of Michigan, Ann Arbor, MI (consultado 2015).
  73. La formulación original en el cuestionario y las codificaciones de la pregunta del PSID para 1968 es: “¿How much education do you think your children will have when they stop going to school? What do you really think will happen?”; traduciendo las categorías en ese estudio, tenemos: ( 0 ) No hay niños en la escuela; ( 1 ) Todos va a ir a la universidad; ( 2 ) Algunos irán a la universidad; ( 3 ) Todos terminaran la escuela secundaria, la escuela secundaria, tiene esperanza de que van a ir a la universidad; ( 4 ) Algunos terminaran los estudios secundarios; pueden terminar la escuela secundaria; ( 5 ) Una o más no va a terminar la escuela secundaria; ( 6 ) Espero que terminen la escuela secundaria; ( 7 ) No sabe, da sólo deseos, pero no codificables.
  74. Ejemplificando con otro caso de medición de pobreza, en los Estados Unidos se usan medidas de pobreza absoluta. La línea de pobreza de EEUU fue creada en 1963-1964 y se basa en el costo en dólares del plan de alimentos del Departamento de Agricultura, multiplicado por un factor de 3. El multiplicador se basa en estudios que muestran que los costos de la comida representaban la tercera parte del ingreso total. Este cálculo es ajustado por la inflación cada año. Se le critica a este indicador que la medida es muy baja puesto que las familias gastan mucho menos en alimentos que actualmente que cuando la medida fue establecida. Esto en cierta medida también es un efecto de lo que aquí llamamos la obsolescencia del indicador.
  75. Dasein [ˈd̥ɑːza͡ɪ̯n] es un término que en alemán combina las palabras «ser» (sein) y «ahí» (da), significando «existencia». La noción de Dasein fue usada por varios filósofos alemanes, como Hegel o Jaspers, pero sobre todo por Martin Heidegger (1962) para indicar el modo de existir propio del ser humano. El sentido literal de la palabra Da-sein es ‘ser-ahí’.
  76. In Bayesian statistical inference, a prior probability distribution, often simply called the prior, of an uncertain quantity is the probability distribution that would express one’s beliefs about this quantity before some evidence is taken into account. For example, the prior could be the probability distribution representing the relative proportions of voters who will vote for a particular politician in a future election. The unknown quantity may be a parameter of the model or a latent variable rather than an observable variable” (Bolstad, 2004; Florens, Mouchart, & Rolin, 1990; Kaplan, 2014; Lindley, 1971; Phillips, 1973; Pollard, 1986).
  77. Según este abordaje, siempre tenemos algún calculo previo de nuestras probabilidades para cualquier suceso: la probabilidad que salga una cruz, la probabilidad de que llueva mañana. Nuestras probabilidades pueden ser diferentes porque son nuestras propias medidas de incertidumbre. La única restricción es que han de ser coherentes (que cumplan los axiomas de la probabilidad).  
  78. “Las conclusiones del proyecto de MIT, que fueron expuestas en el libro titulado “Los límites al crecimiento”, extensamente publicado en varios idiomas, básicamente sostienen que la acción combinada del crecimiento exponencial de la población y del consumo por habitante, está generando una gran presión sobre los recursos del planeta y sobre la limitada capacidad de autorregulación y autorregeneración del ecosistema natural del hombre. Esta presión determinará que en un futuro previsible y no muy distante, posiblemente a fines del siglo veinte o mediados del veintiuno, se producirá la necesaria adaptación entre la población del mundo y el medio ambiente natural, en forma de un rápido y elevado aumento de la mortalidad, como consecuencia de la degradación del ecosistema. Para evitar la inminente catástrofe, el modelo World III, mientras que asegura que no existe ninguna posibilidad de que la vasta mayoría de los habitantes de los países en desarrollo lleguen a alcanzar los niveles materiales de vida que disfrutan los países llamados desarrollados, propone un estado de equilibrio político y económico, definido como una situación en la cual la población y el capital son esencialmente constantes. La propuesta del grupo de Meadows implica ciertamente que sólo el control de la natalidad y la paralización del crecimiento económico a nivel mundial podrá evitar el colapso que, según ellos, se cierne sobre la sociedad planetaria” (Fundación Bariloche, 1976, 16).  
  79. Durante la discusión en junio de 1971 en la reunión auspiciada por el Club de Roma para analizar el modelo World III, en Río de Janeiro (Brasil), auspiciada por el Club de Roma y el IUPERJ (Instituto Universitario de Pesquisas de Río de Janeiro), a la que fueron invitados diversos especialistas e intelectuales de América Latina con el objetivo de discutir el modelo World III. Pocos meses después de la reunión de Río de Janeiro comenzaron en la Fundación Bariloche los trabajos iniciales del Modelo Mundial Latinoamericano.  Este último modelo se autodefinía como normativo, es decir que estaba basado en valores, y no pretendía “neutralidad valorativa”  
  80.  Tales como el Χ² para variables categóricas, o el r de Pearson para variables de intervalo (Marradi et al., 2010).   
  81. Por ejemplo, si estudiamos la  correlación entre la imagen de un dirigente político A y un dirigente B, y encontramos asociación estadística, si estos líderes son de una importancia similar, no sabremos si la evaluación de A influye sobre la de B (A es la variable independiente), o si B influye sobre A (B es la variable independiente). 
  82.  En los relevamientos que han tomado datos de todos los individuos del hogar, y por lo tanto hay niños en el panel (esto no ocurriría por ejemplo si este fuera un panel de estudios electorales, con individuos mayores de 16 o 18 años, por ejemplo), hay dificultades en establecer una causa ubicada temporalmente en la niñez, respecto de otras etapas de la vida del individuo.